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El diputado y jefe de la fracción opositora de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, denunció este martes 18 de abril que en el centro de atención psicosocial del estado Vargas, el cual depende del Ministerio de Salud del Estado, en lo que va de mes han fallecido 7 personas. 

De los fallecidos, 4 personas han muerto por problemas alimenticios y 3 personas por falta de medicinas. Guaidó denuncia que el centro lleva 7 meses sin recibir medicinas  y tampoco se han realizado los pagos al ente del Estado Mercal encargado de proveer alimento.

Según información dada por el personal de cocina, el centro debería contar con 65 kilos mensuales de proteína para cumplir con las tres comidas al día y las dos meriendas; Sin embargo, gracias a la falta de comida el estado de los pacientes empeora cada día. El personal de cocina sólo logra rendir lo poco que llega por donaciones privadas y las enfermeras distribuyen las pocas medicinas que les entregan para los casos más críticos.

Así mismo el jefe de la fracción opositora de la AN informó que la Gobernación “en vista de la falta de efectividad por parte del gobierno nacional” ha nombrado un padrino que será el procurador del Estado Vargas, Pedro Rodríguez, quien tendrá como función “solventar los problemas que ha dejado la ineficiencia del gobierno”.

B. BFincheltub Mar 09, 2018 | Actulizado hace 2 años
No es normal, por Brian Fincheltub

 

Cuando en 2005 comenzamos nuestro trabajo social en Petare, siempre fuimos con la intención de llevar sonrisas y salvar vidas de la violencia. Lo que nunca imaginamos es que trece años después del inicio de aquellas actividades que ponían a los niños a soñar y a sonreír íbamos a tener que cambiar el cine en la calle, las canchas, los programas de becas, los colchones inflables y las piscinas por un plato de comida que no solo representa el almuerzo o la cena del día, representa la diferencia entre la vida y la muerte para decenas de miles de niños que apenas empiezan a crecer.

Lamentablemente no abarcamos todo lo que quisiéramos abarcar y nuestra realidad se deteriora con la rapidez de un avión que cae a tierra, con la diferencia que nuestra desgracia no parece tener fondo, seguimos y seguimos bajando sin terminar de estrellarnos. Hace unas semanas atrás, en el sector Republica Unida de San Blas en nuestro Petare, murió una niña de tan solo un año y dos meses víctima de desnutrición. Una niña que lamentablemente no es la única en esas condiciones en ese sector, hay muchos pequeños en las misma situación y lo peor es que si nosotros no hacemos algo para cambiar esta realidad, probablemente correrán con la misma suerte.

No es lo mismo leer la cifra en papel que ver rostros hundidos, barrigas infladas de parásitos y los ojos perdidos de niños con hambre. No es lo mismo juzgar desde lejos a una madre cuyo hijo muere de desnutrición a escuchar su llanto de desesperación por no haber podido hacer otra cosa que calmarle el hambre con teteros de agua de yuca. Cuando escuchas, hablas, entiendes al otro, comprendes que lo que nos pasa no es normal y jamás podrá serlo.

Estos recorridos que te dejan cansado, como si vinieras de correr en un maratón, no por lo largos, sino por lo duro que uno tiene que ver y escuchar. Pero si te cansas y no te recuperas solo te queda la frustración. Cuando decidí quedarme en Venezuela lo hice por una razón: seguir haciendo lo que me gusta, ayudar a los otros, sobre todo a quienes más lo necesitan. Hoy ayudar no solo significa una pasión sino una obligación, sobre todo con quienes apenas están empezando a vivir y tendrán que crecer con las marcas permanentes que deja el hambre en el desarrollo.

Esta semana estuvimos en ese sector donde murió la niña de apenas un año y medio, porque gracias a la ayuda y solidaridad de venezolanos fuera y dentro del país, lograremos abrir a través de nuestra fundación “Un Par Por Un Sueño” muy pronto otro comedor más en este sector para alimentar a niños en situación de desnutrición. Es poco dentro de lo mucho que hay por hacer, pero un gran mensaje para quienes también tienen la posibilidad de ayudar a que se unan a esta iniciativa y nos ayuden a salvar miles de vidas. Todos podemos hacer la diferencia.

Venezuela, no nos podemos acostumbrar a ver niños morir de hambre, como ya nos hemos acostumbrado a leer partes de guerra semanal, a vivir con miedo, con escasez, sin futuro, a que nada cambie, a qué todo empeore. No es normal ni lo será y no sé cuándo iremos a cambiar, pero si comenzamos cambiando nosotros, desde nuestro entorno, sin duda que la misión de recuperar el país que perdimos nos tomará menos tiempo.

@Brianfincheltub

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Encovi 2017: 61% de los venezolanos se va a la cama con hambre por no tener comida

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87% de la población registró un nivel pobre de ingresos, cinco puntos porcentuales más que en 2016

Lorena Meléndez G.

@loremelendez

Escasez, imposibilidad de comprar productos alimenticios, comida que no llena los requerimientos nutricionales necesarios. 80% de los venezolanos está en situación de inseguridad alimentaria, es decir, ha perdido la capacidad de tener en casa alimento suficiente tanto en cantidad como en calidad. Y eso se ve en sus cinturones. En promedio, durante el año pasado, 64% de la población perdió al menos 11 kilos de peso, 4 kilos más de los reportado en 2016.

Todas estas cifras corresponden a los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi 2017), que presentó este miércoles, 21 de febrero, el estudio elaborado por tres universidades (Universidad Central de Venezuela, Universidad Simón Bolívar y Universidad Católica Andrés Bello) que fue aplicado en 6.178 hogares del país entre julio y septiembre de 2017.

“Lo que estamos viendo es una tendencia al empeoramiento. Lo estamos viviendo y documentando. Lo triste es que desde el gobierno, pudiendo haber hecho cosas y tomado decisiones, no se hicieron”, señaló Marianella Herrera, médico nutricionista de la Fundación Bengoa que participó en la investigación y que recordó que las alertas sobre estas cifras han sido advertidas desde 2014, cuando se informó que Venezuela había llegado a los mismos niveles de pobreza de 1998, antes de que Hugo Chávez tomara el poder.

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La inseguridad alimentaria va de la mano con el crecimiento de la pobreza en el país. Durante 2017, 87% de la población registró un nivel pobre de ingresos que fue cinco puntos porcentuales más alto que el de 2016, cuando el mismo indicador se ubicó en 81,8%.

Esa pobreza aumenta a medida de que la muestra se desplaza de la capital hacia las ciudades del interior hasta los pueblos y caseríos, donde el indicador llega a 74,5%.

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La inflación se identificó como un factor que impulsó el aumento de la pobreza. El renglón de los “No pobres” se redujo cuatro veces en los últimos cuatro años y pasó de representar a 44,7% de la población a ser solo 11,2% de la muestra. En tanto, la “Pobreza crónica” casi se duplicó entre 2014 y 2017, pues se incrementó de 16,1% a 30,4%. La “Pobreza reciente” creció, en ese mismo período, 23 puntos: de 33,1% a 56,2% .

90% sin dinero para comer completo

Seis preguntas determinaron que 80% de los encuestados está en situación de inseguridad alimentaria. El instrumento que se utilizó fue el módulo corto de la Encuesta de Seguridad Alimentaria de los Hogares de Estados Unidos, elaborado por el Servicio de Investigación Económica del Departamento (Ministerio) de Agricultura estadounidense. Cuando tres o más respuestas a estas interrogantes son positivas, se concluye que en el hogar hay inseguridad alimentaria.

Fue así como se conoció que 70,8% de los encuestados ha estado sometido a situaciones en las cuales los alimentos no son suficientes o no ha alcanzado el dinero para satisfacer sus necesidades. Para ese mismo porcentaje tampoco es posible llevar una dieta balanceada con lo que adquiere.

El estudio pudo conocer que, en los últimos tres meses, 63,2% en alguna oportunidad se ha saltado una comida o ha recortado la ingesta por falta de dinero. En ese mismo período, 79,8% admitió que ha comido menos porque no había suficientes alimentos en su hogar, mientras que 78,6% dijo que la escasez le había hecho consumir menos comida. 61% confesó que se ha ido a la cama con hambre por no tener dinero para comer.

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La Encovi 2017 estableció que 9 de cada 10 venezolanos (90%) no tiene ingresos suficientes para cubrir el gasto en alimentos. Tal cifra resultó ser menor a la del año pasado (93%), aunque esto –explica Herrera– no significa que la población se alimente de forma adecuada. Para la experta, la respuesta a esta incongruencia podría estar en una distorsión de la percepción de lo que se come.

“No es una mejoría porque cuando metemos la lupa y analizamos, lo que vemos es un deterioro que nos lleva a pensar en la calidad de la alimentación que está recibiendo la población”, señaló la nutricionista, quien no descarta que tal resultado haya sido empujado por la recepción de las cajas de los Consejos Locales de Alimentación y Producción (CLAP) que, aunque irregular, hace pensar al beneficiado en tener productos en casa que antes era difícil conseguir.

Son precisamente las misiones alimentarias del gobierno las que benefician a más venezolanos. Más de doce millones y medio de venezolanos afirmó que recibía las cajas o bolsas de los CLAP, número que duplica al que se registró hace dos años. Sin embargo, la frecuencia de la recepción es discrecional. Poco más de la mitad informó que no la reciben cada mes, tal como está estipulado. Esta situación empeora en pueblos y caseríos.

La Misión Barrio Adentro fue el segundo programa social más mencionada por los encuestados, por eso se calcula que apenas llegó a atender a menos de 200 mil personas en 2017.

Alimentación deficitaria

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Por primera vez, el arroz desplazó a la harina de maíz como el alimento más consumido por los encuestados: en 78,8% de los hogares estuvo dentro de la planificación de compra familiar. La harina de maíz quedó segunda con 73,6%, seguida de pan y pastas con 73,2%.

Las proteínas, carnes rojas (39,9%) y pescados (39,3%), quedaron en el octavo y noveno lugar, mientras que el pollo (34,3%) ni siquiera estuvo entre los 10 productos con más demanda. También quedaron por fuera las hortalizas (34,4%) los huevos (33,5%) y los lácteos (19,2%).

Tales cambios, apuntó la experta, son propios de una dieta ‘anémica’, con escasos micronutrientes, proteínas, calcio y ácidos grasos que están incluidos en la leche y en productos que hoy se consiguen importados, pero de mala calidad. Predominan los carbohidratos, mientras que vegetales y frutas quedan como un bien escaso.

“Esa población ‘normal’ que ves ahorita va derechito al deterioro. La ves hoy y dentro de tres meses no la vas a reconocer porque ha cambiado su fisionomía , su aspecto y allí no podemos intervenir porque no podemos sustituir las acciones del gobierno”, enfatizó Herrera.

La comida que más suele saltarse la gente es el desayuno, ya que solo 80% dijo que lo hacía a diario. La cena la consume 94% de los encuestados y el almuerzo, 95%. Las meriendas prácticamente desaparecieron de la dieta y solo están en la ingesta de entre 3% y 8% de los consultados. Aproximadamente 8,2 millones de venezolanos tienen dos o menos comidas al día.

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Los Runrunes de Bocaranda de hoy 01.02.2018: MEDIO: Hambre y la desnutrición
MEDIO
¿POR QUÉ EL HAMBRE?: 
No hay que esforzarse mucho a la hora de buscar el responsable del hambre y la desnutrición que viven los venezolanos actualmente. Es el gobierno de Nicolás Maduro y su consolidada estrategia de destruir todo lo existente e insistir con algo comprobadamente imposible: imponernos una economía estatizada, copia de la cubana y de la fracasada y desaparecida URSS de 1990 que tanto admira y quiere repetir el tan mentado Serrano Mancilla. El ejemplo lo obtuvimos en reunión de expertos de nuestra cadena alimentaria: Para el 2014 Venezuela tenía cerca de 160.000 cerdas madres que permitían lanzar al mercado anualmente más de 210 mil toneladas de carne porcina a los hogares venezolanos, por lo demás una de las fuentes de proteínas de más bajo costo que existe. Hoy, luego de todo un listado de expropiaciones, amenazas, fijaciones de precios, persecuciones penales, atropellos de la Sundee y desconocimiento del valor de las cadenas de producción, Venezuela no tiene más de 63.000 cerdas madres, y se abastece a la población, como mucho, unas 90 mil toneladas anualmente, cifras confirmadas confidencialmente en el propio Ministerio de Agricultura y Tierra. Nunca las harán públicas. Las cifras señalan que los venezolanos registrábamos un promedio de consumo cercano a los diez kilos por persona anualmente. Hoy no llegamos a un kilo/año/persona. Demuestra la falsedad de la supuesta “guerra económica” que el régimen se ha inventado para esconder sus errores y desastres. Pregunté a los expertos cómo es la alimentación de esas cerditas madres y me indicaron que para el 2014 llegaban al país un promedio de 5 barcos cargados de maíz y unos 3 cargados de soya. Hoy, como máximo llega solo uno cada 40 días, en un proceso de importaciones que también ha sido estatizado para el beneficio de los nuevos millonarios amigos del régimen. ¿Uniformados y enchufados?.
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Cáritas: 280 mil niños podrían morir por desnutrición

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Los más pequeños de la casa se han vuelto el blanco de la crisis alimentaria y de medicinas. Cáritas de Venezuela estima que 280 mil niños podrían morir a causa de la desnutrición.

Estudios de la organización revelan que durante 2017 fallecieron semanalmente entre cinco y seis niños por falta de alimentación, y al menos 33% de la población infantil presentaba retardo en su crecimiento, lo que a juicio de la nutricionista Susana Raffalli, es un daño irreversible.

El alto índice de desnutrición aguda en niños menores de seis meses duplica la de los infantes mayores de dos años; de la muestra de más de 20 parroquias, el 15% presenta sobrepeso, lo cual, según refiere la experta, podría traer consigo una malnutrición subyacente expresada en déficit de micronutrientes, como la anemia.

Aunque en 2017 la organización atendió a más de tres mil niños desnutridos, para este año los inventarios de suplemento nutricional están agotados y mantienen la incertidumbre de cuándo podrán reponer y continuar apoyando a los más pequeños.

Pablo Hernández del Observatorio Venezolano de la Salud (OVS) especificó que el 60% de la población infantil se encuentra desnutrida, mientras que Edison Arciniegas, de Ciudadanía en Acción, agregó que un millón doscientos mil venezolanos padecen la desnutrición crónica, con mayor ahínco en los estados Amazonas, Apure, Delta Amacuro, Monagas y Sucre.

Contrastando un poco lo que menciona Raffalli, afirma que 50 mil ciudadanos tienen “su vida comprometida” para el primer trimestre de este año debido a la desnutrición, que probablemente vienen padeciendo desde el 2015. “Estarían presentando desnutrición proteica, es decir, consumen el 10% de las proteínas y menos del 40% de las calorías”, detalló.

Los rostros del dolor vs la geopolítica del hambre: ¿Feliz año nuevo? , por Marianella Herrera

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Desde pequeña, me angustiaba mucho ver niños pidiendo dinero en las calles de Caracas, sin sus madres. Me cuenta Gloria, mi mamá, que yo no podía dormir o tenía pesadillas, porque me preguntaba una y mil veces donde estaban las madres de esos niños que había visto en algún semáforo de Caracas, también me preguntaba: ¿comían esos niños? Ahora me pregunto: ¿dónde estarán hoy? Esos niños de los años 70, tienen posiblemente mi edad. Los 70 fueron años muy distintos a los que corren … 

Mis padres eran comunistas, unos muy especiales, ciertamente, honestos y trabajadores, creían en un “hombre nuevo” en una sociedad distinta, donde todos seríamos igualmente sanos, honestos, trabajadores, con igualdad de derechos y oportunidades.

La primera vez que interactué con una sociedad comunista, fue en el año 1976, cuando mi padre, Adolfo Herrera viajó por varios meses a China, en calidad de invitado especial por ser corresponsal de la agencia china de noticias Xinjua. Yo tenía 10 años, llegué a China, luego de un largo periplo desde Caracas, vía París, Karachi y finalmente Beijing. Al llegar fuimos alojados en un antiguo palacio destinado a los intelectuales, allí había puentecitos, pequeñas unidades de viviendas, tipo pagodas, y el comedor, común para todos los que allí estábamos que era inmenso. Servían banquetes desde el desayuno hasta la cena, imposible de comer todo aquello.

En esa visita, un día me escondí y le dije en secreto a mi mamá: esto no me gusta (ella, ya sabía que a mí no me gustaba el comunismo, ya habíamos pasado por eso,  y si les interesa lean: “De regreso de la revolución” @editorialgloria). Cuando salimos hacia las zonas rurales, y recuerdo especialmente la salida a Tachín, al norte de China, le expliqué a mi madre: la gente luce triste, las caras de la gente “no combinan” con lo que dicen. Esta fue la percepción de una niña de diez años en 1976. Más adelante me enteré, que el presidente Mao Zedong, había dictado “la línea” para los chinos de comer un tazón de arroz dos veces al día. Luego, y gracias a mis estudios como médico y como investigadora en el área de las enfermedades asociadas a la nutrición, entendí que Mao, al igual que muchos líderes que han hablado de nutrición, lo hacen desde un punto de vista de dista mucho de ser el de conseguir la adecuación nutricional de la población. Me tomó algo de tiempo y de estudios, darme cuenta que esas caras de tristeza, muy posiblemente eran rostros de quien tiene hambre, de quienes no comen completo, de quienes a pesar de ser pioneros en la ingesta de insectos para obtener proteínas, tenían una ingesta de nutrientes muy por debajo de sus necesidades. El presidente Mao, solo les ofreció lo que sería una “gran” ventaja, pero incompleta, llena de deficiencias, al final nadie cubre las verdaderas necesidades nutricionales con solo dos tazones de arroz al día.

Pocos entendieron la versión criolla de los dos tazones de arroz: cuando en el pasado se decía que los venezolanos estaban obesos, esa obesidad enmascaraba un proceso de hambre oculta. No basta “rellenar” el estómago para calmar el hambre, la ingesta de alimentos debe cubrir los requerimientos de todos los nutrientes.

Podemos comprender que básicamente, quien tiene hambre es potencialmente peligroso, pero también se hace vulnerable para someterse a quien le da de comer. Esto hace que los alimentos sean puntos estratégicos de control en los regímenes autoritarios y antidemocráticos, como fuente de manipulación y sometimiento.  Amartya Sen ha hablado suficientemente sobre la relación entre hambrunas y regímenes antidemocráticos, no lo digo yo, lo dice un premio nobel de economía. Pero el problema del acceso a los alimentos es tan importante, que aún en los sistemas políticos verdaderamente democráticos, se presenta la contradicción de establecer de qué manera se atiende a los hambrientos, sin vulnerar su dignidad, respetando la ética para satisfacer sus necesidades nutricionales. Como hacer ante los eventos de la naturaleza y como enfrentar la geografía de la alimentación. Sí, es todo un tema geopolítico.

Es difícil sistematizar el cómo ejerce  influencia la gran politización de las condiciones de vida: te doy una casa, te doy comida, te doy salud. Y a cambio de qué, ¿cómo se mide esa interacción? La politización de las condiciones de vida, discriminan a quien no está con la política de turno y que ejerce el control, y para el caso de la alimentación es la estrategia de la geopolítica del hambre: donde estas, que tienes, que podrías tener, y como se controlan los alimentos para perpetuarse en el poder. Para muestra un botón: las bolsas CLAP. Un sistema militarizado y corrupto de reparto de comida, sin ningún tipo de análisis de las necesidades individuales o familiares, no hay monitoreo ni evaluación del programa, no sabemos cuáles son los criterios de inclusión para ajuste de los requerimientos nutricionales, no hay seguimiento para determinar la evolución del programa, para saber lo que debe mejorarse o bien lo que ha sido exitoso si es que lo hubo en ese abismo negro que son los CLAP. Y para muestra de la violencia que genera un sistema de control como este, tuvimos lo ocurrido en diciembre con la controversial entrega de perniles y seguimos viendo la violencia generada al inicio del año 2018.

Los regímenes autoritarios, terminan en hambre, la Europa Nazi y la restricción de alimentos, el fin de la segunda guerra mundial y la hambruna holandesa, la Cuba del período especial y sus otros períodos, la China de Mao, la Venezuela de Pérez Jiménez (en ese período hubo un aumento de la desnutrición para quienes no lo sabían y solo ven la construcción de infraestructuras), las Repúblicas Africanas dictatoriales, y por supuesto la Venezuela actual por solo mencionar algunos casos. Entonces, ¿es el hambre un problema geopolítico? ¿es un problema humanitario? ¿es un problema económico? La respuesta es que es un problema complejo con muchas dimensiones ¿El hambre crea inestabilidad política? Si, ¿pero más bien será que la inestabilidad política, las instituciones débiles y el deseo de control llevan al hambre? La respuesta la tiene el pueblo venezolano, la tiene por la consciencia y el duro aprendizaje vivido. De los líderes que han expresado un “slogan” alimentario o nutricional en el pasado el único que al menos para mí tuvo sentido, fue Enrique IV de Francia (Enrique de Navarra) cuando dijo que para los trabajadores franceses de su reino: “Le dimanche un poulet dans le casoulet” Los domingos un pollo en el caldero, al menos Enrique IV pensó en términos realistas, y pensó en algo más que carbohidratos: pensó en las proteínas. No tengo duda que los súbditos de Enrique IV tendrían un rostro más feliz, que el de los chinos del año 76 y que el de los venezolanos del 2017.  Mi deseo para el nuevo año 2018: Que el deber ser regrese a Venezuela en el área de la alimentación y nutrición. Un hogar con un ingreso digno es un hogar que puede adquirir alimentos, un mercado abastecido es un mercado que ofrece libertad de elegir lo que vamos a comer adecuado a nuestro entorno cultural, a nuestro conocimiento nutricional, a nuestras tradiciones culinarias. ¡Que el 2018 traiga el regreso de los “tres golpes” a la mesa de los venezolanos! Ahí, comenzará un mejor y feliz año 2018.

@MHerreradeF

El carnet del hambre, por José Domingo Blanco

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Un reconocido portal de noticias abre con una información que uno esperaría conmoviera hasta al más insensible de los funcionarios del régimen: Johan, un muchacho de 13 años, murió en un hospital de Portuguesa, víctima de una desnutrición severa. Al momento de su muerte, pesaba tan solo 11 kilos. Léase bien: ¡11 kilos! Peso que está más acorde con el de un bebé entre los 10 meses y el año. No con la edad que tenía Johan. No es el final que merecía tener Johan. Pero, tampoco es el final que merecen cientos de venezolanos afectados por la hambruna y sobre quienes pende una sentencia de muerte. Porque, con Johan, suman once los decesos de niños para quienes la palabra comida no existió. Y, cuando el hambre es la constante, los resultados son predecibles. La desnutrición severa, esa que Caritas y Susana Rafalli vienen denunciando desde hace ya algún tiempo, está cobrando vida propia y tragando con voracidad a la población más vulnerable de una Venezuela irreconocible; pero, sobre todo, de una Venezuela muy pobre que comienza a sucumbir de inanición.

Somos una nación arruinada y miserable, en donde aún se producen escandalosos contrastes: mientras nuestros niños mueren por falta de comida o medicamentos; Maduro, con su inocultable sobrepeso y desfachatez, celebra su cumpleaños en cadena nacional, restregándonos que el despilfarro es uno de los usos que puede darle al dinero de la nación. Unos recursos que, en vez de pagar los honorarios de sus cantantes de merengue favoritos, hubieran contribuido para que los hospitales del país tuvieran algo de dotación.

El hambre, así como la escasez de alimentos y medicinas, es la estrategia de control con la que el régimen logra la sumisión del país. Es la fórmula magistral con la que ha logrado que un segmento de la sociedad se arrodille suplicando una caja CLAP o ruegue por ser fichado con el Carnet de la Patria y celebre cuando lo logra. El régimen le ha quebrado las rodillas a un sector de la población, que hoy le agradece a su victimario las muletas que le permiten seguir andando.

Esta situación tenemos que entenderla, para detenerla. Y esa es la inquietud que mueve a distintos grupos y ONG interesados en la búsqueda de soluciones a un problema que amenaza con seguir cobrando víctimas. Y con esa motivación como norte, este jueves asistí a un encuentro organizado por la agrupación Quiero un País, que dirige mi apreciado amigo Werner Corrales. Allí, junto con otros colegas, tuve la oportunidad de escuchar la inquietud del exministro Carlos Walter, quien aseguró que la crisis en el sector salud se ha agudizado en los últimos tres años; con un agravante adicional que aportó Corrales: el escozor que le causa al régimen el término “ayuda humanitaria”, una solución que ofrece la comunidad internacional y que podría paliar la grave crisis que, en materia de salud, alimentación y derechos humanos, estamos sufriendo en Venezuela. Pero, el régimen se niega. Rechaza, sin escuchar argumentos ni razones, esa asistencia humanitaria que ofrecen organismos internacionales que ven, con alarma y preocupación, lo que ocurre en el país y el efecto que puede tener en el resto del continente.

Al régimen le incomoda la frase “ayuda humanitaria” quizá por la soberbia que caracteriza a los magnates venidos a menos que, por malos manejos financieros, caen en bancarrota. Por eso, la arrogancia de los voceros del desgobierno cuando aseguran que no necesitamos limosnas. Porque, aceptar la “ayuda humanitaria” sería reconocer que llevaron al país a la quiebra. Es reconocer que estamos en la ruina pese a que alguna vez, durante estos últimos 18 años, tuvimos el ingreso petrolero más alto de la historia; pero, que no supieron administrarlo. O que se repartieron entre ellos como cuando los ladrones, después de cometer el asalto, se reparten el botín entre los integrantes de la banda delictiva.

Está claro, aunque quizá no para toda la población, que el régimen ha sido incapaz de luchar contra la pobreza, esa que Chávez ofreció acabar; pero, que se ha acentuado durante los años que tienen controlando el poder. Han sido hábiles diseñando argumentos con los que culpabilizan a otros de sus responsabilidades, despilfarros y pésimas actuaciones. Han logrado que, todavía hoy, a pesar de la destrucción y miseria que han provocado, las encuestas los favorezcan con las intenciones de votos de un grupo de venezolanos que ven en el chavismo/madurismo, en los Clap y el Carnet de la Patria, la solución de sus problemas y, quizá, hasta la venganza por los años en los que fueron invisibles para los gobiernos anteriores.

Así, mientras el desgobierno se jacta de una abundancia de recursos -que ya no existe, de sus motores productivos -que no arrancaron, de su poderío –que se resquebraja y su petrochequera –sin fondos; muchos venezolanos son reclutados por la hambruna, sin poder resistirse ni luchar contra ella… ¡Como Johan, que murió de 13 años, pesando tan solo 11 kilos!

@mingo_1

Instagram: mingoblancotv

FAO: Venezuela registró 1,3 millones de personas subalimentadas

FAO

FOTO: @FAOAmericas

 

La cantidad de latinoamericanos y caribeños que padecen hambre aumentó 6% en 2016 respecto del año anterior para ubicarse en 42,5 millones de personas y la región tendrá problemas para cumplir su meta de erradicar el hambre en 2030 si continúa esta tendencia, se informó el martes.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtieron en un informe conjunto los indicios de un deterioro de la situación en Sudamérica, donde el hambre creció de 5% en 2015 a 5,6% en 2016.

Venezuela fue el país del continente que experimentó la mayor alza en subalimentación, al aportar 1,3 millones de los 1,5 millones de nuevas personas con hambre en Sudamérica entre 2014 y 2016, respecto del bienio previo.

El país -cuya economía ha sufrido una contracción acumulada de 44,6% entre 2014 y 2018 según el Fondo Monetario Internacional- fue uno de los seis países en los que aumentó la proporción de personas subalimentadas, mientras que otros 21 países la redujeron.

Haití fue el país de la región con una mayor proporción de subalimentación, de casi la mitad de su población. Antigua y Barbuda, Bolivia y Granada presentaron tasas de al menos un quinto de sus respectivas poblaciones.

Brasil, Cuba y Uruguay presentan una prevalencia de subalimentación inferior al 2,5%, mientras que Argentina, Barbados, Chile, México y Trinidad y Tobago están por debajo del 5%.

El informe destacó que además de luchar para erradicar la deficiencia alimentaria los gobiernos de la región también necesitan concentrarse en el sobrepeso y la obesidad.

Todos los países del continente han incrementado sus tasas de obesidad en adultos entre 1980 y 2014 y en al menos 24 naciones los obesos superan el 20% de la población.