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Venezuela entre los peores países del mundo en la lucha contra el tráfico ilícito

 

Venezuela es uno de los cinco países del mundo peor valorados en la lucha contra el tráfico ilegal de mercancías, revela un estudio global publicado este jueves en Panamá.

Presentado por del semanario británico The Economist, el Consejo Empresarial para el Entendimiento Internacional (BCIU) y la ONG Alianza Transnacional Para Combatir el Comercio Ilícito (TRACIT), el informe coloca a Venezuela, país sumido en una grave crisis económica, política y social, en el puesto 80 sobre un total de 84 países analizados.

Estas organizaciones presentaron un índice con el que pretenden mostrar qué países posibilitan o previenen el tráfico de drogas, personas, animales, piratería y mercancía falsificada.

Los índices están basados en una serie de indicadores relacionados con políticas de gobierno, transparencia, comercio, eficiencia aduanera y corrupción, entre otros.

Venezuela, de un ranking sobre 100, tiene una puntuación de 28,1, sólo por encima de Laos (26,8), Myanmar (22,6), Iraq (14,4) y Libia (8,6).

“Venezuela es un Estado fallido. Los países necesitan instituciones, y si no son instituciones legales son instituciones ilegales”, dijo Irene Mía, Directora Editorial Global de la Unidad de Inteligencia de The Economist.

“Cuando hay una situación de crisis el comercio ilícito también aumenta porque la gente trata de comprar por donde pueda”, añadió Mía.

Según el estudio, Venezuela comparte con el resto de países de baja puntuación la baja calidad de sus instituciones estatale”.

El informe indica también que el país sudamericano, junto a Rusia y China, no cumple los estándares mínimos para la protección de víctimas de la trata de personas ni están haciendo los esfuerzos para revertir la situación.

“Lo que es importante es tener instituciones fuertes y capacidad para implementar las leyes. La corrupción es uno de los elementos más facilitadores del comercio ilícito”, señaló Mía.

– Alerta con zonas francas –

Con un promedio mundial de 60, Finlandia encabeza el índice (85,6), seguido de Reino Unido (85,1), Estados Unidos (82,5), Nueva Zelanda (82,3) y Australia (81), en un listado donde en sus primeras 20 posiciones hay 13 países europeos y ningún latinoamericano o africano.

En el caso de América Latina, Chile (69,1), Argentina (64), Uruguay (63), Colombia (61,6) y Costa Rica (60,6) son los países mejor preparados para combatir el tráfico ilícito, al contrario que Paraguay (43,3), República Dominicana (42,7), Trinidad y Tobago (38), Belice (34,7) y Venezuela (28,1).

Cindy Braddon, Jefa de Comunicación y Políticas Públicas de TRACIT, dijo en un comunicado que el comercio ilícito “está inundando esta región y ahogando las oportunidades de desarrollo económico”.

El informe también pone el ojo en las zonas francas e incluye como casos de estudio a la Zona Libre de Colón en Panamá, a la Zona Libre de Corozal en Belice, y a la Zona Especial Aduanera de Maicao en Colombia.

“El comercio ilícito está desenfrenado en la región, como un destino para productos ilegales y falsificados desde Asia, y como un centro de distribución notorio que prospera con una gobernanza limitada en las tres Zonas de Libre Comercio más grandes”, aseguró Braddon.

Las prácticas de trasbordo engañosas, el mal etiquetado y facturas fraudulentas estarían permitiendo a comerciantes ilegales evitar sanciones, tarifas comerciales y regulaciones al ofuscar la identidad del país de origen o la naturaleza ilícita de los bienes.

A las zonas francas “se les considera valiosas por su contribución a facilitar el comercio” pero por otro lado los gobiernos de todo el mundo han creado dentro de sus fronteras “paraísos no monitoreados” que pueden facilitar las actividades del crimen organizado transnacional, advierte el informe.

Para combatir el comercio ilícito los expertos recomiendan mejorar las estructuras regulatorias, definir sanciones disuasorias, hacer cumplir las leyes, racionalizar las políticas impositivas y fortalecer la cooperación internacional.

The Economist: Venezuela estaría “a punto” de convertirse en un Estado autoritario

Bloomberg Venezuela

 

Las democracias plenas son una excepción en el mundo. El último Índice Democrático realizado por The Economist demuestra como la confianza popular en el gobierno, los representantes electos y los partidos políticos continúa cayendo y afectando a sistemas que se pensaban consolidados como el estadounidense.

El Indice Democrático (2016 fue el noveno año consecutivo en que se realizó este estudio) está basado en el análisis de cinco indicadores básicos: procesos electorales y pluralismo; libertades civiles; funcionamiento del gobierno; participación política y cultura política.

De acuerdo a estos indicadores, cada país (se descartan a los micro-estados) es incluído en cuatro categorías o tipos de regímenes políticos: Democracias plenas, democracias defectuosas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios.

El análisis de 2016 indica que en solo 19 países (de 167 analizados) pueden identificarse democracias plenas. En estos estados apenas se concentra 4,5% de la población mundial. En el grupo de países con plenas garantías para los ciudadanos y gobiernos saludables se incluyen estados como Noruega, Islandia Suecia o Canadá. En el caso del Latinoamérica y El Caribe solo Uruguay puede presumir de una óptima valoración de su sistema electoral, del funcionamiento del gobierno o de tener respeto pleno a las libertades civiles.

Por otra parte, el estudio indica que en 57 países la democracia es defectuosa. Porcentualmente este es el grupo que incluye a más estados (34%) y que adicionalmente concentra más habitantes: 44,8% de la población mundial. En este grupo destacan estados como Japón y los Estados Unidos

En la categoría de regímenes híbridos se incluye a 40 países que en conjunto concentran a 32% de la población mundial. En esta categoría se encuentran naciones como Ecuador o Venezuela.

Por otra parte, 51 países integran a la categoría de regímenes autoritarios. Lo que significa que en 30% de los 167 países evaluados no existen mínimas condiciones democráticas. En este listado se incluye a Rusia, China, Zimbabwe o Corea del Norte. En total los 51 países con sistemas autoritarios y dictatoriales se concentra 32,7% de la población mundial.

 

No es culpa de Trump

Aunque preliminarmente pudiese suponerse que la elección de Donald Trump es la que genera que la democracia estadounidense sea cataloga como defectuosa, The Economist precisa que se ha observado una tendencia previa a las elecciones de noviembre de 2016 en que la confianza de los ciudadanos en el gobierno y en el correcto funcionamiento del sistema político de EEUU ha decaído de forma sostenida.

En este sentido se recuerda que según estudios de Pew Research previos a la elección presidencial apenas 19% de los estadounidenses confiaba en que el gobierno hacía lo correcto, mientras 74% de los ciudadanos sostenía que los funcionarios elegidos colocaban sus intereses personales sobre los del país. Por otra parte indican que en 2016 al menos 57% de los estadounidenses aseguraban estar frustrados con el Gobierno, mientras 59% indicaba que el Gobierno necesitaba “una reforma muy importante”.

Según The Economist, Trump se benefició del “profundo descontento político con el funcionamiento de la democracia”. De hecho se recalca que EEUU durante varios años ha estado cerca de convertirse en una democracia defectuosa.

La escala utilizada por The Economist para su índice Democrático asigna puntuaciones que oscilan entre 0 y 10 puntos a cada una de las variables estudiadas. En este sentido la valoración general de EEUU se ubica en 7.99 puntos, muy lejos de los resultados obtenidos por Noruega (calificación global de 9,93 puntos), Islandia (9.50), Suecia (9.39), Nueva Zelanda (9,26), Dinamarca (9,20) o Canadá (9,15).

 

 

Vea la nota completa en The Economist

 

The Economist explica porqué las aerolíneas están abandonando Venezuela

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En los años 1970 la riqueza petrolera de Venezuela atrajo a viajeros de negocios de todo el mundo. Un Concorde de Air France volaba entre París y Caracas una vez a la semana. Sin embargo, para las compañías aéreas el boom supersónico se ha pasado a una frustrante caída. El 28 de mayo Lufthansa anunció que suspendía sus tres vuelos semanales desde Frankfurt a Caracas a partir del 18 de junio. Dos días más tarde LATAM, el grupo aéreo más grande de América Latina, declaró que iba a cortar todos sus servicios al país después del 1 de agosto. En los últimos años, Air Canada, American Airlines, Alitalia y Gol han reducido o suspendido sus operaciones en Venezuela. ¿Por qué tantas compañías aéreas están sacando al país de sus destinos?

Una caída en picada del precio del petróleo, agravada por años de mala administración de Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro, han dejado a la economía de Venezuela por los suelos. Este año, el FMI prevé que el PIB del país se contraerá en un 8% y que la inflación aumentará en torno al 500%. La escasez de alimentos y medicinas, exacerbadas por el saqueo generalizado, hacen que la vida diaria sea miserable. En respuesta a la creciente inquietud social, el gobierno ha tomado medidas enérgicas contra la protesta pública y la oposición política. Luis Almagro, secretario general de la Organización de los Estados Americanos, ha pedido una reunión de emergencia que tendrá lugar a finales de junio para discutir si el gobierno del Sr. Maduro ha violado los principios democráticos establecidos en la Carta de la organización. Un irritable Sr. Maduro le dijo que “que se la meta por donde le quepa”.

 

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Desesperado por evitar una cesación de pagos (default), lo que reduciría el crédito a la industria petrolera en crisis, el gobierno ha endurecido el control de cambios introducido por Chávez en 2003. Las restricciones hacen que sea casi imposible para las empresas locales el convertir bolívares a dólares. Esto ha hecho que sea difícil para las compañías aéreas internacionales, que suelen cobrar a los clientes en moneda local, repatriar sus beneficios. Lufthansa reclama más de $ 100 millones que dice que se le debe;LATAM hace lo mismo. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), organismo que agrupa a las compañías aéreas comerciales, estima que el gobierno de Venezuela ha retenido unos $ 3,8 mil millones de dólares de ingresos de las aerolíneas.

La demanda de vuelos a Venezuela, en todo caso, ha caído en los últimos años en la medida que un menor número de viajeros de negocios visitan al país. LATAM dice que los vuelos a Caracas representan menos del 1% de su negocio. El aeropuerto de Maiquetía (Caracas) está a menudo desierto. Pero las salidas de los transportistas son un golpe simbólico al gobierno y agravan el aislamiento de Venezuela del resto del mundo. Sólo un puñado de compañías aéreas extranjeras permanecen. Air France, United Airlines e Iberia han dicho que van a mantener sus vuelos por el momento. Pero puede que no sea por mucho tiempo antes de que ellas también se vayan volando.

 

 

Sitios

*Traducido por La Patilla

The Economist realiza reportaje en el que compara a Venezuela con Zimbabue

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Este 2 de abril, la versión impresa de The Economist publicará un reportaje en el que se compara la situación económica y política que vive actualmente Venezuela con la que se vivió en Zimbabue a finales de los años 90’s.

El reportaje denominado “Spot the differences”, en español podría interpretarse como “Encuentre las diferencias”, se realizó en Caracas e inicia con el pronóstico del Fondo Monetario Internacional (FMI) que proyecta una inflación de 720% para Venezuela a finales de 2016.

Una inflación similar alcanzó Zimbabue en el 2006, dos años antes de sufrir hiperinflación.

 

Título de caja

 

También, en el reportaje se hacen comparaciones entre el fallecido presidente Hugo Chávez y Robert Mugabe, gobernador de Zimbabue desde 1980. Ambos líderes políticos se caracterizaron por ser revolucionarios y mantenerse en el poder durante varios periodos presidenciales.

La revista señala que ambos países han sufrido bajo el mandato de “carismáticos líderes revolucionarios”. Mugabe ha gobernado Zimbabue desde 1980. Hugo Chávez hizo lo propio en Venezuela desde 1999 hasta su muerte en 2013.

Mugabe tomó grandes granjas comerciales sin compensación, destruyendo la industria más grande de Zimbabue. Chávez expropió numerosas empresas, a veces en televisión y en vivo. The Economist recuerda que Chávez despidió a 20.000 trabajadores de la empresa petrolera estatal petrolera, PDVSA, y los reemplazó con 100.000 “empleados leales”.

Mugabe perdió un referéndum en 2000, pero aparejó la elección subsiguiente para mantener a la oposición fuera del poder. Los chavistas perdieron una elección parlamentaria el pasado diciembre, pero han utilizado su control de la Presidencia y la Corte Suprema de Justicia para neutralizar a la oposición.

Mugabe reclutó una milicia de “veteranos de guerra” para intimidar a sus oponentes. Chávez reclutó bandas de los barrios pobres, conocidos como colectivos, para aterrorizar a los suyos. El 5 de marzo, “maleantes en motocicletas” montaron alrededor de la Asamblea Nacional (controlada por la oposición) y rayaron consignas a favor del Gobierno, tales como “Chávez vive”, en sus paredes, apunta la revista. La policía militarizada estaba de pie y mirando.

NIVEL DE VIDA

Sin embargo, la similitud fundamental entre los dos regímenes es su situación económica. “En ambos casos, los resultados son similares: escasez, inflación y el nivel de vida por el suelo”, señala la revista.

Mugabe, al igual que el gobierno venezolano, profesa gran preocupación por los pobres, fijó los precios de varios productos de primera necesidad en la década de 2000 para que fueran “accesibles”. Desaparecieron rápidamente de los estantes. “Las subvenciones que se supone deben hacer los controles de precios a menudo han sido robadas en ambos países. Proveedores, en lugar de vender los bienes al precio oficial, prefieren venderlos en el mercado negro”, destaca la publicación.

“Mugabe ha culpado de todos los problemas económicos de su país a los supuestos especuladores, traidores, imperialistas y a los homosexuales. Maduro, no culpa a las personas homosexuales, pero insiste en que los capitalistas locales y sus aliados estadounidenses están librando una guerra económica en Venezuela. Esto es absurdo: en las dos economías, los ataques han venido de sus propios gobiernos”, resalta la revista británica.

¿QUÉ HIZO, AL FINAL, ZIMBABUE?

Zimbabue abandonó su moneda sin valor, no mucho después de la inflación mensual de 80.000.000% de noviembre de 2008. Los zimbabuenses ahora usan dólares estadounidenses y otras monedas extranjeras. Los ingresos reales en Zimbabue se redujeron en dos tercios entre 1980, cuando se hizo cargo Mugabe, y 2008. El país se ha recuperado parcialmente, gracias a la dolarización.

“Para Venezuela, la lección es clara. La oposición venezolana está dispuesta a cambiar el rumbo del país. El despiste de Maduro les da la oportunidad”, apunta The Economist.

The Economist: Solo una negociación evitará una explosión social en Venezuela

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La revista británica The Economist publicó un polémico reportaje en el que hace referencia al panorama político y económico de Venezuela, que a su juicio se encuentra sumida en una profunda crisis con una economía productiva “deprimida”.

De acuerdo con la nota, atrás quedaron los días de bonanza petrolera para imponer la llamada “revolución bolivariana”, una mezcla de los subsidios indiscriminados, control de precios y de cambio, programas sociales, expropiaciones y corrupción. El colapso del precio del petróleo ha puesto de manifiesto la revolución como “una estafa monumental”.

De igual forma, The Economist sostiene que aunque todos los países productores de petróleo están sufriendo con los bajos precios, Venezuela no se preparó para esto, pues el gobierno se ha quedado sin liquidez y las reservas internacionales han caído 1,5 millardos de dólares, según José Manuel Puente, economista del IESA.

“El creciente descontento generó la victoria de la oposición en las parlamentarias de diciembre, pero el estancamiento ha seguido. Hugo Chávez volvió a las instituciones del Estado, incluidos el Tribunal Supremo y la autoridad electoral, en apéndices de la presidencia”, dice parte del texto.

 

 

The Economist:

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The Economist hizo un balance de la situación política, económica y social que atraviesa Venezuela por estos días. El artículo hace hincapié en el triunfo opositor en la Asamblea Nacional, en las medidas tomadas por el presidente Nicolás Maduro en materia económica (enfoca en subrayar la escasez de alimentos, las colas y la inflación) y también se refiere a la inseguridad en el país.

“La victoria electoral de la oposición en diciembre mostró que la democracia está todavía viva”, concluye tras enumerar la cantidad de problemas que afectan a la población.

El artículo comienza afirmando que de todas las palabras poco alentadoras utilizadas ​​para describir el estado del país que gobierna, “desastre” es la que más le gusta al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Tal vez sucede eso, afirma The Economist, porque es las más acertada para describir la situación que atraviesa el país.

Bajo su mandato, la nación ha entrado en una fuerte caída. Maduro restringió la publicación de cifras económicas oficiales. Sin embargo, aquellas que se han divulgado confirman que 2015 fue un año muy malo y que 2016 va a ser aún peor.

Maduro no logró convencer a los votantes de que es un digno heredero de Hugo Chávez. En las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD)obtuvo dos tercios de los escaños, la primera vez que ha ganado una elección nacional desde que Chávez llegó al poder en 1999.

El índice de aprobación de Maduro no está muy por encima del 20%. La nueva Asamblea Nacional está comprometida en una lucha de poder con el régimen. El Tribunal Supremo, que se puede contar aliado al Gobierno, ha dictaminado que tres diputados de la oposición no pudieran ser juramentados, privando a la MUD de su “mayoría calificada”.

El precio del petróleo, que proporciona el 95% de los ingresos de divisas de Venezuela, ha dictado durante mucho tiempo la popularidad de sus líderes. Los ingresos del Gobierno a partir del crudo hasta noviembre de 2015 fue de dos tercios menor que en el mismo periodo del año anterior. El precio del petróleo ha caído aún más desde entonces.

Con menos dinero que entra y la demanda de importaciones que sigue siendo fuerte, el valor de las reservas de divisas de Venezuela se ha reducido de forma alarmante. Una caída durante 2015 en el precio del oro, de la cual Venezuela tiene participaciones significativas, ha contribuido a la disminución de las reservas.

La caída actual del petróleo sería un golpe duro para quien esté en el poder, dice The Economist. Sin embargo, el régimen ha agravado enormemente el daño con políticas que, aunque diseñadas para favorecer a los pobres, terminan empobreciendo a ellos y al Estado.

Las políticas tomadas por el Ejecutivo y la escasez de divisas de cambio han conducido a una grave escasez de productos de primera necesidad, obligando a la gente a hacer colas durante horas para comprar artículos. Los analistas creen que la inflación real es de al menos un 200% y algunos predicen una hiperinflación para este 2016.

El gobierno ha tratado de mantener bajos los precios con un sistema de controles de cambio. El país cuenta con tres tipos de cambio legales, incluyendo uno que valora el bolívar en 6,35 por dólar. Los venezolanos con conexiones en el gobierno pueden obtener dólares a este ritmo ridículamente barato, una importante fuente de corrupción. Pero en el mercado no oficial, el bolívar vale alrededor de 130 veces menos.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que el PIB de Venezuela se contrajo en un 10% en 2015, lo que la convierte en la peor situación económica que atraviesa un país del mundo. El Gobierno admite que la contracción fue del 7,1% hasta el tercer trimestre de 2015.

Cualquiera que sea la cifra real, la fuerte recesión está socavando una de las reivindicaciones más orgullosas del régimen: que bajo su gobierno la pobreza en Venezuela ha caído. La pobreza extrema de hecho ha disminuido bajo el chavismo (como lo ha hecho en todo el mundo), pero no tanto como el Gobierno sostiene. Perú ha hecho un mayor progreso que Venezuela, donde en general la pobreza se ha mantenido estática desde 2000.

En enero de este año, Maduro nombró un nuevo equipo económico, pero hay dudas sobre su voluntad de abordar los problemas de la nación. El ministro encargado de la economía, Luis Salas, es un sociólogo de izquierda que, como otros en el gobierno, atribuye los problemas del país a una “guerra económica”.

Estudios recientes han demostrado que, además de la economía y la escasez, la seguridad es una preocupación importante. El gobierno dejó de publicar estadísticas del crimen en 2005, aunque admite que hay un problema. El fiscal general ha dicho que la tasa de homicidios de Venezuela el año pasado fue de 62 por cada 100.000 personas, diez veces el promedio mundial.

El Observatorio Venezolano de Violencia, un instituto de investigación independiente, dice que la tasa es más alta. La tasa de homicidios en Caracas es la más alta en la región.

El gobierno trata de mantener desinformados a los venezolanos a través de su dominio de los medios de comunicación. Chávez inició el proceso del cierre de la libertad de prensa y el presidente Maduro ha continuado esa política. Sólo un periódico nacional es relativamente independiente. La televisión estatal está llena de horas de propaganda a favor del Gobierno.

Maduro, su esposa Cilia Flores y el ex presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, tienen sus propios programas de televisión semanales. Los políticos de la oposición, varios de los cuales han sido encarcelados, dependen de las redes sociales para transmitir su mensaje.

Aunque el régimen ha hecho lo imposible para acallar las voces disidentes, la victoria electoral de la oposición en diciembre mostró que la democracia está todavía viva.

The Economist: Las cuentas de Pdvsa se deterioran aceleradamente

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Las últimas cuentas de Petróleos de Venezuela (PDVSA) confirman que su producción y su situación financiera se deterioran. El financiamiento neto de la compañía por créditos externos aumentó considerablemente en 2014 y, a diferencia de los años 2013 y 2012, PDVSA se habría quedado sin dinero en efectivo si no fuera por el aumento de los préstamos. Los resultados son un mal presagio para el año 2015, cuando se espera que la producción siga cayendo. Los resultados financieros se verán afectados por menores precios del petróleo.

En términos de sus reservas probadas de crudo pesado convencional y extra pesado de alrededor de 300 millones de barriles, PDVSA es la mayor compañía de petróleo del mundo. Una evaluación reciente, que también tuvo en cuenta los volúmenes producidos, vendidos y refinados, clasificó a la compañía como la quinta mayor empresa petrolera a nivel mundial, después de Saudi Aramco, la National Iranian Oil Company, China National Petroleum Corporation y la firma estadounidense ExxonMobil.

La producción de petróleo está cayendo

Sin embargo, por diversas medidas, el negocio de PDVSA está en declive lento. Aunque los datos de producción de petróleo de PDVSA son muy cuestionados, con muchas estimaciones independientes poniendo de producción mucho más bajo, incluso PDVSA admite que su producción está cayendo. Según sus cuentas, la producción total de líquidos de petróleo y gas cayó de poco más de 3 millones de barriles/día (b/d) en 2012 y 2013 hasta 2.9MB/d en 2014.

La compañía también afirma que las exportaciones cayeron de 2.6Mb/d en 2012 a menos de 2.4Mb/d el año pasado. Las exportaciones a China a como pago de préstamos, de trueque de petróleo por servicios y a otros países de la región, de acuerdo con el esquema de financiamiento de Petrocaribe representaron alrededor de un tercio de las exportaciones totales. La caída en el precio internacional del petróleo ha hecho que los ingresos por ventas se hayan reducido, de alrededor de US $ 125 mil millones en 2012 a US $ 114 mil millones en 2013, y luego a US $ 105 mil millones en 2014.

 

*Puede leer el trabajo completo de The Economist AQUÍ

The Economist: ¿Es realmente el gobierno de Venezuela una amenaza para Estados Unidos?

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Por Mario Szichman

Esta es la pregunta que se formula The Economist en su última edición impresa: ¿Es realmente el gobierno de Venezuela “una amenaza extraordinaria a la seguridad nacional de Estados Unidos?”. La revista británica dijo que es difícil aceptar el miedo del Tío Sam “a un gobierno incapaz de organizar siquiera un suministro confiable de papel higiénico, y a un ejército (como el bolivariano) cuyas virtudes más conocidas son golpes de estado, contrabando de petróleo y narcotráfico”.

¿Qué gobierno del planeta, excepto el que tiene su sede en el palacio de Miraflores, cuenta con un presidente que “se pasó la mayor parte de enero recorriendo el mundo  para mendigar dinero en efectivo?” añadió la publicación.

La orden ejecutiva del presidente Barack Obama difundida el 9 de marzo y declarando una “emergencia nacional” ante el presunto peligro representado por el chavismo, ejemplifica para The Economist “la clase de torpeza diplomática en la cual Estados Unidos exhibe una capacidad excepcional”.

Los críticos de la iniciativa presentada por Obama han señalado, según la revista, “que el único efecto práctico será dar al acosado presidente Nicolás Maduro una herramienta de propaganda. Y eso es lo que ha hecho”.

La indignación que causó en América Latina el arresto del alcalde metropolitano Antonio Ledezma el pasado 19 de febrero por “acusaciones inventadas”, ha pasado a cuarteles de invierno, indicó el semanario.

Ahora el antiimperialismo ocupa el escenario. El chavismo se halla en emergencia nacional, y la oposición en retroceso. The Economist dijo que si bien las encuestas sugieren que Maduro tiene un índice de aprobación del 20 por ciento, “cuando se trata de defender la soberanía nacional, el respaldo se duplica” esto es, sube a casi un 40 por ciento.

En abril se realizará la Cumbre de las Américas. Y en la reunión, que podría haber sido motivo de júbilo a raíz del deshielo en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, es posible una nueva confrontación del imperio con los aliados del chavismo.

Ya el presidente de Cuba Raúl Castro anticipó lo que puede venir. El 17 de marzo lanzó un feroz ataque denunciando las sanciones a Venezuela, y eso seguramente afectará ulteriores negociaciones con Washington.

LA PANTOMIMA
Ya el veterano y sabio dirigente político venezolano Américo Martín, siempre mesurado a la hora de evaluar la situación política, señaló en Tal Cual que “El gobierno intenta crear un ambiente propicio para inhabilitar partidos de la oposición y encarcelar a sus líderes; y de paso, parece tantear reacciones a ver si fuera posible cambiar las reglas electorales”.

Las sanciones ordenadas por Obama permiten a Maduro alterar las reglas del juego. The Economist dijo que el presidente, “en una pantomima de ´anti-imperialismo´ puso en escena maniobras militares que involucraron 80.000 efectivos militares y observadores rusos” además de convocar a una reunión de emergencia de Unasur. La organización denunció “una amenaza intervencionista” a la soberanía venezolana.

El primer resultado de la emergencia declarada ante la amenaza norteamericana fue que Maduro consiguió amplios poderes para gobernar por decreto durante el resto del año.

“La oposición teme que eso será usado para impedir las elecciones” parlamentarias, dijo la publicación. Pero tal vez eso no sea necesario. Es fácil para el gobierno de la Revolución Bolivariano encarcelar a dirigentes opositores, como lo ha demostrado el arresto de Ledezma.

De los 77 alcaldes de oposición que fueron electos el 8 de diciembre del 2013 en Venezuela, 33 tienen procesos judiciales abiertos en su contra, según denunció el presidente de la Asociación de Alcaldes de Venezuela, Carlos Ocariz. Eso equivale a 42,8% del grupo de autoridades locales opositoras en el país.

Si Obama hubiera sido más cauteloso, y persistido con la idea inicial de mantener las sanciones contra apenas siete altos funcionarios chavistas involucrados en reprimir las protestas del año pasado o de acosar a la oposición, seguramente otro gallo cantaría.

Funcionarios estadounidenses dijeron a The Economist que las sanciones ni siquiera están dirigidas contra el gobierno venezolano, o buscan un cambio de gobierno. Se limitan a prohibir el ingreso de indeseables a Estados Unidos, o a congelar sus cuentas bancarias.

Lamentablemente, uno de los lemas favoritos de los norteamericanos es “big is better,” cuando más grande, mejor. En vez de usar un enfoque minimalista, la administración de Obama prefirió la fanfarronada alarmista. Y Maduro supo aprovechar bien la coyuntura.

No se trataba de que las cuentas bancarias de siete funcionarios corrieran peligro, sino toda la patria bolivariana. Lo bueno de esa amenaza estadounidense es que nunca se va a concretar.

Por lo tanto, se permite a las fuerzas armadas bolivarianas mostrar los músculos y todos esos aditamentos fálicos de goma espuma que suelen ser arrojados a las zanjas apenas asoma un enemigo de verdad.

Basta ver lo que ocurrió con las fuerzas armadas argentinas al enfrentarse al viejo y apolillado león inglés en su intento de recuperar las islas Malvinas, o con el aguerrido ejército iraquí cuando George W. Bush ordenó acabar con Saddam Hussein. No es cuestión de valentía o cobardía, es simplemente una cuestión de logística.
Nadie sabe cuánto durará la buena suerte de Maduro. Pero es obvio que el imperio lo está ayudando en su afianzamiento del poder, además de robustecer a varios de sus aliados.

“El boom de las materias primas y el fácil crecimiento económico”, dijo la revista, “ha llegado a su fin. Varios presidentes de izquierda han dejado de ser populares.

Le temen a la calle, algo que resulta irónico, puesto que cuatro presidentes de izquierda llegaron al poder como resultado indirecto de protestas contra gobiernos centristas”.

Todos esos gobiernos están en contra de la alternancia en el poder, “inherente en una democracia”, porque una derrota electoral “es agrandada cuando la consecuencia podría ser” que los derrotados mandatarios “vayan a la cárcel por corrupción”.

De ahí que el desafío de Maduro al coloso del Norte reciba un fuerte respaldo en muchos gobiernos latinoamericanos. Mientras Obama se enfrente a Maduro, el presidente de Venezuela tendrá todas las de ganar.

Solo cuando el gobierno de Washington abandone sus desplantes y deje a Maduro en su laberinto, habrá alguna esperanza de que finalmente los chavistas empiecen a rendir cuentas ante el tribunal de la historia.

Por ahora, el anhelo de justicia del pueblo venezolano, un anhelo respaldado por la inmensa mayoría de la población, que prefiere el triunfo de David a la victoria del matón de Goliat, sigue siendo postergado.