Entre los calendarios políticos de Venezuela, abril no es un mes: es un campo de batalla simbólico. Cada año regresa cargado de fechas que no solo se recuerdan, sino que se disputan, se reinterpretan y, sobre todo, se utilizan. Como si la historia no termina de resolverse, abril aparece una y otra vez como ese espacio donde el pasado se rehace a conveniencia del presente. No es casual. Tampoco es inocente.
Hay meses que pasan y hay meses que se quedan. Abril, en la historia venezolana, es de los segundos. Y quizá por eso la pregunta —tomando prestada la inquietud de Joaquín Sabina— no es quién nos ha robado abril, sino quién lo ha ido llenando, año tras año, de significados que no terminan de asentarse o, peor aun, que se superponen hasta volverse irreconocibles.
El punto de partida inevitable es el 19 de abril de 1810. No tanto por lo que ocurrió, sino por lo que se ha dicho que ocurrió. Durante décadas, ese día ha sido presentado como el momento fundacional de la nación venezolana, el instante inaugural de una voluntad colectiva orientada hacia la independencia. Sin embargo, como bien ha demostrado la historiografía contemporánea —particularmente los trabajos de Carole Leal Curiel—, aquella jornada fue menos un acto de ruptura nacional que una maniobra política local, inscrita en la crisis de la monarquía hispánica tras la invasión napoleónica. Caracas, no Venezuela. Junta, no independencia. Negociación, no unanimidad.
Pero la historia no se limita a lo que fue. También es lo que se recuerda, y en ese terreno el 19 de abril ha sido transformado en una pieza central de la llamada “conciencia histórica nacional”, esa narrativa que necesita fechas claras, gestos heroicos y orígenes definidos. El problema es que, en ese proceso, se borran matices, se simplifican conflictos y se proyecta hacia el pasado una idea de nación que, para 1810, estaba lejos de existir.
Esa operación —la de convertir un episodio complejo en un símbolo unívoco— no terminó en el siglo XIX. Por el contrario, se ha repetido, con otras formas, en la historia contemporánea. Y, nuevamente, abril aparece como escenario privilegiado.
El 11 de abril de 2002 es, quizá, uno de los ejemplos más evidentes de esta disputa. Para unos, un intento de restauración democrática; para otros, un golpe de Estado. En medio, una secuencia de hechos todavía debatidos, en la que las certezas absolutas suelen decir más del presente político que del pasado que pretenden describir. Lo mismo ocurre con el 12 y el 13 de abril, fechas que condensan la fragilidad del poder, la velocidad de los acontecimientos y la capacidad de los actores políticos para reconfigurar el relato casi en tiempo real. En cuestión de horas, lo que parecía definitivo se volvió transitorio, y lo que se presentó como cierre terminó siendo apenas un episodio más en una crisis prolongada.
A partir de entonces, abril dejó de ser solo un mes de conmemoración para convertirse en un mes de advertencia. Cada aniversario reactiva interpretaciones, reabre heridas y reordena posiciones. No se trata únicamente de recordar, sino de fijar sentido. Y, en ese ejercicio, la política venezolana ha demostrado una notable habilidad para convertir la efeméride en argumento.
El ciclo se repite en 2014, cuando nuevas protestas sacuden al país y vuelven a inscribir el mes de abril en la lógica del conflicto. Ya no se trata de una fecha específica, sino de un clima, de una atmósfera en la que la movilización, la represión y la incertidumbre se entrelazan, reforzando la idea de que abril es, de algún modo, un tiempo propicio para la ruptura, como si el calendario ofreciera una legitimidad implícita para la acción política.
Pero esa acumulación de significados tiene un costo. A medida que se cargan más eventos sobre el mismo mes, el sentido se fragmenta. Las fechas dejan de explicar y comienzan a saturar. Lo que antes funcionaba como punto de referencia se convierte en un espacio de disputa permanente, donde cada actor selecciona, enfatiza o silencia según convenga.
En ese contexto, abril ya no es solo memoria: es herramienta. Se invoca para legitimar, denunciar y movilizar. Se convierte en un recurso político que permite conectar el presente con un pasado cuidadosamente editado. Y allí es donde la reflexión histórica se vuelve indispensable, no para despojar las fechas de su significado, sino para devolverles su complejidad.
Porque, si algo muestra la trayectoria de abril en la historia venezolana, es la persistencia de una tensión no resuelta entre mito y política, entre la necesidad de construir relatos cohesionadores y la realidad de procesos fragmentados, contradictorios y, muchas veces, inconclusos.
Volver sobre el 19 de abril de 1810 —y ponerlo en diálogo con los abriles de 2002, 2014 y los que han seguido— no es un ejercicio de erudición, sino una forma de interrogar el presente, de preguntarnos hasta qué punto seguimos atrapados en una manera de entender la historia que privilegia los gestos fundacionales sobre los procesos, las fechas sobre las dinámicas y los símbolos sobre las estructuras.
Quizá el problema no es que abril esté lleno de historia, sino que seguimos usándolo para evitarla, para simplificar lo que exige ser comprendido en su complejidad, para repetir, año tras año, una narrativa que tranquiliza, pero que explica poco.
Y así, otro abril se va. Uno más en una larga secuencia de abriles cargados de significado, de interpretaciones cruzadas, de memorias en disputa. No sabemos si alguien nos lo ha robado. Tal vez, más bien, lo hemos ido perdiendo en el intento de convertirlo en algo que nunca terminó de ser: un origen claro, una ruptura definitiva, una respuesta.
@NixonDominguez | Historiador – Universidad de Los Andes / Magister en Gestión de Gobierno. Universidad Autónoma de Chile. / Instagram: Nixonjds
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Apenas días después de recibir al encargado de negocios de Estados Unidos, John Barrett y al presidente de Colombia, Gustavo Petro en Miraflores, la presidenta encargada Delcy Rodríguez llevó a cabo este pasado domingo 26 de abril su segundo viaje internacional, esta vez a la isla de Barbados.
Fue su segundo viaje fuera de Venezuela en menos de un mes, luego que el 9 de abril volara hacia la isla de Granada.
Como de costumbre y sin promocionarlo, Rodríguez llegó repentinamente al aeropuerto internacional Grantley Adams de Barbados.
Imágenes de Venezolana de Televisión (VTV), mostraron a la presidenta avalada por el mandatario estadounidense, Donald Trump, siendo recibida con honores de parte de las autoridades que forman parte de la Commonwealth.
La presidenta encargada Delcy Rodríguez, arribó este lunes a Barbados con el objetivo de profundizar la agenda de cooperación bilateral y consolidar los lazos de hermandad en el Caribe.
Durante su llegada, la alta funcionaria destacó que esta visita busca estrechar la… pic.twitter.com/vToebTdutS
De acuerdo al canal público, la mandataria interina fue a cumplir con una agenda de trabajo estratégica, en medio de “expectativas de cooperación y desarrollo”.
Ambos viajes sucedieron luego que el gobierno de los Estados Unidos le levantara las sanciones a Rodríguez.
A raíz de las constantes alabanzas que recibe de parte de Trump, se ha especulado con una visita de la exvicepresidenta a Estados Unidos.
Rodríguez reemplazó a Nicolás Maduro, quien fue capturado por fuerzas armadas estadounidenses junto a su esposa Cilia Flores y enfrenta un juicio en Nueva York por cargos de narcotrafico, terrorismo y posesión de armas.
Pese a que la Constitución dice que después de 90 días si hay falta absoluta del presidente deben convocarse elecciones en un periodo de un mes o al menos la Asamblea Nacional aprobar una prórroga de 180 días más, Rodríguez se mantiene en el cargo.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país
La encuesta “Verdad Venezuela” hecha por Meganálisis entre el 24 y el 31 de marzo de 2026 encontró que 94,5% de los entrevistados considera insuficiente un aumento de salario mínimo entre 100 y 200 dólares, ya que no cubriría las necesidades mínimas de los trabajadores.
Un total de 1007 personas en Distrito Capital y los 23 estados del país fueron entrevistadas telefónicamente para conocer en la actualidad, “la opinión, percepción y sentir de los venezolanos”, afirmó la encuestadora.
El tema del salario mínimo continúa en el foco central del debate en el país, pues la exigencia de un aumento ha sido el principal motor de las más recientes protestas llevadas a cabo en todo el territorio nacional.
La expectativa crece de cara al 1 de mayo. En esa fecha, de acuerdo a lo anunciado hace un par de semanas por la gobernante encargada con aval de EE.UU. Delcy Rodríguez, se anunciaría un aumento de salario “sostenible y responsable”.
Diferentes gremios han insistido en que el aumento sea efectivamente de salario y no de bonificaciones que no tienen incidencia en beneficios laborales como vacaciones, prestaciones sociales y utilidades.
El salario mínimo en Venezuela se mantiene congelado en 130 bolívares desde el 15 de marzo de 2022. A fecha de abril de 2026, son más de 4 años sin incrementos en el salario base legal. Debido a la devaluación y la inflación, este monto equivale a menos de 0,30 dólares mensuales (menos de 30 centavos de dólar) al tipo de cambio oficial del BCV.
Apagones, testaferros, consejos comunales y más
La encuesta de Meganálisis abordó otros temas preocupantes para los ciudadanos, como la crisis eléctrica que se ha agudizado durante 2026.
A los encuestados se les preguntó si en los últimos 15 días se les había ido la luz al menos una vez, y 93,6% de ellos dijeron que sí. A juicio de Meganálisis, esto sugiere “una incidencia crítica en la falla del suministro eléctrico durante el cierre del primer trimestre” que afecta la operatividad y calidad de vida en al menos 9 de cada 10 hogares.
Otra pregunta peculiar incluida fue si los entrevistados habían escuchado que en sus estados o municipios existían empresarios y comerciantes que, presuntamente, “son testaferros de chavistas o de funcionarios públicos del Estado”. 73,7% respondió afirmativamente.
Meganálisis destaca en este aspecto que “existe un alto nivel de mención y señalamiento sobre actores empresariales locales vinculados a estructuras de ‘testaferratos’ regionales, a su vez relacionados con el chavismo y figuras de alto perfil. Interpretan que esto se traduce en “ecosistema de negocios que está bajo el constante escrutinio público”, así como también que los “testaferratos” a nivel de regiones “son un secreto a voces en Venezuela“.
Por otra parte, 88,7% de las personas que respondieron a la encuesta apoya la eliminación de los consejos comunales. Meganálisis resalta este “apoyo mayoritario a la disolución” de las estructuras de estas formas de organización popular “los cuales son percibidos como entes corruptos y fuentes de abusos”.
La encuesta encontró asimismo que 48,3% de los venezolanos considera que el ministro de la Defensa del país debe ser un oficial retirado de la misma FANB. Esta preferencia, considera la encuestadora, indicaría que los civiles técnicos o militares activos “son muy mal vistos” por los ciudadanos.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
En la edición XXXIX del Congreso Nacional de Obstetricia y Ginecología realizado entre el 15 y el 18 de abril en el Hotel Hesperia World Trade Center, en la ciudad de Valencia, se anunció la inauguración en Caracas del primer centro de simulación dedicado al entrenamiento de gineco-obstetras en Venezuela.
El secretario de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Venezuela (SOGV), Daniel Márquez, informó que este es el primer centro de simulación dedicado al entrenamiento de gineco-obstetras, un proyecto que marca un cambio en la manera de educar a los especialistas.
“El entrenamiento en simulación acorta la curva de formación y permite repetir los procedimientos hasta lograr excelencia, lo que se traduce en mayor seguridad para la madre y el feto”, explicó Márquez.
El proyecto incluye entrenamiento con maniquíes y tecnología de última generación, con apoyo de la industria y organismos internacionales como el UNFPA y la Organización Panamericana de la Salud.
Por su parte, Armando Briceño, vicepresidente de la SOGV resaltó los avances en terapia fetal intrauterina, con más de 28 casos operados gratuitamente en Venezuela.
“Queremos que nuestros médicos aprendan con simuladores y no con pacientes, optimizando la enseñanza y reduciendo riesgos. Hoy día ya no hay curvas de aprendizaje: la tecnología permite entrenar con miles de patologías sin necesidad de practicar en pacientes”, afirmó.
Fiesta académica de nivel
El presidente de la SOGV, Juan Andrés Pérez Wulf, destacó que el congreso constituye “el evento académico más importante que reúne la especialidad de la ginecología y obstetricia en Venezuela”. El programa incluyó 13 precongresos, 18 simposios, cinco conferencias magistrales, 12 profesores internacionales y 107 conferencistas nacionales.
“Buscamos elevar los estándares académicos comprometidos con la formación del médico venezolano, lo que redundará en la calidad de atención a la mujer venezolana”, afirmó Pérez Wulf.
La edición número 39 del congreso reunió a más de 1.822 participantes entre especialistas, subespecialistas, residentes y estudiantes de medicina.
Compromiso con la mujer
Los voceros coincidieron en que el congreso no solo es un espacio de actualización científica, sino también un compromiso con la salud de la mujer venezolana. “Somos una institución académica al servicio de la educación y de la mujer”, enfatizó Pérez Wulf.
La edición XXXIX del Congreso Nacional de Obstetricia y Ginecología reafirma el liderazgo de la SOGV en la formación médica y en la construcción de alianzas nacionales e internacionales para fortalecer la atención en salud materna en Venezuela.
El Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) difundió cinco exigencias dirigidas a la presidenta encargada con el aval de los Estados Unidos, Delcy Rodríguez, tras el anuncio de la creación de la Comisión para la Gran Consulta Nacional sobre la Reforma de la Justicia Penal.
A través de su cuenta en X, Provea señaló que durante los 25 años de gestión de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el Sistema de Administración de Justicia (SAJ) fue definitivamente “demolido” y sostuvo que es necesario “construir y consolidar un SAJ que responda a las obligaciones constitucionales y a las demandas ciudadanas”.
Provea recordó que, históricamente el SAJ venezolano ha funcionado como instrumento de discriminación basada en género y condición socio-económica, burocracia, corrupción y estigmatización contra los sectores en mayor situación de vulnerabilidad política, económica y social.
Según Provea, la situación actual no es distinta. Para la organización, el copamiento institucional, la erosión del Estado de derecho y la criminalización de la crítica política han permitido la instrumentalización del SAJ para perseguir a la disidencia y desatender a los usuarios del sistema.
“Hoy, las violaciones al debido proceso, que se expresan en la inconstitucional inadmisión de los recursos de Habeas Corpus, las desapariciones forzadas masivas, la negativa al derecho de designar abogados de confianza, el empleo excesivo de los castigos penales, el retardo procesal, entre otros abusos, demuestran que el SAJ sigue siendo el principal instrumento de control social de quienes gobiernan”, indicó Provea.
Los planteamientos al gobierno encargado
Provea señaló que los anuncios de Delcy Rodríguez deberían ir acompañados de una selección transparente, amplia y apegada a la Constitución, situación que no ocurrió en la designación de los titulares de la Defensoría del Pueblo y Fiscalía General de la República.
La Organización advirtió que un proceso tan complejo y trascendental como la reforma judicial, no bastará con el cambio de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).
La ONG destacó que una reforma verdaderamente integral y genuina debe incluir el fortalecimiento de las capacidades institucionales del Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo, para que ejerzan efectivamente, sus obligaciones legales y constitucionales, en defensa de los derechos ciudadanos.
Provea calificó como “preocupante” que la reforma judicial anunciada esté orientada únicamente a satisfacer la agenda del tutelaje transnacional, y que se deje de lado la necesaria participación de los actores sociales y políticos del país como la academia.
Finalmente, la ONG consideró que es necesario cesar la instrumentalización del sistema de justicia para restringir las libertades fundamentales.
Expresamos algunas reflexiones sobre la creación de la Comisión para la Gran Consulta Nacional sobre Reforma de Justicia Penal, anunciada por la Presidenta (E) @delcyrodriguezv.
– Construir y consolidar un Sistema de Administración de Justicia (SAJ), que responda a las… pic.twitter.com/hVniFcIk5I
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
El Banco Central de Venezuela (BCV) publicó los datos del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) correspondientes a marzo de 2026. Los documentos oficiales reportan una tasa de inflación en bolívares del 13,1%. Esta cifra confirma una desaceleración en comparación con los meses previos, cuando la institución registró un 32,6% en enero y un 14,6% en febrero.
Diversos sectores impulsaron el incremento del 13,1% durante el tercer mes del año. El rubro de transporte encabezó las subidas con un 15,6%, seguido por los servicios de vivienda (excepto teléfono) con un 15,0% y esparcimiento y cultura con un 14,5%.
A pesar de la ralentización mensual, el economista Asdrúbal Oliveros califica la situación actual como “muy grave”. Oliveros destaca que la inflación anualizada de los últimos 12 meses ya alcanza el 650%, mientras que el acumulado del primer trimestre escala hasta el 72%.
“La tasa anual nos pone en un escenario de hiperinflación”, advierte Oliveros, por lo que urgió a las autoridades a presentar un plan económico perentorio que reduzca la inflación con rapidez, tras recordar que “el principal enemigo de la política salarial, de la recuperación del consumo, de la capacidad de crecimiento de las empresas, es en este momento esta elevada inflación”.
Optimismo del BCV: “Existen razones para pensar que a la economía le va a ir bien”
Frente a la advertencia de Oliveros, el presidente encargado del Banco Central de Venezuela (BCV), Luis Alberto Pérez González, proyecta un panorama de recuperación y control inflacionario. Durante un encuentro con el sector financiero este 24 de abril de 2026, el titular del ente emisor defendió la solidez de la economía nacional y anunció una nueva etapa de estabilidad.
“Existen razones para pensar que a la economía nacional le va a ir bien en los próximos trimestres y que la inflación va a descender”, puntualizó Pérez González ante representantes de la banca pública y privada, según una nota de prensa publicada por el BCV.
Expansión económica y confianza en el Bolívar
Pérez González basó su optimismo en cifras preliminares que muestran un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) durante el primer trimestre de 2026. Con este resultado, indicó, la fase de recuperación acumula ya 20 trimestres consecutivos de expansión.
En materia cambiaria, el funcionario destacó que una intervención más activa del BCV logró reducir la brecha entre el tipo de cambio oficial y el no oficial al 29%. “Es el momento de empezar a pensar en instrumentos que faciliten que las personas naturales y jurídicas sigan aumentando sus preferencias por mantener el uso del bolívar”, señaló.
Reapertura internacional y el impulso al crédito
El BCV confirmó la reactivación de nexos con organismos multilaterales y bancos corresponsales. “Ya hay un gobernador y un gobernador alterno de Venezuela ante el FMI”, precisó Pérez González, señalando también un acercamiento con la Reserva Federal de Estados Unidos.
Para sostener ese crecimiento, el BCV apuesta por un aumento en el financiamiento bancario. El funcionario resaltó que el sector financiero venezolano está “sano y plenamente auditable”, y subrayó la necesidad de inyectar recursos a la economía real.
Transparencia y auditoría externa
Ante el debate sobre la veracidad de los datos, el presidente del BCV defendió la rigurosidad de su Gerencia de Estadísticas Económicas y anunció la supervisión de los recursos de la República por parte de firmas auditoras internacionales.
“Que los recursos de la República estén auditados por consultores externos nos da tranquilidad. El país debe tener la plena confianza de que los recursos están pasando por donde tienen que pasar y llegando a donde tienen que llegar”, acotó.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
En reciente entrevista acerca de mi precedente columna ¿Cómo y porqué se acabó la república?, expresé a mi consecuente amigo César Miguel Rondón que la reconstrucción solo podrá darse a partir del afecto. Habrá de cesar, primero y otra vez, la saña cainita que nos anegara desde la caída de la Primera República en 1812; esa que José Antonio Páez quiso resolver, sin alcanzarlo, a partir de 1830; que fue el empeño vital de Rómulo Betancourt a partir de 1959, compartido con los otros parteros de nuestra democracia civil, Rafael Caldera y Jóvito Villalba.
Treinta años más tarde, al hacerse generosos los odios incubados en el seno de los partidos, alimentados por los editores y sus asociaciones financieras en una hora de quiebre epocal en Occidente y de suyo en Venezuela, y de fractura progresiva en el estamento militar, la república hizo aguas.
En la actualidad, disuelta o desmaterializada esta y pulverizada la nación, por hecha diáspora hacia afuera y hacia adentro, solo resta sobre el territorio de Venezuela una simulación vana y envanecida de Estado irreal, al mando de mercenarios de la política y de sus visibles formas de represión. Mas a la par avanza una fuerza volcánica real e invisible por espiritual, llamada libertad.
El título de estas apuntaciones busca darle perfiles y razones, por vía de efectos y en relectura, a la tesis del afecto –affectio societatis, expresión de Ulpiano que apunta a lo psicológico de la fraternidad humana– como voluntad de asociación; de permanencia junto a otros; y de colaboración igualitaria entre todos, en un marco de mutua confianza. Pero he aquí lo central, sin mengua del válido ritornelo que reclama el urgente avance de Venezuela hacia unas elecciones que le permitan clausurar su largo ciclo de oprobio.
En ese orden, tratándose del afecto como la vía necesaria para la reconstrucción de la paz y como su meta, y siendo el afecto algo que reclama de la concordia o el acuerdo desde y entre los corazones, según la clásica fórmula agustiniana; que se siente y no se ve; que tampoco se palpa a través de los sentidos sino que se vuelve disposición de ánimo sincero; solo cabe traducirlo bajo la fórmula de la nación esperada por todos los venezolanos y de una comprensión por aquella acerca de la democracia genuina, que no es estatutaria, tampoco constitucional, y sí constituyente.
En pocas palabras, habrá república democrática en Venezuela –salvo que otra vez decidamos regresar a los siglos XIX y XX– si la nación, como experiencia liminar de lo humano y de lo político, asume a la democracia como cultura, como forma de vida y estado del espíritu. No por azar, desde Oslo, recién, el Comité del Nobel de la Paz nos recordaba que “en el núcleo de la lucha por la democracia brilla una simple verdad: la democracia es más que una forma de gobierno. Es también la base para una paz duradera”.
En ese orden, con afinada perspicacia, el historiador y sociólogo francés Pierre Rosanvallón (Les institutions invisibles, 2024) apunta a lo indispensable, a lo que precede y desborda a las formas constitucionales. Sugiere superar a la democracia de representación y a la engañosa participación democrática, al objeto de «democratizar a la democracia» a través de la deliberación.
El voto, hasta ayer reducido a una cuestión de mayorías, de resolución entre opiniones concurrentes que selecciona a una, ya mineralizada desde las emociones, luego la erige como voluntad general engañosa y aplastante de las minoritarias. En una democracia verdadera, afirma el escritor galo, ha de hacérsele lugar a una exigencia de fuerte argumentación para que los puntos de vista no sean expresiones banales, productos de la circunstancia o de la fútil lucha por el poder entre amigos y enemigos. Es el contexto apropiado y pertinente el de la deliberación, en suma, dentro del que pueden florecer las solideces de una nación en vías de afirmarse como tal; antes de transformarse en república para garantizarse su libertad. Y esas son, exactamente, las que en propiedad hemos de identificar como las «instituciones invisibles», la de la confianza, la de la autoridad moral que guía y no impone o es refractaria, y la de la legitimidad, distinta de la legalidad y de sus sacramentos parlamentarios o judiciales.
Nuestras huellas, extraviadas
La historia patria, dicotómica, escrita y reescrita tras la deriva secular bolivariana y su molde dogmático, que buscó siempre sujetar al pueblo por desvalido y así justificar su permanente tutela sobre él, pretiriéndole, juzgándole de impreparado para el bien de la libertad, hizo sistemática la elipse viciosa del devenir venezolano. Es la que interpela y reclama de su cambio radical.
De allí que, habiéndose modernizado las generaciones sucesivas a 1958; dándose Venezuela casi 200 casas de educación superior hasta 1998 frente a las 5 existentes para aquel entonces; superada la expectativa de vida de 51,4 años hasta frisar los 74 años el conjunto de los venezolanos, en 1999; quedando atrás el país mal comunicado en el que los políticos de la provincia se conocían en los salones de los hoteles de la capital a inicios del siglo XX, la nación, incluso así, territorialmente integrada –la cruzan 95.529 km de carreteras y autopistas al término del mismo siglo– no lograba encontrarse ella misma.
Las gentes dejaron sus casas para irse a las calles y no regresar, entre 1989 y 1998, para al cabo reincidir en la hipoteca o el lastre fatal que nos describe Mariano Picón Salas en su Comprensión de Venezuela (1948): “En horas de prueba o desaliento colectivo se oponía al cuadro triste de lo contemporáneo, el estímulo y esperanza que se deducía del pasado heroico e idealizado”. El mesianismo, el hombre a caballo, volvió por sus fueros bajo el clamor de las mayorías, al apenas iniciarse, como paradoja, el siglo de las grandes revoluciones tecnológicas, la digital y la de la inteligencia artificial.
Y es que la nación que hemos pretendido ser y que todavía vive en escorzo sostenido, optó por medrar como extensión de los cuarteles y los uniformes de campaña; o aceptó ser público de galería, materia prima para la explotación dentro de un cosmos de partidos vueltos franquicia y al detal, practicantes del narcisismo político. ¡Es como si la nación misma, como ser y como causa del quehacer cotidiano no se hubiese querido reconocerse a sí, manteniéndose irresponsable, salvo para verse como la hija adulterina de una república constitucionalmente autoritaria!
Filósofos de fuste como Ernesto Mayz Vallenilla (†), ya en 1955 observaban a la nación nuestra como inacabada, justamente por atada a una cultura de presente. Ha sido adánica y también resiliente, pero resiliente sobre su vicio antropológico, contaminada con el mito de Sísifo: ¡Como vaya viniendo iremos viendo!
Pues bien, años atrás, en forma de tapices escribí un texto (La mano de Dios: huellas de la Venezuela extraviada, 2020) para recoger la experiencia de lo nacional venezolano desde el instante de nuestro descubrimiento hasta la hora de la emancipación, la del segundo 19 de abril, el de 1810: justamente por ser la parte que de ordinario se rezaga en la enseñanza pública, tras una breve y rápida mención de la legendaria hazaña que conduce el Almirante de las carabelas.
Al igual que las demás naciones americanas, la nuestra construyó su memoria con imágenes preelaboradas o sucesivas a los hechos para reescribirlos. Tanto que en la hora de la deconstrucción que nos llega como tsunami una vez como cesa la Cortina de Hierro, como al resto de los hispanoamericanos a nosotros nos bastó derrumbar la estatuaria colombina, bajar las cruces de las iglesias, o exhumar los cadáveres de los líderes históricos para reiniciarnos, enterrando por enésima vez a nuestro ser germinal. No nos fue necesaria la quema de libros, en una hoguera pública.
Es revelador de lo que se buscó ocultar durante casi dos centurias, aquello que don Andrés Bello, ícono de nuestra civilidad, describe en su Manual del forastero, editado en Caracas por Gallager & Lamb en 1810. Saludaba los avances institucionales alcanzados por los venezolanos a lo largo del período colonial y por un hecho que celebraba, a saber, el malogramiento de las minas. Lo estimó de propicio para “la regeneración civil” y el olvido por siempre del mito de El Dorado, incubado durante la conquista.
La perspectiva del Padre Libertador, constante en el Manifiesto de Cartagena (1812), palabras más, palabras menos, nada bueno quiso ni intentó sacar de nuestro pretérito como lo hacía su preceptor de historia, el maestro Bello. Ante su presencia y tras él, como lo creyó, solo hay diluvio y oprobio.
Si se revisan de conjunto esos dos grandes períodos históricos –el anterior a la Emancipación y el posterior que se cierra con la Batalla de Carabobo– desde la perspectiva de la nación, en su forja como expresión cultural y en su proceso de mestizaje en avance, apagados en su significación, se podrán observar las distintas y antagónicas improntas que dominaran, a la par que explican y desnudan el curso de las realidades que ahora nos avergüenzan a los venezolanos. Así lo explico, con mayor detalle, en nuestro discurso de incorporación a la Academia de Mérida (La conciencia de nación: Reconstrucción de las raíces venezolanas, 2022).
Entre nuestro primer 19 de abril, el de 1749 y el parteaguas señalado, el pueblo venezolano, dado su acerado y raizal espíritu liberal, insurgió contra el férreo monopolio de la Compañía Guipuzcoana, conducido por el canario Juan Francisco de León. Y no se diga que apenas se trató de un choque de intereses entre los comerciantes locales y los vascos, a quienes la Corona española les concesiona la gestión de nuestras exportaciones e importaciones. ¿Ocurrirá otro tanto ahora, con las guipuzcoanas del petróleo? No lo sabemos, pero importa el precedente.
Antes y en plena conquista, fray Antonio Caulin, autor de una obra seminal sobre nuestro acontecer (Historia corográfica, natural y evangélica de la Nueva Andalucía, 1779), daba cuenta de la razón expuesta por nuestros primeros habitantes u originarios para justificar su espíritu nómade, léase libertario. A los niños y jóvenes indígenas se les dejaba tomar, solos, el camino de la selva salvaje. Como lo creían, les aseguraba su libertad y conservaba la esencia de la vida natural, refiere la crónica.
Libertad, localidad o arraigo, cristiandad “como expresión genuina de ideas” ajenas a la política que se vuelve “combinación de intereses materiales”, son los ejes de nuestra identidad extraviada. Forman la piedra angular de la nación en cierne y en permanente elaboración que somos los venezolanos. De donde, no se podía menos, para ser consistentes con la prédica del maestro Bello, que proveernos tal como lo hicimos, en 1811, de un modelo constitucional de limitación y desconcentración del poder, y de mecanismos de control que los orientasen hacia una finalidad común, la protección y garantía de los derechos del hombre y el ciudadano.
Esa es la esencia de nuestros momentos emancipatorios hasta la declaración de nuestra Independencia y la sanción de la Constitución Federal para los Estados de Venezuela; tanto como fue la esencia de La Pepa, de la Constitución de la monarquía española que limitó constitucionalmente al rey en 1812 e hizo reposar la soberanía en la nación, en idéntica línea a lo sostenido desde Caracas por la Junta Conservadora de 1810. Y por liberal, justamente, fue esa la Constitución, la gaditana, que invoca en su favor y para su defensa el Precursor Francisco de Mirada mientras se encontraba encarcelado en Puerto Rico con destino a La Carraca, donde fallece. He allí, en síntesis, el astrolabio, el nuestro, despreciado por los carujos de siempre, ocupas de la república, enfrentados a los Vargas, parteros de nación.
La fuerza regeneradora del afecto
La república de Venezuela primeriza se nos presentó, ciertamente, como federal y acaso se miró para ello en la experiencia norteamericana, o consideró al texto francés producto de la revolución de 1789 para la cuestión de los derechos del individuo y del ciudadano. Mas lo cierto es que nuestra primera carta magna –ninguna podía escapar en la época a esas perspectivas arquitectónicas– es claramente tributaria del liberalismo español. Los egresados de la universidad de Caracas, que ocupan sillas en nuestro primer congreso constituyente, además, eran discípulos del anti-Maquiavelo, de Giovanni Botero.
Viviendo nosotros bajo la férrea sujeción de una monarquía durante esos tres primeros siglos que quedaran anulados por la hazaña y las guerras de Independencia, en el duro siglo XVI nuestros intelectuales se nutren con la obra De la razón de Estado (Burgos, 1599) traducida por el Cronista Mayor de las Indias, Herrera y Tordesillas. Su premisa ética se reduce a la defensa del bien de la libertad, a cuya causa han de servir todos los gobiernos.
“Es causa también de la pérdida de los Estados, intrínsecamente, la crueldad con los súbditos, la sensualidad de la carne, que mancha la honra, especialmente de los hombres nobles y generosos; porque esto echó de Roma a los Reyes, y a los decenviros, metió en España a los moros, echó de Sicilia a los franceses”, escribe Botero, jesuita y diplomático italiano (1544-1617). Luego afirma, como predicado, el aprendido por nuestros padres fundadores de levita, los de 1811: “El amor de la libertad es tan vehemente, y tiene tantas raíces en los ánimos de los que la han gozado algún tiempo, que es dificultosa de vencer e imposible de extirpar”.
“Trescientos años de calma, ¿no bastan?” será, no obstante, la respuesta y la sentencia del Padre Libertador, con la que condena a sus propios ancestros; esa misma que nos deja a la vera al conjunto de los venezolanos, como expósitos, en la mal llamada hora de libertad. Y pasada la tormenta de la guerra fratricida por la independencia, se nos abandona ante la puerta de una patria por hacer, independientes, pero no libres. En pleno siglo XXI hemos dejado de ser independientes los venezolanos, pero, extrañamente y enhorabuena, como si la razón hubiese despertado de su bicentenario letargo y en un cuerpo con vida vegetativa, nos moviliza a los venezolanos, tozudamente, por instinto, la conquista de la libertad. Y volvamos atrás, a riesgo de repetirnos.
Siendo nuestros pueblos originarios nómades, las misiones de evangelización se ocupan, para ese fin, de darnos asiento o localidad con los llamados pueblos de doctrina, que emergen en paralelo al nacimiento de nuestras primeras ciudades. Quedan fijas, así, tres huellas de nacimiento que nos acompañaran: libres de espíritu y talante; arraigados; culturalmente cristianos, con una identidad que no mengua ni bajo dictaduras ni en tiempos de dictablanda. Se mantiene invisible, sí, pero es real como lo son el viento y el oxígeno. Es la que alimenta a nuestra cultura genuinamente democrática, por ser esta, para nosotros, finalmente y ocurrido el traspié del 28 de julio, algo que, efectivamente, desborda a lo electoral. No se agota en las urnas.
Nos bastará insistir sobre nuestras huellas como nación, eso sí, reasumiéndolas con orgullo, descubriéndolas en sus invisibilidades inherentes. La historia, escrita y reescrita, no ha logrado desnaturalizarlas. A contrapelo del marquesado de Casa León imperante, el de los hermanos Rodríguez, esas huellas extraviadas nos llevarán hacia esa otra etapa que se reclama y nos corresponde agenciar, la de nuestra democratización.
Siendo libertarios y localistas, tanto como de talante cristiano, los venezolanos hemos de apalancarnos sobre esa realidad también invisible del afecto integrador de lo social, que cierra distancias y amplia el horizonte de lo humano.
Ante el poder impotente, al que solo le resta el ruido de la amenaza y de los cañones de utilería como para hacerse escuchar, lo cierto es que la nación, atizada por el efecto de la diáspora, pasados casi cinco siglos, comienza a reconocerse en su institucionalidad invisible, constructora de lo duradero, del tiempo social. Se va haciendo de confianza, como la que se tiene y adquiere en el hogar y nos permite vivir y ser en y para el propio tiempo, confiados en el comportamiento de los otros, lejos de nuestros victimarios, y alcanzando certidumbres dentro de la incertidumbre de lo actual.
Es la vuelta a casa que tanto predica y simboliza María Corina Machado. Viene ejerciendo su auctoritas –distinta de la autoridad del poder o del poderoso que hace y deroga leyes a su arbitrio– trasfigurada como símbolo movilizador, moralizador, y ejemplarizante. Concita identificación, al servirle a una causa sin servirse. Actúa como fuerza de orientación; se sitúa más allá de las trincheras políticas y de los intereses o las divergencias de opinión; y alcanza su reconocimiento en la medida misma en que reúne a todos para que cada uno interiorice la idea del bien público. La sociedad se hace presente en cada individuo, sin que este deje de ser un individuo y una experiencia única e irrepetible.
Sin la interferencia de jueces ni de policías, Venezuela forja hoy su legitimidad como nación alrededor de una visión compartida y de futuro, única susceptible de normalizar las relaciones sociales y de pacificarnos como Tierra de Gracia. Es la forma típica, al cabo, de la experiencia democrática invisible. Su fuerza es más fuerte que la organización de una mayoría, pues goza de la virtud universal del afecto, a través de la deliberación cotidiana, sin prisa y sin pausa.
Sea lo que fuere, como petición de principio, desde lo personal y como lo hice constar en otra circunstancia (Venezuela, en la antesala de la historia, 2024), pienso que: “Refundar la nación, basada en los principios que constituyen la nacionalidad, inspirada en el testimonio de tantos hombres y mujeres que hicieron posible la Independencia, la tarea que nos concierne hoy y de cara al futuro es rehacer Venezuela, pero sin poner la mirada atrás con nostalgia. La herencia recibida nos permite seguir adelante y construir la Venezuela que la inmensa mayoría anhela y siente como tarea: donde predominen la justicia, la equidad, la fraternidad, la solidaridad, la unidad y la paz”.
Alicia Villamizar, bióloga y doctora en Desarrollo Sostenible, es una de las voces más calificadas y relevantes de Venezuela cuando de hablar de cambio climático se trata. Por eso, cuando se le pregunta al respecto, insiste en que este no puede ser visto como un asunto de clima, sino como un metaproblema. Es decir, “un conjunto de problemas que tienen sinergias entre todos” y que el clima ayuda a potenciar.
Ella, que ocupa el sillón XVII en la Academia de Ciencias Físicas, Matemática y Naturales (Acfiman), dijo durante la presentación del Segundo Reporte Académico de Cambio Climático (DRACC) 2025, en diciembre pasado, que “el análisis de los datos históricos indica que las actuales medidas de adaptación climática no ofrecen la protección que el país necesita ahora y en el futuro”.
Aquella declaración ocurrió pocas semanas después de que el entonces titular de Ecosocialismo, Ricardo Molina, afirmara durante el Tercer Diálogo Ministerial de Alto Nivel sobre Financiación Climática, en la COP30 en Brasil, que la gestión ambiental de Venezuela se vio mermada supuestamente por las sanciones económicas internacionales, las cuales comenzaron a aplicarse a finales de 2018.
Pero lo cierto es que en 26 años de gobierno, el chavismo no ha creado ninguna política o estrategia nacional contra el cambio climático. Tampoco existen planes de mitigación o adaptación climática ni un presupuesto dirigido al problema. Es más: ni siquiera hay un sistema que permita hacer un inventario de los Gases de Efecto Invernadero en el país, todos compromisos de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) a la que Venezuela se adhirió.
Ahora, en el mes de la Tierra, Villamizar destaca para Runrun.es que los cambios que debieron hacerse en Venezuela durante las últimas dos décadas para mitigar los efectos del cambio climático jamás se aplicaron, y que el Estado debe estar alerta ante los impactos que producirá la reactivación de la industria minera y de hidrocarburos.
A lo largo de esta entrevista, la miembro fundadora activa de la Cátedra Libre de Cambio Climático (UCV), de la Secretaría Académica de Cambio Climático (Acfiman) y Lead Author durante 20 años en el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC-WMO-UN), subraya las acciones que debería tomar el Estado y la importancia de que no se aumenten las emisiones de gases invernadero que disminuyeron en los últimos años debido a la crisis económica que atraviesa el país.
Aunque durante la conversación aclara que hay algunos temas sobre los cuales no es experta, opina también sobre el atraso de Venezuela en cuanto a políticas que diminuyan el uso del plástico, así como de los efectos del cambio climático en la salud.
“Lo que se puede contar, con evidencias, es que la falta de registros epidemiológicos históricos, de cifras actualizadas y de datos confiables, es lo que más impide tomar decisiones en términos de adaptación al cambio climático para proteger la salud de nosotros, de los venezolanos, comenta la profesora universitaria de la Universidad Simón Bolívar, cuyas contribuciones sobre cambio climático le han valido reconocimientos dentro y fuera del país.
¿Cuáles deberían ser las prioridades del Ministerio de Ecosocialismo en cuanto al cambio climático?
El ministerio de Ecosocialismo debe abordar el cambio climático como un conjunto de problemas, es decir, como un metaproblema que no es exclusivamente climático, sino que el funcionamiento del sistema climático influye en una cantidad de problemas que ya existen y que se agravan por efecto del clima.
¿Eso qué significa en términos de institucionalidad y gobernanza? Que requiere de un abordaje institucional, de los diferentes entes del gobierno (…) y eso hoy está muy por debajo de las exigencias que requiere la atención y la minimización de los problemas vinculados a cambio climático.
Hay que trabajar también en la gobernanza porque está muy mal concebida. Se cree que porque se convoca a dos o tres reuniones en donde la sociedad civil puede opinar, entonces, ya se tiene gobernanza. No, la gobernanza también tiene una institucionalidad, una estructura que puede movilizar y concretar lo que disponga la institución principal que, en este caso, es el ministerio de Ecosocialismo.
Y la otra prioridad es que el problema se vea con prospectiva de mediano y largo plazo. No se puede ver como si se fuese a solucionar ya. De hecho, estamos atrasados. Tenemos unas dos décadas de inacción porque hemos visto el problema como algo de resolución inmediata.
¿Qué riesgo representan las recién aprobadas leyes de Minas y de Hidrocarburos para Venezuela y la lucha contra el cambio climático?
Sin duda uno de los riesgos, desde el punto de vista ambiental, que comportan estas leyes recién aprobadas es el hecho de que la premura por dinamizar estas actividades va a subestimar o a no considerar las previsiones ambientales para que los impactos intrínsecos de este tipo de actividad sean los menores posibles (…) El esfuerzo debe estar orientado hacia la minimización y, si es posible, evitar los impactos asociados.
Pero ya que esto, poniendo los pies sobre la tierra, no va a ser posible, entonces el Ministerio de Ecosocialismo debería considerar todo el bagaje de normas, procedimientos e incluso leyes que existen que minimizan los impactos. Eso tiene que ver con la realización de estudios de impacto ambiental, diferentes diagnósticos ambientales, una planificación estratégica ambiental que considere que esta apertura puede requerir de unas decisiones de corto plazo que no necesariamente estarán acompañadas por un registro detallado de cuáles serían las emisiones vinculadas a una reactivación de la actividad minera y hidrocarburos del país, cuáles son aquellos sitios que no deberían ser alterados porque son sumideros de carbono y, por tanto, forman parte del equilibrio para minimizar la mitigación.
¿Qué medidas puede tomar el Estado hoy vinculadas a adaptación y mitigación del cambio climático?
Para la adaptación climática tiene que tener en cuenta que las medidas que se propongan van a emerger de la interacción entre el cambio climático per se –es decir, el efecto físico del cambio en el clima con las limitaciones, en términos biofísicos, de los sistemas naturales– y de los sistemas socioeconómicos. Entonces, la propuesta de adaptación y mitigación debe estar enmarcada dentro de las circunstancias-país.
Lo ideal sería que pudiéramos hacer los mayores esfuerzos para la mitigación, lo cual se reflejaría en un mínimo esfuerzo en adaptación, porque en la medida en que nosotros no mitigamos y no controlamos las emisiones o no las estabilizamos, entonces surge la necesidad de la adaptación (…) Si nosotros hubiésemos hecho la mitigación como debía ser desde el principio, los costos de adaptación climática que hoy son muy altos y muchos no son ni siquiera abordables, serían mínimos. El límite de la adaptación, que es lo que nosotros tenemos que realmente atender, ocurre porque no hay una posibilidad de evitar un riesgo que sea intolerable para la sostenibilidad ya sea socioeconómica o de los sistemas naturales.
En términos de mitigación, lo que tenemos que hacer en el país es no aumentar las emisiones. Todos los indicadores que nosotros hemos manejado han mostrado evidencias de que las emisiones han disminuido, no porque se hayan hecho acciones específicas en mitigación, sino porque las circunstancias-país, en términos del funcionamiento de las industrias, del aparato del sector automotor y de muchos otros sectores que son emisores per se, están prácticamente detenidos en cero. Eso se ha reflejado en la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Con la reactivación de la industria minera y de hidrocarburos tiene que haber un control de los procesos, de los impactos asociados a la actividad, que se minimicen de manera de que la tasa y la magnitud de las emisiones no supere los límites de adaptación climática que ya tenemos.
Fíjate que es un juego. De hecho, mitigación y adaptación siempre tienen que ir en paralelo, pero eso no es lo que ha hecho el mundo y nosotros tampoco. Un acumulado de una mitigación por debajo de los propios estándares que se fijaron globalmente, lo que ha hecho es que la magnitud de la adaptación climática sea muy alta, muy costosa y muy poco efectiva.
Ese es el otro lado difícil de manejar y de aceptar: ya estamos en un grado de emisión tal, que el costo de la mitigación y su efectividad es prácticamente nula. Ahí estamos entrampados todos, el mundo entero.
¿Cuáles serán los sectores más afectados por los efectos del cambio climático?
En nuestro informe se han identificado una gran cantidad de amenazas climáticas por sectores o actividades económicas. Está, por ejemplo, el aumento del nivel del mar que es uno de los impactos de cambio climático que va a afectar los puertos, los aeropuertos, el sector comercial, el turístico, el pesquero.
Fíjate que, en este momento, el clima está bastante impredecible. Antes, uno podía confiar en un pronóstico y decir que, a mitad de año, se va a dar el fenómeno de El Niño fuerte o suave, o que estamos en un periodo neutro. Tú podías mantener ese pronóstico por seis meses, un año. Ahora no, ahora tú revisas el informe y cada mes cambia. Lo estamos viendo en Venezuela hoy día: hay grandes lluvias en Táchira, Portuguesa, Barinas, mientras que otra parte del país está con una relativa sequía.
Este tipo de tormentas o de clima poco predecible también tiene efectos sobre el funcionamiento de los puertos, el transporte, la agricultura, sobre la producción de gas y petróleo, fundamentalmente sobre en el sector eléctrico, que tiene ya problemas de base, que es a lo que me refiero cuando te hablo de la circunstancia-país. Bueno, todos los sectores que mueven la economía del país.
¿Cuáles podrían ser los primeros pasos para que Venezuela comience a regular el uso del plástico?
Yo no trabajo con plásticos, entonces, mi opinión es de una ciudadana de a pie (…) Mi opinión personal es que para que Venezuela pudiera aplicar la reducción del uso de las bolsas plásticas, que es lo que ha hecho la mayor parte del mundo, tiene primero que adecuar el sistema de manejo y disposición de desechos, porque todos sabemos que si no fuera por la bolsita plástica, el desastre en términos de basura y sobre todo en nuestras casas y en comercio sería apoteósico. En este momento nosotros no disponemos de una alternativa que cumpla las veces de la bolsa que, para mal o para bien, ha –digamos que más o menos– contenido el problema de los desechos domésticos.
Mi percepción personal también es que el problema no es el plástico per se, el problema es que no existe una internalización a nivel de individuos y a nivel de gobiernos, de que el problema es la disposición inadecuada de los residuos sólidos y un manejo posterior que minimice el daño que generan. Porque si retiramos el plástico de todo el planeta, mira, vamos a tener otro problema.
¿Qué material de menor impacto tendríamos disponible para que cumpla todas las funciones que cumple el plástico? Hasta que no tengamos eso, para mí es una utopía sacar el plástico de nuestras vidas. Pero eso, como te digo, es mi opinión personal.
Según el Segundo Reporte, ¿cómo está incidiendo el cambio climático en la salud del venezolano?
El Segundo Reporte sobre cambio climático indica, respecto a la salud, que entre las enfermedades que tendrían mayor riesgo de aumentar están el dengue y la malaria, porque ambas se han intensificado en términos de incidencia y frecuencia, y eso está vinculado también con eventos como El Niño, porque con el aumento de la temperatura se favorecen los hábitats donde los patógenos que causan estas enfermedades pueden proliferar.
Hay una combinación que se ve clarísima en la incidencia que el clima tiene en los impactos sobre la salud. El rango de distribución de estas enfermedades se ha ampliado precisamente por eso. Antes, en zonas altas andinas, no había este tipo de enfermedades, pero ahora sí, porque la temperatura ha aumentado. Se espera que, con los escenarios climáticos para el país para finales del siglo, la malaria aumente todavía más la época de transmisión. Antes, los periodos de transmisión eran más cortos, pero como hay mayor temperatura, entonces el período de transmisión también aumenta y eso va a tener repercusiones en la propia incidencia de la enfermedad, pero también en los costos asociados en atender estas enfermedades.
Entonces, esto es un metaproblema. El aumento de temperatura dispara una mayor incidencia de estas enfermedades, eso genera mayor cantidad de personas afectadas y, a la vez, presiona sobre los sistemas de atención de salud pública que tienen que ampliar su capacidad de atención, dotarse de más medicamentos y de más facilidades para atender la situación y que no se conviertan en epidemias. Entonces, fíjate, empieza a crecer el círculo de relaciones, no siempre positivas, que se dan con una afectación más directa del clima en el funcionamiento de todos los sistemas productivos y todos los sistemas que hacen que se movilice nuestra sociedad.