Dime con quién andas…, por Armando Martini - Runrun
Dime con quién andas…, por Armando Martini

Maduro con el mandatario de Irán, Ebrahim Raisi, en su gira de junio de 2022. Foto AFP.

Quizás se crea cercano a iraníes, fuerza militar con mandato del fanatismo islámico. Con sus propios intereses y enemigo a muerte de Estados Unidos

 

@ArmandoMartini

La conseja dime con quién anda y te diré quién eres revela la posibilidad de conocer a la persona a través de sus relaciones. Insinúa preferencia e influencia de los amigos en un individuo para predecir cómo pueden ser sus gustos, aficiones y ambientes. El refrán advierte sobre el dominio que ejercen las relaciones en el comportamiento, hábitos, usos y prácticas, sean buenas o malas.

Por eso, se puede admirar a Fidel Castro y hasta creer que la revolución castrista en Cuba cambió la vida a los cubanos. Efectivamente las modificó. Dejaron de ser país caribeño sometido a uno u otro tirano para convertirse en una nación controlada por dos hermanos. Muerto el mayor y en extrema ancianidad el menor, se estrena un mequetrefe formado por ellos sin más innovación que no haber peleado en la revolución. El mediocre aún no nacía en 1959. Estulto, no sabe qué hacer con la indigencia, pobreza, infelicidad y abandono de la isla. Resultado del perverso e infame castrismo comunista, que solo conoce de represión y violación a los derechos humanos.

Profesa admiración por la Rusia industrial de Vladimir Putin. Pero preguntándose sobre la ilegítima legitimidad de su invasión a Ucrania; además del por qué con todo su poder militar fracasó con los afganos -musulmanes y fanáticos, no tachables de proyanquis ni proeuropeos. Acaso tiene conciencia de su débil y corrupta economía y saber que Putin busca en Venezuela irritar a los estadounidenses, porque petróleo le sobra.

Quizás se crea cercano a los iraníes, una teocracia militar sustentada en el fanatismo islámico. Con sus propios intereses y enemigo a muerte de Estados Unidos y que, igual que la Rusia de Putin, está en Venezuela buscando incomodar al imperialismo yanqui. Además les ayuda con su estrategia de expansión islámica y terrorista, que se patentó en el bárbaro atentado antijudío en Buenos Aires, aumentando la fama de asesinos y terroristas. Sin recibir nada a cambio.

También puede sentir afecto por las necias declaraciones mañaneras de Andrés Manuel López Obrador, que ha fracasado en sus planes. Vive imprecando contra Estados Unidos, como si la economía mexicana no dependa en mucho de la potencia vecina; mientras luce perdido en la lucha contra el narcotráfico y la violencia. Un aliado siempre y cuando no crea que AMLO tiene alguna solución para su pueblo y el continente.

Puede alegrarse por el triunfo electoral de Gustavo Petro en la contigua Colombia. Y sentir admiración por el joven estudiante Gabriel Boric en Chile; este, aparte de ser actual, original y universitario a poco tiempo de su elección está perdiendo la fe y el entusiasmo de quienes lo votaron. Y que finalmente acepte que ambos ni son chavistas ni quieren para sus países el castro-madurismo; un estruendoso fracaso en gerundio en los veintitrés del chavismo.

Es libre de creer en esos y otros errores. Esperar con ansias si Pedro Castillo encuentra un camino siquiera razonable en Perú. Hasta esperar convencer a los chinos que le echen una mano a pesar de la enorme deuda que pagamos poco a poco con petróleo que al menos reduce el préstamo; no como el que le regalamos a Cuba que hará vivir mejor a malandrines y jerarcas descarados, pero no a los cubanos de a pie.

Lo que no puede creer es que los Estados Unidos y su venerable democracia que hoy pasa por una crisis bananera, estén desesperados por la ayuda venezolana. Tienen petróleo de sobra. Poder para animar a los árabes a aumentar la producción para controlar precios de la energía. Y pueden imponer sanciones a quien les parezca necesario -como al régimen venezolano y los aviones viejos comprados neciamente a una aerolínea iraní sancionada por terrorista. Estudian aligerar sanciones a cambio de manojos de petróleo para Europa, pero no pueden siquiera llamar a un juez para que se crea que Álex Saab no es un corrupto sino un diplomático maltratado.

Se puede exigir respeto, que es cuestión de buenas maneras y también de real política, a los Estados Unidos. Pero respetando lo que son: la primera potencia del mundo sin la cual muy poco podemos vivir.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es