La anhelada recuperación económica de Venezuela necesitará gente calificada, además de inversionistas y energía eléctrica. Muchos interesados miran hoy hacia la diáspora, calculando si las personas que se fueron en los peores momentos del chavismo de Maduro están ahora dispuestas a regresar.
Pero emprender el camino de vuelta apostando a la reconstrucción no es una decisión fácil, y está más allá de la economía.
Como en alguna estrofa de una canción de despecho, la frase de Jorge Rodríguez se volvió viral: “Si hay un venezolano en el extranjero que alberga en su corazón alguna forma de resentimiento, le decimos: ‘Supéralo, perdónanos y vente’. Siempre estarás mejor en tu tierra”
Lo dijo en un acto en la Universidad Santa María, durante unas jornadas de exposición pública los últimos días de abril, cuando el presidente de la Asamblea Nacional y la presidenta designada por Donald Trump, Delcy Rodríguez, salieron como puntas de lanza del inicio de una campaña electoral anticipada llamada “peregrinación”.
El mensaje intenta montarse en la ola de cierto optimismo irracional, según el cual desde el 3 de enero todo está chévere y al paso que se alivian las sanciones de Estados Unidos Venezuela será grande otra vez.
La grandilocuencia se unió al grupo
Las hipérboles se han sucedido: “Me atrevería a decir que Venezuela es hoy el lugar más importante para invertir en toda América, incluyendo Canadá y Estados Unidos. Tenemos todas las condiciones dadas para que la inversión nacional y transnacional crezca exponencialmente en los próximos años”, sostiene el presidente también encargado del Banco Central, Luis Alberto Pérez González.
Prometió buenos tiempos de menor presión inflacionaria y estabilidad cambiaria para este 2026, y más inyección de dólares oficiales en el mercado. Los precios, dijo, solo subieron en 10,6% en abril, comparado con 14,7% en febrero, 13,1% en marzo y el espantoso 32% en enero.
En lo que va de año la inflación es de 90% y en los últimos 12 meses es de 612%, de acuerdo al BCV.
En efecto algunas cosas están mejorando, y se prevé que otra vez el petróleo sea el carro de bueyes que jale al resto de la economía. Pero no hoy ni mañana.
Un reciente estudio de la agencia de la ONU para refugiados,ACNUR, encontró que el 35% de los venezolanos encuestados en algunos países de la región expresaron su inclinación a regresar a su tierra. Pero de ellos solo 9% tenía intenciones inmediatas de hacerlo en los próximos 12 meses.
La reunificación familiar es el principal motor de esta intención, pero la mayoría expresa que ese retorno requerirá de una mayor estabilización política y económica en Venezuela.
Mejor esperar
El acceso a empleos y oportunidades de ingreso en los países receptores permanecen como los principales factores que influyen en la decisión de quedarse donde están.
“El 75% no ha tomado pasos concretos para prepararse para regresar y el 60% carece de suficiente información para tomar una decisión bien sustentada”, señala el estudio.
Para estas personas las perspectivas futuras de Venezuela no bastan para decidirse a regresar, hacen más peso su situación personal y las realidades inmediatas del lugar donde habitan hoy.
Según la encuesta de ACNUR, en Ecuador, Perú, Colombia, Brasil, Chile y Guatemala, el 65% de esos migrantes tienen educación secundaria o más alta; el 23% tiene un título universitario y tres de cada cinco tiene estatus legal en el país de acogida; el 55% está empleado y el 30% está activamente buscando trabajo.
Por cierto, en EEUU, donde hoy viven cerca de un millón de venezolanos, el 49% de ellos tiene al menos un título universitario, según el centro Pew Research. Este nivel, que ilustra la fuga de cerebros venezolanos, llega a 57% según el Censo y supera con creces ese 21% de la población hispana total y el promedio estadounidense, que es de 21%.
“Los resultados indican que, si bien las aspiraciones de retorno persisten, el retorno inmediato no es una tendencia dominante” y depende de las condiciones tanto en Venezuela como en el país de acogida, dice por su parte ACNUR.
De hecho, miedos que los forzaron a emigrar son los mismos que persisten cuando piensan en regresar: falta de empleos, inseguridad alimentaria y el limitado acceso a los servicios de salud.
Al mismo tiempo, las preocupaciones respecto a la violencia y el miedo a convertirse en víctimas también es un factor importante, “lo que subraya que los movimientos migratorios no solo se debieron a factores económicos solamente, sino a condiciones más amplias que afectan la seguridad, estabilidad y el bienestar”, señala el estudio de ACNUR.
“El 58% de los encuestados expresó miedo a regresar, lo que indica que la mayoría no prevé condiciones seguras o viables para volver en el corto plazo”, precisaron.
Más allá de las promesas
“Los encuestados enfatizan la necesidad de un cambio estructural sustancial y visible. La recuperación del mercado laboral (85%), la estabilidad de precios (83%), la transición política (83%), servicios básicos confiables (82%) y la mejora de la seguridad (78%) se consideran ampliamente como condiciones previas esenciales”, remata el estudio.
En contraste, los dirigentes de Venezuela, desde Caracas o desde Washington, tendrán que ofrecer más que promesas para convencer a la gente a regresar. La decisión de quedarse donde están son determinadas por razones muy concretas: la seguridad en el ingreso (81%), servicios de salud (75%) y oportunidades de empleo.
El acceso a la educación y a la vivienda también son determinantes. Todos estos factores sirven como anclas clave, ofreciendo predictibilidad y estabilidad en la vida diaria”, aunque el mercado laboral permanezca limitado.
Entonces, no basta con las perspectivas de enormes inversiones petroleras para que se desate una estampida de venezolanos pugnando por regresar.
“Aquí viene un aumento de las inversiones que va a ser mayor que el de la apertura petrolera”, pronostica el ejecutivo e ingeniero del sector Ronald Páez, exdirectivo de la Cámara Petrolera, y quien en los últimos 40 años ha participado en grandes proyectos de plantas para la industria.
“Pero no hay personal calificado para lo que viene, es uno de los problemas que tenemos. Uno de los grandes retos es con qué gente emprender esos mega proyectos en los próximos años”, comenta este petrolero que sabe que tendrán que conseguir soluciones para este problema más pronto que tarde. “En un principio tendremos que importar gente”, dijo otro alto gerente de la industria petrolera.
Volver sobre las nieves del tiempo
Entonces, como si el país fuera igual a su fracasada selección nacional de fútbol, ¿a los migrantes les basta con la fe para creer en un futuro luminoso, agarrar las maletas y regresar a esta tierra de gracia?
La respuesta final recae en el terreno de las decisiones personales y familiares.
Hoy la nación venezolana es una patria esparcida por el mundo, con al menos 7,9 millones de migrantes y refugiados registrados por organismos de Naciones Unidas. De ellos, 6,7 millones en América Latina y el Caribe, incluyendo 2,8 millones en Colombia.
No se sabe cuántos más hay por ahí sin registrarse, pero el caso es que uno de cada cuatro nacidos en Venezuela viven hoy fuera de su tierra, lo que supone una de las mayores diásporas del mundo en proporciones.
Acnur estima que 5,9 millones de venezolanos migrantes, incluyendo 370.00 en calidad de refugiados y 1,7 millones de solicitantes de asilo, necesitan algún tipo de protección.
Y en efecto la mayoría de los países han sido generosos y les han facilitado papeles y trámites, pero aún así, los expulsados por la autodenominada revolución bolivariana – ahora en confusa contrición- enfrentan cada día la xenofobia, la incertidumbre el subempleo y la informalidad, las familias rotas, el desarraigo y la saudade antes que regresarse de una vez a casa.
“La mejora macroeconómica puede facilitar el retorno, pero no lo convierte en automático: el arraigo acumulativo eleva los costos de reversión”, apunta por su parte en una investigación académica el economista Francisco J Contreras.
“El retorno depende de trayectorias, hogares, riesgos y oportunidades comparadas”, señala.
El Informe Mundial de Migración 2026 de ACNUR indica que desde 2014 Venezuela experimenta una crisis multidimensional marcada por la hiperinflación, recesión económica, severos apagones y un debilitamiento de la democracia y del imperio de la ley.
Todo esto sigue igual después del 3 de enero.
Entre los años 2014 y 2020, el Producto Interno Bruto se derrumbó 76%, el empleo informal subió 20 puntos hasta 72% y la expectativa de vida se redujo en más de tres años. Aunque ha habido algunos signos recientes de mejoría el deterioro sostenido por tanto tiempo llevó a un éxodo a gran escala. Esto transformó el país desde uno de inmigrantes netos en uno de migración masiva
El mayor flujo se concentró en la región andina, con esos 2,8 millones en Colombia; 1,6 millones en Perú; 532.000 en Chile y más de 444.000 en Ecuador, aparte de más de 626.000 en Brasil.
“La probabilidad de retorno permanente cae cuando el arraigo legal, laboral, familiar, educativo y patrimonial se acumula en el país receptor”, apunta por su parte el economista Contreras.
Es que ese arraigo reduce la probabilidad del retorno permanente. “La estabilización ayuda, pero no basta sin seguridad, empleo, servicios y confianza”, coincide sobre los condicionantes de la vuelta a la patria.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.



