Transición archivos - Runrun

Transición

Violar compromisos se paga… Por Carlos Blanco
  1. EL COMPROMISO DERIVADO del artículo 233 de la Constitución es: el presidente de la Asamblea Nacional se encargó de la Presidencia de la República para encabezar un gobierno de transición, al cabo del cual habría elecciones presidenciales. La Constitución ordena la convocatoria en 30 días, pero, dadas las circunstancias, esa convocatoria solo puede tener lugar en forma efectiva una vez que sea desplazado el régimen; es decir, cuando “cese la usurpación”.
  2. El mandato para Guaidó es el de encabezar la salida del régimen y presidir el Ejecutivo hasta las elecciones presidenciales. Es obvio que quien presida la transición no puede ser candidato presidencial. Esta idea, según la cual el presidente de la transición no podría ser candidato presidencial en las elecciones siguientes inmediatas, fue discutida por dirigentes de Voluntad Popular, Primero Justicia y la representación de Soy Venezuela, lo que me consta personalmente.
  3. No dudo que pueda resultar tentador para Guaidó ser candidato presidencial; pero, si es en la primera elección libre después de la transición no puede ser presidente encargado y candidato al mismo tiempo; sería una burla.
  4. Pero están atravesadas las conversaciones Oslo-Barbados. Según lo que allí se ha manoseado Maduro dejaría “la usurpación”, se nombraría un gobierno de transición entre la gente Guaidó y el G4 de un lado, y el madurismo, cívico militar, del otro. Así se forzaría a una candidatura unitaria opositora –la de Guaidó– para contender con el candidato rojo. Obviamente, esto sería la continuidad del régimen; pero, supongamos que es un paso en la dirección de realizar elecciones presidenciales. ¿Es factible esta maniobra?
  5. Sería inconcebible hacer un cogobierno sin Maduro pero con los de la lista de la OFAC, los indiciados por narcotráfico, violaciones de los derechos humanos y el desfalco masivo a la nación. Pero supongamos que Guaidó, sus aliados y asesores consideren que es un pedregullal por el que hay que caminar descalzos. Sin embargo, este atajo es imposible aun si los dirigentes lo quisieran.
  6. El gobierno de transición por definición no podría ser un gobierno represivo. No podría sacar las tropas, policías y colectivos a reprimir; ni encarcelar a los protestantes; menos seguir en la política de la tortura y el asesinato. La ciudadanía se volcaría a las calles y haría saltar de sus eventuales posiciones a los jerarcas cohabitantes del madurismo; agravado el asunto por la carencia de partidos, sindicatos y gremios, capaces de organizar, controlar, morigerar, protestas y rebeliones.
  7. La instauración de un gobierno de transición solo podrá hacerse con legitimidad si se responde a lo ofrecido, sin ambigüedades y medias palabras. Guaidó como presidente encargado, para presidir unas elecciones libres y plurales en las que no sería candidato. Ya él tendrá tiempo más adelante.

 

@carlosblancog
Buenas y malas noticias sobre las transiciones negociadas
Primero la buena noticia: contrario al dictamen de la intuición según el cual “malandro no entrega pistola” y los regímenes autoritarios no salen con votos, la data demuestra que la mayoría de las transiciones hacia la democracia se han logrado a través de procesos de negociación. Ahora las malas noticias: la transición política hacia la democracia no es un acto único sino un proceso que suele ser lento y no lineal pues ora avanza, ora retrocede y ora se estanca, mientras en el interín los ciudadanos siguen sufriendo las consecuencias. Ah, y las negociaciones nunca dejan ganadores absolutos

 

@GitiW

 

DE TODAS LAS OPCIONES que estaban sobre la mesa quedó sentarse en ella. Que esa sea la única opción que se vislumbra en el horizonte político venezolano no significa que se trate de una mala alternativa ya que data contrastada evidenció que la negociación ha sido el método más exitoso para cambiar regímenes autoritarios, independientemente de su naturaleza ideológica. No obstante, la intuición colectiva alerta que un régimen totalitario que tortura, mata y entierra a venezolanos sin concederle a sus dolientes ni siquiera el consuelo de abrazar por última vez los cuerpos de sus seres queridos, no saldrá jamás con persuasión. 

Sin embargo, hay 59 casos que demuestran lo contrario y los investigadores fueron los primeros sorprendidos.  “Nosotros nos sorprendimos al descubrir que la mayoría de las transiciones a la democracia se producen por negociación, contrario a lo que la intuición inicial nos hacía pensar. Nos sorprendió porque partimos de la idea intuitiva de que un régimen autoritario no iba a restituir garantías que ellos mismos habían violado. Luego revisamos caso por caso y entendimos cómo es que se produce esa restitución: hay un contexto que los presiona. Si los principales entes del régimen están amenazados bien sea de manera interna o externa se terminaba generando una fractura en la propia coalición”, afirma el politólogo John Magdaleno, miembro del equipo de investigadores que han analizado 100 casos de transiciones exitosas a la democracia.

Con la asistencia del gobierno de Noruega y bajo la mirada de una gran coalición internacional, parece que la oposición venezolana se ha propuesto sumar otro caso a esas 59 transiciones exitosas. El diputado Stalin González, segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, confirmó el 31 de julio a través de su cuenta en Twitter la intención del gobierno interino presidido por el diputado Juan Guaidó de sentarse nuevamente frente a los representantes de Nicolás Maduro para negociar una salida constitucional. 

 

 

Pese a lo improbable que resulta para aqueos y troyanos que esta ronda de negociaciones avance hacia algún acuerdo, incluso figuras como Diosdado Cabello -presidente de la Asamblea Nacional Constituyente-, cambiaron de opinión respecto al diálogo promovido por Oslo y manifestaron su respaldo a la iniciativa, reseñó El Universal.  

En un primer momento, la disposición al diálogo por parte de Maduro no pareció afectarse tras la inclusión del exvicepresidente de Venezuela, Tareck El Aissami, en la lista de los fugitivos más buscados por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos -ICE por sus siglas en inglés-, a quien acusan de narcotráfico y de violar la ley de designación de cabecillas extranjeros conocida como “Kingpin Act”.

 

 

Sin embargo, la orden ejecutiva emitida por el presidente Donald Trump el lunes 5 de agosto mediante la cual se impuso un bloqueo total a las propiedades estatales del gobierno de Venezuela en territorio estadounidense, sí alteró -por ahora-, la determinación del régimen de Maduro de permanecer en la mesa de negociación. “Volverán tarde o temprano a la mesa de diálogo”, aseguró Guaidó sobre la comisión de Maduro. 

En un cambio de señas intempestivo, el canciller Jorge Arreaza confirmó que el “Gobierno Bolivariano de Venezuela no permitirá que esta tendenciosa escalada de agresiones afecte los procesos de diálogo político en el país” y, acto seguido, el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, informó que la delegación de Maduro no acudiría a la cita en Barbados pues se disponía a “revisar los mecanismos de ese proceso a fin de que su continuación sea efectiva y armónica con los intereses de nuestro pueblo”.

 

 

La hipótesis: no se negocia con narcoestados

La investigación realizada por politólogos venezolanos permitió identificar que la negociación fue la modalidad de transición predominante en todas las regiones del mundo. 23 de los 100 casos estudiados corresponden a América Latina. Ahí 76% de las transiciones políticas se dieron en el marco de negociaciones. “Pensábamos que si se sumaban las transiciones por vía de intervención militar extranjera y por golpes de Estado superarían a las transiciones negociadas. No fue así. Solo en 19 casos hubo transición por liberación externa y en otros 22 ocurrieron golpes de Estado. Esto derrumba el discurso que se ha construido en Venezuela en torno a que no se negocia con delincuentes. Todos los regímenes totalitarios delinquen. Todos sin excepción son transgresores de garantías”, argumentó Magdaleno. 

La data recolectada les permitió además refutar la hipótesis de que en Venezuela la salida negociada no es posible porque se trata de un narcoestado. Magdaleno apuntó que al menos 6 de los casos analizados tenían características de narcotiranías. “El argumento de que los narcoestados no salen si no a través de métodos violentos tiene el problema de que esa caracterización impide conocer qué factores de la coalición dominante sí pudieran tener incentivos en algún momento para facilitar la transición. Cuando se habla a la ligera de narcoestado se asume que todo el funcionamiento del Estado gira en torno al narcotráfico. Esa generalización es bastante miope pues impide ver cuáles son los actores y figuras que sí pudieran negociar y facilitar la transición. En la Bolivia en los años 80 no hubo ninguna intervención extranjera. Una consulta popular fue uno de los factores desencadenantes del proceso de transición”, señaló el politólogo. 

El hecho de que figuras prominentes del régimen de Nicolás Maduro hayan abandonado recientemente el país, como sucedió con la fiscal Luisa Ortega Díaz, el diputado y exjefe de inteligencia militar Hugo Carvajal y el exdirector del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) Cristopher Figuera, podría ser un indicio de que hay más fichas dispuestas a negociar no solo su propia salida sino el fin de régimen chavista.  

El politólogo explicó que la caracterización de narcoestado como factor para argumentar que las negociaciones son inviables en Venezuela genera otro problema: se asume que tal condición inhibe al régimen de tener dificultades sistémicas pues se cree que los costos de salida son muy elevados y que los incentivos para permanecer son muy altos, por lo tanto, no hay ningún estímulo para que se produzca una transición. 

“¿Las relaciones internacionales no son un incentivo?; ¿la merma en el flujo de caja en dólares no es un incentivo? Lo que quiero discutir es que la caracterización de narcoestado se presenta como un gran determinismo político. Por lo regular, quienes sostienen esta hipótesis afirman también que solo una intervención militar extranjera puede poner fin al régimen autoritario. Ahí la literatura ofrece otro argumento y es que hay casos en los que las intervenciones militares extranjeras no ofrecen garantías de democratización. Puede producirse el desplazamiento de una élite a otra que tampoco ofrezca garantías para el cambio”,  dijo Magdaleno. 

La investigación incluyó el análisis de unas treinta variables que fueron desde la naturaleza del régimen político, la orientación ideológica, el impacto que tuvo la situación económica, hasta si hubo o no movilización social. “Lo que sí es cierto es que los regímenes totalitarios de izquierda plantean mayores complejidades para comenzar el proceso de transición. Es más complejo en la medida en que la ideología juega un rol fundamental en la toma de decisiones. La ideología es un bloqueador que impide transacciones mucho más fáciles entre los actores pues en última instancia se está defendiendo una cosmovisión y no solo el poder”, aclaró Magdaleno. 

 

Sin un ganador que se lo lleve todo

En las negociaciones políticas, a diferencia de la canción de ABBA, no hay un ganador absoluto que se lo lleve todo, aclaró de entrada el politólogo Ricardo Sucre Heredia. “La negociación como método para salir del régimen actual será una ruta novedosa para la sociedad venezolana porque en nuestra historia política siempre ha habido ganadores y perdedores. Pérez Jiménez se fue y todos salieron a la calle a celebrar. Gómez murió en el cargo. Quienes participaron en la lucha armada de los 60 también perdieron. Siempre hemos tenido ganadores y perdedores. Desde nuestro proceso de independencia la lógica ha sido ganar o perder. Hoy yo no creo que ese patrón se vaya a repetir. En ese sentido será un proceso inédito en Venezuela pues estaremos obligados a construir bases de convivencia con gente que muchos desprecian”. 

A juzgar por los mensajes que los grupos representados en Barbados ofrecieron a la opinión pública, uno de los retos de este proceso será trascender la búsqueda de una capitulación y enfocarse en lograr acuerdos mínimos que permitan arrancar una transición democrática. “Cada bando quiere una negociación a su medida. El gobierno quiere que le levanten las sanciones y la oposición dice que si Maduro se lanza de nuevo a una elección presidencial ellos se paran de la mesa. Yo no estoy tan seguro de que esas posiciones sean solo una puesta en escena para sus audiencias, más bien creo que se trata de resistencias estructurales. Siento que quieren una capitulación tipo Alemania o Japón y eso no va a ser posible”, argumentó Sucre Heredia. 

 

 

Discursos aparte, la preocupación de muchos actores internos y externos está en el recrudecimiento de la represión y en el aumento de las violaciones de derechos humanos tras los hechos del 30 de abril de 2019. Mayo y junio concentraron una nueva ola de detenciones a efectivos militares quienes supuestamente estaban conspirando en contra de Maduro. Las torturas propinadas al capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo, detenido desde el 21 de junio en la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), le causaron finalmente la muerte. Inmediatamente las negociaciones fueron suspendidas pero se reanudaron a los pocos días. 

Sucre Heredia advirtió que incluso en el marco del diálogo auspiciado por Noruega se pueden esperar más hechos de violencia. “Ejemplos como el proceso de negociación de Sudáfrica y Túnez evidencian que sí podemos esperar más violencia por parte del régimen autoritario. En Túnez asesinaron a personas que formaban parte del equipo de negociadores. Este gobierno está obsesionado con que lo quieren tumbar y la lógica de ellos es no dejarse tumbar. Hay un patrón de tortura y asesinatos que se repite cada vez que se sienten amenazados. ¿Eso supone que ya no se puede negociar? Con todo lo crudo que suene creo que la negociación debe continuar”. 

También es de esperar que el proceso de negociación se estanque e incluso que se paralice por tiempo indefinido. Magdaleno se apoya en las investigaciones del profesor de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Yale, Juan Linz, para explicar que las tres fases de la transición política, a saber, liberalización, democratización y socialización cultural, no siempre se suceden de forma cronológica pues unas veces se solapan, en otros casos hay discontinuidad pues no se trata de un proceso lineal, y otras veces se retrocede. En algunos casos hay una reversión total del proceso, advirtió.  

“Venezuela no es más represiva que el Chile de Pinochet o más polarizada que la Sudáfrica que estaba bajo el apartheid. Tampoco tiene más limitaciones por sus vínculos con Cuba que los que ataban Polonia a Rusia. Representar a Venezuela como un estado mafioso confunde más de lo que aclara”, afirman Abraham Lowenthal, fundador del Programa Latinoamericano del Centro Woodrow Wilson, y David Smilde, profesor de la Universidad de Tulane, en un análisis reciente que aborda la viabilidad de una transición negociada en Venezuela

Lowenthal y Smilde se apoyan en los acuerdos de convivencia alcanzados en otras transiciones para argumentar que los políticos y la sociedad venezolana deberán considerar concesiones similares. “Aceptar al general Pinochet como senador vitalicio y jefe de las Fuerzas Armadas durante ocho años ayudó a Chile a que la transición fuera posible. Nombrar a miembros del Partido Comunista como ministros de Defensa e Interior facilitó la transición polaca. En Sudáfrica, la designación de De Klerk como vicepresidente de Mandela fue uno de los pasos pragmáticos que hicieron posible la superación del conflicto (…). En el caso venezolano, algunos funcionarios clave del régimen de Maduro y de las Fuerzas Armadas que quieran ser parte del futuro de Venezuela deberían ser incluidos en el proceso de resolución del conflicto”. 

En dicho análisis se sostiene que aunque cada transición tuvo características diferentes, la mayoría coincidió en un aspecto: en su momento parecían imposibles de lograr. Si bien en Venezuela también es difícil pronosticar cuándo comenzará el proceso de transición, de acuerdo con Magdaleno hay al menos una variable que indicaría que está cerca un punto de quiebre. 

“La actual ronda de negociaciones opera en el marco de unas crecientes dificultades sistémicas del Estado. Hay un contexto que limita la capacidad del régimen de Maduro para satisfacer las demandas de sus factores de poder. Es crucial saber si el contexto actual presiona a los factores de poder a transitar hacia una dirección distinta. Yo pienso que sí. Este es el primer factor que veo que sí está presente en Venezuela y cuando esto ocurre aumenta el número de socios insatisfechos de la coalición dominante. Y ojo, estos socios son propios y extranjeros. Dicho de otra manera, si el Estado no puede satisfacer las demandas e intereses de un gran número de socios de la coalición dominante nacionales o internacionales, entonces allí hay una dificultad sistémica mayor. Allí se da una amenaza seria a la supervivencia del régimen autoritario”. 

 

Oslo: una mesa con muchas sillas

Esas dificultades sistémicas para satisfacer a socios externos explicaría el interés de potencias como Rusia y China en apoyar las gestiones del Reino de Noruega cuya ministra de asuntos exteriores, Ine Eriksen Søreide, informó a principios de agosto que los representantes de los principales factores políticos de Venezuela continúan con las negociaciones iniciadas en Oslo en el marco de una mesa que trabaja de manera continua y expedita. 

Los representantes de Maduro y del presidente encargado Juan Guaidó no están solos en dicha mesa pues a rusos y chinos se suman los ojos del Grupo de Lima, los del Grupo de Contacto de la UE,  del Vaticano, los Estados Unidos, Canadá, Cuba y, más recientemente, los de las Naciones Unidas. 

 

 

“La participación de tantos actores es comprensible dada la magnitud de la crisis venezolana. Especialmente durante 2019 el drama venezolano se ha convertido en un tema mundial. Para nadie es un secreto que muchos países de la región apostaron por un cambio de régimen a principios de año pero el tiempo terminó demostrando que aún había mucho camino por recorrer. Países que han sido muy críticos con Maduro y que han apoyado de forma frontal a la Asamblea Nacional han ido cediendo a la idea de que la vía es la negociación”, apuntó Mariano de Alba,  abogado especialista en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales

De Alba agrupó a los distintos países en función de sus posibles motivaciones para apoyar la salida negociada: “A Rusia y China les preocupa que el apoyo tan frontal de los Estados Unidos deje al nuevo gobierno con una deuda enorme con los norteamericanos. Lo perciben como una amenaza a sus intereses en Venezuela. En pocas palabras, buscan estabilidad y que si se va a producir un cambio en Venezuela este sea lo más estable posible. Además, intentan que el gobierno norteamericano no sea el gran protagonista de la transición pues los dejaría en una situación de debilidad”. 

El pragmatismo de Rusia se hizo evidente cuando el presidente Vladimir Putin dijo en una entrevista al Financial Times que él se entendería con Guaidó si este resultara victorioso en un proceso electoral. “Al final, la lógica de Rusia y China no es si es Maduro o Guaidó sino qué escenario les permite asegurar los negocios en Venezuela. Recordemos que gracias a la crisis, Rusia ha realizado negocios en Venezuela con un retorno impresionante. Desde luego que hay también un juego geopolítico en el tablero y el objetivo es hacer ver que los Estados Unidos no es tan poderoso como parece”, argumentó el especialista en relaciones internacionales.  

Con relación a Cuba, indiscutiblemente el actor foráneo más relevante por el nivel de involucramiento en la política venezolana, De Alba afirmó que el único escenario que realmente le conviene es la permanencia de Maduro -o de alguna de sus fichas- en el poder. 

“Ahora bien, la dictadura cubana ha durado tanto, entre otras cosas, porque sabe mover bien sus fichas. Tienen una dosis de pragmatismo importante. Ellos saben que la situación es bastante delicada y que a medida que pase el tiempo las posibilidades de un cambio violento se incrementan. Estar sentados en la mesa les permite estar bien informados de lo que ocurre. También les permite tener una línea directa de comunicación. Su misión real es aprovechar la situación”, dijo el abogado. 

 

Tras Barbados, más rondas de negociación

De Alba expresó que la situación ha llegado a un nivel tal que sin la acción de otros países será muy difícil que Venezuela logre encontrar el camino hacia su redemocratización. Considera que la presión internacional ayuda pero la multiplicidad de actores pudiera entorpecer los tiempos. Esa incertidumbre sobre los “tiempos” es justamente la fuente de desesperanza de muchos venezolanos pues la velocidad con la que avanza la crisis venezolana los enfrenta a una calidad de vida cada vez más precaria. El informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, no hace sino confirmar la crudeza de la realidad que experimentan los venezolanos. 

De Alba sostuvo que hay un entendimiento en la comunidad internacional de que por más apoyo externo que den, la resolución del conflicto está en manos de los venezolanos. “Un ejemplo muy concreto es lo ocurrido el 23 de febrero. La comunidad internacional esperaba un quiebre institucional que no se dio y por ende no entró la ayuda humanitaria. Ellos llegan hasta un punto pero la política interna debe hacer su trabajo”. Esta interpretación se corresponde con las declaraciones del Secretario de Estado Norteamericano, Mike Pompeo, “filtradas” a la prensa en las que criticaba la desunión de la oposición venezolana y su incapacidad para lograr acuerdos mínimos. 

“Desde mi punto de vista, los países están muy expectantes ante lo que pueda lograr Noruega. Saben, eso sí, que no se trataría de una solución inmediata lo cual está en contraposición con lo que deseamos los venezolanos. Es un proceso que al día de hoy no pareciera contar con los elementos para llegar a una solución pero aún así se debe apostar por la negociación. Veo que el hecho de que haya tanta atención sobre el proceso de negociación ayudará a que si fracasa -lo cual yo veo más probable-, sirva como argumento para aumentar la presión. Ahora, si esas medidas vayan a ser suficientes para poner fin al régimen de Maduro, veremos”, advirtió De Alba.  

En efecto, Federica Mogherini, jefa de la diplomacia de la Unión Europea, amenazó con imponer más sanciones sobre altos cargos del régimen de Maduro si las negociaciones de Barbados no llegan a algún acuerdo. “La crisis que se vive en el país requiere de una solución política urgente, la cual solo se puede lograr a través de un proceso pacífico, democrático que conduzca a unas elecciones presidenciales libres y justas”, dijo textualmente. 

Sobre la participación de la comunidad internacional, el politólogo Sucre Heredia coincidió con lo dicho por el ganador del premio Nobel de la Paz 2015 por su mediación en la transición a la democracia en Túnez, Hassine Abassi, en su reciente visita a Caracas. “Abassi destacó que era preferible no aceptar apoyo foráneo. Claro, ellos tuvieron unas condiciones muy particulares pues Ben Ali ya se había ido así que pudieron comenzar desde cero”, dijo.   

Incluso si este ciclo de diálogo fracasa, estar ante los ojos del mundo puede tener un efecto colateral útil considerando, por un lado, la impunidad con la que opera el régimen de Maduro y, por el otro, la propensión de muchos venezolanos a creer que el fin del régimen debe estar cerca pues no se puede estar peor. 

“Desde afuera se perciben riesgos y amenazas que los propios venezolanos quizás no consideren posibles. Por ejemplo, el riesgo de una guerra civil o de violencia extrema. Siento que la gente se apoya mucho en aquello de la excepcionalidad venezolana para evitar pensar que esta situación puede terminar muy mal, al estilo de Siria. Creo que la comunidad internacional se cohesiona en torno a la necesidad de evitar que la crisis escale en algún tipo de violencia generalizada”, advirtió Sucre Heredia.

 

 

¿Hacia dónde va la transición política? Por Antonio José Monagas

HABLAR DE TRANSICIÓN POLÍTICA en Venezuela, es incitar a recorrer todos los caminos posibles que se sobrepongan a ese país caracterizado por una situación política controlada por el advenimiento de una serie de equivocaciones formuladas sobe la insidia y el despotismo. Pero también, por la envidia y el egoísmo. 

Hablar de transición política en Venezuela, es salvar la brecha que se da entre un autoritarismo asociado a un militarismo salpicado de totalitarismo, y un ámbito de condiciones políticas delimitadas por el hecho que representa la consolidación de libertades y el definitivo afianzamiento de derechos humanos. Entendido esto, como la razón para avanzar hacia renovados estadios de desarrollo económico y social. 

La frase “Transición política” se convirtió en una causa política cuya fuerza renovó emociones nacionalistas. Siempre, apuntándole a legitimar condiciones que favorezcan la democratización del sistema político. Particularmente, cargadas de la fuerza necesaria para invocar las capacidades y potencialidades sobre las cuales es posible revertir distorsiones que han interrumpido el rumbo de la democracia. Pero asimismo, salvar aquellos obstáculos que detuvieron procesos de dinamización del fortalecimiento de la sociedad civil. 

Así que visto este problema desde la perspectiva de la crisis política venezolana, la ansiada transición de gobierno determinaría la orientación política sobre cuya fundamentación conjugaría esfuerzos entre el Estado y la sociedad que apuesten a superar los retos del desarrollo nacional. De esa manera, podrá dominarse el desastroso y amañado forcejeo que ha venido dándose, infortunadamente, entre la civilización y la barbarie. 

La resonante expresión que viene sonando fuertemente desde el 23-E, luego que el diputado Juan Guaidó estableciera la vía para recuperar al país de la dictadura imperante, pareciera ser la forma más expedita para actuar políticamente ante el curso de la distribución de responsabilidades que pautan el cambio de régimen político requerido para salir del estancamiento económico y social que hoy padece el país.

La estrategia política formulada entre fases: 1. Cese a la usurpación; 2. Gobierno de Transición; y 3. Elecciones libres, configuran el arreglo metodológico mejor pensado para resumir lo que compromete el proceso de lo que significa una “transición política”. Especialmente, la transición política por la que debe marchar el país político para así arribar a la necesaria democratización del sistema político nacional. 

De modo que la “transición democrática” que clama la vía política expuesta por la oposición venezolana, personificada por el presidente interino Guaidó, es la condensación operacional de lo que implica alcanzar un gobierno de transición. O sea, de la “transición política” que clama el fortalecimiento del Estado democrático y social de Derecho y de Justicia exhortado constitucionalmente. He ahí el concepto que destaca la realidad por la que atravesaría Venezuela en su ruta hacia la libertad.

En resumen, la “transición política” viene a ser un proceso de transformación cuyos actores dirigirán un proceso que no por complicado, no dejará de abordarse por todas las instancias comprometidas con el arribo de una realidad transparente que induzca el respeto necesario para erigir un verdadero pluralismo político.

Así que de lograrse que la referida frase movilice actitudes y decisiones sobre un curso político de concertación, no habrá duda alguna de la meta a la que llegará luego de iniciarse los momentos correspondientes a dicho proceso político. De ese modo, habrá plena seguridad y absoluta confianza de hacia dónde conducirá la “transición política” en Venezuela. 

Será entonces el exacto manejo de las variables, actores y agentes políticos quienes sabrán definir la ruta a trazar para después seguir el periplo trazado. En consecuencia, será posible y propio evitar que la incertidumbre amenace al aludido proceso toda vez que se actuaría con mesura y sin vacilación ante la pregunta de ¿hacia dónde va la transición política?

 

@ajmonagas

¿Tiene sentido dialogar?, por Alejandro Armas

HENOS OTRA VEZ ANTE LA PALABRA que más polémicas agrias desata entre los opositores del régimen chavista: diálogo. Nuestro Caso Dreyfus, que nos divide en bandos antagónicos al parecer incapaces de, irónicamente, dialogar entre ellos con respeto y altura. Estamos obligados a ser “beatas colaboracionistas” o “guerreros del teclado mayameros”. Raro es conseguirse con una evaluación desapasionada de los intentos de establecer una negociación que ponga fin a la agonía venezolana. Pero el esfuerzo vale la pena y es lo que la edición presente de esta columna se propone.

Comencemos con una pregunta sencilla. ¿Es siquiera ético dialogar con la élite chavista? Uno de los cuestionamientos más recurrentes a las conversaciones es el enunciado de que “con criminales no se dialoga” (la palabra “criminales” puede ser reemplazada por cualquier variante que denote un delito específico). Vista desde una perspectiva moral convencional, el planteamiento es axiomático. En cambio, en nuestro contexto sucede algo distinto. La acción política, que naturalmente afecta a millones de personas con diversos intereses, tiene una moral propia que a veces exige sacrificios a la moral tradicional si con ello se consigue el bien común, como argumentó Maquiavelo. Además, en la política el poder es mucho más importante que el deseo, aunque el segundo sea justo y noble. Una ambición política enorme, como lo es un cambio de régimen fugaz y extremo, requiere un poder igualmente enorme. Nadie que se involucre en la política es ajeno a estas consideraciones sobre ética especial y capacidades. Hasta la mayor potencia militar del planeta y un gran promotor de la democracia liberal debe hacerlas. El ejemplo de las negociaciones entre Washington y Hanoi, al calor de los bombardeos de napalm y mientras el Vietcong cometía atrocidades, es a menudo citado (no es casual que Henry Kissinger haya sido un notable practicante de la realpolitik maquiavélica). Más recientemente vemos al gobierno de Donald Trump dialogando con los talibanes en Afganistán, aunque nadie ha olvidado el horror que estos fanáticos religiosos impusieron a sus conciudadanos en los años 90. En conclusión, dialogar con sujetos de naturaleza perversa puede ser ético en algunas circunstancias.

Léase bien: en algunas circunstancias, lo cual nos lleva al caso específicamente venezolano, ya superada la cuestión general. En efecto, las experiencias ajenas no implican que sea correcto dialogar con el chavismo hoy. Si estamos dispuestos a negociar con el régimen pese al sinfín de hechos por los que es responsable, la única excusa es que por esa vía se llegará al bien común, que en este contexto es la transición democrática para Venezuela. Pero eso es especular. Aunque muchos aparentemente tienen el don de la clarividencia, pues afirman sin temor a equivocarse lo que va a ocurrir, el autor de estas líneas reconoce, muy avergonzado, no contar con tales facultades. Me tomo la libertad de hablar por todos quienes no gozamos de las habilidades de Casandra y digo pues que nos es imposible saber si una negociación puede precipitar la transición que tanto nos urge.

Afortunadamente, aunque no podemos ver el futuro, sí podemos ver el pasado. En tal sentido, el panorama no es nada alentador. Diálogos hubo en 2014 y 2017 que no se tradujeron en ninguna ganancia para la causa democrática. El régimen siempre estuvo indispuesto a hacer concesiones que comprometieran tu permanencia en el poder y solo accedió a liberar a varios presos políticos, cuyas celdas pronto fueron ocupadas por otros. Por ello, es totalmente razonable ser escéptico sobre la ronda actual. No obstante, para hacer una comparación completa es indispensable tener cuenta las circunstancias que rodearon las experiencias pasadas y contrastarlas con las de hoy. Hay varias diferencias importantes.

Es indiscutible que el régimen atraviesa actualmente un cúmulo de dificultades sin precedentes. La más notable sin duda es la presión internacional. Si bien una parte sustancial de la comunidad internacional acompañó los procesos de diálogo anteriores, nunca antes la inmensa mayoría del mundo democrático había desconocido la legitimidad del régimen chavista. Los ingresos de la elite gobernante se han visto afectados enormemente por sanciones que comprometen su capacidad para vender los recursos naturales que controlan (petrolíferos, auríferos, etc.). Las exportaciones de dichos recursos han sido en las últimas dos décadas una de las mayores fuentes de fondos, si no la principal, para distribuir entre los miembros de la cúpula y los entes que la mantienen en el poder (sobre todo las FF.AA.). Sencillamente, gobernar Venezuela podría dejar de ser el oficio extractor de riqueza que ha sido hasta ahora. Y sus beneficiarios tienen pocos sitios atractivos en donde invertir, debido a las sanciones individuales.

Mientras tanto, un régimen que ha desechado la legitimidad democrática para imponerse mediante la represión y el miedo está sufriendo deserciones importantes en las FF.AA. y sus organismos de inteligencia, los principales responsables de las maniobras coercitivas. Es obvio que no reina la calma en los cuarteles. De lo contrario, no habría tanto oficial detenido y acusado de conspirar. En abril ni más ni menos que el jefe del servicio civil de inteligencia, él mismo un militar, le dio la espalda al régimen y se convirtió en pieza clave de un alzamiento que, aunque fracasó, fue el más grave que el chavismo ha experimentado desde 2002. Cabía esperar una limpieza profunda del Sebin para purgarla de cualquier elemento sospechoso luego de una falla tan grande. Aun así, un par de semanas más tarde se produjo la fuga de Iván Simonovis, uno de los presos políticos más notables, que era custodiado por el Sebin. El mismo prófugo ha dicho que agentes de seguridad colaboraron con su huida.

Nada de esto estaba presente en 2014 o en 2017. La incertidumbre sobre su futuro rodea a los miembros del grupúsculo en el poder. Incertidumbre que es la madre del miedo, aunque frente a las cámaras haya esfuerzos (no siempre exitosos, por cierto) de lucir inmutable. No es descabellado suponer que, impulsados por temores a un desenlace peor, los cabecillas del régimen vean en una salida negociada el camino indicado.

Ojalá la historia terminara aquí, pero no es el caso. La elite chavista bien pudiera atrincherarse, esperar mantener bajo control el descontento entre los ejecutores de su voluntad y resistir los efectos de las sanciones aunque ello represente una pérdida enorme en sus tratos y en su calidad de vida. Por lo tanto, confiar ciegamente en que las nuevas circunstancias precipitarán una transición negociada es ingenuo. Con semejante falta de garantías, queda en el aire la pregunta sobre la conveniencia o inconveniencia de las negociaciones. Considerando todo lo anterior, opino que reabrir ese canal solo tiene sentido si se articula con las diferencias formas de presión internacional, bien sea para crear consenso entre los aliados sobre la indisposición del régimen ha hacer concesiones y así alentar la consideración de otras vías, o emplear hipotéticas formas de presión que no conozcamos para obtener concesiones.

Desde luego, la articulación exige cohesión estratégica con los aliados internacionales y sobre todo con aquellos con mayor capacidad para presionar. Por eso preocupa que recientemente ha habido manifestaciones de frustración con las conversaciones por parte de dos aliados de primer orden: los gobiernos de Estados Unidos y Colombia. La semana pasada John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump y uno de los funcionarios más públicamente pendientes de Venezuela, afirmó en un tuit que “no puede haber diálogo de buena fe con Maduro”. En cuanto a Bogotá, este domingo Marta Lucía Ramírez, vicepresidente colombiana, cuestionó la reanudación de las negociaciones, también vía redes sociales. Al cabo de unas pocas horas borró el tuit. Si no lo hizo por decisión propia, ello indica que el presidente Iván Duque (único por encima de Ramírez en la jerarquía ejecutiva) no comparte su punto de vista o al menos ve imprudente expresarlo. Igualmente, si tenemos en cuenta que Trump más de una vez se ha opuesto a sus asesores de política internacional, el mensaje de Bolton no necesariamente refleja lo que su jefe tiene en mente. Empero, ambas señales preocupan.

Cualquier desavenencia en torno al diálogo podría aclararse mediante la ronda de consulta con líderes internacionales anunciada por Juan Guaidó hace dos semanas, sin que se haya vuelto a mencionar nada al respecto en público desde entonces. Son discusiones como esas las que permiten hallar un lugar para el diálogo en la estrategia para lograr el cambio, o cerrarlo definitivamente.

@AAAD25

La difícil transición pacifica y democrática ante el muy poderoso dinero sucio venezolano, por Nelson Bocaranda

ESTE ARTÍCULO EDITORIAL DE The Washington Post conecta con un profundo trabajo de dos catedráticos estadounidenses Douglas Farah y Caitlyn Yates de IBI Consultants para la National Defense University. Nos da luces sobre la complejidad del tejido criminal montado durante los gobiernos de Chávez y Maduro en estos 20 años de “revolución bolivariana”.

Me interesó, y por eso lo comparto con nuestros lectores, pues pareciera servir, con datos reales y precisos, para ir definiendo la terrible y posible denominación de Venezuela como  “Estado Forajido”. Prende las alarmas a todos los niveles globales. Angustia compartida ante una difícil transición pacífica. Preocupa a los países vecinos y mucho más a los “socios” involucrados. Algunos ya detectados, otros ya comprometidos cantando y los terceros listos para el “bel canto” , bien de uniforme o de civil:

 

La verdaderes razón por la cual Maduro sobrevive: el dinero sucio

 

En Venezuela, la administración de Trump necesita retroceder. Los venezolanos son los perdedores en el conflicto político entre el gobierno y la oposición, y Estados Unidos lo está empeorando. (Joshua Carroll, Kate Woodsome / The Washington Post)

 

Por Jackson Diehl, sub-director de la página Editorial de The Washington Post

12 de mayo de 2019.

“Cuando se les pidió que explicaran por qué sus esfuerzos por derrocar al presidente venezolano, Nicolás Maduro, se han quedado cortos, los funcionarios de la administración de Trump suelen citar la influencia siniestra de Cuba y Rusia, que dicen ha endurecido la resistencia del régimen. De lo que no hablan tanto es un factor posiblemente más importante: el Cartel de los Soles. Ese término colorido se refiere a la red de tráfico de drogas que cada año transporta cientos de toneladas de cocaína colombiana desde los aeródromos venezolanos a América Central y el Caribe para su distribución final en los Estados Unidos y Europa, y eso incluye a algunos de los funcionarios de mayor rango en el régimen de Maduro. Estos hombres no se aferran al poder porque son verdaderos creyentes en el socialismo, o por su lealtad a Vladimir Putin y Raúl Castro. Se aferran porque, a pesar de la implosión económica de Venezuela, todavía están cosechando millones, y es probable que se encuentren encarcelados en Venezuela o los Estados Unidos si se alejan de su país. El tráfico de cocaína es solo una de las muchas actividades delictivas en las que está inmersa la élite de la “revolución bolivariana” de Hugo Chávez. También hay minería ilícita de oro y hierro; ventas fraudulentas de petróleo; los beneficios de las importaciones de alimentos y medicinas; y el comercio de divisas corruptas. Maduro y todos los que están cerca de él, incluyendo a su esposa, su No. 2 y los ministros del Interior y de la Industria, están a su altura.

Aunque tanto el gobierno de Trump como los defensores extranjeros de la extrema izquierda de Maduro prefieren describir la crisis venezolana en términos políticos, la realidad es que el régimen es menos un gobierno, mucho menos socialista, que una pandilla criminal. Eso tiene dos consecuencias que complican su eliminación.

Primero, el dinero que está obteniendo de la actividad criminal está sirviendo como un apoyo que le permite sobrevivir a las sanciones de los Estados Unidos.

Quizás lo más importante es que la contaminación tóxica en casi todos los altos funcionarios hace que sea mucho más difícil seguir las fórmulas habituales para una transición pacífica, incluida la creación de un gobierno de transición y la amnistía para aquellos que renuncian.

El colapso de la economía regular de Venezuela ha creado una grave escasez de alimentos, agua, medicinas y energía, y ha provocado que más del 10 por ciento de sus 30 millones de personas huyan del país. Sin embargo, los ingresos ilícitos que se están derramando para la camarilla de Maduro parecen estar aumentando. Un reciente informe de CNN dijo que los vuelos de drogas desde Venezuela habían aumentado de aproximadamente dos por semana en 2017 a casi todos los días en 2018; citó a un funcionario de los Estados Unidos diciendo que este año se habían realizado hasta cinco vuelos por noche. En el 2018, se calcula que se traficaron a través de Venezuela 265 toneladas de cocaína colombiana, con un valor de venta de $ 39 mil millones, según el informe.

Otro nuevo estudio preparado para la Universidad de Defensa Nacional por Douglas Farah y Caitlyn Yates encontró que incluso mientras el régimen de Maduro vendió 73 toneladas de oro en Turquía y los Emiratos Árabes Unidos el año pasado para recaudar efectivo, sus reservas crecieron en 11 toneladas, el resultado probable de la minería ilegal de oro, incluso por grupos rebeldes colombianos con sede en Venezuela y aliados con el régimen. Esas ventas podrían haber recaudado cerca de $ 3 mil millones, más que suficiente para financiar las fuerzas de seguridad y los grupos paramilitares aún leales a Maduro.

Farah y Yates describen el régimen venezolano como parte de una red regional que denominanEmpresa Criminal Conjunta Bolivariana, un “consorcio de estados criminalizados y actores no estatales”. Identificaron 181 individuos y 176 empresas en 26 países vinculados a la actividad criminal venezolana. Gracias a esta empresa, dicen, “el régimen de Maduro no se ha derrumbado y puede que no durante un período de tiempo significativo… “La capacidad de la red para adaptarse y diversificar su cartera criminal significa que el dinero continúa fluyendo hacia los cofres del régimen”.

En teoría, la oposición venezolana, el gobierno de Trump y otros que buscan sacar a Maduro podrían resolver perdonar todo esto. La oposición ha hablado sobre la amnistía para los líderes militares que denuncien el régimen y la semana pasada, el Departamento del Tesoro levantó las sanciones al jefe de inteligencia de Venezuela luego de que desertara el 30 de abril.

Sin embargo, como cuestión práctica, es difícil imaginar a la mayoría de la mafia de Maduro simplemente alejándose del poder. Al menos dos de sus capos han sido acusados por grandes jurados federales de los Estados Unidos. Otro, el ex general Hugo Carvajal, desertó a España el mes pasado, y fue encarcelado rápidamente en una solicitud de extradición de los Estados Unidos. Se enfrenta a cargos federales de contrabando de cocaína.

Algunos líderes de la oposición y gobiernos extranjeros esperan negociar una administración de transición que incluya figuras del régimen. Pero, como dijo la veterana activista de la oposición María Corina Machado a The Post, “no se puede tener a los capos de la droga. . . no puede haber individuos que formen parte de la mafia en el tráfico de oro, el tráfico de petróleo y el tráfico de gasolina o las mafias de alimentos ”. Eso, por desgracia, puede excluir a casi todos los que tienen el poder de lograr un cambio pacífico en Caracas”.

 

Hasta aquí el editorial.

 

El detallado trabajo del que habla Diehl elaborado este mes de mayo por Douglas Farah y Caitlyn Yates, de IBI Consultants,LLC para la National Defense University, es contundente en su investigación. Las pesquisas incluyen desde movimiento de dinero en diferentes monedas y en variados países hasta las empresas fachadas, las ventas de oro, la distribución de las comisiones, los negocios en países amigos del régimen venezolano, y otros elementos que podrían servir para declarar a Venezuela un “estado forajido” con la contundencia de los hallazgos de ilícitos criminales de tipo muy variado. La investigación estuvo en parte financiada por la National Defense University a través del Instituto de Estudios de la Seguridad Nacional. En una aclaratoria inicial enfatizan que el reporte no representa la visión de la Universidad, el Departamento de Defensa o cualquier otro ente del gobierno estadounidense.

Estos son los tres párrafos introductorios:

“En 1998, el pueblo venezolano eligió a Hugo Chávez, iniciando un movimiento regional conocido como la Revolución Bolivariana.

En un esfuerzo por aislar a los Estados Unidos y promover su “Socialismo para el proyecto político del siglo XXI”.

Chávez consolidó sistemáticamente el poder en la rama ejecutiva. A su vez, transformó a PDVSA, la compañía petrolera nacional venezolana, en una empresa regional multimillonaria que opera en concierto con líderes políticos simpatizantes,

élites económicas y organizaciones criminales. Mientras Chávez dirigió el proyecto, fue ayudado por el liderazgo político en Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Surinam y El Salvador. En los últimos 20 años, esta red criminal creció para abarcar varias docenas de personas y cientos.

de empresas de fachada. Nicolás Maduro luego heredó este régimen criminal en 2013 después de

la muerte de Chávez. Veinte años después del inicio del proyecto político, la red abarca todo el mundo, desde El Salvador a los Estados Unidos, desde Rusia a Hong Kong, y a través de varios paraísos financieros en el medio.

Sin embargo, incluso después de que Estados Unidos sancionó a cientos de personas y entidades por cargos como el narcotráfico y el lavado de dinero, Maduro continúa sirviendo, de facto, como el líder de Venezuela.  Los resultados de este régimen criminal culminaron en una economía venezolana que se contrajo más del 50 por ciento, mientras que al menos el 10,5 por ciento de la población venezolana ahora vive como refugiados. En otros países. Esta crisis cada vez más visible impone enormes costos a los vecinos regionales.

Mientras tanto, los fondos lavados ilícitamente socavan el estado de derecho y la democracia, causan estragos sobre las economías legales, fortalecen los regímenes autocráticos corruptos y crean espacios donde las redes criminales organizadas transnacionales prosperan. Si bien la dinámica de las actividades delictivas conjuntas en Venezuela se mantiene prácticamente sin cambios, el régimen de Maduro está sintiendo cada vez más la presión doméstica e internacional para el cambio de régimen.

Este informe destaca la escala de lo que llamamos la “Empresa Criminal Conjunta Bolivariana”. Aquí nosotros resaltamos algunas de las tipologías criminales utilizadas por la red y exploramos el impacto más amplio de las acciones de esta red. El informe recopila el trabajo de campo realizado durante cinco años en 11 países y aumenta este análisis cualitativo con investigación de código abierto y análisis de datos.

Por último, argumentamos que la Empresa Criminal Conjunta Bolivariana no es una entidad única, sino una red de empresas aliadas, estructuras regionales e individuos históricamente vinculados que operan en todo el globo. A menos que la red sea atacada desde múltiples puntos simultáneamente, la alianza , sobrevive y se transforma en una operación más dispersa y sofisticada”.

El profundo trabajo de investigación incluye las ventas falsas de petróleo venezolano, las Compras Cíclicas de Activos Fijos, la Minería Ilegal, los Proyectos de Infraestructura Falsificados y las Transferencias Banco a Banco, El Impacto Humano y Económico, las Conclusiones y el detalle de las múltiples fuentes utilizadas en tan enjundiosa investigación durante cinco años.

CONCLUSIONES: Este informe destaca la interconexión de diferentes actores y mecanismos económicos que facilitan la resistencia de la empresa, aunque actualmente en un estado debilitado. La “Bolivarian Joint Criminal Enterprise” es una estructura única basada en la participación directa del Estado en el comportamiento criminal, operando en múltiples esferas económicas y jurisdicciones de aplicación. Este portafolio criminal se basa en el apoyo de entidades estatales, empresas lícitas y grupos delictivos organizados.

El resultado es una compleja operación criminal que socava el Estado de Derecho, la Democracia, la Gobernanza y las alianzas de Estados Unidos en todo el hemisferio occidental.

La estructura bolivariana ha demostrado ser resistente y adaptable, con múltiples capacidades redundantes. Operacionalmente, cuando se presiona una faceta de la red criminal, la Empresa Criminal Conjunta Bolivariana es experta en trasladar operaciones a nuevas áreas o encontrar nuevos aliados, a menudo alimentando las diferentes fortalezas y conexiones de la historia compartida de la Empresa y sus objetivos comunes. El gobierno de los Estados Unidos ha emprendido recientemente un esfuerzo más holístico y unido para enfrentar a estos actores criminales, dando resultados significativos.

Los esfuerzos para canalizar algunos de los fondos que fluyen desde PDVSA y la estructura bancaria bolivariana al legalmente reconocido gobierno interino de Guaidó, y fuera de las manos del régimen de Maduro, es innovador y necesario.

Pero, como dijo el ex comandante del USSOUTHCOM, el almirante James Stavridis: “se necesita una red para luchar contra una red ”.

La clave para combatir esta red, argumentamos, es la integración de las autoridades y las capacidades

en todo el gobierno de los Estados Unidos, y en colaboración con socios de confianza como Colombia, para abordar el alcance de la Red Bolivariana. Este enfoque incluye la combinación de recursos y autoridades de los departamentos de Hacienda, Estado, Justicia, Seguridad Nacional y Defensa, junto con la Comunidad de Inteligencia para enfrentar los múltiples nodos de la “empresa”. Sin embargo, abordar la “Empresa Criminal Conjunta Bolivariana” también requiere respuestas de los actores en países más allá de Venezuela y abrazar en conjunto un compromiso más sólido y a largo plazo con políticas alineadas con naciones socias en el hemisferio occidental. Como los impulsores ideológicos de la revolución bolivariana. han sido ampliamente desacreditados, recientemente esta es una oportunidad para que Estados Unidos se comprometa audazmente con la región y abordar el alcance y la complejidad que esta empresa criminal hoy abarca.

 

* Aquí el enlace con el trabajo que en sus 20 páginas incluye gráficos en detalle de las conexiones globales actualizadas. Incluyen PDVSA, las compañías fachadas, los activos millonarios, la corrupción de funcionarios del régimen, los traficantes de oro, las falsas refinerías de oro usadas para venderlo en el mercado internacional, el mercado de oro en Dubai, las organizaciones traficantes de oro, las inversiones falsas de PDVSA, bancos locales, bancos corresponsales, bancos de terceros países con cuentas personales y presión a vecinos por éxodo de refugiados.

 

https://www.ibiconsultants.net/_pdf/maduros-last-stand.pdf

Narices de cierta oposición viscosa y adherente, por Armando Martini Pietri

CUANDO CAMBIÓ LA DIRECTIVA DE LA Asamblea Nacional, cumpliendo pactos acordados, nadie podía imaginar que un joven ingeniero de Vargas se convertiría en referente opositor nacional e internacional.

El madurismo, consciente de que su popularidad y pueblo, no eran tales, por asesoría castrista, veterana en cinismo, procacidad, experta en desastres, aconsejó acelerar la toma de posesión, certificando un proceso electoral que dieron por bueno y la oposición por fraudulento.

Fue oportunidad para adversarios tradicionalistas, expertos en egoísmos, veteranos en fracasos y el siniestro régimen madurista, hallaran motivo, un nuevo dirigente que castro-maduristas y opositores cohabitantes consideraron de poca trascendencia, pieza de breve duración. Observen la diferencia entre reconocer al contrario y enfrentarlo, o querer gobernar con él ofreciéndoles perdón, borrón y cuenta nueva.

Cuando Juan Guaidó juró la Presidencia, los bandos desconcertados, temerosos susurraron, ese no era el acuerdo, pero a cambio, las masas recibieron ampolla de ánimo y esperanza, sin rabos de paja, ni compromisos. Los parlamentarios a los lados del nuevo mandatario arrugaron ceños convulsos, subidas de tensión, transpiraron copiosos, pero la gente desplegó alegría y grandes sonrisas. Nueva bandera de enarbolar, defender, lo mismo pensaron Washington y otras capitales del mundo, sobretodo porque el madurismo no ha dado razones para defenderlo, más allá de las deudas con Moscú y Pekín, la conveniencia geopolítica que el rico amplio territorio venezolano ofrece a terroristas de acá cerca y de allá lejos.

Fue un error precisar hechos y fechas, que llevaron a dos inmensos fracasos: el ingreso aparatoso -frustrado- de ayuda humanitaria el 23F, y el melodrama tragicómico del 30A. En ambos casos Guaidó quedó mal, la oposición peor. El madurismo, como misterioso y cruel tirano militarismo donde no se sabe, quién manda, quedó como lo que es, autocracia con megáfonos frente a los micrófonos y titiriteros en la oscuridad.

Pero en esta oportunidad alguien pensó un poco más, elaborando una estrategia posiblemente más eficaz. Que comienza por aceptar, no es un régimen con muerte anunciada, sino un mal Gobierno con un mandatario decidido por ser obediente sin pensar en su eficiencia, a quien ahora hay que cambiar; se ha convertido en un jarrón que, si bien atrae miradas y odios, está atravesado, es un obstáculo, un estorbo.

Un elemento considerado, dotar de nuevos héroes a los competidores, mártires que atraigan, generen fervores, pero incapacitados para ser útiles. No se toca a los que pueden llamar demasiada atención en países y gobiernos claves, se acosa e incluso arresta activistas que dirigen pequeños grupos, transformándolos en víctimas a los cuales se puede rezar, sin capacidad de hacer milagros, presos e incomunicados.

Otro mecanismo a utilizar, sacar de sus tumbas a mocosos sospechosos sin nada que perder y mucho que ganar, excandidatos presidenciales que avalando lucieron compitiendo sin esperanzas, insignificantes, olvidados y desprestigiados, exdirigentes de izquierda fracasados durante medio siglo, hermano de militar conservador antichavista viejo para molestar -aunque sospechoso de haber amparado a Chávez derrotado-, cristianos, sargentos, socialistas, bolichicos y oportunistas, que puedan crear una simulada oposición coautora, diferente, dialogadora, con alharacas de heroísmos inventados, siempre ávida de financiamiento clandestino, diálogos públicos y secretos -Noruega-, que les permitan llegar a la solución tramposa, engañosa de la cual tánto se habla. Descabezan el parlamento, rebanándolo, dejando sin respaldo al presidente encargado; un Tribunal Supremo de Justicia usurpador, parcial e indigno compromete responsabilidades de los diputados en la comisión flagrante de delitos, -jamás será suficiente advertir lo que significa el desprecio a la judicialización de la política-. Por si fuera poco, toman control fáctico de las instalaciones legislativas, pero desesperados buscan obligar un proceso de dialogo, que algunos convalidan disfrazados en secreto.

Pretender una transición, quizás con Guaidó, pero con partes dependientes o relacionadas con el castrismo venezolano, es la búsqueda desesperada. Si Washington perdona un general chavista, jefe de inteligencia política, puede aceptar otras figuras, montar un Gobierno cívico militar, chavista que, a la vez antichavista, y evitarse una guerra, dedicando sus esfuerzos a causas más lejanas e importantes.

De la recuperación económica, necesaria para Estados Unidos, pueden encargarse empresarios con dinero suficiente y capacidad sobrada, incluyendo sectores de enormes dimensiones que habrán de privatizarse total o parcial, petróleo, agua, telecomunicaciones, electricidad, acero, aluminio, oro, diamantes, coltán y otros rubros, arrancándolos de las garras castristas incompetentes, de nuevos ricos, narco-guerrilleros, militares, políticos corruptos, y demás abruptos.

Los abandonados, no caben en ninguna parte, por eso resienten su pequeñez, Diosdado Cabello, Tareck El Aissami, Iris Varela, Pedro Carreño, Freddy Bernal, Aristóbulo Istúriz y muchos otros conocen, presienten su inexorable futuro carcelario. Pero como suele decirse popularmente, todo en la vida es negociable, quienes deben estar nerviosos son los que dependen y puedan ser permutables.

@ArmandoMartini 

La anhelada transición se convirtió en un negocio de transacción, por Armando Martini Pietri

VENEZUELA SE HA TRANSFORMADO EN BELIGERANCIA, dimes, diretes, declaraciones a granel, mensajes por twitter a diestra y siniestra, entre la tiranía comunista, castrista, socialista e impresentables aliados, y ciudadanos libres, demócratas, acompañados por la comunidad internacional.

El país parece un pastel apetecible del que todos quieren un pedazo. La izquierda trasnochada, enratonada, fracasada, con la patética iniciativa repugnante del Foro de São Paulo, compite por influencia y dominio. Es un todo contra todos. Incluidos nauseabundos bolichicos, sinvergüenzas enchufados, bandidos, farsantes, y demás alimañas que pululan. O, si se prefiere, un “todos con todos por si acaso”. Según se comenta insistente, actores del dinero sucio definen la política de transición-transacción, expertos depredadores, no tienen paz con la miseria.

Apesta el sentido de realidad de ciertos políticos. La transición mutó en transacción. Episodio oscuro, tendrá que aclarase.

Amaneciendo el 30 de abril las redes sociales enloquecieron, con el madrugonazo que sorprendió el sueño del usurpador, de su entorno inmóvil y turulato. A pesar del fracaso, -repetido el fiasco del 23F- pues no logró su objetivo, sirvió para develar fisuras y secretos tanto del lado oficialista como de sectores opositores y quienes aparentan serlo. ¿O acaso no parecía que ambas partes cada uno adivinaba por su lado? Los hechos se imponen, el autoengaño impide ver lo que está a la vista.

De ser ciertos chismes, comentarios públicos, revelaciones, reuniones entre amigos, entendidos, especuladores, habladores de pendejadas y sabihondos, el Presidente encargado encabezaría un gobierno de transición en una transacción acordada con ilustres integrantes de la lista OFAC, Office of Foreign Assets Control -Oficina de Control de Activos Extranjeros, organismo de vigilancia financiera dependiente del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos-, y sería acompañado por mandos militares bolivarianos, en gritos anti-imperialistas, socialistas y chavistas. Se mantendría la “justicia revolucionaria”, cómplice de torturas, aprehensiones ilegales, violaciones a los Derechos Humanos, con una larga lista de abusos y vejámenes ciudadanos, para otorgarle piso jurídico y legal al arreglo clandestino, marginando, desconociendo y desechando sin rubor ni pudor, con absoluto descaro institucional al Tribunal Supremo de Justicia legítimo, al cual mantienen alejado y acosado. Escenario chapucero e insólito de transición-transacción. Para los involucrados, parece más como cambiarse el apellido y no, él cambio profundo exigido por la ciudadanía, suponiendo las intenciones, imposible de ser buenas, de los que permanecían en el pacto. Solo convenientes y hasta que necesiten trasmutar. Un cambio gatopardo.

Coexistir o no con el comunismo castrista madurista no es cuestión de ser o no demócratas, sino de sentido común. La política está obligada a la ética y moral. Imposible platicar de justicia, libertad, democracia, y al mismo tiempo convalidar que tengan cabida quienes destruyeron un país para controlar. Es complicado e indecente una transición, convertida en transacción con bandoleros imponiendo condiciones, exigiendo cuotas, es inmoral e incivil. Resulta vergonzoso observar cómo la MUD/Frente Amplio, justifica semejante asociación contra-natura que significa un régimen que ha masacrado a sus ciudadanos. ¿Quién les otorgo la prerrogativa, derecho y autorización?

¿Cómo no preguntarse por qué se frustró? El Presidente interino manifestó que, por incumplimiento de la palabra, no se pudo concretar la salida del usurpador. ¿Traiciones en la repartición de negocios, fuerzas y cargos dentro de la mafia gobernante saliente y entrante? ¿Qué pito tocaba un preso domiciliario en todo esto? ¿Por qué el reconocido mandatario se prestó a esta comedia?, o ¿acaso desconocía el plan transaccional? ¿Quiénes estaban al corriente del enredo y torpezas, los cuenta conmigo, pero después, los sí voy pero tienes que darme más? ¿Fue una acción unilateral de pocos?

Hay los que se alivian, suena feo, de cierta forma se consuelan que no haya funcionado. El miedo a la justicia no es otra cosa, que el terror a la verdad. No vamos a tener un mejor país con quienes lo destruyeron en puestos claves. Triste, lamentable y doloroso, algunos respiran tranquilos que está farsa de transición-transacción, especie de asociación para delinquir, no se concretó en una junta conformada por desfachatados, lo cual hubiera sido afrenta inaceptable para una sociedad digna y decorosa.

¡Qué mal están quedando todos aquellos que propusieron el exabrupto! La destemplanza es tal que muchos, al conocerla, decidieron separarse y diferenciarse. Venezuela quiere y merece mejor. La continuidad socialista es, por decir lo menos, un despropósito.

No parece creíble que Estados Unidos y aliados comulguen, aprueben este patuque repugnante y mal oliente. Sería como aceptar a los verdugos de jóvenes muertos que ofrendaron sus vidas en búsqueda de libertad. No existe explicación posible. Sin embargo, la duda está, ¿el gobierno estadounidense ve esto como solución? Los sin escrúpulos llegan al límite de negociar hasta con el mal.

La soberbia y ego no pueden saciarse garantizando impunidad y sacrificando oportunidades. Pero de esas cosas que en la vida sorprenden, el intento fallido nos salvó, involuntariamente, sin saberlo, de otro desastre quizás peor. Y por insólito que pueda parecer, son buenas noticias. Quienes no deberían estar contentos, además de la población que sufre y padece esta ignominia, son los cuadros medios de las Fuerzas Armadas, ésos a los cuales tanto se llama y amnistía, ¿ingenuo o desesperado?

El caos en Venezuela ya no es un tema sólo venezolano, es regional, mundial. El madurismo se ha convertido en un problema sin fronteras y sus líderes en malqueridos. Hay una coalición decidida a todas las opciones para erradicar al comunismo castrista. Parece acordado y decidido. ¿Creen que militares darán su vida y carrera por cuestionados, desconocedores del compromiso, significado de la palabra empeñada y faltos de compromiso?.

@ArmandoMartini

 

Mike Pompeo:

El secretario de Estado americano, Mike Pompeo, hizo publico la tarde del sábado 4 de mayo de 2019 un mensaje través de su cuenta de Twitter en el que asegura que el gobierno estadounidense estará acompañando al pueblo venezolano en cada paso en su búsqueda de democracia y libertad.

“El momento de la transición es ahora”, expresó Pompeo en un vídeo publicado sólo en inglés.

“No más hambre, no más niños sin medicinas, no más represión. Estados Unidos se mantiene firmemente con ustedes en su lucha…Ustedes pueden hacer que sus instituciones, su ejército y sus líderes cumplan con los estándares más altos y exigir un retorno a la democracia”, dice el secretario mientras los seguidores de Juan Guaidó marchaban hacia los principales cuarteles de Venezuela para exigir que cese el apoyo militar a Nicolás Maduro, quien llamó a las fuerzas armadas a prepararse ante un eventual ataque de Estados Unidos.