Con presagios tensos, llego el año del cambio, por Armando Martini Pietri - Runrun

Con presagios tensos, llego el año del cambio, por Armando Martini Pietri

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HAY VENEZOLANOS SUFICIENTES PARA RECORDAR aquél 1° de enero cuando el país amaneció atiborrado con un afiche anunciando: “Llegó el año”, en referencia al triunfo electoral, por primera vez en su historia, del partido socialcristiano Copei y su candidato Rafael Caldera. Sin embargo, una circunstancia ayudó, la traumática división de Acción Democrática -para nada a la larga-, porque los escapistas, con razones comprensibles para rebelarse, terminaron como un partido de escasa o ninguna importancia.

No están siendo éstas unas fiestas para sentarse a descansar ni, mucho menos, para echar barriga. Es temporada de amargura, incremento del miedo, expansión de la frustración, molestia popular y, por si fuera poco, mientras el mundo gruñe amenazas que aunque sean contra los tiranos que nos reprimen y expolian, afectarán a muchos, la respuesta de los opacos ministros de Maduro, y de éste en su sonrisa de quien nada entiende, poco hace y lo que realiza lo hace mal, es lanzar un vacío saludo para desear lo que no está dando como Gobierno, sino entorpeciendo, parece lo único que saben hacer, o sea, felicidad y éxito.

Palabritas que forman parte del optimismo tradicional y protocolo popular de esta época en la empobrecida Sabana Grande, Times Square o donde sea que se celebren navidades y año nuevo en Miami, Nueva York, Bogotá, Madrid, Paris, Roma, Quito, Lima, Santiago, Buenos Aires, entre otros muchos destinos hacia donde han estado, y siguen, huyendo venezolanos en busca del mínimo de vida buena y razonable que el castrismo es incapaz de dar en La Habana o Caracas.

Crece la molestia e inconformidad, también la tensión, amenazas y reclamos vienen de todas partes y las respuestas de lo que el régimen castro-madurista llama cancillería, son abúlicas, grises, intrascendentes y nada originales. La perspectiva del régimen no cambia, no tiene otra posición que permanecer aferrado al poder que es, la única barrera que queda entre los jefes del castrismo venezolano y las cárceles en diversos niveles de culpabilidad.

En México López Obrador habla mucho para no tener que decir nada, sabe que una cosa es prometer revoluciones y otra cumplir; en España el socialismo politiquea para salvar la cara española de la Madre Patria generosa y cómplice, mientras el socialista se baña para limpiarse gilipolleces y pendejadas pecaminosas dichas mientras cobraban -halagos en política se pagan- y se convierte en crítico de lo mismo que proponen; el mundo democrático se reúnen e intercambian; Donald Trump sigue haciendo su política a trompicones pero ninguno pro/socialista; Putin sueña con poderes pero, con pie de barro; en Pekín sacan cuentas sobre producciones, ventas, compras y escalar en el control mundial a través de chequera y no de misiles; París, Londres, Bruselas discuten, negocios buenos y malos; aquí al lado, pasando la densa selva amazónica, Bolsonaro promete -les va a sonar- democracia con energía, dejando claro que con Maduro y compañía nada que ver.

Mientras eso, y muchas cosas más, pasan, en Miraflores el Presidente y la Primera Combatiente acompañados por su corte de aduladores incompetentes y nada éticos, sólo tienen tiempo para sonrisas cínicas y “piquitos” rodeados de guardaespaldas, tratando dar impresiones de buenas personas, mientras pagan costosos asesores, prenden velas a San Judas Tadeo, patrono de las causas imposibles, en procura de salvar el dinero mal habido y pasado poco santos.

Hay tensión y nerviosismo en el ambiente. No por un golpe de Estado o cualquier insurgencia, que militares no darán ni encabezarán, nadie se golpea a sí mismo (aunque, el suicidio no es raro en la humanidad), sino porque la información que surge en demasiadas capitales, numerosos gobiernos y oposiciones, es que la desfasada autocracia que acabó hasta con nuestras navidades está en el aire, que no es mosquito, aunque fastidia y mucho.

Por donde viene el cambio del cual se habla abiertamente. No es de castrenses insatisfechos, o politiqueros sinvergüenzas que saben cuál es el camino a seguir pero no se ponen de acuerdo en los pasos a dar, por soberbias, prepotencias e intereses. El cambio comienza porque el hambre, la frustración e infortunio ponen límites, la ciudadanía y el Gobierno han sobrepasado esos mínimos. No sólo la economía se ha convertido en un fantasma y el dinero en una pérdida diaria, sino porque el régimen falla en promesas que afectan estómagos y capacidad para surtir ilusiones de supervivencia. Bonos de dinero regalado, dadivas y limosnas son para el control social, alardes de empresas robadas a sus dueños para regalarlas a trabajadores y beneficio del pueblo, son embustes de la manipulación comunista. 

Habrá cambio cuando de la protesta reivindicativa se pase a la rebeldía política; deje de ser un deseo y se convierta en voluntad, coherencia, coraje. En el momento que se comprenda, la solución empieza en convicciones ciudadanas y se ejecuta en acciones. Llegado ese punto, habrá cambio, transición, ajustes y, después, recuperación. ¡Sólo entonces será el año!

@ArmandoMartini

 

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