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Jueza que procesó a Gilber Caro huyó a Colombia y solicita refugio

LA JUEZA MILITAR LUZ MARIELA SANTAFÉ ACEVEDO, quien procesó a varios presos políticos en las protestas en contra del presidente Nicolás Maduro en 2017, huyó a Colombia, país al que ingresó este 2 de octubre pidiendo refugio, según informó Noticias RCN.

En declaraciones dadas a Noticias Evtvla mayor Santafé, que procesó el caso de Gilber Caro, pidió perdón al diputado por las decisiones que tomó para convertirlo en un preso político, al tiempo que pidió perdón “a todo el pueblo venezolano y a todos aquellos que les causé un daño (…) me arrepiento de no irme en el momento que tenía que hacerlo y haber dejado las órdenes a un lado”.

Explicó que se fue a Colombia “buscando un futuro para mi familia, tenía presiones psicológicas contra mi persona en Venezuela” y que “no podía opinar en contra de las cosas por las que protestaban la gente en la calle”, en ese sentido, exhortó al presidente Maduro a “evaluar el problema económico”.

Sobre la Fuerza Armada

En la entrevista concedida a la periodista Carla Angola en su programa “Aló Buenas Noches”, la mayor en el exilio aseveró que “no es secreto para nadie que dentro de la Fuerza Armada hay miedo y es difícil para algunas personas dar una opinión porque esto se convierte en un delito, al no existir una autonomía”.

Señaló también que “cuando no hay independencia de poderes o parcialidad o todo lo dicta una sola persona allí no hay democracia” y que la FAN “debe ser una institución apolítica para favorecer los intereses del pueblo y no de un partido político, sea de izquierda o derecha”.

Solicitudes de refugio en Brasil de 2018 ya superan las de 2017 por migración venezolana

Casi 17.000 venezolanos pidieron refugio en Brasil durante el primer semestre de este año, lo que supone un 20 % más que todas las solicitudes presentadas a lo largo de 2017, según un balance de la Policía divulgado por el portal G1.

Entre enero y el pasado 22 de junio, las autoridades brasileñas recibieron 16.953 pedidos de refugio en el empobrecido estado de Roraima, fronterizo con Venezuela y puerta de entrada de la inmensa mayoría de los venezolanos que optan por afincarse en el gigante sudamericano.

De acuerdo con la Policía Federal, el 97 % de ese total son solicitudes de venezolanos y el resto son de cubanos (155), haitianos (139) y de otras nacionalidades (133).

Mayo fue el mes en el se registró un mayor número de solicitudes de refugio por parte de venezolanos (4.054), coincidiendo con las elecciones presidenciales en las que el presidente Nicolás Maduro fue reelegido.

Esos comicios fueron condenados por varios países, entre ellos Brasil, por su falta de “legitimidad y credibilidad”, la existencia de “numerosos presos políticos” y por no contar con una “observación internacional independiente”.

Brasil se esfuerza por atender a indígenas warao venezolanos

 

 

PACARAIMA, Brasil (AP) — Las mujeres cocinan en más de una docena de pequeños fuegos al aire libre. Mientras, los hombres yacen tendidos en hamacas en el interior de un edificio contiguo y los niños, desnudos con las barrigas hinchadas y las caras sucias, corren alrededor del albergue para indígenas warao que escaparon de los problemas de Venezuela.

Abierto a finales del año pasado con capacidad para unas 250 personas, en este antiguo almacén de la localidad fronteriza brasileña de Pacaraima viven más de 500, y cada día llegan más. Sin más espacio para hamacas, la gente duerme sobre el piso de concreto.

Los trabajadores sanitarios se esfuerzan por detectar a los niños con sarampión – uno de los del centro murió este mes – y abordar la severa desnutrición infantil, entre otros problemas.

“Todos los venezolanos que llegan aquí están en una situación precaria”, señaló Luis Fernando Peres, voluntario de la Federación Humanitaria Internacional La Fraternidade, un grupo que trabaja en el albergue. “Los warao llegan en un estado aún peor”.

Para las autoridades brasileñas, que se afanan por acomodar a las decenas de miles de venezolanos que cruzan la frontera norte del país escapando de la crisis económica y política en su tierra natal, los indígenas warao son su mayor reto.

Tradicionalmente pobres y marginados en Venezuela, los warao llegan con incluso más problemas de salud que el resto de sus compatriotas. Esto, sumado a las diferencias culturales y lingüísticas, supone que las autoridades no tengan otra alternativa que habilitar albergues únicamente para ellos y esperar que puedan regresar a sus tierras ya que la integración en la sociedad brasileña no parece una opción realista.

Muchos warao no tienen apenas educación y, en el mejor de los casos, un escaso conocimiento del español, que al menos guarda alguna relación con el portugués que se habla en Brasil. Solo se alojan con otros warao por su desconfianza hacia los “criollos”, el término que emplean para referirse a los venezolanos no indígenas.

“Nunca podríamos estar con criollos porque no sabes lo que podría pasar”, dijo Teolinda Moralera, una warao de 40 años, mientras cocinaba un pollo al fuego. Llegó al albergue dos semanas atrás con su esposo y sus hijos de 15, 18, 20 y 23 años.

Las autoridades en Pacaraima, una polvorienta localidad fronteriza en el medio de la Amazonia, dijeron que los warao comenzaron a llegar a la región en 2016, un año antes del inicio del éxodo masivo de venezolanos no indígenas.

El “pueblo del barco”, el significado de su nombre en idioma warao, lleva siglos viviendo en el Delta del Orinoco, en el noreste de Venezuela, a más de 800 kilómetros (500 millas) de Pacaraima.

En las últimas décadas, la pesca en su territorio de origen disminuyó a consecuencia del desvío y el aumento del calado de los ríos más importantes para su uso en el transporte, lo que llevó a muchos a emigrar a las ciudades para vender artesanías y mendigar. Cuando comenzó la crisis, su situación ya precaria no hizo más que agravarse.

Muchos de los entrevistados dijeron que el gobierno socialista de Venezuela encabezado por el presidente Nicolás Maduro los abandonó hasta el punto de que en las zonas en las que vivían no había servicios ni comida.

“Los warao siempre fueron pobres. Con Maduro, nos empobrecimos aún más”, dijo Sumilde González, de 40 años y que llegó al centro con su esposo y dos hijos pequeños.

Los primeros en llegar a Pacaraima vivían en las calles y pedían limosna, y se negaban a acudir a albergues con personas no indígenas. Tenían pocas perspectivas de trabajo. Quienes se lo pudieron permitir viajaron al sur hacia Manaos, la mayor ciudad de la Amanzonia, o al este a la ciudad de Belem. Allí, como en Pacaraima, muchos viven en la calle, mendigando y vendiendo artesanías.

Marcio Coelho, coordinador del refugio de Pacaraima, dijo que abrir un centro solo para los warao era la única forma de sacarlos de las calles.

“La ciudad no tenía forma de acomodarlos”, añadió.

Una de las posibilidades que se estudian es designar un terreno para la comunidad. El gobierno federal acaba de anunciar sus planes para construir una “base de apoyo”. El director de la Fundación Nacional del Indio, un organismo gubernamental, comenzó a reunirse con líderes warao y con varios grupos indígenas en el estado brasileño de Roraima.

Pero no está claro si alguno de estos pueblos indígenas locales estaría dispuesto a ceder parte de sus tierras. La fundación explicó en un comunicado que la base sería temporal y que estaría supervisada por el ejército. No se ofrecieron más detalles, y los correos electrónicos y llamados pidiendo más detalles no obtuvieron respuesta.

Aunque los refugios son una mejora, solo funcionarán mientras el gobierno y los voluntarios sigan proporcionándoles todo lo que necesitan.

La frustración de los residentes locales con los warao, y con la llegada masiva de venezolanos en general, es palpable.

Pacaraima, que solo tiene 11.000 habitantes y está rodeada por tierras indígenas, existe básicamente para atender a los viajeros que cruzan la frontera en ambos sentidos.

A la vuelta de la esquina del refugio, Evaldo de Souza Rocha regenta un mercado de pescado. Los warao siempre están pidiendo agua y rebuscan entre la basura por la noche, hasta el punto de que puso candados en los cubos, explicó. La madera que tenía en el exterior de su casa, con la que planeaba realizar una obra, desapareció una mañana.

“Es un detalle pequeño, pero importa”, dijo añadiendo que sospecha que la madera se quemó en los fuegos del albergue.

Lizardi Reinosa, un warao de 23 años que llegó con un hermano pequeño hace unos meses, dijo que sus intentos de encontrar un trabajo siempre se toparon con un “no” rotundo. Muchos jóvenes de la localidad se ganan unos dólares al día descargando camiones.

“Me dicen que solo le darán trabajo a los brasileños, no a los warao”, dijo Reinosa, que hace poco recorrió el pueblo con docenas de jóvenes más buscando un lugar en el que poder jugar un partido de fútbol.

“¡Pónganse a trabajar, warao!”, les gritó un conductor al pasar junto a ellos.

Pese a las dificultades y a su incierto futuro, muchos warao dicen estar felices de estar en Brasil. Para algunos el albergue es un “paraíso” comparado con lo que dejaron atrás.

Uno de ellos es Beodilio Zapata, un joven de 23 años que cruzó la frontera recientemente con su esposa y sus hijos de 1 y 2 años, ambos con una severa malnutrición.

“Venezuela es miseria”, dijo mientras los niños, descalzos y con la barriga hinchada y la cabeza llena de manchas por la desnutrición, se subían a él. “Todos los que están allí quieren venir aquí”.

Más de doce mil venezolanos han pedido refugio este año en Brasil

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Más de doce mil venezolanos formalizaron este año un pedido de refugio en Roraima, estado fronterizo del norte de Brasil, multiplicando por cinco las solicitudes registradas en la misma región en todo 2016, según cifras de la policía federal.

En total, 12.193 venezolanos pidieron refugio en la zona entre enero y septiembre, frente a los 2.241 que lo hicieron el año pasado.

Roraima es el principal punto de entrada para miles de venezolanos que migran por vía terrestre debido a la agudización de la crisis política y económica que enfrenta el país gobernado por el presidente Nicolás Maduro, heredero partidario del fallecido Hugo Chávez.

Debido al desproporcionado aumento de solicitudes de refugio (que en 2015 había sido de apenas 234 en Roraima), Brasil emitió en febrero una orden ministerial para conceder residencia temporal por dos años a los venezolanos que, entre otros requisitos, ingresaran al país por tierra.

La medida, sin embargo, no surtió efecto debido a que exigía el pago de casi 100 dólares, lo que para muchos de estos emigrantes representa más de diez meses de salario mínimo.

Hasta julio, apenas 295 venezolanos habían solicitado la residencia temporal en Brasil, mientras que los pedidos de refugio ya alcanzaban los 8 mil 262 solo en Roraima.

En agosto la justicia exoneró el pago de tasas y, desde entonces hasta el 2 de octubre, 1.537 de estos emigrantes formalizaron un pedido de residencia temporal.

Pese a todo, una pareja de venezolanos que llegó en septiembre a Manaos, capital del estado de Amazonas, explicaron que optaron por el refugio porque les permite trabajar de forma inmediata.

“El problema es que la cita para la residencia temporal demora, en tanto que cuando pides refugio te dan un protocolo en seguida y con eso ya puedes pedir trabajo”, dijo el joven que prefirió no identificarse.

A pesar del alto número de solicitudes, desde 2013 sólo 37 venezolanos han sido reconocidos como refugiados en Brasil, según cifras del Ministerio de Justicia.

Michelle Bachelet confirma voluntad de Chile para recibir a refugiados sirios

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La presidenta chilena, Michelle Bachelet, confirmó este lunes en Austria la voluntad de su gobierno de recibir a un grupo de refugiados sirios y “ofrecer a Chile como un país de perspectivas”.

“Estamos trabajando con ACNUR para recibir a un conjunto de refugiados sirios para poder ofrecer Chile como un país de perspectivas”, dijo Bachelet durante una visita oficial a Austria que se inició hoy, citó DPA.

“No sabemos aún cuántos refugiados o cuántas personas que han salido de sus países quieran ir a Sudamérica, a un país bastante lejano que es Chile. Pero podemos ofrecer un país que va a acogerlos y que cuando lleguen a Chile puedan hacerlo en las mejores condiciones”, afirmó.

En una de las actividades principales de su visita a Viena, Bachelet sostuvo una reunión de trabajo con el presidente federal de Austria, Heinz Fischer, donde abordó asuntos bilaterales, pero también la experiencia del país europeo en la acogida a refugiados sirios.

“El tema de los refugiados tocó buena parte del diálogo entre las delegaciones”, reveló Fischer, quien destacó que, en términos per cápita comparado con Alemania y Suecia, Austria es uno de los países que ha acogido a más refugiados.

El presidente austríaco aseguró que, hacia finales de 2015, “habrán pasado nuestras fronteras 200.000 refugiados, de los cuales varios han cruzado luego a Alemania”.

“(Con Bachelet) Estamos de acuerdo en que este es un problema que hay que abordar desde sus raíces, es muy importante que Europa, y en general el mundo, estén ahí y que hagan una política que ayude a que en todos los países del mundo haya condiciones de vida factibles y que no se genere esa gran presión, acción y movimiento de inmigrantes”, dijo Fischer.

Añadió que, a corto plazo, “tenemos que mejorar los campos de refugiados, terminar la guerra en Siria y otras guerras, y hemos de procurar que haya una distribución más justa en la acogida de los refugiados”.

La visita de Bachelet a Austria se extenderá hasta esta la tarde e incluirá una visita a la Cámara de Comercio de Austria y a un centro de Capacitación de la firma KAPSCH.

Por la mañana, la mandataria visitó la Escuela de Educación Dual Industrial de Metal y Vidrio, donde reiteró su intención de replicar este exitoso modelo educativo en Chile.

Carolina aquí, Carolina allá por Carolina Jaimes Branger

CarolinaVollme

 

Las dos son mujeres profesionales, inteligentes y trabajadores. Ambas descienden de próceres de la independencia y son miembros de familias honorables y sobre todo, honestas, de esas que por dos siglos han dictado pauta de buen hacer y buen vivir.

Carolina Vollmer es artista plástica. Además es abogada, pero su pasión la ha encauzado a través del arte. Recientemente inauguró una exposición que denominó “Refugio”, una conceptualización sobre la Venezuela que tenemos. No dejen de ir a verla, está en El Anexo Arte en el edificio Caura de la Avenida Eraso de San Bernardino.

Uno entra y se encuentra con un video de una destructora de documentos, que vuelve trizas a la Constitución Nacional. De ahí en adelante, el recorrido enciende las alarmas y para los pelos de punta sobre nuestra situación actual. Frente al video, una serie de bolsitas plásticas recogen los restos de los títulos destruidos: son nuestros derechos vueltos papelillo.

Un poco más adelante, en el piso, reposan dieciséis repuestos de una rotativa: la censura. En la pared de enfrente, los filtros de las chimeneas de una fábrica que quebró cuelgan del techo: el desmantelamiento de nuestro aparato productivo. En la pared de la derecha, cuatro ovillos de hilo sin usar, pero vencidos, gritan el destino de nuestra industria.

En un patiecito interior cuelgan tres botellones de agua, son contenedores de historias. Uno está a medio llenar de cables, otro casi lleno, pero queda uno vacío, a la espera de la historia que los venezolanos terminaremos de contar. Finalmente, unas piezas vaciadas en resina simbolizan los encuentros. Y es que un país dividido no funciona.

Carolina Márquez Arismendi es Licenciado en Literatura Latinoamericana de La Sorbonne y es Directora de Programación de la Orquesta Simón Bolívar. Fue cronista de excepción del histórico viaje que acaban de realizar nuestras orquestas a Italia. Lo mejor del país viajando por el mundo. De su mano viví los éxitos, sentí las emociones, oí las ovaciones y me enorgullecí una vez más de la dimensión de la obra que es El Sistema.

Apoyada en la magnífica página web Venezuela Sinfónica que dirige la sin par Patricia Aloy, Carolina todos los días colgaba fotos y nos ofrecía un recuento de la gira-residencia que nuestras orquestas realizaron:

El público no sólo aplaudió, sino que hizo un coro de aplausos al unísono para que la orquesta volviera a abrir las partituras y tocara tres bises: la Obertura Festiva, de Shostakovich; el Danzón N° 2, del compositor mexicano Arturo Márquez, y Aires de Venezuela, un popurrí de temas venezolanos con arreglo de José Terencio, que culmina con el Alma Llanera. Nadie de la orquesta, ni el propio director, conocía que en plena interpretación los miembros de la Coral Nacional Juvenil Simón Bolívar, sentados entre el público, cantarían esta suerte de himno para los venezolanos. Muchos músicos tocaban al tiempo que lloraban de la emoción. No podían evitarlo. Paredes también comenzó a dirigir mirando hacia los palcos de donde salían las voces. El público miraba sorprendido ya no sólo hacia el escenario, sino hacia toda la sala, en la que Gustavo Dudamel también cantaba, orgulloso del triunfo de la orquesta con la que comenzó a trabajar como director.

Por ejemplo, cuando presentaron La Cantata Criolla, del Maestro Antonio Estévez, Carolina escribió:

Aunque el público no pudiese entender la totalidad de lo que se decía, la música, la capacidad histriónica de los solistas, la energía y las cualidades interpretativas de la orquesta y el coro fueron suficientes para que los asistentes se trasladaran a lo más profundo de la cultura venezolana. El Sistema apostó por lo venezolano y lo logró. La ovación se prolongó por 10 minutos, una rareza en La Scala para un programa de concierto sin aval crítico europeo.

Dos Carolinas, dos visiones de la contrastante realidad venezolana: la Venezuela destruida y la Venezuela que negada a morir, muestra lo mejor de sí. ¿Con cuál nos quedamos?… Para mí la respuesta es obvia. ¿Y para usted?…

 

 @cjaimesb