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Los Runrunes de Bocaranda de hoy 05.04.2019: MEDIO: $i Pod€mo$
MEDIO
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Mucho hemos hablado en estos larguísimos 20 años de robolución sobre la compra de solidaridades mundiales para Chávez y sus disparatadas propuestas. Aquellas que disfrazadas de avanzada en su esencia fueron -y siguen siendo- populismo, comunismo retrógrado, corrupción y negocios entre aquellos pares que poco a poco, a medida que sus gobiernos son rechazados por los votos, vienen saliendo muy salpicados de ese desenfreno de dólares venezolanos cuando la buena racha de los precios del “oro negro” se compartieron con personajes como el par de los Castro (Fidel y Raúl), el par de los Kirchner (Néstor y Cristina), Lula, Correa, Morales, Vásquez, Mujica, Sánchez Cerén, Ortega, Fidel y Raúl Castro, Zelaya, Funes y Sánchez Cerén por solo nombrar latinoamericanos. Grecia, Portugal, Argelia, Libia, Irak, Siria, Bielorrusia, Rusia, Caricom, Congo, Suráfrica fueron otros que compartieron esa piñata de dólares. Algunos de ellos todavía gozan de esas mieles aunque ya en bancarrota con la excepción de la nueva veta conseguida para seguir saqueando a Venezuela: el oro del Arco Minero que viaja en aviones de diferentes siglas. Comenzando por los exclusivos Falcon de PDVSA. Traigo esto a colación pues no solo fueron gobiernos sino partidos ligados a esas ejecutorias como es el caso del partido español Podemos, bajo la dirección de Pablo Iglesias y en su momento de Juan Carlos Monedero. Asesorías dentro del Palacio de Miraflores o en el Banco Central de Venezuela fueron bien recompensadas. Recordemos que al otrora “pelabolas” de Iglesias le descubrieron un chalet de € 600.000 que casi acaba con su carrera “política”. De esas mismas mieles rojas tiene las dos décadas disfrutándolas el economista español Alfredo Serrano Mancilla, responsable de asesorar a Maduro y su clan íntimo en esta debacle económica financiera. A Serrano le montó Chávez una fundación en Quito para asesorar gobiernos amigos de la que nunca pidió consejo Rafael Correa mientras fue presidente de Ecuador. Hago toda esta descripción pues en varios momentos tanto Chávez como Maduro y sus dirigentes mas cercanos, ministros de finanzas o directivos del Banco Central, han negado ese financiamiento a Podemos. Pues bien, hace apenas un par de días el portal español Moncloa.com reveló unas grabaciones ilegales, en las que se recogen conversaciones de supuestas gestiones del Gobierno ibérico presidido por el expresidente Mariano Rajoy con el exministro venezolano, Rafael Isea. Según estos audios filtrados a la prensa, “esta conversación tendría como fin ahondar en informaciones sobre la financiación del chavismo al partido Podemos, liderado por el socialista Pablo Iglesias. Los audios corresponden a una reunión que se realizó en el consulado de España en Nueva York, en la que participaron el ex inspector de Policía José Ángel Fuentes Gago y otros dos agentes con Rafael Isea, quien llegó a ser ministro de Finanzas en el gobierno del presidente fallecido Hugo Chávez y exgobernador del estado Aragua. Un encuentro que se realizó a finales de 2015, cuando ya se había hecho público un informe de supuesta financiación de Podemos desde Venezuela e Irán. Al parecer, en ese encuentro Isea firmó una declaración para avalar la validez de un documento sobre la financiación de Venezuela a la Fundación CEPS, de la que nació el partido español Podemos, por importe de 7,1 millones de euros. Para poder asegurar la rúbrica del exfuncionario chavista, los agentes de seguridad ofrecieron a Isea una nueva identidad para él y para su familia, según lo que aparece en esas grabaciones”. Lo que siempre hemos dicho: “el dinero sucio, por mas que sea rojo rojito, siempre deja trazas”. No hay sorpresas. Todo lo que viene saliendo en esta específica materia de corrupción fue denunciado por medios de comunicación, dirigentes renegados del régimen, investigaciones periodísticas como “The Panama Papers” y fuentes sigilosas que obtuvieron documentos reveladores. Añádase a ello los que gracias al “Bel Canto” de algunos “cantantes” -como Andrade- ante la DEA, el FBI, el Homeland Security o el IRS permitieron mapear las rutas del descarado robo al Tesoro de Venezuela por parte del pillaje que rodeó a Chávez y sigue al lado de Maduro. Cada día hay mas delaciones al tiempo que capitostes rojos aparecen en Miami, Andorra, Madrid, Santo Domingo denunciados -y hasta apresados en Miami- tras haber hecho algún “negocito” con PDVSA. La guerra entre las mafias rojas sigue viva y las “puñaladas traperas” pululan por estos días que fastuosas bodas en España son pagadas con la corrupción eléctrica-petrolera de PDVSA y Corpoelec que tantas muertes han producido en la población mas vulnerable. Dirán como el general Rotondaro, el expresidente del IVSS: “si…es verdad…murieron 5.000 pacientes por no tener a tiempo sus diálisis…”. Y tranquilamente se lavan las manos como si nada tuvieran que ver con esas muertes…

 

Humano Derecho con Tommy Dugarte, representante de Puro Populismo

¿CÓMO SURGE PURO POPULISMO? ¿Cuáles son las acciones que debemos llevar a cabo como ciudadanos para lograr un cambio? ¿Cuáles son las propuestas que tienen? Estos y otros temas los estaremos conversando con Tommy Dugarte, representante de Puro Populismo, un portal web que surge para crear debate entre los estudiantes y generar nuevos referentes para lograr una transformación social comenzando por el estudiantado.

“Necesitamos un cambio en nuestros ciudadanos. Debemos despertar, unirnos y a través de ideas lograr el cambio que queremos para nuestro país”

En la primera pausa del rock escucharás la banda Limp Bizkit y su canción “Rollin’”, seguido del tema  “Freak On a Leash” de la banda Korn, y finalmente escucharás el tema “Toxicity” de la banda System Of a Down; Estas son las pausas del rock planeadas por @romontesdeoca y @medicenmouzo para este Humano Derecho.

En esta oportunidad contaremos con Rodolfo Montes de Oca (@romontesdeoca) y Génesis Zambrano (@medicenmouzo) como presentadores, quienes les estarán haciendo la suplencia a @fanzinero y @MelanioBar.  Somos el radioweb show semanal que mezcla la buena música con gente que ayuda gente. Transmitido por diferentes plataformas del país, es producido por RedesAyuda y Provea. Más contenido en www.humanoderecho.com

 

 

El miedo como recurso político, por Antonio José Monagas

¿TEMOR AL MIEDO, O MIEDO AL TEMOR? AUNQUE PUDIERAN PARECER TÉRMINOS que confunden actitudes, son condiciones que incitan situaciones distintas. Pues temor no es miedo y miedo no es temor. El temor implica un nivel de acato. Por su parte, el miedo infunde un tipo de acoquinamiento que lleva a esconderse o paralizarse ante el acecho de un poder capaz de dominar, apocar o devastar la temeridad como expresión de vida propia.

La política utiliza el miedo para arrinconar posturas que lucen incómodas a la vista de quien ejerce el poder. Por eso el poder, raya con el abuso. Por cuanto, quien lo detenta se apoya en sus efectos para imponer consideraciones y condiciones que, en medio de la jugada política que su afán de predominio le infunde, se sirve de las mismas para aporrear realidades, deformar razones, humillar esperanzas o amenazar procesos o composturas individuales o colectivas.

Afrontar provocaciones diarias o por doquier, que nunca dan tregua, es terriblemente angustioso y agotador. El miedo llega a convertirse en un arma de doble propósito. No sólo preparada para lastimar o lacerar. También para herir de muerte a quien se atreva a desafiar su capacidad de intimidar. De ahí que el ejercicio de la política, vista con el ánimo de ocupar el espacio por encima de toda ventaja posible que pueda estimarse desde una posición rival, es una conspiración permanente.

Es cuando el miedo se torna en la violencia necesaria mediante la cual quien lo provoca, termina fungiendo como una especie de verdugo o de incendiario de ilusiones validadas y justificadas por el derecho a vivir en libertad. Así que ante lo que una escena así puede representar, es necesario mirar la política como el medio cuyo ambiente puede tentar al político o al gobernante a actuar desde el plano de sus debilidades. Eso lo hace tan peligroso como quien pueda reaccionar intempestivamente ante cualquier contingencia que azore su humanidad. Quizás, fue la razón para que Ludwig Borne, escritor alemán, señalara que “el hombre más peligroso, es aquel que tiene miedo”. Y de ello, obviamente, no escapa ni siquiera quien se arrogue la tenencia del poder.

En la instauración y empleo del miedo como recurso político de gobierno, se inspiró el fascismo. Más luego, el populismo propio de las dictaduras que han acosado realidades políticas durante el siglo XX y en lo que ve de siglo XXI. Así se tiene que Venezuela es un triste ejemplo de lo que el factor miedo ha inducido todo gobierno de corte opresor y represivo, al momento de desgarrar esperanzas y ultrajar derechos humanos.

Después que Venezuela vio nacer hombres de la talla moral de Francisco de Miranda, Simón Bolívar y Andrés Bello, mutó su génesis política. Su naturaleza comenzó a desestimar su talante creador. Se desfiguró su carácter. Sus tierras se prestaron para sembrar resentimientos que se valieron del miedo para cosechar envalentonamientos que las dictaduras padecidas, convirtieron en forma de desprecio hacia valores libertarios. Sólo que el esfuerzo de hombres dignos, revirtió algo de lo que el miedo históricamente inculcó. Sin embargo el empeño tiránico por torcerle el destino que merece la nación venezolana, siguió azuzando realidades. Sobre todo, cuando gobernantes capciosos vieron y entendieron el miedo como recurso político.

 

@ajmonagas

De morisqueta en morisqueta, por Antonio José Monagas

 

La venezolanidad a la cual se apega el discurso político del actual populismo autoritario, se vale de múltiples analogías con la vida que tiene lugar en las facetas más acendradas del folklore. Sin embargo, entre frases mal pronunciadas y promesas baldías, se escapan algunos enunciados o expresiones que intenta argumentar mediante arrogancias o “gracias” pero que resultan tan obscenas o vulgares, como extemporáneas. Particularmente, por causa del desconocimiento que tiene el gobernante de razones que la historia ha fundamentado. Aunque alejadas de circunstancias que hacen de cada hecho un capítulo del proceder nacional.

A decir por lo que el léxico popular ha intentado asentir, el proceder gubernamental venezolano, en lo que va de siglo XXI, no ha podido escapar de consecuencias que desdicen no sólo de lo que ha pretendido estructurar. Aun cuando desde la óptica de “caer bien”. Y cada “gracia” de ese estilo, intentada como evento o propuesta de corte ideológico, se ha convertido en recurso comunicacional para encubrir el carácter ambiguo, decrépito e incoherente de todo lo que configura el proyecto de gobierno que sigue el actual régimen socialista desde que se estableció en Venezuela, hace casi veinte largos años.

En medio de lo que ha sido esa peligrosa y forzada mezcla de materialismo histórico con santería, ha pretendido fraguarse una realidad adoquinada con las más ridículas e inconsistentes manifestaciones de un injustificado constructo político para el cual exaltaron personajes abominables. Pero que políticos de oficio, usurpando la auténtica historiografía, enfundaron con trajes de precursores y libertadores, y de abnegados patriotas, para esculpir causas históricas a imagen de ideas revolucionarias formuladas por el oficialismo para su beneficio político.

El sentido que le dieron a la prédica política a partir de la cual estos gobernantes, literalmente, incendiaron al país, permitió que muchas de sus gracias acomodadas a manera de serviciales consideraciones, terminaran transformándose en abruptas morisquetas. En consecuencia, el régimen venezolano se afincó en crudos y vagos convencionalismos, como patriotismo, bolivarianismo, constitucionalismo y venezolanismo. De tal modo, que el uso de dichos silogismos, afianzó el ejercicio de un gobierno que se dio a la tarea de tramar promesas vacías con el apoyo de un discurso montado sobre palabras tan incomprendidas por laxas, como “pueblo”, “soberanía”, “patria”, “democracia”, “paz”, “independencia” entre otras.

De todo ello resultó un gobierno que basó su gestión en una relación dirigida a humillar, ofender, blasfemar, odiar, violentar, azotar y silenciar a quienes de alguna forma muestran rechazo a sus conjuros de recuperación, inclusión, desarrollo y participación, principalmente. Podría decirse que el afán de enquistarse en el poder se tradujo en una deformación de aquellos valores superiores sobre los que se soporta el ordenamiento jurídico venezolano. Y que, a instancia de la Constitución de la República sancionada en 1999, exhorta actitudes de justicia, pluralismo y solidaridad. Sin embargo la tendencia que marca el devenir nacional, descubrió desenfrenos y tramas que conspiraron contra la institucionalidad democrática.

Esto hizo que la corrupción luciera casi intangible, por escaso tiempo, por efecto del encofrado que se ha levantado entre los cientos de preceptos tratados por las múltiples leyes ordinarias, decretos y resoluciones aprobados al voleo por distintas cuerpos y corporaciones con forzado rango legislativo. Además, usurpado bajo el clima de “justicia revolucionaria” que dichas instancias se arrogan.

La inercia de tantos escollos que el régimen socialista, en aras de pautar su mal llamado “socialismo del siglo XXI”, ha avivado y generado, son fatuas “gracias” que se convirtieron en meras burlas. O sea, cumplió con el aforismo que reza: “quiso hacer una “gracia” y le salió una morisqueta”. Por eso, y por más ensayos que el alto gobierno pueda concebir buscando enroscarse al poder, mediante propuestas que poco contienen, todo resulta una vulgar patraña. Más, porque anda urdiendo sus mentiras. Pero de morisqueta en morisqueta.

@ajmonagas

Del populismo usurpador al clientelismo engañador, por Antonio José Monagas

 

La intención de fraguar un sistema político democrático luego de la caída del régimen autoritario del Gral. Marcos Pérez Jiménez, en Enero de 1958, no logró levantarse con la magnificencia para entonces procurada. El modelo político-económico implantado, resultó caracterizarse por marcadas contradicciones determinadas por el populismo que fungió de marco fáctico para encubrir pretensiones reunidas alrededor de una retórica política que sólo apuntaba a exaltar el nacionalismo, las luchas contra las oligarquías y la igualdad social.

El país político prefirió enrumbar su praxis política ateniéndose a lo que representaba un modelo de “estatismo partidizado”. Particularmente, por cuanto los intereses que campeaban en torno al manejo de la gestión de gobierno, que desde 1959 se emprendía, parecían rendir más réditos políticos y provecho económico que lo pautado por criterios de desarrollo social, ordenamiento territorial y mejoramiento cultural.

Los partidos políticos cuyo arrojo fue protagonista de eventos que determinaron la defenestración del despotismo militar, comenzaron a monopolizar la mediación política entre el Estado y la sociedad civil. Ello, por supuesto, devino en una degradación de conceptos que exaltaban la democracia como función de las libertades y derechos alcanzados históricamente. Tan contrariado comportamiento, permitió que se controlaran medios de comunicación. Y peor aún, mecanismos de dirección del Estado los cuales, desde los mismos inicios de lo que se denominó “período democrático”, desfiguraron la concepción del Estado venezolano. Tendencia ésta que igualmente asintió la redacción de la Constitución del 1961. Fundamentalmente, cuando algunos de sus preceptos reglamentan el sistema político con disfrazados visos de centralismo, presidencialismo y paternalismo.

De esa forma, se instituyó una normativa que velaba por la organización del Estado. Bajo la misma, fue posible establecer un control político por “fideicomiso”. Es decir, se instauró una especie de intervención de la administración de entidades gubernamentales a través de gremios, grupos politizados o partidos políticos. Todo ello con la intención de controlar o penetrar políticamente instancias administrativas correspondientes al manejo del Estado con el fin de hacerse del dominio de las mismas. Así, engrosaban la burocracia en su propio beneficio mediante groseras prácticas clientelares.

Sin embargo, las realidades políticas siguen apegándose a prácticas que persisten en continuar con tales preferencias. ¿Y por qué no decirlo? Estas prácticas se observan depuradas en términos de lo que significa el aprovechamiento político en beneficio personal de quienes gozan de sus bondades. Y que si bien, este tipo de prácticas puede caracterizarse como expresión del clientelismo, no califican exactamente como razón del populismo. Aunque el populismo es fuente del clientelismo. Tanto como de mañas o actitudes que conducen a la perversión y corrupción del ejercicio de la política.

Del populismo, pueden hacerse múltiples referencias que dan cuenta de la desvergüenza que acompaña sus distintas manifestaciones. Aunque debe reconocerse que ha servido a generar un alto grado de apoyo político a todo gobierno que base su gestión en promesas de interminables condicionamientos. De ahí que, a corto plazo el populismo acrecienta el fervor por el proyecto político que sirve a gobiernos ha adelantar parte de su oferta. No obstante, a mediano y largo plazo, deja relucir sus debilidades. Su condición usurpadora. Sobre todo, porque fomenta meras ilusiones de igualdad social lo cual no es óbice para que el populismo sea entienda como razón de ascenso -relativamente rápido- de individuos y grupos sociales.

Dicho de otro modo, la condición demagógica del populismo lo lleva a diferir soluciones a problemas que pueden lucir impopulares. Pero también, actúa como factor conciliador. Aunque en situaciones de apremio por lo que apela a paliativos, indistintamente de sus consecuencias. Fundamentalmente, por cuanto todo régimen populista sólo se interesa en adelantar una gestión pública capaz de ganar el espacio político necesario que asegure el enquistarse en el poder político. Esta consideración hace ver que el populismo no busca amarrarse a doctrinas políticas dado su carácter enteramente pragmático. O sea que al alimentarse del rechazo a las ideologías, su praxis no se verá sometida por concepciones políticas doctrinarias.

En el caso Venezuela, donde se habla de socialismo como fundamento doctrinario del actual proyecto de gobierno, se infiere o que el mentado socialismo no es tal conceptualmente, o que el populismo es apenas la fachada de un régimen que tiene trabado sus mecanismos de intervención social y económica. Por tanto, lo que intenta el populismo acometer sólo obedece a un ideario político supeditado a las circunstancias imperantes. Improvisado o diseñado bajo un esquema totalmente oculto.

Por su parte, el clientelismo, al fin como secuela del populismo en tanto modo de acentuar el desarreglo que plantea dada su naturaleza fáctica, actúa como canal de desviación del proceder político-administrativo sobre le cual se soporta todo régimen. Por más que se precie de mantener impoluta su gestión publica, la misma es profundamente engañadora. Su propensión a la prevaricación o corrupción, permite a los detentadores del poder político relacionarse clientelarmente con el estamento que administra los bienes públicos. Pero si estos no se administran según la lógica imparcial de la ley sino bajo una apariencia legal, se da paso al intercambio de favores permitiéndose la concesión de prestaciones por parte de quienes ostentan cargos públicos con manejos dispendiosos del poder.

Es el problema que exactamente padece Venezuela toda vez que a su gobierno lo caracteriza un sistema  clientelar dirigido a favorecer condiciones a instancias de la corrupción campante. La manera de cómo el cliente político busca compensar el favor recibido, pudiera explicar la razón de la cual se ha valido el régimen para intentar perpetuarse en el poder. O bien, mediante la amenaza ejercida al momento de utilizar esa misma capacidad de decisión para afectar a quienes no se presten a colaborar con la coerción que aplica el régimen en aras de conservar su hegemonía política. Por eso el partido de gobierno, financiado en buena medida con recursos del fisco, se convirtió en una piedra angular del clientelismo político venezolano.

El régimen “socialista” se ha valido del hecho de desvalijar en lo posible al venezolano para que así se vea en la forzosa necesidad de conectarse con sitiales que le permitan hacerse de una vida más cómoda. Por eso, el régimen ha ideado mecanismos de compensación social, como las cajas CLAP y los distintas dádivas o bonos alimentarios a manera de crear en los venezolanos vías de salida rápida o atajos para paliar su hambre. Pero también, para saltarse barreras sociales que envalentonen con el apoyo gubernamental brindado.

De ahí que no resulta complicado advertir que la causa que sirvió de retén al gobierno militarista venezolano para enroscarse en el poder, fue transitar truculenta y “exitosamente” del populismo usurpador al clientelismo engañador.

 

@ajmonagas

¿Qué significa el término populismo, que se usa tanto para describir a Donald Trump como al fallecido Hugo Chávez?

 

¿Qué tienen en común Donald Trump, Hugo Chávez y Rodrigo Duterte?

A pesar de sus diferencias, todos estos líderes han sido calificados de populistas.

Y el populismo ciertamente está en ascenso, especialmente entre la derecha europea y en Estados Unidos.

En ese último país ayudó a la coronación de Trump. Mientras que los buenos resultados en Italia del populista Movimiento Cinco Estrellas y la antiinmigrante Liga —los más votados en las últimas elecciones—, son solo los últimos de varios resultados similares en Europa.

Aunque no hay que confundir el ser popular con el ser populista.

El verdadero pueblo

En ciencias políticas, populismo es la idea de que la sociedad está separada en dos grupos enfrentados entre sí: “el verdadero pueblo” y “la élite corrupta”, explica Cas Mudde, autor de “Populismo: una muy breve introducción”.

Pero el término es a menudo empleado como un insulto político, y en Reino Unido el líder laborista, Jeremy Corbyn, ha sido acusado de populista por causa del lema de su partido “para la mayoría, no unos pocos”. Aunque eso no es precisamente correcto.

Efectivamente, según Benjamin Moffitt, autor de “El auge global del populismo”, la palabra “es por lo general mal utilizada, especialmente en el contexto europeo”.

El verdadero líder populista, explica, asegura representar la unificada “voluntad del pueblo”.

Y se presenta como oposición a un enemigo —a menudo representado por el actual sistema— con el propósito de “drenar el pantano” o lidiar con “la élite liberal”.

“En el contexto europeo generalmente se ubica a la derecha… pero eso no está escrito en piedra”, dice también Moffitt.

 

El auge de la derecha

Efectivamente, los partidos populistas pueden ubicarse en cualquier lado del espectro político.

En América Latina un ejemplo es el ya fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, mientras que España tiene a Podemos y la etiqueta también le ha sido aplicada a Syriza en Grecia. Todos, partidos de izquierda.

Pero “la mayoría de los populistas exitosos de la actualidad están en la derecha, particularmente en la derecha radical”, destaca Mudde.

Según el catedrático, políticos “como Marine Le Pen en Francia, Viktor Orbán en Hungría y Donald Trump en EE.UU. combinan populismo con nativismo (antiinmigrante) y autoritarismo”.

Y aunque durante los últimos años los comentaristas han estado advirtiendo sobre el auge del populismo de derecha, en realidad el fenómeno no es nada nuevo.

“Los expertos en ciencias políticas han estado siguiéndolo por los últimos 25-30 años”, dice Moffitt, quien sin embargo admite que “se ha producido una aceleración”.

Papa preocupado por “retorno de los nacionalismos” en Europa

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El secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, ha afirmado que el papa Francisco está preocupado por “el retorno de los nacionalismos” y las “presiones disgregadoras” que afectan a Europa.

Según informó hoy la Santa Sede, Parolin afirmó que “el resultado del referéndum británico del año pasado y las presiones disgregadoras que atraviesa el continente han llevado al papa a considerar la urgencia de favorecer una reflexión aún más amplia y cuidadosa sobre toda Europa y sobre la dirección que esta -incluso más allá de las fronteras de la UE- tiene intención de emprender”.

Parolin, en declaraciones realizadas el viernes a puerta cerrada en el Vaticano, también explicó que el papa está preocupado por otras cuestiones como “el avance del populismo y el retorno de los nacionalismos, el paro o los problemas medioambientales”.

El secretario de Estado vaticano también subrayó que “la Santa Sede ha mirado desde el principio con interés y respeto el proyecto de integración europea” y apostó por una UE en la que “la unidad prevalezca sobre el conflicto”.

El papa Francisco ofreció hoy un discurso en el Vaticano a los participantes de un foro de diálogo sobre el futuro de la Unión en el que cargó contra “las lógicas particulares y nacionales” en Europa y defendió el diálogo en la política para impedir que “formaciones extremistas y populistas” hagan “de la protesta el corazón de su mensaje”.

También apostó por el diálogo en la política y afirmó que en su ausencia “encuentran terreno fértil” las formaciones “extremistas y populistas que hacen de la protesta el corazón de su mensaje político, sin ofrecer un proyecto político como alternativa constructiva”.

El evento, denominado “(Re)thinking Europe” (“Repensando Europa”), estuvo organizado por la Santa Sede y la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (Comece) y contó con la presencia de figuras como el presidente del Parlamento Europeo (PE), Antonio Tajani; el vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans; o Mairead McGuinness, una de las vicepresidentas del PE.

Radicalismo en diez rounds, por Víctor Maldonado, Erik Del Bufalo y Óscar Vallés

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Diálogo y debate entre:

Víctor Maldonado @vjmc

Erick del Búfalo @ekbufalo

Óscar Vallés @OscarVallesC

 

 

Round 1.

Víctor Maldonado

Vivimos tiempos oscuros. Si se quisiera utilizar algún criterio, son tiempos de volatilidad, complejos, inciertos y ambiguos. Tiempos, por tanto, propicios para que los zorros se metan en los gallineros y acaben con todo. La incertidumbre es el resultado porque desconocemos toda la trama, pero también porque no queremos reconocer lo que efectivamente está ocurriendo en una situación donde se perdió total transparencia. Hay dos flancos que no se contraponen, sino que parecen complementarse para garantizar que se mantenga un statu quo que cobra un alto precio a los ciudadanos venezolanos en términos de muerte, desbandada, enfermedad y pobreza. ¿Cómo se puede sortear esta trampa que ya lleva veinte años de éxito?

 

Round 2.

Erik Del Bufalo

La trampa quizás no viene por la volatilidad de los tiempos o su inquietante oscuridad. Creo que padecemos, más bien, los efectos de una trampa primaria: creer que la democracia es independiente del Estado de derecho. En otros términos, pensar que democracia y dictadura de mayorías son la misma cosa. Esta confusión fue la que nos llevó a desmontar el estado democrático, que a pesar de que era precario, existía antes de Chávez. Digo desmontar, porque quienes comenzaron el desmantelamiento de la República no fueron las masas populares, fueron las élites acostumbradas al proteccionismo y al rentismo petrolero. Chávez es un producto del populismo de élites. Respondo entonces tu pregunta con otra pregunta: ¿Cómo formar un nuevo pacto de élites que nos lleve a refundar la República liberal donde solo es posible la democracia genuina?

 

Round 3.

Óscar Vallés

No podremos salir de esta condición PSUVista, caracterizada por la explotación y la polarización extremas, si antes no consideramos primero cuál es la extensión y la intensidad del principio del estado de derecho, o más filosóficamente, el sentido de justicia que debe regir entre los venezolanos. Mientras no reflexionemos sobre la calidad y abundancia institucional de nuestro sistema político, será difícil llegar a tener la democracia que hace posible una sociedad de cooperación y pluralidad. Porque la democracia, como advierte Erik, no se reduce a un asunto plebiscitario que funciona bajo el imperio de la “regla de la mayoría”. La democracia es un orden de instituciones dispuesto para preservar ese poder que cada ciudadano tiene de concebir un plan de vida digno de vivirse, bajo un sistema de reglas y prácticas equitativas que le permita vivirlo, sin menoscabo de los planes de vida de los demás. Ese sistema de reglas y prácticas, que expresan la obligación política por consentimiento, y que es típica de la democracia, solo se hace posible por ese sentido de justicia, o principio del estado de derecho, que los ciudadanos admiten y asumen como elemento rector de la vida republicana. Como pueden ver, refundar una Democracia Republicana, así con mayúsculas, requiere consideraciones muy previas al papel que un pacto de élites puede tener en su instauración.

 

Round 4.

Víctor Maldonado

Es indispensable volver a lo básico. Debemos desterrar la picardía política, y la posibilidad de tomar ventajas desde las posiciones de poder. Ese “tío conejo” vivaracho, improvisado, ocurrente, y que vive al margen de las reglas, siempre ha recelado de los acuerdos institucionales. Yo creo que la no reelección a todos los cargos ejecutivos es un punto de partida que se me ocurre crucial, porque implica la renuncia al odioso monopolio del poder y el dejar de lado la lógica del caudillo que necesita montoneras y seguidores no deliberantes. Creo que el libre mercado y el respeto a los derechos de propiedad son su equivalente para el sector privado. Y la renuncia a la condición de estado patrimonialista, supuestamente mejor administrador de los recursos del país, pero que en realidad es el manantial de una lógica rentista que transforma las relaciones institucionales en mafias. El chavismo es solamente una exacerbación de un curso de acción que ya venía antes. La doble vuelta para la selección del presidente de la república debería ser otra condición. Y el incentivo para desarrollar e instrumentar las alianzas programáticas que se puedan implementar en un período de gobierno. En resumen, el pacto de élites tiene que fundarse en la imposibilidad de mantener una apropiación indebida del poder. Ahora bien, ¿cómo hacemos esta transición entre lo que tenemos y lo que queremos?

 

Round 5

Erik Del Bufalo

El comentario de Óscar Vallés y tu pregunta nos obliga a distinguir más claramente la diferencia entre República o Estado de derecho, e igualdad de libertades civiles, de la mera democracia.  Efectivamente, un simple pacto de élites sustentado en el paternalismo y el rentismo no es en sí la solución. De hecho, el chavismo comenzó como un pacto de élites para impedir la perdida de privilegios oligárquicos atados al modelo rentista. Por Estado de derecho debemos entender no solo el imperio de la ley y la igualdad de todos los ciudadanos sometidos a ese imperio. Debemos entender también la lógica negativa del poder propia de las repúblicas modernas, es decir, la mayor contención posible del poder ante la libertad de los ciudadanos, que han renunciado o traspasado parcialmente su derecho natural a un estado de civilización, y esto lo han hecho por seguridad, pero jamás por sumisión. No obstante, como bien dice Víctor, de poco sirve un orden legal o constitucional que limite al poder si no hay un sustento real, objetivo, que lo haga posible. Ese sustento real es la sociedad abierta, que implica el libre mercado, la libre expresión, la propiedad privada y el empoderamiento de los individuos. Solo así es posible que la república no sea el cascarón vacío donde el parásito del totalitarismo vendría a infiltrase a través de la democracia como simple voluntad de las mayorías. La transición, entonces, entre esta “tiranía de mayorías sin mayoría” a una verdadera República no solo debe venir de un pacto de élites sino de cierta coerción geopolítica para que esas élites abran la economía. De allí que encuentro esencial las sanciones internacionales que deben hacerse aún más duras. ¿Pero es esto realmente posible en el contexto internacional que tenemos?

 

Round 6

Óscar Vallés

Ahora la cuestión que venimos considerando tiene más claro sus elementos. Por un lado, tenemos un compromiso ineludible e irrenunciable con ese orden institucional de principios y valores que constituye una genuina democracia republicana, como la llamó Charles Taylor en su célebre conferencia de Chile, que requiere además una sensata y razonable apertura económica que estimule la innovación, la creatividad y el emprendimiento con el más amplio esquema de libertades. Por el otro, requerimos una sociedad civil y política bien estructurada, esto es, con asociaciones intermedias que tengan clara representación de sus afiliados y miembros, con directivas que tengan potestad de tomar decisiones que sean avaladas por sus bases, de modo que un proceso de negociación y acuerdo entre las fuerzas democráticas republicanas tenga la vinculación y el compromiso que la transición exigirá mantener al menos en los próximos 20 años. Finalmente, es preciso mantener un entorno internacional favorable para la inserción de Venezuela en el mercado internacional de bienes y capitales, que permita apalancar los requerimientos de financiamiento que la destartalada economía nacional necesita con urgencia. Sin embargo, en las actuales condiciones que el país presenta, aterrizando en esta Tierra de Gracia, el desenlace de este drama sigue dependiendo de la calidad del liderazgo nacional. Perdonen que lo tenga que reiterar una vez más aquí. Si ponemos en una balanza los últimos 100 años, Venezuela ha tenido todo para ser una nación donde sus ciudadanos viven como dignamente aspira vivir la humanidad. Lo que nunca hemos tenido es un liderazgo ilustrado, comprometido, honrado y leal con los ideales republicanos y democráticos. Esa es la variable que nos mantiene atado a la miseria. La pregunta ahora la regreso con punta: ¿tenemos hoy al menos algunos líderes políticos que rompan con ese déficit histórico?

 

Round 7

Víctor Maldonado

Han planteado dos preguntas que a mi juicio son cruciales. La primera tiene que ver con el grado de compromiso del concierto internacional con la vigencia de las libertades y derechos humanos en un país determinado, y la superación de un viejo fetiche, el respeto sacrosanto de la soberanía nacional, que siempre termina convirtiéndose en el santuario de los déspotas, los corruptos y los consumidores voraces del poder. También hay que señalar cómo han operado las imposturas ideológicas para encubrir la perversidad en el uso del poder. Las izquierdas, y el esfuerzo por mantener una versión contumaz de “lo políticamente correcto” han sido las alcahuetas de cualquier tipo de tropelías, como si fuera más importante conservar las viejas consignas y las desgastadas canciones de protesta que garantizarle a la población libertad y derechos. Eso, por supuesto, sin entrar a considerar la Realpolitik, la trama de intereses de los países, y cómo terminó Venezuela entrampada en una geopolítica donde Cuba y la paz colombiana importaban más que la suerte de nuestro país. Toda la era de Obama funcionó como apaciguador de una gran sinvergüenzura latinoamericana, respaldada por los bajos rendimientos y la escasa calidad de la dirigencia política local. Esa es la pregunta que deja en el aire Óscar Vallés. Luego de veinte años ya se torna imprescindible valorar las estrategias políticas y sus resultados. Y por qué las decisiones fueron para intentar una convivencia imposible y no una ruptura necesaria. Los partidos políticos venezolanos (salvo VENTE) se autodenominan de centroizquierda, todos son estatistas por convicción, y todos creen en una sustitución de actores en el marco de la misma lógica socialista. Ellos creen que este socialismo es viable si son ellos quienes lo administran. Incluso afirman que ellos pueden servir de injerto para mejorar lo que ya tenemos, pero conservando el mismo signo. Ahora están tratando de sortear una tragedia, y es que, con el colapso del socialismo del siglo XXI, ellos se quedaron sin propuestas y sin discurso. Les queda, eso sí, un inmenso resentimiento y mucha suspicacia contra cualquier oferta no populista, no demagógica, no patrimonialista, no estatista, no rentista. Es más, ellos no están habilitados para ofrecer a sus cuadros algo más que una relación básicamente clientelar y, por lo tanto, condenada a corromperse más temprano que tarde. ¿Son capaces de regenerarse ellos mismos? ¿Cuáles incentivos debe colocar la sociedad civil para que ellos expresen nuestras aspiraciones republicanas?

 

Round 8

Erik Del Bufalo

La crisis de la socialdemocracia es un fenómeno global y que se decanta no siempre hacía la izquierda, sino muchas veces hacia el populismo de derechas, que tanto azotó a Europa occidental en el siglo pasado. Esa crisis la vivimos también los venezolanos de un modo dramático con el chavismo, que nace como un populismo de derecha y que rápidamente se redescubre como estalinismo blando guiado por la tutela estratégica e ideología de Cuba totalitaria. En este contexto histórico calamitoso, y luego de casi dos décadas de decadencia, apartando la crisis política que ya existía y que condujo al chavismo, debemos decir la terrible verdad: la clase política venezolana, salvo admirables excepciones, no solo fue incapaz de reinventarse, sino que se atrincheró en lo peor de los viejos atavismos del Estado clientelar, rentista y asistencialista. Ello le ha dado al chavismo, mucha más vida de la que debía haber tenido y ha permitido el envilecimiento no solo de la política, sino, y más grave aún, de la sociedad entera. No obstante, en medio de esta ruina, pienso que ya se van consolidando minorías sustanciales capaces de tener una visión grande, de largo plazo y con un sentido profundamente republicano, que quiere ir más allá de la mera democracia competitiva que es, al fin y al cabo, a lo que se redujo nuestra “cultura democrática” después del pacto de Punto Fijo. Mi duda radica en saber cuál será la dinámica que hará que estas minorías puedan transformarse en agentes eficaces del cambio profundo del país y cuánto tiempo necesitarán para ello.

 

Round 9.

Esa duda, Erik, esa es la gran interrogante que nos hacemos después de esas décadas perdidas del puntofijismo mal entendido, de la neo-gerontocracia adeca, y de los nuevos adoquines de la internacional socialista en Venezuela, junto al pragmatismo utilitario no-doctrinal de sus actuales socios políticos, para no mencionar a la mafia criminal, vestida de organización política, que devasta el país. El surgimiento de los partidos políticos en Venezuela siempre estuvo asociado al ejercicio clientelar del Estado. Tener alcaldías y gobernaciones, cuando no el control del Ejecutivo Nacional, le permite a esas troikas partidistas emplear a sus cuadros políticos en cargos públicos, para mantener una estructura permanente y profesional al servicio del partido; financiar los costos de sus operaciones de proselitismo y expansión, con recursos públicos, para aumentar su base de militancia y su cartel de contratistas; y ganar más influencia y poder en la política local, estadal o nacional, según las ambiciones de su cúpula directiva. Organizar una nueva referencia política con una clara ambición de cambio profundo, incluso en sus prácticas de funcionamiento y expansión, no lo veo difícil, sino hasta necesario e indispensable, si queremos romper el círculo vicioso donde estamos girando, al menos, en los últimos 40 años. El asunto por tanto no está en cómo conformar una nueva organización política, porque hay miles de ciudadanos en todos los municipios del país dispuestos a ello, mucha ingeniería organizacional disponible y exitosas experiencias para hacerlo. La cuestión la encuentro en el tiempo requerido para fraguarlo, esto es, en la segunda interrogante que deja Erik en mesa. Estamos mal acostumbrados a la inmediatez y a las fórmulas mágicas. Se llevará el tiempo que requiera y puede ser varios meses de trabajo incesante y agiotador, pero también satisfactorio y enriquecedor. Sin embargo, el mayor obstáculo lo encuentro en donde tal vez uno menos lo esperaría. Porque una nueva referencia política tendrá enemigos, mucho más acérrimos y peligrosos, en quienes hoy monopolizan la oposición a la dictadura, que en la misma camarilla dictatorial. Pero el camino más largo es el que no se inicia. De modo que estoy convencido que no hay mejores condiciones para la conformación de una tercera fuerza política que las que ahora tenemos. Ni mejores ni más apremiantes. La invitación sigue abierta.

 

Round 10

Víctor Maldonado

Una amiga con quien comparto afanes radiofónicos siempre cierra su programa diciendo que los venezolanos no tenemos por qué resignarnos a esto que vivimos. ¿Qué es lo que vivimos? Sufrimos los efectos de una mala política, que necesariamente se decanta en una mala economía. Eso es lo primero que tenemos que aprender y asumir. Que política y economía vienen apareadas y que, por lo tanto, no podemos deslindar el discurso populista, irresponsable y taimado, de las secuelas que deja en la prosperidad de la gente. La gente es infeliz en regímenes populistas. Vive de decepción en frustración, con efímeros momentos de falsos entusiasmos. Los populistas obligan al saqueo del futuro, en eso consiste precisamente la depredación irresponsable de los recursos del país a través del estado patrimonialista. Pero hay que señalar que el populismo tiene su propia institucionalidad en los gobiernos extensos y en los partidos clientelares. Venezuela es un doloroso ejemplo. Millones de empleados públicos que presionan a la indisciplina fiscal, causante de la inflación, y partidos que, aunque se presentan como alternativa, no son otra cosa que la convalidación de lo mismo, una oferta demagógica, incumplible, pero sobre todas las cosas, ruinosa. El populismo tiene también su cultura y sus valores, por ejemplo, el rentismo petrolero, la necedad de mantener el criterio de empresas y sectores estratégicos y su concomitante capitalismo de estado, la alusión a la pobreza para justificar que ellos sigan a cargo, la perniciosa imaginación de que las cosas se resuelven por decreto, una especie de legalismo mágico, la ainstrunmentalidad implícita que se nota en la incapacidad de resolver cualquier problema, y lo peor, el creer que de una situación así se sale, por las buenas, y gracias a que en cualquier momento ocurre el milagrito. El desafío para nosotros, los radicales, es seguir insistiendo en romper este círculo perverso de complicidades y complementariedades del que vivimos el fatal momento culminante. Los venezolanos se están muriendo de hambre, no tienen como resolver una enfermedad, y muchos han partido en desbandada, apostándolo todo a la fortuna que a veces no les es propicia. La única salida fructuosa es la ruptura ideológica, ética, institucional y programática. Necesitamos apostar por la libertad, la libre empresa, el estado limitado, la soberanía del consumidor, la transparencia y rendición de cuentas de los que son encomendados para que gobiernen por nuestra cuenta. Que eso sea posible dependerá de una sublevación ciudadana que exija más, no siga jugando a la ingenuidad supuesta, asuma su responsabilidad con sus propios proyectos de vida, sea más realista, y se conforme menos. Los venezolanos están desperdigados por el mundo, echando el resto. Ahora corresponde echar el resto aquí para construir el país que merecemos, que soñamos y por el cual, en los últimos veinte años han dado la vida y sufrido persecución tantos venezolanos. Insisto, hay que darle un chance a la libertad, enterrar a todos los caudillos, y comenzar una etapa donde prive un nuevo pacto republicano. La invitación sigue abierta, entendiendo eso sí, que fuera de ese proyecto luminoso, habrá esta oscuridad, el llanto y crujir de dientes que ahora nos impone este totalitarismo.