Octavio Lepage, autor en Runrun

Nov 02, 2016 | Actualizado hace 3 años
En política no se nace aprendido, por Octavio Lepage

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Una joven de mi confianza me emplazó a darle respuesta corta y rápida a una pregunta sobre el acontecer político nacional ¿Por qué la MUD se dispone a participar en el diálogo que ahora reiniciaría bajo el patrocinio del Vaticano? Mi respuesta fue rápida, casi automática: “Porque si no, se derrumbaría el apoyo internacional que hasta ahora la ha acompañado”. El mundo democrático, el mundo civilizado, no habría entendido la negativa a pesar de que desde el punto de vista político interno tendría plena justificación.

En las filas fanáticas del chavismo, llegó a imponerse el criterio de que en Venezuela, si la “revolución” quería tener éxito, habría que aplicar 100% el modelo cubano, con todo y fusilamientos. Sus enemigos eran tan poderosos, encabezados nada menos que por el imperio gringo, que aplastarían la “revolución” en un tiempo más o menos corto. La historia enseña que no fue así, al punto de que terminaron por aceptar la aplicación del modelo cubano adaptado a la circunstancia venezolana. En Venezuela vivimos 40 años en democracia con alternancia en el poder de Acción Democrática y Copei, con libertad de prensa, con levantamientos militares encabezados por jóvenes oficiales en alianza con el Partido Comunista (Carupanazo y Porteñazo), con guerrillas, con terrorismo urbano; sin embargo, no se sacrificó la libertad ni el pluralismo.

Sobre este sustento vivo, reciente, se apoyó Chávez cuando las elecciones le dieron el triunfo en 1999. Su temperamento inocultablemente autoritario, imperativo, triturador de las libertades y de la dignidad humana, en alguna forma, sin embargo, fue domesticado y el país pudo vivir con cierto disfraz democrático.

Por desgracia, ni el modelo original ni el modelo corregido ni el comunismo cubano han dado resultado. En 17 años, pasamos a ser uno de los dos países más arruinados de América Latina, estamos al lado de Haití. Por otra parte, aferrado a extraña e incomprensible ortodoxia, Maduro, lejos de aplicar la autocrítica para corregir fallas y fracasos del modelo, se empeña por el contrario en aplicarlo con más intransigencia e inflexibilidad. El país se muere de hambre y de enfermedades para las cuales no hay medicamentos. Desde Miraflores, Maduro, con los brazos cruzados no hace absolutamente nada para remediar esta situación tan espantosa.

Este es el cuadro político, económico y social en que a la MUD le ha correspondido, por dinámica histórica, asumir la dirección del país. La acompaña un apoyo aplastante de los venezolanos, como se evidenció en las elecciones del 6D y en las gigantescas manifestaciones del 1S y del 26S. La impaciente, la incontrolable aspiración y voluntad de cambio encarnó en el pueblo el reclamo imperioso del Referendo Revocatorio.

La MUD, con Chúo Torrealba a la cabeza, hasta el presente se ha movido con inteligencia y pulcritud. Sin manifestaciones de entreguismo. Es de esperar el transcurso de los días que vienen, Vaticano de por medio, lo que va a permitirnos despejar incógnitas en cuanto a las intenciones últimas y recónditas de Maduro y sus gorilas.

 

La revolución chavista ha fracasado, por Octavio Lepage

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Los chavistas se empeñan en que se olvide, y realizan esfuerzos sostenidos para que el resto de los venezolanos no lo recuerde: tienen 17 años mandando a sus anchas. Han acaparado el poder total. Ahora los funcionarios, cuyo número se ha multiplicado, son chavistas fanáticos, la lista Tascón es fantasma que les aterra noche y día.

En estos 17 años, la Asamblea Nacional ni siquiera tomó nota de las funciones y prerrogativas que le atribuye la Constitución Nacional. Ni legisló, ni controló, ni debatió. Ha sido sólo fachada para aparentar que en Venezuela hay democracia. Recuérdese que Diosdado Cabello la manejó siempre con un látigo en la mano, como a soldados en un cuartel. Por eso no terminan de reconocer a la nueva Asamblea Nacional, electa el 6D por mayoría apabullante (112 diputados de oposición, apenas 55 diputados oficialistas).

La sumisión de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia da pena ajena. Recuérdese que Chávez la calificó de “plasta” cuando dictaminó correctamente que el 11 de Abril del 2002 había ocurrido un “vacío de poder” y no un Golpe de Estado. Arbitrariamente Chávez aumentó el número de magistrados designando chavistas incondicionales. Lo que ocurre hasta el sol de hoy, cuando vemos al TSJ como eje central del operativo para neutralizar a la nueva Asamblea Nacional.

Aunque el petróleo ha sido por décadas factor principal en el desarrollo nacional, las compañías extranjeras que lo explotaban eran las principales beneficiarias. Esta situación lesiva al interés nacional se corrigió a partir de 1958 al implantarse la democracia. Mediante mecanismos legales fue mejorando la participación nacional, hasta llegar el reparto a mitad-mitad, “fifty-fifty” como se le llamó. Venezuela ya estaba en condiciones de manejar su riqueza petrolera y se la nacionalizó en 1975, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Estaba tomada la decisión de no politizar a la nueva empresa nacionalizada, PDVSA, y se designó presidente al General Rafael Alfonzo Ravard. Cuando Chávez llegó al poder PDVSA ocupaba el 5to lugar entre las compañías petroleras más importantes del mundo. Por desgracia Chávez puso la empresa en manos del ingeniero Rafael Ramírez, un trepador ignaro y corrupto. PDVSA se ha derrumbado. El petróleo que produce no es suficiente para generar los dólares requeridos para importar la comida y medicinas que necesitamos.

La revolución fracasó por completo. Al cabo de 17 años, habiendo dilapidado miles de millones de dólares, la renta más alta en nuestra historia nacional, Venezuela está en ruinas. Ni siquiera las misiones sociales, como la muy acertada Barrio Adentro, que hoy está languideciendo al punto de que un alto porcentaje de sus dispensarios está cerrado o a punto de cerrar, porque no tienen nada qué ofrecer a los enfermos.

Aquellos demócratas que aún se inhiben de mirar mal a la “revolución”, deberían quitarse el tapaojo ideológico que todavía ostentan para ver la cruda y dolorosísima realidad de la Venezuela de hoy.

 

 

Mar 08, 2016 | Actualizado hace 4 años
Puntofijismo por Octavio Lepage

Puntofijismo

 

El derrocamiento de Rómulo Gallegos por el cuartelazo del 24 de Noviembre de 1948, frustró el propósito de consolidar el régimen de democracia y libertad que se estableció gracias al movimiento cívico-militar del 18 de Octubre de 1945. La República civil se había iniciado con buen pie. La Constitución de 1947 consagra el sufragio universal, directo y secreto de manera que Gallegos fue electo, no por el Congreso Nacional, sino por una mayoría de los venezolanos. Hombres y mujeres, mayores de 18 años, alfabetos y analfabetos. Toda una revolución.

En los días del exilio, Betancourt debió meditar sobre las razones de aquel fracaso prematuro. Seguramente le atribuyó importancia a los enfrentamientos ardorosos en el mundo civil. Betancourt se fue al exilio, Jóvito quedó preso en el Castillo de Puerto Cabello.

Por encima de diferencias, los civiles han debido unificarse fuertemente para afianzar el gobierno civil. Al que le correspondía ser más flexible y tolerante, por ser partido eje del gobierno, era Acción Democrática. Por desgracia no fue así, prevaleció el sectarismo. La Asamblea Constituyente de 1947 fue escenario de debates ardorosos. Es de suponer que los militares golpistas se frotaban las manos de contentos.

Como corresponde a un dirigente con conciencia de sus responsabilidades, Betancourt tuvo que reflexionar sobre las causas profundas de aquel fracaso. Lo más probable es que tales reflexiones lo llevaran a la conclusión de que la discordia entre los civiles fue una de las razones que explican el éxito del cuartelazo contra Gallegos.

A finales de 1957, estaban en Nueva York, donde residía Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba. Como en Venezuela soplaban vientos de cambio, los tres grandes dirigentes iniciaron conversaciones para aclarar y definir rumbos. Esas conversaciones continuaron en Caracas una vez derrocado el dictador y culminaron en la firma del llamado Pacto de Punto Fijo.

El Pacto de Puntof fjo fue un pacto de gobernabilidad sobre la base de un gobierno coaligado. Al gabinete ingresaron por COPEI, Lorenzo Fernández en el Ministerio de Fomento y Víctor Giménez Landinez en Agricultura y Cría; por URD, Ignacio Luis Arcadia en Relaciones Exteriores, Luis Hernández Solís en Trabajo y Manuel López Rivas en Comunicaciones.

A pesar de que el pacto tripartito se rompe en la VII Conferencia Panamericana en Costa Rica, porque URD se empeñaba en el ingreso de Cuba a la Organización de Estados Americanos, el pacto se mantuvo entre COPEI y Acción Democrática con resultados muy positivos para la defensa y estabilidad de la democracia naciente, amenazada seriamente por la conspiración militar reaccionaria, y por el terrorismo urbano y los frentes guerrilleros montados y financiados por Fidel Castro.

Una vez que el Pacto de Punto Fijo cumplió su propósito estabilizador, Acción Democrática y Copei recuperaron su autonomía de acción. La democracia duró cuatro décadas, en buena medida gracias a ese pacto.

Feb 11, 2016 | Actualizado hace 4 años
Prohibido olvidar por Octavio Lepage

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Durante 17 años (debemos reiterarlo para que se siembre en la conciencia colectiva), Chávez y Maduro, rodeados de una inamovible Corte de los Milagros, manejaron sin control la suma fabulosa de un billón ciento noventa y dos mil millones de dólares (traten de visualizarlo y mensurarlo, y se darán cuenta de lo difícil que resulta).

Una cantidad de dinero tan espectacular, incluso mediocremente administrada, habría permitido darle un empuje grande a Venezuela, que hoy debería ser un país de nivel de desarrollo pionero en América Latina. Por el contrario, los venezolanos estamos viviendo con grandes estrecheces, comiendo poco y mal, sin medicinas para atender las enfermedades potenciadas por la pésima nutrición y la pésima calidad de vida. Realmente es difícil encontrar en la historia contemporánea un caso parecido. Hemos retornado, más que al Tercer Mundo al Cuarto Mundo.

En el curso de estos 17 años nadie supo alertar sobre el rumbo suicida que a ciegas el país había tomado, arrastrado por la irresponsabilidad y el carisma de Chávez. La probada eficacia de la propaganda totalitaria para crear realidades artificiales impidió que nos diéramos cuenta de que los llamados logros del Socialismo del Siglo XXI eran pura ilusión óptica; y que por el contrario, Venezuela estaba siendo esquilmada y arruinada por organizaciones mafiosas insaciables, y por verdaderas pandillas de supuestos revolucionarios que trasladaban a paraísos fiscales millones y millones de dólares que se han debido invertir en incrementar la producción agroindustrial en el país.

Tardíamente los venezolanos salimos del nirvana chavista. Por desgracia hemos perdido la capacidad de indignarnos. El 6D se dio un voto castigo, un castigo para el propio Chávez y sus partidarios. El número de diputados de la oposición (MUD) duplica al de diputados chavistas (112 a 55).

Esa derrota electoral, aunque aplastante, no basta. El mito chavista debe desaparecer. El chavismo le ha hecho tanto daño a Venezuela que debe ser condenado al olvido para siempre. Obviamente, hay chavistas que fueron atrapados por el engaño y que hoy están de regreso. Ellos se integrarán a las nuevas organizaciones políticas para participar en la gran operación rescate que se está iniciando.

Por supuesto que el chavismo, para que desaparezca, para que se sumerja en el olvido, debe ser contrastado con una acción de gobierno inteligente, sostenida, libre de todas las desviaciones engañifas e inmoralidades que han prosperado a niveles inimaginados en los últimos 17 años.