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Colette Capriles

Políticos y sociedad civil conforman comisión opositora para diálogo en República Dominicana

SGonzález

Foto: Kimberly Valecillo

 

La tarde de este lunes 27 de noviembre, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) presentó la lista de políticos y representantes de la sociedad civil organizada que irán al encuentro con el gobierno en República Dominicana este 1 de diciembre.

El comunicado lo leyó Jorge Roig, ex presidente de Fedecámaras, quien explicó que la comisión estará encabezada por el diputado Julio Borges. “Hemos decidido ser parte de le Venezuela que busca un proceso de negociación para defender la Constitución, un canal humanitario de medicinas y alimentos, que no haya presos políticos…”, agregó.

La comisión del diálogo de la MUD, indicaron estará dividido en dos equipo. En el equipo técnico estará: Vicente Díaz, Simón Calzadilla, Daniel Sierra, María Eugenia Mosquera, Marcela Máspero, Feliciano Reyna, Jorge Roig, Juan Manuel Rafalli, Colette Capriles, Asdrúbal Oliveros y León Arismendi.

En el caso del equipo político, estará conformado por: Julio Borges, Eudoro González, Luis Florido, Gustavo Velásquez, Enrique Márquez, Timoteo Zambrano, Luis Aquiles Moreno, Luis Carlos Padilla.

Por su parte, el jefe de la fracción parlamentaria de la MUD, Stalin González, explicó que la Asamblea Nacional sesionará este martes sobre el tema y el miércoles los miembros de la comisión que viajará a República Dominicana ofrecerán una ruda de prensa.

Observatorio de Conflictividad Social: El referendo revocatorio es garantía de paz social

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El malestar social en Venezuela crece como la espuma. Así lo revelan las cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), organización que registra un incremento en el número de protestas diarias, las cuales pasaron de 16 diarias en 2015 a 18 en lo que va de 2016, pero como si este dato no fuera suficiente también contabiliza un aumento de las manifestaciones violentas las pasaron del 2% al 7% en el mismo período. Para lograr revertir esta tendencia expertos abogan por la activación del referendo revocatorio presidencial, por considerar que sería una vía para rebajar el descontento.

“Si el referendo se celebra y sus resultados están acordes con el sentido de la mayoría indiscutible contribuirá a reducir las actuales tensiones, porque la gente verá que su intención y deseo de cambio se puede lograr por vías pacíficas y democráticas”, afirmó Marco Ponce, director del OVCS.

En similares términos se pronunció, la psicóloga social Colette Capriles, quien aseveró: “Si el revocatorio se da en los tiempos correctos y en las condiciones de transparencia requeridas para evitar cuestionamientos a los resultados evidentemente contribuirá a la pacificación (…) El revocatorio tiene el efecto de recuperación de la paz social y de rebajar la conflictividad política, porque tiene la virtud de que se le consulta al pueblo directamente su opinión”.

Tras indicar que solo en mayo han contabilizado preliminarmente 73 saqueos o intentos de saqueos, número que equivale al 56% de los 166 actos vandálicos que habían registrado entre enero y abril, Ponce expresó su preocupación por lo que podría pasar en el país de mantenerse las políticas que han incentivando estas acciones.

“Si se da un cambio de Gobierno y de políticas económicas los venezolanos deberán ver mejoradas sus condiciones de vida y, por ende, las protestas y algunas expresiones de protestas violentas que hoy vemos se irán reduciendo. Sin embargo, si continuamos con las actuales políticas erradas se llevará al país a una crisis humanitaria, por falta de alimentos y medicinas, al tiempo que se aumentado el malestar”, alertó.

Por su parte, Capriles alertó que los obstáculos que están poniendo las autoridades a la celebración de la consulta prevista en el artículo 72 de la Constitución podrían terminar agravando el actual clima de crispación.

 

 

 

El País: El porvenir de una desilusión por Colette Capriles

Nicolas Maduro

Pasarán años antes de que se alcance una versión plausible acerca del tamaño de la sorpresa que recibió Nicolás Maduro ese 17 de diciembre. El hecho por sí solo, ese espectáculo de nado sincronizado que protagonizaron Raúl Castro y Barack Obama, causó un impacto que marca el siglo XXI con los ingredientes mejor escogidos para enterrar el pasado rindiéndole un sentido homenaje: espías, canje de prisioneros, cuidadoso timing, secreto absoluto, un Papa latinoamericano, Canadá y su policía montada, negociadores desconocidos, ese olor a inesperada libertad como el de 1989, y hasta –parece– un embarazo a distancia.

Fernando Mires lo resumía, arendtianamente, como “un nuevo comienzo” (y puede ser que así comience, por fin, este siglo). Pero la pregunta, instantánea, que todos los venezolanos nos hicimos fue: “Maduro, ¿tú sabías de esto? ¿Sabías de esto cuando, dos días antes, convocaste al ejército de autobuses que transportarían a centenares de empleados públicos a la avenida Bolívar de Caracas para que te escucharan vociferar las más manoseadas consignas contra el imperialismo yanqui, para que te vieran alzar la espada de Bolívar sin reírse y terminaran su día en una fila intentando comprar la harina o el azúcar o el café que hace semanas que no llega a su pueblo?”.

Es difícil elegir entre el cinismo y el ridículo, y no tenemos cómo dilucidar ese asunto ahora. Pero la respuesta es crucial. Como todo evento que tuerce la historia en una dirección imprevista, el reencuentro de Estados Unidos y Cuba tiene muchas líneas de fuga. Con un yes, we can crepuscular Obama reconfigura todo el significado de su gestión y la agenda de la campaña electoral que se avecina. Pero esencialmente, cura una ausencia. El vecino del norte reaparece como un personaje de Carson McCullers: sin la vieja arrogancia, con el sombrero más gastado, sentándose en la mesa con los otros. Y más allá de la recomposición de las relaciones hemisféricas, lo estratégico en mi opinión es la despolarización del discurso político en América Latina, privado ahora del “enemigo principal”. Es como si se hubiera producido una especie de amputación de un miembro fantasma, de algo que no existía ya, pero que causaba terribles efectos. Y, como dice Carlos Pagni en su lúcido artículo, es hacia esa Cuba fantasma que es ahora Venezuela, que están dirigidos esos nuevos gestos políticos.

 

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