¿Dónde nos cogió el Caracazo?, por Samuel González-Seijas - Runrun
¿Dónde nos cogió el Caracazo?, por Samuel González-Seijas

@lectordepaso

Mi 27F del 89 comenzó al bajarme de un carrito de la ruta Prados del Este Chacaíto. Ya se había desatado en Guarenas y estaba por llegar a Caracas.

Por entonces, no había comenzado la universidad y con un par de amigos habíamos salido a buscar algo que hacer, algún trabajo.

Ese carrito lo tomamos de regreso del cc Concresa, adonde nuestros cuerpos vagabundos habían ido a parar esa mañana del lunes.

Pensábamos los tres que podíamos encontrar colocación en algún lugar, o algo por el estilo. Pero no recuerdo de quién fue la idea de ir a parar hasta allá. Tal vez, alguno de los tres, tenía un recorte de prensa en el que se solicitaban empleados para una tienda de artículos deportivos (creo que Puma Sports).

Hicimos de todo en esos pasillos del Concresa. Y todo fue un caminar dando vueltas, diciéndonos lo que nos podríamos comprar y lo que no (y nada podíamos comprar con esos bolsillos tan flacos que teníamos), esos zapatos, aquella chaqueta, los discos que sonaban al pasar por las discotiendas, las hamburguesas, los helados. Aún no éramos amigos del licor así que no nos atacaba la sed de una cerveza. Una lata de Coca-Cola era suficiente para recuperarse.

Al regreso, en la tarde, un embotellamiento descomunal en la autopista hizo que muchos se bajaran de los transportes públicos y comenzaran a caminar hasta la zona más próxima con estación de metro. Así lo hicimos nosotros también, hasta Chacaíto, donde el desespero y la agitación había comenzado, aunque no se sabía muy bien por qué.

Había un ruido raro, como un estruendo continuado que era producido por todo el corre corre que mostraba la gente. Sonaban cornetas de vehículos, sonaban sirenas, sonaban las santamarías que se cerraban con violencia. Era una estampida general. Y nosotros tres nos veíamos a la cara como preguntándonos “qué coño pasa”.

Logramos montarnos en el metro, cada uno para su casa. Estaba anocheciendo y lo que ocurrió durante las siguientes horas ha quedado hasta hoy como un negro álbum de imágenes, de sacudidas congeladas en el tiempo, de desastre.

Fueron dos días de desorden y fiesta (duró hasta el 29 cuando suspendieron las garantías y comenzaron los disparos y persecuciones que intentaron aplacar el asalto a los comercios) en los que entendí qué significaban las palabras Disturbio, Conmoción, Saqueo.

Nunca después sentí la calle como esa vez. Nunca había visto ese animal sin cabeza que es una turba (otra palabra de ese día), de gente dando coletazos.

Era entonces un muchacho de 17 años, con toda una vida por delante.

Y miren, todo lo que hubo por delante.

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