Entre sueños y pesadillas: Encuentro con el buen amigo y mejor camarada por Armando Martini Pietri

Entre sueños y pesadillas: Encuentro con el buen amigo y mejor camarada por Armando Martini Pietri

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En una de sus tantas giras por el Estado Lara se encontraba en Carora, lugar de acemitas insuperables, ciudad llena de historia y de alfarería, de gente amable y humor extraordinario poco común. Tras varios actos y encuentros en su condición de jefe del ejecutivo regional y como político, al final del día se había reunido con la godarria caroreña en la zona colonial, en el Club Torres, para ser precisos, donde la rancia oligarquía se encuentra y comparte desde hace años y nunca fue bienvenido ni pudo estar hasta que se “cambió de bando”. Aunque siempre tuvo la impresión de que más que cambiarse de bando, el bando lo había dejado solo tras hacer lo posible por acabarlo. Reyes y Reinas no lo quisieron, muchas fueron las acusaciones, trampas, chismes y comentarios mal sanos, hasta una vez en televisión en un programa de Aló Presidente hubo un impase con Diosdado en respuesta a una pregunta de Chávez sobre la construcción de una carretera. Diferencias presupuestarias, como quien dice, enredaron el asunto y todo el mundo, menos Chávez, quedó mal, solía suceder.

Avanzada la noche a punto ya de madrugada, se trasladó agotado al Hotel Madre Vieja donde se proponía descansar unas pocas horas. Pero lo inesperado, lo impensado, lo increíble se produce en la tierra de Monseñor Montes de Oca cuando de sopetón la figura del comandante eterno aparece entre las sombras del viejo hotel. 

Henri Falcón semidormido y, hay que reconocerlo, un poco asustado, se espabila y se tranquiliza al  reconocer a su viejo amigo y camarada y le da la bienvenida, no es hombre que crea en fantasmas: “Na´guará, Comandante, buenas noches, bueno, ya casi buenos días, ¿cómo se encuentra?”

Es obvio que a Chávez lo alegra ver a su camarada revolucionario y compañero de armas, pero expresa: “Bastante bien, Henri, pero cada amanecer más preocupado. La situación del país no me deja tranquilidad y mi alma anda dando vueltas sin descanso”.                                                   

Continúa Chávez: “Por cierto, gobernador, quiero agradecerte mucho el apoyo que le has dado a Nicolás con los temas de Obama y de Guyana a pesar de las críticas de la MUD”.

Falcón respira lento y le explica: “por nada mi comandante es lo menos que podía hacer, son temas de estado y los radicales de oposición no entienden de eso y ahora me llaman Henri Falsón; pero sigo siendo Falcón, sería bueno que esa gente tuviera en cuenta ese apellido; gusten o no los temas de las sanciones de Obama a unos malandrines y el reclamo a Guyana, esté o no atrasado, son cuestiones que nos afectan a todos”.

Agradece de nuevo Hugo Chávez y pregunta, curioso, aunque también con cierto espíritu de travesura: “Oye, Henri ¿por qué no hicieron primarias en Lara?”

A Falcón el tema le incomoda pero no le teme: “bueno Presidente, el problema es que uno trabaja y trabaja y desde Caracas los partidos siguen con la mala costumbre de ver la política sólo desde las conveniencias de sus cúpulas, e  imponen paracaidistas y eso no lo quise aceptar; aun así, tuve que ceder con uno que viene de Miranda, de los Altos Mirandinos. Imagínese usted que el importado no sabe ni ha probado nunca lomo prensado, el mondongo de chivo le da asco, y ni que decir, ni idea de lo que es una chanfaina.”

No se decide entre reírse o seguir serio, y señala: “ahora en las últimas encuestas Eduardo Gómez Sigala está doblando al impostor impuesto por la MUD y al del PSUV, lo triplica. Y que conste, tampoco le tengo simpatías al burguesito, pero estoy convencido que va a ganar; además es larense, los dos le rezamos a la Virgen de la Pastora”.

A Chávez la política,  lo político y lo electoral siempre le han interesado, pregunta de repente: “¿Qué te parece la tarjeta única?” 

 

Título de caja

 

El Gobernador no vacila, está convencido: “creo que es lo mejor para la oposición. Pero, claro, no podía faltar la mala leche de los gobierneros, el PSUV en combinación con el CNE y el TSJ aprobaron varias tarjetas con la palabra unidad y por si fuera poco, se apropiaron de la tarjeta del MIN Unidad que era de Renny Ottolina, y en el tarjetón las pusieron a todas rodeando nuestra tarjeta para confundir al elector; pero ni así podrán, Chávez, y sé que tú lo sabes.” 

Y agrega para dejar bien clara su opinión: “todas esas argucias y truculencias me parecen un despropósito y una táctica poco escrupulosa y hasta demuestra mucho temor, porque, camarada Hugo, créeme que van a perder las elecciones y por paliza”. Por cierto continua el primer mandatario larense: “me enteré que van a anular las postulaciones hechas en la tarjeta de la unidad y que la oposición tendrá que ir con tarjetas individuales, es decir cada partido con la suya. No importa háganlo así también los derrotaremos.”   

Que Chávez, aun en espíritu, esté de acuerdo por completo sería mucho pedirle, y responde con cierta altanería, duro pero, hay que reconocerlo, sin mucha seguridad: “eso está por verse y no se quejen después cantando fraude”.

El ex chavista sargento del 4 febrero tiene la confianza y siente intima la amistad para desarrollar su tema, sabe bien que aunque a Chávez le gusta que le digan las cosas que él quiere oír, también aprecia que le expresen verdades, es lo que espera de quienes estima. Falcón no es un político más, es un militar que entendió donde estaba el camino, es inteligente y perspicaz, lo que tiene se lo ha ganado. Por eso continúa sin dar respiro, no está dialogando, está diciendo, asegurando: “Hugo, el gobierno está muy mal, tú lo sabes y por eso andas dando vueltas por ahí como lo que eres, un alma en pena. El cáncer que logro sacarte de aquí, nos lo dejaste con este Gobierno deficientemente administrado y peor gerenciado. La corrupción golpea todos los días y está carcomiendo a muchos. Para tu desgracia y la nuestra el co-gobierno de Maduro-Cabello no supo ni pudo con tu legado”.

 El cansado Gobernador y aspirante precandidato presidencial hace una breve pausa, Chávez espera, quiere oírlo. “Te aclaro dos cosas, comandante, ese legado tuyo ya se estaba haciendo trizas cuando tu vivías porque eres amplio pero no profundo, y me perdonas que te lo eche en cara. Y lo peor es que esos dos en privado alegan en su defensa que tú dejaste esto hecho ñoña y que era cuestión de tiempo para que todo aflorara. Ellos ni entienden nada ni saben qué hacer, yo diría que están asustados, saben que el mundo se les viene encima y nada de lo que han estado tratando de montar les funciona; por eso me disculpas pero te reitero que será una gran derrota para el PSUV lo que habrá el 6 de diciembre.” 

Chávez tiene la expresión seria, tensa, no le gusta lo que escucha pero lo peor es que aunque no lo reconozca sabe que es una realidad. Pero que no se deja intimidar, cambia el tema y pregunta: “¿por fin serás el candidato de la MUD en 2019?”

A Falcón se le reanima el gesto, aparece un nuevo brillo en los ojos y con una sonrisa de satisfacción contesta: “ciertamente muchos consideran que debo ser el representante de la oposición para las próximos elecciones presidenciales. ¿A quién van a escoger? Con Leopoldo preso y sentenciado seguramente se pedirá su inhabilitación política para que quede definitivamente fuera del juego y Capriles es como el gobierno, no da pie con bola, habla mucho y se equivoca mas, está consciente que se ha venido a menos, ya ni convence ni nadie le cree, su doble discurso lo enterró y su tontería al no cobrar su triunfo lo sepultó. Los demás no cuentan para nada, ninguno es capaz de pasar el 5% en las encuestas. Como puedes observar y señalan los estudios de opinión, mi liderazgo es nacional con un alto porcentaje de aceptación en todos los sectores políticos: oposición, oficialistas e independientes y hasta en el mundo nuestro, el militar me respaldan. No hay duda seré el abanderado.”

Chávez, más por buscarle la lengua, le indica: “pero te acusan de guabinoso, que no tienes acción clara y contundente que siempre estás nadando en dos aguas y por eso la mayoría de los opositores te ven como un infiltrado porque nunca te enfrentaste a mi”. 

“Comandante”, indica suavemente Falcón, “enfrentarse a usted era una estupidez y de pendejo no tengo nada – tenía todas las de perder y ninguna de ganar. Usted nos enseñó estrategia y yo fui de sus mejores alumnos, ¿o ya lo olvidó?”

Chávez baja la mirada, también se siente cansado porque ser testigo de lo que no gusta sin poder hacer nada también cansa. Levanta la cara, pregunta con cierta esperanza: “¿crees en una posible transición política?.”

Falcón está claro, sabe de qué habla: “es una posibilidad cierta porque el gobierno no pega una; eso sí, en una transición los dos lados tienen que contar conmigo y no con aquellos que la promueven porque tampoco saben bien qué hacer”.

Chávez sonríe ligeramente y le recuerda: “Henri, pero si algo unió a la MUD era querer salir de Chávez y ahora de Maduro”, hace una breve pausa, “pero se agrega también, evitar que tu tomes el control y logres llegar”.

El sol ya despunta, el calor empieza recuperar fuerzas; Henri Falcón sabe que no podrá descansar pero también siente que aquella conversación ha valido la pena. En cierto modo, ha sido como un buen café que renueva fuerzas.

 “No te preocupes por eso, Hugo, seré la transición y el candidato, anótalo. Conmigo no han podido ni podrán, después de todo yo sí estudié, aprendí, he sido un buen Alcalde y mejor Gobernador y ni unos ni otros lo pueden negar. Te insisto, piénsalo bien porque tú no eres tonto, no tienen a más nadie, sólo yo, lo que he aprendido, lo que he hecho y lo que voy a seguir haciendo.” 

“¿Y qué opinas de la frontera?”, pregunta Chávez casi por no dejar. “Hugo, ésa es una medida tardía y todos sabemos lo que allí sucede con las mafias que pululan. El asunto tiene muchísimo de estrategia electoral encubierta. Hay movilización de tropas que es igual a traslado de votos, además están afectados poco más de un millón de votantes.” Hace una breve pausa y la cara se le enseria. “Ahora hay demasiados militares concentrados ahí, Comandante, demasiados y cualquier cosa puede pasar, Maduro no entiende lo que está haciendo”. 

La imagen de Chávez se debilita con la creciente luz, pero le quedan fuerzas para preguntar: “¿qué piensas del revocatorio contra Nicolás?”

Falcón no se preocupa mucho, “eso sólo será posible ganando la asamblea aplastantemente, por encima de los trucos de Tibisay y los otros nerviosos del CNE.  De lo contrario no será viable, será muy difícil porque al igual que lo hicimos contigo en su momento, Maduro y su gente pueden hacer la ruta muy difícil con todo tipo de trabas y obstáculos sobrevenidos o no, y en eso Jorge es un fenómeno”.

Es difícil saber si Chávez escuchó estas últimas palabras, ya el día era plena presencia en Lara y el que estaba completamente despierto era Henri Falcón, listo para otra jornada política, de ésas en las cuales se mueve como pez en el agua.

 

@ArmandoMartini

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