política venezolana archivos - Runrun

política venezolana

Voto de confianza, por Antonio José Monagas

LA CONFIANZA ES EL ÁMBITO IMPERCEPTIBLE sobre el cual fragua toda posibilidad de logro al momento de blandirse en medio del azaroso juego que sostiene con la incertidumbre. Por eso la confianza, se comprende desde la perspectiva que mejor resulte frente a todo valor que exalte la capacidad del hombre para adelantarse con la mayor seguridad a todo acontecimiento que pueda desafiarlo o conminarlo. 

Aunque definir tan preciada condición, no es fácil pues su concepción y comprensión están sujetos al enfoque que sobre el instante o la perpetuidad, puede detentarse. Es así que en palabras genéricas, la confianza podría entenderse como la convicción necesaria sobre la cual es posible impulsarse a fin de saltar las brechas que pululan a ras de cualquier sendero o camino de la vida. 

Sin embargo, operar al lado de la confianza en el regazo que alberga la política, es aún más engorroso. Pero no tanto por lo que concierne al mundo de la política el hecho de inmiscuirse entre prácticas sociales, económicas y, por supuesto, políticas, que al fin de todo se prestan para ganar el espacio necesario que mejor resulte. Siempre, a los fines de sumar los réditos que le infunden consistencia a la causa política en articulación y movimiento.

El problema persiste toda vez que la dinámica política busca comprometer actitudes,  recursos e ideas que aseguren la estabilidad de la propuesta política en ciernes. Sobre todo, cuando se halla motivada por problemas incitados a consecuencia de la pérdida de confianza que ha allanado instituciones y organizaciones de todo género. Especialmente, aquellas dominadas por intereses políticos. Más aún, por conveniencias político-partidistas devenidas en procesos de gobierno.

La afanosa actualidad, da cuenta de cuánta desconfianza ha irrumpido el discurrir de la política. Es el caso del caos que, infortunadamente, abate a la oposición venezolana como resultado de la absurda rivalidad que últimamente ha inundado las redes sociales en pos del liderazgo que -en apremio- debe abanderar la reconquista de la democracia en el país.

Por consiguiente, resulta improbable ocultar la brutalidad con la que, escribientes mediáticos, apoyándose en el furor de la Internet, tratan a Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela. A desdén de las incorrecciones que haya podido cometer en medio del zarandeo que caracteriza el manejo de la política venezolana, la pugna que se ha desplegado en su contra, es profusamente indecente. 

A decir de Rafael Poleo, le han endosado acusaciones “como si fuera el jefe enemigo”. Y no, como quien ha dado la cara por tantos millones de venezolanos convencidos en recuperar la democracia extraviada. 

Así que ante tan gruesas inculpaciones, vale considerar no sólo el talante y talento de Guaidó en su condición de luchador de primera plana. Asimismo, la inquina de quienes sin mayores razones y exentos de la fuerza que ha motivado que más de sesenta países apoyen su estrategia aducida, se hayan convertido  en groseros verdugos sin capucha. Más, cuando lo acosan y apesadumbran políticamente sin entender que el ejercicio de la política es una labor multifactorial. O sea, de temeridad, imagen, postura, arrojo, capacidad de gerente político y planificador de situaciones. 

Carlos Matus habría dicho: “un hombre obsesionado por crear métodos y técnicas al servicio de los hechos (…) consciente de que su práctica de producción social habrá de darse en un mundo de múltiples recursos escasos, tanto como de múltiples criterios de eficacia”.

A decir de la crisis que padece Venezuela a consecuencia de la ofuscación del régimen usurpador por enquistarse impúdicamente en el poder, luce inminente actuar con base en la confianza. Particularmente en la confianza, visto el compromiso que representa Juan Guaidó. Pero entendiéndose dicha confianza, como la cualidad humana que permitiría al venezolano que actúa con libertad de conciencia, encauzar la necesidad de rescatar al país que por ahora se encuentra perdido entre la oscuridad de una gestión de gobierno roñosa. Además, realizada con la saña de quien busca en la envidia y el egoísmo, la ruta para usufructuarse del desorden de sus acciones. 

Por eso, bien merece girar en torno a la figura política de Juna Guiadó un necesario e inminente voto de confianza.

Insanos intereses en macabro juego, por Antonio José Monagas

EL SOLO HECHO DE SER LA POLÍTICA el agregado de intereses y necesidades cuyo cimiento lo constituye la pluralidad humana, da cuenta de la inminencia que vive el hombre en aras de organizarse a los fines de situarse en un espacio que bien pueda garantizarle el acceso al bienestar que persigue a instancia del proyecto de vida que se ha trazado.

Esto hace ver, sin duda alguna, que la política, en términos de su ejercicio, se bate ante los desafíos que le deparan las circunstancias. Precisamente, para despejar los obstáculos que se interponen en su camino, el ejercicio político plantea distintas consideraciones que luego, devenidas en decisiones, determinan la ruta que habrá de surcar para así alcanzar sus objetivos. Esas decisiones, igualmente lo exhortarán a procurar los recursos que posibilitarán el arribo a la meta.

Para entonces, habrá sumado a su inventario de ineludibles insumos, la motivación que habrá incitado su proceder. Pero también, la disposición, que habrá complementado su determinación para llevar adelante su propósito. Y el conocimiento propio de la situación que debe sortear.

El ejercicio de la política ha de verse como un recorrido cuyos parajes parecen terrenos imantados que actúan como testigos incitantes y tentadores. Ellos buscarán desviar a la política de la ruta, previamente definida. Pero como quienes protagonizan la política son hombres capaces de dejarse tentar por las contingencias, posibilidades y eventos localizados a lo largo del camino, no hay mayores garantías para que la política se mantenga erguida frente a sus compromisos. Es cuando, conquistada por las circunstancias, varía la dirección de la organización figurada y toma otro rumbo alterando de esa manera su compostura.

Es lo que la teoría política explica cuando refiere aquellos casos en que el ejercicio de la política se ve arrastrado por “intereses en juego” Insanos intereses en medio de un juego macabro. Sin embargo, en lo que refleja Venezuela en la mitad del caos al que la política gubernamental la insumió, vale el análisis que pudiera revelar cuales son esas razones que desviaron el ejercicio de la política nacional. O cuáles fueron esos actores políticos que hicieron que el país cayera de bandazo.

Aunque son distintas las causas que desviaron el rumbo prometido por la oferta electoral vociferada por el entonces candidato militar en 1998, se tienen algunas puntuales que pudieran explayarse a los fines de la presente disertación.

En ese ámbito de causas que malograron la dinámica socioeconómica y sociopolítica venezolana, habrá que considerar principalmente: 1. La intención de someter factores políticos a la égida del poder central. 2. La creación de condiciones que hagan dudar a la población sobre los arribos de la democracia en años anteriores. 3. La complicación de la economía con el propósito de justificar medidas que constriñan libertades económicas y derechos políticos. 4. La confiscación de la propiedad privada apoyada en la idea de reducir la capacidad económica en manos de quienes han logrado ganar algún poder por el hecho de ser propietarios de espacios físicos que molestan al régimen. 5. La discrecionalidad conveniente la cual sirvió para dictaminar medidas sin orden alguno. 6. La minimización de las libertades de expresión, de prensa y de pensamiento con el fin de debilitar el espacio político necesario capaz de poner al descubierto los arrebatos y desafueros del régimen. 7. La posibilidad de flaquear la impunidad de actores políticos que sean amenaza al poder envolvente del régimen. 8. La apertura de canales administrativos que encubran la corrupción entendida como la manera de “compensar” la deuda social acumulada. 9. Supeditar la educación a fines que se correspondan con la doctrina política en curso. 10. La creación de justificativos que avalen equivocaciones cometidas por el régimen para lo cual había que lograr que la población las hiciera suyas.

Actuar en consonancia con estas intenciones, programadas con alevosía y predeterminación, indudablemente debía contar con el apoyo de la coerción. ¿Y qué mejor canal para ello que no fuera el aportado por la represión? De ahí que el respaldo de las fuerzas militares, policiales y de cualquier otra especie que se entregara a tan encausada misión, era fundamental. Tal como se ha visto en los años vividos del siglo XXI.

De ahí, la razón para que en tantos años de autoritarismo, que ya raya con el totalitarismo, el factor militarista ha sido tan cabalmente compensado en virtud de los favores recibidos para enquistar al régimen en el poder. Razón además para que el pragmatismo militar imponga criterios que hayan dado cuenta de su desvergüenza a la hora de cobrar su interesada “colaboración”. Es justo cuando se hace posible comprender por qué el régimen ha actuado con insanos intereses en macabro juego.

May 27, 2019 | Actualizado hace 5 meses
Las trampas, por Luis Fuenmayor Toro

LA POLÍTICA VENEZOLANA DE LOS ÚLTIMOS 20 AÑOS se ha convertido en el imperio de la trampa, el engaño, el fraude y la traición. Y no se trata de que en el pasado fue algo totalmente limpio y transparente, ni de que no sea parecida a la que se hace en otros países, incluso vecinos del nuestro. La lucha por el poder descubre las miserias humanas, desata las bajezas más grandes, hace surgir la animalidad que existen en el hombre, pero, al igual que ha ocurrido con las demás lacras sociales durante lo que llaman revolución bolivariana, la degeneración y depravación política, económica y social han alcanzado niveles sin precedentes en el último medio siglo. 

Esta lamentable conducta, que en países como Colombia siempre ha sido el pan nuestro de cada día, ha sido desplegada por el gobierno chaveco y la oposición extremista de la Asamblea Nacional, dirigida por los despojos de la Mesa de la Unidad Democrática. Y no es algo que viene ocurriendo sólo desde 2015, sus inicios se remontan al mismo triunfo del presidente Chávez. Las votaciones para la Asamblea Constituyente de 1999 se realizaron con un mecanismo fraudulento bautizado como “el quino”, con el cual se acabó totalmente con la proporcionalidad electoral, favoreciendo al gobierno con casi el 100 por ciento de los diputados constituyentes.  

Esta perversión fue permitida por una oposición destruida y podrida, que estaba imposibilitada para hacerlo. Sin embargo, recurrieron poco después a respuestas violentas, al margen de una Constitución que había sido legitimada por el sufragio universal, directo y secreto. En todas ellas fueron derrotados: huelga general de 2001, golpe de Estado de 2002, sabotaje petrolero y huelga general de 2002-2003 y abstención electoral en 2005. Se abandonó la política por el inmediatismo, por el atajo, lo cual requirió de forjar explicaciones pseudo legales justificativas, así como la de ir construyendo escenarios alejados de la realidad política.

Aparecen en escena explicaciones esotéricas sobre el fraude electoral permanente por parte del gobierno nacional, las cuales se internalizan en la conciencia de la población. El cable submarino que desde Cuba controlaba las máquinas electorales, el software escondido dentro de éstas que cambia los votos, el código QR del carnet de la patria capaz de hacer milagros asombrosos, millones de cubanos, chinos, iraníes, rusos y ahora turcos, cedulados como venezolanos. Todo era y sigue siendo válido a la hora de deslegitimar y tener argumentos para proceder en cualquier forma, incluso traicionando a la patria.

Desde el lado gubernamental, ante una realidad económica y política que terminó por arroparlos, también hicieron presencia obscuras y misteriosas explicaciones de lo que sucedía. Una página Web que controla el valor del dólar, una hiperinflación que no tiene nada que ver con la emisión de dinero inorgánico, expropiaciones que colocarían en manos de la clase obrera la producción, unas estadísticas ancladas en 2008, intentos de magnicidio por doquier, animales de distintas especies entrenados por terroristas para el sabotaje. Cualquier cosa ha sido lícita, incluso la traición a la patria, en la lucha contra quienes pretenden desplazarlos del poder.

El vandalismo de las guarimbas pasó a ser actividad libertadora; la represión desmedida gubernamental y las violaciones del debido proceso devinieron en respuestas legítimas contra terroristas desadaptados; las muertes ocurridas son siempre generadas en el bando propio. Arribamos a un contexto en el que no hay reglas y si las hubiere hay que violarlas. El proceder del gobierno con la Asamblea Nacional Constituyente y el TSJ claramente lo demuestra. Así  también lo hace la actitud de la Asamblea Nacional y de la dirección opositora extremista. Pero sólo lo demuestran ante quienes aún tienen espacios mentales para el pensamiento objetivo, alejado del fanatismo.  

Mientras sigamos entrampados entre estos dos sectores no vamos a salir adelante. Hace falta un cambio de conducta, que incluso convenza e incorpore, a parte de quienes hoy están decididos a destruir la patria en función de sus miserables intereses.

@LFuenmayorToro

Guaidó llegó a Brasilia para reunirse con Bolsonaro

 

EL PRESIDENTE ENCARGADO DE VENEZUELA, Juan Guaidó, llegó este jueves a Brasilia, en donde se reunirá con embajadores de los países que le han dado su respaldo.

Se tiene previsto que Guaido se reúna en el transcurso del día con el presidente de Brasil Jair Bolsonaro, para abordar la situación actual de Venezuela.

El encuentro con los embajadores será su primer compromiso en la capital brasileña, a la que llegó procedente de Bogotá, a bordo de un avión de la Fuerza Aérea Colombiana.

Los representantes de Guaidó en Brasil aún no han precisado hasta cuándo permanecerá en el país, ni si tiene previsto regresar desde la capital brasileña a Caracas.

Aunque el propio Guaidó ha dicho que piensa volver a su país esta misma semana, la Asamblea Nacional le ha autorizado a estar fuera de Venezuela por un lapso mayor de cinco días, por lo que su viaje se podría prolongar e incluir visitas a otros líderes suramericanos.

El

Las enfermeras llevaron la batuta, por ejemplo en el Pérez Carreño

 

Durante 2018 se registraron 5.892 protestas en todo el territorio, según El Termómetro de la Calle. La conflictividad laboral fue protagonista, y hasta los aumentos salariales impactaron en el devenir de las manifestaciones de calle. El gremio de la salud encendió una mecha difícil de apagar, en un país donde los servicios públicos deficientes y los reclamos de pensionados y jubilados marcaron también la temperatura social

 

Texto: Víctor Amaya

Infografías: Elsy Torres

Fotografías: Alexandra Blanco, Rayner Peña, Francisco Touceiro

 

NICOLÁS MADURO HA DICHO QUE GRACIAS A LA INSTALACIÓN DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE, Venezuela estuvo “en paz” durante todo 2018. Pero en realidad fue un año turbulento, en el que los venezolanos no dejaron de protestar. Según los registros de El Termómetro de la Calle, un monitor de conflictividad social realizado en alianza entre El Pitazo, TalCual y Runrunes con instrumentos desarrollados junto a ORC Consultores, hubo 5.892 protestas en todo el territorio nacional.  

A diferencia de 2017, el motivo de los reclamos no fue tanto lo político sino lo relativo a la calidad de vida. En un país con hiperinflación, los ritmos de la economía fueron determinantes en la conflictividad. Comenzando con enero, cuando se registraron 438 protestas y al mes siguiente el dato se redujo a 288. Eran momentos de aumento salarial con el ya desaparecido bolívar fuerte, decretado el 15 de febrero, y una inflación en el primer mes de 84,2% seguida al mes siguiente por 80%, según la Asamblea Nacional.

null

Las protestas en Venezuela durante 2018 estuvieron marcadas por lo económico, con el 34% de las manifestaciones registradas durante el año motivadas por razones laborales. Allí se cuentan reclamos por bajos ingresos, por contrataciones colectivas, por entrega de pensiones y jubilaciones, entre otros.

La cantidad de protestas se mantuvo al alza hasta abril. El día 15 de se mes, Nicolás Maduro anunció un nuevo aumento salarial, y las protestas bajaron en mayo un 47% en mayo con respecto a abril. Pero el alivio al bolsillo duró poco, y las manifestaciones tomaron una nueva senda al alza desde junio, a pesar de un nuevo ajuste salarial.

Entonces llegó el mes de mayor cantidad de reclamos de todo 2018, julio. El 18,8% de todos los reclamos registrados durante el año ocurrieron durante esas cuatro semanas. Un pico que estuvo impulsado por el gremio de la salud. Médicos y trabajadores de los hospitales tomaron las calles para reclamar sus condiciones laborales, bajos salarios, incumplimiento de tabuladores y decisiones inconsultas con respecto a las remuneraciones debidas.

Una pradera que se incendió a partir del 25 de junio cuando las enfermeras del país convocaron a un paro nacional de actividades. Ocurrió, por primera vez en el año, que las protestas por salarios superaron en cantidad a las impulsadas por falta de insumos médicos. A ello se le sumaron los reclamos de los pacientes, quienes también protestaron por las dotaciones precarias de los centros de salud, la falta de medicinas o la disminuida calidad de los servicios hospitalarios.

En septiembre volvió a bajar la cantidad de protestas. El país estaba en proceso de entender las consecuencias de la reconversión monetaria al bolívar soberano, y la escalada del salario mínimo a 1.800 bolívares dio un alivio muy temporal al bolsillo. Pero duró poco. Ya en octubre, hubo 509 protestas, casi 30% más que el mes anterior.

En el sector laboral ya no era solo que el dinero no alcanzaba, sino que las escalas salariales se vieron afectadas. Además, en septiembre fue el mes que se registraron más protestas de pensionados y jubilados del país en todo el año, con 43 protestas que se manifestaron por los efectos del cambio de moneda y, especialmente, de la falta de efectivo para pagar los compromisos.

null

No solo de pan se vive

El país no solo protestó por derechos laborales sino por cómo se vive en el día a día. En casi 14% de los casos, los reclamos tuvieron que ver con falta de gas doméstico.

En todo el territorio se vieron manifestaciones por esta causa, principalmente con cierre de vías como método para llamar la atención de las autoridades. En distintos estados se reportaron fallas en la distribución del combustible, debido a fallas en los camiones cisterna o la falta de bombonas para recargar. Donde no hay conexiones de gas directo el drama fue mayor. haciendo de estas protestas un fenómeno protagonizado por sectores populares y comunidades rurales.

El registro de El Termómetro de la Calle apunta que las fallas en el servicio eléctrico fue el tercer motivo de protesta durante 2018, seguido del agua. En ambos casos se produjeron en poblaciones donde los días sin servicio se contaban por decenas, principalmente.

Los motivos políticos estuvieron en un distante quinto lugar, con 430 veces en el año, para completar el 72% de las razones para manifestar en 2018. Fuera de ese porcentaje, se incluyen las manifestaciones por salud, transporte y entrega de comida vía los CLAP.

null

Curiosamente, la inseguridad fue el motivo de protesta menos ocurrente, con apenas 80 repeticiones en todo el año, a pesar de que el país siguió teniendo una alta criminalidad. En 2018 se registraron 23.047 muertes violentas en todo el territorio, según el Observatorio Venezolano de Violencia, con una tasa de homicidios de 81,4 por cada cien mil habitantes.

En contraste, desde el Poder Ejecutivo afirman que la tasa correspondiente a 2018 apenas es de 30 por cada 100 mil, en palabras de Pablo Fernández, secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Policía. De ser cierto el dato, no solo se trataría de una caída más que abrupta de los indicadores (50% menos en tan solo dos años), sino que milagrosamente derrumbaría la noción defendida por el chavismo de “a menos pobreza menor delincuencia”, pues según la Encuesta de Condiciones de Vida 2018 la pobreza por ingresos ya alcanza a 92% de los hogares venezolanos.

Los gatillos

De todas las protestas registradas durante 2018, los cuerpos de seguridad del Estado estuvieron presentes en 423 oportunidades. De esa cifra hubo represión registrada 352 veces. Se trata del 6% apenas de las protestas registradas durante el año en las cuales hubo actuación gubernamental, directa o indirecta.

La Guardia Nacional protagonizó el 46% de esas intervenciones, y accionaron los gatillos en el 80% de las ocasiones en las que se presentó. En segundo lugar, la Policía Nacional Bolivariana hizo lo propio, seguida de las policías regionales. En 35 ocasiones la represión ocurrió a manos de grupos parapoliciales, que también jugaron un rol en conjunto con uniformados tres veces durante el año.

null

TSJ declaró

 

 

EL PRESIDENTE DE LA SALA CONSTITUCIONAL del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Juan José Mendoza, declaró la “nulidad absoluta” de la “Ley del Estatuto que rige la Transición a la Democracia” aprobada el martes por la Asamblea Nacional (AN).

El Poder Judicial remitió copia del documento al Ministerio Público y a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

Durante una rueda de prensa, Mendoza dijo que el referido estatuto -que señala el restablecimiento de la vigencia de la Constitución- no cuenta con la jerarquía para derogar la Carta Magna.
Asimismo, el TSJ pidió a la ANC  investigar la designación de diplomáticos venezolanos en el exterior por parte de la AN.
Al reiterar que el Parlamento se encuentra en desacato, el magistrado aseveró que existe “una flagrante infracción del artículo 233 de la Constitución porque no hay falta absoluta que produzca la vacante del presidente” de la República.
Dinámica política: vertiginosa y aturdida, por Antonio José Monagas

 

 

 

LA POLÍTICA ES, POR ESENCIA, DINÁMICA. Sus variables son profundamente cambiantes afectando en consecuencia el contenido que define cada circunstancia. Es tal la inmediatez con dichas variables actúan, que su incidencia altera la configuración de la realidad, tanto como las condiciones o exigencias lo permiten. Sobre todo, cuando las coyunturas sufren los embates de intereses y necesidades que buscan acomodarse a sujeción del grado de estabilidad o conflicto que detenta la situación en cuestión.

Es por eso que los tiempos en política no siempre son determinados por la cronología de los hechos. Sino a instancia del comportamiento o reacción de las realidades en el curso de los problemas que las envuelven. Desde esta perspectiva, cabe referir el caso Venezuela.

Desde el arribo al poder de un estamento político, en Enero de 1999, cuyo entramado de propuestas electorales se vio cercado por insustanciales ideas ensambladas bajo un proyecto de naturaleza cívico-militar, la situación política, económica y social venezolana se tornó contradictoria en todo su sentido. En el desarrollo de los inconvenientes que para entonces comenzaron a tener lugar, el ejercicio de la política devino en un proceso de graves confusiones que ofuscó la visión de desarrollo que, con dificultad conceptual y metodológica, había podido esquematizarse para en lo posible ser adelantado.

Es decir, de todo ello derivó un remedo de desarrollo económico y social que, por supuesto, no resultó en cambios de ningún tipo. Mucho menos, en las transformaciones que sirvieron de texto a ofertas político-electorales de las cuales se valió el régimen militarista para encubrir sus peripecias populistas y demagogas.

La gestión de gobierno que desde entonces fue procurada, sobre todo después del advenimiento del subsecuente presidente de la República, convertido en declarado usurpador desde el 20 mayo 2018, viene transcurriendo bajo el imperio de una estructura impropia y repelida por las exigencias del desarrollo en todas sus manifestaciones.

De hecho, los últimos acontecimientos nacionales constituyen una fehaciente expresión del mismo proceso de subnacionalización, producto de una disimulada transferencia de recursos de todo orden hacia naciones dominadas por férreas tiranías. Pero coincidentes con el proyecto hegemónico que ha pretendido establecerse en Venezuela. Todo ello, a costa del desplazamiento de una juventud valiosa. Del sacrificio de esfuerzos y compromisos de factura democrática. Asimismo, del hambre que padece la población. Del silencio oprobioso sobre el cual el régimen yergue sus intenciones genocidas. Es decir, de pusilánimes intereses por causar muerte física y moral de importantes sectores venezolanos.

El nuevo año 2019, hizo su debut con una “puesta en escena” que sorprendió a muchos. Aunque, otros ya se esperaban un enero caldeado por el carácter abrupto y fogoso de los cambios y movilizaciones que, en lo político, fundamentalmente, comenzaron a darse con el nombramiento de la directiva de la Asamblea Nacional. Decisión ésta que estremeció la resignación y la desidia de venezolanos adormecidos o agotados por el represivo asedio con el cual el militarismo gubernamental ha buscado imponer sus medidas y sujeción al poder político. La oposición democrática, luego, con los “cabildos abiertos” realizados en todo el país, además del apoteósico acto multitudinario del 23 Enero, volvió a pautar la dinámica de la política nacional. Su eco alcanzó y motivó el apoyo solidario y decidido de países de todo el mundo.

La oposición democrática representada en el Parlamento Nacional, recuperó nuevamente el control de la calle mediante significativas determinaciones que la colocaron a la ofensiva. Sin embargo, en contrario sucedió con el alto gobierno pues pasó a la defensiva ante las inminentes acusaciones calificadas con plena justificación por diputados de la Asamblea Nacional, legítimamente electos el 5 Diciembre de 2015.

El resuelto apoyo del gobierno norteamericano, signó el espaldarazo que se necesitaba para apagar la postura envalentonada del régimen militarista venezolano. No obstante, éste sigue empeñado en desplegar brigadas adoctrinadas, militares y policiales, cuya dignidad se ha permitido comprar mediante tentadoras gratificaciones para luego someterlas mediante el manido discurso de una lealtad bastante desfigurada y grotescamente argumentada.

Además, ha dispuesto de su capacidad de intimidación para censurar y cortar redes sociales toda vez que sabe que son el último reducto que le queda al venezolano para informarse de todo cuanto ocurre alrededor de la dramática relación de hechos funestos y violentos con la que procede ante la obvia defenestración que está por venir. Ello así sucede, aparte de la suspensión deliberada de los servicios de electricidad, de gas. Asimismo, dificulta el servicio de transporte público, mediante la venta escamoteada de gasolina y fuel oíl. Igualmente, reflota las amenazas accionadas por motorizados armados como parte de la orden del día para seguir amedrentando a la población. Así lo hace el régimen militarista, con el fin de reducir al máximo la resistencia y fuerza de protesta de la población de actitud democrática.

Frente a tan vil comportamiento de prístina testarudez asomada por el militarismo venezolano, las disposiciones de asistencia política, diplomática, o de cualquier otra índole, seguirán dejándose ver a manera de persuadir al alto gobierno venezolano a razonar soluciones necesarias que conduzcan -indefectiblemente- a Venezuela hacia condiciones de libertades, justicia y derechos. A situaciones imperadas por el pluralismo político, la conciencia social y la ecuanimidad económica.

Sin lugar a dudas, lo que ha vivido Venezuela en lo que va de 2019, es ajeno a lo que refiere la teoría política. Incluso, la teoría social. Todo ha sido una especie de imprevisible conflagración entre las fuerzas del mal y las del bien. Entre traiciones, conspiraciones, acusaciones, y causas libertarias, democráticas, nobles, justicieras. De una u otra forma, pudiera decirse que esta sucesión de eventos, configura el bosquejo politológico de lo que cabría entenderse como el discurrir de una dinámica política: vertiginosa y aturdida.

 

@ajmonagas

¿Sin institucionalidad democrática?, por Antonio José Monagas

 

 

2019, VIENE CON UNA CARGA DE COMPROMETEDORAS Y EXIGENTES CONDICIONES. De entrada, enero habrá de ser tiempo de ingentes llamados de atención. Igualmente, de conmociones dado el agotamiento político que sobrellevan distintos factores políticos nacionales. Escenarios así, son propicios para inducir o más confusión, o mayor activación de aquellos sectores afectados por problemas que derivan de las correspondientes circunstancias.

La institucionalidad, contenida en los 350 preceptos trazados constitucionalmente, corre el riesgo de verse atropellada por el inmediatismo propio de contingencias definidas intempestivamente. Pero también, por el pragmatismo vulgar que repetidas veces se asume como criterio para tomarse decisiones que comprometen al alto gobierno. Incluso, a partidos políticos o grupos movilizados en virtud del repudio que se tiene ante medidas tomadas azorada e inconsultamente por cualquier instancia de la estructura gubernamental.

Sin embargo, en el seno de tan difícil escenario, surge otro problema. Problema éste que otras veces ha sido causa del desarreglo que ha sufrido la institucionalidad democrática. Justamente, por los desencuentros que a su interioridad se suscitan sin conciliarse las posturas que sacuden las realidades políticas, económicos y sociales a nivel nacional. Es el papel que juega la sociedad venezolana cuando da cuenta de la torpeza que exhibe al momento de actuar en el candente fragor de los arrebatos gubernamentales.

Los liderazgos que toman parte en los manidos manejos de conflictos que emergen tan rápido como se disipan, son insuficientes operativamente. Peor aún en lo conceptual. Las estrategias empleadas como vías de transigencia, se ven prontamente cansadas sin que se tengan a la mano fórmulas supletorias capaces de dominar o controlar las crisis en cuestión.

De esa manera, el caos comienza a fortalecerse en su génesis, en su forma y fondo, hasta que por alguna razón fundamentada en una justicia acomodaticia, se torna en posibilidad real de formalizarse como “condición legal” para escalar posiciones que, con el tiempo, ha permitido al gobierno central, anquilosarse como hasta ahora lo ha hecho. O sea, groseramente.

Es la muestra fehaciente de un país político, económico y social construido en un remedo de socialismo. Aunque igual puede decirse, que en un frustrada e inconsistente copia de capitalismo. Así ha sido, sólo que a golpe y porrazo. Sin embargo, ha sido la vía expedita para haberse enquistado a la profundidad como ahora lo está.

Eses fue el camino que el régimen logró edificar para afianzar sus desvaríos que terminaron malogrando la economía con la enfermedad del dólar. Y en consecuencias, con el invasivo virus de la hiperinflación. Aunque también, lograda a instancia de oscuros intereses que se movilizan desde lo más recóndito de la estructura gubernamental a manera de encubrir la corrupción como insumo del proselitismo accionado.

En el centro de la aludida crisis, el Estado venezolano ha extraviado argumentos para consolidarse desde los dictados de su ordenamiento jurídico. No sólo porque el gobierno permitió el desvanecimiento de valores. Sino además, porque perdió la visual de lo que constituye la institucionalidad sobre la cual se asienta la democracia en concomitancia con lo que representa el “debido proceso”. Y que a éste, se supedita cada determinación legal y constitucional. Es decir, en medio de tal desorden, se dilapidó el Estado democrático y social de Derecho y de Justicia. Y por consiguiente, se disiparon condiciones en cuya base descansan principios que dan sustento a la constitucionalidad venezolana. Así cabe preguntarse, si es que Venezuela está o quedó  ¿sin institucionalidad democrática?

 

@ajmonagas