Marcelino Bisbal, autor en Runrun

Contra la censura –por el Día del Periodista– , por Marcelino Bisbal

Un elemento sustancial para el ejercicio de la democracia lo constituye la vertebración de la opinión pública. Los medios de comunicación, la prensa libre e independiente, forman parte de la institucionalidad de los regímenes representativos. Frente a la pretensión onírica de que los periodistas estamos fuera de palacio, la prensa moderna se incluye en el entramado y sostenimiento del sistema democrático, actuando como un contrapoder necesario y una tribuna de debate capaz de defendernos del griterío y la demagogia.

Juan Luis Cebrián

I – Lo subversivo y lo indeseable

El título de este breve ensayo-crónica lo hemos tomado de un magnífico libro del premio Nobel de Literatura (2003) el surafricano John Maxwell Coetzee (Esperando a los bárbarosDesgraciaElizabeth CostelloVerano entre otros): Contra la censura. Ensayos sobre la pasión de silenciar (Editorial Debate, España, 2007). No se trata de un libro unitario, o de un tratado teórico sobre la censura, sino más bien de una recopilación de trabajos que analizan el tema desde una perspectiva liberal como el propio autor se define. El libro nos ofrece un abanico de ejemplos que van desde los análisis de las distintas formas de la censura del apartheid surafricano, pasando por la imposición censora del gobierno estalinista, así como nos va presentando diversas prácticas del censor en temáticas tan disímiles como el feminismo y la pornografía, la literatura y la poesía particularmente… y como nos dice el propio Coetzee: “Los temas que se tratan en el libro son en su mayoría producciones de escritores que han respondido a la atención del censor, porque este consideró que esos trabajos intelectuales esbozaban ideas subversivas, o porque eran representaciones moralmente repugnantes o porque esas producciones eran indeseables políticamente”

El Nobel surafricano deja muy claro su concepto de censura expresado, a lo largo de todo el texto, en estas ideas que funcionan como “ideas fuerza”: –La censura es un fenómeno que pertenece a la vida pública; –El oficio del censor no es una ocupación que atraiga a mentes inteligentes y sutiles; –El gusto y el gesto punitivo de la censura tiene su origen en la reacción de ofenderse; –Las prohibiciones establecidas por monopolios o cuasimonopolios pueden ser en la práctica tan completas como las aplicadas por organismos de censores respaldados por la fuerza de la ley; –En teoría debería existir una gran diferencia entre las censuras ejercidas para supervisar los medios de comunicación y la censura que vigila las artes. En la práctica, sin embargo, los censores que controlan los límites de la política y de la estética son los mismos. Al no trazar ninguna línea definida por motivos políticos y la debida a razones morales, imita al censor cuando surge la pista de lo indeseable, la categoría bajo la cual equipara de manera forzada e incluso caprichosa lo subversivo (lo prácticamente indeseable) y lo repugnante (lo moralmente indeseable).

II – El acoso mediático como forma de censura

Partimos de ese libro, como preámbulo, para pensar el caso venezolano y las distintas prácticas censoras que ha establecido el poder instaurado desde hace ya casi veinte años. En nuestro contexto la censura por lo políticamente indeseable, desde la visión del régimen, ha tenido varios momentos. Hagamos, de manera rápida y sucinta, un perfil de esos momentos en donde la censura se ha hecho patente.

Primer momento: el lenguaje y el tono declarativo

Primeros años del proceso político chavista, hoy convertido en régimen autoritario-totalitario-militarista y dictatorial. Los medios y los periodistas vistos como enemigos de la revolución y como actores políticos a los que hay que combatir. Las declaraciones del difunto presidente Hugo Chávez son de lo más elocuentes de aquello que se expresara en ese entonces: “La batalla se libra en los medios”.

En esta primera oleada o momento habría que recordar lo que escribiera el escritor venezolano Juan Carlos Chirinos en el preámbulo de la última edición de la “novela policíaca” de Jorge Edwards Persona non grata: “Porque el tirano, que tanto habla, teme siempre la palabra que lo señala”.

Segundo momento: la alteración del régimen comunicativo

Otro régimen comunicativo se impone como resultado del golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y el paro nacional de ese mismo año e inicios de 2003. Los medios y un grupo de periodistas se muestran como actores políticos privilegiados. Aparece el término de hegemonía comunicacional. El gobierno inicia el diseño y conformación de una estructura de medios sin precedentes en el país ni en América Latina, gubernamentalizada y puesta al servicio de la revolución bolivariana y del desarrollo e implantación del socialismo del siglo XXI. El escenario de los llamados medios comunitarios o alternativos irrumpe con fuerza, pero de inmediato ellos son colonizados y desnaturalizados en sus funciones desde el aparato gubernamental. Así, la investigadora Raisa Urribarrí, al ver la reconfiguración que estaba sufriendo este sector de medios, acuña el término de gob unitarios.

En aquel momento desde Miraflores se nos dice, intentando justificar esa alteración del régimen comunicativo, que “lo que es innegable es que está habiendo una revolución en los medios de este país. La democratización de la información es necesaria. Es una guerra”.

Tercer momento: nuevo marco legislativo y criminalización de la expresión

Se empieza a conformar un nuevo marco jurídico que impone significativas restricciones a la libertad de expresión y a la libertad de comunicar. En primer lugar, se aprueba la Ley de responsabilidad social en radio y televisión que luego será reformada en 2010 para contemplar a los llamados medios electrónicos, es decir Internet; vendrá luego la reforma del Código Orgánico Procesal Penal en donde aparecen las figuras de la difamación y la injuria, además en 2012 se vuelve a proponer una nueva reforma que elimina la inviolabilidad de las comunicaciones personales. En los últimos meses del año 2010 se aprueban y se reforman un conjunto de leyes que cambian el contexto político del país y que centralizan, todavía más, las decisiones públicas. En aquel entonces, y lo hemos vivido a lo largo de todos estos años, se dijo que era la ruptura definitiva del estado de derecho en Venezuela.

No solamente la reforma que se le hizo a la Ley de responsabilidad social en radio y televisión, tampoco la reforma a la Ley orgánica de telecomunicaciones dieron como resultado un nuevo panorama comunicativo en el país, sino que en ese mismo 2010 se aprobaron también cinco leyes que dan sustento al denominado Estado comunal y que tienen un efecto grave sobre las comunicaciones libres, abiertas y plurales. También en ese año 2010 Conatel (Comisión Nacional de Telecomunicaciones) pierde su carácter técnico, pues pasa a ser dirigido por la Vicepresidencia de la República y asume funciones políticas y censoras.

Se inician procesos judiciales-administrativos a medios y periodistas. Cierre de Radio Caracas Televisión y de otros medios de radio y televisión. Se hacen cada vez más frecuentes las cadenas nacionales de radio y televisión. Se va imponiendo poco a poco la censura y comienza a aparecer la autocensura por intimidación, miedo a la seguridad personal y por amenazas de cierre y expropiación a instalaciones mediáticas.

Así, comienza a hacerse patente aquello que expresara un grupo de intelectuales brasileños, en 1934, en apoyo al gobierno dictatorial de Getulio Vargas: “Los medios de comunicación no deben pensarse como simples medios de diversión sino como armas políticas sometidas al control de la razón del Estado”.

Cuarto momento: la comunicación y el periodismo en tiempos difíciles

Con el marco jurídico que va apareciendo, con las reformas que se le hacen a algunas leyes del sector de las comunicaciones y de la información se va limitando cada vez más la libertad de comunicar y la libertad de pensamiento y de expresión. Si la libertad de expresión y de prensa es consustancial a la democracia, como sistema político, esta va en franco deterioro para convertirse en un designio meramente formal y dar paso así a la creación de un Estado socialista que han bautizado con el remoquete de socialismo del siglo XXI y que como nos apunta Pedro Nikken: “Es la verdadera cara del estalinismo del siglo XX”.

El cerco que ya se había impuesto a los medios de comunicación, a sus profesionales, a los anunciantes con la Ley de responsabilidad social en radio y televisión (conocida como Ley Resorte), con la reforma que se hizo y que abarca el ámbito de los medios electrónicos (léase Internet) y la reforma a la Ley orgánica de telecomunicaciones… se cierra aún más el círculo a una verdadera libertad de comunicar y se cercena dramáticamente la disidencia y la crítica.

Empezamos a ver cómo algunos medios cambian de propiedad y así van desapareciendo voces críticas. Se retiran de la parrilla de programación televisiva medios internacionales. Sigue creciendo la censura política, la autocensura y el gobierno traspasa la frontera de la democracia hacia una clara dictadura militar. Surgen algunos organismos que tienen que ver con la llamada “seguridad del Estado”: primero fue el Centro de Estudio Situacional de la nación (Cespa), el cual tenía que ver con ámbitos de la información y las comunicaciones en el país; en 2013 se deroga este organismo y da paso al Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (Cesppa) y que tiene la función de solicitar, organizar, integrar y evaluar “las informaciones de interés para el nivel estratégico de la nación”.

Vemos cómo las comunicaciones se han vuelto centrales en la vida del proceso político instaurado desde 1999. De esta manera se constata, en la acción gubernamental hacia los medios y sus periodistas, aquello que escribiera el investigador Antonio Pasquali cuando afirmó: “El chavista es el primer gobierno del país que comprende la importancia capital de las comunicaciones para modelar sociedades, y es una lástima que haya aplicado esa comprensión a la causa equivocada”.

Quinto momento: otros lugares para el periodismo o el control mediático por las divisas

Sigue creciendo el número de medios gubernamentales, mas no de servicio público. Comienza la operación de ahogar a los principales diarios del país a través del control de las divisas requeridas para la obtención del papel y de otros insumos para la impresión. El objetivo es silenciar las voces críticas al gobierno. Muchos diarios salen de circulación y otros suprimen su edición impresa para buscar refugio en el espacio digital. Desde ese momento profesionales destacados del periodismo venezolano descubren la web y empiezan a surgir experiencias interesantes de información, análisis e investigación periodística en el espacio digital. Pero esta migración forzada no se dio de manera natural, sino que fue un paso obligado por la emergencia que impuso el contexto y el acoso gubernamental. De la misma forma, muchos de los grandes diarios con tradición periodística pasaron del formato impreso y se transformaron en diarios o semanarios digitales. Otros circulan con un número reducido de páginas y con escasa publicidad debido a presiones gubernamentales, pero también se ajustan al soporte de la web para hacerse presentes.

Continúa el cierre de medios sin garantías legales, así como la criminalización a periodistas y dueños de importantes medios de comunicación. Desde el poder se hace caso omiso a los comunicados y llamados urgentes de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), al igual que de los comunicados e informes de organizaciones nacionales defensoras de la libertad de expresión y del derecho a la información.

Releyendo un texto producido por el investigador Jesús María Aguirre y quien esto escribe, en el año 2015, intentábamos explicar cómo habíamos llegado a estos otros lugares en el periodismo de estos tiempos y expresábamos que “probablemente nunca haya habido en la historia republicana de Venezuela una variabilidad tan grande en el campo de las comunicaciones, sea por las transformaciones tecnológicas de la era de la información, que nos somete a un reciclamiento permanente, sea por las acometidas de una revolución proteica, con una deriva y rumbos cada vez más inciertos”.

Sexto y último momento: la pasión y la necesidad de silenciar

El poder se ha percatado de que hay un flujo informativo crítico que escapa de su control, de sus políticas censoras. Ese flujo responde a lo que circula por el escenario de lo digital y muy particularmente por las redes sociales. Es lo que alguien denominó el tsunami digital que ha logrado preocupar al gobierno. Este espacio ha abierto nuevas maneras de informarnos, de escenarios de libertad y de pluralidad en las opiniones…

Se empieza a hablar, de manera cada vez más frecuente y explícita, de la necesidad de regular las redes sociales y de poner filtros de navegación para controlar esa información que circula por la red. En tal sentido, se creó el Viceministerio de Redes Sociales cuya función es “supervisar las tendencias en las redes”. Desde el gobierno se empieza a hablar de una “guerra electrónica” y así, en la medida que Internet se va expandiendo y crecen los llamados medios digitales, la censura digital va en ascenso con maneras y técnicas cada vez más sofisticadas.

Sobre este tema de la libertad de expresión e información en la red, el último informe sobre Libertad en la red (2017) de FreedomHouse, organización que se orienta a la defensa de los derechos humanos, la libertad y la democracia a escala global, señala que el país se convirtió en “No libre” y los elementos que según ella influyeron en esa calificación son: el deterioro del acceso y la calidad de los servicios de telecomunicaciones; los bloqueos selectivos de sitios web; las detenciones arbitrarias de reporteros y activistas; así como los mayores niveles de violencia física y técnica registrada contra periodistas, medios digitales y sitios web de organizaciones ciudadanas.

Se nos viene a la memoria la imagen y el nombre de G. Orwell y su Big Brother, que tiene que ver con la vigilancia y el espionaje –cibervigilancia– que empieza a darse hacia los internautas y su ciberactividad. Fernando Savater señaló, en uno de sus textos periodísticos, que “siempre que se discute sobre los excesos de vigilancia del gobierno sobre los ciudadanos sale a relucir el Gran Hermano descrito por George Orwell en su famosa distopía 1984. Pero suele pasarse por alto que el control agobiante y obsesivo del Gran Hermano de Orwell se ejercía para impedir libertades democráticas de asociación, expresión y creencias, es decir, no para la seguridad de los ciudadanos sino para garantizar la del poder establecido sin oposición a su dictadura”.

III – ¿Cómo leemos esta realidad?

El asedio del poder gubernamental hacia los medios y sus periodistas va a continuar en la medida que la realidad del país se deteriore más y más, tal como está ocurriendo. La censura, el cierre de medios, la aparición de medidas administrativas y judiciales contra los medios irá en ascenso…

La presencia de una política comunicacional de control va a ser un denominador común, tal como nos lo han venido señalando, a lo largo de todos estos años, los informes casi diarios, semanales, mensuales y anuales que nos ofrecen organizaciones nacionales no gubernamentales como Espacio Público, el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS), Expresión Libre, Provea, Medianálisis… o los resúmenes que cada cierto tiempo publica la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, o los que presentan otras ONG internacionales.

Todos esos diagnósticos nos refieren como las comunicaciones –en su sentido más general– y la política han cambiado en la Venezuela de estos últimos veinte años. Ha habido desde el poder toda una política de reingeniería de la democracia como sistema político y de la acción de los medios en la construcción de la agenda pública.

Si la realidad del presente en el campo de las comunicaciones es como la hemos descrito ya nos podemos imaginar cómo es hoy el ejercicio del periodismo en el aquí y ahora. Si el deber ser del periodismo es que este contribuya a la elaboración de marcos y pautas de referencia y hacer que la ciudadanía adquiera las representaciones necesarias para reconocerse como integrante de un país y, en definitiva, de un conglomerado social y que reconozca que el poder político o cualquiera otra forma de poder tiene que estar subordinado a los intereses de vida del ciudadano y no el ciudadano y su vida a los intereses del poder… Difícil tarea esta que se le otorga al campo periodístico y mucho más difícil cuando estamos en presencia de un poder político que intenta, por diferentes vías y mecanismos nada juiciosas y mucho menos éticas y morales, conculcar nuestras expresiones y opiniones, y hasta nuestro propio ejercicio de ciudadanía, e incluso de ciudadanía mediática.

Bajo esa perspectiva es que afirmamos que los periodistas tienen una tarea bien importante, pero difícil y compleja a la vez. Cuando este gobierno dictatorial se ha venido convirtiendo poco a poco en una maquinaria coactiva; muy poco preocupado por el desarrollo de las mayorías más allá de que ellas le otorguen la “buena pro” para perpetuarse en el poder; interesado en la formulación de planes que lo legitimen en cuanto poder político por encima del resto de la sociedad; cuando no reconoce a las fuerzas políticas de la oposición como legítimas y presentes; cuando ve a los comunicadores-periodistas y los pocos medios que todavía no están bajo su control como un opositor peligroso… es cuando sigue teniendo validez aquello que el español Ortega y Gasset afirmara en relación con los periodistas y la prensa en la España de 1930:

“No existe en la vida pública más poder espiritual que la prensa. La vida pública, que es verdaderamente histórica, necesita siempre ser regida, quiérase o no. Ella, por sí misma es anónima y ciega, sin dirección autónoma. Ahora bien, a estas fechas han desaparecido los antiguos poderes espirituales (…) En tal situación, la vida pública se ha entregado a la única fuerza espiritual que por oficio se ocupa de la actualidad: la prensa”

 

El Nacional

Jun 16, 2017 | Actualizado hace 2 años
Vivimos una situación límite, por Marcelino Bisbal

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I

Creo que no hay que ser muy lúcidos para darnos cuenta que hoy en Venezuela estamos viviendo una situación-límite. Creo que no estoy siendo exagerado en mi apreciación. Contemplemos a nuestro alrededor y lo que veremos es que el país se está cayendo a pedazos y que de seguir por esta senda no habrá suficiente “pega loca” para empatar los trozos esparcidos por aquí y por allá. La experiencia que estamos viviendo los venezolanos ojalá nos sirva para no repetirla nunca jamás.

Quienes hoy nos gobiernan y detentan el poder no están conscientes, o quizás sí, que una nación no se piensa y luego se construye sobre los emborronamientos y las chapuzas del presente. Que hace falta inteligencia, pero sobre todo sentido común, para emprender las tareas del hoy y del futuro a partir de las bases y los pilares que en el pasado se conformaron. Hace falta juicio, entendimiento y capacidad para comprender y pensar la nación como encrucijada de vidas, de pensamientos, de diferencias, de diversidades, de interculturalidad … , de pluralidad y no como un camino de uniformidad, de homogeneidad y de unicidad. ¡Es que los venezolanos no somos únicos! ¡El ser humano no es único! El horizonte de un país, de un proyecto nacional, de un proyecto de vida, debe ser visto con una mirada más larga, más diversa y que además sea capaz de otear en el horizonte del presente las peculiaridades y las diferencias que nos distinguen a partir de nuestras propias historias y mentalidades.

La mirada que se quiere imponer en la Venezuela del presente, a partir –como dijimos antes– de la destrucción de nuestro pasado republicano más reciente, es fragmentada y desgarrada. Se está tratando, por diversas vías, de desarticular y hacer desaparecer las viejas cartografías con las que nos movíamos. Porque como dice el poder: “el mapa es otro”, “la situación política actual es otra”.

Es el intento sostenido de imponer una visión política, económica, social y cultural, hasta simbólica, unívoca. Primero fue el nombramiento de unos magistrados para el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de manera inconstitucional; vino luego el desconocimiento a la Asamblea Nacional y su bloqueo permanente; las decisiones de la Sala Constitucional que fueron denunciadas por la Fiscal General de la República como “ruptura del orden constitucional”; después la inhabilitación política dictada contra algunos gobernadores y alcaldes de la oposición democrática; ante las masivas manifestaciones y protestas de la sociedad ha aparecido la violación sostenida y en ascenso de los derechos humanos y la evidente impunidad … Y para rematar, el intento de modificar la Constitución a través de la convocatoria de una Constituyente Comunal negando la participación del pueblo en un referéndum. ¿Qué más podemos esperar?

II

Para que se tenga una idea de lo que estoy tratando de expresar, se me ocurre citar dos imágenes precisas de cómo se nos está y nos estamos viendo:

Primera imagen: “el país es una embarcación de madera que para avanzar quema como combustible su propia madera. Llegará un momento en que no habrá embarcación y caeremos todos al agua, como náufragos de un bote que ya nadie recuerda”

Y quien nos narra esta imagen se hace de inmediato algunas preguntas: ¿Será que para recobrar un mínimo de sensatez hace falta acumular más y más deterioro? ¿Será que para pensar en términos realmente públicos hace falta primero destrozar al país?

Segunda imagen: “un autobús quemándose en plena autopista del este, ya de noche y con la cola de retorno completamente detenida, mientras la autoridad contempla y se echa de menos la presencia de un camión de bomberos. Nadie se mueve, todos miran el autobús incinerándose como si fuera un bonzo. Esperando ver las cenizas para poder pasar y volver a la casa”

Después de esta imagen, la cronista nos expresa de manera tajante que esta metáfora de un país ardiendo, sin que nadie registre el incendio, tiene que ver con el giro profundo que han dado las circunstancias en el desplazamiento del centro de gravedad de lo político: lo importante hoy, no es tanto lo que ocurre sino como se cuenta. El campo de batalla –nos sigue diciendo–, es ahora la opinión pública, último poder que el gobierno pretende colonizar, habiendo ya saqueado los territorios institucionales.

¿De qué manera sirven estas imágenes para pensar lo que nos está sucediendo? Porque otras imágenes se nos pueden ofrecer en sentido contrario. En el sentido de “que aquí no está sucediendo nada”. En la idea de que todo está bien y de que todo está permitido porque vamos en el camino correcto y ese es el único verdadero. ¿Qué idea-representación de nación, de país, de familia, de educación, de comunicación, de política, de economía, de cultura es más valiosa que las vidas individuales de una buena parte de la sociedad que tiene otras ideas distintas? ¿Qué sentido tiene describir unas imágenes de país cuando la crítica razonada y confrontada quiere ser sustituida por la subordinación? ¿Se pueden y se deben ofrecer esas imágenes cuando el disenso es juzgado como subversión o infidelidad?

Alguien decía que “la duda es el privilegio de los intelectuales” Yo añadiría que la duda es también el pensar lo no pensado, pensar lo inesperado. Hoy, más que nunca, se nos exige a los ciudadanos de la Venezuela del presente “pensar en medio de la tormenta” y la realidad del país nos está pidiendo un pensar independiente, un pensar nada complaciente con el poder y con cualquier forma de atadura.

En la Venezuela de hoy hay situaciones y acontecimientos que son moralmente inaceptables. No son sólo las diferencias económicas y políticas, es la retórica marcada desde la cúspide del poder de hacernos creer y sentir la presencia de que aquí hay dos naciones, dos venezolanos, que ya tienen poco en común. Hablo y escribo desde la actualidad. ¿Y que nos está diciendo la realidad que todos vemos y que ya resulta difícil de ocultar?

-El Estado ha perdido los límites que lo definían y se ha transformado en un aparato amorfo que cada vez más se va pareciendo a una “maquinaria” de control y secuestro de las instituciones.

-El protagonismo militar ha ido ocupando espacios civiles ante la mirada, sino complaciente de gran parte de la sociedad, por lo menos nos va resultando ya un hecho casi natural y lógico.

-Las necesidades económicas reflejadas en la inflación, el desempleo, el deterioro del sistema productivo privado, el excesivo gasto público que no es capaz de saciarse, la dependencia casi absoluta de la renta petrolera hasta límites que no eran pensables … en fin todas esas necesidades que han ido quebrando fuertemente el horizonte de expectativas que nos habíamos imaginado y soñado.

-La creación, poco a poco y de manera sostenida, de un megaestado. Un Estado que controla cada vez más todas las instancias de la economía. Este megaestado hoy está presente ya no sólo como regulador sino como productor y empresario a la vez.

-La idea de crear un partido hegemónico –hoy el PSUV– y un proyecto hegemónico de nula cultura democrática como es todo lo único.

-El excesivo personalismo que encarnó la figura del presidente de la República, que sacralizan sus partidarios y los más allegados al poder.

-La centralización como creencia que desde allí “todo se va a resolver”, sin comprender que uno de los logros y conquistas ciudadanas más significativos de nuestra historia democrática fue la descentralización administrativa en muchas esferas del poder del Estado.

-La evidente polarización y conflictualidad en la que vivimos, que lejos de desaparecer y disolverse ha ido acrecentándose por unas acciones y una retórica de la exclusión, la confrontación y la violencia. Es la presencia de la polarización política que ha ido creciendo y creando espacios de intolerancia y de no-convivencia, al punto que se ha venido convirtiendo en una forma de vida y de cultura.

-El surgimiento, publicitado además, del resentimiento social como manera de querer comprender nuestras debilidades.

-El empeño de voltear la historia republicana intentando, de manera insensata y poco responsable, reescribirla desde el personalismo, el caudillismo y el mesianismo.

-La insistencia de construir un proyecto de país teniendo como modelos experiencias más que fracasadas y superadas por la historia de los acontecimientos recientes. Los signos  que se han hecho presentes tiene como fundamento los parámetros del centralismo, de la ausencia de todo contrapeso, del personalismo, de tinte militarista y además con la presencia de un Estado monocolor y tutelar de todas las actividades de la sociedad.

-El politólogo Arturo Sosa caracteriza este modelo, es decir “el chavismo realmente existente” con los siguientes rasgos que se fueron imponiendo desde 1999: -Rentismo estatista; -Estatismo nacionalista; -Centralismo en la figura del Presidente; -Apoyado en los militares; -Masificación política; -Democracia plebiscitaria;-El PSUV, como partido único, como correa de transmisión;-Internacionalismo revolucionario. Integración de los pueblos latinoamericanos que no sea solamente económica, sino ideológica; -Voluntarismo político.

III

Lo que se ha querido imponer en el país, a lo largo de estos 18 años, es un proyecto antihistórico para perpetuarse en el poder y los beneficios que ese mismo poder otorga. Estamos en presencia de unos individuos, tanto civiles como militares, en donde la ideología que dicen profesar quedó a un lado si es que alguna vez la tuvieron. Desde ahí la necesidad de construir un superpoder o big brother orwelliano orientando los designios hacia dónde debe conducirse la sociedad. La única manera de seguir sosteniendo el estado de cosas que están ocurriendo y las que se quieren imponer es a través de una conducta delictiva en contra de la voluntad del pueblo.

En el 2009 el desaparecido Hugo Chávez dijo: “Después de mí, el vacío, el caos”. En esto no se equivocó al ver la Venezuela-hoy. Lo que sí tenemos claro es que este des-orden empezó con la transformación del gobierno en un régimen, con el secuestro de las instituciones, con el desmejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos, con la concentración de los poderes, con la invocación de valores humanistas que el mismo poder incumple y con la idea –puesta en práctica a lo largo de estos casi ochenta días de manifestaciones y protestas– de que el poder solo puede tener eficacia cuando se expresa como fuerza y además militarizada. Pero estos indicadores, que sustentan a un gobierno evidentemente autoritario queriéndose convertir en un gobierno totalitario, no cayeron del cielo. Claro que Hugo Chávez tiene responsabilidad y ¿nosotros?

Estamos viviendo un momento en que los hechos de la realidad presagian, como nos dice Edward E. Said, acontecimientos inesperados por eso no se entiende la indiferencia  de algunos cuando “nuestro combate es un combate por la libertad”.

 

El Nacional

Jun 24, 2016 | Actualizado hace 3 años
Los laberintos de la censura por Marcelino Bisbal

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I

Si algo ha caracterizado este proceso político, este régimen que se inició en 1999, es la avidez o la pasión por la censura en todos los órdenes de la vida pública; pero muy especialmente en lo que tiene que ver con los medios de comunicación y el periodismo que se ejerce desde ellos. Aunque la censura es inconstitucional, desde que el país entró en la era democrática iniciada en 1945 con la instauración de la Primera República Liberal Democrática, según nos apunta el historiador Germán Carrera Damas, a lo largo del tiempo ha habido serios intentos y acciones que han limitado el pleno y plural ejercicio de comunicar. Este es un concepto, como nos refiere Antonio Pasquali, mucho más amplio y omnicomprensivo, que abarca a la libertad de expresión como derecho, no solo de los que ejercen el oficio de la comunicación, sino de todos los humanos por el hecho de estar en el mundo y convivir con los otros.

Sin embargo, la comprobación histórica de cómo se ha venido ejerciendo ese derecho nos hace afirmar que en estos tiempos de la llamada revolución bolivariana han ocurrido acontecimientos y episodios que alcanzan límites extremos que no conocíamos. Avalados además por una jurisprudencia que se dice democrática y que tiene como objetivo declarado alcanzar una falsa idea de la necesaria democratización de las comunicaciones. Allí están todos los informes, documentos y declaratorias elaborados por organizaciones no gubernamentales, tanto locales como internacionales, que se han dedicado a auscultar el estado de ese derecho año tras año.

Tales diagnósticos nos hablan de cómo el gobierno le ha dado una gran importancia al control de los medios y sus informaciones, de cómo el gobierno ha impuesto un juego político cada vez más cercano a la antipolítica y una retórica que altera radicalmente el lugar que ocupaba la política… Y ¿cuál ha sido el resultado de esas imposiciones? Germán Carrera Damas en su voz de alerta titulada En defensa de la República (2013) lo expresa de manera muy clara cuando nos dice que la República está amenazada al ver cómo sus bases se van erosionando y destruyendo poco a poco. Confiesa el historiador que:

“Hace algún tiempo que vengo dando, por esta vía, la voz de alerta ante lo que he denominado la demolición de la República, concebida como la manera de abolir el ejercicio de la Soberanía Popular como fuente necesaria de la legalidad y legitimidad del Poder Público (…) Hemos desembocado, de esta manera, en una situación en la cual toda comparecencia ante la Soberanía Popular se ha vuelto temible para el régimen. Hasta el punto de que sus usufructuarios sienten la necesidad no ya de falsear los términos de esa comparecencia, sino de hacerla innecesaria”.

 

II

En Venezuela se ha dado y se sigue dando aún, en los círculos académicos, entre los periodistas, los opinadores y en la propia sociedad civil, el debate de si el gobierno que hoy tenemos es una dictadura, un régimen autoritario, un autoritarismo electoral o lo que han llamado un neoautoritarismo. Visto todo lo que ha venido ocurriendo a lo largo de estos años, yo me inclinaría por caracterizar al gobierno, siguiendo a Umberto Eco, como un régimen totalitario de hecho.

Estamos en presencia de un gobierno que tiene todo el poder, que ha secuestrado las instituciones del Estado, que desconoce el voto popular y que monopoliza –por diversas vías– los flujos de información prácticamente controlando todas las fuentes comunicativas. Es un régimen de hecho porque sus acciones públicas no se justifican con ideas y debates, sino con imposiciones que deja traslucir la presencia cada vez más marcada de la barbarie frente a la civilidad. “La instauración de un régimen totalitario de hecho (que, repito, se instaura más allá de las voluntades individuales) no forma parte de ninguna dialéctica democrática” nos referirá Eco.

En el campo de las comunicaciones, la política del régimen totalitario de hecho es controlar a los medios de comunicación y a sus comunicadores. Hoy, el control se ejerce por vías sofisticadas, por lo tanto, sus resultados generan autocensura, complacencia y sumisión frente al poder. Entramos así en un régimen de censura.

A principios de junio el Tribunal Supremo de Justicia emitió una sentencia prohibiendo a los medios digitales difundir videos de linchamientos a través de sus páginas de Internet y las redes sociales, haciendo que esta medida, según  reza la sentencia Nº 429/2016, se extienda a todos los medios de comunicación. Expresa la sentencia: “La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela consagra el derecho a una información oportuna y veraz. Partiendo de allí, los comunicadores sociales tienen el derecho de expresar periodísticamente un hecho noticioso y los usuarios y usuarias tienen el derecho de recibir una información adecuada, pero estos derechos no deben crear zozobra e incertidumbre en la población, ya que el ejercicio de la comunicación social debe contribuir con el desarrollo integral del individuo y de la sociedad”. Y añade: “La difusión de estos videos podrían exaltar (…) el fomento de la anomia, el irrespeto a las leyes y a los derechos humanos”. Otro tanto podríamos decir los ciudadanos ante lo que sucede en el país con relación al tema del desabastecimiento de alimentos y de medicinas negadas por el alto gobierno; ante la presencia de una retórica descalificadora, excluyente, insultante y mentirosa sobre la realidad inmediata; ante la omisión estatal hacia la violencia creciente; ante las altas tasas de impunidad frente a hechos delictivos; ante las 2.779 protestas ocurridas en estos meses del año por la situación que vive el país.

Esta acción de censura y su justificación, que va en sentido contrario a lo que dice el artículo 58 de la Constitución, que prohíbe la censura previa, se suma a todo un  conjunto de agresiones físicas y jurídicas hacia los medios y los periodistas. La lista es larga:

-En lo que va de año, la ONG Espacio Público detectó 40 casos de intimidación a los medios (confiscación de equipos, detenciones e impedimento de cobertura) y 19 casos de agresión.

-La prohibición del TSJ a la publicación de fotografías de crímenes, alegando el bienestar de los niños y adolescentes.

-La prohibición de publicar avisos clasificados con contenido sexual, por ser denigrantes de la mujer.

-El espionaje comunicacional que atenta contra la privacidad de las comunicaciones.

-El número de acciones legales por los delitos de difamación e injuria ha crecido en estos años. El caso más emblemático es el de El Nacional, Tal Cual y La Patilla por haber reproducido un reportaje del diario ABC de España en donde se vincula a Diosdado Cabello con el narcotráfico. Se le ha prohibido a sus directivos (22 personas) salir del país.

-La condena a cuatro años de prisión por difamación e injuria del editor del diario Correo del Caroní por informar la corrupción existente en la empresa estatal del hierro en Ciudad Guayana.

…Y un largo etcétera.

Después, el ministro para la Comunicación e Información nos dice: “En Venezuela hay un verdadero ejercicio de la libertad de expresión. Hay algo que nosotros no podemos negar. Hoy en nuestro país la población en general tiene muchísimas mayores posibilidades de expresarse libremente a través de los medios de comunicación. Hablamos incluso de la posibilidad de que hoy millones de venezolanos, a través de medios comunitarios, a cualquier localidad que tú vayas del país, cualquiera de nosotros lo puede comprobar, hay una radio comunitaria, hay una televisora comunitaria, hay un periódico comunitario, hay colectivos que utilizan ahora redes sociales. Nosotros hacemos un verdadero ejercicio de la libertad de expresión”.

 

III

Ante el des-orden que reina en el país y que desde el poder se quiere ignorar u ocultar, por aquello que nos apunta el escritor Arturo Pérez-Reverte cuando expresa que:

“Aquel objetivo elemental, que era obligar al lector a reflexionar sobre el mundo en el que vivía, proporcionándole datos objetivos con los que conocer este, y análisis complementarios para mejor desarrollar ese conocimiento, casi ha desaparecido. Parecen volver los viejos fantasmas, las sombras siniestras que en los regímenes totalitarios planeaban, y aún lo hacen, sobre las redacciones. Lo peligroso, lo terrible, es que no se trata esta vez de camisas negras, azules, rojas o pardas, fácilmente identificables. La sombra es más peligrosa, pues viene ahora disfrazada de retórica puesta al día, de talente tolerable, de imperativo técnico, de sonrisa democrática. Pero el hecho es el mismo: el poder y cuantos aspiran a conservarlo u obtenerlo un día no están dispuestos a pagar el precio de una prensa libre, y cada vez se niegan a ello con más descaro”.

Por eso, la metáfora del periodista Ryszard Kapuscinski cuando expresaba: “El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse”, cobra vigencia en esta Venezuela de hoy.

 

El Nacional 

Frágil: en una simple hoja habita el universo entero por Marcelino Bisbal

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I

La imaginación se asoma cada vez que tengo la oportunidad de ver, sentir  y disfrutar algún trabajo artístico de este amigo que es Víctor Hugo Irazábal. Su última exposición, Abrasiones, la realizó en el año 2011. Una intervención espacial a través de Lavapuntos. Intervención Río, expuesta en una pequeña sala del Centro de Arte Los Galpones de Los Chorros. Ahora nos sorprende con esta nueva muestra que presenta con el título de Frágil, a partir del 12 de mayo, en un recinto académico como es la Universidad Católica Andrés Bello, en su Sala Magis de Arte Contemporáneo del Centro Cultural Carlos Guillermo Plaza.

Si hurgamos en las páginas del Diccionario de la Real Academia Española encontramos que el vocablo frágil proviene del latín fragilis y posee dos significaciones precisas: “Que se quiebra o se rompe con facilidad”, y también nos dice de aquella naturaleza que es “débil, poco resistente o que se  estropea con facilidad”. Es que la esencia del ser, de nosotros los humanos, es la fragilidad como condición de existencia, del devenir en el tiempo y en nuestra propia condición como dimensión de la vida. El mismo Víctor Hugo nos expresa con relación a Frágil que “el espacio natural, dentro de su constancia, vive una ineludible actividad de cambio. Su fortaleza lleva implícita la fragilidad constante, donde aparecen y desaparecen otras realidades. Producto del proceso vital estamos inmersos en un entorno y un contexto en constante transformación”. Por eso lo frágil, la fragilidad, es lo que caracteriza nuestra existencia y todo aquello que nos rodea.

A partir de ahí Irazábal construye, con sentido artístico, toda una muestra sobre lo Frágil que se encuentra presente en la materia natural. En este caso, en unas hojas desprendidas del árbol, de la selva… recogidas en distintos lugares del país. Con razón se ha dicho que la obra de este artista constituye un trabajo de exploración hecho por un explorador que busca y rebusca en las tierras de nuestra geografía.

Víctor Hugo Irazábal logra representar en sus últimas muestras, que arrancan con su exposición individual Amazonas –hacia el año 1994–, la conjunción de diferentes elementos que provienen de lo urbano, de lo criollo, de lo indígena y de lo selvático.  Estos trabajos, en su conjunto, configuran un ecosistema estético de tal belleza que dispara la imaginación hacia un universo híbrido en donde el hombre, la naturaleza y los elementos que habitan en ambos, se armonizan en ese hábitat artístico que define a este creador. El propio Irazábal explicando lo que es su ecosistema artístico nos dice:

“Un ecosistema es la convivencia de la diversidad. En esa convivencia con la diversidad comenzó a interactuar mi experiencia como ser urbano. No me puedo desdoblar en un primitivo porque no lo soy, ya estaba contaminado con lo urbano, y decidí poner a convivir esas dos realidades”.

 

II

Creo que estoy entrando en un terreno que no me corresponde, pues no soy especialista en arte y mucho menos crítico en artes plásticas. Quien esto escribe es tan solo un espectador que disfruta o no de una obra, de una creación. En este proceso de recepción de la obra de arte como público me pregunto si el trabajo creativo de Irazábal parte de aquello que afirmara Walter Benjamin en relación al sensorium; es decir, una nueva sensibilidad que se expresa y materializa en la mezcla de técnicas que proceden de campos de creación distintos: la fotografía, el diseño gráfico, la pintura, el ensamblaje, el dibujo, intervenciones en el espacio, el recurso digital… Un estudioso de Benjamin, Jesús Martín-Barbero, nos lo expresa con estos términos: “Irrumpe así  una nueva forma de percepción cuyos dispositivos han dejado de ser el recogimiento y la totalización de la percepción clásica, para ser ahora la dispersión y la imagen múltiple”.

El trabajo de Víctor Hugo Irazábal compromete una experiencia estético-social diferente en donde el valor cultual de la obra de arte cede ante el valor exhibitivo. En tal sentido podemos decir con Walter Benjamin que: “Todo prodigio tiene dos caras,  la de quien lo hace y la de quien lo recibe. Y no es raro que la segunda sea más instructiva que la primera, puesto que incluye su misterio”. Esta idea siempre ha acompañado el trabajo y el pensar de Irazábal. En  1968 ya nos lo decía:

“Quiero que el espectador se sitúe en un plano de actividades dentro de mi obra y no en la pasividad que hasta hace poco lo había caracterizado. Ella es una invitación al público a penetrarla, abordarla, transformarla, vivir, palpitar y sentir dentro de ella”.

 

III

La primera vez que escuché de Víctor Hugo Irazábal fue en la Escuela de Comunicación Social de la UCV, por allá en la década de los años setenta. En 1972 ingresa a cursar estudios de Comunicación. Se gradúa en 1980, pero Irazábal ya venía con una trayectoria de estudio y trabajo sobre artes plásticas en general. Había formado parte de grupos y talleres experimentales donde empieza a darse a conocer como pintor, ilustrador, dibujante, ensamblador de objetos diversos, y paremos de contar.

En Víctor Hugo Irazábal encontramos dos vertientes creativas bien definidas. Por un lado, su trabajo artístico donde la pintura, el collage-ensamblaje y el dibujo son predominantes en sus obras. Pero también está presente la faceta del periodista, donde el ilustrador, el diagramador y el diseñador gráfico soportan y definen su trabajo. Desde esta segunda práctica nos conocimos con Víctor Hugo. Allí nació nuestra amistad –a comienzos de la década de los ochenta y hasta el presente– en el diario El Nacional donde se desempeñaba como coordinador de proyectos especiales y luego como diseñador-diagramador del Cuerpo E, del Papel Literario y de Feriado. Esta dimensión como diseñador e ilustrador de medios impresos la podemos encontrar, asimismo, en las revistas Bohemia, del Bloque de Armas; Mira; Fundateatro; en el periódico Economía Hoy; en El Mundo, de la Cadena Capriles y en el semanario humorístico El Sádico Ilustrado.

A partir de la década de los noventa se inicia su encuentro con la geografía y el paisaje del país. Primero fue la aridez de la península de Paraguaná, pero ya venía concibiendo su proyecto, quizás más ambicioso. Desde 1991 se asienta en el Amazonas con la idea de seguir los pasos de Humboldt. Por fin, finalizando el año 1994 presenta su muestra individual Amazonia. Signos sensibles. De este trabajo de inmersión y creación selvática e indígena surge el libro Amazonia. Apuntes de la inmensidad, editado en 1996 por la Fundación Polar. En esas páginas se recogen las notas y reflexiones del artista de su paso y recorrido por el Amazonas venezolano. El libro se abre con una cronología de Víctor Hugo escrita por su compañera Zulema González.

 

 

Un epílogo inevitable

En esta crónica, que apenas ha recorrido un breve trayecto del trabajo de este artista, quiero mencionar que mi amistad con Víctor Hugo creció desde que él se unió, en 1997, al equipo que edita la revista Comunicación de la Fundación Centro Gumilla. Ese año publicábamos el número cien y este se ilustraba con el trabajo sobre el Amazonas. Aparecía la primera “Galería de Papel” creada y coordinada por Irazábal hasta nuestros días.

Para finalizar, y como una nota al margen de este encuentro cultural, e inevitablemente tomándole el pulso a nuestra realidad-país, que se nos antoja como un des-orden que pretende reinar en todas partes, recogemos lo que este artista respondió a un periodista del diario El Nacional: “¿Qué pasaría en Venezuela si las artes plásticas incomodasen al gobierno como lo han hecho las caricaturas y el periodismo?”. Su respuesta: “La buena caricatura, el periodismo objetivo y el buen arte no son cómodos para ninguna revolución totalitaria. Aténgase a las consecuencias”.

Abr 29, 2016 | Actualizado hace 4 años
El buen periodismo lo logra, por Marcelino Bisbal

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I

Parafraseando al escritor español Javier Marías a propósito de su columna en el País Semanal: “La realidad es tan repetitiva que a todos nos obliga a serlo, sobre todo cuando se trata de una reiteración siempre a peor”. O a Umberto Eco cuando expresaba que los tiempos que nos está tocando vivir a todos son oscuros y las costumbres son corruptas, que ya estamos cansados de dar saltos hacia atrás y que la pequeña historia del presente es la historia de los pasos de cangrejo. ¿Qué diremos los venezolanos de este tiempo? Ya vamos perdiendo la capacidad de asombro ante todo lo que acontece. Hay quienes dicen que un sketch del desaparecido programa televisivo Radio Rochela se quedó pendejo.

Sin embargo, ocurren eventos que nos hablan de que no todo está perdido o dejado al azar. Hace quince días –a partir del domingo 3 de abril– la noticia más reiterada –que según han dicho se convirtió en tendencia mundial global–, la más comentada, fue la de los reportajes publicados bajo el rótulo de  #PanamaPapers o los Papeles de Panamá. Se trata de una serie de trabajos periodísticos producto de una filtración realizada al periódico alemán Süddeutsche Zeitung de poco más de 11,5 millones de documentos en soporte digital de la firma panameña Mossack Fonseca que lidera, a nivel mundial, la colocación de empresas en paraísos fiscales (es lo que se llama, en terminología económica, compañías off shore).

Entre los detalles del trabajo de investigación periodística destacan: la coordinación general le correspondió al Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés); un total de 300 comunicadores fueron los encargados, en 109 medios en distintas partes del mundo, de darle forma de reportaje investigativo; los primeros papeles fueron publicados en 107 medios de unos 76 países del planeta; en nuestro país se convocó a 11 periodistas de medios digitales, a través del portal de investigaciónArmando.Info. Este portal fue el que coordinó toda la operación que consistió en: tamizar, seleccionar, contextualizar la información destacada y, sobre todo, interpretar –verificando y reporteando– lo encontrado en 241.000 documentos filtrados donde aparece un grupo de venezolanos que estuvieron ligados, algunos todavía lo están, al poder político gubernamental y a la gestión del gobierno. También se descubrieron documentos digitales de empresarios privados que de manera repentina se enriquecieron y expandieron sus fortunas a expensas del gobierno chavista. Otros portales de información se unieron a este trabajo colaborativo como Runrunes, El Pitazo y Efecto Cocuyo. Estamos en presencia de una primera entrega y desde ella hemos podido leer las historias de 9 venezolanos que fueron pillados con fortunas hechas a través de la apropiación indebida de dineros públicos que son de todos nosotros.

Se nos informa que viene una segunda parte, como en las series televisivas que tan de moda están en estos tiempos. En todos los documentos trabajados el tema principal es el de la corrupción de altos funcionarios del gobierno bolivariano, así como empresas e individuos cercanos a él. El reporte presentado hasta los momentos se pregunta: ¿cómo es posible que personas que ocuparon puestos en el gobierno, así como sus cómplices, se hagan con fortunas que sobrepasan su capacidad salarial y de ahorro? La información procesada demuestra que los nombres allí reseñados estuvieron involucrados en hechos de malversación de dineros públicos.

Pensar que cuando llegan al poder, en 1999, su principal bandera política, que se publicitó hasta el cansancio, era acabar con ese flagelo. En aquel momento se le dijo al país que “el intento de construir un país democrático nació en el rumbo torcido y con la semilla de su propia degeneración en las entrañas” y que “lo social es el escenario por excelencia donde el Estado irresponsable olvida que gobernar es rendir cuentas, que quien maneja dineros y recursos públicos debe rendir cuentas públicas. Las cuentas en educación, salud y vivienda traducen una deuda social que precisa ser honrada por el nuevo Estado”.

 

II

El tiempo es traicionero con las palabras. Estas se desgastan por la acción pública. Las palabras, producto del lenguaje, nos revelan mucho, a veces más que cualquier otro rasgo, nos dirá el poeta Rafael Cadenas. También apunta que: “El lenguaje está cargado hasta los bordes de tiempo. Nos sumerge en el pretérito o nos lo trae a nuestro hoy. Rezuma formas de vida por todos sus poros, y él mismo es forma”. Si asumimos esta apreciación como cierta, vemos cómo el tiempo trascurrido –diecisiete años– nos está hablando de quiénes son los que gobiernan y desgobiernan al país y lo que han hecho con él.

El lenguaje muchas veces es un reflejo de la realidad social, pero esta se empeña en contradecir lo expresivo de las palabras. Esto es lo que ha pasado a lo largo de todo este tiempo. Pienso que todavía falta mucho más por descubrir para confrontar esas palabras, esos discursos que emanan desde las esferas públicas. Esto es lo que ha logrado hacer, a pesar de todos los obstáculos y barreras, el periodismo de investigación. Aquel que no se conforma con solo dar noticias, sino que va más allá por medio de la indagación y el análisis serio. “El buen periodismo vale…” nos dice Moisés Naím. En este caso vale porque nos ofrece datos y referencias bien documentadas, porque devela cómo se tejen grandes capitales desde altos niveles y porque toda esa información revelada es de interés público.

Lo que hemos podido leer y escuchar por intermedio de algunos medios, tanto los convencionales (especialmente la prensa y la radio) como los llamados digitales, es que en Venezuela todavía podemos contar con un periodismo que no se ha inmovilizado a pesar de las políticas establecidas desde la dirección política del país. Frente a un periodismo oficial monolítico, está este otro periodismo que le planta cara al poder, que penetra la realidad para escrutarla y no para embellecerla o para ocultarla por razones ideológicas o por miedo. Los medios oficiales ocultaron la información y una buena cantidad de medios privados la obviaron autocensurándose, pienso que por presiones o por ser parlantes  del chavismo.

Uno de los periodistas que está participando en el trabajo investigativo de los Panama Papers (capítulo Venezuela), Alfredo Meza, nos dice que: “La perversidad del poder en Venezuela ha despertado una curiosidad exótica en otras latitudes. ¿Qué nombres podrían salir de allí? Seguramente, una lista de pobres de solemnidad convertidos en millonarios de la noche a la mañana. O de burócratas con poder, que ante la destrucción de las instituciones venezolanas, con Pdvsa en primerísimo orden, sacaron su tajada, sin muchos escrúpulos, pero con deseos de ocultarla. Claro, hay otros nombres, de procedencia y filiación opositora, a quienes también les gusta el secretismo y aman la opacidad. Así que nuevos personajes saldrán de la oscuridad”. El periodista Meza remata diciendo, de manera tajante, que el periodismo no puede ser el megáfono del poder y que “su papel fundamental es hacer contraloría, criticar y contar historias que le permitan a la sociedad estar mejor informada”.

Ante el des-orden que campea libremente por todo el territorio nacional y en todas las esferas de la vida pública, las revelaciones que nos han dado un buen y calificado grupo de periodistas venezolanos, todos ellos venidos de medios que fueron comprados por ocultos empresarios ligados al chavismo, nos hablan de que todavía es posible tener el Principio de Esperanza del que nos habla el alemán Ernst Bloch, el filósofo de las utopías concretas, de las ensoñaciones, de las esperanzas. Todo porque este tipo de periodismo cumple funciones relevantes en la sociedad al definir la realidad y darla a conocer desde las representaciones que de ella se hace y desde la información profundizada y contrastada.

El des-orden coloca todos los obstáculos posibles para limitar la libertad de comunicar, pero esta se filtra por donde menos se lo espera el poder. Los Papeles de Panamá son una buena muestra.

 

Marcelino Bisbal

El Nacional

Periodismo y política en lucha por la democracia por Marcelino Bisbal

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Hagamos una declaración de principios: el debate sobre la libertad de expresión es un debate sobre la democracia. Existe una relación estrecha entre democracia y libertad de expresión. Se requiere de una verdadera democracia en el sentido de que ella implica el desarrollo libre y autónomo de la ciudadanía, la conformación de espacios públicos de acuerdo con los intereses de los ciudadanos y la posibilidad real –sin el freno del gobierno en funciones de Estado– de ejercer los derechos del hombre para el pleno ejercicio de la libertad de expresión. Esto significa que el derecho a la libertad de expresión implica la posibilidad de ejercer los demás derechos, porque la información hoy, dentro de este mundo globalizado y mundializado culturalmente, se ha convertido en el polo alrededor del cual se organiza gran parte de la vida pública y por lo tanto de la ciudadanía del presente.

Hasta bien entrada la década de los años ochenta del siglo pasado, el planteamiento y posterior discusión sobre la democracia en América Latina estaba estrechamente vinculado con el tema de cómo alcanzamos regímenes verdaderamente democráticos y cómo llegar a transiciones políticas que nos permitieran alcanzar la tan ansiada democracia. En estos momentos, la discusión es otra, ya que hemos pasado, en principio, de formas autoritarias de hacer política hacia formas democráticas de sustentar el juego político.

El planteamiento anterior es cierto relativamente, pues no significa del todo que hayamos superado los aspectos autoritarios de hacer y conducir la política. En el horizonte político de América Latina hemos visto a lo largo de estos años el avance de un nuevo autoritarismoque de alguna forma retrasa la prometedora expansión de la democracia en la región. Esto significa que en la América Latina hoy se aprecian espacios en donde se observa un creciente divorcio entre el gobierno en funciones de Estado y una parte sustantiva de la sociedad. En los últimos años la presencia de gobiernosneopopulistas ha venido dibujando un futuro para la libertad de expresión implosivo. Así lo demuestra el desarrollo de todo un conjunto de acciones que emergen desde el vértice del gobierno y que, en el contexto de la Venezuela del presente, se manifiestan en un complejo y entramado nudo de aconteceres comunicacionales.

¿A qué viene ese planteamiento principista? Lo hemos dicho ya muchas veces. En Venezuela estamos en presencia de nuevo régimen comunicativo. La comunicación social –léase mejor información– y los medios por donde ella circula han ganado en estos diecisiete años un papel estratégico para el poder instaurado desde 1999. La idea casi exclusiva de la comunicación dentro de una economía abierta y competitiva empezó a cambiar desde los inicios del régimen chavista. Pero en el tiempo también empezarían a cambiar las comunicaciones libres, abiertas y plurales. En la denominada era bolivariana la subordinación de los medios y sus comunicaciones con respecto a la política, ha venido siendo una constante impuesta desde la cúspide del poder. Hoy, el debate político para el mundo oficialista se juega en y desde los medios, de ahí que el gobierno haya querido imponer lo que denominamos un nuevo régimen comunicativo.

Para comprender las líneas por las que se mueven las políticas comunicacionales impuestas por el gobierno, se hace necesario un campo de reflexión que ya ha sido esbozado por algunos textos a lo largo de estos años.

Debemos mencionar, en primer lugar, Hegemonía y control comunicacional (Varios autores. Editorial Alfa, UCAB, 2009). Este primer ensayo-diagnóstico intenta dar luces de lo que fue lainstitucionalización –en palabras del régimen– de la tan nombrada hegemonía comunicacional, o de ver cómo la confrontación se fue convirtiendo en medio gubernamental y especialmente presidencial. En el libro se plantea, como idea central que “… el gobierno juega al miedo de los venezolanos y de los medios (…) En ese sentido, los medios se han convertido en piezas claves y cajas de resonancia de la mediación social y política del presente (…) Y todo ello se suscita a través del análisis crítico, reflexivo y dialogante con el Estado-comunicador y la hegemonía comunicacional que se ha propuesto instaurar en el país”.

Vendría después el ensayo de Andrés Cañizález: Hugo Chávez: la presidencia mediática (Editorial Alfa, 2012). Ya está consolidada la llamada hegemonía comunicacional. El gobierno, en funciones de Estado, cuenta con una gran plataforma de unidades comunicacionales desde las cuales emprende lo que Umberto Eco llamaría el populismo mediático. Se nos dice en ese texto que “más allá de la consolidación de un aparato mediático estatal sin precedentes en la historia democrática de Venezuela, el presidente Chávez gobierna desde una dimensión mediática. Dos espacios son expresión de esta acción. Por un lado está el uso de las cadenas nacionales de radio y televisión, y por el otro su programa dominical¡Aló, Presidente! Durante sus extensas intervenciones mediáticas, el presidente no solo hace anuncios, sino que toma decisiones de política pública (…) Se trata de un hecho sin precedentes: el presidente Chávez gobierna desde lo mediático”.

El otro libro que es de obligatoria mención es Saldo en rojo. Comunicaciones y cultura en la era bolivariana (Varios autores. UCAB, Fundación Konrad Adenauer, 2013). En este se da cuenta, con lujo de detalles, de todo ese proceso de creación de un nuevo régimen comunicativo. Se trata de una publicación que nos ayuda a entender cómo el gobierno de antes (1999-2013), y el de ahora, conciben al sector de las comunicaciones y la cultura, donde el control social está presente combinando la represión jurídica, la represión impositiva, la represión publicitaria, la represión informativa e incluso estableciendo mecanismos de supresión de libertad de comunicación. Desde las páginas de Saldo en rojo nos damos cuenta con gran precisión de aquello que expresara el escritor Alberto Barrera Tyszka; “Este gobierno puede improvisar en todo menos en las comunicaciones. Llevamos catorce años viendo cómo se reproduce mil veces un guión”.

El otro texto que hay que referir es el de Paola Bautista de Alemán  que lleva por título A callar que llegó la revolución. La imposición del monopolio comunicacional en Venezuela (La Hoja del Norte. 2014). La motivación principal de este libro es el de dar cuenta de los 15 años de la revolución bolivariana en el ámbito de la comunicación social. La autora define este proyecto político con los rasgos del totalitarismo. En tal sentido el régimen requiere de una sola voz, no puede haber voces disidentes. Para ello el gobierno se ha hecho de casi todos los medios y lo que hoy predomina en el espacio de la opinión pública es la censura y la propaganda.

Y el más reciente: Autoritarismo comunicacional. Dimensiones del control  de quien esto escribe (Libros El Nacional, 2015). Este libro nos da cuenta del conjunto de relaciones –autoritarias en su mayoría– que se han venido tejiendo entre el gobierno de Nicolás Maduro y el sector de los medios de comunicación y sus profesionales. Esas relaciones parten de lo que dejara instituido el proceso encabezado, desde 1999, por el entonces presidente Hugo Chávez Frías hasta su desaparición física en marzo de 2013. Autoritarismo comunicacional hace referencia a un planteamiento del sociólogo chileno José Joaquín Brunner cuando dice: “Existe una conexión profunda entre el sistema político prevaleciente en una sociedad determinada y el régimen comunicativo que aquel en parte condiciona y al cual necesita para subsistir”.

Estas investigaciones apenas esbozadas, convertidas en libro, más allá de dar cuenta de cómo un gobierno ha visto y está viendo el campo de las comunicaciones, nos dicen también que el debate sobre la libertad de expresión y la democracia tiene un objetivo inmediato: la revalorización de la ciudadanía, la revalorización del espacio público y la revalorización de la información como bien público que no puede estar sujeta a ningún tipo de control.

El des-orden presente y sus políticas alientan acciones y procesos en diversos ámbitos de la vida que van en una dirección muy distinta a la de considerar la libertad de expresión y la libertad de comunicar como piezas fundamentales de la democracia.

 

Marcelino Bisbal

El Nacional

Feb 26, 2016 | Actualizado hace 4 años
Umberto Eco se despide por Marcelino Bisbal

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Umberto Eco mantuvo, durante muchos años, una gran diversidad de columnas en variadas publicaciones latinoamericanas y de casi todo el mundo. Una de ellas llevaba por título “Desde Europa” y la pudimos seguir trimestralmente en la revista El Librero aquí en Venezuela.  En una de esas columnas (2012) nos expresaba que “uno de mis deseos es ponerle fin a esta columna, al menos en su actual encarnación. Cada tantas semanas tengo que conjurar un tema que aparente sea de actualidad, aun si lo que realmente quisiera hacer es volver a leer la obra de Píndaro y escribir (con bastante retraso) una reseña de sus poemas”. Pues bien, desde el 19 de febrero Eco podrá dedicarse a lo que más le gustaba que era leer y releer lo que ya había leído. Es que era un apasionado del libro, de cualquier libro, verdaderamente un fanático como confesó en alguna oportunidad. Por eso decía que “una colección de libros es un fenómeno masturbatorio, solitario, y raramente se encuentran personas que puedan compartir nuestra misma pasión. Si poseemos cuadros muy bellos, la gente nos visitará para admirarlos. Pero no encontraremos a nadie interesado de verdad en nuestra colección de libros antiguos. No entienden por qué le damos tanta importancia a un librito sin ningún atractivo, y por qué nos ha costado años de búsqueda”.

Para Eco el libro lo era casi todo, lo podía casi todo. Porque “el libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo… Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”.

Fue un italiano excepcional, de una vastísima obra no solo orientada a un tema o disciplina en particular como pudiera ser la filosofía o la semiología, quehaceres ambos que desempeñó como académico que fue, sino que se encaminó también por las rutas del arte, la estética y la cultura en general. Desde 1980, con la publicación de su primera novela –El nombre de la rosa–,  se fue por el mundo de la novelística  con la destreza del que conoce desde hace un buen tiempo esos caminos y ese oficio de escribidor de mundos ficcionales. A partir de esa novela vendrán otras como El péndulo de Foucault (1988), La isla del día de antes (1994), Baudolino (2000), La misteriosa llama de la Reina Loana (2004), El cementerio de Praga (2010) y más recientemente Número cero (2015). Pero ninguna de estas novelas alcanzará el éxito de ventas de El nombre de la rosa. Se dijo, en su oportunidad, que había vendido 50 millones de ejemplares. Además fue llevada al cine en 1986 por el director Jean-Jacques Annaud, contando con el actor Sean Connery en el papel de William de Baskerbille como una especie de investigador-detective en plena Edad Media.

Nuestro encuentro con el pensamiento de Umberto Eco se da en plena década de los años setenta cuando en Venezuela y en América Latina estamos en plena discusión y confrontación en torno a la cultura de masas desde la vertiente crítica –perspectiva europea y frankfurtiana para más señas– y la orientación sociológica formal y norteamericana. Era un pensar sobre los medios y no avanzábamos hacia ningún norte. Llega entonces Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas en donde Eco logra poner en su lugar el papel histórico que cumple la conocida cultura de masas. Nos dirá que “la cultura de masas tiene lugar en el momento histórico en que las masas entran como protagonistas en la vida social y participa en las cuestiones públicas”. Después nos topamos con otro texto editado en español en 1986, La estrategia de la ilusión. Colección de ensayos que trata de analizar lo cotidiano que va desde el deporte, la política, los medios en general y se detiene en la televisión para hacer un análisis de la cultura televisiva –como cultura popular– en cuanto proceso semiótico o de significación. Es un libro que critica a los mass-media a través de los mass-media y nos expresa que “en el universo de la representación mass-mediática, es la única elección de libertad que nos queda”.

La mexicana Rossana Reguillo, en relación con otro libro fundamental para comprender la comunicación y la cultura en América Latina, De los medios a las mediaciones, de Jesús Martín-Barbero, nos dirá –y tomamos sus palabras para expresar lo mismo con referencia a los dos libros de Umberto Eco antes señalados– que “el texto llega en un momento en el que, como parte de una generación más o menos emergente de estudiosos de la comunicación, enfrentaba la encrucijada de la fuga y la renuncia. De un lado, estaba el cansancio ante una literatura y un pensamiento que se ocupaba centralmente de los medios de comunicación y proponían (casi) como única opción legítima para los interesados en la comunicación, la investigación de y en los medios, pero carecía de un planteamiento que permitiera problematizar el antes, el durante y el después de los medios, o en otras palabras, lo que yo interpretaba en aquel momento, como una distancia dolorosa con los actores de la comunicación, es decir, los sujetos y su vida cotidiana. La investigación empírica me lanzaba intermitentes señales de alerta, la cuestión se me volvía más compleja y la literatura dominante en comunicación en esta época, me dejaba insatisfecha. La fuga hacia otros territorios del saber era prácticamente inevitable”.

Ni el filósofo, ni el especialista en estética, ni el semiólogo que fue Umberto Eco pudo desprenderse de su especial afición por el análisis e interpretación de la cultura de masas o de la civilización del espectáculo como recientemente la denominó el escritor Mario Vargas Llosa copiando a Guy Debord con su Sociedad del espectáculo.  Eco nos manda a leer a McLuhan para comprender la televisión y lo que la gente hace con ella, porque “el hombre gutenbergiano  ha muerto”. Pero también nos manda, casi obliga, a leer al norteamericano Dwight MacDonald y a Walter Benjamin. En tal sentido, no tiene pérdida el ensayo que escribiera Eco en 1984: “El modelo americano: veinte años de difusión de la cultura estadounidense en Italia”.

Todo el pensamiento de Umberto Eco en relación con los medios masivos de comunicación y su cultura está más cerca de Walter Benjamin que de T. W. Adorno. Porque Benjamin fue quien logró ver para su época (hasta 1940 cuando se quita la vida en Port-Bou, pequeño pueblo catalán) el sentido trasgresor de la tecnología frente a las bellas artes o la cultura elitesca. Eco critica ferozmente a la teoría crítica al decir “que el empleo indiscriminado de un concepto fetiche como el de industria cultural implica, en el fondo, la incapacidad misma de aceptar estos acontecimientos históricos, y –con ellos– la perspectiva de una humanidad capaz de operar sobre la historia”.

Umberto Eco estuvo en Caracas por allá en 1994, invitado por la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas de Fundarte (organización cultural de la Alcaldía de Caracas). Tulio Hernández fue el ideador y promotor de 25 conferencias sobre la ciudad, el espacio público y la cultura urbana. La disertación de Eco tuvo que ver con la idea de un mundo posible y un mundo real vistos desde la novela-ciudad.

Si Umberto Eco nos visitara hoy ¿qué vería? ¿Cómo nos vería a los venezolanos? ¿Qué nos diría? ¿Qué interpretación haría de la realidad presente? ¿Cómo caracterizaría este des-orden de país, de sociedad, de ciudadanía…? Quizás nos expresaría aquella noción de verdad que está presente en la ficción y que no puede ser puesta en discusión, mientras que el mundo real que estamos viviendo los venezolanos parece ser, de hecho es, un lugar insidioso.

Dejo estas líneas, seguramente des-ordenadas, de mis lecturas de Umberto Eco, de aquellos libros que he citado y que resultaron ser libros fundacionales para mis trabajos como docente. Porque como bien nos dijo una vez: “El problema de la cultura de masas nos atañe a todos”, como a todos nos atañe este des-orden.

 

El Nacional 

Cartografia de la censura y la autocensura por Marcelino Bisbal

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La información se ha vuelto un factor estratégico en estos tiempos. Nunca, como hoy, el componente información-comunicación había sido tan significativo y trascendente para la vida y la buena salud de las sociedades contemporáneas. En tal sentido, la información se constituye en un bien público para los ciudadanos y la sociedad en general. Carecer de información es andar a tientas a la hora de movernos, de tomar decisiones y de desarrollarnos como individuos.

La información no solo es importante para saber y conocer qué es lo que se debate en la esfera pública, es también requerida para la comprensión de la vida y es además un elemento clave en los procesos de producción, distribución y uso (consumo) de los bienes y servicios tanto materiales como simbólicos. En consecuencia, los límites que se impongan a recibir buena y sana información es afectar al sistema social en general. ¿Por qué? Es que, tal como nos lo apunta el sociólogo español Manuel Martín Serrano, las afectaciones al sistema informativo y comunicativo se constituyen en afectaciones al sistema social, porque no son modelos causales, sino mediacionales.

Hay un juego de alianzas entre estar informado acerca de lo que acontece y el intervenir en lo que acontece. Esto nos habla del valor del periodismo y de la comunicación en general. El escenario informativo y comunicativo del presente, cada vez más mediado por nuevos y sofisticados instrumentos tecnológicos, es de tal riqueza y complejidad a la vez que el hecho de estar informados nos hace partícipes del presente en el sentido de que “los acontecimientos sociales no son objetos que se encuentran ya hechos en alguna parte de la realidad y cuyas propiedades y avatares nos son dados a conocer de inmediato por los medios con mayor o menor fidelidad. Solo existen en la medida en que esos medios los elaboran”, nos dirá el argentino Eliseo Verón. Con otras palabras: la información se ha convertido en el espacio en donde la sociedad se ve y produce su propia realidad, nuestra realidad.

Caemos así en el tema de la censura y la autocensura. Temas críticos en la Venezuela de hoy y que implican el no conocimiento de lo que ocurre en el país con los actos del gobierno y sus consecuencias, con la comprensión de los más diversos y variados problemas de la vida pública. En conclusión, estamos frente a una sociedad y una ciudadanía que está desinformada o mal informada; que conoce algunos hechos a medias; que la información como bien público se ha desvirtuado; que el registro de los aconteceres no es siempre cierto porque las fuentes informativas no son confiables o porque se tiene miedo a decir la verdad ante presiones oficiales o privadas… El resultado presente en esta Venezuela, repleta de problemas que van desde la economía, la política, lo social y cultural y hasta la misma intimidad, es que poco a poco hemos ido perdiendo la deliberación social tan necesaria para el reconocimiento y la construcción del Ágora griega o el Foro romano como los lugares donde se reunían los ciudadanos con las autoridades para escuchar y ser escuchados.

Desde este contexto de principios nos parece importante destacar una investigación llevada a cabo por el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS) por segundo año consecutivo sobre el tema del periodismo venezolano y las presiones a las que está sometido. El primer trabajo (2014) tiene por título  Propietarios de la censura en Venezuela. Esa investigación llegó a la conclusión de “la opacidad en los procesos de compra-venta de la mayoría de los medios de comunicación”. Y demuestra también “cómo las ventas estuvieron forzadas por un conjunto de presiones contra los medios por su línea editorial como la apertura de procesos judiciales y cierre de fuentes de información. Tras el cambio de propiedad se evidenciaron modificaciones de la línea editorial y esfuerzos por silenciar a periodistas críticos. Una constante fue la disminución de las unidades de investigación en impresos y en televisión. Otra, la renuncia y despido de muchos periodistas”.

Ahora, esta organización no gubernamental, que tiene como objetivo la promoción y defensa de la libertad de expresión, por un mejor periodismo y por el derecho a la información y comunicación, nos ofrece otra valiosa investigación que se orienta al análisis de la censura y autocensura en el país. Su título: Estudio 2015: censura y autocensura en periodistas y medios de comunicación. Periodismo en arenas movedizas. El trabajo configura una cartografía sobre el tema a través de la consulta a 227 periodistas de medios privados, independientes, comunitarios y estatales. Abarcó 16 estados del país. ¿Conclusión?

-“Pese a que se han abierto nuevos espacios independientes y el periodismo ha tomado un respiro con nuevas iniciativas que han derivado en el cambio de la configuración del ecosistema de medios del país, el temor ha copado los espacios en los que debe de prevalecer la máxima expresión. Así se ha avanzado hasta llegar a un periodismo cohibido, domesticado, complaciente, indulgente. Un periodismo sigiloso”.

-“Los estrados francos para la denuncia y el escrutinio público se han debilitado ante las incesantes presiones. Algunas veces excesivas, otras veces menudas. En ellas se imponen las coacciones que logran distorsionar la naturaleza del periodismo como fuerza de contrapoder, un oficio indispensable en cualquier democracia”.

-“Esta es la manera en la que gira el círculo de la censura, a la velocidad de una sociedad desvirtuada, carente de independencia, pluralidad, diversidad y calidad informativa, condiciones fundamentales para garantizar la salud de la deliberación pública”.

Muchas veces se le critica a los periodistas-comunicadores de ser muy críticos y de ser más reactivos que propositivos. Sin embargo, el estudio nos presenta unas propuestas ofrecidas por los mismos periodistas encuestados: 1-La necesidad de formular una ley de acceso a la información pública (97% lo afirma). 2-Una ley de protección a los periodistas (93% lo pide). 3-Establecer una ley de reserva de fuentes (90% de los encuestados). 4-Necesario generar una ley de medios de servicio público (87% lo considera necesario). 5-Una ley de Internet (85% lo plantea). 6-Imprescindible una ley de infracciones civiles (60% la ve necesaria).

El des-orden ha ido de menos a más y a una velocidad sorprendente. El des-orden ha pasado de su ocultamiento a la absoluta transparencia. El des-orden ha salido de la privacidad de sus actos hasta enseñorearse como rutina… La fiesta y el encantamiento se acabaron. En tal sentido sería bueno recordar aquello que apreciara la filósofa política alemana Hannah Arendt en La condición humana (2005, Paidós), cuando nos expresa que “lo público es lo que puede ser visto y oído por todos, es lo que recibe la mayor publicidad posible”.

 

Marcelino Bisbal

El Nacional