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Cruz Roja entregó donación de ayuda humanitaria en Hospital Central de San Cristóbal

DURANTE LA TARDE DEL PASADO MIÉRCOLES, el Comité Internacional de la Cruz Roja entregó a las autoridades del Hospital Central de San Cristóbal las primeras cajas de ayuda humanitaria, con medicamentos e insumos para fines quirúrgicos.

“Agradecemos la donación que ha hecho la Cruz Roja Internacional, lo vamos a disponer de la mejor manera y cuidado para que sea dirigida a la gente que realmente lo requiere”, precisó el director del centro hospitalario, Renny Cárdenas.

El médico aclaró que los medicamentos e insumos entregados son cantidades pequeñas comparadas con los requerimientos del centro asistencial, el de mayor alcance en la región porque atiende no solo a los tachirenses sino a pacientes de los estados Barinas, Apure y parte del Zulia.

Más información en La Nación.

DE CARACAS A SAN CRISTÓBAL y, desde allí, a la frontera. Esta es la historia de cómo un puñado de activistas arribó a uno de los puntos en donde se espera que ingresen las donaciones de insumos médicos, medicinas y comida para atender la emergencia humanitaria que atraviesa Venezuela 

@loremelendez   

“Oiga la guardia,

oiga el Sebin.

Esto se cae como el Muro de Berlín”

A todo pulmón cantaban la tarde de este jueves, 21 de febrero, los miembros del Laboratorio Ciudadano de No Violencia Activa (Labociudadano) en medio de la carretera que separa a la población de El Mirí y Santa Bárbara, en Barinas. Estaban eufóricos, rodeados de los habitantes de Pedraza La Vieja, quienes minutos antes los habían recibido con saludos, gritos y banderas. Los pobladores esperaban saludar a los voluntarios que se trasladaban a la frontera para ayudar a ingresar a Venezuela la ayuda humanitaria que había llegado a la ciudad de Cúcuta, en Colombia. Y estos habían llegado con tambores hechos de botellones plásticos, tobos y hasta un sartén.

“Nosotros estamos aquí ahora, pero más tarde vienen los boliches y nos amenazan”, dijo una joven que estaba en el grupo de 50 personas que cantaba junto a los activistas. Se refería a los guerrilleros que controlan el pueblo desde hace más de una década. Castigan con la muerte al que se “porta mal” y también asedian al que se atreve a arengar y criticar al chavismo.

Esa tarde, los habitantes de Pedraza La Vieja no estaban solos. Habían salido con la excusa de la cola de la gasolina que, cada ocho días, llega a la estación de servicio del pueblo. Sus banderas precedían la fila de decenas de vehículos que esperaban por combustible desde hace horas.

 

Pero la gasolina no es la única necesidad del pueblo. Lo que más les preocupa es que el ambulatorio está completamente desabastecido, que no hay ambulancia que pueda trasladarlos a Santa Bárbara por una emergencia, que se sienten completamente a la deriva si uno de ellos se enferma de gravedad, que pueden morir en cualquier momento por una urgencia médica que podría controlarse fácilmente si tan solo hubiese insumos básicos en el pequeño centro médico. Por eso, para ellos el ingreso de la ayuda humanitaria es un ruego. Por eso se emocionaron tanto cuando los voluntarios se bajaron a saludarlos.

Cada gandola, automóvil o camioneta que pasaba por la vía era motivo para que los de Pedraza gritaran para saludar.

“No más lentejas,

sardina y yuca.

Lo que yo quiero es que se vaya el hijo e’puta.

 

Las consignas musicales convirtieron en jolgorio aquella manifestación. “Han pasado otros, pero ningunos son tan panas como ustedes”, comentó otra muchacha antes de despedir a los viajeros que siguieron su camino. Les había llevado una limonada para agradecer la media hora que los acompañaron a orillas de la carretera.

Para los voluntarios, el momento había sido lo mejor de su travesía. Cuando sucedió, ya llevaban más de 10 horas de viaje desde Caracas, habían atravesado seis estados, ciudades ruinosas y más de 15 alcabalas, y comido frugalmente para llegar a San Cristóbal, la capital del fronterizo Táchira, antes de que anocheciera. Conforme se acercaban a su destino, se preocupaban más por los puntos de control de militares y policías que podrían detener su travesía si se enteraban a qué iban. Por eso debieron mentir.

-¿Que decimos, que vamos a unos 15 años? – preguntó una de las líderes de los activistas.

-En realidad vamos a unos 20 años- bromeó otro de los voluntarios.

Todos rieron para aliviar la tensión. Al final, inventaron que se trasladaban a un evento empresarial. Y, pese a las dudas de algunos guardias, funcionó. Nada los detuvo hasta que la noche cayó.

 

Cuando apenas faltaban 20 minutos para llegar a San Cristóbal, una cola los sorprendió. Ningún carro se movía y estaban a escasos metros del peaje de la ciudad. Tras bajarse e indagar, se conoció la razón: miembros de un colectivo (paramilitares del chavismo) de la zona, despojaron a un chofer de su gandola para atravesarla e impedir el paso de cualquier vehículo. A su alrededor, quemaron cauchos para cerrar completamente el tránsito. 

 

Los colectivos estaban armados y apuntaron a varios de los conductores, entre ellos, a una familia que provenía de La Fundación – un pueblo situado a tres horas de San Cristóbal -. Cuando los voluntarios llegaron, la pareja todavía no superaba el susto. Les habían puesto un fusil en el rostro. Su hijo pequeño estaba con ellos. “Nadie merece que lo traten así”, lamentaba la mujer sentada a orillas de la vía.

Entre los afectados por el trancón estaba un contingente de al menos 50 policías nacionales. Iban a bordo de convoyes y motos. Con armas, escudos antimotines y chalecos antibalas, ninguno se atrevía a levantar el cierre del camino y encarar a los colectivos.

“¿Y por qué no mandamos a unas femeninas?”, preguntó uno de los uniformados a su grupo sin que estos contestaran. Ninguno actuaba.

Los funcionarios solo se acercaron a la tranca cuando supieron que los colectivos se habían ido del lugar. Un mecánico pudo encender y mover la gandola y así se reabrió el tránsito. Más de dos horas perdieron los miembros de Labociudadano en su travesía. A San Cristóbal llegaron sobre las 10:00 pm.

 

A Cúcuta en trocha

El recorrido del último tramo a la frontera comenzó en la madrugada. Sin contratiempos, los voluntarios arribaron a San Antonio, la última parada del lado venezolano, a las 6:00 am. Tras hallar un hotel para alojarse, decidieron que la mejor vía para atravesar la zona limítrofe y evadir las colas en los puentes –cerrados al tránsito vehicular desde 2014 por orden de Nicolás Maduro – era a través de los caminos verdes: las trochas que se abren espacio entre hatos y sembradíos de la región. La idea era hacer acciones de protesta en medio del concierto Venezuela Aid Live,con un cartel internacional organizado para exigir la entrada de la ayuda humanitaria al país.

Y así iniciaron. Aunque vieron cómo a varios grupos de asistentes los devolvían, confiaron en “Pólvora”, un joven delgado y pecoso, acostumbrado a pasar a diario por estas vías agrestes a cambio de algunos dólares. Los primeros pasos los dieron los voluntarios entre árboles y pastizales.

-Apúrense. No se queden. Miren que aquí no podemos estar mucho tiempo– ordenó una de las activistas a los rezagados cuando habían llegado a un descampado. Pero “Pólvora” la tranquilizó de inmediato.

-Ya por aquí no importa, ya estamos en Colombia. El tramo más peligroso ya lo pasamos- le aseguró el baquiano.

Continuaron hasta toparse con un brazo contaminado del río Táchira que separa a Colombia de Venezuela. Se quitaron zapatos y medias, se subieron las botas de los pantalones y, entre las piedras babosas y el agua maloliente, cruzaron dando pasos temblorosos. Al calzarse y seguir unos metros más, vino un chaparrón de agua fría para el ánimo. Militares del ejército colombiano cercaron la trocha. No les permitieron el paso.

-Pero, ¿no pueden hacer una excepción? Venimos desde Caracas y somos activistas. Yo, a mis 62 años, tuve que cruzar ese río. No haga que nos devolvamos- pidió Bea, una de las voluntarias. Como respuesta, le volvieron a negar el cruce.

Decepcionados, los activistas regresaron al río. Pero “Pólvora” prometió que conseguiría una nueva ruta. Pronto se fue para hacer camino entre la maleza y volvió para meter a los activistas en medio del “arrozal”, un sembradío del arroz de suelo fangoso y colmado del verdor de las plantas de hojas frágiles. En una casucha de descanso, otro militar colombiano esperaba. Los voluntarios temieron devolverse.

-¿Han pasado muchos por aquí? – preguntó uno de los viajeros.

-Por aquí no pueden pasar– respondió con una media sonrisa.

-Pero tú sí nos vas a dejar pasar a nosotros, ¿verdad? – salió al paso otra voluntaria.

El militar repitió la orden que le dieron: nadie puede cruzar. Pero minutos después, sin levantarse de la silla donde descansaba, dijo al grupo:

-Yo voy a hacer como que no los vi y ustedes tampoco me vieron- apuntó el militar con la misma media sonrisa. Los activistas agradecieron y se marcharon.

El siguiente agradecimiento a un uniformado lo hicieron al llegar, después de hora y media de caminata, a la zona del puente de Tienditas, donde se llevaría a cabo concierto de Cúcuta. Los policías les dieron la bienvenida.

-Gracias a ustedes por hacer esto por nosotros – respondió la primera de las voluntarias que aplaudió el gesto. En la escena hubo abrazos y hasta fotos de grupo.

 

-Qué bueno no ver policías nacionales armados– recordó otro mientras se alejaba.

Más tarde, serían los funcionarios de Protección Civil Colombia –dispuestos en carpas para auxiliar las emergencias del show– quienes les cederían sus reservas de agua y jabón antiséptico a los voluntarios para que se lavaran los pies después de haber cruzado el río contaminado.

-¡Qué bello esto! ¡Qué bella esa sonrisa, qué bello que nos reciban así! – dijo con voz quebrada una activista. Conmovidos, continuaron hacia la cola del concierto. Ahí, volvieron a sus consignas.

Este pueblo unido no se detiene

Este pueblo unido no se detiene

No, no

No se detieneeeee.

Fotos: Lorena Melendez

Ureña (Venezuela) El jefe del Parlamento venezolano, Juan Guaidó, que se proclamó hace casi un mes presidente encargado del país, ya se encuentra en la frontera con Colombia y espera a la caravana de diputados opositores, confirmaron a Efe dirigentes antichavistas.

La información se filtra después de que portavoces del equipo de Guaidó aseguraran que el líder opositor se encontraba en uno de los autobuses que conforma la caravana de diputados que partió esta mañana desde Caracas a la ciudad fronteriza de San Cristóbal.

ESTE MARTES, el presidente interino de la Asamblea Nacional Juan Guaidó compartió a través de Twitter, una carta redactada por el obispo de San Cristóbal, Mario Moronta.

En este documento, el obispo hace un llamado a las Fuerzas Armadas Nacional Bolivariana para que defiendan al pueblo y pueda ingresar la ayuda humanitaria.

 

 

 

De igual manera, Guaidó explicó a través de un tweet que estará dando una instrucción muy importante para este #23Feb:

 

 

Ataque de colectivos a marcha en San Cristóbal dejó dos muertos y más de 15 heridos

Crédito: @eli.maestro

EN LA CAPITAL DEL ESTADO TÁCHIRA, los ciudadanos se reunieron la mañana de este miércoles en cuatro puntos para marchar hasta la 7ma avenida, en el centro de la ciudad: los 1,36 kilómetros que componen una de las vías principales de la ciudad estaban repletos de punta a punta.

Aunque la manifestación fue pacífica durante toda la mañana y el recorrido hasta el punto central, de acuerdo a varios manifestantes consultados por Runrun.es, camiones con miembros de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) estuvieron patrullando las calles todo el tiempo.

Sin embargo, la presencia de cuerpos de seguridad cesó cuando, cerca de la 1:30 pm., cuando los manifestantes esperaban para ver por la pantalla en la tarima al presidente de la Asamblea Nacional hablar ante miles de personas en la concentración de Caracas. En ese momento, un grupo de cerca de 20 miembros de colectivos en moto se aproximó al extremo de la concentración y empezó a disparar armas de fuego, según relató una manifestante.

“Yo estaba ahí cuando los colectivos llegaron. Empezaron a disparar al aire y todos empezamos a correr. Me salí de la Séptima avenida hacia el viaducto viejo. Luego, ellos cruzaron hacia el viaducto, se devolvieron, y empezaron a disparar a lo loco”, dijo a Runrun.es.

Videos difundidos por redes sociales muestran cómo un joven herido e inconsciente era arrastrado por los manifestantes y cómo lo subían a una moto para ser trasladado al Hospital Central de San Cristóbal.

Junto a él, otras cuatro personas arribaron al hospital antes de las tres de la tarde, todos con heridas de arma de fuego. Un sexto herido, un médico traumatólogo que se encontraba manifestando, fue llevado a la Clínica El Samán también por herida de bala.

Dos de los heridos ingresaron en condición crítica y fallecieron a los pocos minutos de su llegada al centro asistencial. La gobernadora de la entidad, Laidy Goméz, informó que uno de los asesinados fue Edwar José Marrero, de 21 años de edad. El joven presentaba heridas de bala a nivel de tórax y de la región axilar.

El segundo asesinado fue Luigi Ángel Guerrero Ovalles, un joven de 24 años que estudiaba 4to año de Comunicación Social en la Universidad de Los Andes, informó la periodista Omaira Labrador.

Después del ataque, en las pequeñas calles que conforman el centro de San Cristóbal los colectivos continuaron persiguiendo, enfrentando y disparando a manifestantes, de acuerdo a reporte de medios locales y redes sociales.

Lluvias en San Cristóbal dejaron 30 damnificados

LAS FUERTES PRECIPITACIONES REGISTRADAS durante la noche de este miércoles causaron la anegación de calles y avenidas de San Cristóbal con saldo de 30 personas damnificadas a causa de la inundación de sus casas. Los ciudadanos fueron evacuados y llevados a refugios solidarios.

“Las zonas más afectadas son 23 de Enero, Madre Juana y Barrio Guzmán Blanco. En este último sector, la quebrada La Bermeja hizo estragos al salirse de su cauce natural. Cuatro vehículos fueron arrastrados y la vía principal del 23 de Enero quedó incomunicada”, dijo Jaiberth Zambrano, director regional de Protección Civil en Táchira.

Aclaró que no se registraron muertos ni herido a causa de las lluvias y el arrastre de materiales.

De acuerdo con el reporte meteorológico, se estima que para las próximas horas se registren lluvias de mediana a fuerte intensidad en Táchira.

Continúa el paro de transporte en San Cristóbal y se suman municipios aledaños

TransportePúblico

Los transportistas del estado Táchira cumplen este jueves su cuarto día de paro en rechazo a un decreto que pone el precio del pasaje en Bs. 2.500, un monto que ellos dicen “no cubre ni siquiera los gastos operativos”.

El sector transporte denunció que la medida de cobrar los pasajes en Bs. 2.500 entre semana y Bs. 3.000 durante fines de semana y feriados no fue consultada con ellos, y fue tomada unilateralmente por el alcalde de San Cristóbal, Gustavo Delgado.

“Esa cifra no cubre nuestras expectativas y de laborar bajo ese decreto, todos quienes tenemos una unidad de transporte lo haríamos a pérdida, pues esa tarifa no cubre ni siquiera los gastos operativos, dado que los lubricantes y cauchos actualmente se cotizan en cifras muy elevadas”, dijo el presidente encargado del Sindicato de Transportistas del estado Táchira, Víctor Velasco, tras una asamblea general con los socios de 29 empresas de transporte.

Velasco destacó que están a la espera que el burgomaestre los cite y exponerle los puntos de vista, “ya que no aceptamos esa cifra que decretó, ya que para nadie es un secreto que mantener un autobús o colectivo, demanda altas inversiones de dinero. Si no se nos toma en cuenta nuestra petición, inexorablemente el resguardo de las unidades puede ser indefinido”.

El consenso de los trabajadores del volante concluyó que la tarifa del pasaje debería estar en Bs. 5.000. “Si eso no sucede, nadie saldrá a la calle a trabajar, lo cual lamentablemente afecta a la ciudadanía, pero nosotros no podemos seguir operando a pérdidas”.

Al paro también se unieron líneas suburbanas, por lo que el municipio San Cristóbal y algunos de sus aledaños, como Cárdenas, Torbes y Andrés Bello, no cuentan con transporte este jueves.

 

 

*Con información de La Nación

Masacre de El Junquito: Sepultan a Lisbeth Ramírez en medio de la noche en Táchira

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Siete horas estuvieron esperando los familiares de Lisbeth Andreína Ramírez Mantilla, la única mujer que murió durante el operativo en el que cayeron Óscar Pérez y seis de sus compañeros, para enterrarla en el cementerio del Jardín Metropolitano de San Cristóbal, capital del estado Táchira. Pero a las 8:00 pm las coordenadas cambiaron. A esa hora les comunicaron que el cadáver había llegado al cementerio La Consolación, en el municipio Cárdenas de la misma entidad.

Eran alrededor de las 9:00 pm cuando despidieron a la mujer de 29 años de edad, quien era pareja de Jairo Lugo Ramos, uno de los rebeldes caídos. Aunque el acceso fue restringido al principio, un grupo numeroso de personas pudo sepultarla mientras entonaba el Himno Nacional. La llamaron “guerrera” y lanzaron consignas antigobierno mientras la enterraban.

Ramírez Mantilla fue trasladada a Táchira en un helicóptero militar que voló desde Caracas. El mismo operativo se aplicó para llevar hasta Maracaibo los cuerpos de Jairo y Abrahan Lugo Ramos y de Daniel Soto Torres, quienes fueron enterrados en horas de la tarde en la capital zuliana.

En la mañana sepultaron a José Alejandro Díaz Pimentel y a Abraham Agostini Agostini en el Cementerio del Este, en Caracas, sin permitir a los familiares que los velaran.