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Carapita

#MonitordeVíctimas | Lo asesinaron por una deuda de 10 dólares
Al joven de 21 años lo mataron en Carapita. Al día siguiente, en horas de la madrugada, otro muchacho de 20 años cayó por un disparo en la cabeza

@loremelendez  

 

Una discusión entre conocidos terminó en una tragedia. Kelvin José Pérez Benítez, de 21 años, fue asesinado por un hombre al que le debía 10 dólares poco después de tener un altercado en plena calle, a las 4:00 pm.

El hecho ocurrió el sábado 30 de noviembre en el sector 1 de Mayo de Carapita. Pérez Benitez estaba allí cuando fue sorprendido por su victimario, que comenzó a reclamarle la deuda. Poco después sacó una pistola y le disparó cuatro veces. Le quitó todas sus pertenencias.

El muchacho fue trasladado por vecinos hasta el Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño. Allí lo ingresaron y operaron. Pero, después de la cirugía, murió. Eran las 11:30 pm

El joven trabajaba en una fábrica de zapatos y vivía alquilado en una habitación en Carapita desde hacía tres meses. Era el mayor de tres hermanos.

Muerto cuando celebraba su cumpleaños

En la calle principal de El Cerrito en Mesuca, Petare, ocurrió otro homicidio. Allí amaneció el cadáver de César Antonio Acosta Tanier, de 20 años, el pasado domingo 1 de diciembre. Tenía un disparo en la cabeza que, según la versión de los vecinos, le fue propinado alrededor de las 3:00 am. Aunque escucharon los disparos, nadie salió a auxiliarlo. El cuerpo fue recogido 8 horas después, a las 11:00 am.

Familiares del joven desconocen la razón del asesinato, aunque no descartan que se haya tratado de un robo porque le quitaron sus documentos y teléfono. Su padre, Elvis Acosta, habló con él la noche del sábado 30 de noviembre, pues estaba de cumpleaños. Alrededor de las 9:00 pm, el muchacho le comentó que estaba celebrando en la calle con unos amigos. “Yo le dije que se fuera para la casa, que era muy tarde, pero no me hizo caso. En la mañana, me avisaron que estaba muerto”, contó Elvis Acosta.

Acosta Tanier trabajaba en el Mercado de Mesuca, donde tenía un puesto de venta de comida procesada. Era padre de un niño y el menor de sus tres hermanos.

 

#MonitorDeVíctimas | Asesinaron a joven por una deuda de 10 dólares en Carapita
Kelvin Pérez, de 21 años, recibió cuatro impactos de bala en el sector Primero de Mayo. A sus familiares les dijeron que presuntamente discutió con un hombre a quien le debía dinero. En otro hecho, una mujer mató a su pareja, Marcos Camacho, en una discusión por celos. 
 

Por una supuesta deuda de 10 dólares le dieron cuatro tiros a Kelvin José Pérez Benítez. A su familia le dijeron que el joven discutió con el hombre a quien le debía ese dinero a las 4:00 p. m. del sábado 30 de noviembre. 

La víctima, de 21 años, tenía tres meses viviendo en el sector Primero de Mayo, de Carapita, por eso sus familiares no conocen muchos detalles. Trabajaba en una fábrica de zapatos.
A Kelvin lo llevaron al hospital Pérez Carreño, donde murió a las 11:30 p. m. luego de una intervención quirúrgica. Le robaron todas sus pertenencias. Sus parientes pidieron que se investigue el homicidio, pues era un muchacho sano.

Hombre fue apuñalado en discusión por celos

Durante una discusión por mujeres Marcos Yordano Camacho Villalobos, de 35 años, fue apuñalado por su pareja dentro de su casa, ubicada en los edificios de Misión Vivienda de La Rinconada, a las 2:00 a. m. del sábado 30 de noviembre.

Según los familiares, la pareja ingería bebidas alcohólicas cuando comenzaron a hablar de las aventuras que él había tenido. En la conversación la mujer lo agredió con un cuchillo que tenía en las manos.
En el apartamento estaban dos hijos de la mujer, de 17 y 9 años, y un hermano de la víctima, un joven de 16 años. El más pequeño trató de intervenir, pidiéndole a su mamá que no lo matara.

Los adolescentes llevaron a Marcos a un Centro Diagnóstico Integral (CDI) de la zona, pero no les abrieron la puerta. Nadie les prestó ayuda para trasladar a la víctima a un hospital y falleció.

Mientras esto ocurría, la mujer se acostó a dormir encima de las sábanas llenas de sangre y al despertar, la mañana del domingo, se lavó la cara manchada. Una comisión del Cicpc la detuvo, pero alegó que no se acordaba de nada.

Mataron a joven que celebraba su cumpleaños

El viernes 29 de noviembre César Antonio Acosta celebraba sus 20 años de edad en el sector El Cerrito de Mesuca, en Petare. Ese mismo día lo asesinaron de un tiro en la cabeza.

Su papá recordó que la última vez que habló con él, a las 9:00 p. m., le pidió que no regresara tarde a la casa. Sin embargo, él se quedó con sus amigos. 
Ya la mañana del sábado 30 de noviembre sus familiares se enteraron de que al joven lo habían asesinado; no tenía sus documentos. El cadáver fue levantado por funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) a las 11:00 a. m.

El joven dejó huérfano a un hijo. Vendía comida preparada en Petare. 

“Intentamos usar el teléfono de emergencia que está en el andén del Metro, pero no tenía tono”
El personal del Metro de Caracas dejó abandonados en la estación Teatros a varios usuarios en la madrugada entre el sábado 15 y el Día del Padre. Tuvieron que forzar la puerta para salir 
Escasez de personal y falta de respuesta rápida por parte de la policía provocó que cinco ciudadanos forzaran la puerta del Metro para poder salir e ir a sus hogares a las 3 de la mañana
Un usuario que vivió la experiencia -y pidió no revelar su identidad- cuenta para Runrunes lo que vivió esa noche

@saracosco

“YA ERAN CASI LAS 11 DE LA NOCHE DEL SÁBADO 15 DE JUNIO y nos dejaron esperando 45 minutos dentro del tren de la estación Mamera. Hubo una explosión, algo se escuchó. Yo venía de visitar a un familiar en Caricuao. 

Después escuchamos que teníamos que desalojar la estación y ahí empezó la angustia. Nos preguntamos: ¿qué vamos a hacer? Estamos aquí en Mamera, ¿a dónde vamos a agarrar desde aquí?.

Pero un trabajador del Metro se ofreció a acompañarnos hasta Carapita, para que desde ahí nos pudieran llevar a las estaciones que nos correspondiera. El tema es que teníamos que ir por fuera, eran las 12 de la noche y nos tocó ir a pie, por la calle, desde Mamera hasta Carapita, donde además se formó una plomamentazón, una ráfaga de plomo en una plaza y tuvimos que correr y protegernos de los tiros. 

Luego de eso seguimos caminando hasta llegar a la estación Carapita, pero otro trabajador que estaba ahí pretendía dejarnos en la calle. El que nos venía acompañando le dijo muy cordialmente que él tenía una responsabilidad con nosotros y que tenía que llevarnos en uno de los trenes desde Carapita a las estaciones más cercanas dirección Zona Rental.

Mi estación era El Silencio, pero por la hora no sabía si estaría abierto el trasnbordo, así que dije: ‘Déjame bajarme en la estación Teatros y listo’.

Yo pensé que en cada estación que se bajaba gente, había algún trabajador del Metro esperando para poder abrirles y que salieran. Como a la 1 de la madrugada nos bajamos del tren en Teatros y ahí no había nadie. Subimos hasta la entrada esperando que hubiera gente, pero la puerta tenía llave y estaba vacío.

Éramos cinco personas y bajamos otra vez al andén, pegamos gritos y nadie salía. Eso quiere decir que no había personal. Llamamos al 911 y nos dijeron: ‘Ya los vamos a atender’. Les respondí: ‘No es cómodo estar aquí un sábado a las 2 de la mañana’. Otra persona del 911 nos atendió y nos aseguró que sí había trabajadores del Metro, pero que cuando escuchan mucho ruido no salen. Yo me pongo en su lugar, uno no sabe si es un asaltante y le pueden hacer daño, pero para eso hay cámaras de seguridad, aunque tampoco sé si estarían funcionando.

Intentamos usar el teléfono de emergencia que está en el andén del Metro, pero no tenía tono y lo que hicimos fue seguir esperando a ver si la policía del 911 nos podía atender. Finalmente determinaron que teníamos que quedarnos hasta las 5 de la mañana hasta que apareciera alguien del Metro.

Yo respondí: ‘Bueno, gracias por decirme esto, pero no es lógico que no haya una persona, un control o sistema de comunicación o una persona que nos pueda sacar de aquí’. Así que luego uno de los compañeros que estaba ahí empezó a decir que teníamos que salir de ahí; entiendo que era la claustrofobia, pero también está la cuestión de que uno no sabe lo que pueda pasar dentro del Metro.

Empezamos a pegar gritos hacia la calle, eran ya como las 2:30 de la mañana, y unos policías desde afuera nos preguntaron qué hacíamos ahí y yo respondí: ‘No, bueno, estamos paseando’. Pero no hicieron nada. Luego, como a un cuarto para las tres de la madrugada, otra persona que estaba conmigo consiguió una cuestión metálica y dijo: ‘Vamos a forzar esto para salir’. 

Yo me sentí como un delincuente y pensaba: ‘Ahora lo que falta es meternos en un peo porque estamos haciendo esto’. El señor hizo como un puente y pudo forzar la puerta y así salimos de la estación: iban a ser las 3 de la madrugada, el sábado antes del día del padre. 

La verdad fue una situación bien desagradable. Debería haber un plan de contingencia de transporte superficial que pueda atender esas emergencias. Pero así andamos ahora. Después, a los días, nos dijeron que hubo un falla eléctrica entre Mamera y Carapita. 

La semana siguiente a esto también llegué de noche a Capitolio, en uno de los últimos trenes, y cuando subí había una aglomeración de gente porque estaba cerrada la salida. Fue hasta que alguien consiguió a una chica del Metro que todos pudimos salir. Lo sentí como un deja vu y ahora para ir a Caricuao o a otro lado me lo pienso, porque eso es un desastre”. 

Daisy Galaviz

@Daigalaviz

Las denuncias sobre presuntas ejecuciones extrajudiciales por parte de funcionarios del Estado continúan. Esta vez el turno le tocó a Kleiver José Moreno Toledo en Carapita, municipio Libertador. No murió solo, también mataron a otro hombre que se encuentra sin identificar.

El padre de Kleiver José, el señor José Moreno comenta que su hijo de 22 años se encontraba el 25 de mayo -a eso de las 7 de la mañana- durmiendo en la vivienda de un amigo (a quien las autoridades reseñaron con el apodo de la Rana Blanca) cuando uniformados de la Fuerza de Acciones Especiales de la Policía Nacional Bolivariana (FAES) irrumpieron la vivienda -ubicada en el sector Las Delicias – y le dispararon.

A su compañero lo metieron a uno de los cuartos, pues en el momento en que llegaron los funcionarios se encontraba llenando tobos de agua tras la escasez de líquido que se vive en el sector.

Aunque a cada joven le dieron dos disparos, los funcionarios calificaron el hecho como un enfrentamiento. Tanto Kleiver como su amigo fueron llevados al Hospital Miguel Pérez Carreño, en La Yaguara.

Kleiver José Moreno no finalizó los estudios de bachillerato, pues desertó en noveno grado. Para buscar una forma de ganarse la vida realizó un curso de mecánica automotriz en la Academia Americana que está en el centro de Caracas.

Residía en Cúa en la casa de su mamá, aunque también pasaba algunas noches en la avenida Fuerzas Armadas. El padre de la víctima destacó que no conocía al joven con el que se encontraba su hijo al momento del suceso.

 

#MonitordeVíctimas | Discusión en vía pública terminó con un muerto

@franzambranor

UNA SIMPLE DISPUTA POR QUIÉN PASA y quién cede la circulación le costó la vida a Jhonny Alberto Orace Petit el pasado domingo 13 de mayo en Carapita.

Orace, quien iba a bordo de un vehículo con su familia, se enfrascó en una discusión con otro conductor que terminó en tragedia. Después de intercambiar improperios en el medio de la calle Real, cercana a la estación de Metro de Carapita, el ocupante de uno de los carros desenfundó un arma y propinó alrededor de cinco disparos al vehículo donde se trasladaba Orace y compañía. Uno de los tiros dio en la humanidad de Orace, quien falleció dos días después en una institución hospitalaria, según versión de los familiares.

A juicio de allegados a la víctima, el asesino es un sindicalista y estaría plenamente identificado.

Acudieron a la Fiscalía General de la República y esperan que sobre el responsable del crimen caiga todo el peso de la ley.

Orace de 52 años era transportista y deja tres hijos mayores de edad huérfanos.

Gloria y Adle, por Sebastián de la Nuez

 

Las noticias que llegan a España desde Venezuela son terribles, causan una desazón que llega al alma. Desde esta parte del mundo donde mora la diáspora se añora un país, se valora todavía más a las mujeres que han echado sobre sus hombros la ardorosa carga de mantener la esperanza

 

@sdelanuez

 

En España se está hablando menos del caso venezolano porque la crisis que han impulsado los separatistas de Cataluña le ha robado supremacía noticiosa. Pero periódicos como ABC y El País mantienen constante atención. En muchas ocasiones, cuando leo posts o tuits en las redes sociales me acuerdo del libro «Las culturas fracasadas» y del concepto al cual José Antonio Marina alude una y otra vez, el de inteligencia social, que es la capacidad que tienen las sociedades de ampliar las posibilidades vitales de sus ciudadanos.

Por supuesto, debe haber muchas maneras de ampliar esas posibilidades vitales. Una manera simplista de resumirlas o compendiarlas, y dar la receta fácil para Venezuela, sería algo así como «ponga en práctica todo lo contrario a lo que ha hecho el chavismo durante estos veinte años»: tendría pleno sentido puesto que, haya sido adrede o no, el resultado de las políticas sociales en las últimas dos décadas ha sido, sin dudas, el socavamiento de las capacidades vitales de la sociedad en todo sentido, en todos los ámbitos.

Pero no es así de fácil dar fórmulas inapelables. La belleza de todo esto, si es que la hay dentro de la tragedia, es que la manera ardua de fortalecer la sociedad, empoderándola con herramientas y no con dádivas, fortaleciendo el tejido social, se ha venido dando, es un fenómeno constatable en la realidad. Existe un país paralelo, ajeno al chavismo, o que pervive a pesar del chavismo. No es un programa de gobierno de un partido político; es un conjunto de experiencias de la sociedad civil (ese segmento sobre el cual Luis Miquilena, con desvergonzada sorna, preguntó con qué se comía) rico en ideas, en generosidad, en entrega cotidiana y talento al servicio de los más desposeídos.

Sobre esas experiencias hay que poner una lupa. Constituyen un haber que no tiene desperdicio. No suelen verse retratadas en los medios, o se abordan como casos aislados, rarezas debidas a una conjunción astral. No es así. No son excepciones y las protagonizan seres humanos. Por lo general, mujeres.

Tales experiencias forman red en medio del erial que es la Venezuela destruida actualmente, pero no aniquilada. Esas experiencias, esa red, constituyen un plan en sí mismo. Allí está el futuro de Venezuela y lo que hay es que reproducir cada iniciativa para que todo el país se convierta en una gran mancha rebelde, ampliando las posibilidades vitales de cada venezolano hasta en la última aldea. Esa mancha será la mejor garantía de que el chavismo no volverá.

Un par de ejemplos de iniciativas, sin duda ligadas a mujeres, y está muy bien que así sea pues con eso celebramos su reciente Día Internacional.

El primero es la organización Luz y Vida, en Petare.  La primera vez que escuché a Gloria Perdomo, en una charla delante de láminas Power Point proyectadas en el Centro Gumilla de la esquina de Luneta, supe lo que es comprometerse vivencialmente con una causa. Hoy en día siguen tratando, ella y las otras mujeres de Luz y Vida, de disminuir la deserción escolar aun en medio de las condiciones de familias que no pueden hacer tres comidas diarias, a lo sumo dos. Siguen, Gloria y su equipo de profesionales, con la defensoría de niños/niñas/adolescentes y con  el servicio de orientación familiar. En 2017, mientras el país se deshacía a pedazos, Luz y Vida inició un programa de atención a niños de la calle, en situación de vulnerabilidad, en riesgo de perder a su familia. Gloria Perdomo está asombrada: «El cambio de la realidad de las familias es dramático, estoy viendo unas situaciones de pobreza que no había visto nunca; tengo muchos años de trabajo en El Guarataro, en Petare, y lo que se ve ahora impresiona. Es muy doloroso encontrar a los niños y jóvenes hurgando en la basura para comer. Muchos niños dejan de estudiar  y se van a la calle a buscar comida para ellos y para sus familias», me cuenta. Por primera vez ha sabido de maltratos de padres hacia sus hijos por tomar la comida del hermano.

Luz y Vida ha perdido la mayoría de las aulas donde atendían a  los niños que no van a la escuela, no tuvieron capacidad económica para mantener las 24 aulas comunitarias, y hoy en día quedan apenas dos pequeños grupos de muchachitos, sin incluir la comida (que antes era un gran atractivo para garantizar la asistencia de los niños). Ella no me lo comentó pero estoy seguro que con la nueva conducción en la Alcaldía no habrá interlocución, con lo cual las cosas se hacen todavía más cuesta arriba.

El segundo ejemplo es la Universidad Católica Andrés Bello. Su trabajo de Extensión Social abarca la parroquia de Antímano, y también va hacia La Vega y Antímano, pero lo de Carapita es muy especial. Allí conviven distintos cultos religiosos: testigos de Jehová, adventistas, carismáticos y católicos. Según vecinos, en algunas ocasiones aparecen perros sin cabeza o gallinas degolladas en las esquinas. «Obra de los santeros», dicen. Ha sido una de las barriadas más rabiosamente chavistas aunque eso comenzó a cambiar radicalmente en 2013. Los grupos de colectivos armados han desempeñado su rol a conciencia. En marzo de 2014 quien esto escribe vio cómo un asalariado del chavismo, rodilla en tierra, descargaba su pistola automática en dirección a la universidad, desde una pasarela que conecta con la estación del Metro. Estaba manifestando un grupo de estudiantes en las afueras del recinto y eso fue razón suficiente. ¿Saben ese individuo y los demás que lo acompañaban chillando consignas que la UCAB mantiene casi 20% de sus estudiantes de bajos recursos con algún apoyo que los descarga de sus gastos de matrícula, enteramente o en buena parte, y que eso lo hace sin un céntimo aportado por el Estado? ¿Tenían estos gatillos alegres conciencia del Parque Social, que funciona allí mismo, en medio de Carapita, ejemplo para toda Latinoamérica del compromiso social de una universidad de cara a su entorno? Allí se encuentra el Centro de Salud Santa Inés, donde se han atendido casi dos millones de consultas en sus quince años de actividades. Nunca se ha hecho un recuento pormenorizado de lo que el oeste de la ciudad le debe a los jesuitas, porque simplemente los jesuitas no están pasando la cuenta de lo que han hecho. Lo hacen y ya. Luis Ugalde sabe de eso. Francisco José Virtuoso sabe de eso. Hay algo común en ellos: una cabezonería a prueba de balas. No sé cómo les enseñan esa capacidad de mantener la ilusión y seguir adelante. Fuera en el seminario o dondequiera se hayan formado les inyectaron una voluntad asombrosa.

Adle Hernández, pieza fundamental del vicerrectorado de Extensión Social, formada como sicóloga en la propia UCAB, ya me contaba a principios de 2016 lo que veía en su trabajo cotidiano: un niño se desmayó en plena clase en una de las escuelas donde profesores y alumnos de la UCAB prestan parte de sus horas tratando de mejorar su rendimiento. El niño llega y se cae. Llaman a la mamá para que lo vaya a buscar. La madre llega a la escuela y le sucede exactamente lo mismo, se derrumba desmayada. Ninguno de los dos había comido, al menos no debidamente, antes de salir del rancho.

 

 

Hay algo que me ha dicho Gloria Perdomo, ella en Petare y yo en Madrid. Es algo que parece una perogrullada si uno lo ve con distanciamiento: «Hemos venido trabajando  muchísimo en formación en las escuelas,  en la prevención y atención de casos de violencia escolar. Hemos insistido en que los colegios deben ser espacios de vivencia de la democracia y de conocimiento y práctica  del ejercicio de ciudadanía. Sé que esto parece iluso en medio de tanta violencia y desinstitucionalización, pero comprobamos que  cuando se anima la participación de los chicos, cuando pueden involucrarse en la gestión escolar, la escuela y ellos cambian». 

No se trata de ninguna perogrullada si uno sabe más o menos cómo está funcionando el país, cómo han caído los valores fundamentales de convivencia.

No hay forma de rendir tributo a personas como Adle y Gloria pues ellas son, por su propia naturaleza, ajenas a cualquier forma de homenaje. Hacen lo que están llamadas a hacer sin detenerse a pensar en otra cosa que no sea el reto cotidiano, la cuesta diaria que muchas veces les rinde, a la vuelta, una cosecha amarga (aunque en ocasiones les depare alguna gratificación que desde afuera ni siquiera podemos imaginar en su plenitud). Alguien les debe decir cuán valiosas son. En algún momento habrán de ver la carga de futuro que su labor contiene como posibilidad de país, de venezolanidad.

Ellas deberían saber que son un tesoro pero se tienen por gente muy normal. Seguramente lo son. Como sea, es el tipo de gente a la cual habrá de encomendársele, en un porvenir no tan lejano, la misión de masificar lo que hasta ahora han hecho dentro de unos márgenes muy concretos y determinados, vigilados esos límites por un Estado inhumano que no apoya sino que amenaza.

Superar diferencias por el cambio, por Roberto Patiño

 

Alba Páez me dice que era chavista hasta la médula. Ella, que vive en el sector Monserrat de Carapita, trabajaba para el Ministerio de Educación y no se perdía una sola marcha oficialista. Pero entre 2016 y 2017 empezó a sentir una sensación de traición, de desencanto: la crisis del país se manifestó en la alimentación dentro de los hogares y Alba pensó que eso no estaba bien.

“Llego a Caracas Mi Convive porque los niños del preescolar en el que ahora estoy trabajando se acercaban a la fundación para comer algo, y eso a mí me causó mucho impacto. Me acerqué a ellos y ahora soy líder comunitario aquí en Carapita”, recuerda Alba mientras conversa conmigo.

Aunque el preescolar al que hace mención pertenece al gobierno, ella ahora realiza una incansable labor dentro de su comunidad para hacer llegar el mensaje de solidaridad y empoderamiento. Con Caracas Mi Convive trabaja en beneficio de los niños, como una forma de hacer frente a la terrible crisis que padecemos y que día tras día se cobra la vida de decenas de venezolanos.

“Toda mi familia era chavista y al principio fue un poco radical, pero después fue viendo el trabajo social que hacíamos nosotros y se fueron sumando. Al principio hubo roces, pero ya no: estamos trabajando bien, ya vamos para dos años en esto”, me cuenta Alba, quien aprovecha para poner de ejemplo el caso de su madre: “Ella se vestía totalmente de rojo. Y ahora es ella la que está encargada del comedor de Alimenta la Solidaridad”.

La situación actual del país nos afecta a todos. Por eso, todos debemos sumar fuerzas desde los diferentes sectores, y para esto es necesario superar diferencias, desechar ideas preconcebidas, devolver la confianza a las personas y reconocer problemas y necesidades comunes, trascendiendo el temor al fracaso o a ser avasallados por la violencia opresiva del régimen.

En ese sentido, Alba opina que quienes viven en los sectores populares son los más perjudicados, pues a estas personas el gobierno las “trata de forma déspota: las maltrata”.

Una prueba de ello son las cajas del CLAP, la cual le quitaron a Alba debido al trabajo social que realiza. Los CLAP son un sistema de control y manipulación especialmente usado por el régimen para afianzar la base chavista. No busca ni siquiera conquistar nuevos adeptos, sino simplemente no perder los que ya tiene, los cuales, según encuestas, representan alrededor de un 25% de la población: cifra que se corresponde con lo que percibo al adentrarme en las comunidades. De hecho, como ejemplifica el caso de Alba, lejos de funcionar, la relación clientelar, de control y dependencia a cambio de un mínimo beneficio social, está llevando a muchos venezolanos a la oposición hacia el régimen y al mismo chavismo con el que se sintieron representados e identificados.

Indistintamente de las ideologías, todos queremos recuperar las condiciones de bienestar y futuro para nuestras vidas, por lo que todos estamos llamados a organizarnos para hacerle frente al modelo destructor del régimen y manifestar nuestro rechazo.

Para eso es necesario que se produzca un encuentro efectivo de los diversos sectores del país. Esto ya está ocurriendo con la conformación del Frente Amplio, unitario y nacional, el cual también debe contar con la participación del chavismo desencantado, dentro y fuera del gobierno, a través de una dirigencia que transcienda las estructuras partidistas y sume representantes de organizaciones y gremios, así como de sectores populares –muchos de los cuales alguna vez se identificaron con el color rojo– y de la clase media. Todos trabajando juntos por un mismo objetivo: superar la crisis fomentada régimen y restituir la democracia.

 

@RobertoPatino

Coordinador de Movimiento Mi convive

Miembro de Primero Justicia

robertopatino.com

#MonitorDeVíctimas | Denuncian a las FAES por asesinato de un hombre en Carapita
La víctima trabajaba a destajo como asistente de electricidad. La versión oficial del caso señala que se trató de un enfrentamiento, pero los parientes aseguran que no estaba armado

 

@loremelendez

ERAN LAS 6:00 AM DEL PASADO VIERNES, 2 DE MARZO, cuando las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) tomaron la calle Real del sector La Gran Parada de Carapita, al suroeste del municipio Libertador del Distrito Capital. Del lugar no se irían sino hasta varias horas después, luego de desalojar viviendas, hurtar las pertenencias de los moradores y de haberse llevado a Gerardo Antonio Daboín Velázquez, de 27 años de edad, quien poco después apareció muerto en el Hospital Miguel Pérez Carreño.

“Ellos tumbaron la puerta y sacaron a todos los que estaban dentro de la casa, menos al muchacho (Daboín Velázquez). No los dejaban entrar. Como la familia estaba haciendo desayuno cuando ellos llegaron, los policías se comieron lo que había, se robaron el dinero en efectivo, un reloj… Hay varias cosas que faltan”, denunció un allegado.

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Fue a las 11:00 am cuando, finalmente, los uniformados de las FAES dejaron a los familiares volver a su vivienda. Sin embargo, el cuerpo de la víctima no estaba allí. “Ellos se lo llevaron mucho antes. Les dijeron que lo buscaran en el Pérez Carreño y allí lo consiguieron muerto”, apuntó.

La versión policial que circuló sobre el caso fue el de un enfrentamiento. Sin embargo, los conocidos aseguran que Daboín Velázquez no estaba armado. “Ese no tenía ni un cortauñas”, aseguró un pariente.

Daboín Velázquez estaba actualmente desempleado pero, a ratos, trabajaba como asistente de electricidad. Era padre de un niño y desde hace varios años estaba bajo régimen de presentación. Lo habían detenido previamente durante 45 días por averiguaciones. De acuerdo con allegados, el arresto se ejecutó porque andaba en compañía de una persona armada.