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José Gregorio Hernández y la sociedad venezolana, por Elías Pino Iturrieta

Estatua del Dr. José Gregorio Hernández en su pueblo natal, Isnotú, estado Trujillo – Venezuela. En el fondo, las placas por “favores recibidos” de cientos de sus devotos. Foto Rjcastillo / Wikimedia Commons, 2013.

La beatificación de José Gregorio Hernández establece, en un vínculo antiguo e incuestionable, la conexión con el resorte emotivo que pueda sacar de la penumbra a la mayoría de la población necesitada. Una razón para levantarse de la camilla de los convalecientes.

 

@eliaspino

Hundida en uno de los peores momentos de su historia, Venezuela está cada vez más necesitada de alicientes. Cuando se habla de elementos que permitan la salida de un profundo agujero, la mirada busca hacia factores de naturaleza económica y hacia un arreglo político de urgencia. Con el auxilio de tales factores lo demás se dará por añadidura, se piensa habitualmente. Y se piensa así con razón, porque tales son los aspectos más evidentes de la realidad que pueden conducir a otros capítulos de la vida, más hospitalarios. Sin embargo, hay ingredientes de naturaleza afectiva que no consideramos cuando se trata de encontrar un salvavidas, pese a que pueden ser fundamentales.

El desarrollo material es esencial para salir de la crisis, pero existe un entramado de razones sentimentales que pueden abonar la parcela caracterizada hasta ahora por la esterilidad de sus frutos. Las motivaciones provenientes de la afectividad no se observan a simple vista, ni se pueden calcular con precisión matemática, pero pueden ser un motor capaz de insuflar dinamismo a escenarios caracterizados por la abulia. El orgullo arrinconado puede salir de la periferia de la sociedad para ubicarse en su centro, tras el propósito de enderezar pesadas cargas.

Es una cuestión de sensibilidad compartida, una prescripción de inexplicable procedencia que remueve la mentalidad de un conglomerado que de pronto se identifica con su lado constructivo, capaz de orientar una iluminación a través de la cual se descubre un atractivo paisaje donde antes solo se percibía lobreguez.

Dentro de tal perspectiva se quiere considerar ahora la beatificación de José Gregorio Hernández, por la conexión que puede establecer con la mayoría de la población necesitada de un resorte que la pueda sacar de la penumbra. Debido a un vínculo antiguo e incuestionable, que proviene de la primera mitad del siglo XX y se ha prolongado hasta hoy sin solución de continuidad, puede devolver la benéfica hinchazón de pertenecer a un conglomerado que no las tiene todas consigo, pero que de pronto encuentra una razón para levantarse de la camilla de los convalecientes.

¿De cuántos paisanos podemos hoy enorgullecernos, sin que exista el estorbo de las dudas? ¿Sobre cuál obra personal o particular existe consenso, es decir, abrumador consentimiento en torno a sus cualidades y a sobre cómo pueden influir positivamente en nuestras vidas? En una evolución alimentada por el contraste de las polémicas y por la actividad de individuos rodeados de desconfianzas, o asumidos como villanos; en una sociedad que ya ha encasillado en la memoria el catálogo de sus héroes desaparecidos y el desfile aún activo de un repertorio de individuos abyectos, o considerados como tales, llueve del cielo la legitimación de un bienaventurado.

Solo Simón Bolívar ha contado con la fe unánime de los venezolanos. Hay otras figuras de trascendencia a quienes se ha concedido el beneficio de una fe mayoritaria, pero únicamente el Libertador está en el pináculo del altar. Aparte del examen de contados historiadores, y de la liturgia tendenciosa que los políticos han promovido para su beneficio, nada ha impedido que ocupe el lugar más alto y menos objetado en el tabernáculo republicano.

Los demás son pigmeos, si se intenta una comparación. Ningún otro actor nacido entre nosotros ha sido objeto de una veneración capaz de resistir el paso del tiempo y las pasiones de los hombres, hasta la entrada de José Gregorio Hernández en la historia patria.

Un médico de nuestros días distinguido por las habilidades de su profesión y por su atención de los humildes, un personaje comprometido con el cumplimiento de su deber sin alardes, llega a una elevación capaz de provocar, no solo una atención mayoritaria, sino también el fervor de las multitudes.

De allí que estemos ante un suceso que se aleja de lo corriente para volverse excepcional, desde el punto de vista simbólico.

Ahora José Gregorio Hernández tiene un certificado oficial de virtud, un diploma proveniente de una autoridad suprema que garantiza la certeza de sus cualidades. La Iglesia avala su posesión de las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad- en grado superlativo, pero también que las demostró durante su vida, ya sin duda, mediante el apego escrupuloso a la enseñanza de la Escritura y a la asiduidad de las plegarias devotas. Tales son los requisitos sobre los cuales se averigua desde la Edad Media para verificar los pasos de la santidad de los mortales.

El Médico de los Pobres se ha hecho acreedor de un reconocimiento por tales ejecutorias, debido a cuyo ejercicio puede convertirse en intercesor de favores ante la divinidad. El heroico ejercicio de las virtudes, atribuido a sus obras por los fieles antes de que obtuvieran crédito canónico, conduce a la posibilidad de obrar portentos por petición de quienes parten de su biografía para conseguirlos. Ahora esos portentos tan buscados, o por lo menos uno de ellos, han sido legitimados por la Congregación que examinó en la sede romana un voluminoso expediente sobre su vida. De lo cual se deduce, nada menos, que es o puede ser un puente que conduce a esferas metafísicas, un camino oficial para la obtención de las gracias especiales que en ocasiones concede Dios. 

José Gregorio Hernández no solo llega a los altares por el fervor o por la desesperación de los enfermos y los desvalidos que se han postrado ante su efigie, sino ahora por la autoridad de la Madre Iglesia encarnada por el papa desde la basílica de San Pedro.

El rostro de un venezolano, el porte laico de un paisano, la figura familiar de un médico de Isnotú, de un señor de corbata, chaleco y sombrero como el de las estampitas que llevaron como talismán en la cartera nuestras abuelas y nuestras madres de todos los rincones del mapa, será descubierto por Francisco ante la multitud congregada en la plaza de San Pedro.

Es evidente que el papa no mostrará la figura de un hombre solo, la imagen de un eremita del desierto, sino una representación o una hechura de la sociedad venezolana. Ya nuestro catolicismo contaba con la proclamación de tres beatas -María de San José, Candelaria de San José y Carmen Rendiles-, pero la certificación oficial de sus cualidades no se puede comparar con la que nos ocupa porque no impactó a la totalidad de la sociedad sino a individuos y a espacios de limitada proyección. Para las mayorías sus beatificaciones fueron un grato descubrimiento, una bienvenida sorpresa, el resultado de un empeño de tres congregaciones religiosas y de las comunidades en las cuales realizaron sus caridades y sus desprendimientos, que llegó a la meta sin que la sensibilidad de las mayorías le hubiera servido de prólogo.

En cambio, la beatificación de José Gegorio estuvo precedida por multitud de procesiones de las gentes sencillas del país y del vecindario latinoamericano, por miles de anécdotas sobre el desfile de sus milagros, por millones de velas encendidas, por novenas y jaculatorias de origen plebeyo, por su ubicación en altares pueblerinos y en cultos heterodoxos, por su entrada en expresiones del folklore, en el comercio de objetos religiosos y en la esfera de las artes plásticas, como ningún venezolano relacionado con el catolicismo hasta el día de hoy.

De lo cual se deduce, si concedemos trascendencia a los elementos simbólicos y a los ingredientes afectivos que influyen en la historia, que podemos estar ante un motivo capaz de ayudar a la sociedad a abandonar la oscura ciénaga en la que chapotea. No porque el popular beatificado obre el milagro que reclaman los pueblos para salir de un entuerto que no han sabido remendar, ni para dejar en las manos de una potencia sobrehumana lo que la indiferencia y los desaciertos de las mayorías han omitido, ni para servir de relevo a unos políticos apaleados y desconcertados, sino porque una iluminación que mana de las entrañas del país profundo habitualmente tiene la vocación de no pasar en vano.

Porque puede remover las fibras de unos hombrecitos que, según parece desde el borde del despeñadero, solo han permanecido en la vida para mostrar sus flaquezas.

Este viernes 19 de junio, el papa Francisco autorizó la beatificación de José Gregorio Hernández. En audiencia con el cardenal Angelo Becciu, el papa Francisco autorizó los decretos que darán a la Iglesia cuatro beatos que provienen de América del Sur y de Europa, todos con vocación de servicio a los pobres, a la nación y los jóvenes, informó el sitio de noticias de la Santa Sede, Vaticano News.

El medio de comunicación oficial del Vaticano informó que junto a Hernández serán reconocidos otros tres beatos de Sudamérica y Europa. Los decretos fueron promulgados oficialmente por la Congregación para las Causas de los Santos, instancia encargada de revisar cada petición.

La conferencia Episcopal Venezolana también confirmó la noticia de que “el médico de los pobres”, fue declarado nuevo beato de la Iglesia católica.

Desde 1949 las autoridades católicas y los creyentes de Venezuela han impulsado la causa para llevar a José Gregorio Hernández a los altares. En 1986 se alcanzó un primer paso, cuando el entonces Papa Juan Pablo II lo declaró «Venerable».

El proceso ha acelerado su ritmo en la última década y a inicios de año se dio el paso que faltaba para allanar el camino a su beatificación, cuando la comisión de médicos de la Congregación de la Causa de los Santos en el Vaticano reconoció un milagro del laico venezolano.

El cardenal Baltazar Porras, administrador apostólico de Caracas y arzobispo metropolitano de Mérida, celebró el ascenso a los altares de José Gregorio Hernández como un reconocimiento a la devoción que millones de venezolanos le profesan desde su muerte, ocurrida hace casi 101 años.

Como parte de la celebración, el Porras invitó a toda la feligresía católica venezolana a unirse, este mismo viernes 19 de junio a las 8:00 pm, en una vigilia de oración desde sus hogares para implorar al nuevo beato venezolano por la unidad del país. “Comencemos una vigilia de oración y de encuentro en la ventana de nuestras casas o a las puertas de las mismas, con una velita encendida, con la bandera nacional y cantando todos el himno nacional que nos une, para que se alumbre en nosotros una Venezuela más fraterna, más solidaria, más amigable para todos”.

Lo que viene: de la beatificación a la canonización

Tras el decreto papal, el Santo Padre anunciará la fecha del acto litúrgico oficial de beatificación de José Gregorio Hernández, el cual se espera se realice durante el primer trimestre de 2021. En el marco de este proceso, en los próximos meses se realizará una ceremonia de exhumación de los restos del Dr. José Gregorio Hernández, los cuales reposan en la iglesia Nuestra Señora de La Candelaria en Caracas.

Luego de la proclamación como beato, el próximo paso en el camino del Dr. Hernández es su canonización. Para ello, la comisión de la Iglesia católica venezolana que lleva esta causa deberá documentar un nuevo milagro concedido por el galeno después de su beatificación y presentarlo, para su estudio, ante la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, tal como hizo con el expediente de la beatificación.

Si el nuevo presunto milagro pasa las pruebas respectivas, el médico se convertiría en San José Gregorio Hernández, uno de los 7.000 santos de la Iglesia católica y el primero de Venezuela.

Hernández es el cuarto beato de Venezuela y el primero de carácter laico en la historia del país. Lo acompañan en los altares tres religiosas: la Madre María de San José (1875-1967), beatificada por el papa Juan Pablo II en 1995; la Madre Candelaria de San José (1863-1940), proclamada por el papa Benedicto XVI en 2008, y la Madre Carmen Rendiles (1903-1977), beatificada por el papa Francisco en 2018.

Nacido el 26 de octubre de 1864 en Isnotú, estado Trujillo, José Gregorio Hernández se formó como médico en la Universidad Central de Venezuela y realizó estudios de postgrado en Europa. En Caracas, se desarrolló como científico y docente de la UCV, a la vez que ejerció como galeno. Durante su vida profesó una profunda fe católica y una vocación de servicio por los más necesitados, lo que le valió el título de “médico de los pobres”. Fallecido en Caracas el 29 de junio de 1919, su causa de beatificación se inició en 1949, 30 años después de su muerte. En 1972 fue declarado “Siervo de Dios” por el Vaticano y en 1986 fue proclamado “Venerable” por el Papa Juan Pablo II.

 

 

 

*Con información de NP y TC

Papa Francisco pidió a UE hacer frente a impacto económico y social del coronavirus
Desde el Vaticano, ecordó el 70º Aniversario de la Declaración de Robert Schuman

El papa Francisco pidió a los líderes de la Unión Europea que hagan frente al impacto social y económico de la pandemia del coronavirus “en un espíritu de armonía y colaboración”, durante el rezo del Regina Coeli, que sustituye al Ángelus en tiempo pascual.

Desde el palacio apostólico del Vaticano, el papa recordó el 70º Aniversario de la Declaración de Robert Schuman, que dio origen a la Unión Europea, y dijo que “inspiró el proceso de integración, permitiendo la reconciliación de los pueblos del continente tras la Segunda Guerra Mundial y el largo período de estabilidad y paz” que los europeos disfrutan hoy.

“El espíritu de la declaración de Schuman no debe dejar de inspirar a quienes tienen responsabilidades en la Unión Europea, llamados a enfrentar las consecuencias sociales y económicas de la pandemia en un espíritu de armonía y colaboración”, subrayó.

Jorge Bergoglio también envió el mismo mensaje durante misa matutina de este domingo celebrada en la capilla de su residencia, la Casa Santa Marta, y pidió “que Europa crezca unida, en esta unidad de fraternidad que hace crecer a todos los pueblos en la unidad en la diversidad”.

La pandemia y un diálogo entre papas, por Asdrúbal Aguiar

@asdrubalaguiar 

 “Al final del día, con todos estos eventos, la naturaleza nos envía un mensaje… Si no cuidamos la naturaleza no podemos cuidarnos a nosotros mismos” y necesitamos “ir a este futuro armados con la naturaleza como nuestro aliado más fuerte”, sostiene Naciones Unidas.

Papa Francisco en igual línea, como parte de su “lucha por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos”, invita a que se “custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la vida engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas”.

En una suerte de mea culpa sugiere se reescriba la historia, pues “no siempre los misioneros estuvieron al lado de los oprimidos” durante la conquista de América, admite. Es lo que le pide hace un año y ahora logra Andrés Manuel López Obrador.

De modo que al escuchar el “grito de la Amazonia” nos recomienda contemplarla para que se vuelva nuestra “como una madre”; pues, “si entramos en comunión con la selva, fácilmente nuestra voz se unirá a la de ella y se convertirá en oración”, señala Francisco en su Exhortación apostólica de diciembre pasado. La Amazonia, la naturaleza, es “un lugar teológico, un espacio donde Dios mismo se muestra”, agrega el pontífice.

Benedicto XVI, papa jubilado como le llamaría Nietzsche, aborda la cuestión con anterioridad y carácter pionero. No se deja atropellar por los particulares, lo eventual, por muy gravoso que sea. Pregunta y nos pregunta por el sentido de la vida y su plenitud. Y aclara que no se trata de una fuga del presente.

“Al ver la belleza de las criaturas y constatar la bondad que existe en todas ellas”, imposible es no creer en Dios y a través de Él abrirnos a nuestros semejantes con vistas a la Creación, que es un libro, el otro gran libro, observa. Hay un orden de prelaciones, recuerda. “Somos más hijos de la cultura, y por tanto de la fe, que de la naturaleza” (2007) deduciéndose como sustantiva la “ecología del hombre”.

Francisco insiste, antes bien, en la idea de la “ecología integral” que ata a la idea matriz del “buen vivir”, de estirpe andina, recogida por las constituciones socialistas de Ecuador y Bolivia.

Ratzinger habla del “arte de vivir juntos” y su síntesis es clara: “La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no solo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo”, reza su encíclica Caritas in Veritate (2009).

Subraya con énfasis que es contrario al verdadero desarrollo considerar a la naturaleza como más importante que la persona humana misma, pues esa postura “conduce a actitudes neopaganas o de nuevo panteísmo: la salvación del hombre no puede venir únicamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista”, precisa.

En una de las exégesis de la obra de Marx sobre el “buen vivir” se explica que este solo es posible a partir de la refundación del pasado tradicional indigenista: “el Sumak Kawsay sería la utopía concreta donde el humano se reencuentra de manera respetuosa con la naturaleza. El buen vivir solo es alcanzable a través de las luchas sociales transformadoras de las estructuras necrofílicas del poder político, económico y cultural del sistema capitalista”, escribe J.C. García Ramírez para Nuevo Humanismo (2017).

Dos perspectivas nos plantea este diálogo transcendental para la Humanidad, con vistas al día después.

Una es la que propone y comparte la ONU, a cuyo tenor el hombre ha de mirar a la tierra y rendirle culto, pues en ella descubre a su ser y esencia y le fija los equilibrios, como lo sostiene Francisco. La otra no le impide “tocar la tierra” con la mano. Prefiere, sí, que el hombre mire a sus hermanos y junto a estos, conservando la Casa Común y aprendiendo de sus signos, lo haga hacia arriba para trascender. No solo es tierra y en tierra se convierte.

El marxismo, el progresismo del siglo XXI ve al hombre sometido a las leyes naturales. De donde la ruptura de ese equilibrio se hace “irreparable bajo el capitalismo” o por cualquier sistema que produzca sin “racionalidad metabólica o ecológica”.

Ratzinger, no por azar, advierte preocupado y antes de su renuncia que ahora “el hombre quiere hacerse por sí solo y disponer siempre y exclusivamente por sí solo de lo que le atañe”; por lo que su conclusión es meridiana: “Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros”.

La acogida del planteamiento de Francisco en los medios occidentales se hace evidente y es exponencial. Es el papa actual quien invoca, acaso sin quererlo, la tesis del “metabolismo social” mientras tamiza la doctrina ecológica que forja Ratzinger apoyado en Juan Pablo II. Esta pone el énfasis en el hombre, en la persona humana y en cómo deteriora las relaciones sociales un ambiente adverso, como las guerras, la destrucción de los recursos naturales, las zonas desérticas por los conflictos”.

“El modo en que el hombre trata el ambiente influye en la manera que se trata a sí mismo, y viceversa”, es la sentencia final del papa jubilado. De allí la pandemia.

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Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

En su tradicional discurso de Domingo de Resurrección, solicitó a los líderes políticos proporcionar esperanza y oportunidades a los millones de desempleados nuevos

El papa Francisco pidió este domingo por la resolución de los conflictos que aquejan a Venezuela y que hacen sufrir a los más desprotegidos, durante la misa del Domingo de Pascua en la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Su Santidad oró para que se alcancen “soluciones prácticas e inmediatas en Venezuela orientadas a facilitar la ayuda internacional a la población que sufre a causa de la grave coyuntura política, socioeconómica y sanitaria” (minuto 12,35 del video), mientras los católicos de todo el mundo celebraban una Pascua solitaria, obligados a pasar el día más alegre del calendario litúrgico cristiano entre los dolorosos recordatorios de la devastación provocada por la pandemia.

Francisco llamó el domingo a la solidaridad en todo el mundo para enfrentar el “desafío de la época” que plantea la pandemia de coronavirus, mientras los católicos de todo el mundo celebraban un solitario Domingo de Pascua, obligados a pasar el día más alegre del calendario litúrgico cristiano entre los dolorosos recordatorios de la devastación provocada por la pandemia.

Las familias que generalmente asistían a la misa matutina de Pascua y más tarde se reunían con sus amigos para comer y celebrar estaban aislados en sus hogares. Los puestos de control en Europa e iglesias cerradas en todo el mundo obligaron a los fieles a ver los servicios de la Pascua por internet o en televisión.

En el Vaticano, Francisco celebró una misa en una Basílica de San Pedro casi vacía, con un puñado de fieles simbólicos sentados uno por banca y con la alabanza de “Kyrios” resonando en los suelos de mármol.

Normalmente, la Plaza de San Pedro estaría llena de flores frescas en el Domingo de Resurrección, con tulipanes y orquídeas convirtiendo la columnata de la plaza en un festival de color, subrayando el mensaje de renacimiento y vida del feriado.

Sin embargo, este año la plaza de adoquines se veía desierta. Barricadas policiales rodeaban el lugar, impidiendo el acceso cuando normalmente habría decenas de miles de personas para escuchar la bendición del pontífice “Urbi et Orbi” (“A la ciudad y el mundo”).

En lugar de eso, Francisco permaneció adentro, subrayando la soledad que enfrenta toda la humanidad en medio de las órdenes de aislamiento para evitar más contagios.

En su tradicional discurso de Domingo de Resurrección, Francisco pidió a los líderes políticos proporcionar esperanza y oportunidades a los millones de desempleados nuevos y exhortó a la Unión Europea a dar un paso adelante al “desafío de la época” planteado por COVID-19, que ha azotado Italia, España y otras naciones europeas.

Recordó que Europa se levantó nuevamente después de la Segunda Guerra Mundial “gracias a un espíritu concreto de solidaridad que le permitió superar las rivalidades del pasado”.

Dio oraciones especiales por los enfermos, los muertos, los ancianos, los refugiados y los pobres. También ofreció agradecimiento y aliento a los médicos y enfermeras que han trabajado “hasta el agotamiento y con poca frecuencia a expensas de su propia salud”.

“Este no es un momento para el egocentrismo, porque el desafío que enfrentamos es compartido por todos, sin distinguir entre las personas”, afirmó.

En lugar de aparecer a mediodía para su bendición ante la basílica, se esperaba que hablara ante la tumba de San Pedro, subrayando la soledad que afrontaba toda la humanidad en medio de cuarentenas y órdenes de confinamiento para evitar los contagios.

Era una escena repetida en todo el mundo, con los fieles o bien en casa o bien practicando el distanciamiento social en las iglesias donde aún se celebraban misas públicas.

Un puñado de romanos afortunados asistieron a misa desde sus balcones, con vistas a la iglesia Santa Emerenziana en el vecindario norteño de Trieste, donde un sacerdote realizó un servicio en el techo del templo.

“Nos sentimos cercanos unos a otros pese a esta distancia”, comentó el feligrés Luca Rosati desde su balcón. “Podemos experimentar desde aquí lo que normalmente veríamos dentro de la iglesia, como una comunidad”.

En la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, donde muchos cristianos creen que Jesús fue crucificado y sepultado, el arzobispo Pierbattista Pizzaballa instó a los fieles a no desanimarse.

“El mensaje de Pascua es que la vida, pese a todo, prevalecerá”, dijo Pizzaballa durante una misa a la que asistieron un puñado de clérigos, y con las calles que rodean la Ciudad Vieja sin peregrinos ni vendedores.

En su vigilia del sábado por la noche, el papa Francisco instó a los fieles a no dejar que la soledad y el dolor de la pandemia de COVID-19 les prive de la esperanza por un futuro mejor.

“Esta noche adquirimos un derecho fundamental que nunca nos podrán quitar: el derecho a la esperanza”, declaró Francisco.

Durante su homilía, Francisco dijo que usar la violencia contra las mujeres equivale a profanar a Dios

El papa Francisco se disculpó este miércoles, 1 de enero de 2010, por golpear la mano de una mujer que lo sujetó y tiró de él hacia ella mientras caminaba entre los feligreces.

En sus deseos de Año Nuevo frente a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, Francisco confesó haber perdido la paciencia con la mujer mientras paseaba por esa misma plaza el martes por la noche para admirar una representación del nacimiento de Jesús.

Las cámaras capturaron la escena cuando la mujer, desde detrás de una barrera, extendió la mano y agarró la mano del papa, tirando violentamente de él hacia ella. Francisco reaccionó bruscamente, exclamó algo y luego le dio una palmada en la mano para que ella lo dejara ir. Frunciendo el ceño muy molesto, se dio la vuelta y se alejó.

En comentarios improvisados el miércoles, Francisco dijo: “muchas veces perdemos la paciencia. Yo también”. Luego agregó: “Le digo que me disculpe por el mal ejemplo” por el incidente del martes.

Violencia contra la mujer

Durante su homilía, Francisco puso gran parte de sus esperanzas para que este 2020 sea un mundo más pacífico para las mujeres, diciendo que usar la violencia contra ellas equivale a profanar a Dios y pidiendo que se les involucre cada vez más en la toma de decisiones clave.

En la basílica de San Pedro, Francisco criticó “las muchas veces que se sacrifican los cuerpos de las mujeres en el altar profano de la publicidad, de los beneficios y de la pornografía”. El papa lamentó que, aunque las mujeres son “las fuentes de la vida”, “son continuamente ofendidas, golpeadas, violadas, obligadas a prostituirse” o forzadas a abortar. La Iglesia católica prohíbe el aborto.

Francisco no mencionó si bajo su pontificado podría cambiar la forma en las mujeres son tratadas en la propia Iglesia católica. Según la doctrina del Vaticano, las mujeres no pueden ordenarse sacerdotisas y el puesto principal –el papado- es estrictamente para hombres.

Afirmó que, si queremos un mundo mejor para el año nuevo, debemos tratar a las mujeres con dignidad.

Francisco exhortó que las mujeres estén “completamente asociadas” con la toma de decisiones para hacer que el mundo esté más unido y en paz.

“Si queremos un mundo mejor, que sea una casa de paz y no un patio de batalla, que nos importe la dignidad de la mujer”, dijo Francisco. “Las mujeres son donantes y mediadoras de paz y deberían estar completamente asociadas con los procesos de toma de decisiones”.

“Cuando las mujeres pueden transmitir sus regalos, el mundo se encuentra más unido y más en paz. Entonces, una conquista para las mujeres es una conquista para toda la humanidad”.

En su discurso, Francisco no mencionó el trato que reciben las mujeres al interior de la Iglesia católica. Además de no permitirles ser sacerdotisas, algunos miembros conservadores de la institución están escandalizados porque algunas parroquias permitan que haya niñas haciendo las funciones de un monaguillo. Y, como ha reportado The Associated Press, ha habido casos en que sacerdotes –que presuntamente son célibes- han embarazado a mujeres y que no reconocen a sus hijos como propios.

Reflexionando sobre el estado de los asuntos de la iglesia, Francisco advirtió contra las divisiones y culpó al diablo de quienes enfatizan las diferencias, ideologías y facciones.

Papa Francisco denunció el aumento de las desigualdades sociales
El Sumo Pontífice dijo que vivir en el perdón es el camino para la paz

 

En su Mensaje por la 53ª Jornada Mundial de la Paz, el Papa Francisco pone de relieve que el mundo se encuentra al borde del abismo nuclear olvidando que la historia ya ha enseñado a la humanidad sobre las perversas consecuencias de tal desastre. 

“La guerra nace en el corazón del hombre por el egoísmo y la soberbia (…) se nutre de la perversión de las relaciones, de las ambiciones hegemónicas, de los abusos de poder, del miedo al otro y la diferencia vista como un obstáculo”, dijo el Papa Francisco.

“La brecha entre los miembros de una sociedad, el aumento de las desigualdades sociales y la negativa a utilizar las herramientas para el desarrollo humano integral… la falta de respeto por la casa común y la explotación abusiva de los recursos naturales”, denunció el Vicario de Cristo.  
El Pontífice propone como único camino de solución el centrar la vida en las enseñanzas de Jesús para “reavivar una nueva esperanza tanto en los individuos como en las comunidades”. Recordando el diálogo entre Pedro y Jesús sobre cuántas veces debemos perdonar, citado por el evangelista Mateo (18, 21-22), el Papa exhorta a “vivir en el perdón” como único camino para “convertirnos en mujeres y hombres de paz”.
 
A continuación, el texto completo pulsando aquí.

Papa Francisco pide esperanza en Latinoamérica y ánimo para Venezuela

El papa Francisco pidió este miércoles esperanza «para todo el continente americano, donde diversas naciones están pasando un período de agitaciones sociales y políticas» y aliento para «el pueblo venezolano largamente probado por las tensiones», durante su tradicional mensaje de Navidad.

Sí nombró a Venezuela y rogó para que Dios «reanime al querido pueblo venezolano probado largamente por tensiones políticas y sociales, y no le haga faltar el auxilio que necesita».

Asomado al balcón de la Logia central de la basílica de San Pedro para la bendición Urbi et Orbi, Francisco dedicó su mensaje de Navidad a los conflictos e injusticias del mundo, como en otras ocasiones.

El papa comenzó su mensaje observando que «hay tinieblas» en los corazones humanos, en las relaciones personales y las familias y en los conflictos económicos, geopolíticos y ecológicos, pero añadiendo «que más grande es la luz de Cristo».