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87% de los venezolanos no puede cubrir sus necesidades de alimentación

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La Encovi 2015 indica que 40% de la alimentación de los venezolanos está compuesta por harina de maíz, arroz, pastas y grasas. Carnes y pollo son un lujo

@loremelendez

Gráficos de Encovi 2015

Una de las conclusiones del capítulo “Alimentación” de la Encuesta Condiciones de Vida Venezuela 2015 (Encovi) revela que platos tan esenciales y tradicionales de la mesa venezolana como el pabellón y el revoltillo son un privilegio que pocos consumen. El año pasado, la carne sólo llegó a 61,19% de los hogares del país; los huevos, a 34,65%; y los granos (leguminosas), que siempre estaban presentes en la dieta criolla, a 22,85% de los platos. Las cifras dibujan el rostro –y el estómago– de un país que tiene hambre, un lugar donde 87% de la población estudiada admite que sus ingresos no son suficientes para llevar a casa todos los alimentos que necesita. Esta, por cierto, proviene de todos los estratos sociales y es 7% superior a la de 2014.

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El pescado está en el último lugar del top 10 de los alimentos que se compran en la nación, antecedido por los lácteos. Se trata de un ránking en el que no entran ni quesos, ni frutas, mientras que la harina de maíz, el arroz, las pastas y las grasas ocupan los primeros puestos y acaparan casi la mitad de lo que se sirve en cada comida (40%). El pollo es la única proteína presente entre los cinco productos de adquisición frecuente.

Si se comparan los datos que este mismo estudio arrojó en 2014, se nota que el año pasado año hubo un descenso crítico en la compra de casi todo lo que nutre, según los expertos. Caso contrario es el de las legumbres, los embutidos, los tubérculos, las leguminosas y las bebidas, cuyo consumo se percibió mayor en 2015. Pero este ascenso es mínimo: menos de 2 puntos porcentuales en cada caso.

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“La cultura culinaria venezolana ya está comprometida”, reflexiona Marianella Herrera Cuenca, médico nutrólogo que forma parte del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y de la Fundación Bengoa. Ella, una de las profesionales que participó en  la investigación, explica que las arepas, en las clases más deprimidas, ya no se comen con los rellenos de antaño, sino que apenas se untan con grasa, ya sea en forma de margarina o mayonesa. “Antes, un desayuno en un sector popular era una arepa con caraota y queso rallado, y eso ya no lo estamos viendo”, señala.

La experta advierte que un patrón de alimentación normal tiene entre 40 y 50 productos. “Hay gente que no llega a tres alimentos en su compra semanal”, advierte. La afirmación pone en relieve esa dieta de sobreviviencia compuesta por nutrientes que no aportan el consumo calórico que se requiere y una adquisición de ingredientes económicos que van en perjuicio de la calidad de lo que se ingiere al sentarse a la mesa.

Herrera Cuenca, quien presentó este jueves la investigación elaborada por la UCV, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Católica Andrés Bello, entre otras instituciones, afirmó que el costo de la malnutrición en el país pesa en una población que ya tiene problemas de obesidad, un consumo de calorías no acorde a su crecimiento, enfermedades cardiovasculares y coronarias, hígado graso no alcohólico. Las consecuencias se trasladarán incluso hacia las generaciones futuras, las cuales tendrán madres con deficiencias en su consumo.

 

Otro aspecto señalado en la muestra es el descenso en la frecuencia de la ingesta de alimentos. Según la Encovi 2015, 12,1% de los encuestados –alrededor de 3 millones 500 mil personas- come dos veces o menos. En 2014 eso le ocurría a 11,3% de la población. Pese a ser menos de un punto porcentual de diferencia, Herrera Cuenca indica que si a esta variable se le suma la disminución en la calidad de las comidas, las alarmas de una sociedad donde la mayoría come mal se encienden todavía más.

Los venezolanos también han menguado la cantidad de veces que comen fuera de casa. Incluso aquellos que el años pasado afirmaban que se alimentaban en la calle en más de cuatro ocasiones a la semana, bajaron a la mitad y pasaron de ser 6,8% a sólo 3,8%. El grueso de los encuestados, 63,8%, aseveró que jamás va a restaurantes y esto se asocia con el costo. El precio de un desayuno es 368% más que en 2014; un almuerzo, 468% más, y el valor de una cena subió 497%.

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La división de la pobreza

El análisis de las cifras recogidas por la Encovi 2015 hizo que los venezolanos fueran divididos en cuatro grupos y no en tres, como ocurrió en 2014. La clasificación se hizo con base en el ingreso, clima educativo, estrato y línea de pobreza e incluye a un bloque que se ha conformado en los últimos dos años y es hoy el más robusto de la población: el de los “pobres recientes”, quienes empezaron a tener carencias alimentarias en 2014 y son 34,4% del total estudiado.

El otro grupo numeroso es el de los “pobres crónico-extremo”, que abarca 28% de los encuestados. Los “pobres no extremo” y los “no pobres” tienen, cada uno, 19% del total de los entrevistados.

Esta suerte de clasificación de la pobreza va alineada con un dato que la Encovi difundió a finales del año pasado: 76% de los venezolanos es pobre de ingresos.

La misma división ha dado lugar a un análisis vinculado a la educación de la población. Mientras mayor sea el grado de preparación intelectual, explicó Herrera Cuenca, mayor es el consumo proteico. Lo mismo ocurre con la actividad física que, por cierto, 53% de los encuestados no practica.