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42% de los migrantes venezolanos perdió su empleo y 31% ha pensado retornar, reveló sondeo de la UCAB
Según el estudio, 90% de los encuestados reportó una caída de sus ingresos, lo que repercute sobre las personas dependientes, pues 80% manifestó que tiene cargas familiares, dentro o fuera de Venezuela

El Observatorio Venezolano de Migración (OVM) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) publicó este 27 de mayo su reporte situacional sobre cómo ha afectado a la población de migrantes venezolanos el contexto del COVID–19. Entre los hallazgos destaca que cuatro de cada 10 perdieron su empleo y 66% aseguró que depende de donativos para alimentarse, desde la entrada en vigencia de la cuarentena en los países donde residen.

Según el informe, 90% de los encuestados reportó una caída de sus ingresos, lo que repercute sobre las personas dependientes, pues 80% manifestó que tiene cargas familiares, dentro o fuera de Venezuela. “Los pronósticos apuntan a que quienes tienen responsabilidades por cargas familiares en Venezuela enfrentarán dificultades para el envío de ayudas económicas/transferencias al país y ello hará recular de nuevo la capacidad de consumo que había experimentado cierta reactivación en el año 2019”, alerta el documento del OVM.

El reporte hace referencia a hallazgos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) en 2018, que ubicaban en 500 mil los hogares que recibían remesas del extranjero, pero precisa que investigaciones recientes elevan la cifra a más de dos millones de hogares. También recuerda que el Banco Mundial estimó en 20% la caída de las remesas en todo el planeta por la pandemia.

1 de cada 4 no tiene dinero para comer

La investigación “Situación de migrantes venezolanos recientes en el contexto del COVID-19” se levantó entre el 15 de marzo y el 15 de abril de 2020, sobre la base de un cuestionario de 27 preguntas para identificar la condición migratoria actual, la situación laboral, efectos sobre los ingresos, carga familiar, disponibilidad de recursos para manutención, solicitud de ayuda, aprobación de las medidas de los gobiernos para enfrentar la pandemia y la predisposición a retornar a Venezuela.

En la ficha técnica se especifica que “la muestra seleccionada se basó en la lista de 9.320 correos electrónicos compilados a partir de las 12.957 entrevistas efectuadas a emigrantes venezolanos que dejaron el país, del 8 de abril al 5 de mayo de 2019, cumpliendo las formalidades de control migratorio en la oficina de Migración Colombia, en el marco del segundo estudio sobre movilidad humana venezolana titulado ‘Realidades y perspectivas de quienes emigran’”. De ese total se aplicó el cuestionario a un 20%, que arrojó al final 390 respuestas. Un 9% de los que respondieron reportaron estar de regreso en Venezuela, aunque en 2019 intentaron un proyecto migratorio.

La casi totalidad de los participantes del estudio vive en Perú (29%), Colombia (23%), Ecuador (19%) y Chile (16%), con una fracción reducida de respuestas enviadas desde Argentina, España, Brasil y Panamá.

En el análisis de los datos se tiene en cuenta que la contención del coronavirus “ha generado pérdidas de millones de empleos y la consecuente caída de los ingresos por trabajo de las personas y en los hogares, siendo las personas migrantes un grupo de mayor vulnerabilidad por las condiciones de informalidad y precariedad de su inserción laboral”.

Así, la encuesta revela que 66% de los migrantes venezolanos en los países citados de América Latina dijo que depende en alguna medida de las donaciones para alimentarse; un 25% no dispone de dinero para comer y 33% reportó haber solicitado ayuda para alimentarse o alimentar a su grupo familiar; de esta fracción, 46% dijo no haber recibido el auxilio requerido.

Los venezolanos también han padecido el desalojo de sus viviendas (15%) y el corte de servicios básicos por falta de pago (11%). Otro 20% registra haber entrado en situación de irregularidad migratoria por la suspensión de los trámites legales y 15% ha tenido restricciones para acceder a los servicios de salud.

Del total de encuestados, 61% dijo estar de acuerdo con las medidas tomadas en el país donde reside para frenar el COVID-19; sin embargo, 52% opina que esos controles no tuvieron en consideración las necesidades de los migrantes. Para el momento de la encuesta, 61% manifestó no reportar síntomas de la enfermedad.

Retornar, ¿sí o no?

Los investigadores del OVM estiman que las cifras de retornados al territorio nacional, producto de la emergencia sanitaria, son “discretas”, en comparación con el volumen de la población que salió por tierra entre 2017 y 2019. Atribuyen ese comportamiento a las restricciones a la movilidad impuestas por diferentes gobiernos, en particular el de Colombia, que busca evitar un retorno “desordenado” a través de sus fronteras. A la incertidumbre sobre la situación de Venezuela, se suma que persisten los factores que provocaron esa migración forzada, con tendencia a agravarse.

A la pregunta “¿ha pensado retornar a Venezuela debido a las adversidades que enfrenta por la aparición del COVID-19?”, 16% respondió no saber y otro 20% no respondió la interrogante. Paralelamente, 31% dijo que sí considera regresar al país y otro 34% descartó la idea. Un 50% no cree que tenga en Venezuela mayores garantías para atender su salud.

“Regresar a Venezuela puede suponer contar, al menos, con un techo donde acobijarse y recibir algún apoyo de las redes familiares. En este contexto de la pandemia del COVID-19 los migrantes retornados pueden enfrentar dificultades en sus comunidades de origen por los estereotipos negativos y la estigmatización sobre ellos culpándolos de traer al COVID-19 en su regreso al país. En el caso de Venezuela se constata que el Gobierno Nacional contribuye a exacerbar esos sentimientos al incorporar en su discurso elementos recriminatorios, cuando en los reportes de morbimortalidad por el COVID-19 permanentemente remarca que los casos son traídos por los migrantes que retornan, o cuando adopta cierto rol paternal, por un lado, para acusar de traidores a la Patria a los venezolanos que migraron, y por otro lado al expresar su magnanimidad para recibirlos de vuelta haciendo ver que en su país si van a encontrar la atención en salud que otros países (aparentemente) le han negado. Toda esa carga negativa en el discurso oficial puede acarrear serias dificultades en la reintegración social de los migrantes retornados”, reflexionan en el informe.

Este estudio estuvo a cargo de los investigadores Anitza Freitez, Rina Mazuera, Manuel Delgado y Bárbara Nava. El OVM es una iniciativa del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES UCAB), que dirige la profesora Freitez, también coordinadora de la ENCOVI.

El Informe sobre la situación de migrantes venezolanos recientes en el contexto del COVID-19 puede descargarse aquí: https://www.shorturl.at/shortener.php

UE anuncia 144 millones de euros para migrantes venezolanos
El Banco Europeo de Inversiones (BEI) ofrecerá 400 millones de euros en préstamos

La Unión Europea (UE) anunció este martes, 26 de mayo, que su contribución para recaudar fondos para migrantes y refugiados venezolanos asciende a 144,2 millones de euros.

De acuerdo con la agencia de noticias EFE, por su parte, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) ofrecerá 400 millones de euros en préstamos.

“La UE contribuirá a esta conferencia aportando 144,2 millones de euros en fondos nuevos de ayuda humanitaria, cooperación al desarrollo y prevención de conflictos”, dijo el alto representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell.

Asimismo, la ministra española de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, anunció que la aportación de España será de 50 millones de euros en tres años y recaerá especialmente en Colombia, Perú y Ecuador.

Entretanto, Janez Lenarcic, comisario europeo de Gestión de Crisis, explicó que de esta contribución en 2020 asignará 68 millones de euros del presupuesto humanitario para hacer frente a necesidades urgentes.

“Estos fondos permitirán hacer frente a necesidades urgentes. Proporcionaran asistencia que puede salvar vidas de los refugiados y migrantes más vulnerables en sectores clave, como la sanidad o la educación”, dando apoyo a las comunidades locales, explicó.

 

Según Lenarcic, la pandemia de COVID-19 pone la seguridad, la salud y los sistemas sociales todavía bajo más presión.

Además, esta pandemia afecta a las economías nacionales y compromete su capacidad de integrar a los migrantes, por lo que «hay que ayudarles».

Con información de EFE

Fincheltub afirmó que la Embajada de Venezuela en Washington trabaja con autoridades norteamericanas para crear un mecanismo de protección migratoria que, como el TPS, permita a los venezolanos vivir y trabajar con tranquilidad mientras el chavismo sigue en el poder

 

El director de Asuntos Consulares de la Embajada de Venezuela en Estados Unidos, Brian Fincheltub, informó que “680 ciudadanos venezolanos que permanecían detenidos por razones migratorias” en distintos centros de ese país han sido liberados a la fecha. La cifra, explicó, representa 62% del total que había sido recluido.

El embajador Carlos Vecchio había informado en abril pasado que 567 ciudadanos habían sido liberados hasta ese momento, recuerda una nota de prensa de la sede diplomática en Washington. “Desde entonces se han producido más de 100 liberaciones y esto es producto del trabajo conjunto entre los familiares de los ciudadanos detenidos, abogados probono, ONG, periodistas y la Embajada de Venezuela”, precisó Fincheltub.

Destacó que la Embajada venezolana ha mantenido firme su posición para que no haya deportaciones a Venezuela debido a la crisis y persecución orquestada por la administración de Nicolás Maduro, y que se ha profundizado durante la pandemia de COVID-19. Agregó que Vecchio continúa trabajando con autoridades norteamericanas en un mecanismo de protección migratoria que, como el TPS, permita a los venezolanos vivir y trabajar con tranquilidad mientras el chavismo sigue en el poder.

En los centros de reclusión aún permanecen 420 ciudadanos venezolanos detenidos por asuntos migratorios en centros de ICE. La mayoría están en el estado de Arizona.

“Cada caso es distinto y tiene una particularidad que debe ser abordada, respetando siempre los procedimientos. Esto no quiere decir que no vayan a salir todos los ciudadanos, pero sí que van saliendo en libertad en la medida de que cada caso es revisado por las autoridades de inmigración. Algunos casos pueden tardar más que otros pero nosotros seguimos realizando todas las gestiones pertinentes para que estos hermanos venezolanos puedan continuar sus procesos en libertad”, explicó.

Informó que pese a que la pandemia no permite visitar físicamente a los detenidos, su despacho hace a diario llamadas para verificar su estado de salud y condición.

“Todo este drama que viven los venezolanos en Venezuela y en el exterior es responsabilidad de Nicolás Maduro. Nadie debería estar fuera del país, ni padecer una emergencia humanitaria compleja dentro de su patria, por eso, seguimos trabajando para resolver el problema de fondo que es la salida del la dictadura y el restablecimiento de una Venezuela libre y democrática”, acotó.

La Embajada de Venezuela reiteró su llamado a todos los abogados probono que quieran brindar su apoyo y profesionalismo a favor de la liberación de los ciudadanos venezolanos, a ponerse en contacto con el equipo consular a través del email: [email protected] La información de ciudadanos venezolanos en Estados Unidos detenidos por razones migratorias debe ser notificada al email: [email protected]

El venezolano que sobrevivió a la COVID-19 cuando le
Durante nueve días, un marabino que emigró hace tres años de Caracas a Burgos, recibió un tratamiento que se ha administrado apenas a un puñado de pacientes en España. El coronavirus casi lo mata cuando lo fue dejando sin oxígeno en la sangre. Runrun.es cuenta cómo lo superó

@loremelendez

 

Luis Comella se despertó en un lugar que no conocía, sin saber que llevaba días con los ojos cerrados. “¿Dónde estás?”, le preguntaron los médicos que lo rodeaban imbuidos en aquellos trajes blancos que solo dejaban ver sus ojos, como si se fuesen personajes salidos de una película de ciencia ficción recreada en el espacio.  Él respondió que estaba en el Hospital de Burgos, la ciudad española donde se estableció hace tres años, cuando dejó atrás la Venezuela en la que se crió. Pero lo cierto es que estaba a hora y media de allí. Lo habían trasladado a Valladolid, en la misma comunidad autónoma de Castilla y León, para hacerle un tratamiento especial que lo salvó de morir de COVID-19: un aparato que le lavó la sangre para que pudiera recuperar el oxígeno que le faltaba. Hasta entonces, no tenía ni la menor idea de lo que le había sucedido.

Cuando ocurrió aquel episodio, Luis ya tenía más de 10 días de haberse enterado de que el coronavirus había invadido su cuerpo. El 20 de marzo de 2020 sintió los primeros síntomas: un malestar que describe como una pesadez en el cuerpo, una fatiga, como esa sensación de que el organismo no responde igual porque está débil y se va a enfermar. Aquella jornada era la quinta después de que en España se decretara el confinamiento para evitar que el virus se propagara todavía más. A esas alturas, al menos 30 mil personas habían sido multadas, mientras que más de 300 personas habían sido detenidas por saltarse las reglas impuestas por la cuarentena.

Luis había seguido con su trabajo porque el confinamiento exceptuaba a su empresa familiar: un negocio de cultivo de langostinos que había abierto cuando la sede venezolana decidió expandirse a España. Justo días antes había mandado a colgar un cartel en la compañía que advertía a los trabajadores que si sentían fiebre, dificultad para respirar o tenían tos, lo imperativo era que se fueran a sus casas a tomar reposo. Cuando empezó a sentirse mal, paseaba por la planta y recordó aquel letrero. No tardó en irse a su residencia.

El malestar inicial vino acompañado de una fiebre de 37 grados centígrados. Más tarde, llegaron los escalofríos, mientras que su temperatura corporal escalaba a 38. La tos le siguió.  Dos días después, al ver que no mejoraba, se fue a una clínica privada. “Yo tengo una empresa, pero no soy empleado, por eso no tengo seguridad social”, explica.

Pero en aquel centro de salud apenas lo examinaron. Concluyeron que tenía amigdalitis y lo mandaron a su casa. Dos días después, regresó porque se sentía peor. Los médicos insistieron en el diagnóstico y le cambiaron el antibiótico recetado. Él desconfió, pero regresó a casa.

El 24 de marzo, por recomendación de su esposa, volvió a la clínica para exigir que le hicieran la prueba de coronavirus. El resultado fue lo que temía: positivo. Fue ahí cuando le dijeron que debía irse a un hospital público porque ellos no podrían hacerse cargo. Luis supo entonces que debía regresar a casa para recoger sus cosas y despedirse de su familia para internarse hasta que le dieran el alta médica. No sabía cuándo los volvería a ver.

 

Sin oxígeno en la sangre

Luis nunca supo cómo se contagió del brote viral que desde el 11 de marzo de 2020 fue declarado como pandemia por la Organización Mundial de la Salud. Lo que sí le alivió saber es que ninguno de sus empleados se enfermó por su culpa. Así lo aseguró desde la habitación de su casa en la que, una semana después de haber salido del hospital, guardaba aislamiento para no contagiar a su familia. Por esos días solo él usaba el baño que estaba en su cuarto. Su ropa se lavaba aparte de la de su esposa, su hija y su sobrina, con quienes comparte el techo. Si tenía que ir al otro lado de la casa, lo hacía brevemente y con tapabocas. También solía ir al patio para tomar un poco de sol. Fueron solo un quince días más para asegurarse de que el virus ya no estaba en su cuerpo.

La enfermedad lo mantuvo alejado de su hogar por 24 días. A sus 54 años, antes de sufrir la COVID-19, Luis jamás se había ausentado tanto tiempo por enfermedad alguna. Solo había pasado por pequeños procedimientos ambulatorios a consecuencia de los ligamentos de su rodilla, maltratados por el ejercicio físico. Nunca lo habían conectado a una máquina ni intubado, y eso le pasó con el virus.

Cuando llegó al Hospital de Burgos, Luis pensó que su estadía sería corta. Durante las primeras jornadas, decía, se estaba sintiendo mejor. Pero su organismo indicaba lo contrario. Los médicos le explicaron que sus niveles de oxígeno en la sangre disminuían cada vez más y ningún tratamiento lo mejoraba. Ni siquiera los respiradores artificiales le ayudaban. Poco a poco, los estragos de aquella falta se hicieron presentes a través de una debilidad que lo llevó a estar en cama. La neumonía con la que había ingresado dio paso a que se le formaran trombos en los pulmones. La obstrucción le inflamó los órganos. Al sexto día de estar internado, lo llevaron a la Unidad de Cuidados Intensivos. Poco después llamaron a su esposa: la recaída había sido tal que debían intubarlo. Él estaba inconsciente.

Fue ahí cuando la palabra ECMO apareció. Esas son las son siglas en inglés de “oxigenación por membrana extracorpórea”, una terapia que permite apoyar la función de los pulmones o el corazón cuando alguno de estos no trabaja de manera adecuada. Aunque fue creada hace más de 40 años con fines terapéuticos, no es sino en este siglo cuando su uso se ha masificado. Con esta se hicieron estudios para tratar a los pacientes de la Gripe A, conocida también como H1N1, el virus que entre 2009 y 2010 cobró la vida de 284 mil personas alrededor del mundo.

Luis rápidamente se convirtió en un candidato a recibir el tratamiento. A pesar de que su pronóstico era de cuidado – solamente le daban algunos días de vida, cosa de la que se enteró después – era un hombre sano y joven, con altas probabilidades de sobrevivir a la COVID-19 si la terapia hacía el efecto esperado. “Muchos de los que estaban contigo no lo van a poder contar”, le dijo uno de los médicos que lo trató mientras se recuperaba. La prensa española reseñó en la segunda semana de mayo que la ECMO había salvado la vida de 8 personas durante la pandemia en la misma ciudad en donde le practicaron el tratamiento a Luis. Uno de esos fue él. “Nunca vieron mi nacionalidad”, comenta.

El equipo de la ECMO no está en Burgos, sino en Valladolid, situada a hora y media de la ciudad donde vive Luis. Por eso, un grupo de médicos viajó hasta el hospital donde él estaba con la única unidad equipada en toda la comunidad autónoma para hacer ese tipo de traslados. Cuando Luis despertó, ya tenía varios días a más de un centenar de kilómetros de donde había cerrado los ojos.

Luis explica que la terapia que le aplicaron es similar a la que hace un equipo de diálisis. La sangre se drena desde su vena femoral por medio de un catéter y luego se bombea a través del oxigenador de membrana, que actúa como un pulmón artificial que le da oxígeno a la sangre al tiempo que le elimina el dióxido de carbono. Después de esa especie de lavado, otro catéter la lleva de vuelta al cuerpo del paciente a su arteria femoral. El mismo proceso se lo repitieron a Luis durante los nueves días que estuvo en Valladolid.

Conforme se recuperaba, Luis fue comprendiendo lo que había pasado. Desde que lo internaron, no había querido preguntar a qué tratamientos lo sometían. Dejaba su vida en manos de quienes sabían cómo curarlo. Pero solo al conocer todo lo que había atravesado, pudo medir la magnitud de su gravedad y del esfuerzo que habían hecho los médicos para salvarlo. A ese tema vuelve recurrentemente mientras conversa sobre su vida después de la COVID-19.

 “Dudo que exista un sistema público igual que este.  Estoy enamorado de la solidaridad de los españoles”, afirma Luis agradecido por todo lo que hicieron. Está convencido de que lo que mueve al personal sanitario de España es la mística y el amor con el que hacen cada tarea. El protocolo que siguieron con él, sirvió para practicarlo con otros enfermos de COVID-19. Hoy lamenta que en Venezuela, a donde no ha vuelto desde enero pasado, no haya posibilidad alguna de que le administren el mismo tratamiento a quienes contraigan el virus. De haber estado en Caracas, quizás no hubiese sobrevivido para contarlo.

 

El otro Luis

La primera vez que se vio al espejo después de que se despertó, Luis miró aterrado cuánto peso había perdido: se le habían ido 11 kilos en un par de semanas.

Lo otro que miró con asombro fue su aspecto desaliñado: barbudo y con el pelo largo. Le dieron un kit para que se afeitara y pudiera sentirse mejor con su nueva apariencia. A todo esto se sumaba que su cuerpo, de tanto tiempo en cama, había sufrido una atrofia muscular que le impedía moverse con vigor.

Cuando se pudo levantar fue directo a bañarse, porque sentía que su piel tenía el mismo olor a amoníaco con el que desinfectan todo el hospital. Recuerda que después de mejorar su aspecto quería abrazar a todos los médicos y enfermeras, a pesar de que nunca les había visto la cara más allá de las escafandras blancas que solo mostraban sus ojos. Si alguno entraba a su habitación, bromeaba con ellos. A todos les prometió que les regalaría algo, aunque en ese momento no sabía exactamente qué sería. También les enseñaría a bailar salsa.

La convalecencia de Luis y su aislamiento fue más llevadera al saberse rodeado de cariño. Su teléfono era su único contacto con el exterior que él conocía. Por eso, a través de él se pudo comunicar con su esposa, sus hijos, los parientes que tiene regados por toda España e incluso con antiguos compañeros de trabajo que conoció en Venezuela, a quienes formó, y que hoy están en países tan disímiles como Australia, Canadá, México, Perú y Ecuador. Con ellos se conectó por Zoom mientras estaba en el hospital. “El amor ayuda a mantenerte fuerte (…) Si el miedo se apodera de ti, el cuerpo lo sabe”, agrega.

Eso fue precisamente lo más terrible de la experiencia de Luis con la COVID-19: la necesidad de evadir el miedo a pesar de pensar que en algún momento podría morir lentamente y solo, como se muere cuando el cuerpo se envenena. Y así estuvo su organismo, contaminado por un agente extraño que, para el 22 de mayo, en España había dejado alrededor de 28.600 decesos y más de 335.000 en todo el planeta. 

Lo otro que impulsó a Luis a superar todo fue la compañía de don Eliseo, un antiguo panadero de 85 años proveniente de un pueblo pequeño a 80 kilómetros de Burgos, con quien compartió la habitación durante sus últimos 7 días internado. “Yo le atendía el teléfono, le cambiaba la tele, lo llevaba al baño, ayudaba a comer. En fin, nos hicimos panas (…) Eso me sirvió de ayuda. El sentirme útil y acompañado”, asegura. A ambos le dieron de alta el mismo 15 de abril.

Pocos días después de salir, Luis volvió al Hospital de Burgos para agradecer de la manera en la que podía hacerlo: con los mariscos de su empresa. Les llevó 50 kilos de langostinos, repartidos en 100 bandejas, a los 12 médicos que lo atendieron. A Valladolid envió cajas de frutos del mar a las 48 personas que trabajan en la unidad de la ECMO. “Es de bien nacidos ser agradecidos”, repite con insistencia, parafraseando la sentencia que Don Quijote de la Mancha pronuncia en el capítulo XXII de sus aventuras.

A Luis todavía le queda una promesa por cumplir: enseñar a bailar salsa a quienes lo curaron. Seguramente lo hará en el último trimestre del año, cuando confía que estará totalmente recuperado de aquellos nueve días de cuidados intensivos en los que permaneció inmóvil por haber contraído la COVID-19.

Acnur solicita aumentar ayuda para refugiados venezolanos
ONG destacan la xenofobia y la discriminación como elementos que empeoran la situación por lo cual se busca aumentar la ayuda a los venezolanos

La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) llamó a la comunidad internacional para aumentar su ayuda a las necesidades de miles de venezolanos refugiados.

La petición la acompaña más de 17 organizaciones humanitarias latinoamericanas y del Caribe, quienes advirtieron los riesgos a los que se exponen los criollos por la COVID-19.

Al respecto, las ONG señalaron que ya antes de la crisis por el COVID-19, los empleos para los venezolanos escaseaban, pero además, ahora, la atención médica es más compleja.

Asimismo, destacan la xenofobia y la discriminación como elementos que empeoran la situación.

De acuerdo con el portal Voz de América, muchos regresaron a su país por las dificultades para acceder a empleos, alquiler de viviendas y servicios de salud.

“El coronavirus está poniendo presión sobre nuestras sociedades en formas que nunca podríamos habernos imaginado”, dice Eduardo Stein, representante de Acnur.

 

Además, agrega: “Para los refugiados o migrantes venezolanos, la pandemia los expone a mucho mayores dificultades para sobrevivir, lejos de sus hogares”.

“Los venezolanos en toda la región están afrontando hambre, falta de acceso a servicios médicos, y las perspectivas del desamparo y la xenofobia”, agregó.

Con información de El Pitazo

Entretanto, se suma que quienes se encuentran en situación irregular en su país anfitrión y no tienen documentos, corren el peligro.

CIDH alerta sobre la situación precaria de migrantes y refugiados venezolanos
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CID) publicó sus observaciones y recomendaciones luego de hacer un monitoreo a los derechos humanos, puntualmente de los migrantes y refugiados. 
El equipo tenía en su programación realizar una visita a Venezuela entre los días 4 y 7 de febrero en las ciudades de Caracas y Maracaibo, pero se realizó en la ciudad de Cúcuta, Colombia, tras la negativa por parte de las autoridades venezolanas del ingreso de la CIDH al país.

La CIDH informó mediante un comunicado de prensa que Colombia ha recibido más de 1.6 millones de migrantes de Venezuela, convirtiéndose en el mayor receptor de personas venezolanas. “Por tal motivo, la visita tuvo un particular énfasis en la situación de los derechos humanos de las personas forzadas a abandonar su país como resultado de la grave crisis social, política y de derechos humanos en Venezuela”, reza el documento.

El grupo de expetos consideró que la profundización de la crisis política y social del país, en el marco de la represión generalizada, ha derivado en la ausencia del Estado de Derecho en Venezuela. Explicaron que la crisis en el país tiene como origen, entre muchas causas, la intromisión del Poder Ejecutivo en las competencias de otros Poderes Públicos. Eso, en consecuencia, ha perjudicado la separación y el equilibrio de funciones en los distintos poderes, por lo que se ha llegado a restricciones y limitaciones del espacio democrático. 

La ausencia de un sistema institucional operante de pesos y contrapesos también se observa en el hecho que el Poder Ejecutivo continúe ejerciendo poderes extraordinarios, y haya prorrogado el estado de excepción sin la aprobación de la Asamblea Nacional como exige la Constitución, más de 20 veces desde 2016″, reza la información. 

En su visita a la frontera, la Comisión Interamericana constató y manifestó su preocupación sobre los graves efectos de la crisis humanitaria como factor de desplazamiento de millones de personas venezolanas. 

Resaltaron que a la fecha, el número de personas venezolanas que se han visto forzadas a migrar como mecanismo de supervivencia ante la grave crisis humanitaria que afecta al país, asciende a más de 4,9 millones de personas venezolanas, de las cuales más de 1,77 millones se han desplazado al país vecino, Colombia, donde se encuentran bajo distintas situaciones migratorias, según los datos de la Plataforma de Coordinación para Migrantes y Refugiados de Venezuela (R4V).

Asimismo, las cifras proporcionadas por ACNUR y la OIM, indican que el número de personas migrantes y refugiadas venezolanas podría ascender a más de 6.5 millones de personas para finales de 2020, incluidos 1.9 millones de niñas y niños, en comparación con 1.18 millones registrados en el 2019 por el UNICEF.

La Comisión Interamericana observó la dramática situación de las personas venezolanas en las calles de la ciudad de Cúcuta, en el Hospital Universitario Erasmo Meoz, en los comedores humanitarios existentes, así como en el paso fronterizo”, indica la información.

La CIDH hizo referencia a testimonios que dan cuenta de la situación precaria en que se encuentran grupos de personas en situación de discriminación y exclusión histórica, como es el caso de las niñas, niños y adolescentes; mujeres; mujeres embarazadas; personas mayores; personas viviendo en condición de pobreza; personas con discapacidad; pueblos indígenas; personas LGBTI; personas afrodescendientes; entre otras.

Ante esto, la Comisión resaltó que UNICEF incluyó por primera vez, en 2019, a Venezuela en la lista de emergencias para la infancia. Según los datos de esta agencia, uno de cada tres niños necesita ayuda humanitaria, lo que equivale a que 3,2 millones de menores de edad  requieren comida, medicinas y educación.

Por su parte, el informe de Save the Children sobre la niñez en el mundo en 2019 clasificó a Venezuela en la posición 131 (de 176 países evaluados) en el Índice de Peligros para la Niñez.

Para leer el informe completo, ingresa aquí. 

ACNUR: refugiados venezolanos recurren a mendicidad, sexo por supervivencia y corren riesgo de ser víctimas de traficantes en medio de la pandemia
La organización apuntó que, al no poder cumplir la cuarentena, muchos venezolanos en otros países salen a la calle y “son objeto de chivos expiatorios, estigmatizadas o corren el riesgo de ser detenidos”

 

La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) se refirió este viernes, 1 de mayo, a la situación de los refugiados venezolanos en medio de la pandemia de la covid-19, que ha obligado a miles de personas a volver al país a pie, debido a las frágiles condiciones económicas en las que se encontraban en las naciones limítrofes, mientras que a otros les ha llevado a la prostitución, mendicidad y a correr el riesgo de ser objetivos de traficantes.

Andrej Mahecic, portavoz de ACNUR, expresó la preocupación de la organización al recordar las pésimas condiciones de trabajo a las que estaban sometidos la mayoría de los venezolanos que migraron en las peores condiciones económicas a países de América Latina. “Según nuestros datos de 2019, 80% de las personas refugiadas y solicitantes de asilo venezolanas entrevistadas en ese momento dijeron que estaban trabajando sin ningún acuerdo contractual, y muchas dependían de la economía informal para sobrevivir”, afirmó en medio de una rueda de prensa en el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

“Ahora sin poder pagar el alquiler ni comprar alimentos o medicinas, muchas personas corren el riesgo de quedarse sin hogar o ya están siendo desalojadas de sus viviendas. El número de personas venezolanas desamparadas y sin hogar aumenta día a día en Colombia, Brasil, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Algunas están recurriendo ahora al sexo por supervivencia, mendigando o vendiendo en las calles. Otras personas corren el riesgo de ser víctimas de traficantes y grupos armados ilegales”, señaló.

El portavoz de ACNUR también apuntó que el miedo y los disturbios sociales en la región han detonado la xenofobia y la discriminación hacia los refugiados que deben estar en las calles sin poder cumplir la cuarentena para poder ganar algo de dinero. Recalcó que, al incumplir la cuarentena, estas personas “son objeto de chivos expiatorios, estigmatizadas o corren el riesgo de ser detenidas”.

Mahecic se refirió también a los venezolanos que intentan regresar al país a pie porque no pueden cubrir los gastos en vivienda, alimentación y atención médica en las naciones que los recibieron. Aseguró que, ante este panorama, ACNUR busca mitigar el impacto de la covid-19 en ellos al brindarles apoyo, aumentar la capacidad de los albergues e incluir a los refugiados y migrantes en programas de protección social de gobiernos aliados.

La agencia recordó que en los últimos años, más de cinco millones de personas venezolanas han huido del país.

Venezolanos encaran policías en frontera Ecuador-Colombia
Ecuador indicó estar abierto a dar todas las facilidades en caso de que se genere un vuelo humanitario de migrantes a Venezuela. Pero desde Miraflores no ha habido respuesta

 

Decenas de venezolanos se enfrentaron la medianoche del jueves a policías colombianos que custodiaban la frontera con Ecuador exigiendo paso para regresar a su país, aunque sin éxito, mientras el canciller ecuatoriano dijo estar abierto a buscar una solución a este problema humanitario.

Imágenes de medios de comunicación de la zona limítrofe mostraron a los extranjeros derribando vallas y lanzando piedras y otros objetos a los efectivos colombianos, quienes los repelieron con gases lacrimógenos y evitaron el cruce.

Aunque los extranjeros llegan a diario, no se ha producido una gran acumulación de personas en la frontera debido a que parece que están usando pasos clandestinos para evitar los controles del puente binacional de Rumichaca, como hace meses lo hicieron en sentido contrario.

Al consultarle si ha hecho alguna gestión con las autoridades colombianas, el canciller ecuatoriano José Valencia respondió “hemos conversado, estamos listos para hablar de cualquier solución que permita el libre tránsito, la libre movilidad humana… pero una vez más, esto no solo depende de Ecuador, para que haya un corredor humanitario que atraviese un segundo o tercer país se requiere la voluntad y decisión de ese otro estado”.

Añadió que ha entrado en contacto con el gobierno de Venezuela para informarle que si se llega a generar un vuelo humanitario para permitir el regreso de sus ciudadanos, Ecuador dará todas las facilidades. No ha habido respuesta.

Debido a la virtual paralización de buena parte de las actividades económicas en Ecuador a causa de la pandemia del coronavirus cientos de venezolanos se quedaron sin ingresos y sin casa, por lo que se lanzaron a las carreteras para buscar la frontera con Colombia a fin de retornar a suelo venezolano, aunque la zona limítrofe binacional permanece cerrada.

Debido a la grave crisis económica en Venezuela, millones de ciudadanos dejaron ese país para radicarse en Colombia, Ecuador, Perú e inclusive destinos más lejanos como Chile, Brasil y Argentina, muchos de ellos realizando penosas travesías con largos tramos a pies.