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Revolución

¿Cuántos se han ido?, ¿cuántos volverán?, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini  

Muchos más volverán -diría el poeta español Gustavo Adolfo Bécquer- sus nidos a colgar. Tienen que reconocer, salvo la minoría corrompida, acomplejada, asustada hasta los tuétanos, que esto no es una revolución.

Lo que chavistas llevan años desarrollando, entre robos, errores y corrupción, solo llega a nivel de catástrofe, al igual que la revolución castrocubana. La que dirigen los nefastos Castro es un colosal fracaso socioeconómico anidado en una astuta estrategia de propaganda y represión. La tragedia cubana es culpa de Fidel, el más siniestro que haya parido y conocido América. Se le escapó la vida entre discursos de interminable verborragia, palabrería y paja -estratégica, pero charlatanería-, profundización del poder militar y control social cavados en tierras secas de miseria y hambruna cubana.

A Chávez se le fue la existencia tratando de duplicar el modelo que finalmente lo dejó morir. A Maduro y a sus socios cohabitantes, amantes del diálogo y la negociación, atiborrados de errores pasados y presentes, con la propuesta verdulera de convivir en términos vergonzosos, se les está yendo el tiempo en resolver lo que no entienden, sin discernimiento ni carisma.

No tienen la menor idea de cómo se ajustan las cargas mientras se cruza el río, obstaculizando y perjudicando la solución. Lo demuestran años de pesadilla calamitosa e inviabilidad de ensayos constitucionales y diplomáticos negociados, a fin de restituir la libertad y democracia, sustituyendo a los patibularios que mantienen sojuzgada y cautiva a Venezuela.

La experiencia indica que las dictaduras comunes ceden ante apremios, presiones internas y externas. Pero los regímenes totalitarios, comprometidos en delitos de lesa humanidad, están dispuestos a arrasar antes que ceder el poder. El nazismo es un ejemplo.

Expropiaciones, salidas impuestas perjudican a la gran mayoría popular, la que, se supone, el castromadurismo necesita y protege. ¿O es que acaso el régimen está tan ciego y sordo que confía en que su parafernalia entretiene o distrae?

Contrarrevolución es lo que se opone a una revolución. Puede ser ideológica, activa en calles y actitudes, definida a grupos ciudadanos, sectores económicos o como vaya siendo necesario en cada país. ¿Cuál es la revolución y cuál la contrarrevolución? depende del cristal con que se mire, según quien defina una y otra.

Se abrió ante el oficialismo la alcabala de caída libre y, para la mayoría, una aparente rendija hacia la libertad. Quizá reflexionaron que disparar para frenar una multitud no era confiable, no solo porque al ordenarlo corrían el riesgo de una matanza de complicado manejo internacional ante quienes reclaman legitimidad, democracia, respeto por leyes y derechos humanos. También temieron que militares y uniformados, enmascarados o no, se animaran a apretar gatillos.

¿Se pueden detener a enfurecidos ciudadanos?, ¿a cuántos habría que dar de baja? ¿Qué estallaría primero, el miedo ciudadano hirviendo de emociones, o el temor de los castrenses de ser más represores de lo que han sido? Un despeñadero de furias y contrafurias, de esperanzas refrenadas y rechazadas.

El cangrejo bolivariano avanza de lado y hacia atrás. Para controlar que nadie pase muestran fusiles impresionantes, pero ineficientes contra el arrebato popular. Son uniformados enseñando dientes pero con hambre e incertidumbre del mañana.

Gobernar es hacer, no solo dejar caer. Chávez se murió creyendo que hacía una revolución sin entender que cada día más era un títere de ventrílocuos cubanos. Maduro envejece rodeado de guardaespaldas, payasos de ocasión, bufones utilitarios, hampones oportunistas; acosado por sus errores y el empeño inútil en ser lo que ni es ni podrá jamás llegar a ser: un líder apreciado, respetado y seguido.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Tun Tun: ¡es la Nueva República!, por Orlando Viera-Blanco*
“Así se han perdido todas las Repúblicas. Embriagadas de borracheras de egos, dinero y poder, donde pedir consenso a mariscales, caudillos y señores feudales, era pedir peras al olmo…”

@ovierablanco

En estos días de confinamiento pegué un frenazo al análisis presentista y, forzado por una amena tertulia con un querido amigo y escritor, viajé al pasado tocando lo que a nuestro juicio ha sido un cabalgar de errores y omisiones, preludio lúdico de 20 años de autoritarismo, despojos y profunda debacle.

Entre montoneras y caudillos

El viaje arranca después de la independencia. Entre guerrillas y montoneras. Desde la Revolución Reformista de Páez a la Restauradora de Antonio Matos y Castro, Venezuela vivió un siglo de despojos y malquerencias que nos convirtió en un mar sin fondo de resentimientos.

Nace el caudillo, el jefe guerrero político al decir de Domingo Irwing, donde el “nuevo orden republicano” nunca llegó. 

La Cosiata de Páez, el León de Payara, el Centauro de los Llanos, el Rey de Espadas, que desmontó la Constitución de Cúcuta inspiradora de la Gran Colombia; el anarquismo de Boves; las guerras federales de los hermanos Monagas, Crespo, Bruzual o el pulpero de Villa de Cura, Ezequiel Zamora [llamado así por benevolencia de Herrera Luque, pero reducido a un simple bandolero, incendiario, esclavista y usurero por Guillermo Morón y Manuel Caballero]; el elitismo de Antonio Guzmán Blanco, el Rey de Copas [captor y verdugo de Zamora], afrancesado y amante de sus propios bustos como el que colocó en la Plaza Bolívar hecha por él; la contumacia del “Mocho” Hernández, liberado por un enano tanto político como físico, Cipriano Castro, después del asesinato de Crespo en la batalla de Queipa [hacienda el Carmelero]; la invasión de Caracas por los gochos y la llegada del benemérito Juan Vicente Gómez, comprimen 100 años de soledad de una Venezuela de sables, rota y miserable.

Guerras sangrientas que legaron una sociedad fragmentada, ruralizada y paupérrima, plasma de nuestros complejos culturales y miedos más profundos… Pero, de pronto, brotan de las tierras de Mene Grande las primeras gotas del Zumaque 1, nuestro primer pozo petrolero. Y cambia el cuento…

De Zumaque 1 al Pacto de Punto Fijo

Con sus 20 barriles de petróleo diarios, se convirtió en el icono de la Venezuela saudita que más tarde lideró el hombre de la pipa, don Rómulo Betancourt.

Betancourt tuvo el inmenso compromiso histórico de redimir un país dividido en clivajes geográficos, castistas [negros, pardos, blancos de orilla, mantuanos, mulatos], gochos y capitalinos; movilizados e inmovilizados; rurales y urbanos, entre derechas e izquierdas, ricos y pobres, civiles y militares. En su obra Venezuela, política y petróleo visualizaba al minotauro (dixit Uslar Pietri), como el eje central del desarrollo del país… alertando sobre las apetencias monárquicas que la renta petrolera podía sembrar en la conciencia del venezolano:

“[…] Los padres de la patria no se propusieron designar en los mapas parcelamientos nacionales, cerrados lotes para el regodeo de caudillos y de castas. Quisieron, ante todo, forjar una conciencia republicana, un sentimiento democrático, fórmulas de convivencia que hicieran posibles las contradicciones que encierra la lucha política” [Discurso de R. B. 1960. Palabras introductorias sobre pensamiento político venezolano del siglo XIX].

Así se han perdido todas las repúblicas. Embriagadas de borracheras de egos, dinero y poder, donde pedir consenso a mariscales, caudillos y señores feudales, era pedir peras al olmo… 

La Tercera República -decíamos- fue el preludio de una IV embriagada de nuevorriquismo y la V, de rencor y vandalismo. Con Zumaque 1 llega la riqueza fácil. Un proceso complejo de desrruralización y abandono de la tierra fértil, premiado de masificación educativa y civilista, que dio un giro de una sociedad desdentada a una sociedad con aires abolengos. Surgen con Castro y Gómez los primeros Panchitos Mandefuá -aduladores de oficio diría Pocaterra -pero también los primeros soldados y civiles de la democracia cómo Eleazar López Contreras, Isaías Medina o Rómulo Gallegos. 

De 1914 a 1998 pasamos a ser una sociedad moderna, censitaria, industriosa; receptora de una inmigración de primera, que convirtió a Venezuela en el país más desarrollado de Latinoamérica. 

Rómulo Betancourt vino a liquidar la era de espadas y botas con el Pacto de Punto Fijo, dando lugar al primer gesto socio-político de redención libertaria de la historia de Venezuela. Una sociedad profanada, herida y desplazada que clamaba reconciliación, por ser a fin de cuentas un pueblo llano -a tenor de lo dicho por Ibsen Martínez y Teodoro Petkoff- “donde la amistad es nuestra religión”.  

Del Pacto de Punto Fijo a Chávez

Encaradas dos eras, una de guerra, hambruna, peste y muerte, la del siglo XIX, jineteada por caudillos de bustos y machetes, entre montoneras y hombres de ruanas o harapientos; y la otra, del siglo XX, agraciada de oro negro, democracia, movilización social, educación, vialidad, pero también rentismo generador de exclusión y relegación, llegamos al siglo XXI borrachos de revolución roja dizque bolivariana, donde retrocedemos a los reyes de basto y corazones negros. Personificación sucinta de nuestros reflujos históricos.

Pero ojo: ¡tun tun, la Nueva República viene! Abran la puerta porque llega “desprendida del regodeo de caudillos y de castas”.

* Embajador de Venezuela en Canadá.

@ajmonagas

El manejo de la política abarca tantas consideraciones, como manifestaciones pueden darse en la vida misma. El problema estriba cuando el poder político hace sucumbir aquellos ideales sobre los cuales se depara alguna promesa que haya implicado invocar cuantas ofertas (especulativas) sean posibles. De esa manera, el ejercicio de la política, indistintamente del espacio y tiempo en que se ponga a prueba, tenderá a desfigurar las realidades donde suscriba sus ejecutorias. De ahí que el concepto de “política”, haya padecido de múltiples descréditos que, a su vez, han incitado conjeturas de todo tenor. Y asimismo, han provocado capciosas alusiones que terminaron deformando no solo su significación. Peor aun, su praxis.

Esa desviación que ha afectado la dialéctica, semántica y hasta la epistemología y la hermenéutica de tan capital concepto, ha traído entre sus consecuencias, el desmoronamiento de su naturaleza. De ahí que se tienen leyes para las cuales la política no simboliza la importancia que su carácter puede conferirle. Sobre todo, en situaciones donde no se haya entendido que los problemas terminales del sistema social son comprendidos y atendidos por la gran política. O sea, por la POLÍTICA (escrita en mayúscula) o en casos caracterizados por normativas cuyos preceptos exaltan la política como fundamento de lo que se advierte como “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia”.

Sin embargo, habida cuenta de tan manifiesto principio jurídico que compromete un ejercicio de la política debidamente depurado en todas sus dimensiones, consideraciones y condiciones, las realidades distan profundamente del discurso vociferado para exaltar objetivos “encomiables” contenidos por trillados y manipulados programas de gobierno.

El caso Venezuela, es ejemplo de tan enmarañada realidad. O sea, un mal ejemplo de todo lo que dispone la teoría política en cuanto a cómo gobernar en dirección del progreso social y del desarrollo económico.

Precisamente, ha sido la razón de la cual se ha valido el régimen político venezolano para infundir sus presunciones, tanto como para acoquinar a la población con intimidaciones de toda índole. Y para que su narrativa esté estructurada sobre el sustantivo “revolución”. Ello, sin mayor conocimiento de las implicaciones que hay detrás de tan gruesa palabra. O por lo contrario. A sabiendas de que bajo tan impresionable y aprehensivo término, pueda encubrirse lo que públicamente no debe ser revelado, dado lo azaroso, precipitado y delicado de su repercusión.

Hacer del conocimiento público lo que puede ocultarse bajo el manejo subversivo y sigiloso de lo que el oprobioso régimen ha denominado “revolución”, puede comprometerle un costo político de tal magnitud que ni siquiera ha logrado calcular. Podría derivar en una pronunciada caída del poder cuyos resultados serían inimaginables a la luz de las tendencias actuales.

Los excesos y frustraciones de una revolución, a decir de la historia política, revelan el carácter violento que acompaña sus acciones. Por tanto, no resulta convincente a la hora de suponer lo que sus planteamientos comprometen. E inclusive, que auguran en nombre de ideologías y doctrinas políticas que lucen confusas en relación con su contenido.

El caso Venezuela, es particularmente insólito. Si bien la crisis que acució la antipolítica como fenómeno social que provocó la animadversión del país con los partidos políticos y todo lo que sus procesos y procedimientos implicaron para la funcionalidad del país y los poderes públicos correspondientes, incitó el arribo de un militarismo oportunista. E igualmente, indujo una serie de cambios en la política que exacerbaron su aplicación. Eso hizo que buena parte de dichos cambios se dieran infundidos por el radicalismo concebido a dicho respecto. Y que además, exaltó el poder en manos de advenedizos, militares y operadores políticos sin mayor exactitud y conocimiento de lo que, para entonces, requería el país. Y que sigue clamando.

La noción de cambio se transfiguró en consideraciones del más rancio y dogmático acervo. Fue entonces pretensiones que se tradujeron en definiciones sin contenido. Pero que su enunciación o narrativa provocaba el temor necesario para establecer un esquema de actuación política que estaría acompañado por la coerción y la represión capaz de fraguar una distancia entre el poder dominante y los estamentos oprimidos, tal como resultó.

De esa forma, el régimen comenzó a configurar su modelo de subyugación apoyándose en la palabra “revolución” la cual le sirvió para encubrir -de manera persuasiva- y con la aprensión que inspiraba cada medida de radicalización anunciada por el régimen, toda una cadena de aducciones, substracciones, supresiones y exclusiones de las que se ha valido el régimen para maniobrar al país a su entera discreción. Pero asimismo, para imponer decisiones que trabaron la democracia, pervirtieron la institucionalidad y corrompieron la constitucionalidad que son el fin, objetivos principales de su menjurje político-ideológico.

Esto, naturalmente, se ha acompañado por acciones de fuerza adelantadas por la irrupción de envalentonados colectivos armados. Al lado de contingentes de “milicianos” forjados como presunto componente de la Fuerza Armada Nacional.

Su creación, violatoria del artículo 329 constitucional, responde al imaginario o ficticio revolucionario según el cual, su desempeño es representativo de una instancia de apoyo y resguardo al estamento político acomodado a nivel de la alta jerarquía política nacional. Decisión esta que, además, contradice groseramente lo establecido por el artículo 328 constitucional.

Así, el régimen puede asegurarse la necesaria desviación de expectativas y de capacidades potenciales, la decadencia de la clase media y la aniquilación de una economía productiva y constructiva. Y las decisiones a elaborar para su inmediata y opresiva aplicación, solo pueden tomarse al amparo de lo que infunde el vocablo “revolución”. Particularmente, bajo lo que la extorsión, mencionada con el mote de “socialismo del siglo XXI”, representa y compromete. Por eso hubo que edulcorarla endosándole el adjetivo de “bolivariana”. De ese modo, sería fácil inyectarla como complemento político a la sangre del iluso pueblo cegado por el discurso trapacero del régimen usurpador venezolano. Esta es la respuesta, aunque breve, a la pregunta que intitula esta disertación ¿Qué esconde la “revolución”?

 

Esta disertación no busca considerar el musical basado en la obra eximia del político, poeta y escritor francés Víctor Hugo, publicada a finales del siglo XIX:“ Los miserables”. El nombre de tan leída novela, tuvo como inspiración la eterna rivalidad entre el bien y el mal. Particularmente, en el fondo de las escisiones que tan histórica lucha siempre ha dejado abierta. Con énfasis, en medio de problemas causados por la exigua comprensión de la ética, la moralidad, la justicia y el ejercicio de la política como argumentos para ordenar la sociedad en su dinámica.

Los personajes que dan vida a dicha obra, son representativos de los terribles disturbios que provocaron la histórica Rebelión de Junio que se dio en Paris. Hecho éste que arrojó atroces consecuencias en la sociedad parisiense de 1832.La crisis que devino en lo que fue reconocido como tiempos de dificultades políticas y económicas, se vio acentuada por escasez de alimentos, aumento del costo de la vida y agudas enfermedades. A esto se sumó un importante brote de cólera que atacó, fundamentalmente, las barriadas más pobres de Paris.

De tan crítica situación, no sólo emergieron problemas que pusieron de relieve gruesas e incisivas diferencias políticas entre facciones de poder. También, un cortante descontento entre clases lo cual forjó cambios políticos que por igual pusieron al descubierto grupos de gente paupérrima que las monarquías de entonces buscaban encubrir para ofrecer la imagen de un Paris “ensoñador”.

Esos hombres y mujeres pobres que padecieron “en carne viva” la barbarie que para entonces se destapó, son los oprimidos a cuyo valor y resistencia, Víctor Hugo dedica su célebre obra escrita. Y quizás, la novela es una defensa al arrojo de personas así, indistintamente del lugar o situación social, política o económica que vivan. De ahí, su trascendental carácter. Aunque el título de la novela, expresa la condición de miserables de quienes para entonces se arrogaron el poder político y económico para atropellar a los más desposeídos y desfavorecidos.Sólo por el hecho de haber demostrado la voluntad que sólo catapulta la condición contestataria propia de los sentimientos de libertad que existe en personas con tan fundamentado brío político y social.

Fue así como uno de los parajes de tan efervescente novela describe que “en las ocasiones en que el hombre tiene más necesidad de pensar en las realidades dolorosas de la vida, es precisamente cuando los hilos del pensamiento se rompen”.Pues de ahí, surge la libertad como forma de vida.Sin embargo, la condición de miserable y que se superpone a la actitud de miserable, es producto del engreído poder. Sobre todo, cuando éste se enquista ante la presunción que tiene quien se arroga algún control sobre otro. Todo, con la excusa de contar con una pretendida “superioridad” que supone la persona de sí misma. O sea, es el personaje miserable que, generalmente, se refugia en el ejercicio de la política.

Es el caso que sucede cuando el gobernante -desconociendo sus debilidades-  es seducido por el morbo del poder. O sea, cae preso por la tentación del poder. Es el caso de Venezuela, donde pareciera haberse puesto de acuerdo quienes más rápidamente eran capaces de asfixiar sus conciencias.Y así, sustituirlas por bagatelas cuyos contenidos darían cupo a la sin razón entendida como criterio de gobierno. Así llegó a hablarse de “revolución”, sin terminar de comprender que tan mal llamado “proceso bolivariano”, sería el argumento para que sus aires movieran actitudes miserables como briznas de paja zarandeadas por cual ventarrón de orilla.

Por eso ni las dictaduras ni los regímenes totalitarios han podido construirse sobre ideologías importadas o elaboradas en la penumbra de la media noche. Sino, sobre las rapacidades de quienes mejor han sido hasta ese momento (políticamente hablando) ladrones de la dignidad. O sea, aquellos personajes marcados por la cobardía. Pero que en esencia son tristemente personajes que no pasan de ser perfectos pérfidos. Tal cual, vulgares sátrapas. Tanto que son “los miserables”.

Entre holgazanes, arrogantes y fanfarrones, por Antonio José Monagas

PRETENDER UNA “REVOLUCIÓN”, no es asunto de agazapados, arrogantes o bravucones. Es un proceso que compromete la intelectualidad sobre la cual se yerguen valores de moralidad, justicia y verdad. Es un proceso que, dada su esencia y nivel de subsistencia, traspasa las fronteras de la economía, de la política y de la sociedad donde circunscribe sus acciones. Por eso cuando se habla de “revolución”, debe hacerse con la observancia que su acaecer merece.

De ahí que la historia, aún cuando no siempre ha sabido discernir entre revoluciones folkloristas y de seria envergadura, contempla casos de revoluciones de importancia. Así se tiene, por ejemplo, el caso de la revolución cultural forjada a partir de las tradiciones que hicieron de China, el símbolo de la cultura asiática. O de otras revoluciones que indistintamente del carácter que contuvieran, marcaron hitos que trascendieron los tiempos y acontecimientos.

Pero de eso, a lo que vulgarmente se ha pretendido en Venezuela llamando “revolución”, la brecha luce casi indeterminada. Precisamente, por la desproporción que hay entre una situación engrosada por una narrativa sin contenido, preparada para que sirva de cebo a ilusos, incultos, corruptos, violentos y furibundos, y otra situación concebida en la perspectiva de una realidad definida por libertades, deberes y derechos que encausen la igualdad, la tolerancia y la solidaridad. En un todo con los principios que fundamentan la vida en correspondencia con los estamentos que cimientan el andamiaje de la democracia.

Por eso, para la historia nacional venezolana, termina siendo un acontecimiento de insólita referencia, considerar la “revolución” que ha presumido el manido “socialismo del siglo XXI”, infortunadamente instalada en Venezuela, como el camino expedito, que a decir del discurso político de rojo trazado, ha buscado refundar una República en el contexto de una “(…) sociedad democrática, participativa y protagónica”. Así lo anunciaba la Constitución Nacional la cual para diciembre de 1999, le apostaba al replanteamiento de una Venezuela soportada en un “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia” (Del artículo 2).

Sólo que luego de veinte años, los susodichos preceptos constitucionales cayeron en la desidia provocada por el descaro de un gobierno que desperdició groseramente inmensas oportunidades dispensadas por el fabuloso ingreso del mercado petrolero. Así, el país fue convirtiéndose en el terreno apto para el cultivo de las maledicencias, la corrupción, el delito, la venganza, el chantaje, el crimen y el ultraje político. Realidades éstas, animadas por el resentimiento, el odio, las apetencias y la soberbia de sus gobernantes cívico-militares.

Fueron estos los elementos fácticos que estructuraron la política gubernamental. Al extremo, que apagaron buena parte de las libertades, garantías y necesidades que le impregnan sentido a la vida del venezolano. Y además, tales actitudes fijaron el modo de accionar medidas de las cuales se ha valido el régimen para usurpar cualquier función de gobierno posible que conduzca a ganar el mayor espacio político o algún ápice de autoridad que le garantice enquistarse en el poder. A desdén, de las consecuencias que sus torcidas ejecutorias acarrearían y devinieron en trágicas realidades.

De forma que en esta retahíla de incorrecciones y trivialidades, degeneró la política revolucionaria, mal llamada “socialismo del siglo XXI” Razón por la cual, se han valido de aquella parte de la población que, desafortunadamente, cayó en el engaño de la “antipolítica”. Pues así lograron hacerse del poder las huestes que fantasearon en momentos en que la inercia de una historia buchona y bullanguera,  hizo de Venezuela el escenario para deparar sobre sus fauces el mejor espectáculo que en la desidia podía montarse.

Fue así también, como estos funcionarios de mala calaña, se aprovecharon de la gestión gubernamental convirtiéndola en el medio expedito para actuar con la demagogia que el tiempo de la política requirió para afianzar sus atrevimientos.

De esa manera,  el régimen diseñó la estrategia política necesaria para urdir cuantas posibilidades le ha permitido el aprovechamiento de situaciones en beneficio propio. Por tanto, puede inferirse que para haber escalado en su maraña de complicidades, el régimen se valió de una fuerza popular que, sin méritos, se ha prestado para validar  las condiciones necesarias para que el régimen se haya enquistado en el poder. Por eso exalta sin fundamento la presencia de un “pueblo”. Pero no “pueblo” en el sentido antropológico, ni sociológico. Menos, demográfico. Apenas ese tal “pueblo”, ha sido un grupo de vividores de oficio, apertrechados políticamente, carroñeros de camino, preparados para aupar y embrollarse entre quienes han sabido usurpar posturas y posiciones de gobierno. O sea, entre holgazanes, arrogantes y fanfarrones.

 

@ajmonagas

Inteligencia Artificial tendrá mayor impacto mundial que la revolución de Internet

PwC VENEZUELA PRESENTÓ el pasado 20 de junio en Caracas la 22va Encuesta Global Anual de líderes empresariales 2019, en la cual participaron 1.378 altos ejecutivos y directores de empresas representativos de 91 diferentes países.

La presentación correspondió a Pedro Pacheco, Socio Principal de PwC Venezuela, en el marco de la primera Reunión de Negocios de los Comité de la Cámara de Venezolano Americana de Comercio e Industria, Venamcham.

Crecimiento económico

La encuesta identifica cuales son las variables que definen o condicionan la confianza en el crecimiento económico de quienes lideran las empresas y negocios a nivel mundial en cuanto al crecimiento global de la economía.

En términos globales hay un cambio de expectativas de los CEO´s. El optimismo en cuanto al crecimiento económico global ha decaído entre los empresarios. Este año solo un 42% de los encuestados manifiestan optimismo en cuanto a más crecimiento, versus un 57% que así se manifestó el año pasado. En otras palabras, uno de cada cuatro líderes empresarial manifiesta puntual precaución en cuanto a una posible recesión mundial.

La encuesta también indica la percepción que tienen los encuestados sobre el futuro de sus propias empresas. Se observa de manera relevante que menos del 50% estima que la  empresa que lidera crecerá en uno o tres años. En la muestra correspondiente a los venezolanos un 52% manifestó no tener confianza en cuanto al crecimiento de su propio negocio en el próximo año, pero estos mismos empresarios cambian radicalmente su percepción al señalar en un 80% su confianza en lograr crecimiento en un lapso de tres años.

Ante la interrogante sobre mecanismos y esquemas que garanticen crecimiento y más productividad, la mayoría de los consultados señaló que en “ser eficientes operacionalmente”, “crecimiento orgánico” y “lanzamiento de nuevos productos o servicios” están las mejores opciones para crecer. En anteriores encuestas aspectos relevantes para el crecimiento de la empresa eran otros tales como; adquisiciones, fusiones y apoyo a emprendedores. 

Las amenazas

Al identificar cuáles son las principales amenazas que se perciben para lograr crecimiento en sus respectivas empresas, los ejecutivos de estos 91 países siguen señalando como la mayor amenaza en el 2019  “las regulaciones excesivas”, seguida de la incertidumbre política, la disponibilidad de habilidades clave, los conflictos comerciales, los ciber ataques, el proteccionismo, los temas inciertos de geopolítica, el populismo y la velocidad de los cambios tecnológicos, entre otras. 

Este año hay tres preocupaciones que se hacen presente que no estaban en la encuestas de años anteriores: incertidumbre política, conflicto comercial y proteccionismo. En el caso de la muestra de los ejecutivos y directivos venezolanos que participaron en esta encuesta señalan que la “inestabilidad social” seguida de las regulaciones excesivas y el populismo son las tres principales amenazas de sus negocios en el país.

Los ejecutivos y directivos a nivel mundial fijan atención en los crecientes procesos nacionalistas y populistas que marcan tendencia y ponen el riesgo el crecimiento de la economía global. Otra amenaza que crece año tras año es la escasez de personal que cuente con las habilidades claves. En este sentido se prevé que acentuará la “guerra por el talento”

Al tratar los temas de los conflictos globales que mayormente amenazan el necesario crecimiento global de la economía, los encuestados manifestaron mayoritariamente que las relaciones de los Estados Unidos con China y con la Unión Europea son a todas luces los dos principales problemas a resolver. Para los venezolanos, la relación con Colombia y países vecinos representan sus principales problemas de carácter comercial. 

Cambios y futuro

¿Qué eventos o circunstancias han transformado su modelo de negocio en los últimos años? fue una de las preguntas más destacada en la consulta de PwC presentada en la Conferencia de Davos. Los ejecutivos consultados señalaron que en los últimos años las causas que han tenido mayor impacto en sus modelos de negocios están asociados más a “los avances tecnológicos” que a “los cambios demográficos”, “cambios en el poder de la economía global” o la “escasez de recursos y cambio climático” 

Explorando hacia el futuro, se consultó sobre la visión que se tiene al corto plazo en torno al uso de la Inteligencia Artificial. En este sentido un 61% de los encuestados estima que el impacto de esta innovación será inclusive mucho mayor sobre los negocios que la que tuvo internet en el siglo pasado. Llama la atención que esta cifra sube al 80% entre los ejecutivos de la zona Asia-Pacífico. Entre los venezolanos, el 75% señala que no ha tenido ninguna iniciativa, ni tiene planificado tenerla en el corto plazo con la Inteligencia Artificial, lo cual es una señal preocupante de cara al futuro si no hacemos nada para revertir esta tendencia

Los ejecutivos y directivos a nivel mundial destacan que cada vez disponen de más información pero no cuentan con la habilidad de analizarla (Big Data), esperan que la Inteligencia Artificial acorte la brecha entre la información disponible y la necesaria para tomar decisiones

En favor del empresario venezolano

Señala Pedro Pacheco que los resultados de esta encuesta y del debate promovido en el Foro de Davo, llevan a formular un conjunto de preguntas en favor del empresariado venezolano, a los fines del máximo aprovechamiento de la valiosa información obtenida para el desarrollo operacional de sus propias empresas. Ellas son: El actual entorno genera cambios, ¿Cómo aprovechar esos cambios? ¿Cómo innovar en Inteligencia Artificial? ¿Cómo contratar y entrenar talento que distinga nuestro particular negocio? ¿Cómo reinventar nuestro modelo de negocio? ¿Cómo ser mas resiliente? ¿Cómo cuidar nuestra marca y reputación? ¿Cómo llevar el negocio financiera y socialmente sustentable? ¿Cómo estamos involucrando a nuestros actores clave para superar crisis y aprovechar oportunidades? ¿Estamos planificando para nuevos escenarios de riesgo? ¿Cuánto tiempo le están dedicando los líderes de empresas a la planificación estrategia y el seguimiento?Responder estos interrogantes con base a la data recabada en esta encuesta es una oferta que hace PwC Venezuela a los empresarios nacionales, a los fines de aprovechar las oportunidades y cambios que caracterizan al sector productivo venezolano. Estos resultados serán mostrados en una serie de presentaciones a favor de clientes y relacionados de la Firma en nuestro país. 

Ene 15, 2019 | Actualizado hace 1 año
Promesas recicladas, por Edward Rodríguez

EL PAÍS SE CAE A PEDAZOS. Inocentes venezolanos mueren en los hospitales por falta de medicinas, de insumos médicos, y también por un apagón al no funcionar las plantas eléctricas, pues al parecer era más importante llevarle unas Garotas al subdirector para su oficina, que repararlas.

Cinco mil venezolanos huyen a diario de la peor crisis humanitaria de la que se tenga memoria, ciudades enteras pasan doce horas y hasta más sin electricidad; también padecen por semanas la falta de agua y de gas.

El salario mínimo no alcanza ni para comprar un pollo, por más que lo aumenten todos los meses, no alcanza, se vuelve sal y agua; no hay efectivo, las estaciones de servicio colapsan porque no hay gasolina; en fin.

No caeré en los detalles de los malos chistes de Nicolás, de sus comentarios fuera de lugar, ni mucho menos en su imposibilidad de contener un eructo en plena cadena nacional de radio y televisión; mejor, revisemos el reciclaje de promesas que hizo, no para un año, sino para seis, imagínense ustedes.

Veamos, prometió acabar con la miseria y con los pobres, esto lo está cumpliendo poco a poco, porque los está acabando y matando de hambre, literalmente. Prometió disminuir los índices de desempleo y reactivar la industria, que se va a poner al frente de la fulana guerra económica, que asumirá la conducción de Pdvsa, que Dios nos agarre confesados; etc, etc, etc.

El detalle, no es prometer, el detalle, está en cumplir. Y hasta la fecha Maduro no ha cumplido nada; hasta se inventó una criptomoneda para, según él, salvar la economía, y a la fecha todo se ha quedado en pura ficción.

Destruyó el salario e hizo de Venezuela el único país del mundo en el que un aumento salarial causa angustia. Cinco aumentos salariales en 2018 y uno en lo que va de 2019 han representado seis momentos de terrible zozobra y depresión en la clase obrera de la que tanto habla y dice defender.

La lista de promesas, incoherencias y mentiras fue muy larga y repleta de clichés e ideas huecas, vacías.

Venezuela reclama por la conducción de alguien capaz y verdaderamente comprometido con la democracia y el progreso. El país cambió, los venezolanos cambiaron, y no se calan más el cuento de la caja de comida y los perniles que nunca llegan, el miedo se perdió, la revolución se perdió.

Se está a tiempo de deponer el orgullo y ambición.

“El hombre es amo de lo que calla, y esclavo de lo que dice”.

 

@edwardr74

Inversionistas a juro y limpios, por Ramón Hernández

MI AMIGO EL TECNÓCRATA NO ES políticamente correcto ni tan mal educado y grosero como el mecánico italiano que tenía una cafetería en la esquina de Panteón y nunca le fio a los periodistas de Últimas Noticias. Tampoco dice groserías, pero llama “cretinos tecnológicos” a los lerdos en el uso y manejo de computadoras, teléfonos inteligentes o cualquier herramienta digital que “requiera utilizar más de una neurona, como ocurre para mascar chicle y caminar”. Es su descripción. A los denominados “millennials” los trata con desdén y apenas les ofrece el beneficio de la duda.

Frustrado y arrecho apagó su computadora y la desenchufó. Su malestar no se debía a la poca velocidad de Internet, la intermitencia de la banda ancha ni el bloqueo informativo que aplica la Cantv a los medios informativos que contradicen y se burlan del control comunicacional del régimen, sino a su imposibilidad de recuperar todos los bolívares del tercer mes de aguinaldo de la pensión del Seguro Social que el gobierno convirtió sin aviso y sin protesto en medio petro, cuidado.

Confiado, acudió a la página www.patria.org.ve y trató de revertir su dinero siguiendo las instrucciones que publicó un diario capitalino que tuvo fama de serio y que se rocheleó antes de que su ex dueño decidiera regresar a su Nueva York anhelada. Siguió las instrucciones con rigor. Primero tropezó con el lenguaje utilizado por el medio que fundó Andrés Mata en un arranque de poesía; luego quedó a mansalva de la estupidez –artificial, no congénita– de la web que transpira un dejo antillano tan fuerte que casi se le escucha el “mira, tú” y las palabrotas que más se oyen en bulines y paladares de La Habana.

No se amilanó. Cuando se disponía a “ingresar usuario y clave, ir a la pestaña ‘Monedero’, luego pinchar la opción ‘Plan de Ahorro’, a la izquierda de la pantalla”, mi amigo soltó una palabrota. No se había perdido la conexión ni había aparecido la pantalla azul de “fatal error” tan frecuente en los equipos obsoletos que sobreviven a la revolución. No, era algo peor. La página dejó de funcionar. Eran las 9:59 de la noche. El servició se restablecería a las 6:00 de la mañana. Muchos minutos después de lo anunciado, la página estaba operativa. Puso la clave o contraseña y luego hizo clic en la opción “Retención Anticipada”. Sin anestesia apareció una ventana con el monto de la comisión que le cobraba Miraflores por recuperar su dinero “ahorrado”. Poco le importó que apareciera el solecismo “a pagar” ni otras incorrecciones gramaticales de peor cuantía, la mentada de madre al de siempre se escuchó y reverberó más allá de Fuerte Tiuna.

El madurazgo no solo lo obligó a “ahorrar” una importante porción de sus menguados ingresos en una criptomoneda inexistente, sino que además tuvo que pagarle “vacuna” para recuperar sus activos. Igual que en las operaciones que los muchachos del ELN y los disidentes de las FARC realizan en la frontera y más acá de San Juan de los Morros, pero con un oficioso toque de legalidad que deja en babia hasta a los aplatanados de la constituyente.

Mi amigo no cuestiona las buenas intenciones implícitas en la medida: la acumulación de capital, lo que no entiende es que el ahorro lo haga el régimen desde el bolsillo de los pensionados y no desde el buen manejo del Tesoro que tanto descosió Alejandro Andrade con la complicidad y la asesoría de los hermanos Sánchez, Tomás y el otro de la pistola al cinto. Quien recibe unos emolumentos que apenas le alcanzan para comprar unos muslitos de un pollito desmirriado no puede ahorrar ni una locha, mucho menos medio petro. Al contrario, le falta dinero para las medicinas, el alquiler, los trapos, los zapatos, el agua, la electricidad y el aseo urbano. Le faltará todavía más si tiene que ponerse en manos de un avispado que desde su computadora le haga la reversión de los petros y le pida para el cafecito, siempre en diminutivo, el bien que más pagan los venezolanos en efectivo. Vendo portal con Niño Jesús, sin ganado mular ni parientes cercanos.

@ramonhernandezg
El Nacional