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Medicina

Canciller de Portugal: Tenemos la disponibilidad de apoyar a Venezuela con alimentos y medicinas

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El ministro de Negocios Extranjeros portugués Augusto Santos Silva indicó este lunes que su país manifiesta su disponibilidad para “apoyar en los nuevos proyectos de cooperación bilateral y áreas como alimentación, medicinas y otros bienes de primera necesidad”.

Augusto Santos destacó que la principal relación entre Venezuela y Portugal es a nivel humano. “Hay 200 mil personas que nacieron en Portugal y viven en Venezuela, hasta la fecha ha aumentado la población con nacionalidad portuguesa a 500 mil habitantes en Venezuela”.

“El mercado venezolano ha sido muy importante para los portugueses en tiempos difíciles de nuestra economía”.

Por otro lado indicó que “respetamos y apoyamos los resultados positivos que surjan del diálogo político en Venezuela”.

En el caso de los empresarios y comerciantes portugueses que están en Venezuela indicó que “será muy apreciado todas las mejoras” en cuanto a las condiciones estables para sus comercios y redes de distribución.

Asimismo agradeció a Venezuela el apoyo en el Consejo de Seguridad de la ONU nuestra candidatura en el 2016.

 

Julio Borges: Prioridad en el diálogo es la comida y alimentos

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El presidente de la Asamblea Nacional (AN) Julio Borges afirmó este domingo que las principales exigencias que llevarán a la mesa de negociación el próximo primero de diciembre entre Gobierno y oposición, serán que se abra uncanal humanitario para alimentos, y medicinas y la recuperación del voto, de cara a unas elecciones presidenciales en 2018.

“Un millón de niños no tienen nada de comer, se han miuerto cerca de 70 en el país por falta de alimentos y medicinas. Debemos obligar a que el Gobierno abra los canales para que lleguen medicinas y alimentos para todos los venezolanos. Nos reunimos hace poco con la Iglesia, y todos estamos de acuerdo en lo mismo”, sostuvo.

Indicó que decenas de países están estan dispuestos a proveer a Venezuela de alimentos y medicinas, entre los que se encuentran México, Chile y Brasil.

Borges reiteró que la exigencia de recuperar el voto en el país, que llevarán a esta mesa de negociación, trasciende la necesidad de restituir derechos de los venezolanos que se han perdido por el “comportamiento dictorial del Gobierno”.

“Es un deber venezolano y moral que tenemos en este momento, de poner al gobierno contra la pared, para que se den todas las exigencias que solicitaremos”, expresó.

“Tenemos una agenda clara y nítida de lucha, con la cual iremos a este proceso, en dónde por primera vez hemos sentado a seis cancilleres y un presidente como lo es el de República Dominicana”, continuó diciendo que “sabemos a lo que nos enfrentamos, no somos ingenuos. Esto es una dictadura. Tengan la seguridad de que todos estos caminos no son excluyentes, sino que ayudarán al cambio politico de Venezuela”, dijo.

Parir en Venezuela, por Carolina Jaimes Branger

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Mi papá era médico. Cuando yo era una niña, por allá por los años sesenta, siempre lo escuché decir que si uno tenía cualquier tipo de emergencia era mejor que lo llevaran a un hospital público, porque estaban mejor dotados que los privados. Hoy suena como un chiste de pésimo gusto. El suero anti-alacránico, por ejemplo, era seguro conseguirlo en un hospital, no en una clínica privada. Mi papá trabajó buena parte de su vida en el Instituto de Medicina Tropical de la UCV y se sentía orgullosísimo del Hospital Universitario. Más cerca en el tiempo, cuando mi hija mayor se enfermó en los años ochenta, hubo unos exámenes muy específicos que sólo los hacían allí. Y allí la llevé y se los hicieron. Había mucha gente, pero a todos nos atendieron. En la sala de espera había puesto para todos. Los equipos funcionaban y los resultados de los exámenes los entregaron en la fecha ofrecida.

Comento esto por las últimas fotos que han circulado viralmente por las redes sociales. En julio fue la de siete bebés literalmente apuchungados en una incubadora de la Maternidad Concepción Palacios, otrora uno de los hospitales materno infantiles más modernos y mejor provistos de América Latina. Inaugurado en 1938 por el General López Contreras, se daba más que abasto para atender a la creciente población de Caracas. En 1972 obtuvo el récord mundial de partos asistidos en un solo año. Sus médicos, los mejores obstetras de Caracas. En 2010 se inauguró el edificio Negra Matea, a todas luces insuficiente para dar acogida a las nuevas parturientas.

Otra foto, que lo que produce son ganas de sollozar, muestra a tres parturientas en una sala de espera de un hospital del Seguro Social en Barquisimeto. Una de ellas, aparentemente a punto de dar a luz, está desnuda, en primer plano. La segunda está sentada en la fila del medio y a la tercera la están atendiendo. Varias personas fueron detenidas cuando la foto se hizo viral. Primero corrieron la voz de que era un hospital en Filipinas, pero como que Filipinas no está tan mal como nosotros. Una vergüenza nacional esa situación. Y como siempre, el gobierno se lava las manos. Mejor dicho, por un lado se lavó las manos sobre su responsabilidad, pero por el otro se ocupó de buscar a quienes habían tomado las fotos. Un reportaje de Vanessa Arenas en El Estímulo da cuenta de la detención de 16 personas, entre ellas dos estudiantes del sexto año de Medicina de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA) de Barquisimeto, María Brizuela y Miriam Valiño, ambas de 26 años de edad, que ni siquiera estaban en el hospital al momento de los improvisados partos.

Y como si eso fuera poco, el mismo día circuló un video de una mujer pariendo de pie en la acera del Hospital Central de Maracay, casualmente donde Maduro inauguró apenas hace tres meses una nueva sala de maternidad. ¿Tercer mundo? ¡Décimo mundo! Son despiadadas las colas que vemos hoy frente a cualquier centro de salud. Son despiadadas las listas donde exigen a los enfermos llevar desde alcohol hasta remedios que no se consiguen en Venezuela, porque los hospitales no tienen insumos. Es despiadado el trato de parte de un régimen que sólo le interesa perpetuarse en el poder y despiadado el raspado la olla de lo que queda (a costa de la salud de los venezolanos, sobre todo los más pobres) a quienes usó para llegar a Miraflores pero que ahora le importa un rábano qué es de ellos.

En Venezuela estamos pariendo para todo. Cualquier cosa normal en algún otro lugar del mundo, aquí resulta un parto. Y es que incluso para parir, parimos…

@cjaimesb

Diputado José Gregorio Correa: Hay más de 900 containers de medicinas que no han entrado a Venezuela porque el gobierno no lo autoriza

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El Presidente de la Comisión de Asuntos Interiores, Seguridad y Defensa del Parlamento del MERCOSUR (Parlasur) y diputado a la Asamblea Nacional, José Gregorio Correa (Unidad-Cojedes), alertó que hay más de 900 containers de medicina provenientes de Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina.

El diputado explicó que no han podido entrar a Venezuela debido a que el gobierno nacional no lo autoriza “en su empeño por hacer creer al mundo que aquí no hay una crisis humanitaria y esto es sumamente grave”.

En ese sentido, el parlamentario denunció que el Estado esta poniendo en riesgo la vida de los ciudadanos, ya que “por ejemplo, Cojedes es el segundo estado en desabastecimiento de medicinas a escala nacional según las estadísticas, y han fallecido personas como consecuencia de la escasez de medicamentos, sin contar del pésimo funcionamiento de hospitales y su decadentes dotación”.

“En una situación como esta, es realmente inhumano que por diferencias políticas no permitan el ingreso. En verdad lo que debe importarle al gobierno es la preservación de la vida de los ciudadanos”, indicó Correa.

 

Heridos durante protestas en Venezuela sufren para curarse por escasez de medicinas

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FOTO: Reuters / Ueslei Marcelino

 

CARACAS (Reuters) – Jesús Ibarra, un estudiante venezolano de ingeniería de 19 años, apenas habla y camina con dificultad luego de que lo golpeó una bomba lacrimógena que le pulverizó una parte del cráneo durante una de las protestas contra el presidente Nicolás Maduro que sacudieron el país entre abril y julio.

Después de cinco operaciones y tratamientos por infecciones tras caer a un río altamente contaminado por el impacto, Ibarra aún debe atravesar un sexto procedimiento donde le colocarán una pieza para cubrir el fragmento de cráneo faltante.

El joven es uno de los 1.934 heridos que dejaron los cuatro meses de protestas, según cifras oficiales. A muchos de ellos, se les hace cuesta arriba sus tratamientos por la escasez de medicinas y material quirúrgico en el país petrolero.

“Yo converso mucho con mi hijo y a veces me hace entender que no valió la pena, que se arrepintió y que fue un error”, dijo José Ibarra, padre de Jesús, recordando que ha tenido que pedir donaciones de medicinas para su hijo.

“Pero otras veces me dice claramente que sí valió la pena porque estaba luchando por un cambio en el que él cree”, agregó al lado de su convaleciente hijo, en su casa en Petare, una de las barriadas más grandes de América Latina.

El día en que fue alcanzado por el cartucho de la bomba lacrimógena, Ibarra había acudido a manifestarse para mostrar su descontento con la crisis económica del país. Hoy, tras 45 días en coma inducido, apenas camina apoyado de una andadera y debe recibir a una terapista para tratar de recuperar sus funciones.

Un equipo del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas entrevistó a expertos que sugieren que en Venezuela se hizo un uso excesivo y sistemático de fuerza y que los uniformados son responsables de al menos 46 de las 124 muertes vinculadas a las protestas.

“Yo simplemente me tapaba, esperaba que no me hicieran nada, a ver si salía con suerte. Pero, de repente, llegó uno de ellos y me disparó a quemarropa en los pies y me dejaron ahí tirado”, dijo Brian Dalati en Caracas, acostado en su cama con clavos ortopédicos en la pierna derecha y un yeso en la izquierda.

Dalati, de 22 años, se dirigía al instituto donde estudia cocina, cuando pasó por una barricada y fue interceptado por agentes de seguridad que lo patearon y robaron.

“Yo no estaba haciendo nada, no había la necesidad (…) fue pura malicia”, agregó. Sentado a su lado, su papá confesó que se le dificulta conseguir los implementos para curarlo.

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“CRÍMENES DE ODIO”

Al menos cinco muertos durante las protestas se produjeron por “crímenes de odio”, según un informe de la Defensoría del Pueblo, en manos de aliados del presidente Maduro.

Inés Esparragoza, madre de Orlando Figuera, un joven de 21 años que murió dos semanas después de haber sido quemado en una protesta en Caracas, dijo que su hijo fue atacado por ser simpatizante del Gobierno socialista.

“Si no es a mi hijo, hubiera sido a otra persona pero esta vez le tocó a mi hijo (…) que lo apuñalaron, lo quemaron como a un animal”, dijo Esparragoza llorando ante las cámaras de un canal estatal, días antes de que su hijo falleciera en junio.

No es una gozadera, idiota, es un infarto

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Seguramente soy el más desagradecido de los mortales, pues sin reparos intentaron darme los auxilios que sus limitados conocimientos podían ofrecer. Aun así, nadie me quita de la cabeza que media hora más en aquel centro de atención orgullo de la revolución habría significado un daño fatal para mi golpeado corazón.

Aquel lunes no hubo señal previa más allá de un cansancio más fuerte de lo normal y atribuido a una mala noche de sueño, que me obligó a suspender la carrera con solo tres kilómetros de recorrido. Pero media cuadra antes de pasar frente al omnipresente CDI Los Dos Caminos, la súbita visión borrosa y el sudor frío me hizo comprender que aquella inusual baja de la tensión no presagiaba nada bueno.

Con las pocas fuerzas que me quedaban crucé la calle y entré por primera vez a uno de los tantos centros de salud inaugurados a distancia por el sempiterno Hugo Chávez (QEPD). Bien dicen los viejos que ‘el cuerpo es castigo de la lengua’. Y de la mente también, agrego yo, pues aunque nunca dije a viva voz que jamás entraría a un CDI, confieso haber pensado que no dejaría que médico cubano alguno me auscultara. La experiencia pesa, y al picado de culebra ya se sabe que le pasa cuando ve un bejuco.

Tensiómetro en mano, el joven (cubano, por supuesto) que me condujo a la emergencia determinó que con 90-60 de presión arterial, aquella hipotensión era la causa de mis males. Seguidamente remató con solemnidad y autoridad: “Lo que tú necesitas es una isotónica, ya tú vas a ve cómo se te pasa eso” (póngale acento habanero).

Y allí comenzó el jaleo. Poco antes de que la salina solución entrara en el torrente sanguíneo, comenzó un agudísimo dolor en el pecho del que a duras penas podía quejarme, y que mi cuidador (a quien supongo paramédico) aseguró se pasaría en tres minutos –exactos-gracias a la intravenosa. Falsa promesa. El dolor se agudizó y con ello mi convicción de que estaba sufriendo un infarto.

Despampanante y dicharachera, la morenaza empotrada en un vestido que apenas alcanzaba a cubrirle las grandes nalgas que acudió en ayuda de su compatriota ofreció un diagnóstico que consideró más certero y definitivo: “Lo que tú tienes es una neuritis. Ya eso se te pasa” (agregue más acento habanero), apreciación que compartió con la camarera que se acercó para verificar las dotes científicas de sus coterráneos.

Media hora de dolor después, deseo frustrado por tomar agua –en el CDI no había ni una gota para consumo humano-  y un largo intento por lograr que llamaran a mi familia (“entiende que nosotros allá en Cuba no tenemos teléfono y no sabemos cómo esto funciona aquí’, argumentaron), la morenaza decidió hacer un electrocardiograma.

Aunque no eran muchas mis esperanzas de que el aparato funcionara, el verdadero susto comenzó cuando al mirar el electro, la mulata llamó la atención de su paisana camillera con un grito que me hizo temer lo peor: “Óyeme tu, mira esta gozadera. Yo nunca había visto nada como esto…. este aparato como que está malo”, alcanzó a decir la exuberante mujer, muestra inequívoca de que en su vida había visto el electro de un infarto en progreso. Gajes de la medicina cubana. Quería gritarle “no es una gozadera, idiota, es un infarto”, pero el dolor no me dejaba articular palabra alguna.

De regreso a la emergencia, la también antillana doctora (al menos eso creo) que apareció atraída por el barullo, convocó una junta en la que participaron paramédicos, camillera y camarera, tras lo cual se determinó que debían trasladarme a otro centro. Allí no había más que una aspirina -cedida por la camillera de su propio peculio- para atender aquella cardíaca emergencia.

Para mi ventura, dos amigos llamados por un tercero que me vio entrar al hospital de paso ya me esperaban para sacarme de allí, no sin antes recibir un informe anotado por la doctora en la parte trasera de media hoja de reciclaje y del cual recuerdo haber leído una línea que me sigue retumbando en la cabeza: “paciente con una posible afección cardíaca”.

De posible nada. Fue un infarto al miocardio con todas sus letras y que gracias a la atención en un centro de salud privado, se logró detener a tiempo para evitar males mayores.

Seis semanas después, las noches de insomnio se repiten pensando en los millones de venezolanos que solo cuentan con estos remedos de centros de salud como alternativa para sanar sus males, atendidos por médicos de dudosas credenciales llegados de una isla cuyo fallido sistema de salud quiere ser copiado por el no menos fracasado régimen que nos gobierna.

Más de lo mismo

No es la primera vez que tengo un encuentro cercano que me permite decir con propiedad que la medicina cubana es la peor mentira que los Castro han inventado.

En diciembre del 2000, junto a una gran amiga, su ex esposo cubano y su vástago de dos años, fuimos a La Habana, esa joya caribeña que aun en su ruina esconde un encanto sin parangón.

Pocos días después de nuestra llegada, el niño enfermó. Con mis escasos conocimientos médicos –cuatro semestres de medicina aprobados y un quinto inconcluso- pude darme cuenta que el pequeño sufría de una vulgar gastroenteritis. No obstante, sus padres decidieron consultar a unos primos de él, pareja que ostentaba sendos títulos de médicos pediatras recién otorgados por la Universidad de La Habana.

Luego de ver al niño y sin siquiera tocarlo decretaron: “lo que este muchacho tiene es un empacho”, palabra de un castizo tan antiguo que muchos no entenderán, pero que se refiere a la indisposición estomacal por el comer en exceso y una difícil digestión; mal generalmente atribuido a los chicles tragados por los pequeños para evitar el regaño de los mayores.

Acto seguido, prescribieron para aquel desorden estomacal un remedio tan insólito como el insólito fue el diagnóstico: teníamos que conseguir leche de chiva negra y una vez servida en adecuado envase (pocillo de peltre, de ser posible) debía sumergirse en el inmaculado caldo un clavo al rojo vivo. “Con eso bota todo lo que tiene”, dijeron. Sabias palabras, pues poco faltó para que, literalmente, el infante botara hasta la vida.

Aunque me opuse aplicar aquella burrera cura, el criterio paterno se impuso y tras encontrar en las afueras de la capital cubana el blanquísimo líquido proveniente de una negrísima chiva, la pócima tuvo el efecto que preveía: el pequeño empeoró tan rápido y de tal manera que ameritó su hospitalización.

Eso sí, en clínica para extranjeros y atendida por extranjeros, que aun so pena de ser deportado inmediatamente, me negué a siquiera a dejar que lo ingresaran en la emergencia del depauperadísimo y extremadamente sucio hospital central de La Habana de aquel entonces.

Carta a un médico venezolano, por Laureano Márquez

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FOTO: Andrés Kerese / Prodavinci

 

Querido doctor:

Quiero que sepas que los venezolanos estamos orgullosos de ti, que estamos clarísimos: sabemos que nuestros médicos son los mejores del mundo y los más humanos. En ningún otro lugar se ejerce la medicina como en nuestro país, en el que hasta en una piñata puedes tener una consulta ambulatoria con uno de los papás del amiguito de tu hijo. En Venezuela uno no va a una consulta impersonal, como hace la gente de otros países; aquí tu médico es tu amigo y conoces a su esposa y vas a la graduación de su hija; si lo encuentras en el mercado, pregunta por tu salud y averigua si te estás tomando la pastillita. Él no revisa tu historia porque se la sabe de memoria: la ha hecho parte de la suya y ves en ella los colores de todas las plumas fuente de sus años y los tuyos, porque la relación de un paciente con un médico en Venezuela es “hasta que la muerte los separe”. Tu médico envejece contigo; podrá pasar de los noventa, como el Dr. Otto Lima Gómez, pero tu confianza en él no merma, porque lo hallas cada vez más sabio, más bueno y hasta más elegante; pero especialmente porque él sabe lo que tú tienes no a partir de los exámenes de sangre, sino del examen que hizo de tu alma en la mirada triste con la que entraste a su consulta y porque su mano en tu hombro es la mejor medicina. Estamos tan orgullosos de ustedes, queridos amigos médicos, tan conmovidos con su quehacer, que no hallamos las palabras exactas de gratitud en esta dolida hora en la que ustedes sacan las balas de los cuerpos de los hijos de esta tierra, caídos en una guerra a la que van con “un canto infinito de paz”.

Ser médico en la Venezuela de estos tiempos es un acto de heroísmo y de amor, de ingenio y de creatividad para salvar vidas en medio de esta tragedia artificial llamada gobierno, que lleva dieciocho años destruyendo lo mejor de nosotros, lo más bueno, lo más noble, lo más sagrado. Seguro que hay algo —los alumnos lo sabrán— en nuestras escuelas de Medicina que hace que quien salga de allí sea dueño de un alma especial, no solo plena de sabiduría, sino lo más importante: de sensibilidad y virtud. Es como si en una cápsula de Petri se hubiesen mezclado la ciencia de Razetti, la santidad de José Gregorio y el sentido de la justicia de Vargas. Ahí están los muchachos de la Cruz Verde, los estudiantes de Medicina, salvando, ayudando, sembrando vida donde otros se la roban. Son nuestros superhéroes, nuestros salvadores, nuestra certeza de que no toda esperanza ha sido arrebatada por la maldad, de que esta tierra es esencialmente de gente buena y solidaria, inteligente y pacífica, por más que el mal, la crueldad y el terror se hayan apoderado temporalmente de las riendas de nuestro destino envileciéndonos a todos; es “el vil egoísmo que otra vez triunfó”: Boves redivivo siembra de muerte los campos de Venezuela. En medio de esta debacle están ustedes, los médicos, más que ejerciendo la medicina, haciendo milagros. Junto a ustedes, las enfermeras y enfermeros, porque si el médico salva vidas, la enfermera salva al médico.

Querido amigo: gracias por dar la cara por la salud y recibir heridas de aquel de quien te vengarás salvando la vida de su hijo o la suya propia. Gracias por tu humanidad toda, por la santidad de tu vida cotidiana, por las causas que apoyas en los lugares más remotos, por actualizarte cada día en un país al que ya no llegan las revistas de medicina. Gracias por hallar un sustituto al remedio que no se consigue, o por dármelo tú mismo, aunque en ello se te vaya la vida cruzando el mar. Gracias por las consultas que no causaron honorarios cuando me suponías pelando. Gracias, pichón de médico, que saliste a una calle insegura a entregar tu vida salvando a tu hermano; ojalá que el que te arrolló siempre encuentre médicos y medicinas; ojalá que viva para siempre. Gracias, doctor, muchas gracias, que Diosito me le pague, como dicen nuestras abuelitas cuando salen de tu consulta. ¡Ah! y no te preocupes: Carujo, esta vez, también pasará, porque “es el hombre de bien el que siempre ha vivido y vivirá feliz sobre la tierra y seguro sobre su conciencia”.

 

@laureanomar

Pacientes se “encadenaron

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Pacientes crónicos y representantes de la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida (Codevida) protestaron este miércoles “encadenados” en la avenida principal de Los Ruices, a la altura de Los Cortijos, por la escasez de medicamentos. La manifestación fue inicialmente frente a la Farmacia de Alto Costo del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) en Los Ruices.

Pacientes con enfermedades renales, cáncer, párkinson, hipertensión pulmonar, reumatismo y trasplantados tienen pancartas alusivas a la crisis humanitaria y a los medicamentos que no consiguen.

“Voy a hablar en nombre de muchísimos venezolanos. No estamos pidiendo una limosna sino nuestros derecho constitucional a la salud. Además de que no tengo mis medicamentos, también sufro la crisis porque no consigo medicinas ni los pañales de mi madre”, expresó Mildred Rodríguez, paciente con cáncer de mama.

“La ultima decisión del mamarracho que está en la Presidencia es que las medicinas serán distribuidas los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción). Pues no, yo no estoy dispuesta a arrodillarme ante el gobierno para mantener mi salud. Si algo me sucede será culpa del régimen”, agregó Rodríguez.

El presidente de Codevida, Francisco Valencia, exigió al director del IVSS, Carlos Rotondaro, que se haga presente en la sede de la farmacia para darle respuesta a los pacientes y manifestó que se quedarán el tiempo que sea necesario en el lugar, hasta obtener respuestas.”El señor Rotondaro sabe que cada minutos que estamos bajo el sol se deteriora nuestra salud, así que espero que esté consciente de que debe respondernos para evitar consecuencias graves”.

 

  “Hemos llegado a niveles alarmantes. No queremos que nuestros compañeros sigan muriendo por falta de tratamientos en la Farmacia de Alto Costo. Las mujeres con cáncer de más tienen seis meses sin recibir medicinas. Hay fallas en dos medicinas muy importantes para los trasplantados que afecta a más 3.500 personas en todo el país: el myfortic y la ciclosporina”, detalló el presidente  de Codevida. Valencia también es paciente trasplantado y admitió que fue en la mañana a retirar sus medicinas en la farmacia. Sin embargo, confesó que su esposa, quien está en la misma condición, no recibió medicamentos. “No puedo negar que a mi me lo dieron pero mi esposa tiene un tratamiento distinto y el de ella no hay. Entonces no hacemos nada si le dan a uno si y al otro no, todos tenemos derecho”. El director del IVSS le respondió a Valencia en Twitter, al enterarse de la protesta convocado por Codevida. Rotondaro consideró fuera de lugar que el activista protestara por falta de medicinas cuando el Seguro Social le había entregado el tratamiento.  

 

La protesta duró aproximadamente dos horas, posteriormente los manifestantes se devolvieron a la farmacia reiterarle las exigencias a los representantes del Seguro Social.

“Les advertimos que deben darnos respuesta en al menos una semana, de lo contrario enviaremos una carta a la Cruz Roja Venezolana para pedir apoyo y volver a protestar en el sitio”, informó Johana Castellanos, presidenta de la Fundación Venezolana de Hipertensión Pulmonar.