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Tragedia

La banalización de la tragedia, por Alejandro Armas

NO PUEDO CREER QUE ESTÉ ESCRIBIENDO ESTE ARTÍCULO. Parece mentira que casi ocho décadas después de que el naufragio de la República de Weimar culminara con el ascenso de Hitler al poder uno que tenga que estar recordando a otros cuáles fueron los horrores del nazismo. Cada 27 de enero, cuando se celebra el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto, no falta quien diga que es ridículo y fastidioso insistir en algo que “todo el mundo ya sabe”. Pues no. Cada vez hay más señales de que estos esfuerzos deben ser redoblados. Los chalecos amarillos que han hecho estragos en los Campos Elíseos están acosando a hebreos franceses. Este Domingo de Resurrección un grupo de personas quemó a un “Judas” claramente identificado como un judío ortodoxo en una localidad polaca. Son solo dos ejemplos.

Sin embargo, hay casos más sutiles en los que se pone de manifiesto falta de sensibilidad hacia los sufrimientos por los que han pasado los descendientes de Jacob (hablo metafóricamente, pues soy agnóstico). Eso es lo que ocurre cuando personas que no son objeto de ningún tipo de persecución se refieren a sus detractores como “nazis”, “neonazis” o algún otro término derivado del nacionalsocialismo, y se identifican ellos mismos con las víctimas del Holocausto. En Venezuela es harto conocida la caracterización de los opositores a los regímenes de Chávez y Maduro como “fascistas” y, aunque en menor medida, como “nazis”. Maduro ha comparado incidentes en los que miembros de la elite gobernante son increpados en público con el trato que el Tercer Reich daba a los judíos. Si mal no recuerdo, en una ocasión la televisora pública equiparó estos episodios con la Noche de los Cristales Rotos. Nada que sorprenda. Después de todo, el chavismo sostiene que sus problemas diplomáticos en América Latina son una especie de reedición del Plan Cóndor, lo cual supone una falta de respeto absoluta a la memoria de quienes fueron asesinados en aquel baño de sangre.

Mucho más inesperado es ver que un dirigente opositor abuse del recuerdo del Holocausto. Hace casi dos semanas, circuló en redes sociales la imagen de un “tuit” emitido por Henrique Capriles, en el cual el exgobernador de Miranda se refirió a otros opositores, con los que ha tenido desencuentros amargos, como “secta neonazi”. El mensaje habría sido borrado poco después de su publicación. Si bien es cierto que imágenes de tuits falsos aparecen a cada rato, hasta donde sé Capriles no desmintió que aquel fuera de su autoría.

Sé muy bien que todos los días Capriles es objeto de ofensas, algunas de ellas bastante soeces y viles. No obstante, me cuesta imaginar un político de su talla que no pase por eso. Un dirigente no puede reaccionar ante sus críticos comparándolos con los adeptos de Hitler. Ni siquiera si esos críticos se rebajan al nivel de zafios. A quienes solo lo cuestionan tiene que responder con argumentos que desarmen dichos cuestionamientos, siempre que esto sea lógicamente posible, y de lo contrario, reconocer el error o, al menos, guardar silencio y reflexionar. A quienes le gritan vulgaridades, lo mejor es ignorarlos, o llamarlos como lo que son: neandertales. Nazis, jamás.

Naturalmente, muchos opositores que no son precisamente admiradores de Capriles se sintieron ofendidos. Hay, empero, un detalle. El grupo al que el dirigente de Primero Justicia ha llamado antes “secta” incluye a unos cuantos venezolanos que han abrazado un conservadurismo bastante marcado. Las redes sociales han sido canal para sus diatribas contra los blancos predilectos del conservadurismo occidental: el islam, el movimiento Lgbti y, por supuesto, las feministas. En una oportunidad anterior, esta columna examinó la furia conservadora contra el feminismo, la cual hoy vuelvo a traer a colación debido a la forma alegre en que se refiere a sus militantes con la odiosa expresión “feminazi”. Quienes se sintieron aludidos por el tuit de Capriles pero se divierten igualando a las feministas con los integrantes del difunto Nsdap no tienen nada que reclamar.

Parece que, como en la misa, es justo y necesario repasar cuáles fueron esos delitos usados como referencia en el siglo XXI para describir actitudes opuestas a las propias. Me voy a limitar a las cifras del genocidio, pues por razones obvias de tiempo y espacio no puedo elaborar un catálogo de todos y cada uno de los crímenes. Los nazis masacraron a alrededor de seis millones de judíos en doce años. El grueso de la matanza ocurrió en los apenas tres años comprendidos entre la Conferencia de Wansee (cuando se decidió la “solución final”) y la liberación de los campos de extermino por los Aliados. Estamos hablando de aproximadamente dos tercios de la población hebrea en el Viejo Continente. En Polonia, donde los nazis construyeron Auschwitz, Treblinka y otros sitios cuyos nombres hoy son sinónimos de horror, más o menos 90% de los judíos fue eliminado.

Y esto es solo lo que les tocó a quienes impusieron portar una estrella amarilla en el pecho. Los nazis también asesinaron sistemáticamente a: miembros del pueblo roma (despectivamente llamados “gitanos”, eslavos, hombres homosexuales, testigos de Jehová, militantes de la oposición (sobre todo comunistas) y personas consideradas “incurablemente enfermas”. En total, la persecución nazi acabó con unas 17 millones de vidas, según cálculos del Museo del Holocausto (en Washington).  Diecisiete millones de asesinatos. Eso es más de la mitad de la población de toda Venezuela. Pudiera ser incluso dos tercios, considerando la estampida migratoria de los últimos años.

Espero que quede claro lo que quiero decir. Aunque los adversarios de un político se ensañen verbalmente contra él , no hay que equipararlos con los perpetradores de semejante hecatombe. Asimismo, si a usted le molesta que las mujeres exijan las mismas oportunidades y derechos que los hombres, pues esa es su prerrogativa. Pero llamarlas “feminazis” es una barbaridad. Por supuesto, no caeré yo en lo mismo ni diré que el uso a la ligera de “nazi” y sus derivados es comparable con actos antisemitas como los relatados en el primer párrafo. Sin embargo, una falta menor no deja de ser una falta. Los abusos lingüísticos comentados hoy degradan el recuerdo de la shoah (la “destrucción”, como en hebreo llaman al Holocausto) , aunque esa no sea la intención de sus emisores.

Nietzsche lamentó, en El nacimiento de la tragedia, la eliminación del justo equilibrio entre lo apolíneo y lo dionisíaco, entre lo racional y lo irracional, en las artes a partir de lo que el filósofo teutón consideró la decadencia del teatro griego con Eurípides. Desafortunadamente, otra tragedia, una muy real, está siendo banalizada hoy. Si no se llama la atención al respecto, podríamos estar muy pronto en una bacanal de bajas pasiones que tome las riendas del discurso político. Mientras, fanáticos religiosos masacran a cristianos en iglesias de Sri Lanka. Mientras, un degenerado asesina a musulmanes en una mezquita Nueva Zelanda. Mientras, un racista mata a judíos en una sinagoga de Pittsburgh. Mientras, los verdaderos nazis y sus verdaderos equivalentes siguen en lo suyo.

 

@AAAD25 

El país incomparable, por Elías Pino Iturrieta

LA INCAPACIDAD DE COMPRENDER LOS PROBLEMAS VENEZOLANOS desde el exterior se debe a la existencia de una peculiaridad tan intrincada que no admite la posibilidad de analogías. Ni siquiera los nativos del país que han vivido durante unos meses en el extranjero tienen la facultad del entendimiento de los problemas que padecían antes de su partida, debido a que la marcha de los acontecimientos hace que lo sentido en la víspera se convierta en espejo incapaz de reflejar la realidad. Así como distingue a Venezuela, una monstruosa singularidad crea un problema de análisis y una dificultad de arreglo que no tienen parangón.

Dentro de los elementos sobresalientes de tal singularidad salta a la vista la existencia de una repudiable forma de gobierno dispuesta a mantenerse en el tiempo pese a su descarada incompetencia y al rechazo que produce entre los gobernados. Una administración reconocida por su precariedad y por la profundidad de sus vicios no se ve acorralada por la realidad, sino dotada de herramientas capaces de animar su continuidad. La sociedad que la sufre no reacciona con contundencia, sino con bíblica paciencia, hasta el punto de alimentar la idea de una correspondencia benévola entre los horrores de la dictadura y la pasividad de la ciudadanía. De allí la espera de un líder que no aparece, de una influencia personal que no se ve por ninguna parte, como si no fuera suficiente el dolor del pueblo para que por sí solo buscara el remedio de sus males. Un pueblo insólito, no solo porque carece del ánimo de ser distinto pese a las adversidades que sufre, sino también porque no parece concernido del todo con las penas que lo agobian, concede escalofriante peculiaridad a la tragedia venezolana.

Se puede atribuir la pasividad popular al miedo, a las amenazas constantes de la dictadura y a cómo las ejecuta cuando considera conveniente, pero es evidente que, si se quiere hablar de vivencias incomparables, la razón no está en los pavores propios de todos los pueblos ante sus opresores, sino en los rasgos de la actividad política según se ha llegado a establecer. Tenemos unas fórmulas para el desarrollo de las conductas alrededor de los negocios públicos que parecen ser únicas en los anales de las sociedades contemporáneas, debido a que simplemente las condenan a la inexistencia. No hay un juego de posturas antagónicas que pueden provocar la atención de las grandes mayorías, ni actividades de los partidos que los conviertan en opciones dignas de atención, ni nada parecido a una pugna real por el control del poder. Solo pasos anodinos, reacciones sin raíz, para que apenas se cubra una superficie detrás de la cual se aprecia un cascarón vacío. Lo curioso del asunto es que no solo se trata de un rasgo de los grupos opositores, sino igualmente de la dictadura. De su seno tampoco se asoma un planteamiento capaz de relacionarse con la realidad, algo parecido a un mensaje susceptible de tocar la fibra de la población, para que la sociedad se adormezca en un vaivén de trivialidades o en una mecedora sin cojines ni asientos condenada a no moverse de su puesto. De allí que, mientras la “revolución” se mantiene a duras penas, la oposición siga viviendo en un rincón sin que nadie, ni ella misma, ponga interés en acabar la modorra.

Para llegar a tal conclusión no hace falta meterse en profundidades, sino solo ver los noticiarios de los países vecinos o de España, desde donde escribo hoy. Reflejan diversidad de conductas, ideas de personas con nombre y apellido, posiciones de diferente tipo con las cuales se puede congeniar, o de las cuales lo mejor es distanciarse; instituciones en funcionamiento sin ser perfectas, gente capaz de diferenciarse sin necesidad de llegar a la genialidad, representaciones de una vitalidad a la cual vale la pena aferrarse porque está a mano o porque puede deparar sorpresas. Reflejan la normalidad que hace tiempo perdimos en Venezuela, hasta el punto de convertirnos en una sociedad que solo se puede identificar por una indiferencia y una torpeza insólitas sobre las cuales es realmente difícil hacer propuestas. Una desdicha.

 

@eliaspino

El Nacional 

La importancia prioritaria de lo social, por Roberto Patiño

LA TRAGEDIA QUE ESTAMOS VIVIENDO en el país ya afecta a todos los niveles de nuestra sociedad y nos impacta en lo individual y colectivo. Los graves problemas que padecemos se expresan en todos los resquicios de nuestra vida y nada de la terrible crisis que se sucede es ajeno a ninguno de nosotros.

Se produce una gran carga de desesperanza e impotencia, que son reacciones naturales ante la magnitud de la crisis. Pero estas reacciones no pueden mantenerse en el tiempo indefinidamente. Porque no solo tenemos que sobrevivir de cualquier forma a esto que nos pasa, debemos también superar la tragedia y lograr nuevas condiciones de vida, distintas a las actuales, positivas y de desarrollo.

Se produce así un proceso de resiliencia, en el que las dificultades, con su innegable costo de dolor y sufrimiento, dan paso a un proceso que supone el enfrentarlas haciéndonos mejores y más fuertes.

Este proceso exige de nosotros una gran reflexión. Tomar conciencia de nuestros aspectos más oscuros, pero también de los más luminosos. Reconocer errores, debilidades, ideas preconcebidas y falsas certezas, pero desarrollar nuevas capacidades, ampliar nuestra visión del mundo, reconocer valores que ignorábamos o a que llegamos incluso a menospreciar.

La crisis que atravesamos está precipitando este proceso, haciéndonos reflexionar sobre todos los aspectos de nuestra vida como personas, como sociedad, como país. Y una de las consecuencias de ello es la revisión que, desde distintos sectores, se está dando sobre nuestro sentido de lo social y de la importancia que debe tener para nosotros.

Ahora se vuelve evidente la necesidad del restablecimiento de mecanismos efectivos de convivencia, civiles, democráticos, inclusivos, de participación y vinculantes, ante la falta de alimentos y medicinas, el colapso de servicios, la debacle económica, la deriva dictatorial del Estado. Ahora el reconocimiento, la solidaridad y el encuentro de todos los sectores del país, son valores, herramientas, necesidades, todas vitales para la supervivencia y la superación.

A la par de las expresiones de tragedia que vivimos a diario, se producen igualmente otras expresiones de individuos y grupos que, desde este reconocimiento de la importancia de lo social, actúan sobre esa realidad dura y difícil, transformándola. Si nombramos a grupos como Provea, Fe y Alegría, o Foro Penal, o a personas como Susana Rafalli o Ana Rosario Contreras, tan sólo estaremos hablando de algunos de los múltiples ejemplos que se están produciendo en todo el país.

En nuestra experiencia particular, en el Movimiento Caracas Mi Convive y la organización Alimenta la Solidaridad, iniciativas en contra de la violencia y frente a la crisis alimentaria van sumando cada vez a más personas y sectores, para apoyarlas, participar en ellas y reproducirlas. El abordaje de estos proyectos no se da desde el oportunismo, la condescendencia o el asistencialismo, sino por el contrario, desde el respeto, el empoderamiento y el encuentro.

Hemos conocido casos de víctimas que han perdido hijos y padres por la violencia criminal o del Estado, que no solo se han superpuesto a la pérdida rehaciendo sus vidas y las de su familia, sino que también se han convertido en líderes influyendo positivamente en sus comunidades. Son un ejemplo para todos nosotros de cómo afrontar esto que estamos viviendo.

Quizá el sentido que debamos darle a esta terrible crisis que padecemos es el de que nos está dando la oportunidad de entender y asumir plenamente la importancia de lo social y el valor prioritario que debe tener en nuestras vidas y la de los demás. La crisis no puede servir para victimizarnos y ser doblegados, sino revalorizar lo mejor que hay que en todos nosotros y poder salir adelante.

 

@RobertoPatino

#MonitorDeVíctimas | La tragedia del Club Los Cotorros en tres escenarios

@loremelendez | Fotografías Lorena Meléndez G. 

NO TIENE NINGÚN RÓTULO QUE LO IDENTIFIQUE, pero esa puerta metálica con un barniz gris oscuro es la puerta de entrada del Club Social El Paraíso, mejor conocido como “Club social Los Cotorros”, la única vía de escape que conocían las centenas de jóvenes que la noche de este viernes, 15 de junio, asistieron a una fiesta de DJ’s en uno de sus salones. Detrás de ella quedaron atrapados en las escaleras, apretujados en una avalancha humana, los muchachos que horas después pretendían huir de los efectos de un par de bombas lacrimógenas que supuestamente fueron lanzadas por tres menores de edad en medio de una pelea con botellas.

Los hechos, que ocurrieron entre la 1:00 y 2:00 am, dejaron al menos 17 personas muertas y varios heridos. Las víctimas eran menores de 25 años y, muchos de ellos, ni siquiera habían alcanzado la mayoría de edad y esa noche celebraban haber finalizado su bachillerato. Padres y demás familiares aguardaban durante la tarde del sábado por la entrega de los cadáveres. En horas del mediodía, todavía había dos que no habían sido identificados.

Primer escenario: El Club

Sobre los dos escalones que anteceden a la puerta metálica y en la jardinera se veían este sábado pequeños vestigios de lo acontecido. Los trozos de vidrio de una botella de anís estaban al lado de la entrada. En la acera había pedazos de los brazaletes de cartulina usados para el ingreso. En estos se leía “The Legacy”, el nombre de la fiesta, además de la fecha, lugar y logo, en un extremo, de “Rumba Caracas”, una “publicista de eventos”, tal como se describe en su perfil de Instagram. En un site, donde se promocionaba el festejo, indican que todo había sido producido por esta empresa.

Había también cuatro zapatos, sin su par, en una jardinera. Una vecina de la zona aseguró que pertenecían a personas que habían estado en la fiesta. Ella, que afirmó no haber escuchado nada, supo que el suceso se había desarrollado entre la 1:00 y las 4:00 am y que la estampida había hecho que la gente saliera corriendo por la calle.

Los padres de las víctimas, a través de los relatos de los amigos de sus hijos, han intentado reconstruir lo sucedido. Afirman que la pelea se originó en un baño entre dos grupos de muchachos. “Ahí se estaban cayendo a botellazos”, contó Edilia Rosario, la madre de Félix Eduardo Contreras Rosario, de 19 años. En medio de la trifulca, lanzaron una bomba lacrimógena.

El gas produjo una estampida que hizo que los asistentes a la fiesta quedaran prisioneros en el angosto pasillo de las escaleras. “Se quedaron atrapados en la salida de la puerta y tuvieron que sacar a más gente para poder llegar hasta donde estaba mi hijo”, relató Luis Berríos, padre de Kleiver Eloy Berríos Corona, de 17 años, quien salió del sitio con dificultades para respirar y murió antes de llegar al hospital. “Ahí hubo negligencia, no llegó ni la policía, ni los bomberos. Y los que llegaron no los ayudaron”, apuntó. Fueron los amigos de su muchacho quienes le aseguraron que otra bomba había sido lanzada en el medio del salón.

Una agencia de viajes, un restaurante y un autolavado son los negocios más cercanos a “Los Cotorros”. Pero allí nadie sabe nada de lo que pasó la noche del 15 de junio. Apenas vieron que los bomberos pasaron por el sitio cerca de las 9:00 am y que Protección Civil hizo lo mismo una hora después. El edificio nunca fue acordonado.

Segundo escenario: el Pérez Carreño

Asfixia. Esa fue la causa de muerte que señalaron los médicos del Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño, al oeste de Caracas, a los familiares de las víctimas que llegaron allí. La sala de espera de la zona de Emergencia estaba abarrotada. Muchos eran familiares Luis Roniel Guerra Alfonso, un técnico en computación de 20 años que vivía en Carapita. A la fiesta asistió con su novia, Yennifer Esther Bárcenas Márquez, quien también murió con él, y con su hermano Gregory, de 17 años, quien quedó hospitalizado por los golpes sufridos durante la estampida. Sus parientes indicaron que no había dicho palabra sobre lo sucedido porque aún estaba en shock.

Varios padres llegaron directamente al Pérez Carreño tras enterarse de lo sucedido. Hasta allí arribó Edilia Rosario a buscar a su hijo Félix. Él había salido alrededor de las 10:00 pm de su apartamento en San Agustín del Norte. “Él había pedido permiso porque él tiene un bebé de 15 días de nacido. Nos dijo que se iba al apartamento de un amigo a ver un juego. Pero a las 2:00 am, unas vecinas nos tocaron la puerta y nos dijeron que había pasado algo en un club y que Félix estaba allí y no podía respirar y que lo habían llevado al hospital. Pero Félix no estaba allí. No salió vivo de Los Cotorros y su cadáver lo trasladaron directamente a la Clínica Popular de El Paraíso, donde habían llevado a otros cuerpos.

Félix estudiaba en la Universidad Alejandro de Humboldt. También era cantante y quería grabar un disco. Cuando su madre halló su cadáver, estaba sin zapatos ni medias. Tampoco tenía su reloj ni su teléfono celular. “No entiendo cómo por lucrarse habían metido a tanta gente ahí”, reclamó.

A pocos metros de la sala de espera está la entrada de la morgue del hospital. “Eso solo se abre cuando entregan los cadáveres”, comentó un trabajador de una funeraria que estaba en el lugar. Frente a la puesta, aguardaban estacionados dos jeeps de la División de Homicidios del Centro de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Los funcionarios aprovechaban de entrevistar a los familiares de las víctimas que permanecían allí. Hasta el mediodía del sábado, había dos jóvenes inconscientes que no habían sido reconocidos ni buscados por sus familias.

Tercer escenario: la morgue de Bello Monte

Estaba abarrotada. Había gente dentro de la sala de espera, en los pasillos que flanquean la entrada, a las afueras. Poco después de las 2:00 pm, los allegados de las víctimas habían arribado en pleno a la Medicatura Forense de Bello Monte, a donde llevaron todos los cuerpos. Allí se confundían con los parientes de las presuntas ejecuciones extrajudiciales cometidas un día antes por las Fuerzas de Acciones Especiales de la Policía Nacional Bolivariana en Petare y en Ciudad Tiuna, y con los de otros caídos que habían muerto baleados.

Aunque el nombre de Luis Berríos, de 47 años, apareció en las informaciones preliminares de la tragedia, fue en la morgue en donde se aclaró que quien había muerto era su hijo Kleiver Eloy, un estudiante de 4to año de bachillerato que solía ayudarlo en su carnicería luego de salir de clases. La familia, consternada, declaró varias veces a la prensa y reclamó la forma en la que el joven fue trasladado, por uniformados, hasta el hospital. “Uno no sabe cómo se los llevaron de allí, si le tiraron a otros muchachos encima y por eso lo terminaron de matar”, comentó el papá.

Varios parientes de Jorghen Olier Castro Hernández, de 17 años, también estaban en la morgue. Había salido de su casa en Caricuao rumbo a la fiesta a celebrar con sus compañeros de clase. Todos acababan de graduarse de bachilleres en un colegio de El Paraíso. No solía festejar en las noches, pero esa ocasión era especial. Cuando su padre, un funcionario de la Policía Nacional, lo fue a buscar, se encontró con la tragedia. Al muchacho ya se lo habían llevado al Pérez Carreño.

A Jorghen Olier le encantaban los deportes, el fútbol sobre todo, y era fanático del Caracas FC. Además, era músico, estudiaba guitarra y tenía pensado irse a Chile en los próximos meses.

A las 6:00 am, los allegados de Alejandro José Durán Escobar, de 21 años, se enteraron de su muerte. Desde hace un tiempo, vivía solo en El Hatillo, donde estudiaba Ingeniería Electrónica en una universidad privada y trabajaba en una heladería. La distancia lo había alejado de su familia. Los amigos de allá, que habían ido a la fiesta con él, fueron quienes se comunicaron con los parientes para darles la mala noticia.

“Ella tenía prohibido ir a ese club, porque ahí ya habían pasado cosas, allí va mucho delincuente”, aseveró Lucy Castellano desde una de las sillas plásticas de los pasillo de la morgue. Esa orden se la había dado a su hija, Angie Gianella Castro Castellano, de 17 años, quien había salido de casa con la excusa de asistir a una fiesta en el mismo edificio donde vivía. Pero el festejo no era allí, sino en Los Cotorros, donde su madre le había pedido que no fuera.

La mamá se enteró alrededor de las 2:30 am, cuando quienes acompañaban a la muchacha la llamaron para decirle que la habían trasladado a la Clínica Amay, en la urbanización El Pinar de El Paraíso, porque tenías problemas para respirar. Hasta ese momento, pensaba que solo había tenido un accidente, pero al llegar al sitio, la encontró muerta en la entrada del centro de salud.

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“Estaba en el piso junto con otra muchacha que también estaba muerta. Nunca la atendieron porque esa clínica no tiene nada. La dejaron ahí tirada”, denuncia Castellano.

Angie se había graduado de bachiller el año pasado. Desde entonces, trabajaba en Arturo’s y hacía un curso de inglés en el Centro Venezolano Americano. Quería irse del país a estudiar Arquitectura en Argentina, donde vive su hermana mayor desde hace seis meses. Solo la frenaba un problema que tenía con sus papeles. En cuanto lo solucionara, su hermana mayor le enviaría el pasaje. Ese era el trato.

La menor de las víctimas de la tragedia se llamaba Giovannina Victoria Gómez Suárez y tenía 14 años. También murieron Adriany Paz, de 16 años; Keismel Nazareth Tovar Ramírez y Lourdes Caterina Palacios Navas, de 21 años; Leslie Alexandra Peñuela Coronado, Marcos Javier Altuve, Cristóbal Ramón Altuve, Adrián Alejandro Blanco Morales, Jorge Alexander Castro Hernández y Yois Yanine Betancourt Castro. Hasta la tarde del sábado, una víctima estaba sin identificar.

Rescatan 24 cuerpos y suman 101 los muertos por erupción de volcán en Guatemala

 

 

Al menos 24 cuerpos fueron hallados y rescatados hoy por socorristas durante la complicada búsqueda de desaparecidos tras la fuerte explosión del volcán de Fuego en Guatemala con lo que suman 101 las víctimas mortales.

Por tercer día consecutivo, las brigadas se pusieron manos a la obra en la comunidad de San Miguel Los Lotes, en el departamento sureño de Escuintla, la cual quedó sepultada bajo miles de toneladas de material arrojado y lanzado por el coloso.

Inicialmente, los cuerpos de bomberos, según lo constató Efe, localizaron los cuerpos de dos menores, una mujer y tres hombres adultos en una vivienda, cuyas identidades se desconoce.

Enseguida fueron hallados los cadáveres de otros dos adultos, tras lo cual los periodistas fueron desalojados del lugar, donde también los socorristas rescataron una fotografía en la que aparecen 16 menores, de los que se desconoce también su situación y si son familiares.

Otro hombre identificado como Concepción Hernández que el pasado domingo había sido internado con graves quemaduras en el Seguro Social, falleció este miércoles.

La víctima era originaria de la aldea El Rodeo, también ubicada en Escuintla, que junto a Chimaltenango y Sacatepéquez, son los más devastados por la potente erupción volcánica.

Con estas nuevas víctimas, suman ya 99 las personas fallecidas en Guatemala por la erupción del cono, que tres días después de la violenta explosión, se mantiene con actividad moderada y con el desprendimiento de lahares constantemente.

La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), ha contabilizado 68 personas heridas, 12.277 evacuados, 3.515 albergados, otras 6,767 atendidas en las áreas dañadas y 1.713.436 personas afectadas.

La Conred estima que la cifra de los desaparecidos en la avalancha que se produjo por la explosión son alrededor de 197, cinco más de los confirmados esta mañana.

Los departamentos de Escuintla, Sacatepéquez y Chimaltenango que comparten el límite territorial donde se ubica el volcán de Fuego, se mantienen en alerta roja, la máxima en casos de desastres naturales, y también han sido declarados en estado de calamidad pública.

Aunque este miércoles se cumplieron 72 horas, el tiempo que las autoridades consideran que puede sobrevivir una persona, el portavoz de la Conred, David De León, dijo que se continuará con las labores de búsqueda y rescate.

Y es que el secretario ejecutivo de la institución de protección civil, Sergio García Cabañas, ha repetido que no descansarán hasta encontrar la última víctima de la tragedia provocada por la actividad volcánica.

El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) advirtió hoy que el volcán continúa con su actividad.

Según el ente científico, las explosiones entre débiles y moderadas del cono, aunado a las lluvias, pueden causar súbitos desprendimientos de material que arrastrarán a su paso rocas de hasta un metro de diámetro y troncos de árboles hacia las comunidades ubicadas en las orillas de las barrancas.

A raíz de la tragedia, diputados opositores de la Unidad Nacional de la Esperanza pidieron hoy la renuncia de García Cabañas por “no haber actuado” oportunamente para prevenir este hecho.

Los congresistas citaron a las autoridades de la Conred y del Insivumeh, y les recriminaron el haber tenido mala coordinación entre ellas para poder realizar las evacuaciones de los habitantes de las comunidades situadas en las faldas del volcán.

Mientras García aseguró que los boletines del Insivumeh no eran precisos ni tenían claridad para otorgarle facultades de actuar y comenzar a evacuar a las personas del área. En tanto, el director del Insivumeh, Eddy Sánchez, sostuvo que sí advirtieron de la fuerte actividad volcánica desde tempranas horas del domingo y del descenso de flujos piroclásticos.

El secretario de la Conred anunció que tras las actividades de rescate del día se decidirá en conjunto con las autoridades del Ejecutivo si se declarará “camposanto” la zona afectada por la erupción del volcán. EFE

May 22, 2018 | Actualizado hace 2 años

 

Hasta hace poco cuando se hablaba de diáspora nos referíamos a la dispersión del pueblo hebreo después de la total conquista de Jerusalén por los romanos. La palabra ha venido adquiriendo como significado, después, la obligada expulsión de su propia tierra y la consiguiente diseminación por todas las naciones del planeta, de quienes tuvieron una patria común y fueron obligados a perderla. Algunos totalmente, como los citados hebreos, otros en grupos numerosos. Esta última es nuestra actual situación. Así, la población de Venezuela queda dividida en dos grandes bloques: el de los que tuvieron obligadamente, por necesidad producida desde fuera y contra su voluntad, que abandonar el país y el de los que nos quedamos todavía en él. Una experiencia totalmente nueva en los quinientos años de historia y doscientos de patria independiente que aquí se han vivido.

Por el hecho mismo de ser novedad, y novedad inédita y obligada, no hemos logrado darle sentido, esto es, comprender e integrar en una experiencia razonada, afectivamente sentida e integralmente significada, la vivencia. Las dos experiencias, la del que sale como expatriado a vivir necesariamente con quienes tienen otra forma de vida, otros afectos, otras representaciones del mundo y de la realidad, otros paisajes y otros tiempos, incluso si se expresan en nuestra misma lengua, pero más diverso aún si hablan otro idioma, y la de quienes viven como un dolorosísimo desgarramiento la ausencia de los que estuvieron siempre no solo a nuestro lado, sino profundamente adheridos a lo más hondo de nuestra propia vida. Es una tragedia demasiadas veces vivida en silencio.

Una y otra experiencia nos desquicia lo más vital de nuestras entrañas. No sabemos en qué sistema de imágenes, de conceptos, de figuras y de emociones encuadrarlas para que sean comprendidas con algo de normalidad, esto es, dentro de algunas reglas conocidas.

Para ubicar adecuadamente el quicio de la realidad actual, hemos de tener en cuenta, sobre todo, que en esto no se trata de culpas personales de nadie, ni de desapego, egoísmo, alocadas pretensiones o cualquier otra irreflexiva decisión, en los que se van o ya se fueron, ni de cobardía, terquedad o ingenua esperanza en los que se quedan. Uno solo es el culpable, este sistema inhumano de violenta e inevitable coerción que no deja a nadie la libertad de decidir de otra manera. En este contexto de terrible y duro encarcelamiento de nuestra voluntad hallaremos el sentido de lo que padecemos y estaremos en condiciones de reaccionar y liberarnos.

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Familiares de las víctimas esperan que se haga justicia                              Foto Miguel Gutiérrez EFE

Con la muerte de Yorman Alexander Trejo Morales, se elevan a 69 las víctimas que dejó el incendio que el pasado 28 de marzo arrasó los calabozos de la sede de la Policía del estado Carabobo, ubicada en avenida Navas Spinola de la ciudad de Valencia.

Con esta muerte ascienden a 67 los presos muertos en el siniestro, en el que además perecieron dos mujeres que se encontraban pernoctando junto a los reclusos.

Trejo Morales habría muerto la mañana del pasado viernes 6 de abril en la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (CHET) de Valencia donde permaneció recluido durante diez días luego de haber sufrido quemaduras graves en la cara, un hombro, brazo, costado y pierna.

En la tragedia de Policarabobo además unos 100 reclusos presentaron quemaduras y reseñó la agencia ACN.

Por el caso el Ministerio Público dictó cinco órdenes de captura contra igual número de funcionarios de la Policía del Estado Carabobo, aun cuando la fiscalía no descartó que pudiesen dictarse otras medidas.

Los detenidos son el subdirector del organismo, el comisionado José Luis Rodríguez Ramírez, el jefe del Reten, el comisionado agregado José Antonio Carrera Loaiza, el supervisor jefe Aníbal Antonio Padrón Pacheco, el oficial José Rafael Colina Palencia y el oficial Sergio Enrique Rodríguez Rodríguez.

Por su parte la ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela, se deslindó de la tragedia, al señalar la semana pasada que su despacho no tenía nada que ver con la muerte de prisioneros en calabozos de policías, que eran competencia de las gobernaciones, alcaldías y organismos policiales nacionales.

OVP exige repetir autopsia a víctimas de la tragedia de Carabobo

El Observatorio de Prisiones criticó la premura en la realización de las necropsias

Humberto Prado, coordinador del Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), instó a que se repitan las necropsias practicadas a las 68 personas, 66 presos y 2 mujeres que visitaban a reclusos, que murieron el miércoles 28 en la madrugada en el calabozo de la Comandancia de la Policía de Carabobo.

Las autopsias a los presos, realizadas por patólogos del Senamecf que se trasladaron desde Caracas a Valencia, determinaron que la causa de muerte, en todos los casos, fue asfixia por inhalación de gas, sofocación debida al confinamiento en espacios cerrados y quemaduras en las vías respiratorias, según el informe médico forense que se conoció extraoficialmente.

No obstante, argumentó a El Nacional, que es necesario descartar dudas y recordó el caso de la masacre de Vista Hermosa, en el que los protocolos de autopsia señalaban una causa, pero al repetir los procedimientos se reveló que los cadáveres presentaban tiros descendentes en la cabeza. “Cuando hay todo ese tipo de hechos, los únicos testigos son los policías y los presos que sobrevivieron”, dijo.

A cuatro días del incendio que cobró 68 vidas, aun no hay una versión oficial sobre los hechos, se desconocen las causas de la protesta que protagonizaron los presos y las causas del fuego que arrasó los calabozos.

Prado recordó que hay al menos muchas versiones sobre los hechos, desde el supuesto intento de fuga; el motín por el control de los calabozos en rechazo al retiro de las mujeres que pernoctaban en el centro penitenciario; el secuestro de un funcionario, el uso de una granada, el estallido de una bomba lacrimógena y un ataque con gasolina.

“En un país con cultura de respeto de los Derechos Humanos, hace tiempo se habría dado la versión oficial de los hechos, lo único que tenemos son conjeturas y muchas versiones”.

El activista por los derechos de los presos criticó que el gobierno ofreció declaraciones al respecto dos días después de lo ocurrido y que “durante el primer día, en vez de informar sobre la situación a los familiares, lo que hicieron fue reprimirlos con golpes y bombas lacrimógenas”.

Prado: “En vez de informar a los familiares lo que hicieron fue reprimirlos”

Prado indicó que en esos calabozos policiales había una población de 180 presos a pesar de que solo tenían capacidad para 30 personas, 600% de hacinamiento.

Prado recordó que en el país ha habido, incluido este último, cuatro casos de muertes de presos por incendio. El primero de ellos ocurrió en Sabaneta en 1993, en el que murieron 109 privados de libertad en un enfrentamiento entre bandas. En 1996 acaeció el de La Planta, en el que funcionarios de la GNB quemaron a los presos, y hubo también el que se propagó en la sede del Instituto Nacional de Menores en San Félix, estado Bolívar, en 2005, donde murieron siete menores de edad calcinados.

El OVP afirmó que en los calabozos policiales del país hay 32.600 detenidos y apenas cuentan con una capacidad para 8.000 personas.