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Entre sueños y pesadillas

Entre sueños y pesadillas: Fantasmas en la Casa Blanca por Armando Martini Pietri

ObamayChávez

 

 

En los años 70 Fidel se puso profético sin pensar que los vaticinios a veces salen, como los premios de lotería. Presagio Castro que cuando en USA hubiese un presidente negro y en el Vaticano un Papa latinoamericano volverían las relaciones de Estados Unidos con Cuba. ¡Y mira tú por dónde la cosa se le dio cuando ya Castro es un recuerdo discutible y engorroso, y quien manda en Cuba y se reúne con el negro (afroamerican, excuse me) en la Casa Blanca y con el argentino en el Vaticano es su hermanito menor, y no Fidel que vive flotando en los mundos exóticos de la ancianidad.

De estrato humilde, de extensa y variada estirpe que va desde África hasta Hawai, estudioso, inteligente, prudente y muy de su familia, Barak Obama nació el 4 de agosto de 1961 en la ciudad de Honolulu y es el actual cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos; y es también, como su país, atlético, animoso y producto de mezclas raciales. 

Cualquier noche de esta semana, avanzado el tiempo hacia la madrugada, con el nudo de la corbata flojo, las mangas de la camisa arremangadas, mientras seguía leyendo informes que era forzoso leer, firmaba papeles que era necesario firmar, estaba Obama aún en su oficina oval, oprimida el alma contra la pared por los innumerables problemas de índole doméstico e internacionales que son de su responsabilidad y que no pueden ser ni delegados ni imputados a terceros en caso de fracaso. 

Se tapa la cara con las manos, cierra los ojos, se masajea las sienes y siente la presencia de alguien más, pero se percata que el agente del Servicio Secreto no se ha inmutado, y si hubiera entrado alguien no autorizado se hubiera armado la de san quintín. Obama sabe que está solo, pero siente también que no lo está. Universitario de elevado nivel y de alta cultura no cree en fantasmas  ni en mensajes del más allá que ni siquiera el Papa Francisco le trajo, y se pone nervioso. Entonces lo ve y no puede pegar un salto, justo por no ser un fantasioso, se lleva un susto de todos los diablos. Hay un hombre robusto y con boina roja sentado en uno de los sofás frente al escritorio presidencial. Impactado, Barack Obama permanece de pie y se da cuenta al mismo tiempo de que el agente que lo custodia no se ha dado cuenta de la presencia de aquel individuo ni del susto presidencial y se mantiene como si todo estuviera normal. Pero no estaba normal, lo reconoció, aquél fastidioso Hugo Chávez estaba allí, ¿pero tú….? 

El presidente afroamericano aturdido, piensa que está demasiado cansado, que ha tomado mucho café, que quizás debería tomarse unos días en Camp David. Pero Chávez es Chávez, sonríe, se afirma en el sofá que ha sostenido tantos traseros ilustres, habla. 

“Tranquilo, Obama”, siente el presidente que le dice aquella voz profunda que recuerda vagamente, “soy yo, sí, Hugo Chávez, supongo que no me habrás olvidado”.

“Pero estás muerto”, reacciona aún nervioso Obama. De repente se da cuenta y exclama “¿qué hago hablando español si apenas lo medio comprendo?”

Chávez se siente dueño de la situación, se pone de pie, se le acerca, ahora es Obama quien se deja caer en su silla ejecutiva. “Mira Obama, vamos a dejar unas cosas en claro para no perder más tiempo; sí, estoy muerto, eso también lo comprenderás tu pero no sé cuándo; nos entendemos porque en el mundo de los muertos no hay idiomas, hay ideas; ese el que está parado ahí, no puede verme ni tiene por qué protegerte los muertos no matamos ni hacemos daño”.

 Confianzudo, Chávez se sienta en el borde del escritorio presidencial, Obama se echa un poco para atrás en su silla. “Quédate tranquilo, ¿sabes por qué decidí visitarte esta noche?”

“La verdad no tengo idea”, responde Obama. 

“Porque nunca me invitaste a la Casa Blanca, ¿además qué te costaba ese pequeño detalle? Y porque te comprendo, también tuve muchas noches como ésta, atiborrado de papeles, todo el mundo esperando decisiones y muchas veces tampoco sabía bien por cuál decidirme, tomara la que tomara alguien se iba a molestar”.

Obama sonríe ligeramente, “a mí me pasa igual, lo malo es que soy el Presidente de la mayor potencia mundial, y muchas veces mis decisiones terminan matando un gentío”. 

“Debe ser bien difícil de llevar”, reconoce Chávez, “pero anímate, camarada, fíjate que andas dialogando con dos de los hombres más inteligentes del mundo y no te ha ido mal”.

Obama sonríe, tiene la tendencia a ser cordial; “ese Papa argentino es cosa seria, no hay forma de pelear con él, al contrario, cuando vienes a darte cuenta tú estás hablando como él y todo el mundo de quien habla es de él. ¿Y sabes quién me ha impresionado gratamente?”

“¿Raúl Castro?”, se adelanta Chávez.

“Efectivamente, es un tipo astuto y simpático cuando quiere, es de los que se va metiendo poco a poco…”, describe Obama. Y se pregunta “a lo mejor si mis antecesores hubieran podido hablar con él hace años, las cosas no hubieran llegado hasta donde llegaron, ¿qué piensas tú, que los conoces a los dos?

 

Título de caja

 

“Raúl nunca se hubiera atrevido a nada si Fidel estuviera sano”. Hace una pausa, camina alrededor, se acerca a uno de los ventanales. “Mira, Obama, la revolución cubana es Fidel, y eso lo sabe él y Raúl, lo saben todos los que sobreviven en el poder en La Habana. Igual que yo, la revolución venezolana soy yo, y me morí”.

Vuelve a sentarse, se yergue ligeramente y acerca la cara al Presidente estadounidense: “la diferencia es que Fidel estaba claro en eso, y aunque le dio el poder militar a su hermano, siempre todo el mundo estuvo claro que el poder no eran unos aviones ni unos kalashnikov, el poder era Fidel que ha podido apartar a Raúl cuando quisiera, ¿y sabes por qué no lo hizo? ¡Porque Raúl tenía el poder pero ni era Fidel ni sabía cómo serlo, ése es el poder de verdad! Además Raúl es fervientemente leal porque nunca aspiró quitarle el puesto a su hermano. Con una ventaja que tuvo Fidel en La Habana y tuve yo en Caracas, pero que tú no tienes a pesar de toda tu fuerza y que ya tampoco tienen los jefes chinos: nosotros no teníamos que consultar a nadie, pensábamos, se nos ocurrían vainas, se hacían y punto. Tú no puedes hacer eso, aquí no importa cuántas superflotas ni cuántos marines tengas, y mucho menos puede hacerlo el pobre Nicolás allá en Caracas”.

“es cierto”, riposta Obama que empieza a cogerle el gusto al debate, después todo él también es político profesional, “pero buena parte de los problemas que están acabando con Maduro los creaste tu, lo que pasa es que a él le están tocado con mucho menos dinero, y peor aún, él no los inventó los heredo”. 

“Ni sabe qué hacer”, señala Chávez. Se vuelve a poner de pie. “No entiende a los banqueros, no comprende a los empresarios desde Lorenzo Mendoza hasta el último bodeguero, mucho menos concibe a los militares que además creo que lo asustan y él cree ganárselos dándoles cargos que no saben desempeñar”.

Camina un poco, suspira, “yo siempre supe que Nicolás no era la gran cosa, pensé que en una emergencia como mi cáncer sería lo que ha sido Raúl con Fidel, el tipo sin ideas propias pero capaz de seguir un camino. Pero no asume responsabilidades, está rodeado de incompetentes escogidos por él mismo y después dice que está cumpliendo instrucciones mías, cada vez que pone una torta –que es muy frecuente- sale corriendo al Cuartel de la Montaña dizque a buscar inspiración, ¡qué bolas!”

Chávez toma aire, se acomoda la boina roja, no quiere seguir con el tema. 

“Oye, Obama, ¿de verdad vas a levantar el embargo cubano y devolver Guantánamo?”

Obama duda y dice de repente: “Chávez, ya que estás aquí, ¿te gustaría conocer la Casa Blanca?” 

“Déjate de pendejadas, Barack, ¿crees que vine a hacer turismo? ¡Aquí estamos bien!”

“Como quieras”, Obama sale de atrás del escritorio, el agente del Servicio Secreto está profundamente dormido. Obama reflexiona: “Si John Edgar Hoover estuviera vivo tú ya estarías preso…”.

“Si Hoover estuviera vivo tú no serías Presidente”, responde Chávez. “¿No fue el mismo pendejo que inventó decenas de fórmulas para asesinar a Fidel y resulta que se murió primero y nunca pudo matarlo? Era gay y encima racista, odiaba a los negros, ¿o me vas a negar eso? ¿Ni me vas a negar que buena parte de su poder y de su permanencia en el cargo durante 8 presidencias se debió a que era un extorsionador?”

 Obama cambia el tema y reta a Chávez: “¿no te gustaría siquiera conocer el salón donde se firman los tratados internacionales, donde se firmó el tratado para bases militares en Colombia, y donde a lo mejor firmamos otro con Guyana?”

Hugo Chávez se molesta y responde: “jamás firmaremos un tratado de bases militares. Criticamos muy duro a Colombia en su momento. Y Maduro y Diosdado no permitirán semejante grosería en Guyana. El Esequibo es venezolano y lo defenderemos con la vida.”

Obama sonríe ligeramente y responde: “Mira Chávez, ¿de verdad crees que esos militares tuyos van a invadir Guyana para pelear allá? ¿Y crees que los brasileños van a dejar a sus empresarios abandonados en el Esequibo?” 

“Chávez”, responde calmadamente “Y supongo que tu mandarás tu flota a defender a la Exxon Móvil?”

El profesor de derecho constitucional no se altera: “somos la mayor potencia naval de la historia, no necesitamos hacer ese paseo, tus militares –los que de verdad son profesionales- saben cómo es la cosa, cuál es la realidad. Mira, comandante -¿es así como te gusta que te llamen, no?”

“Fue teniente coronel del Ejército, paracaidista y como Presidente comandante en jefe de la fuerza armada venezolana revolucionaria y bolivariana…”.

“Bueno, comandante”, sigue Obama, “¿sabías que la IV Flota, o sea la Flota del Caribe no tiene buques propios? No los necesita, una orden mía y pongo en cualquier país del Caribe un súper portaviones con más, mejores aviones y pilotos que Venezuela y Colombia juntos, y un par de submarinos, todos buques nucleares, Chávez, en una hora te quedas sin bases aéreas ni aviones y, tal como están las cosas este año, sin instalaciones petroleras” 

“Nuestros Sukhois…”, intenta decir Chávez. 

“los Sukhois ni siquiera llegarán a despegar, comandante, ni los pocos F-16 que te quedan, ni los avioncitos chinos, ni saldrán tus barquitos a navegar… ¿O no has oído hablar de nuestros bombarderos que dejan ciegos a los radares y pueden volar miles de kilómetros para descargar bombas inteligentes?”

“Tus aparatos militares son juguetes, comandante, te dejaste engañar por los rusos que necesitaban vender miles de millones de dólares en equipos obsoletos y que nosotros conocemos al dedillo, ¿o tú crees que los satélites son sólo para descubrir huecos en la Luna y agua en Marte?”

Chávez está en silencio, piensa, saca cuentas.

El 44 Presidente de los Estados Unidos remata: “No te preocupes, Chávez, nada de eso va a pasar. Si tu quieres mandar unos soldados al Esequibo y atacar la plataforma de la Exxon Mobil, el problema es de Maduro porque el mundo, empezando por Petrocaribe le van a caer encima, lo van a echar de la organizaciones internacionales”.

El licenciado en artes liberales y abogado no suelta el mando de la conversación. “¿Por qué crees que Granger anda alzado contra Maduro? Porque sabe que es así, esta consciente que si Maduro fuera un poquito inteligente con unas cuantas llamadas y reuniones arregla las diferencias con la Exxon, y si tu país se arregla con la Exxon, y lo lógico es que se arreglen, producen lo mismo, Granger y su equipo sabe que se quedan en el aire. Y trata de hacerle entender a Maduro lo que tiene que hacer es ver cómo logra que tu chavismo no quede tan golpeado en las próximas elecciones; si yo fuera tu lo convencería de renunciar en enero para convocar nuevas elecciones presidenciales y que se joda otro, mientras él se va del país a ver qué hace”

“La cosa no está fácil”, reconoce Chávez, “pero tampoco tan mala, el chavismo es una gran fuerza popular”.

“es innegable”, reconoce el abogado Obama, “pero el chavismo no está con Maduro, los chavistas están hartos de que les echen las culpas a ellos, Chávez, ¿no te das cuenta que entre el petróleo como lo que es, un negocio, y las sandeces tuyas primero agigantadas por Maduro después, no tienes salida?”

“Seguimos siendo la gran renovación revolucionaria en América Latina, Obama”, argumenta, y casi amenaza Chávez, molesto.

“Eso no importa, Chávez”, responde tranquilo Obama. Y sigue sin parar: “el gran país del Caribe va a ser Cuba en cuanto suspendamos el fulano embargo y cambiemos un par de limitaciones y miles de millones de dólares de empresarios –empresarios, Hugo, no el Gobierno- van a adueñarse de la isla y la van a convertir en la verdadera perla del Caribe”.

“Eres un gringo exagerado, Obama”, murmura Chávez, “un capitalista…”.

Dice el presidente afroamericano y abogado: “¿Sabes qué es lo mejor de todo, comandante? Que en cuanto terminemos de cuadrar las cosas con Cuba, vamos a ayudar a quienes queden en tu lugar, ¡hasta a Maduro!”. Y las cosas volverán a la normalidad pero sin colas, con una vida más cara porque ustedes destruyeron su propia producción y van a necesitar a nuestros empresarios y a nuestro poder económico. Somos los únicos que podemos hacerlo, comandante, porque Estados Unidos está quebrado como Estado pero su economía es la más poderosa y ágil del mundo”. 

Se hace silencio, las luces parecen bajar, atenuarse, Obama se echa para atrás en su sillón ejecutivo. Y dice en voz muy suave: “Raúl Castro lo sabe, Dilma Rousseff lo sabe, David Granger lo sabe y lo teme. El único que no se ha enterado parece que es tu hijo Maduro”.

El agente del Servicio Secreto parpadea, está un poco desconcertado, mira hacia el Presidente Obama que sonríe y esta vez sí muestra los dientes, su famosa sonrisa. Y pide que le traigan un whisky escocés suave antes de irse a dormir.

 

@ArmandoMartini

Entre sueños y pesadillas: Un momento de descanso que angustia y agota por Armando Martini Pietri

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Es cierto que la gente, tanto la más humilde como todo tipo de burócratas se acostumbró a verlo como un llanero dicharachero y ocurrente a veces bravo y siempre locuaz. ¿Pero quién ha visto un pitcher hablador? Los pitchers memorizan las características de la mayor cantidad de bateadores posibles, tienen el juego y el campo en la cabeza; puede que se equivoquen y les saquen una pelota del campo, pero un buen pitcher analiza cada momento del partido y cada lanzamiento. Y Hugo Chávez en Miraflores y en Fuerte Tiuna, tenía largos momentos de reflexión.

Chávez ahora se toma un respiro después de 3 meses de andar merodeando en busca de opiniones de venezolanos a los cuales adversó pero que respeta. Se da cuenta que de 12 visitas, sólo una fue a un hombre común y corriente, el veterano Juvenal, “voy a tener que remediar eso”, pensó recordando su afecto y confianza en la gente sencilla. En el otro extremo visitó a un empresario y gremialista, Jorge Roig. Para su sorpresa, entre el líder empresarial y el trabajador común y corriente hubo diferencias de percepción pero coincidencias en interpretaciones.

Otros encuentros lo fueron alimentando de ideas, pero también fortaleciéndole una convicción que le duele, que le angustia: la revolución que soñó se ha estancado, y peor aún, cruje, se desmorona. De lo que imaginó mucho ha sido echado al olvido, al pipote de la basura, lo que creyó encabezar estaba basado en errores y falsedades. Se siente como El Libertador Simón Bolívar, mal interpretado y arando en el mar. 

Se dio cuenta de que quienes quedaron encargados de continuar su labor se convirtieron en simples presentadores de espectáculos, figurones incapaces de motorizar un concepto, escenógrafos de colores y fuegos artificiales pero nada más. No tienen capacidad para más.

Con Henry Ramos Allup, María Corina Machado y Henri Falcón conversó, cada uno en su estilo, de política dura como a él siempre le gustó, estridente a veces pero realista, y comprendió que Ramos y los adecos veteranos siguen en lo suyo, que María Corina es una gran mujer, valiente, inteligente y comprometida pero con pocas probabilidades de ser la primera mujer Presidente de Venezuela, y Falcón tiene ambición y empeño pero todavía le falta algo que puede conseguirse con el tiempo, músculo popular.

El encuentro con Tibisay Lucena fue para el comandante esclarecedor, tranquilizante y se adelantaron muchos asuntos electorales que leyendo entre líneas hoy suceden. Pero a la vez franco, se pueden hacer cosas pero milagros no, le insistió Lucena.

Luego el comandante eterno realizó un paréntesis y por allá en el purgatorio conversó con Carlos Andrés Pérez y de refilón vio a Luis Herrera Campins, Jaime Lusinchi y Rafael Caldera. También siguen en lo suyo, la Venezuela que tuvieron ni existe ni regresará jamás.

 

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Después retomó su periplo entre los vivos con una visita a Jorge Giordani para comprender que su respetado maestro nunca entendió lo que Chávez quería porque para empezar el maestro era un simple repetidor de faltas muchas veces corregidas, sólo que se quedó estancado en los errores. Maduro hizo bien en apartarlo, pero no supo traer el pitcher relevo adecuado y el juego va cada día peor y peor con el agravante que el manager nada hace, paralizado, sin estrategia ni táctica que permitan cambiar el curso del juego, que parece inevitable concluirá en una derrota. 

Trató de tener un encuentro productivo con Leopoldo López usando a Lilian Tintori como intermediaria y testigo de excepción, le vaticina y profetiza la sentencia pero López no da su brazo a torcer, está convencido de que la revolución chavista se viene abajo y con ella caerán las rejas que lo encierran de manera injusta.

Aristóbulo Isturiz dijo algunas verdades y aclaró lo de la lumpia, pero no le enseñó nada, mientras que Carlos Ortega fue contundente, ¡lástima que ese líder nunca comprendiera los alcances revolucionarios, otra hubiera sido la historia del sindicalismo chavista!

Recordó con especial respeto a Renny Ottolina, que lo llenó de consejos y conversó sin cortapisas, pero ni siquiera Renny imaginó esta Venezuela que Maduro le está cerrando al mundo. Recordó nuevamente a Henri Falcón y algo lo puso nervioso, “ese muchacho anda en una vaina, habrá que ver si le sale bien, o qué sale”, pensó.

¿Han valido la pena todos estos encuentros? Chávez siente que se marea un poco. Recordó aquella frase famosa del dictador español Francisco Franco, “todo está atado y bien atado” y todos los esfuerzos que hizo durante años para que los nudos quedaran firmes, y aun estaba tibio su cadáver en el pomposo Valle de los Caídos cuando ya todo estaba cambiando y los nudos desatándose.

Entiende, reconoce, que no se preparó ni preparó a nadie para esta situación. Comprende, también, que si el maldito cáncer no se lo hubiera llevado, el que estaría ahora enfrentado al desabastecimiento, la escasez, la carestía, la falta de producción, la delincuencia desatada, la falta de medicinas, la impopularidad, la pérdida de confianza oficialista y tantos padecimientos ciudadanos, sería él mismo y no Maduro. Más le duele y le angustia comprender que él, al menos, tendría más voz, más mando y más pueblo para mantener algún control. “Yo me hubiera seguido rodeando de bayonetas”, acepta, “pero ni de vaina me hubiera sentado sobre ellas”.

Toma aire, suspira con fuerza, entiende que deberá seguir ese camino azaroso de preguntar y oír pero sin poder hacer. Le faltan unos cuantos por visitar, nadie sabe quiénes pero pareciera obvio que algunos de sus centauros pueden tener la suerte y hasta el propio Presidente Nicolás Maduro puede ser elegido. Y considera también que debería entrevistarse con algunos fuera de nuestras fronteras. Quien sabe su nuevo mejor amigo, o quizás su mentor, a lo mejor alguna dama o tal vez realizar el tan ansiado encuentro con alguien del imperio mismo, ese moreno Obama parece que no hace pero está logrando lo que nadie se imaginaba. Algunas sorpresas pudieran producirse.

Sopla el viento, se refresca el ambiente, empieza a quedarse dormido. Pero en realidad no duerme, analiza, planifica.

 

@ArmandoMartini

Entre sueños y pesadillas: Encuentro con el buen amigo y mejor camarada por Armando Martini Pietri

HenriFalconyChávez

 

En una de sus tantas giras por el Estado Lara se encontraba en Carora, lugar de acemitas insuperables, ciudad llena de historia y de alfarería, de gente amable y humor extraordinario poco común. Tras varios actos y encuentros en su condición de jefe del ejecutivo regional y como político, al final del día se había reunido con la godarria caroreña en la zona colonial, en el Club Torres, para ser precisos, donde la rancia oligarquía se encuentra y comparte desde hace años y nunca fue bienvenido ni pudo estar hasta que se “cambió de bando”. Aunque siempre tuvo la impresión de que más que cambiarse de bando, el bando lo había dejado solo tras hacer lo posible por acabarlo. Reyes y Reinas no lo quisieron, muchas fueron las acusaciones, trampas, chismes y comentarios mal sanos, hasta una vez en televisión en un programa de Aló Presidente hubo un impase con Diosdado en respuesta a una pregunta de Chávez sobre la construcción de una carretera. Diferencias presupuestarias, como quien dice, enredaron el asunto y todo el mundo, menos Chávez, quedó mal, solía suceder.

Avanzada la noche a punto ya de madrugada, se trasladó agotado al Hotel Madre Vieja donde se proponía descansar unas pocas horas. Pero lo inesperado, lo impensado, lo increíble se produce en la tierra de Monseñor Montes de Oca cuando de sopetón la figura del comandante eterno aparece entre las sombras del viejo hotel. 

Henri Falcón semidormido y, hay que reconocerlo, un poco asustado, se espabila y se tranquiliza al  reconocer a su viejo amigo y camarada y le da la bienvenida, no es hombre que crea en fantasmas: “Na´guará, Comandante, buenas noches, bueno, ya casi buenos días, ¿cómo se encuentra?”

Es obvio que a Chávez lo alegra ver a su camarada revolucionario y compañero de armas, pero expresa: “Bastante bien, Henri, pero cada amanecer más preocupado. La situación del país no me deja tranquilidad y mi alma anda dando vueltas sin descanso”.                                                   

Continúa Chávez: “Por cierto, gobernador, quiero agradecerte mucho el apoyo que le has dado a Nicolás con los temas de Obama y de Guyana a pesar de las críticas de la MUD”.

Falcón respira lento y le explica: “por nada mi comandante es lo menos que podía hacer, son temas de estado y los radicales de oposición no entienden de eso y ahora me llaman Henri Falsón; pero sigo siendo Falcón, sería bueno que esa gente tuviera en cuenta ese apellido; gusten o no los temas de las sanciones de Obama a unos malandrines y el reclamo a Guyana, esté o no atrasado, son cuestiones que nos afectan a todos”.

Agradece de nuevo Hugo Chávez y pregunta, curioso, aunque también con cierto espíritu de travesura: “Oye, Henri ¿por qué no hicieron primarias en Lara?”

A Falcón el tema le incomoda pero no le teme: “bueno Presidente, el problema es que uno trabaja y trabaja y desde Caracas los partidos siguen con la mala costumbre de ver la política sólo desde las conveniencias de sus cúpulas, e  imponen paracaidistas y eso no lo quise aceptar; aun así, tuve que ceder con uno que viene de Miranda, de los Altos Mirandinos. Imagínese usted que el importado no sabe ni ha probado nunca lomo prensado, el mondongo de chivo le da asco, y ni que decir, ni idea de lo que es una chanfaina.”

No se decide entre reírse o seguir serio, y señala: “ahora en las últimas encuestas Eduardo Gómez Sigala está doblando al impostor impuesto por la MUD y al del PSUV, lo triplica. Y que conste, tampoco le tengo simpatías al burguesito, pero estoy convencido que va a ganar; además es larense, los dos le rezamos a la Virgen de la Pastora”.

A Chávez la política,  lo político y lo electoral siempre le han interesado, pregunta de repente: “¿Qué te parece la tarjeta única?” 

 

Título de caja

 

El Gobernador no vacila, está convencido: “creo que es lo mejor para la oposición. Pero, claro, no podía faltar la mala leche de los gobierneros, el PSUV en combinación con el CNE y el TSJ aprobaron varias tarjetas con la palabra unidad y por si fuera poco, se apropiaron de la tarjeta del MIN Unidad que era de Renny Ottolina, y en el tarjetón las pusieron a todas rodeando nuestra tarjeta para confundir al elector; pero ni así podrán, Chávez, y sé que tú lo sabes.” 

Y agrega para dejar bien clara su opinión: “todas esas argucias y truculencias me parecen un despropósito y una táctica poco escrupulosa y hasta demuestra mucho temor, porque, camarada Hugo, créeme que van a perder las elecciones y por paliza”. Por cierto continua el primer mandatario larense: “me enteré que van a anular las postulaciones hechas en la tarjeta de la unidad y que la oposición tendrá que ir con tarjetas individuales, es decir cada partido con la suya. No importa háganlo así también los derrotaremos.”   

Que Chávez, aun en espíritu, esté de acuerdo por completo sería mucho pedirle, y responde con cierta altanería, duro pero, hay que reconocerlo, sin mucha seguridad: “eso está por verse y no se quejen después cantando fraude”.

El ex chavista sargento del 4 febrero tiene la confianza y siente intima la amistad para desarrollar su tema, sabe bien que aunque a Chávez le gusta que le digan las cosas que él quiere oír, también aprecia que le expresen verdades, es lo que espera de quienes estima. Falcón no es un político más, es un militar que entendió donde estaba el camino, es inteligente y perspicaz, lo que tiene se lo ha ganado. Por eso continúa sin dar respiro, no está dialogando, está diciendo, asegurando: “Hugo, el gobierno está muy mal, tú lo sabes y por eso andas dando vueltas por ahí como lo que eres, un alma en pena. El cáncer que logro sacarte de aquí, nos lo dejaste con este Gobierno deficientemente administrado y peor gerenciado. La corrupción golpea todos los días y está carcomiendo a muchos. Para tu desgracia y la nuestra el co-gobierno de Maduro-Cabello no supo ni pudo con tu legado”.

 El cansado Gobernador y aspirante precandidato presidencial hace una breve pausa, Chávez espera, quiere oírlo. “Te aclaro dos cosas, comandante, ese legado tuyo ya se estaba haciendo trizas cuando tu vivías porque eres amplio pero no profundo, y me perdonas que te lo eche en cara. Y lo peor es que esos dos en privado alegan en su defensa que tú dejaste esto hecho ñoña y que era cuestión de tiempo para que todo aflorara. Ellos ni entienden nada ni saben qué hacer, yo diría que están asustados, saben que el mundo se les viene encima y nada de lo que han estado tratando de montar les funciona; por eso me disculpas pero te reitero que será una gran derrota para el PSUV lo que habrá el 6 de diciembre.” 

Chávez tiene la expresión seria, tensa, no le gusta lo que escucha pero lo peor es que aunque no lo reconozca sabe que es una realidad. Pero que no se deja intimidar, cambia el tema y pregunta: “¿por fin serás el candidato de la MUD en 2019?”

A Falcón se le reanima el gesto, aparece un nuevo brillo en los ojos y con una sonrisa de satisfacción contesta: “ciertamente muchos consideran que debo ser el representante de la oposición para las próximos elecciones presidenciales. ¿A quién van a escoger? Con Leopoldo preso y sentenciado seguramente se pedirá su inhabilitación política para que quede definitivamente fuera del juego y Capriles es como el gobierno, no da pie con bola, habla mucho y se equivoca mas, está consciente que se ha venido a menos, ya ni convence ni nadie le cree, su doble discurso lo enterró y su tontería al no cobrar su triunfo lo sepultó. Los demás no cuentan para nada, ninguno es capaz de pasar el 5% en las encuestas. Como puedes observar y señalan los estudios de opinión, mi liderazgo es nacional con un alto porcentaje de aceptación en todos los sectores políticos: oposición, oficialistas e independientes y hasta en el mundo nuestro, el militar me respaldan. No hay duda seré el abanderado.”

Chávez, más por buscarle la lengua, le indica: “pero te acusan de guabinoso, que no tienes acción clara y contundente que siempre estás nadando en dos aguas y por eso la mayoría de los opositores te ven como un infiltrado porque nunca te enfrentaste a mi”. 

“Comandante”, indica suavemente Falcón, “enfrentarse a usted era una estupidez y de pendejo no tengo nada – tenía todas las de perder y ninguna de ganar. Usted nos enseñó estrategia y yo fui de sus mejores alumnos, ¿o ya lo olvidó?”

Chávez baja la mirada, también se siente cansado porque ser testigo de lo que no gusta sin poder hacer nada también cansa. Levanta la cara, pregunta con cierta esperanza: “¿crees en una posible transición política?.”

Falcón está claro, sabe de qué habla: “es una posibilidad cierta porque el gobierno no pega una; eso sí, en una transición los dos lados tienen que contar conmigo y no con aquellos que la promueven porque tampoco saben bien qué hacer”.

Chávez sonríe ligeramente y le recuerda: “Henri, pero si algo unió a la MUD era querer salir de Chávez y ahora de Maduro”, hace una breve pausa, “pero se agrega también, evitar que tu tomes el control y logres llegar”.

El sol ya despunta, el calor empieza recuperar fuerzas; Henri Falcón sabe que no podrá descansar pero también siente que aquella conversación ha valido la pena. En cierto modo, ha sido como un buen café que renueva fuerzas.

 “No te preocupes por eso, Hugo, seré la transición y el candidato, anótalo. Conmigo no han podido ni podrán, después de todo yo sí estudié, aprendí, he sido un buen Alcalde y mejor Gobernador y ni unos ni otros lo pueden negar. Te insisto, piénsalo bien porque tú no eres tonto, no tienen a más nadie, sólo yo, lo que he aprendido, lo que he hecho y lo que voy a seguir haciendo.” 

“¿Y qué opinas de la frontera?”, pregunta Chávez casi por no dejar. “Hugo, ésa es una medida tardía y todos sabemos lo que allí sucede con las mafias que pululan. El asunto tiene muchísimo de estrategia electoral encubierta. Hay movilización de tropas que es igual a traslado de votos, además están afectados poco más de un millón de votantes.” Hace una breve pausa y la cara se le enseria. “Ahora hay demasiados militares concentrados ahí, Comandante, demasiados y cualquier cosa puede pasar, Maduro no entiende lo que está haciendo”. 

La imagen de Chávez se debilita con la creciente luz, pero le quedan fuerzas para preguntar: “¿qué piensas del revocatorio contra Nicolás?”

Falcón no se preocupa mucho, “eso sólo será posible ganando la asamblea aplastantemente, por encima de los trucos de Tibisay y los otros nerviosos del CNE.  De lo contrario no será viable, será muy difícil porque al igual que lo hicimos contigo en su momento, Maduro y su gente pueden hacer la ruta muy difícil con todo tipo de trabas y obstáculos sobrevenidos o no, y en eso Jorge es un fenómeno”.

Es difícil saber si Chávez escuchó estas últimas palabras, ya el día era plena presencia en Lara y el que estaba completamente despierto era Henri Falcón, listo para otra jornada política, de ésas en las cuales se mueve como pez en el agua.

 

@ArmandoMartini

Entre sueños y pesadillas: Encuentro de revolucionarios por Armando Martini Pietri

RennyOttolina4

 

Cada quien en su momento. Cada uno en su época. Ambos fueron revolucionarios, negarlo es negar la historia y sus trayectorias. Sería mezquino y hasta miserable. Uno falleció sin poner en práctica su pensamiento revolucionario y el otro murió antes de ver las consecuencias de la implementación de su revolución.

En algún lugar de la inmensa imaginación y la fantasía se encuentran dos personajes un civil y un militar que dieron mucho de qué hablar, admirados, odiados, sin duda polémicos y muy controversiales, a cada uno lo caracterizó su manera particular de percibir la vida. Ambos bendecidos por virtudes histriónicas, amaron profundamente a su patria, los dos, cada uno en su vida y como parte de ella fueron un verdadero fenómeno de la comunicación, ambos de origen humilde, uno de la ciudad el otro de la Venezuela profunda, fueron creativos, transmitían confianza y se hicieron entender; supieron comunicar llegando a todos los estratos sociales y niveles económicos, lograron el reconocimiento público y en eso triunfaron claramente.

Renaldo José Ottolina Pintonacio nació en Valencia, Venezuela, el 11 de diciembre de 1928, conocido como Renny Ottolina, fue un periodista, narrador, animador de programas de televisión y radio, publicista, corredor de autos de carrera y político venezolano. Hijo del emigrante italiano, Francisco “Pancho” Ottolina y de Ana Mercedes Pinto quien murió cuando él era aun muy pequeño. Su infancia transcurrió en Caracas a donde se mudó junto con su abuela. Coincidencias de la vida, estudió con el futuro periodista, intelectual y escritor Carlos Rangel. Luego, en el internado Colegio Salesiano San José de los Teques, se escapó en una ocasión con su amigo Francisco Álvarez. Sólo un detalle anecdótico, el San José de Los Teques no era un colegio fácil, allá fueron a parar muchos estudiantes conflictivos, y de él salieron muchos venezolanos de primer orden.

El  11 de diciembre se celebra en Venezuela el Día Nacional del Locutor, efeméride que recuerda  en el calendario el nacimiento de la figura más influyente de los medios de comunicación del país desde mediados del siglo XX, un locutor que convirtió el espacio radial y televisivo en el escenario de una nación que, por intermedio de su voz, de su talento perceptivo y trabajador, y la de muchos de sus destacados colegas que desarrollaron carreras extraordinarias, tejía su propia existencia a través de la expresión en aquellos medios de comunicación que les permitían escucharse a sí mismos y al país que ellos nos fueron revelando, logrando lo que ninguna otra gesta civil o militar: la real integración de la identidad del venezolano.

Hugo Chávez, con su fuerte voz característica y embutido en su atuendo militar favorito, irrumpe en el ambiente con tono de buen humor y un recio “¿Cómo estas Renny?”. Sin vacilar, el que ha sido y sigue siendo calificado como el número 1 de la televisión contestó con el dominio de sí mismo, la simpatía y el carisma que fueron y son parte de él: “por aquí bastante bien”, hace una brevísima pausa, “pero muy preocupado por mi país”.

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El comandante, en un acto único e inesperado de reflexión confiesa: “¿cómo no preocuparse? Ciertamente lo que sucede en nuestra patria no es para nada grato. Nuestro pueblo sufre y padece calamidades, la patria anda sin rumbo.”

Ottolina no ha perdido su ímpetu ni su visión profunda y señala: “sorprendente y absurdo que todavía hoy, existan los mismos vicios de siempre. Tú que te erigiste revolucionario y ahora los herederos que escogiste, continúan con la hemorragia contra el erario público, burocracia desbordada, gasto excesivo y sin límite, el partidismo odioso, la corrupción indecente, grosera y tantos males que agobian al pueblo”. Y agrega, duro: “la historia de siempre con otro color”.

Se ha planteado un debate y Chávez no lo rehúye: “la verdad, debo confesarte que no lo logré me falto tiempo y lo peor es que estoy convencido que quienes me sucedieron tampoco lo lograrán, no será por falta de tiempo sino de cabeza, esos males existen –están allí- y esconderlos es una torpeza además de una estupidez”.

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Hacen un paréntesis ambos y reflexionan. Son hombres de pasión, de fuerza, pero han sido también mentes que piensan, que analizan, que se fijan en cada detalle aunque a veces parezca que no.

Renny señala: “a ti te consumió el cáncer que no te esperabas, y a mí me destrozó la vida un accidente aéreo. Tú te fuiste solo y dejaste un desastre. Yo me fui acompañado por amigos venezolanos leales y de trabajo, Carlos Olavarría, Ciro Medina, Luis Duque y César Oropeza un 16 de marzo de 1978, y dejé una esperanza, un hermoso recuerdo y legado para mi país. Tu sólo dejaste a quienes te aprovecharon pero no te entendieron y después ni siquiera tienen ideas básicas para hacer ajustes inevitables. ¿Fue eso lo que les enseñaste, a escapar e ignorar los problemas, a tener vacíos los cerebros?”.

Chávez se va por la tangente y pregunta, curioso: “¿Cómo fue lo del accidente aéreo?”

Ottolina le aplica la misma receta y sin vacilar contesta: “te voy a decir lo que piensa la gente pues los rumores no se hicieron esperar. Muchos afirmaron que debido a la alta popularidad que ganaba como figura política, sumado a mi trayectoria en los medios de comunicación que conocía, dominaba y manejaba mejor que nadie, muchos consideraron que el accidente fue provocado.”

“¿Pero qué piensas tu?”, insistió el comandante

“El cliente siempre tiene la razón”, ironiza Renny con esa sonrisita tan suya.

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No se detiene y retoma la conversación: “los venezolanos somos en gran mayoría, gente amable, afable, honesta, decente, con principios y valores éticos y morales. Pero es que algunos de la clase política y sus anexos están dañados y son unos malandros. Los había en mi época y los hubo en la tuya y parece que hoy, son minoría pero entorpecen como si fueran mayoría.” Y agrega: “como siempre dije: Venezuela con todo su hierro y todo su petróleo, nunca valdrá más que sus habitantes.”

El comandante Presidente evade el tema y pregunta: “¿cómo es eso de que te decían el numero uno?”

“Así me calificaron”, indicó Renny, “fue cosa de periodistas y la gente lo  adoptó porque fue lo que siempre me propuse ser; sigo siendo el numero uno y llegué a serlo por mi esfuerzo, no por un carné” y asegura: “No fue el Gobierno, ni un partido el que decidió si yo servía en televisión, lo decidió el país juzgando mi trabajo, me lo gané con esfuerzo, constancia y mucho trabajo”.

Renny no deja pasar la oportunidad y va directo al punto: “¿y ti quien te eligió comandante supremo y eterno?

Chávez no se deja presionar, responde de inmediato y con firmeza: “el pueblo, los excluidos, los pobres, la gran mayoría de los venezolanos que estaban hartos de que los engañaran, los utilizaran y después los abandonaran”

Renny, que tiene buena memoria y estudia, siempre sabe de qué habla y por eso es irreverente, polémico, de personalidad compleja, le pone un dedo mental en el pecho al militar: “eso no es del todo verdad, Chávez, siempre has tenido en contra un 40% histórico que te adversó y aun lo hace. La clase media no te quiso ni te quiere, y los que llamas oligarcas tampoco, a quienes por cierto, insultabas y ofendías a diario y lo continúan haciendo con terquedad tus beneficiarios” y remata: “en cambio a mi me reconocieron todos los niveles sociales y económicos nadie se excluyó ni yo excluí a nadie, hasta algunos a los cuales yo les molestaba, me respetaron, no les gustaba pero me reconocieron como el número uno” y concluye con una de sus frases: “Hipócrita es decir amo a la patria y tengamos paz cuando odias y descalificas diariamente a personas con otra ideología política distinta a la tuya y que son de tu país”

Chávez no se siente segundo de nadie, es también un entrepeneur, un líder y un jefe, lo sabe: “cuando llegamos al poder en 1999, el estado estaba corroído, podrido y la oligarquía controlaba todo. Ahora con la revolución del estado socialista controlamos lo que le hace daño a la población más pobre”

Ottolina le responde: “Cuando estemos en manos del Estado habremos perdido la libertad de competencia, de escogencia, y el paso siguiente es perder la libertad de expresión, en eso sí lograste algo; como es lógico pensar por cuanto ningún gobierno en su sano juicio va a permitir que se use un medio por él directamente controlado para que se le hagan críticas que podrían ser acerbas si así lo ameritase la situación de tal gobierno”. Y apunta con cierta amargura: “¿te acuerdas quién me aplicó a mi esa censura? ¡Los mismos medios a los cuales tu después les pusiste la mano en el cuello!, ¿irónico, verdad?”

Chávez tiene curiosidad, quiere aclarar los primeros pasos políticos de Renny Ottolina y se desvía por ese lado: “¿cómo te iniciaste en la política?”

El número uno responde con melancolía y añoranza: “En 1977 organicé mi propio movimiento político llamado el Movimiento de Integridad Nacional (MIN) con miras a las elecciones del año 1978. Mi campaña se basó principalmente, en leer pensamientos de Simón Bolívar los cuales desglosaba para dar a conocer los ideales del Padre de la Patria. Utilice la televisión para crear conciencia para cuidar al país y amar los ideales del Libertador.” Y agrega con sarcasmo e ironía: “lo que tú después te copiaste pero falseaste, tergiversaste y deformaste para tu revolución bolivariana”. Se detiene un instante, “toma nota del nombre de ese partido que ahora no es mío. ´Movimiento de Integridad´, ¿entiendes la razón de ese nombre que indicaba desde el principio en que estábamos pensando, cual era la Venezuela que queríamos construir?

Renny memoriza y sigue, insistente: “sentí, siento y sentiré siempre un amor especial por Venezuela y por eso me dedique a presentar “micros” de información y concientización para enseñar a ser mejores ciudadanos. En mi último programa, “Venezuela despierta”, hicimos un llamado contundente y mordaz ante la corrupción administrativa y las falacias de los políticos, que desangraban al país malgastando el tesoro nacional.” Hace una pausa, se ríe a carcajadas y en tono de burla: “Hasta ese día cuando me picó el aguijón de la política me llovieron las condecoraciones, reconocimientos y premios nacionales e internacionales.”

Y de repente se acuerda y expresa con amargura: “por cierto tus herederos se apropiaron indebidamente de mi partido para confundir a los votantes con el lema de la ´unidad´, ésa es una demostración de que no las tienen todas consigo y van a perder las elecciones”.

El comandante contesta parco y escueto: “como sabes en el amor como en la guerra se vale todo, y en la política también”

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Chávez no parece tener muchas ganas de hablar de política, se siente curioso por un personaje con el cual nunca coincidió; siempre hay la posibilidad de que si Ottolina no hubiera muerto, ¿habría llegado él mismo donde llegó, habría hecho todo lo que hizo? Entonces piensa en una coincidencia entre ambos: “¿Renny, tu igual que yo no tuvimos la fortuna de una vida marital estable, verdad?”

Lo admite Ottolina: “muy cierto, el 25 de agosto de 1953 contraje matrimonio con Renée Lozada con quien tuve tres hijas, Rhona, Ryna y Rena; y un hijo varón, Ronny, que murió después. Me divorcie en 1971. Nunca me volví a casar”.

Pero Ottolina sigue pendiente de Venezuela, regresa a lo político, a la realidad sobre la cual comenzaron a hablar y le señala al comandante: “Oye, Chávez, ¿qué te parece que hace unos días la Corte Interamericana de Derechos Humanos sentenció contra Venezuela y a favor de Radio Caracas Televisión RCTV, tienen que restablecer la concesión que tu les negaste, ¿qué crees que van a hacer los usufructuarios tuyos?”

Chávez se pone serio, contesta con firmeza y molestia a la vez: “si yo estuviera al mando no le pararía a ninguna corte porque esos están vendidos y están dominados por la burguesía internacional. Además la concesión se venció y es potestad del estado concederla o renovarla y nosotros decidimos no hacerlo.”

Se muestra de repente preocupado y señala: “Por cierto, Renny ¿has visto últimamente encuestas de opinión donde los independientes son mayoría?

Con satisfacción y el pecho hinchado Ottolina contesta con un lema de su partido aún vigente: “Los independientes estamos claros”

Hay una especie de bruma, como la calina caraqueña de las mañanas. Ottolina se lleva el dedo a los lentes, los ajusta, ya no ve a Chávez. Y reflexiona: “El país es medible. La patria es del tamaño del corazón de quien la quiere. Y justo ahora faltan muchos más para querer a esta Venezuela nuestra”.

Al despedir cada día el Show de Renny decía: “Los quiero mucho”

@ArmandoMartini

Sueños y pesadillas: El Comandante con su mejor contrincante por Armando Martini Pietri

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Una de esas noches limeñas a orillas del Océano Pacífico, de clima subtropical, fresco, desértico y húmedo a la vez, se encontraba -como siempre luego de un arduo día de trabajo- descansando, reflexionado, quien nació en 1945 en la ciudad de San Cristóbal, en el muy venezolano Estado Táchira; de origen humilde, de padre colombiano y madre venezolana, formó su espíritu con esa familia fronteriza y montañera que pronto se mudó en busca de mejores oportunidades a la calurosa Punto Fijo, en tiempos duros de aquella Venezuela rudimentaria pero esperanzada porque los cambios se veían, se olían, casi podían tocarse y tenían un aroma ácido de petróleo y sabor de libertad. Por eso desde muy niño su tierra adoptiva fue Falcón y, más concretamente, la apasionante Paraguaná con sus ventarrones y horizontes siempre remotos. Y su dulce de leche de cabra, imposible olvidarlo.

 

De familia educada en el valor del trabajo, sangre andina y mirada acostumbrada a la llanura sin fin, ya adolescente y paraguanero asumió  tres compromisos que marcarían su vida. Aprender y trabajar para ganarse la vida con su esfuerzo y sin perjudicar a nadie, pelear en defensa de la libertad y de los derechos de los venezolanos, y crecer haciendo destino dentro del ya organizado y batallador movimiento obrero.

 

Muy joven consiguió plaza en la industria petrolera de entonces, jefaturada por estadounidenses, holandeses y británicos pero hecha realidad día y noche con talento, músculos, sudor y voluntad venezolanos. Como trabajador petrolero, etapa fundamental de su vida que jamás podrá olvidar porque por sus venas corre petróleo, desarrolló tres vocaciones fundamentales; la de trabajador experto, la de miembro de Acción Democrática y la de sindicalista.

 

Extendiendo la mirada acostumbrada a grandes extensiones por las lejanías limeñas, sonrió con cierto orgullo, en sus inspiraciones había triunfado, no sólo desarrolló cuidadosamente las exigentes experticias del petrolero, sino que creció en el respeto y la fe de sus compañeros de partido y de sus colegas en la industria, porque demostró siempre que tenía la fuerza del líder en el cual se puede creer.

 

Con esa potencia llegó a conquistar, voto a voto, una responsabilidad de primerísima importancia: la presidencia de la poderosa Federación de Trabajadores Petroleros, Químicos y sus Similares de Venezuela, popularmente conocida como Fedepetrol. Y todo ello, ganando también creciente liderazgo en el muy desarrollado ambiente sindical venezolano, y en su partido Acción Democrática. Algunos pensaron que “había llegado”, él supo siempre que había cumplido una etapa.

 

Porque en 2001, en plena efervescencia chavista, con su propio partido venido a menos, el gocho de espíritu, paraguanero y petrolero había peleado por la jefatura de la máxima central sindical del país, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, la popular CTV y no sólo la había ganado sino que lo había logrado por paliza sobre un adversario que para entonces también lucía carrera de dirigente obrero, Aristóbulo Istúriz, a quien dejó con los ojos dándole vueltas con un aplastante 64% de los votos, a pesar de las emociones chavistas en las cuales se había envuelto el hombre que también había sido parido por la Acción Democrática de tiempos de grandeza que el chavismo se empeñaba en tratar de hacer olvidar. Tal como se veían las cosas en ese año 2001, más que un triunfo de Acción Democrática, era una victoria de quien ahora recuperaba fuerzas con la brisa, algo más fría, de la capital del Perú.

 

A Carlos Ortega se le suavizó el ceño habitualmente adusto de andino y falconiano embraguetado e instintivamente se tocó la parte superior de la boca donde un tiempo creció un bigote poderoso con el cual lo pusieron preso y se lo llevaron a Ramo Verde. Pareció para algunos el final de una carrera en la cual había crecido con musculatura propia, pero durante la cual también sufrió la experiencia inevitablemente amarga de ser traicionado, cuando un sector del liderazgo antichávez lo dejó en la estacada para lanzarse sin avisarle a promover un golpe de estado mal concebido y peor ejecutado, pero por el cual él también tuvo que pagar.

 

En 2003, rotas las promesas de Hugo Chávez de levantar banderas de reconciliación, solicitó asilo político en la embajada de Costa Rica, pero para líderes como Carlos Ortega la pelea es peleando y volvió clandestino a Venezuela hasta que en febrero de 2005 fue detenido; sin embargo, tampoco las rejas militares pudieron contenerlo y en agosto de 2006 se escapó de sus carceleros y volvió a la clandestinidad. Reapareció un año después en Perú, en septiembre de 2007, cuando el Gobierno de ese país le concedió asilo.

 

Ahora estaba allí, porque Carlos Ortega sigue siendo un hombre de trabajo, terco e indoblegable que lo que no sabe es cómo vivir de los demás. Estaba allí, recuperando fuerzas con la ya oscura noche limeña después de otra jornada. Fue entonces cuando algo se interpuso entre sus meditaciones y la oscuridad cuando se produjo un encuentro que parecía inconcebible, extraño, insólito, improbable entre el Comandante eterno y su siempre duro adversario, Carlos Ortega, quien no sólo lo combatió con fiereza sino que también, cuando tuvo que ganarle, le ganó.

 

Hombres como ellos no necesitan preámbulos ni cortesías especiales, van a lo que les interesa. El líder obrero se quedó impertérrito, Chávez le preguntó: 

 

“Ortega, dígame la verdad que ya ha pasado mucho tiempo, ¿Cómo se escapó de Ramo Verde?”

 

“La primera obligación de todo preso político es escapar”, respondió Ortega sin mover un músculo de la cara, y advierte: “Pero jamás diré cómo lo hice”.

 

Chávez sonríe con la comprensión de quien también estuvo tras las rejas, pero cambia el tema porque él no se escapó, a él lo dejaron salir. Y pregunta cambiando al tuteo, lo cual no molesta a Ortega: “¿Cómo ves la situación de la oposición venezolana?”.

 

El dirigente sindical contesta sin vacilar: “muy mala pero con muchísima oportunidad de triunfo. Su principal defecto es el doble discurso, la prepotencia, la falta de solidaridad y la exclusión, como pudimos comprobar muchos que nos utilizaron para luego abandonarnos; nos dieron una patada por el trasero, y eso tarde o temprano se paga”.

 

“¿Eres rencoroso, Ortega”, se interesa Chávez; “no, en política y en el sindicalismo los rencores son errores y trampas; pero conozco la vida, las cosas son como son”

 

El Comandante sabe que no está hablando con un improvisado, quiere oírlo sabe más: “¿Qué piensas de esa ‘tercera vía’ como algunos la califican y que parece está creciendo?”

 

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Ortega siempre está bien enterado de las cosas de Venezuela, y responde de inmediato: “Muy interesante, Chávez”, le fastidia llamarlo ‘Comandante’, “y mucho más cuando las encuestas ubican a los independientes como primera opción por encima de la MUD y del PSUV”. Sin titubear agrega: “además ambos lados que polarizan sienten miedo y por ello, los insultan y descalifican llamándolos traidores a la patria y por si fuera poco, a quienes critican o denuncian algo de esa dirigencia los tildan de saboteadores y divisionistas a cuenta de una falsa unidad que ambos promocionan”. Y continua: “lo importante es que se unan como un tercer bloque sólido, de lo contrario, no lograran mucho y corren el riesgo de convertirse en factor de distracción favoreciendo al oficialismo y perjudicando a la oposición.” Chávez parece consentir ligeramente pero no dice nada, lo que aprovecha Ortega para ampliar: “¿No le parece curioso que los chavistas de franelita y frases hechas se están desilusionando pero los opositores -también enfranelados- ni capitalizan ni crecen?”.

 

“Eso me causa sorpresa”, reconoce casi susurrando Chávez, “me llama la atención y me preocupa”

 

“¿Y a usted qué le parece esa ‘Alternativa Diferente”, pregunta Ortega a su vez. 

 

Obviamente Chávez no vino a interrogar sino a conversar, y favorece el diálogo: “Para responderle con el corazón en la mano y por estar donde estoy, me parece muy bien, no le hace daño a la democracia y además, con la popularidad tan baja de ambos bandos, una tercera opción ayuda para que parte de la población se desahogue y no se abstenga. La abstención es nuestro peor enemigo”.

 

El petrolero se desconcierta un poco: “¿Enemigo de quien?”

 

Chávez no vacila en responder directo: “del PSUV y de la MUD, Ortega, aunque no parezca tenemos intereses comunes”.

 

“Es obvio se nota a flor de piel” riposta gruñón el sindicalista, quien seguidamente cambia el tema y con cierta sorna pregunta: “Chávez, ¿usted considera que Maduro lo está haciendo bien? Y otra cosa ya que estamos en la cuestión del supuesto legado suyo, ¿por qué no dejó a Diosdado?”

 

“Te respondo con sinceridad, Ortega, la verdad sea dicha, está comenzando a intranquilizarme y angustiarme, porque si Nicolás no cambia el rumbo y se deja de tanta retórica equivocada, no le veo buen futuro. Y en cuanto a Cabello, bueno, jamás diré por qué lo hice”. Chávez retoma con rapidez su propia curiosidad y quiere saber: “cuéntame que piensas de Capriles”.

 

Ortega no le tiene miedo a sus verdades y no pestañea para responder: “es un muchacho mal agradecido, prepotente y que cree se la sabe todas; ¿y usted qué piensa de él?” Sin dudar el Presidente responde “sigue siendo un adolescente inmaduro, equivocado aunque con buenas intenciones”.

 

“Claro”, reconoce seguidamente, “las buenas intenciones no bastan”, y súbitamente le cambia la ruta al sindicalista: “¿es verdad lo que dicen por allí, que Cisneros te mantenía?” A Ortega no le gusta la casi acusación y responde visiblemente molesto: “a ese carajo no le debo ni una Pepsi Cola”. Chávez sonríe con cierto ambiente de travesura y lo corrige: “la Pepsi Cola ahora es de la Polar, y la Coca Cola de su primo”. Ortega no sonríe, masculla: “usted entiende lo que le quiero decir”.

 

El comandante, que no quiere discusiones innecesarias, cambia el pitcheo y comenta: “siempre hubo rumores sobre un supuesto atentado contra tu integridad física, cuéntame cómo fue eso”.

 

Ortega tiene memoria clara y la respuesta no se hizo esperar: “el comandante Gonzalito no sólo lo planificó sino que también contrató sicarios en Nicaragua para que atentaran contra mí vida. Usted sabe quién es el comandante Gonzalito, ¿verdad?, es ficha suya”

 

“Era”, aclara Chávez, “ahora se volvió a cambiar, la verdad me gustaría saber a quien sigue de  verdad”  

 

“El sigue a quien le dé mas platica según su cada día”, ironiza Ortega, “pero me extraña que pregunte. Usted sabe bien el cuento”

 

“Algo”, reconoce el Comandante, “pero tú tienes los datos concretos”.

 

“Este individuo amoral y detestable aún participa en la política, hay que reconocerle que tiene desparpajo para ubicarse y sigue consiguiendo quien piense que lo necesita”. Hace una breve pausa y retoma el asunto. “Estando en Costa Rica los cuerpos de inteligencia me alertaron y me escapé”. Le cambia el gesto, se distiende, suelta una risotada y exclama: “¡son tan malos que ni para contratar hampones sirven!”

Chávez suelta la curiosidad, “¿Cómo se llama? ¿Dónde está? ¿Qué hace?”

 

Ortega deja la risa de lado y acusa: “Ya le dije se hace llamar comandante Gonzalito, traicionó a sus amigos y hasta dicen que los robó, se hizo millonario en la revolución y también los abandonó, ahora está en el centro del país y el muy sinvergüenza ambiciona ser diputado pero no ganará y muy pronto la justicia tocara su puerta; irá preso y pagará por todos sus abusos, traiciones, arbitrariedades, desmanes e infortunios a los que sometió a buenos ciudadanos venezolanos”.  

 

Chávez siente que sabe de quién le están hablando, pero prefiere cambiar el tema “¿Qué te parece el cierre de la frontera?”

 

Ortega es un veterano y es hombre práctico, no duda en señalar “es una tontería, otra de las pendejadas de ese hijo que usted le dejo a los venezolanos y que sólo sirve para imitarlo sin parecerse en nada y para que le crezcan los enanos, ese vainero que armó en la frontera no resuelve nada, ni siquiera sirve para suspender las elecciones la constitución lo prohíbe. Pero hay que estar muy pendiente, por esos lados se eligen aproximadamente 27 diputados. Y para eso si sirve el estado de excepción”

 

Chávez parece de acuerdo por la cara que pone pero no lo reconoce, más bien pregunta: “¿Qué opinión te merece Maduro, de verdad?”

 

Ortega es directo, “es peor que usted, que es mucho decir. Advertí montones de veces al país y al mundo sobre la calamidad de su gobierno y hoy lo hago igual con Nicolás Maduro. Es increíble la incapacidad e ineficiencia para resolver los problemas del país y por el contrario, la capacidad y destreza para culpar a los demás de sus errores. Es tan malo el presidente que ni con sus aliados -dentro y fuera- del régimen lo hace medianamente bien.”

 

Chávez mira hacia la extensa noche de Lima y pregunta: “¿Qué salida le ves a esta situación?”

 

Ortega entiende la seriedad de la pregunta, reflexiona y comenta: “la verdad es que todos los días se complica más la situación y por ende, las soluciones también. Unos creen en salidas electorales, otros no; algunos piensan que la situación es tan grave que llegará ayuda humanitaria y al final otros albergan la posibilidad de una alianza cívico-militar. Pienso que para evitar cualquier salida inconveniente que pueda producirse, la dirigencia política debe reflexionar en favor de los intereses y conveniencias del país y sus ciudadanos en consecuencia deben, en su gran mayoría, renunciar y dejar surgir liderazgos alternativos. De lo contrario, seguiremos peleando y cuestionando los honestos, decentes, con principios morales y éticos, sin doble discurso o doble moral, los tontos útiles que creen en el espejismos que se venden a través de los medios de comunicación oficialistas o no”.

 

Ortega se queda en silencio, también mira hacia la noche de la que fuera capital de virreinato y de la plata. Reacciona, busca a Chávez pero éste ya no está, como si la noche pesada lo hubiese engullido.

 

@ArmandoMartini

 

Entre sueños y pesadillas: Por fin, ¿quién se fumó la lumpia? por Armando Martini Pietri

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Nadie puede negar que es un hombre inteligente y carismático. Nació en Curiepe, corazón de la negritud venezolana, así como tierra de verdes intensos, tambores africanos y un sol abrumador, y, junto con Birongo, territorio de brujos. Hay quien diga que fue por allá donde –según la mitología popular- le ensalmaron la pipa famosa a Rómulo Betancourt.

Aristóbulo Istúriz ya no es el negrito flaco y empeñoso que hizo carrera en la Acción Democrática de tiempos mejores, partido dentro del cual  trabajó y aprendió ayudando a organizar la Federación Venezolana de Maestros, una de las instituciones sindicales más formidables del país desde entonces y todavía la misma que, con integrantes de todos los grupos políticos, auspicia esa organización de análisis que le amarga la vida a los gobiernos diciendo mes tras mes las cifras reales del costo de la vida, el Cendas, pero eso no es culpa de Aristóbulo.

Istúriz es ahora lo que llamarían “un negro papeao”, cosas de la edad y de una carrera donde además se pueden ocupar buenos puestos. El mirandino no se conformó como pequeño dirigente adeco. Hiperactivo, soñador, se jugó la carrera con los reclamos del MEP de Prieto Figueroa décadas atrás, después se convirtió en uno de los fundadores del partido obrerista de Alfredo Maneiro, la Causa R, y cuando Chávez estableció sus propias condiciones en un entorno de tómalo o déjalo, Aristóbulo Isturiz tomó a Hugo Chávez y se abrazó con ímpetu a lo revolucionario, bolivariano y, fundamentalmente, chavista. 

Con la Causa R había llegado a ser Alcalde del Municipio Libertador de Caracas, después fue fundador de Patria Para Todos con Pablo Medina y otros, llegó a diputado en el Congreso primero, después segundo vicepresidente del llamado “congresillo” y vuelve como diputado pero ya a la Asamblea Nacional; después con Hugo Rafael Chávez Frías llegó al poder. Como había sido maestro el presidente Chávez lo nombró Ministro de Educación, como es político de carrera se lanzó más tarde a competir por la Gobernación de Anzoátegui y por fin logro con éxito la tarea que le puso el Comandante Presidente: ganó el puesto. Ya antes había perdido la CTV y la Alcaldía Mayor del área metropolitana de Caracas.

Por estos días “el negro Aristóbulo”, como le dicen cariñosamente sus amigos, estaba trabajando en su oficina de Barcelona. Siempre de buen ánimo, echador de lavativa, alegre y de buen humor, es trabajador y se cansa; esa noche el sueño lo venció y su asistente no se extrañó, varias veces ha sucedido. Apagó las luces y sin hacer sonido se retiró. Entrada la noche un ruido potente, una voz inconfundible y llena de alegría lo despertó abruptamente: “Negro, ¿cómo estás? ¿Cómo te sientes? ¡Qué bueno verte de nuevo!” 

Tras varios años al lado de Hugo Chávez, Aristóbulo no es fácil de asustar. Además su voz lo reconforta, tuvo una larga amistad y mucha confianza con el comandante y reacciona con tranquilidad: “Carajo, mi querido amigo, ¿cómo estás?” 

Chávez sabe que Istúriz Almeida lo respeta y lo estima pero no le teme, el ya experimentado chavista es de los pocos que dicen de frente lo que realmente cree. Y así comienza una conversación sincera y distendida entre dos buenos camaradas y mejores amigos. 

Chávez dispara primero: “¿Cómo están las perspectivas electorales aquí en Anzoátegui?”

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Istúriz tarda poco en responder: “Bueno, Comandante, no están fáciles, pero yo tampoco soy Tarek, que dedicaba tanto tiempo a sacar musculatura, yo sí estoy al frente del partido y aquí estamos peleando. La oposición ha crecido, el voto castigo es su única esperanza, pero mis músculos están aquí en la cabeza, la dedicación y la veteranía, y estoy seguro que en diciembre vamos a ganar las elecciones –y como invoca la expresión popular- de abuso”.

Chávez, contento con lo que oye, se acuerda de viejos tiempos: “siempre estuve intrigado de preguntarte, ¿qué tan cierto es ese chisme de que ibas a dar un discurso contra nosotros en el congreso tras el movimiento del 4 de febrero pero dizque Caldera después que habló te dijo: “no cometas esa pendejada Aristóbulo”.

Sonriente el galán de Curiepe: “es verdad pero distinto; oí a Caldera y me sorprendí, ¡aquél hombre justificó el golpe después que Morales Bello perdió los tiempos, la chaveta y pidió ¡muerte a los golpistas! Escuché a los dos y dije para mis adentros ‘si este veterano se montó en la ola y quiere repetir como Presidente, pensé, yo pendejo no soy, y, me monté en la ola también”.

“Por cierto”, le dice Chávez a su amigo: “tú eras irreverente e insolente, ¿te acuerdas por allá en el año 2000 cuando eras del PPT rompiste con nosotros, y, no conforme con ello, dijiste que yo me había fumado una lumpia?”

“¡Caray, cómo olvidarlo!” exclama el líder oriental que ríe a carcajadas: “Hugo eres una vaina” y continúa: “eso fue cuando descubrimos tu peculiar y personal interpretación sobre el concepto de “democracia participativa”. Es decir, “a los candidatos los escojo yo”. Fue cuando aquello del referéndum sindical y entonces yo estaba de muy mal humor y se me salió la rabieta en un programa en el canal 10. Pero chico ¿a qué viene eso?”.

“Sólo por joderte, negrito” aclara cariñosamente Chávez.

 El comandante eterno interroga: “¿Cómo fue que llegaste a ser gobernador de Anzoátegui?”

“¿No te acuerdas? Compatriota, como que estás perdiendo la memoria. Yo lo recuerdo clarito: durante un acto de la fiesta del asfalto en Barcelona, me asignaste la tarea de ‘acomodar’ el desastre que había en Anzoátegui, y dije públicamente: ‘Yo estoy comprometido con el asfalto, les tengo que confesar que Chávez mandó a dos negros para Anzoátegui: al asfalto y a mí’. Cuando te bajaste de la tarima me abrazaste y me dijiste: ‘tienes que ayudarme a arreglar esta vaina’, así fue mi designación como candidato de la revolución”.

“¿Te fijas Aristóbulo que no es tan mala mi interpretación de “democracia participativa?”, se ríe con picardía Chávez.

El comandante supremo cambia la mirada y suelta, retador: “He oído mucho y muy seguido cosas malas con respecto a dinero mal habido, y que estás involucrado en vainas non sanctas… Aristóbulo, acuérdate lo que he dicho y sostenido siempre, que la revolución no es para acumular riqueza sino para liberar a los oprimidos”.

“Mire, comandante”, se enseria el líder de oriente, “eso de que tengo una cuenta en el imperio es falso. Que tengo un avión también es mentira. Después me hicieron un montaje montado en un yate y resulta que yo mareo. Los escuálidos no saben qué inventar, son unos buenos para nada”. 

Por si acaso Chávez precisa: “Pero los chismes no hablan de gringolandia sino de Suiza, una cuenta en un tal Banco Paribas, con un saldo de varios miles de dólares, verde mas, verde menos”.

“Presidente”, responde de inmediato el ahora Gobernador,  “este negrito nunca ha visto tanto centavo junto, puros chismes, pura paja”  

“Hablemos de economía”, cambia el comandante supremo nuevamente el tema, esta vez al que parece tenerlo más preocupado, “¿cómo la ves?” 

“Angustiado”, responde directo Aristóbulo, “muy preocupado, ésa -entre otras- es la mayor debilidad que ha tenido y tiene el Gobierno de Nicolás, la política económica, él se aferra a que históricamente la economía ha sido manejada por la llamada oligarquía, o sea que según Maduro usted no arregló ese problema y, encima, cree que debe seguir así, como si ése fuera su legado, Maduro no entiende nada. Sinceramente es difícil solucionar esta cuestión que cada día será más grave, porque además de la falta del recurso económico y la sangría generalizada, esta engatillado en la doctrina ideológica como él la entiende, y, peor aún, cree que lo está haciendo bien”. Por cierto: “nombra una Comisión Presidencial para cuanta cosa existe, como si eso fuera la solución” Se sonríe y en son de broma agrega: “¡ése como que se fumó una lumpia!”

Chávez, con el ceño fruncido, se pregunta “¡Que lavativa!, ¿cómo salir de esto?” 

Aristóbulo abre los brazos, exasperado: “¡Es peliagudo salir de esta guerra económica!”

 Interrumpe Chávez abiertamente molesto: “déjate de necedades, ¿qué guerra económica ni qué ocho cuartos?, el pueblo esta fregado, no encuentra nada y todo escasea. Si no lo mata el hambre lo hará la inseguridad. ¡Con esas bolserías no se ganan elecciones!”. Reflexiona un momento y adiciona: “Nuestra ventaja es que del otro lado son iguales y quién sabe, ¡hasta peores!”; “están divididos en varios toletes”; “son excluyentes” y “escasos de estrategia”.

Pero Comandante agrega Aristóbulo: “también nosotros estamos divididos”; “crecen los independientes y ahora son mayoría”, y además: “la abstención me alarma y preocupa”.

Ante el silencio de Chávez, recuerda: “Presidente, pero yo lo dije una vez, ‘Bolívar no necesitó de papel sanitario para hacer lo que hizo’ ”. Y agrega con rapidez otro de sus dichos: “Todo el que hace cola es porque tiene real”.  

“Coño, negro”, lo corta tosco y hasta descortés Chávez, “ahora si es verdad que te volviste loco diciendo esas pendejeras en pleno siglo 21, tu como que eres el que se fumó la lumpia”. 

Y también he dicho: “Si quitamos el control de cambio nos tumban”

“Eso está bien y además es cierto”, reconoce el Comandante, “si lo quitamos los que el presidente obrero llama pelucones y los que no lo son se llevan todo, hasta tú eres capaz de abrir tu cuenta en Suiza”.

“Por cierto”, recuerda Chávez, “oí la explicación que daba Nicolás sobre la ocupación del imperio español en Venezuela durante el siglo 18, cuando interrogó a los presentes sobre quién gobernaba en España en 1777 cuando se fundó la Capitanía General de Venezuela y como nadie tenía idea, Maduro salió del paso con un chiste: ‘En ese entonces Aristóbulo gobernaba África’ ”. 

Aristóbulo, paciente, contesta: “Chiste de mal gusto”

“Por cierto, que mala cosa lo que está sucediendo en la frontera con Colombia”. Expresa con preocupación el comandante eterno y continua: “no creo que ésa sea una recomendación de los hermanos Castro” y él mismo agrega: “de ser así se volvieron locos, vamos a perder mucho apoyo internacional. Además la idea original era irse por Guyana”

El primer mandatario anzoatiguense responde: “voy a defender la medida, así me lo pidió mi hermano Diosdado; sin embargo, parece imprudente, poco examinada y algo temeraria”. Pero añade de inmediato: “no obstante estamos buscando desesperados un dakazo para garantizarnos las elecciones por aquello que dijo Tibisay: cosas se pueden hacer pero milagros no”. 

Chávez pide a su amigo un vaso de agua fresca y bromea mientras Aristóbulo va por el encargo a la cocina y en voz alta pregunta: “Aristóbulo, qué pensaría el maestro Prieto Figueroa?”

Se oye el vozarrón chillón pero imponente del orejón “No joda, este negrito me salió saltimbanqui, este hijo descarriado que fue militante de Acción Democrática y de los míos que se pasó al MEP, de allí saltó a la Causa R, después al PPT, y posteriormente al PSUV, negro resabiado”

“¡Épale!” se sobresaltó Aristóbulo mientras se acercaba con el vaso de agua “¿Quien dijo eso?” 

Pero en la oficina solo había silencio y penumbra.

 

@ArmandoMartini

Entre sueños y pesadillas: Comandante Eterno en Ramo Verde por Armando Martini Pietri

ChavezyLópez

 

Es ya de noche y el cansancio, aunque nunca la resignación, cae sobre esta joven mujer, deportista, llena de vida y que además muestra un futuro promisor, con inteligencia, capacidad de trabajo, agudeza y lucidez que la mayoría desconocíamos, pero que la necesidad y circunstancias ajenas a sus propios deseos han obligado a aflorar.

Por eso Lilian Tintori, de hermosa, deportista y moderna ama de casa, se ha convertido en toda una líder popular.

Como cada noche da la bendición a sus hijos y  los pone a dormir. Exhausta, se recuesta para descansar de las arduas labores diarias y prepararse para la nueva jornada que le espera al día siguiente, se va quedando dormida con la televisión encendida, oye un ruido inusual, se despierta  alarmada porque en esta Venezuela de hoy nadie duerme tranquilo, nadie se siente seguro. Por un momento piensa que el sonido que no logra identificar viene del televisor y lo apaga.

Vuelve a adormilarse y regresa el inusitado sonido, es como un murmullo, un susurro,  una voz firme pero prudente que con suavidad para evitar una reacción adversa saluda, ahora se da cuenta: “Sra. Tintori, muy buenas noches”.

Sorprendida piensa aceleradamente, trata de comprender con exactitud que sucede y hace la pregunta que a ella misma le extraña: “¿Chávez? ¿Qué hace usted en nuestro hogar?” Y de inmediato reacciona: “¡No es bienvenido!”

El comandante sabe ser respetuoso cuando quiere, se disculpa por la intromisión y pide ser oído. La señora López es de las que no le tiene miedo a nada ni a nadie, pero esta vez también percibe que no hay agresión, que el visitante es amable. Sin moverse, Chávez, un tanto rígido, señala: “he venido a solicitarle su consentimiento para visitar a Leopoldo López en Ramo Verde”.

Asombrada Lilian exclama: “¿Consentimiento?” Reacciona con cierto atisbo de indignación, “¿vino a burlarse de mí? Usted puede ir donde quiera, cuando estaba vivo lo hacía y hoy difunto me imagino que puede hacerlo aun más”.

Chávez sostiene la formalidad y reconoce  “Es verdad, pero aun así, me gustaría que usted lo alertara antes de mi visita”.  “¿Pero cómo?” pregunta Lilian, “¿sabe cuántas trabas, degradaciones y agravios hemos padecido para entrar a Ramo Verde, ¿y a esta hora?, sólo me dejan visitarlo sábado y domingo, si es que les da la gana, porque igual amanecen con el chavismo atravesado y entonces no hay manera”

Chávez no se inmuta, “Usted déjeme eso a mí”.

En la celda de reclusión del fundador de Voluntad Popular de repente una luz brillante pero no tanto como para alertar a los carceleros, despierta al dirigente preso que, sorprendido, exclama: “¿Bella, qué haces aquí? ¿Cómo entraste?” No está seguro de si es un sueño o si efectivamente su mujer está allí, frente a él, ¿ha pasado algo? ¡Debe ser algo grave para que ella esté ahí, en plena celda y a esa hora de la noche! Sale de la pequeña cama confuso y nervioso. Ella no se le acerca, lo mira con el amor de siempre y le habla con exaltación: “no lo vas a creer, no sé cómo explicarlo, pero Hugo Chávez se me apareció y quiere visitarte, quiere tu consentimiento”

López se tranquiliza pero a la vez se desconcierta, ¿qué está pasando? ¿Chávez está muerto o no? Pero en la cárcel se aprende el autocontrol, recapacita y decide seguir la realidad o la ilusión, lo que sea. Siente que debe aceptar, “está bien, eso sí, siempre y cuando tú te quedes y seas mi testigo de excepción”.

Sin nuevos avisos aparece la figura del Comandante eterno: “Leopoldo López, ¿cómo estás?” Hay luz en la celda, pero afuera está oscuro, el calabozo es como un apretado centro de luminosidad que no se expande, que se concentra en sí mismo.

Con una mezcla de humor y de realismo, López responde: “mejor que usted pero muy maltratado” y aclara: “la mitad del tiempo que llevo preso la he pasado aislado” Y no puede evitar recalcar: “A usted cuando estuvo encarcelado nunca lo trataron tan mal”.

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Chávez evade el tema y contraataca: “¡que lavativa, López, te pusiste a inventar salidas no contempladas en la Constitución y no previste que a Maduro no le iban a permitir que le temblara la mano para meterte preso, y tampoco se te pasó por la cabeza que algunos de tus amigos no te acompañarían ni en tu aventura ni en tus apetencias de poder.”

“Bueno”, López es terco, “eso lo dice usted”

Chávez lo mira con fijeza, pero no busca regañarlo, no ha venido a eso, más bien siente curiosidad por ese joven líder que le ha enredado las cosas a la oposición y al oficialismo. “Eres inteligente, López, pero estás jojoto, te falta burdel para comprender que en política no hay amigos sino conveniencias”

Leopoldo reacciona, enfadado por lo que considera injusticias: “mire, Presidente, yo no cometí delito alguno. Pedir la renuncia de Maduro no es infracción. Solicitar una transición tampoco lo es. Usted lo hizo en su momento. No hay ninguna prueba ni testimonio ni testigo que me inculpe de nada. Soy víctima de una trampa, de una patraña”

Chávez le aclara: “eso no es culpa de nadie, es tu error por ser tan confiado. Sólo te importó tu ambición y popularidad, no tomaste en consideración el egoísmo y la envidia de los otros, además de apetencias e intereses ajenos”.

 Se hace un breve silencio casi de tumba, y Chávez habla de nuevo con severidad, interroga: “¿por qué no aceptaste la oferta de Maduro y Diosdado?”

 “¿Cual oferta?” riposta López a quien el tema parece molestar.

Chávez es veterano discutidor, sabe que López está buscando tiempo, insiste: “no te hagas el loco, la oferta de Diosdado cuando te convidó a que te fueras del país o te asilaras en una embajada; y por si fuera poco recientemente te ofrecieron otorgarte casa por cárcel pero te volviste a negar”.

López está ahora seguro de su respuesta y expresa sin vacilar ni titubear: “antes era inaceptable salir huyendo del país, y ahora es inadmisible aceptar la casa por cárcel. Soy inocente de todo lo que se me acusa y además quieren lavarse la cara con la comunidad internacional. No me voy a prestar para semejante vagabundería”.

 “¿Cuánto tiempo piensas estar preso?” repregunta Chávez

López no se deja presionar por la malintencionada pregunta: “Todo el tiempo que sea necesario para liberar al país de esta vergüenza de gobierno que nos dejaste, y por eso y otras cosas, no te escapas de responsabilidad, a Maduro lo pusiste tu, pero el desastre previo también, a Nicolás lo que le pasa es que no tiene cabeza ni fuerza para arreglar nada, y un Presidente que no mejora, desmejora”.

Ambos son polémicos y polemistas, el admirador de Bolívar y el que lleva su sangre, ambos son jefes; se miran, no se admiran pero tampoco se temen.

Chávez, un tanto socarrón, cambiando el tema: “cómo fue eso de la jugada que le hicieron a María Corina Machado después que aceptaron que ella designara a su suplente, y ustedes la traicionan?”

Leopoldo no vacila y contesta con claridad: “de traición nada, siempre dije que apoyaran a María Corina. Ésa fue una jugada muy bien preparada por interesados que también querían sacarnos a nosotros del juego. Tenían conocimiento mucho antes de la inhabilitación y se prepararon, nos agarraron fuera de base para después pasarnos la aplanadora.”

 “Tal vez”, admite Chávez con cierta satisfacción y ceño juguetón bajo la boina roja, “pero ese muchacho Freddy Guevara queda muy mal ante los ciudadanos y es percibido como desleal”

López sigue el tema para aclarar cosas: “lo cierto es que Freddy puso su cargo a la orden y dejó libre a Voluntad Popular para actuar, ésa es la verdad. Ante el engaño al que fuimos expuestos no podíamos hacer mucho y hasta nos trataron de intimidar. En todo caso María Corina está en pleno conocimiento de lo sucedido.”

Hugo Chávez pregunta sobre un tema de actualidad: “Jorge y el general González López dicen que en el asesinato de Liana Hergueta la oposición tuvo algo que ver. ¿Qué opinas al respecto?”

Leopoldo contesta con celeridad y contundencia: “Voluntad Popular nada tiene que ver en este crimen repugnante. El asunto es que –y eso lo aprendieron ustedes del G-2 cubano- es un trapo rojo. Es una infamia e injuria. ¿Cómo saber quien se pone al lado y con quien uno se saca o le sacan fotografías? Tú tienes fotos con muchísima gente y si uno de ellos está involucrado en narcotráfico o es mafioso o asesino, por eso tú no eres un delincuente y denunciarte como tal, sería un absurdo y además de irresponsable.”

Chávez baja el tono cambia el tema y pregunta con curiosidad: “¿Qué actividad realizas en la cárcel?”

Más calmado, López responde con cordialidad: “En estos momentos –cuando puedo y me lo permiten- Lilian y yo estamos practicamos boxeo” Interrumpe Chávez desconcertado: “¿Boxeo?”

“Si”, explica el dirigente, “es un deporte de mucha actividad física y nosotros somos maratonistas y practicantes de deportes extremos” Hace una pausa y amplía: “también aprendo a pintar y tocar cuatro. Pero ¿sabe lo que más extraño? Los toros coleados, yo practicaba ese deporte antes de este injusto encarcelamiento”.

Chávez no reconoce que lo de los toros coleados le sorprende y le agrada, revela en cambio que “yo también pintaba, es muy relajante” y continua distendido: “por cierto me cuentan pajaritos que haces un excelente café, ¿podrías hacer un poco?”

“¡Seguro, Presidente!”

Chávez curiosea un poco por el limitado espacio y después, mientras se toma el café comenta: “Por cierto que tu esposa se ha convertido en toda una revelación, permítame felicitarla y felicitarte. Se la tenías guardada al oficialismo por aquello de que no contaban con tu astucia. Ha puesto al gobierno en lo interno y en lo internacional en tres y dos.”

Leopoldo sonríe, se le hincha la mirada: “Así es; la quiero más que nunca, la admiro y estoy muy orgulloso de ella”

Chávez deja la taza, “gracias por el café, realmente está bien bueno y no es un cumplido”. Hace una pausa, continua: “Una pregunta por pura curiosidad, Leopoldo, ¿Cómo ves las elecciones?

En pocas palabras le dice Leopoldo a Hugo: “te vamos a dar una paliza electoral a ti, a Maduro, a Diosdado, al PSUV y a esta caduca y destruida revolución” y de seguidas agrega: “en enero de 2016 estaremos todos los presos políticos y de conciencia en libertad con la Ley de Amnistía”.

Riposta escéptico pero averiguando Chávez: “¿Qué recomendarías hacer si alguien solicitara tu opinión?”

López da unos pocos pasos en el restringido lugar, reflexiona y luego arranca: “lo primero insistir en la renuncia de Maduro, sería lo mejor que le puede pasar a Venezuela. De inmediato promovería lo “hecho en Venezuela” y estimularía la producción nacional, pregúntele a su papá, él debe acordarse de aquella campaña de ‘Compra venezolano’. Comenzaría un diálogo serio y constante con todos los sectores económicos y sociales del país, buscando sosiego y paz. Abordaría la inseguridad sin contemplación con la participación de expertos y conocedores de este tema tan complejo, no con generales que no entienden sino con especialistas, criminólogos, psicólogos y policías profesionales. Atacaría con todas mis fuerzas a los corruptos y acabaría con la corrupción. Repatriaría los dineros robados a la nación y pediría un juicio justo, respetando la ley y derechos humanos a quienes estuvieran involucrados en este saqueo a la nación, renovaría el poder judicial con transparencia y concursos de credenciales, muchos somos víctimas de una justicia politizada y parcializada….”. 

Amanece de repente en la celda del preso político y en su casa despierta Lilian Tintori. Ambos con un dejo de credulidad no logran comprender con certidumbre lo que ha sucedido. Empiezan las labores del día, a mediados de la mañana, logran comunicarse y Lilian pregunta: “¿Cómo estás? ¿Cómo amaneciste?”.

Leopoldo, un tanto ojeroso, contesta: “Bien, gracias Bella, pero algo pasó que me tiene confundido. Había lavado la cafetera antes de acostarme y hoy amaneció como si hubiera colado café anoche, pero no recuerdo haberlo hecho”. Hace una pausa, agrega, “un gran beso… Oye, Bella, ¿tú crees en los espíritus burlones?”

Afuera, el ruido de la cárcel militar está en todo su apogeo.

@ArmandoMartini

Entre sueños y pesadillas: El alumno desconcertado visita al profesor vacío de respuestas por Armando Martini Pietri

GiordaniyChávez

 

No es un hombre de grandes ambiciones personales, no necesita carros lujosos ni relojes de prestigio, es moderado en sus apetitos materiales, es de esos individuos poco comunes que piensan primero mucho, por años, pero se concentran en un solo camino del cual después no saben cómo salir, de hecho ni siquiera se interesan en hacerlo hasta que la realidad los golpea tan duro que su ordenada y sólida convicción se queda en el aire.   

Nunca ha sido ladrón, simplemente no le interesa, está extraviado en su propio bosque y cree que es la selva amazónica, no tiene montañas, ni siquiera árboles más altos para subir y poder ver más allá. Sólo así se habría dado cuenta de que su campo es pequeño, cada día más pequeño. Quizás así entendería que no lo llaman “el Monje” por su misticismo sino por su aislamiento. 

En esas pesadillas pensaba el otrora poderoso hombre de las finanzas y cerebro de la economía chavista, ahora apartado y en soledad en su espacio “El rincón del Quijote” –como llama a su lugar preferido en su casa-, en el que está hoy desterrado, sin privilegios ni poder, y cuando ya no se tiene poder, empieza uno a pensar en los demás, ya no hay bosque, sólo gente en colas de mercados sin comida que comprar y mendigando medicinas. Jorge Giordani, que en su retiro forzoso lee periódicos y ve cosas que antes ni siquiera se imaginaba,  reflexiona y recapacita sobre lo que en la actualidad vive y padece el pueblo venezolano. 

Repasa tercamente, por quien sabe cuántas veces, las muy gastadas páginas de la teoría marxista y toda la hipótesis económica de la izquierda mundial; no la de ahora claro, la de los tiempos de Marx y décadas después Lenin. De repente hace aparición el comandante Hugo Chávez.

Giordani, ya con sus años y curado de miedos, se sobresalta un poco como cuando Maduro lo botó, pero se recompone y pronuncia: “¡Virgen de la Altagracia, comandante, qué honor y qué placer!”. Se arregla, hace pausa y vuelve a la acción: “No sabe cuánto tiempo he deseado este encuentro”. 

Chávez feliz de encontrarse con su profesor predilecto pero preocupado por la situación exclama: “yo también”. 

Pero sin perder tiempo va a lo que motivó su viaje: “¿Qué está pasando en Venezuela, profesor, está vuelta guate? Tú deberías saberlo, yo no hice nada que tu no me aconsejaras, hasta seguí tu recomendación, aquella de que “los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así, hay que mantenerlos pobres y con esperanza” refrendado después con la frase célebre de ese muchacho Rodríguez: “No vamos a sacarlos de la pobreza para que se vuelvan escuálidos”.

Chávez se enseria, se ve que está molesto y también desconcertado, busca explicaciones: “¿Qué más pobres tienen que seguir siendo?”

El ingeniero electrónico con profundo suspiro comienza su abanico de pretextos: “es que el imperialismo, la burguesía, los escuálidos, el consumismo, la libre empresa, Fedecámaras, los empresarios privados, la economía liberal… 

Chávez lo interrumpe ásperamente y dice: “Jorge, no me des excusas pendejas, esa estrategia la apliqué yo y la gente lo creía, ahora lo dice Nicolás y no convence a nadie. La gente esta brava, molesta y arrecha como decía el imberbe aquel. Dame algo sólido, yo no estuve en el Cendes de tus tiempos” 

El profesor universitario respira hondo y comienza de nuevo: “Presidente le recuerdo lo que le dije en 2012: “El regalado se tiene que acabar, comandante”. “Después que nos dejaste prematuramente Hugo, le recomendé a tu sucesor que tomara ciertas medidas pero entre el Banco Central de Venezuela y ciertos intereses nuevos y viejos no me hicieron caso”. 

Chávez refunfuña, “si yo no te entiendo del todo, ¿cómo quieres que te entienda Nicolás, que sigue creyendo que los árabes son unos viva la pepa que no saben de negocios?”

Giordani, ya acostumbrado a largas conversaciones con quien fue su alumno y su jefe, no se deja apartar del tema, sigue en lo suyo: “el ejecutivo no ha tomado las medidas draconianas que se necesitaban por complacer a centros de poder. Como además Maduro no tiene fuerza propia, lo que hace es meter más gente en el Gobierno, aumenta la burocracia alrededor suyo para sentirse más jefe, y más burocracia trae más enredos, más trampas, más pescuezos estirados y, por supuesto, más corrupción”.

Chávez lo oye hablar, empieza a sentir otra vez que Giordani es sabio, se va dejando envolver y espera que el maestro continúe.

La mente del catedrático trata de organizarse para apartar la hojarasca, y decide meter el dedo en la parte más vergonzante: “querido comandante yo se lo advertí en su momento, que algunos revolucionarios, enchufados y jovencitos astutos substrajeron de las arcas de la nación, con empresas fantasmas, mas de 25 mil millones de dólares, ¿se acuerda que se lo dije? y también advertí a Maduro y no me prestaron atención, al menos usted me oyó, Nicolás me despidió”.

Chávez reconoce “es que tu eres muy mío, pero muy incómodo para Nicolás”

Giordani, con disciplina de profesor y de marxista, sigue en la ruta que se fijó: “siempre sostuve que la política social del gobierno tendría como centro ‘al ser humano’ y que había espacio para los empresarios, pero sólo para aquellos que querían invertir y asumir riesgos, por supuesto con una tasa razonable de ganancias”.

Se acaricia la escasa barba que le rodea el cuello y continua: “hay una diferencia que no termina de entender la maquina demoledora del neoliberalismo, que termina por dejar en la cuneta un bagazo que, justamente, es el ser humano; para ganar hay que poner dinero, hay que invertir, para ganar, Comandante, no para abultar carteras de dinero en un par de operaciones”.

El comandante interrumpe de nuevo, pero ahora desencajado: “¿Pero quién va a querer invertir? Si aquí no se le dan dólares a nadie, ni cadivi, ni simadi, ni sicad 1 y 2, ni Cencoex ni ninguno de esos inventos que hicimos y que han fracasado. Nicolás y lo que él llama gabinete económico parece que no existieran, no declaran ni dicen nada, excepto cuando no tienen nada que decir. ¿Por qué no le ponen un parado al dólar today? ¿A quienes les interesa tenerlos? ¿Nadie sabe quiénes son? ¡Y ahora Jaua declara ‘que los quiere extraditar’ ¿Qué carajo va a extraditar si ni siquiera sabe quiénes son? ¿Qué vaina es ésta?, esto se parece a la Radio Rochela. ¡Una mamadera de gallo!”

Chávez está francamente molesto y sigue: “y por lo de ‘al ser humano’ eso ya no lo compra nadie, se agotó ese discurso, todos son pobres hasta la clase media o sea el 95% de la población, todos mamando”. Un recuerdo se le monta en la cabeza y aclara: “bueno, todos menos los especuladores y los bachaqueros esos”.

 “Es verdad, comandante” resalta con resignación el Doctor en Planificación que continua tratando de dar alguna respuesta: “Presidente, le recuerdo que según fuentes bancarias alrededor de 30 mil venezolanos tienen casi 90 mil millones de dólares en el exterior, cuando la deuda total social es más o menos similar”. Hace una dramática pausa y continúa: “esa situación es gravísima porque el Estado es dueño del subsuelo y del recurso”.

 El comandante supremo se fastidia y señala: “Profesor, eso está bien para una clase de economía pero te repito, al pueblo le importa muy poco. ¿Dónde están los presos por corrupción? ¿Por qué quienes se robaron esos reales están libres? ¿Por qué el gobierno no ha hecho nada y se hace el loco? ¿Dónde están los reales?, como se preguntaba Luis Herrera y con esa pregunta llegó a Miraflores”.

“No se Presidente, eso pregúnteselo a Nicolás Maduro y su grupo.”

Continua el ingeniero graduado en la Universidad de Bologna, Italia: “elaboramos una tesis, lo que abre caminos y posibilidades, pero ante esos eventos está la utopía: ese lugar al que nadie llegará. Pero que es una guía, como un faro”.

A Chávez parece atragantársele el fastidio, “no entiendo un carajo, Jorge ¿qué dices?”. Y rezonga, molesto: “Con razón Nicolás te botó si no te entendía, ¿de dónde sacaste tantas necedades? ¡No has entendido un sebillo, estoy buscando soluciones viables y sustentables para que mi pueblo no pase tantas necesidades y penurias! ¡No quiero ver más colas, eso es denigrante!”

Una vez más quien ostenta un Doctorado en Planificación de la Universidad de Sussex, Reino Unido, que aprobó pero quizás no digirió,  intenta explicarse: “hay un plan estructurado para los próximos 500 años. Cuando hablamos del eje Orinoco Apure, esa autopista está construida”. Y sin dar chance a la pausa cierra: “cuando sabes a dónde vas y tenemos un reto de construir una sociedad socialista, eso no se construye por decreto. Es un sueño, una utopía. Es el socialismo del siglo XXI, porque los utópicos socialistas vienen del siglo XIX. Entonces, pies en la tierra y mirada en el universo. Lo otro son veletas.”

Chávez diserta, razona y expone: “me tienes abrumado de tanta teoría lo cierto es que esto no funciona, las pruebas son tan evidentes que hasta un ciego puede verlas. Y te aclaro, Giordani, estoy muerto pero no ciego ni sordo ni mudo ni apendejeado”. Cambia el rumbo y sigue, preocupado, insistente: “¿qué vamos hacer con el sector privado? ¿Hay que incorporarlos?”

Responde Giordani con cierto temor y trata de interpretar fielmente al comandante: “¿Cual sector privado? ¿Los golpistas que aun andan por allí todavía? Creo que deberían fundar un partido político el ‘PGN, Partido Golpista Nacional’ pero en todo caso, “nosotros hicimos una estrategia empresarial que consiste en el rompimiento entre lo financiero y lo productivo (…). Es la ganancia súbita, inmediata, sin riesgo por hacerse de la renta”

Chávez riposta: “Jorge sigues sin decirme un carajo; y el efecto de la baja del petróleo ¿Qué consecuencias tendrán en nuestra economía?”

Mas que el profesor contesta el filósofo y no precisamente Rosales: “al cambiar la perspectiva de un presupuesto con un barril de 100 dólares a uno de 45, esto va a tener un efecto moralizante”

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Chávez abre los brazos, exasperado: “¿Y con qué se come eso, como preguntaba Miquilena de la famosa sociedad civil a comienzos de mi Gobierno?”. Se responde a sí mismo el comandante supremo aun más molesto que antes, ya en estado casi de desesperación: “eso es pura teoría, pura paja, la gente ni come ni se cura con eso, busco respuestas, no gamelote; ¿Qué hay que hacer? Dímelo sin rodeos, ni teoría, ni nada, sé directo, claro y contundente”

Giordani, con su estilo lento, señala: “una vez expresé que soy un soñador y proponente de nuevas realidades”. Suspira, se concentra, se sumerge como submarino en profundidades teóricas, toma fuerzas y se atreve con una respuesta que al mismo tiempo busca resumir: “mi muy querido y apreciado comandante eterno y supremo, ya casi somos el hazmerreír de América Latina”; y remata terminante y decisivo: “lo primero es reconocer que la política económica venia muy mal pero usted y yo la logramos disfrazar y encubrir pensando en el largo plazo, ¿quién se iba a imaginar su desaparición física y casi de inmediato el desastre petrolero, por ejemplo?”

Chávez no se deja acorralar, “tú eres planificador, tu debiste preverlo”.

El experto tiene respuesta expedita: “Lo previmos, ¿acaso no tratamos de poner la economía a un valor dólar limitado, muy por debajo del precio de mercado?” Y agrega con cierta crueldad: “fue usted, Presidente, quien se empeñó en la gastadera para comprar apoyos en el Caribe, y fue usted quien mantuvo bandidos conocidos con las manos en el petróleo, no fui yo, yo le hice advertencias que usted me oyó pero dejó de lado, y me disculpa la sinceridad”.

“Bueno”, Chávez baja el tono y retoma el objetivo que buscaba con esta visita: “Nicolás y su grupo de incompetentes no supieron interpretar nuestra estrategia y la acabaron, la pregunta sigue siendo ¿qué se puede hacer, y rápido?”

Giordani sostiene el tono de profesor aburrido y sigue en su tema: “Hay que dejar de lado el dogmatismo excesivo y la conjetura retórica. Olvidar la teorías económicas comunistoides fracasadas y extinguidas en todo el mundo –salvo Cuba que ya también se agotó y está cambiando para que los hermanos puedan morir tranquilos, y lo más importante, Presidente, cambiar el rumbo y salir de este lio lo más pronto posible o, de lo contrario, estaremos enfrentando problemas muy serios con los pobres que fueron nuestro soporte y que ya no lo son mas. En pocas palabras Hugo, esta vaina se jodió pero tenemos patria”.

Un aire frío de lluvia entró por alguna ventana, y el comandante eterno se esfumó. Giordani se quedó sentado, la mirada ya vaciada viendo amenazantes oscuridades.

 

@ArmandoMartini