Logros por decreto, por Alejandro Armas - Runrun
Logros por decreto, por Alejandro Armas
Cerrar los ojos y dejar de denunciar no es tan fácil en aquellas partes del país donde la ruina es peor, como aquel Zulia que hoy sigue devastado por apagones

 

@AAAD25

Lo he dicho antes: estudiar la política venezolana puede ser una experiencia ingrata y frustrante. El que se gana la vida con eso es a fin de cuentas un ciudadano más, que trata de mantener sus pasiones y sesgos a raya, pero que no puede evitar preocuparse. En el último lustro, uno no puede evitar pensar que está constantemente persiguiendo fantasmas, novedades gatopardianas y epifenómenos. Mientras, el meollo de nuestra res publica se mantiene como el cosmos entendido por Parménides: estático e inmutable. De ahí que naturalmente las masas hayan perdido el interés en la política criolla. Pero los que escogimos oficiar como observadores y críticos de esa política no nos podemos dar ese lujo. Nos toca seguir pendientes del acontecer diario, a la espera de ser los primeros en transmitirle a la sociedad ese cambio que sí será de verdad.

La perestroika bananera y sus derivados son lo que más se ha acercado a una metamorfosis real, sin llegar a serlo. Lo son en términos económicos, claro. Pero en política, seguimos teniendo una casta oligárquica negada a ceder aunque sea un ápice de su hegemonía total, más un montón de organizaciones que se hacen llamar “oposición” y que, aunque se opongan realmente el chavismo (cosa que no todas hacen), han sido incapaces de lograr el objetivo de restaurar la democracia y el Estado de derecho.

La variedad que dice oponerse sin hacerlo realmente, como todas, tiene su narrativa que promover, para justificar su adaptación disfrazada de resistencia. Porque aunque el chavismo les permita manejar unas pocas migajas, no podrán gozarlas si nadie vota por ellos, si nadie contrata sus servicios de asesoría, etc. O, porque como veremos en breve, tienen una necesidad psicológica de autoengaño. La narrativa consiste básicamente en… Inventar logros. Mantener a la población permanentemente encantada con pasos falsos hacia el objetivo opositor esencial del cambio de gobierno.

Y no importa cuántas veces la realidad les grite con incontables decibeles, seguirán insistiendo con su novela. Porque, como Cortés en Veracruz, hundieron las naves que los llevaron al reino de las ilusiones. Así lidian con la disonancia cognitiva que media entre su necesidad de creer que están en pie de lucha por el bien colectivo y la inefectividad de sus “armas”. O cínicamente le dan una razón de ser a su ocupación de las parcelas de administración pública que Miraflores tolera, con el manejo de recursos asociado.

Uno de los primeros actos en la opereta de la adaptación disfrazada de oposición es el del “mejor CNE en 20 años”. Afirmación que se sustenta en que por primera vez no hay uno, sino dos rectores ajenos al PSUV, sin reparar en la obviedad de que estos caballeros no tendrían ningún poder para corregir vicio alguno en el sistema. Ello lo reconoció hasta la misión de observación electoral enviada por la Unión Europea para los comicios regionales y municipales del año pasado. Sin embargo, hubo gente que se sorprendió cuando los dos señores no pudieron hacer nada para evitar la anulación del triunfo del candidato opositor Freddy Superlano en Barinas. O cuando esta misma semana uno de ellos, Enrique Márquez, dijo que, pese a su deseo de lo contrario, el CNE no discutirá el derecho al voto de los venezolanos sin que haya un acuerdo en la materia entre el chavismo y la oposición.

Pero como las disonancias cognitivas molestan al punto de recurrir a lo irracional para ahuyentarlas (nos dice Leon Festinger, autor de la teoría), muchos prefirieron reclamarle al periodista que entrevistó al rector por destacar en un titular la omisión del árbitro, en vez de lo que Márquez quiere. ¡Como si las buenas intenciones fueran lo más importante!

Al final, lo que les incomodó es que les recordaran que el CNE sigue siendo el mismo ente sometido a la elite chavista.

Luego tenemos el acto de la “renovación” del TSJ. Fue evidente desde un principio que el régimen solo apuntaba a reafirmar su control del poder Judicial. Antes de la designación de los jueces, una investigación de Armando Info reveló que más de la mitad de los candidatos figuraba en las listas de militantes del PSUV. En fin, el edificio en la esquina de Dos Pilitas quedó lleno de rostros explícitamente alineados con la elite gobernante.

Algunos de ellos estaban repitiendo como magistrados de la máxima corte, violando así el artículo 264 de la Constitución. Por millonésima vez, los mandamases rojos demostraron que la ley les importa un comino. Pero a pesar de todo esto, uno tuvo que leer que “el nuevo TSJ es mejor que el anterior”, aunque el autor de semejante despropósito se rehusara a explicar por qué.

Estamos ahora en el entreacto, negados a saborear un mejunje tan barato como el espectáculo que vemos, y que con solo olerlo podemos poner en duda la etiqueta de “Chianti”. Pero parece que muy pronto nos llamarán de vuelta a la sala. El heraldo de la reanudación de la función es el diputado José Gregorio Correa, exmilitante de Primero Justicia, hoy en la Acción Democrática intervenida por el TSJ (saquen cuentas). Sonando su triángulo, esta semana anunció que la Asamblea Nacional alineada con Miraflores se apresta para “renovar” el Poder Moral. No faltará quien salga a decir que esta será otra oportunidad para volver a tener instituciones auténticas.

Mientras, fuera del teatro, sigue la tormenta perfecta. Cada goterón es una muestra de que la arbitrariedad sigue campante. La constante postergación de audiencias de presos políticos como Roland Carreño, el proyecto de ley para criminalizar organizaciones no gubernamentales, la ocupación de la sede de El Nacional y su conversión en una academia de propagandistas, el bloqueo de cada vez más portales informativos independientes, la demanda contra activistas de DD. HH. por denunciar brutalidad policial en Carabobo, etc. Cabe destacar la falta de solidaridad de los traficantes del conformismo ante estos atropellos, a pesar de que algunos dicen actuar en su trato con el régimen como representantes de una sociedad civil de la cual los afectados son parte. Ni un dedo se mueve si eso choca con la imagen edulcorada del país, imagino.

Ah, y no conforme con ello, la buena vida obligatoria se extiende a la económico. Porque si bien indudablemente no estamos tan catastróficamente mal en ese ámbito como en 2018, hay unos límites muy obvios para la mejora. Pero reconocerlos es anatema para el chavismo y su oposición prêt-à-porter. Para muestra Maduro hablando esta semana, cuando criticó que “Fedecámaras Zulia declara contra la recuperación”, pero haciendo la salvedad de que ese no es el tono que ve en general en el empresariado. Resulta que cerrar los ojos y dejar de denunciar no es tan fácil en aquellas partes del país donde la ruina es peor, como aquel Zulia que hoy sigue devastado por apagones. Pero al chavismo y a los diligentes descubridores de “buenas señales” económicas no les interesa. Decía Rousseau que había que obligar a la gente a “ser libre”. Supongo que ahora estos señores pretenden obligarnos a “ser prósperos”.

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