En el marco de una crisis eléctrica y racionamiento en algunos estados del interior que puede alcanzar hasta seis horas del corte del suministro, la presidenta encargada bajo la tutela de Estados Unidos, Delcy Rodriguez, informó a través de su cuenta de Telegram la designación de Juan Crisóstomo Fernández como presidente de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) y José Luis Betancourt como viceministro de Servicios Eléctricos.
“Esto es con el propósito de continuar en la recuperación y fortalecimiento del Sistema Eléctrico Nacional”, según dijo en su cuenta en Telegram.
De acuerdo a Rodríguez, Fernández tiene una trayectoria de 27 años en Corpoelec y “su conocimiento en la industria aportará experiencia, compromiso, fortalecimiento y mejora en este servicio esencial para el pueblo venezolano”.
Por su parte, la mandataria interina señaló que Betancourt asume la responsabilidad con el objetivo de reforzar el equipo que lleva a cabo la “tarea estratégica de la recuperación del sistema eléctrico”.
En las últimas semanas, se han intensificado los constantes apagones en las distintas regiones del país y las fluctuaciones en el servicio eléctrico.
Apenas esta semana, la ONG Monitor Ciudad llevó a cabo una protesta frente a las instalaciones de Corpoelec en el sector de San Bernardino en Caracas, exigiendo mejoras en el servicio y el cese del racionamiento.
El exconcejal Jesús Armas aseguro que 87% de la capacidad instalada en termoeléctricas del país está inoperativa y pidió un proceso de licitación para la recuperación del Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
El pasado domingo 2 de agosto, Rodríguez pidió ahorrar luz y agua como medida de prevención ante el fenómeno climático del Súper Niño y anunció un plan para sumar 4.800 megavatios al sistema eléctrico en lo que queda de 2026.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país
Alejandra Leal Guzmán (Caracas, 1973) habla sobre los terremotos de Venezuela con una precisión prodigiosa. Ella, antropóloga de profesión, doctora en Urbanismo, es investigadora y lleva más de tres lustros estudiando el riesgo sísmico. Cuenta, con su hablar rápido y sin tregua, que el terremoto de 1530 tuvo una magnitud de entre 7 y 7.3, y que vino acompañado de un tsunami en Cumaná. Que hubo otro en 1610 en La Grita que llegó a 7.5, que el de 1900 llegó a 7.6. Y que el gran terremoto de los Andes, en abril de 1894, tuvo una magnitud de entre 7.5 y 7.6, con ríos que corrían al revés, derrumbes, deslizamientos, árboles arrancados de raíz y 300 muertos que, para la época, con una densidad poblacional mínima, era una cantidad enorme.
Sus investigaciones la han llevado múltiples veces a zambullirse en artículos, crónicas, libros, ensayos y publicaciones de hace siglos para entender, entre muchas otras cosas, cómo los movimientos telúricos afectaron a la población y cómo los percibieron los venezolanos. Por eso sabe que, tras los sismos de 1812, los habitantes de Caracas no querían volver a sus casas y que luego del de 1900, la gente dormía en plazas, estaciones de ferrocarril o en sus propios patios, si los tenían.
“En 1900, las réplicas fueron muy fuertes. Y bueno, no existían sismólogos que te dijeran que eso iba a ir bajando de intensidad”, explica Leal Guzmán y subraya que, además, Caracas se quedó sin luz porque las retortas (recipientes donde se quemaba carbón mineral) se dañaron y sus repuestos tardaron dos meses en llegar.
“Las descripciones de la época son terroríficas (…) La única estrategia de la época era hacer procesiones. Entonces, mientras la ciudad estaba totalmente oscura, la gente iba subiendo en procesión por la montaña y parecían almas en pena. Y estoy citando una carta que leí de una persona que estaba en Caracas a alguien que estaba en Cumaná y que le echaba el cuento de todo lo que había pasado con el terremoto”, relata.
Tras el terremoto de 1900, de magnitud 7.6, a las afueras de Caracas se levantó un Campamento de Ciudadanos para acoger a los damnificados. Foto: Fundación Arquitectura y Ciudad
Por eso no le sorprende que, 15 días después de los terremotos, los vecinos de su edificio en una urbanización del suroeste de la capital, todavía no quieran dormir en sus apartamentos.
Dos semanas después de los sismos, parte de sus vecinos todavía dormía fuera de sus apartamentos. Cada tarde veía cómo bajaban con maletas, bolsos pequeños y mascotas, para pasar la noche fuera.
“Eso es algo, no te voy a decir que normal, pero ha sido recurrente”, afirma. “Es normal que la gente reaccione con mucho miedo. La gente oye la explicación técnica, pero cuando una réplica 5 te despierta a medianoche… es difícil defenderse de eso con explicaciones técnicas”, recalca Leal Guzmán.
Todo ese conocimiento y la desinformación generada a raíz del doblete sísmico de San Juan, le llevaron a convertir su cuenta de Instagram en un mosaico de explicaciones sobre las fallas tectónicas que cruzan el país y recordar los detalles de los terremotos de los siglos XIX y XX. Ahora, conversa sobre algunos de estos episodios en entrevista con Runrun.es.
¿Qué pasó en La Guaira cuando ocurrieron los grandes terremotos anteriores en la zona central del país?
En terremotos anteriores también ha habido efectos, claro, pero nunca se hablaba de La Guaira hasta ahorita porque la dimensión es imposible evadirla. Eso en realidad es una cuestión geopolítica. Es parte de ese viejo refrán: “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra”. Por ejemplo, en el 67 se dice el terremoto de Caracas, pero La Guaira fue más afectada por la cercanía al epicentro.
Fíjate lo que pasa con La Guaira (…) Todos estos terremotos que nosotros llamamos de Caracas, son de Caracas y La Guaira, porque La Guaira es la que está más cerca del epicentro.
El primer terremoto histórico ocurrió el 11 de junio de 1641. Una magnitud moderada, 6-6.3, pero probablemente un sismo muy superficial, que es de los más dañinos, y bueno, Caracas y La Guaira quedan casi en el piso, porque el epicentro calculado está al norte de La Guaira. Entonces, en 1641, 1812, 1967 y 2026, los sismos tuvieron epicentro sobre San Sebastián, frente a La Guaira, y esos han sido los sismos más destructores. Caracas 67 fue un sismo moderado de 6.6, pero fue un sismo muy superficial que hizo mucho daño en Caracas y La Guaira, con daños de leves a moderados en Valencia y Maracay, donde fue sentido sin mucha fuerza. Pero entonces tenemos un sismo como el del 29 de octubre de 1900, con una magnitud de 7.6, que es el sismo más grande que hemos tenido en Venezuela. En este caso, el epicentro estaba hacia el este, en Cabo Codera (municipio Brión del estado Miranda). Mientras Guarenas y Guatire quedaron en el piso, Caracas y La Guaira tuvieron daños moderados. Pero eso es una cuestión que tiene que ver con la profundidad y con la distancia que tenían del epicentro, además con la onda sísmica.
Los terremotos son unos fenómenos muy complejos. Cuando tú crees que ya te las sabes todas, te salen con alguna sorpresa.
¿Y estos terremotos del 24 de junio fueron una sorpresa?
Bueno, te voy a decir algo muy personal. Yo hice mi tesis doctoral sobre el terremoto de 1900. El 24 de junio yo estaba en casa, en Caracas, sentada frente a la computadora, cerrando el día de trabajo, cuando empiezan a sonar las dos alarmas. Y a mí me parece muy raro porque en Venezuela no hay alarma de terremotos. Y de repente mi esposo me dice: “es una alarma de terremotos”. ¡Y empieza a temblar!
Yo veo que dura y no se detiene, y que es tan fuerte el movimiento que lo único que podía pensar era: “no puede ser que me vaya a matar el terremoto de mi tesis doctoral”. Porque yo pensaba que eso era lo que estábamos viviendo, una repetición de ese escenario. Pero no podía ser, porque ni siquiera se había cumplido el tiempo de recurrencia.
Yo pasé dos horas incomunicada, sin poder hablar con nadie, y veo un mensaje de mi jefa que dice “esto se parece a 1812”. Y bueno, yo no necesité más explicaciones. Ya yo sabía que se trataba de dos epicentros, que eran sismos superiores a 7, y que La Guaira probablemente estaba en el piso, y que San Bernardino y Altamira estaban muy afectados, peor que en el 67 porque la magnitud fue 35 veces más grande.
Tito Salas inmortalizó el terremoto de 1812 en Caracas. Crédito: Archivo.
Y la profundidad, ¿no?
Fue a 10 kilómetros. Mira, eso es ahí mismo. Fue un sismo demasiado superficial.
La mayoría de nuestras fallas producen, sobre todo, sismos superficiales. Son generalmente sismos someros.
Pero sí tenemos terremotos profundos, tú seguramente recuerdas aquel sismo que llamaban el “sismo de la reconversión” del 21 de agosto del 2018. ¿Sabes?, ¿el que se sintió en Caracas? Pero fue un sismo en el nororiente, en Yaguaraparo (Sucre), a 102 kilómetros de profundidad. Un sismo ampliamente sentido. Lo sintieron en Colombia, Ecuador y Brasil. Pero fue un sismo que provocó daños entre leves y moderados, sin colapsos totales, sin víctimas fatales. Ya nosotros habíamos tenido ese escenario en 1766, cuando se presentó un sismo con las mismas características del sismo del 2018. Y ahora estamos viviendo una repetición del escenario de 1812: un sismo en San Felipe-Barquisimeto, y un sismo frente a Caracas, en La Guaira, con magnitudes similares, con área de afectación similar, con profundidades similares.
¿Y qué pasa con las normas antisísmicas luego de cada terremoto? ¿Deberían adecuarse a las construcciones?
Bueno, yo no soy ingeniero. Mi área es sismología histórica y construcción social de riesgos. Yo no soy ingeniero sísmico y hay cosas que no puedo responder, pero considera también que estos sismos del 2026, son los primeros terremotos destructores del siglo XXI.
Por ejemplo, en 1812 la evolución de Caracas y La Guaira quedó paralizada. Para entonces había guerra de independencia, inestabilidad política, inestabilidad económica. Los alarifes, que eran como los ingenieros municipales y los albañiles de la época, todos se incorporaron a sus respectivos batallones en la guerra de Independencia y Caracas se quedó desasistida. Caracas y La Guaira tardaron cerca de 60 años en recuperarse de los efectos de 1812. No solo por las características del sismo, sino por el contexto que existía.
Caracas y La Guaira no son ciudades inhabitables, pero tienes que habitarlas tomando en cuenta la calidad de los suelos, la inestabilidad geológica del Ávila y, además, tienes que considerar que está la falla de San Sebastián enfrente y siempre la vas a tener ahí. La falla de San Sebastián no se va a ir, lo que hay que hacer es blindar la ciudad, no para que no sufra efectos de los sismos, porque eso es casi que imposible, ni los japoneses hacen eso. Pero sí para reducir las pérdidas materiales y humanas. La ingeniería sismorresistente está orientada en ese sentido. No es para que el edificio no se caiga o soporte cualquier sismo. Ellos tienen un límite, soportan hasta una magnitud particular. La sismorresistencia funciona para que el edificio quede en pie y se puedan reducir las pérdidas humanas, para que las personas puedan escapar.
Pero tú habrás visto los videos en La Guaira que hay edificios que se caen en tres o cinco segundos, mientras otros resistieron en pie con daño estructural y la gente pudo salir.
Esa es la idea de la sismorresistencia. Pero tienes que tener en cuenta cuál va a ser la respuesta sísmica del terreno, cuál es la calidad del terreno, cómo está el relieve, qué otras amenazas naturales tiene el entorno. Caracas y La Guaira no solo tienen amenazas sísmicas por todos los sistemas que hay en el norte del país, sino que sufren de deslizamientos de aludes torrenciales cada cierto tiempo. El Ávila tiene inestabilidad geológica. Las cordilleras de la costa tienen inestabilidad geológica y es algo que tienes que considerar. Tienes que empezar a construir y hacer ordenamiento territorial considerando que tienes amenazas naturales en el entorno. Eso no se puede seguir ignorando.
¿Esos sismo anteriores cambiaron, de alguna manera, el suelo de un lugar?
Los sismos pueden cambiar realmente el relieve, una línea de costa, eso está documentado en varios casos alrededor del mundo. Pero que el suelo se vuelva más blando por un terremoto, no. El suelo tiene sus características. Lo que sí se produce son efectos geológicos como la licuación y hay afectación del medio geológico. El suelo pierde capacidad importante durante el sismo, aunque la recupere después.
Pero los suelos muy blandos van a seguir respondiendo de la misma manera a los sismos. El suelo muy blando responde de una manera diferente a un sismo. El suelo más duro lo disipa con mayor efectividad. El tema con La Guaira es que tiene suelos blandos.
Volviendo al tema histórico, ¿cómo abordaron esa realidad de los sismos las ciudades o pueblos de ese entonces?, ¿qué pasó, cómo se reconstruyó?
Fíjate en una cosa. A Caracas, en 1812, le costó. Se hicieron ciertos trabajos. Por ejemplo, se recuperó el acueducto, que era de barro y se había roto durante el terremoto. Se hicieron ciertos arreglos en las ciudades, pero hasta que llegó (Antonio) Guzmán Blanco no se hizo intervención urbana propiamente dicha para recuperar, tumbar las ruinas que quedaban, porque casi todos los templos quedaron en ruinas. Tú lees en las crónicas antes de 1812, las descripciones de Caracas y La Guaira, decían que era muy agradable, que era una ciudad muy bonita, que Caracas estaba muy bien planificada, que las calles eran amplias, que las casas eran de un solo piso por el temor de los terremotos.
Ilustración del terremoto de 1812 publicada en Estados Unidos. Foto: Venezuela Provincial
En 1900 se prohibieron los balcones porque muchos se cayeron y de hecho mataron a dos o tres transeúntes en el momento del terremoto. Pero las medidas principalmente eran “vamos a tratar de construir mejor”, “vamos a construir más lejos de acá” o preguntarse si era mejor cambiar el sitio de la construcción.
En el siglo XVII no había espacio para innovaciones constructivas. En 1900 sí fue diferente, sobre todo porque, a pesar de ser un sismo muy grande, Caracas y La Guaira sufrieron unos daños realmente moderados. En febrero de 1901, Caracas estaba celebrando Carnaval como si nada y lo puedes ver en la prensa de la época. Eso quiere decir que los daños se prepararon rápidamente.
En 1900 sí hubo recomendaciones constructivas serias, tan serias que parecían recomendaciones hechas en el siglo XXI. El Colegio de Ingenieros, que era un cuerpo constructivo del Estado y no una entidad particular como ahora, hizo un informe. Revisó los templos, los edificios públicos, hizo todo un análisis y propusieron nuevos materiales como sustituir la tierra cruda por cemento, por concreto que ya se estaba utilizando pero no era de uso residencial. Caracas se expande hacia El Paraíso y hacia el sur, cosa que no había pasado antes con otros terremotos. Había tecnología de la época, profesionales preparados para ver el sismo y traer lecciones.
Que después la cuestión política se complicó con el bloqueo de 1902 y con Cipriano (Castro) y Juan Vicente (Gómez), eso es otro cuento. Pero las lecciones se hablaron, que no se pudieron llevar a cabo fue otra cosa. Pero se habló de la necesidad de una normativa, se habló de la necesidad de blindar a toda la ciudad.
Había un periodista que decía en 1900, que no podía considerar a Caracas como un grupo de edificios particulares porque, ponte tú, que tu casa de un piso, en 1900, está en norma, pero tienes al lado una casa de dos pisos que tiene un problema estructural y viene el terremoto y tu casa, que hubiese resistido, no lo hace porque la otra casa le cae encima. Hay una interacción. Tenemos que asumir que la ciudad es un sistema y, frente al riesgo sísmico o a los riesgos socionaturales, tratarla como un sistema. Y empezar a aceptar que sí hay lecciones del pasado y que tenemos amenazas sísmicas en Venezuela.
Imagen del terremoto de 1967 en Caraballeda, La Guaira. Foto: Archivo.
¿Pero esas lecciones fueron realmente aprendidas?
No. El problema es que no las hemos elaborado. Están ahí, pero no las hemos elaborado (…) Nuestros terremotos grandes, superiores a 7, excepto el del 24 de junio, han sido terremotos históricos (ocurridos antes de la existencia de la instrumentación sísmica). El último realmente grande fue el de 1900. Por eso yo he escuchado mucho que es normal que los venezolanos no tengamos memoria de un terremoto como ese.
Yo lo estudiaba, veía los efectos de 1812 y decía: “si esto se repite en la Caracas actual, es una cosa horrible. Si se repite el de 1900, bueno, nos lo vamos a ver muy apretado”, porque la densidad demográfica, la inestabilidad política, la inestabilidad económica, amplifica los efectos de los terremotos. No cambian la magnitud, pero sí pueden modificar las intensidades, el nivel de destructividad y de daño y cómo ese daño se amplifica. Porque cuando estás en crisis, no construyes mejor. Cuando tienes inestabilidad política, no te organizas mejor. Todo eso está articulado.
Es muy complejo. Entonces, no podemos seguir pensando que en Venezuela tiembla de vez en cuando.
Si aquellos terremotos fueron históricos, ¿cómo se definiría el doblete sísmico del 24 de junio?
Estos fueron sismos contemporáneos. Los sismólogos lo llamarían un sismo instrumental. De hecho, está registrado en sismogramas de todo el mundo. La red mundial de sismogramas empezó a funcionar hacia 1890, la llevó adelante un ingeniero inglés que se llamaba John Milton. El de 1900 fue registrado por esa red, ese es nuestro primer sismo instrumental. Pero nuestra sismicidad ha sido realmente instrumental a partir de los años 50, después de que se empezó a montar la red sismológica en Venezuela.
Desde el punto de vista antropológico, ¿cómo se suele comportar el venezolano luego de un sismo?
Bueno, esta es la primera vez que esta antropóloga ve un desastre sísmico de esta magnitud, y que es protagonista y testigo presencial de los terremotazos. Fíjate, es inevitable. Se ha producido mucho miedo. Ese mismo día cuando nosotros bajamos, había una vecina con un ataque de pánico que hablaba del proyecto HAARP (Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia, que investiga las propiedades físicas, principalmente eléctricas, de la ionosfera). La gente tiene mucho miedo de que el sismo haya sido producido, porque si lo fue, imagínate el terror que puedes sentir al pensar que alguien tiene la tecnología para producir un monstruo como un sismo de 7.5 en cualquier momento. Hay personas a las que yo les he preguntado si con la misma tecnología que produjeron el sismo en 1812, produjeron estos.
Hay que explicarle a la gente que esto no es frecuente, pero es normal. En Venezuela tiembla todos los días. No hay un día en el que no se registren por lo menos 50 sismos en este país. Afortunadamente, nosotros sentimos una cantidad ínfima. ¿Te imaginas si hubiésemos sentido las casi 1 000 réplicas de los sismos de San Juan? Estaríamos todos con una camisa de fuerza (…) Pero es normal que los venezolanos hayamos reaccionado con mucho miedo ante lo que pasó, porque de verdad este es el peor sismo en lo que va de siglo en este país. Y es el peor escenario en toda nuestra historia
¿Tenemos un escenario peor al que teníamos en 1812?
Por supuesto, porque tenemos más infraestructura y una densidad demográfica muchísimo más alta.
En 1812 también teníamos inestabilidad política. Tenemos otras características similares a la época que agrandan el impacto del sismo…
Créeme, yo lo he pensado seriamente. No puede ser que no solo se repite el escenario sísmico, sino que además estos sismos nos agarran en una de las peores crisis de nuestra historia. Y, sobre ese escenario, se montan los dos terremotos. Es una cosa para sentarse a pensar. Entonces, yo lo entiendo como antropóloga y como venezolana. Yo sé lo que pasa: la crisis, el bombardeo del 3 de enero, los terremotos del 24 de junio. Oye, yo también puedo salir corriendo y gritar al cielo: “pero, ¿qué pasa, vale?, ¿esto es personal?, ¿es contra nosotros?, ¿qué está pasando?”. Y es normal que la gente tenga mucho miedo. Hay un geólogo neozelandés que dice que los terremotos son los fenómenos naturales más sobrenaturalizables. Porque, ciertamente, parece que salen de la nada. Además, irrumpen súbitamente, aparecen sin previo aviso. Y mira, sacuden las raíces mismas de tu existencia. Es normal que la gente se lance a buscar explicaciones mágico-religiosas o a buscar responsables políticos o responsables mágicos o sociales particulares. Es un escenario que da mucho miedo.
Los terremotos de por sí dan un miedo horrible. Y estos fueron pavorosos. Yo sí me tomo el tiempo de explicarle a la gente qué es lo que pasa con el proyecto HAARP, le hablo de la ciencia venezolana, le explico el tema de las réplicas y, sin embargo, para manejar el impacto emocional de estos terremotos, te tienes que refugiar en algo más que en la psicología. Y eso es innegable.
A través de sus redes sociales, la abogada y defensora de derechos humanos Linda Loaiza anunció que fue notificada formalmente por las autoridades judiciales para la celebración de una nueva audiencia en el caso que se sigue en contra de Luis Antonio Carrera Almoina.
De acuerdo a una misiva, la cita fue fijada para el próximo martes 11 de agosto a las 11 de la mañana ante la Sala Tercera de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas.
Bajo la ponencia de la magistrada Gladys Gutiérrez Alvarado, el pasado 15 de diciembre de 2016 se ordenó a una sala distinta a conocer los recursos de apelación interpuestos tanto por el Ministerio Público como por López Soto en su condición de víctima y querellante
La activista enfatizó el retraso procesal que ha rodeado su causa al reanudarse este trámite diez años después del dictamen del máximo tribunal.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) emitió una sentencia en el caso de Loaiza, quien fue víctima de tortura y abuso sexual.
Pese a esta decisión que responsabiliza al Estado venezolano, la abogada y defensora de derechos humanos denunció que la sentencia sigue siendo ignorada por el gobierno venezolano.
“El paso del tiempo no convierte la impunidad en justicia”, expuso el comunicado.
De acuerdo al testimonio de Loaiza, esta fue secuestrada por Carrera Almoina en marzo de 2001 y durante cuatro meses fue abusada sexualmente, mutilada, agredida y torturada. Fue rescatada por bomberos y funcionarios policiales.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país
La tarde de este viernes 7 de agosto, la familia de la jueza María Lourdes Afiuni recibió una notificación sobre su libertad plena y el cierre total del caso.
“Este desenlace representa el final de un largo y doloroso capítulo marcado por graves violaciones a los derechos humanos y al debido proceso. Durante años, la juez Afiuni y su familia soportaron las consecuencias de una persecución que trascendió el ámbito personal y se convirtió en un símbolo inequívoco del deterioro de la independencia judicial en Venezuela”, afirmaron el hermano de la jueza, Nelson Afiuni y su abogada, Thelma Fernández.
La libertad plena fue otorgada después de que familia y representantes legales de Afiuni emitieran un comunicado donde solicitaron el levantamiento de las medidas cautelares contra la magistrada para que vaya a atender su salud en Estados Unidos, donde reside su hija desde hace una década.
Recientemente Afiuni presentó una crisis de hipertensión, mareos y vómitos y fue trasladada a un centro de salud donde después de una serie de exámenes determinaron la existencia de tres lesiones tumorales.
“Este es un caso que nunca debió existir y confiamos en que esta decisión marque el inicio de una reflexión indispensable sobre la necesidad de reconstruir la independencia judicial en Venezuela y de garantizar que hechos como los ocurridos en este caso jamás vuelvan a repetirse”, se lee en el comunicado.
En una entrevista concedida a un canal de televisión, José Amalio Graterol, quien fuese abogado de Afiuni dijo que “la libertad llegó tarde y representa la parcialidad del sistema de justicia en Venezuela”.
“Esto debe sentar un precedente para que nunca más un presidente o cualquier funcionario en ejercicio ordene el encarcelamiento de otra persona”, dijo Graterol.
Familiares y representantes legales señalaron que la libertad no borra el sufrimiento vivido ni repara los daños ocasionados.
“Es una advertencia sobre las consecuencias de utilizar el sistema de justicia como instrumento de represalia contra quienes ejercen sus funciones con independencia e imparcialidad”..
En el comunicado también expresaron el agradecimiento a todos los actores que abogaron por la libertad de la jueza.
“Desde el primer momento, comprendieron la trascendencia de este caso y defendieron sin descanso los principios que estaban en juego; la independencia judicial, el Estado de derecho y la protección de quienes administran justicia conforme a la ley y a las obligaciones internacionales del Estado”, puntualizaron.
Afiuni fue detenida por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) el pasado 10 de diciembre de 2009 luego de ordenar la liberación del empresario Eligio Cedeño y que el presidente Hugo Chávez ordenara en el marco de una alocución su encarcelamiento.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país
A pesar de que muchas veces, a lo largo de mi vida, la sabiduría médica me desahució, tengo la fortuna de contar con una madre y unos hermanos que nunca me condenaron por mi diagnóstico médico ni se dejaron llevar por él. Por el contrario, siempre lucharon en pro de que yo pudiera ser un hombre de bien.
Al nacer, mi diagnóstico inicial fue parálisis cerebral en la región central, donde se comanda la inteligencia. Con el paso del tiempo, y gracias a la ayuda de un grupo médico extraordinario liderado por el doctor Alberto Abadí, tuve la fortuna de encontrar una mirada diferente. En lugar de diagnósticos lapidarios, tuvo la capacidad de identificar que existía un problema, sin dar mayores detalles, pero estableciendo las directrices correctas para que aquel diagnóstico pudiera transformarse en la historia de un profesional que hoy lleva un mensaje de inclusión y diversidad laboral por el mundo. Ello demuestra que no somos un diagnóstico, sino un camino.
Aun cuando a lo largo de mi vida he estado sometido a distintas terapias y de que mi horario y mi tiempo han tenido que reformularse de acuerdo con mis grandes responsabilidades, puedo decir con orgullo que tener un diagnóstico no me ha impedido ser comunicador social, especialista en desarrollo organizacional y, actualmente, un reconocido conferencista internacional en temas de motivación, inclusión y diversidad laboral.
Pienso que la clave para que una persona con cualidades distintas desarrolle su potencial como un ser humano productivo está íntimamente ligada a su tesón y al entorno que la rodee. En mi caso particular, ese entorno es mi mamá y mis hermanos, quienes a lo largo de mi vida me transmitieron las ganas de empoderarme en vez de amilanarme ante cada reto que se nos presentaba.
Con este artículo no estoy desmereciendo la ciencia. La ciencia médica es sumamente importante, pero también tiene errores y, en ocasiones, juega a ser Dios y a tener poder para destruir y no siempre para construir. Estoy claro de que mi caso particular es, sin duda alguna, la excepción a la regla. De allí el motivo de encontrar mi propósito de vida más allá de un diagnóstico médico y de decidir ser un ser humano en lugar de un paciente sometido exclusivamente a la ciencia.
Es imposible pensar que este camino ha sido color de rosas. Como todo camino, tiene altibajos; pero lo que nos distingue y nos humaniza es valorar en su justa medida la oportunidad de vivir en vez de sobrevivir. Cada día de mi vida es una oportunidad para agradecer desde la sinceridad, la gratitud y desde aquello que nos permita identificar cuál es nuestro verdadero propósito al momento de levantarnos cada mañana.
Resulta imposible terminar estas líneas sin hacer un gran homenaje de agradecimiento profundo y absoluto a la gran heroína de esta historia, Teresa Sánchez González, quien ha hecho posible que yo sea una realidad y no un sueño. A lo largo de su vida me ha invitado, con acciones, a descubrir el mundo con una mirada amable, pero a su vez guerrera y retadora, en el buen sentido de la palabra, entendiendo que cada ser humano viene a este mundo con un propósito de construir, alegrar y hacer feliz a quienes lo rodean.
La primera vez que Oriana Uzcátegui bajó a La Guaira después del terremoto todavía no sabía cuánto iba a durar la búsqueda.
Era 25 de junio. Había pasado apenas un día desde que dos movimientos sísmicos estremecieron al país y hundieron parte de Residencias Club Bahía Mar., en Caraballeda. Allí estaba su prima Yurbis Durán, de 50 años, junto a su esposo, Pedro Ancheta, y sus hijas Natalia y Fiorella.
44 días después, Oriana sigue haciendo el mismo recorrido.
Caracas-La Guaira.La Guaira-Bahía Mar.Una y otra vez.
“Desde el día 25 de junio bajamos todos los días a buscar a mi prima”, cuenta.
A comienzos de julio encontraron a Pedro, Natalia y Fiorella. Yurbis no estaba entre ellos.
El terremoto terminó. La búsqueda de Oriana, no.
El viaje aún sin destino
El 25 de junio comenzó una rutina que Oriana no había elegido.
Cada día baja desde Caracas hasta La Guaira. Su destino sigue siendo Residencias Club Bahía Mar, donde vivía Yurbis junto a su esposo y sus hijas.
El edificio se hundió durante el doble terremoto. La familia estaba en un apartamento del primer piso. En los primeros días, según cuenta Oriana, la falta de maquinaria dificultó las labores para excavar entre los restos. Luego comenzaron a aparecer los cuerpos, entre ellos, los de Pedro, Natalia y Fiorella. Yurbis seguía sin aparecer.
Para Oriana, la emergencia no entró en otra fase. Siguió siendo la misma.
“Desde el día 25 de junio bajamos todos los días a buscar a mi prima”, contó.
En una frase cabe la dimensión de esos 44 días: no hay teoría sobre la recuperación, no hay calendario institucional ni cambio de nombre para la emergencia. Hay un trayecto que se repite porque todavía falta una persona.
Fuente: Cortesía
La búsqueda que desapareció del balance
El 3 de agosto, después de diez días sin publicar reportes, el Gobierno reapareció con un boletín denominado “Etapa de Reconstrucción”.
La cifra de fallecidos pasó de 5546 a 6125: 579 más que en el último reporte difundido el 24 de julio. Pero el nuevo balance no informó cuántas personas permanecen desaparecidas.
El dato tampoco fue sustituido por una explicación sobre las familias que continúan buscando. Simplemente no aparece.
La reconstrucción, en cambio, sí tiene números.
El Gobierno informó que ha evaluado 43 679 viviendas. De ellas, 41 624 presentan algún nivel de afectación: 25 325 son habitables, 9866 tienen uso restringido y 6433 están en alto riesgo.
También informó la entrega de 287 viviendas. Sobre los escombros, el balance registra 346 755 toneladas recogidas: apenas 16,51 % del total estimado.
Otros datos que aparecían en el reporte anterior también desaparecieron: 16 740 heridos, 17 907 damnificados, 107 campamentos transitorios con 23 811 personas refugiadas, familias atendidas, agua y alimentos distribuidos y voluntarios movilizados.
“La Guaira necesita ayuda”
La búsqueda de Oriana ocurre en una comunidad que tampoco siente que la emergencia haya quedado atrás.
“La ayuda ha bajado demasiado. Todo está desolado. No hemos recibido ayuda ni del Gobierno. La Guaira necesita ayuda”, fue el reclamo transmitido desde la zona.
La frase llega cuando la respuesta empieza a cambiar. Durante los primeros días, la urgencia estaba en rescatar personas, atender heridos, llevar agua y alimentos y habilitar espacios para quienes habían perdido sus viviendas.
Ahora aparecen otras necesidades: rehabilitar inmuebles, recuperar empleos, mantener tratamientos médicos y acompañar a quienes atraviesan duelos.
La emergencia dejó de ser solamente una montaña de concreto. También se convirtió en una casa que ya no se puede habitar, un trabajo que desapareció, un tratamiento que se interrumpió, una familia que perdió a alguien. O una persona que todavía no ha logrado ubicar a su ser querido.
Oriana cuenta que no es la única. En la zona hay otras familias que continúan buscando a los que aman entre los escombros. Una madre busca a su hija. Otra mujer también busca a la suya. Son siete, según el testimonio recibido, quienes permanecen vinculados a estas búsquedas.
Cuando la gente responde antes que las instituciones
La encuesta Verdad Venezuela, elaborada por Meganálisis entre el 18 y el 28 de julio, muestra hasta qué punto la respuesta institucional quedó bajo sospecha.
El 80,2 % de los encuestados dijo sentir indignación después de los terremotos. El 73,8 % manifestó impotencia y el 70,5 %, tristeza.
La evaluación del Gobierno fue todavía más severa: 91,6 % calificó como mala o muy mala la respuesta del gobierno interino de Delcy Rodríguez y 95,9 % consideró que las autoridades pudieron haber hecho más.
La información oficial tampoco consiguió recuperar confianza.
El 93 % consideró insuficiente o inexistente la información entregada por las autoridades y 94,1 % dijo no confiar en los datos proporcionados por el Gobierno.
Hay un dato que funciona casi como respuesta a todo lo anterior: el 90,3 % de los encuestados consideró la solidaridad ciudadana como el aspecto más admirable de la emergencia. El 88,4 % destacó la generosidad de la población.
La ayuda que sí llegó
Hasta el 1 de agosto, Cáritas Venezuela había recibido 22 391 toneladas de ayuda humanitaria. De ellas, 19 141 toneladas, 85 % del total, ya habían sido distribuidas.
La organización reportó 2 .144 kits entregados: 15 370 de alimentación y 10 774 de higiene y uso personal. La cobertura alcanzó a más de 26 000 familias, con un impacto estimado de 130 720 personas.
También fueron distribuidas 102 326 unidades de medicamentos e insumos médicos.
La operación movilizó a 7860 voluntarios directamente en las zonas de emergencia y contó con el respaldo de una red de alrededor de 10.000 voluntarios en todo el país.
Cáritas también advirtió en su quinto boletín que la emergencia entró en una etapa “menos visible, pero igual de dolorosa”. La organización pidió mantener el flujo de alimentos y agua y avanzar hacia la rehabilitación de viviendas, el restablecimiento de empleos, la atención de la salud física y emocional y la recuperación de los medios de vida.
Dos años de respuesta para una emergencia que no cabe en 44 días
Su director general, Simón Pestano, explicó en una conversación con Runrun.es que la institución contempla cuatro fases: asistencia humanitaria, estabilización y recuperación temprana, recuperación prolongada y fortalecimiento de la preparación comunitaria.
“Estamos observando mucho duelo”, dijo Pestano. La organización ha brindado acceso a agua segura a más de 12 500 personas y apoyo psicosocial a más de 2300. El hospital de campaña instalado después del terremoto permanecerá operativo seis meses más y la institución trabaja en la construcción de un centro logístico humanitario en La Guaira.
La recuperación, entonces, ya tiene un calendario. Pero no todos los afectados tienen el mismo reloj. Para una organización, 24 meses es un plan. Para una familia que busca a un desaparecido, 44 días pueden sentirse como una sola jornada que nunca termina.
Luis Ernesto Blanco, director editorial de Runrun.es, lo resumió durante la conversación en la que Pestano explicó la estrategia de la Cruz Roja:
“La recuperación va más allá de los escombros. Será lenta por su magnitud, pero será progresiva”.
Una Venezuela “feliz” que todavía necesita ayuda
Aún a pesar de esta Venezuela que todavía cuenta sus muertos, sus viviendas dañadas y sus necesidades, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que el país era “muy feliz de nuevo”, pese a reconocer que había sufrido un terremoto “muy malo”.
Entre enero y julio de 2026, la imagen positiva de Trump entre los venezolanos cayó 70,6 %. Además, 77,5 % de los consultados manifestó decepción ante el respaldo de su administración a figuras vinculadas con la cúpula chavista.
La Venezuela feliz que describió Trump no parece ser la que aparece en los datos de Meganálisis. Tampoco es la que se encuentra en La Guaira. Allí hay viviendas en riesgo, familias que necesitan reconstruir sus medios de vida, personas que cuestionan la respuesta del Gobierno, organizaciones humanitarias que piden que la ayuda no se detenga.
Y, principalmente, están las personas como Oriana Uzcátegui, que no pueden pasar la página hasta no encontrar a sus familiares, y que siguen intentándolo sin ayuda estatal.
En Bahía Mar todavía falta una. Se llama Yurbis. Y Oriana sigue bajando a diario a La Guaira con la esperanza de, por lo menos, encontrar su cuerpo.
Fuente: Cortesía
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
A más de un mes del doblete sísmico del pasado 24 de junio, las consecuencias de la contingencia no solo se reflejan en el impacto en las infraestructuras y las familias en el país, sino también en la continuidad de patrones institucionales de represión y de control social.
Durante una audiencia pública ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el pasado 6 de agosto, diversos representantes de organizaciones no gubernamentales expusieron y explicaron la situación en el país y el panorama posterior a los terremotos en Venezuela. Dentro de las realidades abordadas, estuvo lo que Amnistía Internacional denunció como “institucionalización de la política de retorno”, así como la falta de información oficial sobre los fallecidos tras ser deportados desde Estados Unidos en el vuelo 164 el mismo día de la tragedia.
En la jornada en vivo, las organizaciones enfatizaron que “los métodos ‘legales’ e institucionales que persiguen y restringen aún se mantiene intactos en el país, pese al cambio de mando del 3 de enero a una presidencia interina tutelada por Estados Unidos.
Barreras políticas
La directora de Amnistía Internacional Venezuela, Nastassja Rojas abordó el impacto de la movilidad y las barreras impuestas a la población venezolana en el exterior, destacando las contradicciones entre el discurso oficial y las exigencias para poder regresar al país.
Rojas denunció que el Estado venezolano impone trabas económicas a sus propios ciudadanos en el extranjero para que viajen a Venezuela, como un elevado costo de los pasaportes -que supera los 300 dólares– y la exigencia de un salvoconducto para poder retornar.
“Se cobra el retorno, se condiciona un derecho inderogable a una tarifa, dejando a miles sin poder volver”, afirmó la directora.
Rojas mencionó además que el manejo de la repatriación se ha convertido en una estrategia oficial que carece de garantías básicas de transparencia e inventarios públicos.
“El Estado presenta la ‘Gran Misión Vuelta a la Patria’ como protección, cuando es una operación sin protocolos, sin censos ni listados oficiales. El vuelo 164 lo expone”, enfatizó Rojas.
El destino del vuelo 164
La falta de protocolo en los procesos de deportación y repatriación quedó expuesta con el caso del vuelo 164, un avión proveniente de Estados Unidos que aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía con 146 personas a bordo (120 hombres, 19 mujeres y 7 menores) el propio 24 de junio, fecha en la que ocurrieron los dos devastadores sismos.
Tras su llegada, los deportados fueron trasladados y retenidos por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en el Hotel El Santuario en La Llanada (estado La Guaira), un espacio bajo el control estatal que no funcionaba como hotel.
Según las denuncias presentadas y documentadas por familiares, y expuestas en trabajos como el que recientemente publicó The Washington Post, a los migrantes se les confiscaron sus teléfonos, se les exigieron contraseñas de los mismos y se les mantuvo bajo estricta vigilancia con acceso a una sola llamada, sin tener aclarada la razón legal de dicha retención, porque no tenían antecedentes penales.
Horas después del ingreso de los deportados al hotel, el edificio se derrumbó por completo a causa del doblete sísmico y de acuerdo con el reportaje estadounidense, solo tres personas sobrevivieron al colapso.
“146 personas deportadas fueron recibidas bajo esa misión por su propio coordinador y llevadas a un recinto del que, según sus familias, no podían salir. Horas después, los terremotos hicieron colapsar el edificio. La deportación, sumada al abandono estatal, se convirtió en una condena de muerte”, lamentó la directora de amnistía venezuela.
A más de mes de lo ocurrido, ni las autoridades de Estados Unidos ni el gobierno venezolano han difundido una lista oficial sobre quiénes viajaban en ese vuelo. Los familiares han tenido que recorrer morgues y centros para poder identificar a las víctimas mediante pertenencias o tatuajes.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
Este viernes, 7 de agosto, familiares de presos políticos exigieron frente a la sede de la Cancillería en Caracas que permita el ingreso de mecanismos internacionales de derechos humanos a Venezuela.
Andreina Baduel, activista y miembro del Comité por la Liberación de los Presos Políticos (Clippve), alertó que el patrón de violaciones contra presos políticos que ha sido denunciado ante las instituciones del Estado, sigue sin respuesta: “Estamos aquí exigiendo que por primera vez la Cancillería fije posición sobre requerimientos y recomendaciones de los organismos internacionales”.
Una comisión de familiares de presos políticos entrega, en la puerta de la Cancillería, una carta con exigencias para el Estado venezolano. Solicitan el ingreso de la CIDH, la Misión de Determinación de los Hechos de la ONU y la Cruz Roja Internacional. #LibertadEsHumanidadpic.twitter.com/eVPia2aQxu
Los familiares solicitaron el ingreso de una visita in loco de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y de la Cruz Roja Internacional a los centros de detención y la autorización para que la Misión de Determinación de los Hechos de la ONU sobre Venezuela pueda constatar directamente la situación de derechos humanos en el país.
En declaraciones a la prensa, Baduel señaló que, en un nuevo momento político, la administración interina debería demostrar con hechos que existe voluntad real de permitir el ingreso de estos organismos.
Familiares de presos políticos exigen a la Cancillería que permita el ingreso de mecanismos internacionales DDHH a Venezuela.
Andreina Baduel, @clippve, alerta que el patrón de violaciones contra presos políticos ha sido denunciado ante las instituciones del Estado, sin… pic.twitter.com/rXx32zRRV9
Reinando Cortez, quien fue excarcelado en 2023 y actualmente sigue bajo medidas cautelares, denunció que hasta el momento sigue con medidas cautelares. “Hace un tormento nuestra existencia” pues se nos vulnera el derecho al trabajo, movilidad e incluso identidad, al no poder tramitar cédulas o pasaportes. “Estamos presos en las calles”, dijo en declaraciones al medio TalCual.
Reinando Cortez denuncia las condiciones de las personas excarceladas. Denuncia que todavía están bajo medidas cautelares que “hacen un tormento nuestra existencia” pues se les vulnera el derecho al trabajo, movilidad e incluso identidad, al no poder tramitar cédulas o… pic.twitter.com/5qXNtwNcPu
El Clippve precisó que han transcurrido 210 días desde que las familias decidieron instalarse frente a El Rodeo I, para exigir la libertad de todos los presos políticos.
Familiares de los detenidos en El Fuerte Guaicaipuro, Las Crisálidas, el INOF, Ramo Verde y Yare mantienen intacta su fe y su exigencia: no habrá descanso mientras persista la injusticia.
“Cualquier diálogo o negociación sobre el futuro del país debe priorizar, como punto de partida ético y humano, la liberación inmediata y sin condiciones de todos los detenidos”, expresó el comité.
VIGILIA 210 | Han transcurrido 210 días desde que las familias decidieron instalarse frente a El Rodeo I, convirtiendo la espera en un clamor vivo por la libertad de todos los presos políticos en Venezuela.
— Comité por la Libertad de los Presos Políticos (@clippve) August 7, 2026
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.