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Qué se sabe de ImpsaOk, la empresa estadounidense-argentina que recuperará capacidad eléctrica en Macagua y Tocoma

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La empresa encargada de recuperar la capacidad eléctrica en Macagua y Tocoma se llama IMPSA (Industrias Metalúrgicas Pescarmona S.A.) es una multinacional de ingeniería pesada y tecnología energética nacida en Mendoza, Argentina y que actualmente opera como una compañía argentino-estadounidense.

Impsa es ampliamente reconocida por ser la única firma en Latinoamérica con tecnología propia para equipos de generación hidroeléctrica de gran escala.

De acuerdo con información difundida en su página web, Impsa fue fundada en 1907 y ha instalado más de 50 000 MW de capacidad eléctrica.

Entre sus principales unidades de negocio destacan: el diseño y fabricación de grandes turbinas moderadoras, fabricación de componentes nucleares y grúas portuarias, además de soluciones en energía eólica y solar.

Tras haber atravesado un proceso de estatización transitoria en su país de origen; en febrero de 2025, IMPSA fue adquirida por el fondo norteamericano Industrial Acquisitions Fund (IAF). La empresa se convirtió en la primera gran compañía privatizada en Argentina bajo la gestión del presidente Javier Milei, reestructurando con éxito sus deudas financieras y expandiendose hacia mercados como Estados Unidos, Canadá y México.

Megaproyectos en Venezuela

Desde hace varios años, Venezuela enfrenta su peor crisis eléctrica. Denuncias en redes sociales afirman que en el interior de país los habitantes de estados como Carabobo, Sucre, Nueva Esparta y el Zulia pasan hasta 12 horas sin luz. Cabe recordar que en 2019 hubo dos megapagones que dejaron a oscuras a casi todo el país por espacios de varios días

Después del pasado 3 de enero, cuando Estados Unidos tomó el control del país mediante con un gobierno que encabeza Delcy Rodríguez bajo su tutela, se anunció un plan energético en coordinación con Corpoelec para rehabilitar, reactivar y modernizar el sistema eléctrico en las dos principales represas del país.

La Embajada de los Estados Unidos anunció a través de su cuenta en X este 30 de octubre que la empresa Impsa comenzará con la recuperación del sistema eléctrico.

En la Central Hidroeléctrica Macagua, ubicada en el río Caroní, en Ciudad Guayana, Estado Bolívar, Impsa inició las obras para la recuperación de los primeros 160 MW de potencia a corto plazo.

Mientras que en la Central Hidroeléctrica Tocoma o Manuel Piar, también en Bolívar, la embajada señaló que se está realizando una reactivación técnica para culminar el montaje de sus unidades generadoras.

Según información difundida por la empresa, la meta global es la recuperación de 672 MW en un plazo inicial de dos años, con una proyección a largo plazo de incorporar hasta 2640 MW de estabilidad energética al sistema. En Macagua, concretamente, aspiran a recuperar 240 MW mediante la rehabilitación de las unidades 4, 5 y 6, mientras que en Tocoma la recuperación será de 432 MW con la rehabilitación de las unidades 1 y 2. También comenzarán las obras civiles de la central.

Impsa también está al frente en el desarrollo de la infraestructura del Parque Eólico La Guajira.

Proyectos en otros países

En Argentina, la compañía suministró equipamiento y turbinas para la Central Hidroeléctrica Yacyretá y Los Caracoles. Brindó provisiones para el Dique Los Monos, el Parque Eólico Arauco y las centrales nucleares Embalse y Atucha II. También estuvo presente en el Proyecto Hidrógeno Verde y las refinerías de YPF.

En Brasil, Impsa ha participado en obras hidroeléctrica y de repotenciación de diversos proyectos de equipamiento y generación de energía en el sistema energético.

Con más de 100 años de trayectoria, Impsa también ha desarrollado proyectos en Estados Unidos, Chile, Colombia, Ecuador, México, Malasia, China, India, Filipinas, y Sudáfrica.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

De la emoción a la abstención

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¿Cómo pudiera el venezolano sintetizar lo que ha vivido en este anno Domini 2026? Ninguna selección de palabras lo logra. Recurramos, pues, a la música, ya que ella, como bien indicó Schopenhauer, no precisa de imágenes platónicas y es un reflejo de la voluntad misma. Si tuviera que escoger, diría que la composición musical que mejor expresa lo que el venezolano ha experimentado en el año ya por concluir es la “Sinfonía no. 6” de Chaikovski, apodada “la Patética”. Pero no es patética por débil o mediocre. Su patetismo remite al pathos en sentido griego original. A la emocionalidad.

Este año ha sido, como ningún otro en muchísimo tiempo, el año de las emociones fuertes en Venezuela. Emociones diversas: tristeza, alegría, miedo, rabia. Pero siempre fuertes. Varios eventos se han asegurado de ello. Empezando, con el año mismo, por los acontecimientos de enero. Luego vino el triunfo de Venezuela en el Clásico Mundial de Béisbol. Después, el terremoto doble justo cuando en Curiepe y Naiguatá los tambores (ya ven cómo volvemos inevitablemente a la música) celebraban a san Juan el Bautista y el país entero conmemoraba las hazañas de Bolívar, Páez, Camejo, Plaza y demás en el Campo de Carabobo. Por último (¿por último? ¿no nos aguardarán más sorpresas emocionantes en los dos próximos meses?), el regreso de María Corina Machado al país.

Si no especifiqué la emoción que se sintió en cada uno de estos sucesos, es porque no hace falta. Todo el mundo lo sabe. Como ya dije, las palabras están de más. El último de estos hechos no es excepción. Hasta un hipotético extraterrestre oriundo de la galaxia Andrómeda lo entendería si viera las imágenes de miles de venezolanos en la calle acompañando a la líder opositora.

Ahora bien, si la euforia se mantendrá depende de lo que Machado haga ahora que está en el país. Pudiera equivocarme, pero me atrevo a prever que, al menos en el corto plazo, sus acciones no serán de alta intensidad. Es decir, no se propondrán alterar significativamente la política venezolana tal como se encuentra ahora. Ello puede sonar confuso y decepcionante para quienes esperan que un líder opositor actúe como tal y se lance a intentar transformar el entorno al cual se opone.

Pero hay que tener en cuenta que la política venezolana se encuentra en una situación sumamente peculiar, en la que los papeles tradicionales de los actores no pueden ser dados por hechos. El país atraviesa un conjunto de transformaciones impulsadas por el gobierno de Estados Unidos, cuyo desenlace sigue siendo incierto. Ya que Washington es la fuente de prácticamente todo el poder detrás de semejante metamorfosis, todos los actores relevantes internos han tratado de mantenerse en buenos términos con la Casa Blanca y el Departamento de Estado. Es lo que ha hecho el chavismo y es lo que ha hecho la oposición que Machado encabeza.

Por lo tanto, Machado se encuentra en una situación bastante complicada, que no admite soluciones fáciles y que no es resuelta por el mero hecho de que ella volvió a Venezuela. Mientras que el oficialismo públicamente se muestra alineado con las aspiraciones de Estados Unidos y espera así salir lo mejor parado posible del proceso sin importar lo que la ciudadanía venezolana desee, Machado y los dirigentes políticos aliados con ella sí tienen que enarbolar las banderas de la expectativa ciudadana mayoritaria, la cual sigue siendo un eventual cambio de gobierno.

Mientras las masas tengan razones para asumir que el “nuevo momento político” eventualmente producirá las condiciones para un cambio democrático de gobierno, la dirigencia opositora puede darse el lujo de la paciencia y la pasividad, hasta que llegue el día del resultado deseado. En cambio, si las masas creen que los cambios son solo cosméticos, o reales, pero sin permitir el cambio democrático de gobierno, se volverán a sus líderes y les exigirán que hagan algo al respecto, so riesgo de retirarles el apoyo. Van a exigirles algún plan de acciones para que la voluntad ciudadana mayoritaria sea escuchada, no solo en Miraflores, sino en la Casa Blanca.

Ese es el punto al que precisamente Machado y compañía no quieren llegar, ya que Washington no quiere imágenes de agitación y descontento en Venezuela. Donald Trump está presentando sus maniobras en nuestro país como el mayor éxito de política exterior de su segundo mandato y no quiere que nada estropee aquella imagen. Hasta Marco Rubio, a quien por años los venezolanos interesados en un cambio democrático han visto como su más firme y poderoso aliado en Estados Unidos, lanzó una advertencia contra protestas de calle que exijan cambios más rápidos. Si el liderazgo opositor desafía a Washington en tal sentido, pudiera hacer que Trump se ponga decididamente en su contra y se incline por abortar cualquier plan de transición en Venezuela, dejando así a una élite gobernante que sí le está dando lo que quiere y permitiéndole arremeter contra la disidencia.

Ya que, cæteris paribus, en los próximos meses la expectativa colectiva de que hay luz al final del túnel seguirá, creo que Machado se abstendrá, repito, de intentar sacudir considerablemente las cosas. Solo si para, digamos, mediados del próximo año las masas se sienten defraudadas por el “nuevo momento político”, tendrá ella que afrontar el dilema de reclamar a Washington o perder el respaldo masivo de los venezolanos.

Eso no significa que su regreso al país haya sido a la postre irrelevante. Mientras estuviera afuera, Machado no hubiera podido movilizar con éxito a sus millones de partidarios, si así lo deseara. Estos no iban a acatar el llamado de una líder ausente que no los acompañara en el riesgo. Al permitirle volver, Estados Unidos apostó a que ella colaborará con lo que sea que tiene en mente.

Hay otras variables que podrían alterar la situación más temprano que tarde. Por ejemplo, las elecciones al Congreso de Estados Unidos que se llevarán a cabo el próximo martes y sus posibles efectos en la capacidad de Trump para influir en Venezuela (pienso abordar el asunto de ser necesario en una próxima emisión de esta columna). Pero, por ahora, me inclino a creer que el “nuevo momento político” seguirá desarrollándose como lo ha hecho en los últimos meses y que Machado seguirá dándole el beneficio de la duda mientras pueda. No suena como algo digno de emociones fuertes, lo sé. Pero de esas ya hemos tenido bastantes. Si el proceso avanza bien, no necesitaremos más. En caso contrario, Machado, si quiere seguir siendo considerada líder, tendrá que alzar la voz. A propósito, Aristóteles identificó, junto al logos (coherencia) y el ethos (virtud) un tercer elemento en toda pieza exitosa de retórica: el pathos o emoción.

@AAAD25

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Jueza que asumió caso de Maduro ordena mantener todos los plazos y fechas del proceso   

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Como había sido vaticinado por algunos penalistas, la jueza de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, Analisa Torres, ordenó que la causa penal contra Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por narcoterrorismo, manejo de armas y ahora presuntas torturas a ciudadanos estadounidenses y venezolanos continúe con las fechas, audiencias y plazos fijados por el anterior magistrado Alvin Hellerstein, quien falleció el pasado miércoles 28 de octubre.

“Con el fin de garantizar una administración de justicia ordenada y eficiente, y evitar cualquier perjuicio, alteración o incertidumbre. Se ordena que todas las directrices, plazos y comparecencias programadas, incluida la fecha del juicio, establecidos por el juez Hellerstein, permanezcan plenamente vigentes y surtan todos sus efectos” escribió el abogado Nizar El Fakih en su cuenta de X.

El profesional del derecho, quien estuvo recientemente en la edición semanal de La Conversa de la Alianza Rebelde Investiga (ARI), escribió además que se ordenó que las partes cumplan estrictamente con el calendario procesal vigente, “salvo que sea modificado mediante orden de la Corte”.    

La magistrada con esta primera orden busca “garantizar una administración de justicia ordenada y eficiente, y evitar cualquier perjuicio, alteración o incertidumbre”, según dejó constancia en su primera resolución, firmada el 29 de octubre de 2026, en la cual también expresó su “profunda tristeza” por el fallecimiento de Hellerstein.

El fallecido juez había programado para el 17 de diciembre próximo una audiencia con la finalidad de revisar una moción de la defensa de Maduro sobre su supuesta inmunidad con el argumento de ser “jefe de Estado de Venezuela”.

Según la resolución de Hellerstein, quien falleció a la edad de 92 años por causas naturales y tuvo a su cargo el proceso penal desde la acusación original presentada por la Fiscalía en 2021, el 14 de junio de 2027 sería la audiencia de juicio.

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El Plan Rubio y la fecha de vencimiento del poder chavista

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A casi once meses del tutelaje de EE. UU. sobre Venezuela, la señal más poderosa que ha enviado no es una sanción, tampoco un barril de petróleo ni una amenaza militar: es un calendario. En política, cuando alguien empieza a poner fechas, es porque pretende que las promesas dejen de ser consignas populistas o relleno de discursos.

Marco Rubio, secretario de Estado de EE. UU., lo confirmó: “Tenemos plazos acordados y, hasta ahora, han cumplido cada uno de ellos”. No es una frase para archivar, sino una advertencia con fecha de vencimiento.

El gobierno del presidente Trump espera avances concretos en la renovación del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y del Consejo Nacional Electoral (CNE), instituciones que considera indispensables para unas elecciones creíbles. ¿El objetivo? Desmontar la maquinaria institucional que ha permitido al régimen controlar la competencia política.

Rubio tampoco disimuló dónde está la palanca de presión: “Estados Unidos tiene una influencia significativa sobre el rumbo que toman estas conversaciones y sobre los resultados que obtenemos de ellas”.

Traducido del diplomático al castellano corriente: Delcy Rodríguez administra el poder, pero las condiciones de su margen de maniobra se negocian fuera de Miraflores. El cargo es suyo “por ahora”, como diría el difunto líder de la fulana revolución bolivariana, Hugo Chávez; las llaves que condicionan su gestión están en manos ajenas.

El regreso de María Corina Machado a Venezuela añadió otra pieza al tablero. Rubio confirmó que Washington comunicó a las autoridades interinas que la dirigente debía poder volver a su país sin obstáculos. Después de meses de exilio, su retorno expone hasta qué punto las garantías políticas forman parte de la negociación.

Y mientras ese tablero se mueve, Delcy ofrece su propio espectáculo. El 27 de octubre, apenas un día después de descalificar como un “show” el regreso de Machado, apareció cantando y bailando en una tarima en el estado Carabobo, junto al gobernador de la entidad, Rafael Lacava. Y aquí viene la ironía del día: si la calle recibe a María Corina, es un espectáculo; pero si Delcy sube a una tarima a bailar, es una demostración de respaldo popular.

En conclusión y paradójicamente, lo que vimos es que Delcy, la interina, baila al son que le toca Marco Rubio. Ella y quienes la acompañan pueden ponerle música a la tarima, ensayar sonrisas y proyectar normalidad, pero el ritmo de la negociación lo marcan los plazos y las condiciones que Washington asegura haber acordado.

Ahora bien, quien durante años convirtió el control de las instituciones en su principal seguro de permanencia ahora debe discutir cómo reformarlas; quien administró la exclusión política tiene que negociar condiciones para que otros puedan competir. No es precisamente el guion que el chavismo o, más bien, el rodrigato, habría elegido para esta etapa.

Pero ojo, no hay que confundir el cronograma con el desenlace. El que existan plazos acordados no garantiza que se cumplan todas las reformas, que las instituciones se vuelvan independientes ni que las elecciones sean libres; todo eso tendrá que demostrarse con hechos, no con comunicados ni fotografías de reuniones.

El Plan Rubio tampoco es una varita mágica; es una negociación en la que Estados Unidos utiliza su capacidad económica y diplomática para condicionar una transición, mientras las autoridades venezolanas conservan espacios de poder y margen de maniobra. La pregunta es: ¿cuánto están dispuestas a ceder y cuánto está dispuesto Washington a exigir?

Desde el 3 de enero de 2026, cuando Nicolás Maduro fue capturado en una operación militar estadounidense, el tablero venezolano cambió radicalmente. La cuestión ya no es solamente quién ocupa el despacho presidencial, sino quién define las condiciones para que el poder vuelva a someterse al voto ciudadano.

Delcy Rodríguez puede seguir ocupando el cargo y el régimen puede intentar ganar tiempo, pero si los plazos se convierten en reformas reales, el problema dejará de ser quién administra el presente y pasará a ser quién puede competir por el futuro.

Ese es el verdadero desafío del Plan Rubio: que el calendario no termine siendo otra promesa aplazada en un país donde el poder lleva demasiado tiempo creyendo que la fecha de las elecciones, y hasta sus resultados, le pertenecen.

@edwardr74

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PERFIL | Quién es Oliver Blanco, el nuevo jefe de la diplomacia venezolana

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Este jueves, 29 de octubre, la presidenta encargada con el aval de los Estados Unidos, Delcy Rodríguez, anunció que Oliver Blanco será el nuevo canciller de Venezuela.

“Yo espero que este equipo fortalecido siga avanzando en los cambios y en la recuperación geopolitica de venezuela en ambitos de cooperación y amistad con todos los países”, expresó Rodríguez en rueda de prensa que tuvo como objetivo hacer seguimiento a los acuerdos suscritos en materia de energía eléctrica.

Tras su designación, Blanco posteó en X que recibe con “mucha humildad y compromiso” el nombramiento. Aseguró que defenderá la soberanía y el interés nacional con firmeza en beneficio del pueblo venezolano.

Oliver Blanco ejercía como viceministro de Relaciones y Comercio Exterior de Venezuela, con cargo especial para Europa y América del Norte. Ahora pasa a sustituir a Félix Plasencia, quien fue nombrado como ministro de Relaciones Exteriores en julio pasado y ahora fungirá como director de Asuntos Internacionales de la Presidencia de la República.

¿Quién es Oliver Blanco?

Blanco es licenciado en Estudios Internacionales, egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV) con máster en Estudios Políticos y de gobierno de la Universidad Metropolitana (Unimet).

En 2012 fue jefe de campaña de Diego Arria y también de Diana D’Agostino en 2013 y luego figuró como asistente de Henry Ramos Allup cuando el dirigente adeco presidía la Asamblea Nacional en 2016, en donde ejerció funciones en la organización juvenil.

En febrero de 2026, cuando Delcy Rodríguez lo designó viceministro para Europa y Norteamérica, Blanco defendió la necesidad de una política exterior “firme” y afirmó que asumía el cargo sin militar en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). 

Cinco meses después, Félix Plasencia lo nombró viceministro primero de la Cancillería, una función que se sumó a sus responsabilidades en el área de Europa y Norteamérica.

Oliver Blanco también es fundador del medio digital El Cooperante y cercano a la actual dirección de la Cruz Roja en Venezuela.

En 2019, tras fracturas internas en AD, Blanco decidió desligarse de la militancia del partido. Tiempo después, su nombre comenzó a vincularse en sectores políticos y mediáticos con el entorno comunicacional y de negocios ligado al empresario Raúl Gorrín, quien figura en la lista de los más buscados del Departamento de Seguridad Nacional de Estados por corrupción.

Reacciones a su designación

La abogada y activista de derechos humanos Rocío San Miguel se pronunció a través de su cuenta en X por el nombramiento de Blanco como canciller.

“Querido Oliver Blanco, te felicito por tu nombramiento como canciller de Venezuela. Te deseo sabiduría y templanza en una responsabilidad que exige representar a todos los venezolanos, sin distingo, y contribuir desde la política exterior a la seguridad, los derechos humanos y el diálogo democrático. Un abrazo, amigo”, escribió San Miguel.

El defensor de los derechos y activista LGBTIQ+,Yendri Velásquez, señaló que Blanco sería el primer funcionario de la comunidad que ha ocupado el cargo de mayor jerarquía en la historia del país.

“Un hecho que podría abrir una oportunidad importante para generar cambios sobre igualdad en medio de este contexto político“, posteó Velásquez en X.

El economista Luis Oliveros aseguró que la designación de Blanco es “una señal positiva y clara de hacia dónde quiere mirar el país” y le deseó “la mejor de las suertes”.

Por su parte, la periodista Milagros Socorro opinó que la designación de Oliver Blanco es “una vergüenza” y cuestionó que el nuevo canciller no tiene trayectoria para asumir el nuevo cargo. “No es más que un cómplice de quienes usurpan el poder y mantienen la opresión y el saqueo de Venezuela”, sentenció.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Pobrecitos los autores del himno nacional

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El otro día estábamos en un evento donde pusieron el himno nacional y, al terminarse, mi hijo aplaudió y alguien le dijo: “El himno no se aplaude”. Ante lo cual me pregunté si a los autores de los himnos en verdad les gustaría eso.

El himno nacional de Venezuela, por ejemplo, tiene letra de Vicente Salias y música de Juan José Landaeta. Ahora imaginemos que ellos dos fuesen artistas hoy. Serían algo así como “Vic y Juanjo”. Un dúo engominado, con lentes de sol, camisas abiertas hasta el ombligo, cadenas en el cuello y las muñecas llenas de pulseras budistas y rosarios enrollados.

Así, un buen día los citaría la oficina de la presidencia de la República:

―Los hemos contactado para informarles que su nuevo hit, Gloria al bravo pueblo, ha sido seleccionado como himno nacional de la república.

―¿Qué?… ¡Wuooow!… ¡Brutal!…

―Sí, ¿no? Y ahora su canción será reproducida en todo evento nacional a todo volumen.

―¡Increíble!

―Van a tener garantizados, de por vida, los primeros lugares de Billboard y Spotify.

―¡Ufff!… Me lo dices y se me paran los pelos, mira.

―Y cada vez que suene, la gente tendrá que ponerse de pie y hacer silencio.

―¿¿¿Quééé???… ¿¿¿En serio???… ¡Alucinante, bro, qué honor!… Me imagino después la ola de aplausos.

―Eh… bueno… Justamente ahí hay un detallito.

―¿Por qué?

―Es que no se va a poder aplaudir. Está prohibido.

―¿¿¿Prohibido???… ¿Y eso?

―No sé, así me notificaron.

―Pero, o sea, WTF… Si nosotros vivimos es de los aplausos.

―Los entiendo y créanme que, aquí entre nos, yo soy fan de ustedes y si fuera por mí, que hasta lo bailen, pero no sé qué decirles. Ustedes saben… son órdenes de arriba. Yo solo cumplo con informarles.

―Ajá… ¿y si alguien no se la sabe y solo mueve la boca como cuando uno no se sabe las canciones en la misa?

―No, eso sí está permitido porque la idea es que se vea bonito.

―Bueno, pero si nos van a prohibir los aplausos a nosotros, entonces prohíban aplaudir cuando aterrice un vuelo.

―Luego me imagino a Vic y Juanjo saliendo de la reunión y que:

―Bro, ¿y la invitación que teníamos para el medio tiempo del Super Bowl?

―Bueno, tendremos que ir, pero cuando comiencen a aplaudir, yo me voy y los callas tú.

―¡No, tú!

―¡Ah, tú sí eres arrecho!

Incluso, unos días después llegarían Vic y Juanjo a una reunión de panas y todos empezarían:

―¡Sh, sh, sh!… ¡Párense y no hablen ni se muevan!… ¡Llegaron los mismísimos autores del himno!

―¡Dejen la vaina, pues!

―Disculpa, Vic, pero se metió un zancudo aquí en la sala… ¿Será que lo puedo matar de una palmada?

Es por eso que la próxima vez que mi hijo y yo escuchemos un himno, seguiremos la norma. Nos pondremos de pie, haremos silencio y no aplaudiremos. Eso sí… al final chiflaremos, lanzaremos flores y hasta sostenes. Porque de eso último, la norma no dice nada.

@ReubenMoralesYa

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Salir de la tormenta: un camino hacia la transformación personal

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Como seres humanos, todos atravesamos tormentas a lo largo de nuestra vida. Lo importante no es únicamente superar esas circunstancias, sino reconocer la fortaleza que nos dejan y los aprendizajes que nos regalan cada una de ellas.

Aunque parezca prematuro afirmarlo, el 2026 ha sido un año de aprendizajes, fortaleza y oportunidades para reconducir el rumbo de mi vida. No me refiero únicamente al ámbito personal, sino también al espiritual, mental y laboral.

Siempre he pensado que una transformación profunda comienza con los intereses y las motivaciones de cada ser humano, pero también con la manera en que enfrenta los retos que encuentra en su camino. La frustración integra nuestra condición humana; sin embargo, lo importante es trascender el drama o la tragedia para encontrar la fuerza de seguir adelante y alcanzar nuestros sueños.

Este año me ha enseñado a agradecer cada oportunidad y a comprender el valor de las experiencias vividas. Uno de los aprendizajes más importantes es entender que la paz mental, espiritual y personal no es negociable. Al final, lo verdaderamente importante son nuestros afectos, nuestro corazón y aquello que nos identifica como seres humanos.

El mundo actual nos invita con urgencia a volver a lo humano, no desde una perspectiva individualista, sino entendiendo que formamos parte de un colectivo. Cuando cultivamos la paz interior, podemos recibir de una manera más consciente las circunstancias que la vida nos presenta y convertirlas en oportunidades para nuestra propia transformación y la de quienes nos rodean.

Aunque la incertidumbre es una constante, el 2026 me ha permitido reconocer la importancia de construir certezas y crecer a partir de cada experiencia. Soy consciente de que no siempre las cosas ocurren como las imaginamos o deseamos, pero incluso aquello que se aparta de nuestros planes puede convertirse en una oportunidad de crecimiento.

La vida es un recorrido de altos y bajos. Comprender su verdadero significado implica asumir nuestra responsabilidad en la manera en que transitamos ese camino, procurando que sea cada vez más transformador, pero también más amable con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Este año quizás no ha transcurrido como lo imaginaba en el mejor de los escenarios. Sin embargo, con sutileza y madurez, me ha mostrado nuevos caminos que han fortalecido mi propósito de vida y mi compromiso, no solo conmigo mismo, sino también con quienes me rodean.

El 2026 ha representado para mí un llamado a la conciencia, a la madurez y a la claridad mental. Me ha invitado a revisar mis prioridades, definir objetivos más transformadores y comprender que mi propósito de vida está íntimamente ligado a mi salud y a mi bienestar.

Entender que mi paz interior no puede quedar supeditada a las circunstancias externas también significa aprender a salir de la tormenta y renacer, procurando construir una mejor versión de mí mismo en cada etapa de la vida.

Hoy reafirmo que cuidarme, reconocer mis límites, valorar mis afectos y mantenerme fiel a mi propósito son decisiones fundamentales para seguir avanzando.

Porque, más allá de las tormentas que debamos atravesar, siempre existe la posibilidad de aprender, reconstruirnos y encontrar nuevos caminos, siempre recordando que lo humano nos identifica y lo distinto nos une.

@eduardofrontado

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Conversando con Miranda en La Carraca | Miranda: su gran amor fue Venezuela (II)

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En la penumbra de La Carraca un Francisco de Miranda cansado, enfermo, ataviado por un pasado lleno de gloria, batallas épicas y grandes amores [y desamores] ahora vive un presente miserable, injustamente condenado a 4 paredes de bahareque, inmundicia y silencio, que me lleva a cambiar la conversación.

Recostado en su catre veo cómo una pequeña luz —generada por una antorcha lejana a las afueras del arsenal de La Carraca— entra por los barrotes directo a sus ojos color avellana llenos de fuego [Caracciolo Parra Pérez dixit].

—General, después de escucharle hablar de revoluciones, reyes, ejércitos y de la libertad de América, quisiera preguntarle algo más íntimo. Usted conoció cortes, salones y alcobas de media Europa. Amó a mujeres extraordinarias y dejó constancia de sus encuentros en sus diarios. Dígame ¿cómo enamoraba a sus mujeres y amantes?

Sonríe, acomoda su cuerpo sobre el camastro y mira hacia la ventana enrejada.

—¡Ah, mi querido amigo del futuro! Me pregunta usted por la guerra más delicada de todas: aquella en la que no se conquista una plaza, sino un corazón. Y debo advertirle algo: jamás confunda el amor con la posesión. Una mujer no es una ciudad que se rinde ante un cañón.

—Pero usted era un hombre de mundo, un viajero incansable, un militar, un lector apasionado. ¿Cuál era su primera arma?

—La conversación. Y detrás de ella, la curiosidad. ¿De qué sirve una hermosa mirada si detrás de ella no existe un universo por descubrir?

—¿Y qué descubrió?, ¿cuál era su señuelo, la poesía?

—Naturalmente. La poesía permite decir lo que la prosa cotidiana apenas se atreve a insinuar. Pero no crea usted que yo poseía una fórmula infalible.

Y agrega:

—Si un hombre de mi siglo quería hablar del amor, tenía a Petrarca, a Ovidio, a los clásicos latinos y a los poetas de su propia lengua. Y en el mundo hispánico, Garcilaso de la Vega había enseñado que el amor podía ser, al mismo tiempo, deseo, herida y memoria. Recuerde sus versos: «Escrito está en mi alma vuestro gesto». Garcilaso lo escribió en Soneto V.

Y sigue Miranda hablando con su mano en el pecho:

—¡Qué manera tan extraordinaria de hablarle a una mujer! No se trata de decirle que es hermosa, como se lo dirían cien hombres una misma noche. Se trata de insinuar que su presencia ha dejado una huella en el alma.

—Es decir, general, usted no comenzaba por elogiar el rostro, sino por hacer sentir a la mujer que era única.

—Exactamente. El elogio fácil halaga; la atención verdadera distingue. Si una mujer me hablaba de sus lecturas, yo procuraba escucharla. Si defendía una idea, la discutía con ella. Si discrepamos, no tenía por qué fingir que pensábamos igual. ¡Nada resulta más triste que una conversación en la que uno de los dos ha renunciado a pensar para agradar al otro!

—¿Y las cartas?

—Mi archivo epistolar y mis diarios [apunta Miranda con pose distinguida a pesar del lugar] son testimonio de una vida en la política, viajes, amistades y relaciones personales.

Hace una pausa y continúa.

—Si yo hubiese querido escribirle a una mujer que me interesaba, quizás le habría dicho algo así: “Madame, he conocido ciudades que deslumbran por sus palacios y hombres que pretenden deslumbrar por sus títulos. Pero hay palabras que valen más que una ciudad y miradas que ennoblecen más que cualquier título. La nuestra ha dejado en mí el deseo de volver a encontrarla, de volver acariciar sus miradas y sus palabras”.

—¡Eso es elegante, general! No declara amor, pero abre la puerta. Si tuviese que elegir un texto para enamorar a una mujer, ¿cuál sería?

—Escogería aquel poema que expresara algo verdadero entre ella y yo: «No pretendo que me ame por mis viajes, por mis hazañas ni por los nombres ilustres que he conocido. Quisiera que me conociera cuando no tengo nada que demostrar; cuando puedo escucharla sin interrumpirla, disentir sin ofenderla y acompañarla sin pedirle que deje de ser quien es».

—Eso le dijo a Catalina La Grande?

—Quizás. Pero me hubiese encantado decírselo ahora…

Catalina la Grande: cuando el poder también seduce

Me acerco al camastro. Miranda, que ha pasado la noche repasando sus recuerdos de Rusia, parece recuperar por un instante la altivez de los salones imperiales.

—General, hábleme de la mujer más poderosa que conoció: Catalina II de Rusia. Usted llegó a su corte en 1787 y obtuvo una atención extraordinaria. ¿Qué le dijo para conquistarla?

—¡Cuidado con esa palabra, amigo del más allá! Con Catalina había que distinguir entre conquistar y ganarse la confianza de una soberana. Me recibió en Kiev, me permitió frecuentar su corte, me dio el título de conde y me brindó protección cuando las autoridades españolas me perseguían. Que entre nosotros pudiese existir una pasión amorosa es una leyenda que le invito no comprobar.

—Pero usted debió comprender que aquella mujer apreciaba a los hombres que no se intimidaban ante su poder.

—Sin duda, ella incluida. Yo podía ofrecerle algo diferente: noticias del Nuevo Mundo, experiencias de la guerra, observaciones sobre Inglaterra, Francia y EE. UU. Una perspectiva americana, que no es habitual.

—¿Y sí durante una cena ella le hubiese preguntado qué buscaba realmente en Rusia?

—En ese caso imaginario, le habría respondido: «Majestad, he venido a conocer un imperio, pero también a comprender el espíritu de una mujer capaz de gobernarlo. Las fronteras se recorren con mapas; el carácter de una que gobierna millones, se recorre en la palabra».

—Un cumplido con doble intención.

—Un cumplido con una sola intención: reconocer su sabiduría sin fingir olvidar mis propios propósitos. La puerta que quería abrir era la diplomática, que no debía confundirse con una promesa política y menos con un ofrecimiento íntimo.

—¿Nunca sintió la tentación de permanecer a su lado? ¿Qué le habría dicho si Catalina le hubiese pedido que abandonara sus aventuras americanas para quedarse en Rusia?

—La tentación de vivir bajo la protección de una gran soberana siempre llama. En mi carta del 15 de agosto de 1787 le expresé mi gratitud por sus favores y le dije que, una vez cumplidos mis compromisos, estaría dispuesto a considerar sus ofrecimientos. Mis propias palabras hablan de agradecimiento y servicio, no de una declaración amorosa.

—Si me hubiera ofrecido una habitación en su palacio, habría tenido que preguntarme si aquel palacio era un refugio o una prisión dorada.

—Muy diferente a ésta, señalando con mis manos el vetusto claustro.

—Viera y Blanco, lo que hace miserable esta prisión no es su suciedad, sino lo injusto de ella…

Miranda baja la mirada. En su imaginación reaparece Catalina, majestuosa, inteligente y rodeada de cortesanos; una mujer que podía protegerlo, pero no decidir por él: “Me rompiste el corazón cuando te uniste al ejército francés teniendo como causa esa sangrienta revolución”, le expresa Catalina II (1792/Revolución francesa).

—Pero os comprendo, Miranda… —le dice Catalina mirándole con sus profundos ojos azules, pero vidriosos—“Primero la fidelidad a la propia causa que la gratitud del corazón”.

Sarah Andrews: la mujer que esperaba en Londres

La conversación cambia de tono. Miranda ha dejado de sonreír. Ya no habla de emperatrices ni de reinas, sino de su casa en Londres, de dos niños y de una mujer que tuvo que soportar las largas ausencias del Precursor. Tose y expectora. No está bien de salud. Suda a pesar de la noche fría. Tiene fiebre y escalofríos. Decide arrinconarse en su camastro. Le doy mi saco para abrigarlo. Vuelve a dormirse, brevemente. La tos le impide conciliar el sueño. Ensayo abrazarle con un recuerdo familiar…

—General, hablemos de Sarah Andrews. Usted recorrió Europa, conoció mujeres de la aristocracia y vivió aventuras que anotó en sus diarios. Pero Sarah fue otra cosa: la mujer con quien formó una familia.

—Así es. Sarah, a quien llamaba afectuosamente “my good Sally”, fue mi compañera en Londres y la madre de mis hijos Leandro y Francisco. Nuestra relación comenzó alrededor de 1800 y estuvo marcada por mis ausencias y mis compromisos políticos. Ella permanecía en casa mientras yo perseguía una empresa que parecía no tener fin.

—¿Qué tenía Sarah que no poseían aquellas mujeres de las cortes europeas?

—Sarah conocía al hombre que había detrás del viajero. Conocía mis preocupaciones domésticas, mis libros, mis dificultades económicas y mis proyectos. Una emperatriz podía recibirme en un palacio; Sarah debía afrontar conmigo las consecuencias de mi vida.

—¿Y que veía ella en usted?

—No siempre hace falta un poema. A veces basta una carta en la que uno reconoce lo que la otra persona soporta. Delirando y temblando Miranda imagina decir: «Mi buena Sally, hay palacios en los que uno se siente extranjero y habitaciones modestas en las que reconoce su hogar. He dormido bajo techos magníficos y he conversado con hombres que deciden el destino de imperios; sin embargo, ninguna de esas cosas puede reemplazar la paz de saber que tú y nuestros hijos me esperan en Londres».

Hago una breve pausa. Miranda me pide que le alcance unos libros que tiene escondidos. Leía a Horacio, el poeta romano de la amistad, la fugacidad de la vida y de la serenidad; a Virgilio, autor de la Eneida, la épica de un pueblo, la guerra y el exilio; a Cicerón y su pensamiento sobre la república, la virtud cívica y el deber público; a Orlando el Furioso, y sus poemas renacentistas sobre caballerías, pasiones y locuras; y, hablando de “locuras”, Don Quijote de la Mancha, el libro más sugerente, el del hombre que persigue un ideal que otros consideran imposible. Mi preferido.

—General: ¿qué aprendió de estos grandes pensadores?

—Que la libertad supera cualquier infortunio, que la amistad es fugaz si no se frecuenta con gestos y no se comprende tanto en la abundancia como en las carencias; que la república puede caer, pero es menester levantarla y refundarse, y que no hay pasión superior —incluso la del amor por una mujer— que el ideal por la justicia, la libertad y la paz, tesoro más preciado que la vida misma, que la inmensidad de los cielos, de los campos y de los mares.

—¡Eso es Cervantes!

—Pues no deje de leerlo sí tanto le gusta, fíjese que hasta se me quitó el delirio de solo recordar las notas del Quijote.

La verdad es que Miranda no paraba de sudar y temblar. Pero solo mencionar su gran sueño inspirado en sus grandes ideales, encendía la mirada de ese corazón de fuego y acelera su potente voz. Por eso me atreví a preguntar:

—Pero usted se marchaba una y otra vez. ¿No temía que Sarah terminara por reprocharle haber puesto la independencia de América por encima de su familia?

—¿Y cómo no iba a temerlo? El hombre que pretende cambiar la historia puede terminar descuidando la propia. No toda ausencia se justifica por una causa noble, más si no es agradecida.

—¿Llegó a comprenderlo demasiado tarde?

— Tal vez.

En una última carta a Sarah, escrita desde La Carraca el 21 de mayo de 1814, le dijo: «Sally, acaso fui capaz de imaginar la libertad de un continente y no supe darte la tranquilidad que merecías. Si mis viajes me hicieron conocer el mundo, tú me enseñaste cuánto cuesta mantener un hogar mientras el mundo reclama a un hombre». Al leer el texto Miranda se quedó en silencio, lo dobló y lo ocultó, delicadamente. Y quedó ahí inédito, entre las páginas del libro de Horacio… Por primera vez, no encuentro más pregunta que hacerle.

Leonora Sansay: el encanto de Nueva York

En EE. UU. (Nueva York), Miranda conoció a Leonora Sansay, una mujer vinculada a los círculos literarios y sociales de la época.

—Imaginemos que usted encuentra a Leonora Sansay durante una velada en Nueva York. ¿Qué le diría?

—En nuestra escena ficticia, comenzaría preguntándole qué pensaba de una sociedad que acababa de desafiar a un imperio y, sin embargo, seguía debatiéndose entre la libertad proclamada y las desigualdades reales propias de la esclavitud.

—Señor Miranda—, replica Leonora, quien aparece como sombra: “¿Es usted capaz de hablar de algo que no sea la revolución?”.

—Si usted me ofrece un tema más interesante, prometo intentarlo.

Hay otra mujer que aparece en las biografías de la trepidante vida sentimental de Francisco de Miranda: la marquesa Delphine de Custine. Una mujer de la aristocracia francesa. El París que conoció Miranda era un mundo de literatura, política y cambios sociales. Con la marquesa Delphine de Custine tuvo una de sus relaciones amorosas más intensas. Me atrevo a hacerle una pregunta como si fuese ella quién lo aborda, para sacarle una reflexión o, si acaso, una sonrisa.

—Mi general, imagino a Delphine preguntándole con desafío y seducción a la vez: “¿Qué es más peligroso Mon Cher, una revolución que destruye un trono o una pasión que desordena la vida de un hombre?

Entre delirio y lucidez, de pie y colocando su mano en el cinto, simulando sujetar su espada responde:

—La revolución puede derribar un gobierno; la pasión puede hacerle olvidar por qué se quiso derribarlo.

—Entonces, ¿usted le teme al amor?

—Temo más bien a la vanidad, a la insolencia de creer que puedo gobernarlo todo: los ejércitos, las ideas, las circunstancias y también mis propios sentimientos.

—General, ¡ha confesado usted!

—No, Orlando, he desnudado solo lo que esconde un vacío: mi verdad…

Venezuela: el regreso del viajero y las mujeres de su memoria

Me inclino hacia Miranda. La conversación ha recorrido Rusia, Suecia, Londres, Nueva York y París. Ahora quiero devolver al Precursor a la tierra donde nació.

—General, después de tantas mujeres europeas y americanas, ¿qué habría sentido por una mujer venezolana? ¿Habría cambiado su manera de amar después de tantos años fuera?

—Caracas no era ya la ciudad que abandoné en 1771, siendo apenas un imberbe de 21 años. El hombre que regresó en 1810, ya anciano [60] había recorrido tres continentes, participado en revoluciones y conocido sociedades muy diferentes. Pero no voy a inventarle una amante caraqueña y atribuirle una historia que no ocurrió. Mi novia, mi amor de siempre, mi gran mujer, fue Venezuela.

— General, después de Catalina, Cristina, Sarah, Leonora, Delphine y nuestra caraqueña imaginaria, quisiera hacerle una última pregunta: ¿fue feliz?

—Fui un hombre de mi siglo, Orlando. Mis diarios muestran una vida variopinta. Más de 60 volúmenes y manuscritos en Colombeia, donde puede leer mi vida entera, incluso la sentimental. Sería un error mezclar la guerra y el amor. Dos pasiones iguales como virtud, muy diferentes como destino.

—Pero igual le digo, Viera y Blanco (en un gesto sube su ceja), como cantó un poeta de su tiempo, Maelo, el incomprendido: “Juraré que cuando muera, aun así con mis presagios, tendré su nombre a flor de labios, y moriré”.

Maleo, pero ¿cómo le conoce? —¿Qué nombre tendría en sus labios Miranda antes de morir?

—No se sorprenda, Orlando. Yo también he viajado en los tiempos…

El Precursor deja de soñar y se convierte en un hombre de corazón partido y apagado. Antes de marcharse le arranco otra confesión:

—Mi mujer imposible fue Venezuela, comenta con tono triste, pero firme.

Faltó preguntarle qué les diría a los hombres [o mujeres] de hoy quieren enamorar a Venezuela. Seguro hubiese respondido que la amen sin locuras, porque el amor por la patria, por su libertad y felicidad, vale la pena la razón y vida, que convierte morir por ella en un acto noble y justo, Al recostarse veo sus ojos avellana entreabiertos, con luz fugaz de su alma que agoniza. Antes de cerrarlos para siempre, murmura:

—Viera y Blanco, acérquese por favor.

 Y con voz ronca y suave me dice:

— Escribió Garcilaso en su Soneto, “cuanto tengo confieso yo deberos, por vos nací, por vos tengo la vida, por vos he de morir, y por vos muero, Venezuela…”.

Y así murió Miranda, súbita, solitaria y fugazmente. Teniendo a Venezuela a flor de labios a pesar de sus presagios; con su gesto, con su huella y con su poesía escrita en el alma, como lo juró el incomprendido, citando a Garcilaso.

@ovierablanco – vierablanco@gmail.com | Abogado / Exembajador en Canadá.

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