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Petare

#MonitorDeVíctimas | Funcionarios del CICPC mataron a dos hombres en Petare
En La Vega, un panadero fue asesinado por las FAES 

 

 @franzambranor | Fotografía: Carlos Ramírez

 

Dos hombres fueron asesinados en diferentes operativos del CICPC en Petare, municipio Sucre, de acuerdo a versiones que sus familiares aportaron en las adyacencias de la morgue de Bello Monte donde esperaban por la entrega de los cadáveres.

Edwin Enrique Marín Flores, de 23 años de edad, fue asesinado el 16 de mayo, seis días después de que se fugara del destacamento del Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro (CONAS) ubicado en la urbanización Alto Prado, municipio Baruta. 

Los familiares desconocen en qué lugar específico de Petare, municipio Sucre,  mataron a Marín Flores, solo saben que fueron funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) quienes llevaron su cadáver a la morgue. Creen que no fue llevado a centro asistencial alguno. 

Mientras, el 23 de mayo, mataron a Deykel Carvallo, de 22 años de edad, en el barrio El Carpintero, de Petare. Sus parientes dijeron que efectivos del CICPC  ingresaron a su casa situada en el sector Las Casitas y le propinaron un tiro en el pecho.

Carvallo dejó huérfana a una niña de 1 año de edad. 

Matan a panadero en La Vega

Según allegados a Moisés Alexander Caraballo Monasterios, funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), lo asesinaron en su casa ubicada en la calle Zulia de La Vega a las 5:00 am del pasado 26 de mayo.

Caraballo, de 19 años de edad, trabajaba en una panadería del mismo sector.

De acuerdo a la familia le dieron tres balazos por la espalda y se lo llevaron al hospital Miguel Pérez Carreño donde falleció. 

el futuro de la juventud en sectores populares

#MonitorDeVíctimas | Cicpc mató a presunto integrante de banda de secuestradores en Petare
La víctima fue identificada como Antoni Crespo. Según información policial, se resistió a ser detenido por los delitos que era solicitado

 Daisy Galaviz @Daigalaviz / Fotografías Carlos Ramírez

Antoni Enrique Crespo Rodríguez murió al enfrentarse a comisiones del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC), la mañana de este 15 de mayo. De acuerdo con información policial, la víctima, presuntamente formaba parte de una banda de secuestradores y murió al intentar ser detenido. El hecho se registró en Petare, municipio Sucre.

Funcionarios de la División Nacional contra Secuestro, informaron que Crespo tenía el apodo de “Antoni Los Teques” y se encontraba con tres hombres más quienes dispararon al verse rodeados por las comisiones.  En el enfrentamiento también resultó herido un detective de la policía científica, que ya se encuentra estable.

Según el CICPC, Crespo se encontraba solicitado por el tribunal 38 de control del Área Metropolitana de Caracas, por los delitos de homicidio intencional, y por el juzgado 2 de control del estado Miranda, por el delito de homicidio calificado.

Los otros tres hombres, que huyeron, fueron identificados con los apodos de “Carlos Luis”, “Guárico” y “Maracucho”.

Liberen a Junior Pantoja, por Roberto Patiño*

@RobertoPatino 

En horas de la mañana del viernes 8 de mayo, efectivos de cuerpos policiales irrumpieron en la casa de Junior Pantoja, en la Zona 2 de Petare, en Caracas, para detenerlo de manera ilegal e injustificada. No fue sino hasta horas de la noche en que sus familiares pudieron tener un breve contacto con él, luego de varias horas angustiosas en las que líderes de la comunidad informaron de su secuestro y desaparición.

Junior es un reconocido líder y activista social. Durante años ha estado ligado a iniciativas y proyectos tanto en José Félix Ribas como en el resto de Petare. Su participación en el rescate de espacios comunes ha significado la recuperación de calles, plazas y canchas deportivas para sus habitantes, con un impacto significativo en la mejora de las condiciones de vida de jóvenes y niños de la comunidad.

Junior es uno los líderes más importantes de Alimenta La Solidaridad en Petare. Nuestro comedor en la parroquia de El Sabor, en la Zona 2, funciona en la platabanda de su casa, en el hogar en el que fue secuestrado. Ese comedor sirve a almuerzos diarios a más de 80 niños, un apoyo de enorme valía e importancia para sus familias en medio de la grave emergencia alimentaria que estamos padeciendo en nuestro país. Igualmente, en este comedor se realizan actividades recreativas, educativas y recreacionales en un esfuerzo conjunto de organizaciones y voluntariado.

El secuestro de Junior se da en medio de los operativos policiales que se iniciaron en la madrugada del viernes en Petare, luego de más de seis días de enfrentamientos armados entre bandas locales, derivados de la funesta política oficial de “zonas de paz”.

Estos operativos fueron llevados a cabo por integrantes del CICPC y las FAES, que reprodujeron los patrones de violación de derechos humanos, detenciones ilegales y ajusticiamientos que ya han sido denunciados por ONG como COFAVIC y Provea, así como por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michele Bachelet.

Junior es hipertenso y diabético, y en este sentido debe seguir un régimen de medicación para evitar el deterioro de su salud, por lo que nos preocupa enormemente sus actuales condiciones de reclusión. Desde Alimenta la Solidaridad y el Movimiento Mi Convive nos sumamos a la exigencia de sus familiares y comunidad para que se respeten los derechos humanos de Junior y se garantice su seguridad personal y pronta liberación.

El caso de Junior es una nueva expresión del hostigamiento que desde el Estado viene dándose en contra de las comunidades y sus líderes en el país, sometiendo a amplios sectores de la población a la represión y la violencia. Debe detenerse la criminalización de trabajadores sociales de inmediato  y generar los mecanismos para la reconstrucción de la convivencia para darle solución a la grave crisis que estamos viviendo.

* Coordinador del Movimiento Caracas Mi Convive y Alimenta La Solidaridad. Miembro de Primero Justicia

robertopatino.com

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

#MonitordeVíctimas | En enfrentamiento con el CICPC asesinaron a alias
Tenía pocos de haber salido en libertad de un penal del centro del país

@SandraGuerrero1

 

Christian René Tovar Uribe, de 34 años de edad, conocido con el supuesto apodo de “El Gusano”, murió este jueves en un supuesto enfrentamiento que sostuvo con una comisión de funcionarios de la Delegación Municipal del Cicpc de El Llanito.

El intercambio de disparos ocurrió en una casa sin número, en la parte alta del barrio San José, sector La Escuelita, escalera 3, parroquia Petare del municipio Sucre.

Todo ocurrió cuando la comisión del Cicpc hacía una investigación relacionada con las lesiones ocasionadas a una mujer, quien acompañaba a la comisión policial para ubicar a un hombre conocido como Luisito, presunto agresor de la mujer.

Ella señaló al sujeto que buscaban y lo identificó como Luis David Bastidas Azuaje, de 20 años de edad.

Al ser detenido Bastidas Azuaje informó a los policías que el arma de fuego con la cual había herido a la mujer estaba en la vivienda de un hombre conocido como Christian, por lo que la comisión del Cicpc se dirigió al barrio San José.

Al llegar allí, tocaron varias veces la puerta de la vivienda y Tovar Uribe abrió. Al ver a los policías, “el Gusano” accionó un arma de fuego lo que dio origen a un enfrentamiento en el cual resultó herido.

Los funcionarios de la policía científica lo trasladaron a un centro asistencial donde falleció. Le incautaron una pistola marca P x 4 calibre 9 milímetros con los seriales devastados.

Tovar Uribe salió en libertad de un penal del centro del país hace varias semanas. Tenía dos registros policiales por el delito de homicidio calificado y residía en un sector del barrio José Félix Ribas de Petare.

Rivalizaba con la banda de Wileixi Alexander Acevedo Monasterios, residente de esa zona.

 

el futuro de la juventud en sectores populares

Voy de Petare rumbo a Miraflores, por Orlando Viera-Blanco*
Fuimos una sociedad de oportunidades, de destino migratorio, moneda fuerte y ciudades piloto como Caracas, convertidas en regias metrópolis.

 

@ovierablanco 

La historia de los últimos 20 años en Venezuela deberá evaluar lo que definió Herrera Luque como conductas psicopáticas. Una jauría de maldad y morbo de la que habría que preguntarse si es propia de nuestra cultura, o de una realidad degenerada por el desbordado odio y violencia que supone la ideología del desquite, la lógica de lucha de clases y la impunidad como trofeo.

De Gómez a CAP

Desde la llegada de Juan Vicente Gómez [el Rey de bastos según Herrera Luque] al poder, Venezuela comenzó a vivir una época de redención grupal fundamentada en una paz reglada sobre la teoría de “Sota, Caballo y Rey” (que no es paz) y la emergencia de la riqueza petrolera.

Después de un siglo de reyertas y montoneras [XIX], al decir de Blasco Ibáñez y su obra Los cuatro jinetes del Apocalipsis, guerras, peste, hambre y muerte acabaron con un millón de habitantes de cuatro que éramos; la fusta de Gómez y la creación de sus “milicias modernas” acabaron con la guerrilla de la época. 

Antropológicamente tal devastación produjo sufridas patologías sociales y desviaciones esquizoides. El síndrome del cimarrón, que siendo de raza mulata escapaba de su amo por ser libre… El síndrome del esclavo sub judice, que lleva en sus hombros el resentimiento del sometimiento y trato denigrante. El síndrome del taita, hombre a caballo, jefe guerrillero y caudillo que somete, mata y cobra venganza, con el odio necesario como “pilar”,  para alcanzar y mantener poder. El síndrome del humillado, el harapiento y mugroso, utilizado solo para servir, para cargar, sembrar o sudar, generador de una salivación salvaje como la del animal fatigado y sometido a una vida de cuero y látigo. Porque así fueron tratados, como cosas, como animales…

Entonces la insurgencia del bandolero, del segador verdugo, como lo fue el pulpero de Villa de Cura, Ezequiel Zamora, o el urogallo Boves, no fue casual. Tenemos sus versiones contemporáneas.

Antes tomaron un fusil o un machete, cortaron cabezas e incendiaron caseríos, para imponer el nuevo orden, el aquí ahora mando yo. Hoy todos están entre Petare y Miraflores.

Todo este melting pot de personalidades resentidas necesitaba un gendarme necesario. Y llegó Gómez con su ‘Unión, paz y trabajo’ desde cuya dictadura acabó con la rechifla al tiempo que fundó las primeras aerolíneas como Aeropostal, modernizó y profesionalizó las FFAA, construyó los primeros aeropuertos y saneó las finanzas públicas.

Después de 35 años de dictadura, Venezuela comenzaba un proceso de urbanización. La instalación de empresas petroleras americanas trajo balancines, desarrollo y béisbol, y el florecimiento del positivismo criollo democrático (soldados políticos) que impulsó -entre golpes, decadencias, grilletes y contragolpes- el nacimiento de la democracia. Desde Medina, su “primer soldado”, hasta Betancourt [el padre de la democracia] tras la caída de Pérez Jiménez en 1958.

De Betancourt a Chávez

Betancourt da continuidad al proceso de redención grupal del siglo XX, pero de forma pactada y liberal, con la movilización social más importante vivida en la historia contemporánea de Latinoamérica.

Fuimos una sociedad de oportunidades, de destino migratorio, moneda fuerte y ciudades piloto, como Caracas, convertidas en regias metrópolis. Pero algo sucedía. El petróleo era monopolizado por el bipartidismo que controlaba el reparto. El minotauro nos dividió en algo peor que pobres y ricos, es decir, en incluidos y excluidos, en movilizados e inmovilizados. La indiferencia de los que saborearon oportunidades vs. los desafortunados que quedaron en la relegación fue el criadero de violencia, el brote de los síndromes del segador, el cimarrón, el taita vengador o el bandolero herido y resentido.

Después del Caracazo, cuya chispa no fue la gasolina sino la fatiga y el olvido, la mala leche estaba echada. Comenzó el proceso de defenestración de la democracia entre “rebeliones de náufragos” (Mirtha Rivero), conjuras, caracazos, sables, notables, mantuanos, sotanas y “amigos invisibles”.

El 4F es el epílogo de una era de acumulación de reflujos, y el preludio de otra de sangre y desquites. Chávez fue el pastor de los miserables y el verdugo de los borregos en el corral. La resurrección de los 4 jinetes del Apocalipsis: hambre, guerra, peste y muerte. El pueblo no odia, alerta Lipman, pero aprende con facilidad si se le incita. Esa es la historia reciente de la que aún no salimos y espero comprendamos.

De Maduro  a Wilexis…

Así terminará esta oscura etapa de nuestra herida historia. A fuego cruzado entre pranatos excarcelados y pranatos uniformados. Entretanto un país en guerra, pero a lo interno. La verdadera montonera va de Petare rumbo a Miraflores. Violencia creada por el propio régimen que ahora recibe “sota y plomo” de su propia medicina: el odio y la incitación.

Así hemos sido. Así hemos ido. A sota, caballo, sangre, sudor y rey. Al decir de Herrera Luque, mentes psicopáticas embriagadas de complejos, despojo y revancha. Necesitamos un nuevo cuarto de hora de “paz, unión y trabajo”.

Pero pido a Dios que “el elegido” no venga a caballo, con espuelas, más reflujos y el mazo dando… Es hora de reconciliar la patria.

* Embajador de Venezuela en Canadá

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Pedro Méndez Dager May 12, 2020 | Actualizado hace 2 semanas
Petare sufre, por Pedro Méndez Dager

@pedro_mendez_d 

Petare sufre en estos días. Sufre desde hace mucho la falta de servicios, la inseguridad, la falta de transporte y de instituciones que trabajen por el bien común. Es parte de la ciudad, pero tales privaciones le impiden disfrutar de todas las ventajas de estar en ella.

En Venezuela, el Estado solo sirve para que quienes lo usurpan puedan perpetuarse en el poder y para perseguir a la disidencia. No hay ni Estado de Bienestar ni Estado de Derecho, por eso no están garantizadas ni la educación, ni la salud, ni la seguridad social, ni la justicia, ni los servicios, nada que implique derechos civiles y políticos.

El Estado está al servicio de grupos corruptos y violentos que someten a todo un país.

Por eso, los petareños hoy sufren más y sus hijos deben ver como normales las armas y las detonaciones y la ley del más violento que controla espacios del barrio, como pasa en el resto de Venezuela con amplias regiones del país entregadas a organizaciones criminales.

Lo que pasa hoy en Petare pasa en el Arco Minero, en Aragua, en el estado Sucre, en todas nuestras fronteras, en el estado Falcón y en todos los lugares en los que se ha entregado a un poder fáctico paraestatal las competencias y responsabilidades que deberían recaer en los organismos de seguridad del Estado.

Entender estas dinámicas es condición necesaria para lograr el cambio político en Venezuela. Cualquier análisis que no tome en cuenta la trascendencia de esto en el equilibrio de la coalición dominante no atiende a la realidad completa de aquello a lo que enfrentamos.  

Los vecinos del municipio Sucre tenemos derecho a tener un gobierno municipal, regional y estadal que nos garantice los servicios, la seguridad, el aseo urbano, la planificación urbana y obras públicas de calidad. Petare, esa parte autoconstruida de nuestro municipio, esa parte, como pocas, hecha con el sudor de la frente de sus habitantes, tiene derecho a vivir dignamente y a tener oportunidades de progreso y de justicia.

De cara al futuro, no solamente habrá que trabajar por recomponer la soberanía, al Estado, a la administración pública y la descentralización para que nuestros municipios puedan desarrollar todo su potencial económico y brindar buena calidad de vida a los ciudadanos. Sino que haciéndolo debemos lograr que quienes en los barrios del país hoy solo ven opciones en la violencia, puedan tener oportunidades de emprender, estudiar y progresar.

Una premisa de cara al futuro es generar las oportunidades para que todos podamos desarrollar nuestras potencialidades, para que cada venezolano pueda estudiar y tener las condiciones mínimas para convertirse en generadores de valor, de emprendimientos, de ideas.

Es problema de todos en nuestra sociedad que tantos jóvenes en los sectores populares encuentren un refugio en la violencia. Y no se trata solamente de construir canchas para sustituir armas por deporte, no se trata solo de administrar de forma correcta el sistema educativo, no son solo programas de alimentación; se trata sobre todo de programas de educación temprana y educación técnica que cambien las perspectivas de futuro de los niños y jóvenes.

Se trata de liberar la economía para atraer inversión, generar empleo y riqueza que cambien los incentivos para toda la sociedad y que cada quien encuentre sentido y una vida digna en el trabajo honrado y en la inversión.

Necesitamos recuperar el Estado, en su esencia y función, y su soberanía.

 

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Miguel Pizarro May 11, 2020 | Actualizado hace 2 semanas
Petare, por Miguel Pizarro
Casco histórico de Petare. Foto José Alfaro / Wikimedia Commons, año 2016.

@Miguel_Pizarro 

Cuando nombro a Petare usualmente viene sucedido de la frase “es el sitio donde nací y crecí”. Sin embargo, hoy Petare no es el mismo barrio de hace 30 años, mucho ha cambiado desde entonces y los hechos ocurridos en las últimas dos semanas son muestra de ello. Yo nací en Fechas Patrias, y la mayor parte de mi infancia la viví en Palo Verde, cada uno queda a un lado de José Félix Ribas, el protagonista de cientos de noticias y mensajes en redes sociales en lo que apenas ha transcurrido del mes de mayo.

Hoy Petare se resume, para muchos, en bandas criminales, armas largas, droga, disparos, terror. Hoy no se habla de las monjas del Fe y Alegría, ni de los profesores que dan su vida en las escuelas de la parroquia; no se habla de las miles de personas que madrugan todos los días para ganarse la vida de forma honrada; ni de las decenas de dirigentes comunitarios y líderes sociales como Chola, Jonathan, Carlos, Betty, Aracelis, Alvis, Gigi, Zulimar que intentan hacerle frente a la tragedia para transformar la realidad de su zona; ni de los comedores infantiles y quienes los hacen posibles.

Los titulares sitúan a Petare en el centro de la violencia. A casi 400 años de su fundación, hoy más que nunca Petare se convirtió en reflejo del país: allí conviven dos realidades, la de quienes a través de la violencia buscan imponerse y la de quienes luchan desde sus espacios por un cambio, por justicia.

Todo resultado de un mismo proceso, de un diseño del Estado que ha hecho al ciudadano indefenso y al concepto de la protección del Estado un eufemismo.

Las bandas criminales llegaron allí y a todos los barrios de Caracas no solo por la ausencia de autoridad, sino por la ambición de poder de un régimen que decidió imponerse a sangre y fuego. Hoy para el petareño la diferencia entre las FAES, el Conas o cualquier otro cuerpo de seguridad y los pranes que manejan las zonas no es mucha, todos son sinónimo de muerte y dolor.

¿Cuáles son las nuevas excusas del régimen? ¿Qué le dicen a la madre que vio cómo mataban a su hijo en su propia casa?, ¿a quienes deben dormir en el piso por miedo a que les impacte una bala perdida?, ¿a quienes viven en la parte alta del barrio y ven helicópteros a metros de su techo como que si fuese una guerra?

¿Qué pueden saber de la frustración y el terror de quienes deben salir de su casa a trabajar para vivir pero no pueden hacerlo porque se impuso un toque de queda?

¿Cuál es la esperanza de quienes ven a su vecino, a un líder comunitario, secuestrado por quienes se supone deben protegerles?

La realidad es que lo que ha sucedido en los últimos días es solo la cúspide de uno de los problemas. Petare tiene tiempo atrás pidiendo ayuda: hoy son las balas, hace unos meses eran los brotes de hepatitis, la tuberculosis, la falta de agua por años, la prostitución por comida, las Operaciones de Liberación del Pueblo. Todas estas cosas evitables, todas prevenibles. Y por desgracia, todas en escalada.

Aun así, somos muchos los que estamos dispuestos a seguir luchando por transformar esta realidad. Sueño con ese día en el que el barrio más grande de Venezuela sea ejemplo de superación; en el que exista igualdad de oportunidades, sin muros que separen la parroquia por clases sociales; ese día en el que sean más los chamos que entran a las escuelas y a los equipos deportivos que los que entran a la cárcel o a la morgue. Ese día en el que nacer en una zona u otra no sea motivo de discriminación, porque el sitio en el que se nace no determina el futuro que se va a tener.

Petare no es solo el circuito al que represento, es el sitio de donde vengo, es mi hogar, es donde está mi familia y también la gente que me abrió la puerta para ser parte de su familia, es un compromiso y un motivo para seguir adelante siempre.

Hoy el clamor de los petareños es uno solo: que no siga lloviendo plomo sobre quienes ya ha llovido suficiente tristeza.

* Miguel Pizarro / Diputado a la Asamblea Nacional por la parroquia Petare, comisionado de la presidencia interina ante la ONU. 

 

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Petare y el Estado que no existe
Panorámica de Petare, 10 de julio de 2016. Foto Andrés Gerlotti / Wikimedia Commons.

@BrianFincheltub 

A Petare no lo conozco porque me lo contaron o lo vi de la autopista a lo lejos. A Petare lo conozco porque allí comencé, crecí y me formé como profesional, servidor público y persona. Es la escuela que cualquier servidor público quisiera tener. Con desafíos enormes, pero de oportunidades inigualables para innovar y aprender.

Mi amor por Petare comenzó mucho antes de llegar a la alcaldía de Sucre, donde tuvimos la oportunidad de hacer gestión después de años de una desastrosa administración en la que el municipio y en particular Petare habían sido sumidos en el olvido y la desidia más absoluta.

Les cuento más sobre mi experiencia: es cierto que muchas de las cosas que pudimos lograr en Petare fueron gracias a la conducción de un equipo encabezado por el alcalde Carlos Ocariz, pero la mayoría de los proyectos allí concretados no hubiesen sido posibles, y estoy seguro de que Carlos me dará la razón, sin la voluntad, el trabajo y la determinación de los petareños.

No he visto un nivel de organización semejante. Una organización que no partía de la alcaldía, sino de las comunidades. Eso permitió que en cada rincón de ese mosaico lleno de laberintos que es Petare, nuestra acción llegara y lo hiciera muchas veces para cambiar vidas.

Debo reconocerlo, hubo enormes dificultades el camino, pero siempre había un líder en cada sector, calle o escalera dispuesto a advertirnos y ayudarnos a buscar soluciones. Esos líderes no desaparecieron con el fin de nuestra gestión, quedaron allí en sus comunidades, haciendo lo que siempre han hecho: servir, denunciar y combatir.

El Petare que siempre buscamos impulsar fue el que saliera en las noticias por las canchas inauguradas, por los espacios recreativos recuperados, por el número de jóvenes becados en las mejores universidades del país. No el Petare que hoy vemos en las redes sociales, ese donde el Estado entrega voluntariamente el monopolio de la violencia legítima a manos de grupos al margen de la ley, y cuando esos grupos se les vuelven incómodos deciden imponerse llevándose todo a su paso. Y, vaya casualidad, a los primeros que intentan llevarse por el medio son a esos líderes de los cuales les hablábamos, quienes han hecho posible que las comunidades no mueran en silencio, siendo los únicos que se atreven a levantar su voz en medio del control social impuesto por la dictadura.

En su razia, el régimen madurista también se lleva por delante la vida de inocentes, jóvenes que son sacados de sus casas y asesinados por los órganos de exterminio de la dictadura solo porque “parecían malandros”.

Quizás mi opinión sea impopular, pero en Venezuela no hay pena de muerte aunque no es lo que la mayoría desee; el peor de los delincuentes debe ser sometido a la ley y creo que está suficientemente claro que el FAES están muy lejos de encarnar la ley. No lo digo yo, lo ha dicho el Consejo de DD. HH. de la ONU.

También entiendo lo que sucede en la Venezuela madurista, donde más valor tiene el bolívar que el respeto de la ley, y la gente harta de la impunidad apoya cualquier tipo de medida que se parezca a “mano dura”, sin darse cuenta de que al legitimar hoy el asesinato extrajudicial del malandro, justificamos mañana indirectamente el asesinato del estudiante, del que protesta, del periodista, del sindicalista.

Los hechos de Petare tienen como únicas víctimas a la inmensa mayoría de quienes allí habitan, quienes, me consta, son en su gran su mayoría gente trabajadora, servicial y con enormes ganas de progresar. No es nuestro deber ni ser jueces, ni condenar a las personas por el lugar en el que nacen, eso es otro de los males que nos ha dejado el chavismo.

Vendrán mejores tiempos para Petare y para Venezuela, de eso no tengo dudas. Mejores tiempos en paz. A mi gente de Petare les doy mi palabra de que pronto estaremos junto con ustedes reconstruyendo todo lo que el madurismo y la oscuridad han destruido. ¡Fuerza mi Petare!

 

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