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Hospital Universitario de Caracas

Cifras oficiales: Seis mil casos de dengue en primeros siete meses del año

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado la voz de alerta: América Latina y el Caribe están atravesando uno de los ciclos epidemiológicos de dengue más graves de los últimos 30 años. Así lo reseña voanoticias.com

Según el organismo, Brasil, Colombia y Nicaragua son, en este orden, los países más afectados por la enfermedad transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti. En los primeros 7 meses de 2019 ya ha afectado a más de dos millones de personas y dejado 723 víctimas mortales.

En el caso de Venezuela, según datos oficiales del ministerio de salud, se reportaron seis mil casos de dengue, en los primeros siete meses del año. Sobre papel, se trata de una cifra inferior a la de sus vecinos de la región.

Sin embargo, los expertos alertan que el alcance de la epidemia, en el país, podría alcanzar cotas más altas, si se tienen en cuenta los casos que pasan desapercibidos a las autoridades.

“Las cifras oficiales son las que reporta el ministerio de Salud de Venezuela a la OPS. Podría haber más casos”, aseguró la doctora Maria Eugenia Landaeta, Directora del servicio de Infectología del Hospital Universitario de Caracas, en el programa Foro, de la Voz de América.

La experta señaló que “no todas las personas consultadas van al médico cuando los síntomas son leves o moderados. Tampoco todas las instituciones de salud reportan al ministerio. Seis mil casos ya son alarmantes, pero más alarmante es si se considera el subregistro”, subrayó.

No solo el subregistro preocupa a los expertos. Una tardía detección de la enfermedad o la falta de insumos podrían incidir en el índice de mortalidad. Según Landaeta, “los pacientes deben conseguir el tratamiento por cuenta propia y realizarse los exámenes en hospitales privados, lo cual retrasa el diagnóstico”.

Para frenar la propagación de la enfermedad en el continente, la OMS exhorta a toda la sociedad a eliminar los criaderos de mosquitos. Una recomendación que enfrenta una dificultad extra, en Venezuela, debido a los frecuentes cortes de agua.

Ellos obligan a la población a almacenarla en depósitos o cisternas, siendo estos el hábitat natural de reproducción del mosquito. Es por eso que, “tapar herméticamente los envases, hervir el agua o usar tabletas de cloro” son solo algunas de las prácticas que la doctora Landaeta recomienda, para evitar el crecimiento de larvas del mosquito del dengue, cuando el almacenaje de agua resulte inevitable.

Trabajadores de la salud exigen destitución de autoridades por muerte de pacientes en el Hospital Universitario

Trabajadores del Hospital Universitario de Caracas llevaron a cabo una protesta este lunes 14 de enero en rechazo a la muerte de al menos dos pacientes como producto de los apagones registrados el fin de semana.

La presidenta de Colegio de Enfermeras de Caracas, Ana Rosario Contreras, dijo que el personal que estaba de guardia el sábado tuvo que hacer maniobras para evitar más fallecimientos.

Por su parte, el sindicato de los trabajadores denunció que existen irregularidades en la administración de la institución.

“El sector salud se arma de valor y le hacemos un llamado a las autoridades a que se pague inmediatamente al personal”, dijo Contreras.

“El director de este hospital lo que se la pasa es bailando con garotas mientras venezolanos mueren por su negligencia”, dijo el presidente de la Sociedad de Médicos Residentes del Hospital Vargas, Carlos Prosperi.

 

 

 

 

Hospital Universitario rechaza donativo de medicinas por “falta de registro sanitario”

TRABAJADORES DEL HOSPITAL UNIVERSITARIO DE CARACAS (HUC) denunciaron el 12 de noviembre que la directiva de este centro público de salud rechazó un donativo que realizó la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) en medio de la escasez de medicamentos y materiales quirúrgicos que hay en el país.

“Nosotros hemos luchado desde hace más de 3, 4 años por una ayuda para el Hospital Universitario de Caracas y todos los hospitales de Venezuela y el doctor (Pablo) Castillo se da el tupé de negarse a recibir una donación, una donación”, dijo a periodistas Margot Monasterios, secretaria del Sindicato de Trabajadores del HUC.

Esto responde a un documento que circula a través de las redes sociales, firmado por la directiva del centro de salud y el Ministerio de Salud, en la que se rechaza el donativo tras alegar, entre otras cosas, que organizaciones como Médicos sin Fronteras “no poseen el registro sanitario indispensable”.

En el documento se señala específicamente que rechazan “las acciones dirigidas a comprometer la integridad del pueblo venezolano” y se recomienda a quienes deseen ayudar que pidan el cese de las sanciones, pues también aseguran, que por ello “se ha comprometido la adquisición de medicamentos” en el país.

Sin embargo, Monasterios, en compañía de otros compañeros, ha pedido el lunes a la directiva del HUC que reciban los medicamentos y los materiales médicos que la ONG está donando porque el “afectado es el paciente”.

“Les exigimos que reciban esa ayuda para el departamento de cirugía porque ni siquiera es para todo el hospital, es para el departamento de cirugía, que es un área que requiere ahorita por lo menos de toda esa cantidad de insumos (materiales) y medicamentos”, dijo.

Monasterios también hizo un llamamiento al presidente Nicolás Maduro a permitir la ayuda de otros países en materia de medicinas y materiales médicos.

Según la trabajadora, entre los donativos de la organización se encontraban jeringas, gasas, sueros y otros materiales.

A través de las redes sociales se hizo viral una carta el 5 de noviembre en la que se observa la decisión de la junta directiva del Hospital Clínico Universitario de Caracas, de rechazar una donación de insumos hospitalarios y de medicamentos, en la que se asegura que la junta directiva actual “no recibirá donaciones por parte de dicha organización”.

Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras del mundo, atraviesa una grave crisis económica con un inflación diaria de 3 %, fallos en los servicios públicos y escasez de alimentos y de medicinas.

El Gobierno achaca esta escasez a las sanciones que le impuso Estados Unidos en 2017, pero la falta de medicamentos y alimentos en el país caribeño es una situación que lleva al menos unos cuatro años.

Esta escasez ha llevado a la oposición a pedir en innumerables oportunidades que se abra un canal humanitario para el ingreso de medicinas a Venezuela.

 

 

D. Blanco Nov 08, 2018 | Actualizado hace 1 año
¡Qué Arrechera!, por  José Domingo Blanco

 

 

LA ÚLTIMA VEZ QUE TRANSMITIMOS “VOCES DEL HOSPITAL”, el segmento dedicado a la salud que tenía en mi programa de radio “Puntos de Vista”, entrevistamos a un reconocido oncólogo, especialista en vías gástricas, que trabajaba en el Hospital Padre Machado. Sus palabras finales nos dejaron muy conmovidos en el estudio. Después de relatar el enorme esfuerzo que hacían para atender a los pacientes, debido a la falta de recursos y cada vez menos personal, su aspiración no sólo era que las cosas cambiaran, y poder salvar las vidas de esos pacientes a quienes el cáncer, en nuestro país, pareciera condenar a muerte, a pesar de que la enfermedad, detectada a tiempo, es curable como dicen todas las campañas. El doctor abogaba, ciertamente, por medicamentos y equipos; pero, también por un nuevo hospital desde cuyas ventanas no se viera, como un paisaje premonitorio del destino final de los pacientes internados, el Cementerio General del Sur.

De eso hace ya más de un año. A Mágica 99.1 FM, Conatel la cerró a finales de agosto de 2017. Enmudecieron, entre otras cosas, “Voces del Hospital”. Lo que este régimen no ha podido es silenciar y esconder la deplorable condición en la que se encuentran los hospitales del país. A más de un año de esa entrevista, la situación del Padre Machado no es diferente. Es igual, o incluso peor, según me describe detalladamente un amigo que tiene hospitalizado allí a un familiar. El deterioro ha sido progresivo y acelerado. La muerte camina por los pasillos.

El pronóstico del sistema de salud venezolano no es alentador. Está en terapia intensiva. Se le apagan los signos vitales, como a los pacientes que no encuentran o no pueden costear el tratamiento que les salvará la vida. Una situación que se replica en cualquier centro de salud público de Venezuela, tan enfermo como cualquiera de las personas que se acercan a esas instalaciones procurando alguna cura. No hay cómo. No hay con qué. Se han ido cientos de galenos. Y los que quedan intentan hacer su trabajo, cumplir con su misión; pero, sin recursos, sin equipos, sin presupuesto, sin medicinas…sin el apoyo del Estado.

Los que reclaman, corren riesgos. Reclamar es un delito para el que este régimen no necesita ni constitución, ni tribunales, ni juicios, ni sentencias. Como si al callar las denuncias, el problema deja de existir. Como si al borrar las estadísticas del repunte de enfermedades erradicadas en el pasado, se aplicase la vacuna inmunizadora. Permitir que los hospitales lleguen a estas condiciones, sólo puede ser parte de un plan de exterminio aplicado por indolentes que no recuerdan que los crímenes de lesa humanidad no prescriben. La soberbia, ese atributo que se impone entre quienes piensan que tienen algo de poder, anula la empatía y exacerba la ambición. El sistema de salud público venezolano está grave: tan enfermo como los pacientes que se mueren en sus salas de emergencia.

El pasado miércoles circuló una carta, en papelería del Ministerio del Poder Popular para la Salud, dirigida al jefe del Departamento de Cirugía del Hospital Universitario de Caracas. Estaba firmada por el sub director, encargado, de ese recinto. Una carta arrogante e indolente. Que describe la ceguera con la que conduce este régimen el destino del país, y el valor que le da a la vida de cada uno de nosotros los venezolanos. En pocas líneas, y como si la abundancia de equipos y medicamentos fuese una realidad en ese hospital, este doctorcito, que quizá sustituyó su juramento hipocrático por el de fidelidad al régimen comunista que desgobierna, comunicó la infeliz decisión de esa directiva –que él representa en calidad de encargado- de no aceptar las donaciones de medicinas e insumos de Médicos sin Fronteras.

¡Qué arrechera! ¡Qué impotencia! ¡Qué dolor! ¿Cuál es la realidad de los comunistas que nos destruyen como nación? En su afán por exterminarnos, aplican nuevas prácticas para lograr su objetivo. Porque, rechazar las donaciones, las ayudas humanitarias o los recursos que ofrecen otras naciones para atender las necesidades básicas de los venezolanos que están muriendo, es una técnica perversa para masificar esta aniquilación colectiva que se han empeñado en aplicar. Es parte del plan. Es parte de la estrategia que les permite construir su reinado del horror. Garantizarles la muerte a los enfermos, más pobreza a los hambrientos y más desprotección a los desamparados. Porque, sólo así, rigen. Sólo así vencen las resistencias de quienes ven en ellos el origen de las desgracias actuales. Porque, el instinto de supervivencia de quienes no quieren morir de hambre o por falta de tratamiento médico, es lo que ha llevado a millones de venezolanos a migrar. Y, los que permanecemos en el país, el régimen, con una habilidad sorprendente, nos mantiene ocupados buscando la forma de sobrevivir.

Esa carta, esa vergonzosa carta, es el mejor ejemplo del ánimo genocida que mueve y alimenta a este monstruo llamado Socialismo del Siglo XXI. Y para ellos, para todos los que han causado tanto daño, muerte y dolor, suplico al cielo que, cuando esto algún día acabe, no haya perdón.

@mingo_1

Instagram: mingoblancotv

Wall Street Journal: Venezolanos mueren mientras Maduro se niega a aceptar ayuda humanitaria

En español, el nombre de Calabozo, esta ciudad en las abrasadoras llanuras centrales de Venezuela significa mazmorra. Para Marta Solórzano, receptora de un riñón trasplantado, estar allí se transformó en una sentencia de muerte, publica The Wall Street Journal.

Con el sistema de salud estatal de Venezuela en ruinas y la economía del país colapsando, el año pasado el gobierno dejó de suministrar las pastillas que Solórzano necesitaba para mantener el funcionamiento de su órgano, dijeron su familia y su médico.

Sin la medicina, la ex conserje de 50 años sufrió fatiga crónica y dolor debilitante durante meses mientras su cuerpo rechazaba el riñón, dijo su esposo, Enzo Array. Ella murió el 4 de marzo.

“Mi mundo me ha sido arrebatado”, dijo Array durante una reciente visita a su tumba, donde su nombre había sido grabado en un palo en una capa de cemento. “Culpo al gobierno”, dijo.

Con el sistema de salud estatal de Venezuela en ruinas y la economía del país colapsando, el año pasado el gobierno dejó de suministrar las pastillas que Solórzano necesitaba para mantener el funcionamiento de su órgano, dijeron su familia y su médico.

Sin la medicina, la ex conserje de 50 años sufrió fatiga crónica y dolor debilitante durante meses mientras su cuerpo rechazaba el riñón, dijo su esposo, Enzo Array. Ella murió el 4 de marzo.

“Mi mundo me ha sido arrebatado”, dijo Array durante una reciente visita a su tumba, donde su nombre había sido grabado en un palo en una capa de cemento. “Culpo al gobierno”, dijo.

El régimen socialista del presidente venezolano Nicolás Maduro, prohíbe la mayoría de las donaciones humanitarias internacionales, incluidas las contribuciones de medicamentos que salvan vidas, excepto de unos pocos aliados restantes como Rusia. El líder autoritario y sus lugartenientes han negado que el país se encuentre en una crisis humanitaria y consideran que la ayuda internacional es parte de una estratagema de los rivales estadounidenses y políticos para manchar al gobierno y abrir la puerta a la intervención extranjera.

“De ninguna manera vamos a permitir que esta derecha imponga una supuesta ayuda humanitaria cuando nuestro pueblo ya está siendo atendido por el presidente Maduro”, dijo el ministro de Salud de Venezuela, Luis López, en diciembre.

La salud pública se ha deteriorado drásticamente en lo que solía ser una de las naciones más ricas de América Latina. La tasa de mortalidad infantil en Venezuela fue más alta que en Siria en 2016, según cifras del Ministerio de Salud. Los casos de difteria y malaria, enfermedades controladas por la mayoría de las naciones latinoamericanas, han aumentado en medio de la falta de vacunación, dijo el ministerio.

“La situación es complicada, creo que es un punto en el que todos estamos de acuerdo debido a los problemas sociales, políticos y económicos”, dijo José Moya, un médico peruano que es el representante en Venezuela de la Organización Panamericana de la Salud, una rama de la Organización Mundial de la Salud. “Esto realmente ha afectado la compra de suministros, el funcionamiento de los hospitales, [y] está afectando la disponibilidad de medicamentos”.

En marzo, el Tesoro de Estados Unidos sancionó a Carlos Rotondaro, ex jefe del Instituto de Seguridad Social del gobierno, que es responsable de proporcionar medicamentos para enfermedades crónicas. EEUU dijo que el mal manejo de la atención médica por parte de él y otros ha contribuido a los brotes de enfermedades que alguna vez fueron controladas, como la difteria y el sarampión. Rotondaro no pudo ser contactado para hacer comentarios.

Carlos Rotondaro

“Tenemos una escasez de casi el 100% de los medicamentos y lo que está disponible, las personas no pueden pagar”, dijo Feliciano Reyna, jefe de un grupo de defensa de la salud con sede en Caracas, Acción Solidaria, que ha tratado de abrir el país a la asistencia médica internacional. “Estamos viendo más y más muertes y sufrimiento”.

Los pacientes con trasplantes son particularmente vulnerables debido al riesgo de que sus cuerpos rechacen los nuevos órganos, un resultado que los medicamentos supresores del sistema inmune pueden ayudar a prevenir. Hay aproximadamente 3.500 pacientes trasplantados en Venezuela, la mayoría de ellos receptores de riñón, según grupos defensores de la salud.

El programa de trasplante del gobierno fue suspendido a mediados de 2017 debido a problemas financieros, dejando a 5.000 pacientes que esperan nuevos riñones en el limbo, dicen los grupos de defensa.

Sin fármacos anti-rechazo, un órgano puede deteriorarse en tan solo 48 horas. Un paciente rechaza un órgano trasplantado cada dos días en Venezuela, según Codevida, el organismo de salud con sede en Caracas.

La malnutrición ahora común en Venezuela significa que los pacientes también enfrentan mayores riesgos de rechazo de órganos, dijo el Dr. Luis Hernández, un nefrólogo del Hospital Universitario de Caracas.

“Tenemos que ayudar a la gente”, dijo el Dr. Hernández, quien dijo que ha pedido al gobierno que acepte la ayuda internacional.

En enero, la Organización Panamericana de la Salud dijo que ayudó a Venezuela a comprar 135,000 píldoras del tacrolimus inmunosupresor con un descuento. Pero eso cubre solo uno de los varios medicamentos que los médicos recetan a los pacientes de trasplante, activistas

La señora Vicuña, arriba a la izquierda, y su hermana Carmen empeñaron su cama y televisión para pagar un paquete de las píldoras que toma Moravia Vicuña.

El año pasado, la Organización Panamericana de la Salud firmó un acuerdo con el Instituto de Seguridad Social de Venezuela que le permite comprar medicamentos inmunosupresores con descuento. Se espera que aproximadamente 500,000 píldoras de otro medicamento inmunosupresor llamado micofenolato se entreguen en abril, dijo el Dr. Moya de la OPS.

Además, la OPS ha utilizado sus propios fondos para comprar medicamentos para Venezuela, dijo el Dr. Moya, aunque reconoce que el suministro es insuficiente para pacientes trasplantados. “Son cantidades que garantizan unas semanas, meses de tratamiento, así que tenemos que seguir trabajando para obtener el medicamento”, dijo.

Moya dijo que su oficina ha estado en contacto con naciones extranjeras que han expresado interés en proporcionar apoyo a través de la OPS para suministrar más medicamentos inmunosupresores. Los donantes individuales también quieren ayudar, incluidas personas asociadas con una federación que organiza competiciones atléticas en todo el mundo para receptores de trasplantes.

Rodolfo Wetzel, ex presidente de un grupo de atletas de trasplantes en Argentina, dijo que tiene cerca de 50 cajas de medicamentos inmunosupresores listos para su entrega. En Bulgaria, Stoyanka Ananieva, ex miembro del consejo de la federación, cuya hija recibió un trasplante de riñón, dijo que está recogiendo medicamentos que quiere enviar a Venezuela. Pero dicen que no han enviado las drogas por temor a que los materiales puedan ser incautados por el gobierno venezolano en los puertos. Los paquetes pequeños que ingresan con viajeros individuales no son suficientes para satisfacer la demanda, dicen los activistas. “Es una situación de impotencia”, dijo Wetzel.

Los pacientes de todo el país están improvisando, toman medicamentos caducados o esperan donaciones de las píldoras no utilizadas por la gente que muere. Debido a la escasez de esteroides, que los pacientes de trasplantes también suelen tomar, algunos recurren a los esteroides que los veterinarios recetan para mascotas domésticas.

Durante meses, Moravia Vicuña, de 56 años, ha estado tomando solo uno de los tres medicamentos inmunosupresores que le recetaron. Recientemente, ella tenía menos de 10 pastillas. Dijo que ella y su hermana mayor, Carmen, empeñaron su cama y la televisión para pagar su último paquete de píldoras, que toma solo una de las cuatro veces al día que los médicos recomiendan. “Estoy tan preocupada que no puedo dormir “, dijo Vicuña, que vive en un pueblo no muy lejos de Calabozo. “Solo quiero vivir, eso es todo”.

En una funeraria en un pueblo cercano, Rafael Funes, de 48 años, estaba haciendo los arreglos para el entierro de su esposa de 40 años, Luz Marina Martínez. Pasó un mes sin pastillas para su riñón donado, dijo. Él contó cómo en el hospital, su esposa también necesitaba sangre con urgencia. Funes reunió a los donantes, pero las enfermeras no tenían equipo para recibir sangre donada. Murió poco después. “Es solo crueldad”, dijo Funes, rompiendo a llorar.

Calabozo es un páramo de proyectos de construcción paralizados y pastos no utilizados. Residentes hambrientos y sin empleo han decidido robar cableados de cobre y cables de fibra óptica para venderlos como chatarra. En un día reciente, no había electricidad en la ciudad y el único centro de diálisis de la región, alimentado por un generador de combustible, apenas funcionaba.

La hiperinflación significa el personal del centro gana un par de dólares al mes y el centro se esfuerza por comprar los tubos de luz ultravioleta de $ 100 que se usan para desinfectar el agua necesaria para la diálisis, dijo la Dra. Raquel Parra, nefróloga del centro. Sin acceso a los antibióticos, dijo, los pacientes a menudo mueren de infecciones.

“Mucha gente dice que es debido a la guerra económica”, dijo el Dr. Parra, aludiendo a la afirmación del gobierno de una conspiración internacional. “Todo lo que sé es que necesitamos ayuda ahora”. Dos meses antes de su muerte, la Sra. Solórzano comenzó a viajar a Caracas para recibir tratamiento, dijo su esposo, el Sr. Array. Pero el ómnibus accidentado de 200 millas recorre carreteras que se desmoronaban se volvió demasiado doloroso, por lo que pasó las últimas semanas de su vida en Caracas, dijo.

El Sr. Array, un albañil desempleado, dijo que tuvo que pedir un préstamo de amigos para pagar el funeral de su esposa. “No quiero que destruyan a otras familias como si hubieran destruido la mía”, dijo. “Por favor, señor presidente, necesitamos esa ayuda humanitaria. Por favor, abra esa puerta. “Dolientes en el funeral de la Sra. Martínez en su ciudad natal.

Relatos del Absurdo | La crisis de la cocina más grande
Hace cuatro años fue inaugurada en el Hospital Universitario de Caracas la mayor instalación de preparación de alimentos de Venezuela. Hoy el centro de salud público no es capaz de alimentar a sus enfermos

 

Por Charlie Barrera para Relatos del Absurdo*

26 DE ENERO DE 2013. La Agencia Venezolana de Noticias, órgano del sistema de medios públicos, difunde una noticia con grandes titulares: “Inauguran cocina más grande de Venezuela en el Hospital Universitario de Caracas”. El cable afirma que el área tendrá más de 2.000 metros cuadrados y que con el nuevo equipamiento tendrá un salto de capacidad: de 3.000 raciones diarias que elabora para la fecha mejorará su desempeño hasta completar 8.000. Eugenia Sader, ministra de Salud de la época, aparece sonriente en las fotografías, mientras apunta con su dedo unas ollas de presión gigantes que no parecen anticipar escasez alguna, sino todo lo contrario.

29 de agosto de 2016. El desayuno que Carmen Álvarez recibe en la habitación es solo una fruta tropical: un mango. La bandeja que las cocineras usan para servir los alimentos tiene seis compartimientos pero el fruto ovalado solo ocupa, a medias, uno de ellos. La paciente, quien tenía 22 días ingresada en el servicio de ginecología, se quejaba de que eso no era suficiente. “Las raciones son muy pequeñas. Uno se lo come porque a veces no tengo más nada”. Originaria de Maturín, en el interior de Venezuela, dependía de lo que una amiga le llevaba para completar su alimentación.

El episodio refleja una situación que ha aquejado a los enfermos recluidos en la institución. Las dificultades para proporcionarles regularmente la comida que necesitan según sus cuadros de salud. Las denuncias por la situación se hicieron frecuentes el año pasado. En junio de 2016, pacientes manifestaron públicamente por la pérdida de peso que sufrieron por las reducidas cantidades de comida que les servían a diario. A principios de este año el diario El Universal reportó que trabajadores habían colocado una pancarta en la que advertían de una fuga de vapor en la cocina y exigían solución inmediata para prevenir “una desgracia”. Fuentes de la institución añaden que además ni un mango como el de Carmen Álvarez puede ser convertido en jugo: dos licuadoras industriales están dañadas desde hace varios meses.

El personal de guardia en la cocina afirma que allí se preparan en la actualidad aproximadamente mil comidas diarias, una cantidad que está muy distante de las 8.000 que se proyectaban en 2013. En el área trabajan 50 personas. Adicionalmente hay grupos de cuatro mujeres en cada uno de los dos servicios de distribución de alimentos que hay entre el piso uno al cinco del hospital. Una de las nutricionistas encargadas del servicio dijo que debido a la escasez de alimentos se ha visto limitado el trabajo de los estudiantes de la escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Central de Venezuela que hacen pasantías: “En cada piso había un pasante de nutrición que le diseñaba el menú diario al paciente dependiendo de su patología. Eso se acabó. Lo que se hace es distribuir o rendir la cantidad de comida que llega para que alcance para todos. Todos los internos comen lo mismo, sin importar la enfermedad que presenten”.

El 18 de febrero del presente año a los pacientes les sirvieron de desayuno, cereal sin leche y un bollito –pastel de harina de maíz, típico de Venezuela– con queso rallado. Esa fue la comida para todos en el hospital. Niños, ancianos, personas que sufren del corazón o de la próstata, para quienes preparan la comida es indiferente ya que no tienen otro tipo de alimentos qué ofrecerles. Ese día almorzaron una ración de pasta y carne mechada.

“Servimos pequeñas porciones para que rindan para todos. Una de las pasantes hizo sus cálculos y determinó que entre el desayuno, almuerzo y cena, aporta cuando mucho 1.100 calorías a pacientes, cuando mínimo un adulto promedio debe consumir 2.000 calorías al día”, explicó. Toda la comida que reciben en la institución, de acuerdo con las fuentes del hospital, proviene de la red de alimentos Mercal impulsada por el Estado desde el año 2003.

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El Hospital Clínico Universitario ha vista mermada su capacidad de atender pacientes

(Foto: Cheché Díaz/ Adaptación: Sandra Barrón)

La cocina fue reformada para sustituir los equipos que habían funcionado por 57 años en la institución, según la explicación oficial que se dio en 2013. El Hospital Clínico Universitario de Caracas es, de hecho, uno de los más grandes de Venezuela y desde su inauguración se convirtió además en uno de los más prestigiosos de la red de instituciones de atención pública en el país. Allí ejercen los profesores y estudiantes de la reputada Escuela de Medicina de la Universidad Central de Venezuela.

Las dificultades que se enfrentan hoy para asegurar la alimentación de los pacientes son una metáfora del retroceso de desempeño de un centro de salud que vivió una época de oro. Fue estrenado en mayo de 1956 por el entonces presidente y dictador Marcos Pérez Jiménez. Diez años después, la institución ya ofrecía 160 mil consultas médicas anuales; admitía 1.522 parturientas al año y en una década se habían practicado 7.900 intervenciones quirúrgicas. “En los primeros 20 años, el Hospital Universitario de Caracas llegó a ser de los mejores de Latinoamérica”, dice Iván Machado, coordinador de Cardiología Infantil.

El Servicio de Cardiología en 1972 tenía 15 años y el jefe del departamento de ese período, el doctor Alfonso Anselmi, informó que habían logrado disminuir la mortalidad de los pacientes de esa área de 35 por ciento a 11,5 por ciento. El índice estaba por debajo de la media norteamericana para la fecha, que era de 15 por ciento. Un promedio de 20 personas al mes eran operadas en la Unidad de Cuidados Coronarios: en Estados Unidos se consideraba “de primera” a todo centro de salud que interviniera 15 enfermos del corazón cada cuatro semanas.

En aquellos días el porcentaje de mortalidad de la Sala General de Cuidados bajó de 16 a 9 por ciento y se convirtió en uno de los más reducidos del mundo. Para 1974, la calidad de atención que brindaba el hospital era una de las principales causas de la saturación de los servicios. En esa década en los estados Anzoátegui, Monagas, Nueva Esparta, Guárico, Apure, entre otros, no existían servicios de neurocirugía ni especialistas en esa rama, por ello, los pacientes del interior se trasladaban hasta el centro de salud universitario en Caracas.

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El centro de salud de la Universidad Central de Venezuela pese a la crisis es uno de los mejores del país

(Foto: Cheché Díaz)

Las condiciones del hospital en la actualidad son tan precarias que las mujeres encargadas de asear las habitaciones no tienen desinfectantes ni ningún tipo de producto para limpiar el piso. Solo emplean agua. La ropa de cama, las fundas para las almohadas, la comida, y el agua potable deben ser llevados por los familiares de los pacientes. También, desde luego, muchos insumos médicos y fármacos. Es muy poco lo que el Clínico le puede ofrecer a sus pacientes, más allá de la atención del personal médico, enfermeras y camilleros, entre otros. Sin embargo, las listas de esperas para intervenciones son interminables.

El hospital enfrenta la peor crisis de sus 60 años de historia, pero para médicos como Machado sigue siendo de los mejores del país: “Nunca ha perdido su estatus. Aunque ahorita funciona al 30 por ciento de todo lo que puede ofrecer y a pesar de todos los problemas de insumos, inseguridad, problemas salariales, la institución es de las que brinda mejor atención en el país. Tú nunca vas a escuchar a nadie que diga que aquí hay doctores malos, que no saben hacer su trabajo”.

La comida sigue siendo un motivo de preocupación para los enfermos que convalecen sin tener garantizadas las dietas más adecuadas para sus cuadros de salud. “Aquí tenemos muchos pacientes que se están desnutriendo porque dependen 100 por ciento de los alimentos que les ofrece el hospital. Ni siquiera algo tan básico como la comida, les podemos garantizar”, detalló la nutricionista de turno. En la cocina más grande de Venezuela no es necesario usar las siete ollas de presión, sino cuatro por la poca cantidad de comida. La freidora pasó a la historia, porque llevan meses sin ver el aceite y el presupuesto del hospital, que es aún más reducido que la comida, no alcanza para comprar los repuestos que necesitan las licuadoras para hacer jugo.

* Relatos del Absurdo es una iniciativa periodística liderada por IPYS Venezuela y CONNECTAS, que busca ofrecer insumos informativos para entender las dificultades que vive la sociedad venezolana hoy. Vea todo el especial acá http://connectas.org/relatos-del-absurdo/

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Enfrentamiento en el Clínico Universitario dejó un herido de bala

Eladio-Mata

 

El dirigente sindical venezolano Eladio Mata, presidente del Sindicato de Trabajadores de la Alcaldía Metropolitana, fue herido de bala este martes en el Hospital Universitario de Caracas cuando se encontraba junto a otros dirigentes gremiales en medio de una asamblea con trabajadores del centro de salud para exigir mejoras en el sistema sanitario.

“Hieren a nuestro compañero Eladio Mata en las inmediaciones del Hospital Clínico Universitario (HCU)”, informó en un mensaje en la red social Twitter el Movimiento de Sindicatos de Base poco después del incidente.

Mata se encontraba en la sede del hospital de la Universidad Central de Venezuela (UCV) junto a otros líderes sindicales para protestar por reivindicaciones laborales así como también por el mal estado del centro asistencial además del desabastecimiento de medicinas para tratar a los cientos de pacientes que llegan a diario. Cuando se desarrollaba la asamblea gremial, Mata fue abordado por supuestos oficialistas.

El diputado opositor José Manuel Olivares aseguró que Mata fue herido “por colectivos oficialistas” cuando el vocero sindical, junto a otros sindicalistas, acudió al HUC para reclamar a las autoridades mejoras en el servicio de salud.

 


Sin embargo, hasta el momento no hay una versión oficial sobre lo ocurrido.

Olivares, que es además médico en ese centro de atención, informó que el sindicalista fue ingresado al quirófano de esa institución para ser atendido.

En los últimos meses varios gremios de la salud y dirigentes opositores han denunciado el deterioro de la infraestructura de los hospitales que no cuentan con recursos técnicos ni financieros para funcionar.

Suspendidas consultas en el Hospital Universitario de Caracas por falta de luz

#HUC

 

Algunas áreas del Hospital Universitario de Caracas, ubicado en la Universidad Central de Venezuela, amanecieron sin luz este viernes, 29 de abril, por lo cual debieron suspender las consultas.

Desde la cuenta de Twitter del centro de estudiantes de la escuela Luis Razetti (Medicina) se mostró una imagen de los pasillos del piso 9 del Hospital que es el área de Pediatria. También el piso 5 de cirugía se encuentra sin electricidad.

Igualmente le escribieron a la ministra de Salud, Luisana Melo para reclamarle por el apagón. “Su revolución falló y hoy amenaza la vida de los venezolanos”, expresaron.