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Entre el miedo y la ignorancia, por Antonio José Monagas

@ajmonagas 

La historia es reveladora de cuantas cosas hubieran podido evitarse. Sin embargo, es igualmente testimonio de la testarudez del hombre, toda vez que ha demostrado que se devanea cuando se arroga la desfachatez de cometer los mismos errores de tiempos pasados. Sería sin duda, la razón que habría movido a Wrigth Mills a admitir que “(…) muchas veces tenemos que estudiar historia para librarnos de ella”. No en el sentido de desprenderse de sus lecciones, sino, por lo contrario, de aferrarse a las mismas.

No hay duda que entre los ejercicios más útiles del aprendizaje, dirigido al afianzamiento del desarrollo, son el estudio y comprensión de la historia. Solo que la terquedad del ser humano, tantas veces alborotadora de desaciertos, se funde con la miseria. Y en consecuencia, con la mediocridad.

En medio de tan horrenda combinación, se encuentra el lugar perfecto para que germinen las semillas de la desesperación. Sobre todo, nocivas a la espiritualidad que debe proveer de verdades a la sociedad, a las comunidades a las cuales se integra el hombre en términos de sus capacidades y potencialidades. Aunque no por ello cundidos -en buena parte- de miedos, ansiedades,  pesadumbres y tosquedades. Más aun, de ignorancia acumulada.

Aquí recrudece el temor que la ignorancia infunde con todas sus fuerzas, en cualquier lado y momento, Las realidades se ven asaltadas por el terror propio de grotescas situaciones. Es el caso de guerras, catástrofes naturales, hecatombes, barbaries. Desde luego, las pandemias. Es ahí donde el rostro del caos proyecta su imagen hacia los cuatro puntos cardinales. Donde las realidades se insumen en el marasmo. Son tiempos de crisis, cuyas consecuencias clausuran posibilidades de escape.

Sin embargo, las esperanzas siempre están a la postre de dichas realidades para ser servidas de la más correcta manera. Pero he ahí el problema que de tal escenario irrumpe con solapada violencia. Pero es violencia al fin que, como forma de manifestarse, hace que sus efectos sean inexorables. Es lo que acontece en naciones inmersas no solo en crisis políticas. También en desgracias inducidas por crisis sanitarias como acontece con la pandemia del coronavirus, por sus secuelas sociales y económicas.

Es el caso Venezuela. Las realidades arrojadas por las groseras y abusivas decisiones de una política militarista, sectaria, usurpadora, inconstitucional y corrupta, devinieron en un comportamiento social particular. Este comportamiento si bien entendió la inminencia del cuidado preventivo, al mismo tiempo se extralimitó en su forma de adecuarse al momento.

No hay duda entonces de que el temido virus y la ignorancia han propiciado pesadas situaciones de complicada salida. Estas situaciones no solo han sacado lo mejor, sino también lo peor del ser humano. Especialmente de aquellos con ínfimas cuotas de poder, intoxicados por las bravuconadas que emulan de quienes comandan la represión ordenada desde los altos estrados del poder político. Es un problema que se ha intensificado, toda vez que Venezuela vive sobrellevando las crisis entre el miedo y la ignorancia.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Entre anónimos e incógnitos, por Antonio José Monagas

@ajmonagas 

Las siguientes líneas no pretenden cuestionar la previsión esbozada como política de coyuntura establecida por distintos gobiernos, repartidos mundialmente mediante medidas sanitarias de obligatorio cumplimiento y asumidas en el marco de la pandemia que acosa al planeta. Pero sí plantean rebatir la manera de la cual algunas instancias, corporativas o personales, especulan o exageran su beneficio, uso y repercusión. 

Posiblemente, alrededor de lo que puede situarse debajo de tan contrariada escena, contaminada por el sarcasmo de quienes se toman ese manejo de modo equivocado, por ignorancia o petulancia, pudiera hallarse la explicación que pone al descubierto la impugnación que, en medio de estruendosos debates políticos, ha sido rebatida.

Sobre todo, en el seno de naciones desde cuyas jefaturas de Estado se han desatado ruidosas reclamaciones al mejor estilo retador. Por supuesto, en desconsideración de datos provenientes de la más exacta información y conocimiento sobre la materia en cuestión.

Pero no es esta la temática que busca explayarse a lo largo de esta disertación. Aunque no deja de mostrar su importancia y atingencia con el problema que ha provocado la peligrosa pandemia de COVID-19 causada por el nuevo coronavirus SARS CoV-2.  

El problema que busca describirse se corresponde con la postura que, en términos de la debida previsión en cuanto a prevención, cuidado y tratamiento, ha ido desfigurándose. Por supuesto, como producto de juicios individuales adelantados con base en meras conjeturas. O presunciones vacías. De modo que por tan obstinadas causas, todas carentes de auténticos fundamentos, han llevado a tener la escena, propia de películas del más arrebatado humor negro. Pero de una realidad social compuesta por anónimos e incógnitos. 

O sea personas de rostro oculto que bien pueden pasar por ladrones, policías de malos hábitos, militares aberrados, mercenarios desalmados, sicarios en faena criminal o colectivos guapetones en acción delictiva. Aunque también parecieran disfrazados, escondidos, camuflados, envueltos, conspiradores, encubiertos, herméticos, inasequibles, misteriosos, cerrados, desconocidos,  furtivos. Incluso, recién operados de algo que los afeaba. Pero que sin embargo, por tapados hasta ojos y cabeza, la careta y la capucha que se hizo prenda de uso común, sigue haciéndolos ver igualmente feos. Más aun, repugnantes y ridículos.  

Una categorización en prueba

De cara a lo que tal medida de prevención deja ver, medida esta equivocadamente concebida y practicada, es posible categorizar estos caras tapadas. Particularmente, en virtud de los prejuicios y actitudes que, por cada forma de ocultar el rostro, puede procederse. Así cabría considerarlos bajo las siguientes categorizaciones, a saber:

* Paranoicos u obsesivos

* Hipocondriacos o pesimistas

* Deportistas o activos

* Ambientalistas o conservacionistas

* Populares o conversadores  

* Exagerados o escandalosos

* Moralistas o farsantes

* Éticos o costumbristas

* Retraídos o reservados

* Legales o rigurosos

* Rústicos o campechanos 

* Cómicos o payasos

* Intemperantes o malgeniosos

* Puritanos o rezanderos

* Nerviosos o quisquillosos

* Perturbados o desarreglados

* Irritables o delicados

* Amorosos o cariñosos 

* Pendencieros o envalentonados

* Estrambóticos o raros

* Ingeniosos o perspicaces

* Perezosos o adormecidos

Aunque estas categorías no agotan la caracterización que identifica la personalidad de tantos anónimos e incógnitos que deambulan por las calles en horas de restringida libertad. Por tantas razones como individuos sean, hay quienes han manifestado que algo de esto será parte de las realidades que sobrevendrán luego de dejar atrás la susodicha pandemia. 

Ojalá esa opinión no sea tan agorera como en lo cierto pudiera ser. Porque no sería del todo afortunado que las nuevas realidades apegadas al ámbito sociológico y estado psicológico de quienes habrá de recorrerlas, vayan a verse sumidas en lo que “una nueva normalidad” pueda contener.

Menos, al pensar que el ser humano (pospandemia) tenga que tolerar una realidad diferenciada a partir de lo que podría prescribir una sociedad formada por personas cuya rareza sería más anormal que la normalidad que describe un mundo de hombres libres, críticos y pensantes. Y toda esa anormalidad sería, tristemente, la consecuencia -socialmente entendida- de estar viviendo entre anónimos e incógnitos.

 

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Cárcel para el coronavirus, por Brian Fincheltub

@BrianFincheltub 

El relato de las sanciones ha sido usado por la dictadura para justificar veinte años de fracaso socialista, incapacidad y corrupción. Han anunciado públicamente que producto del “bloqueo” se ven imposibilitados de atender la emergencia humanitaria que vive el país, incluso han llegado más lejos, al punto de llevar un macabro conteo de niños que han fallecido esperando trasplantes. Según ellos, todos los males de Venezuela tienen un solo responsable: los EE. UU.

En tiempos de pandemia la situación no es distinta, la dictadura sigue manipulando y diciendo que el mal llamado “bloqueo” impide al país acceder a medicinas, alimentos y equipos médicos necesarios para atender a la población. Han culpado a Trump hasta de la destrucción y del saqueo de PDVSA que hoy tiene el país mayores reservas del petróleo en el mundo sin gasolina. Alguien lo hubiese dicho hace treinta años y mínimo lo llaman loco.

Mientras la población sufre, la dictadura miente y se justifica. La nueva “estrategia” para combatir el número de casos de coronavirus en Venezuela, lejos de ser una recomendación de especialistas en la salud, pareciera venir de un cuartel militar. La orden es tratar como delincuentes a los contagiados e incluso encarcelarlos, algo sumamente grave si lo que se quiere es prevenir. Si lo que se quiere es que la gente colabore y coopere de manera voluntaria, lo menos que ayudaría en ese objetivo es que la gente vea esposados nada más y nada menos que por televisión a quienes deberían estar en los hospitales. Pero qué se puede esperar de una dictadura militar que no sea eso.

El nivel de represión llega a tal punto que hasta los médicos son blancos de persecución. Se los llevan detenidos hasta por colocar un estado de WhatsApp. Sí, los médicos que en otros países son aplaudidos y tratados como héroes, aquí se les trata como delincuentes, corrijo, pero qué delincuentes, porque aquí los antisociales tienen un trato más que preferencial. El punto es que además de tener que ir a trabajar en bicicleta y recibiendo salarios de hambre, ahora tienen que cuidarse de lo que dicen y hasta de lo que escriben en sus propios teléfonos. Ni China llegó a tanto.

Son importantes las soluciones en esta coyuntura tan compleja, no solo por la pandemia sino también por la situación de Venezuela. Por ello, la medida anunciada por el presidente Juan Guaidó esta semana busca aliviar la tragedia de muchos profesionales de la salud. La transferencia directa de 100 dólares durante tres meses puede ser de gran ayuda para quienes a duras penas llegan a cinco dólares al mes. Esa es la diferencia entre brindar soluciones y crear problemas.

La dictadura no hace más que generar problemas, mientras la desinformación y la improvisación ganan terreno, ahora solo les falta gritar ¡Cárcel para el coronavirus!…

 

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Hoy no es “Muy domingo”, por Juan E. Fernández

@SoyJuanette 

Estoy escribiendo esta columna un domingo, pero no es un día cualquiera, ojo y no es porque sea de Resurrección, sino porque además es otra fecha sin nuestro show de stand up Muy domingo.

Son las 17:30 en Buenos Aires, y justo me pongo a pensar que ahora mismo estaría en la parada del colectivo 26 (no me estoy refiriendo a un grupo armado sino a un autobús), para ir hasta la casa de mi amigo Fran “El capitán” de Producciones Wakanda y de ahí caminar hasta paseo La Plaza para comenzar a volantear en Calle Corrientes y meter gente al show porque “Si no hay gente, pues no hay show”. El tema es que desde hace mucho no nos estamos presentando en el teatro y eso me jode bastante.

Los días previos a que se decretara la cuarentena fueron bastante pesados, Calle Corrientes se veía bastante apagada, algo que, para quienes la conocen, resulta muy extraño. Ojo, cuando digo “apagada” no me refiero a las marquesinas de los teatros que copan la calle más famosa del centro porteño, sino que no había mucha gente caminando por la peatonal, y menos buscando un show para ver.

Al principio se tomaba lo de la pandemia como una joda, algunos pensaron que lo del coronavirus era un cuento y que no nos llegaría, pero a medida que pasaban los días, se instalaba el miedo y la preocupación del contagio. Las calles empezaron a quedarse desiertas, y Corrientes no fue la excepción.  

Fueron pasando los días y así llegamos a ese domingo, el último día en que hicimos función. La verdad, fue superdifícil “meter gente”; de hecho, teníamos varías reservas por internet, es decir, varios habían pagado la entrada online, pero no asistieron al show. Al final, no teníamos la cantidad de público suficiente para presentarnos, pero como había una pareja que venía de Mar del Plata, decidimos hacerlo.

Creo que para mis compañeros Paula Trillo, Mati Báez y Fran Gontero, ese show siempre será especial. No hemos hablado de este tema, pero siento que fue hermoso, podría decirse que las 6 personas que estaban en la sala John Lennon de Paseo La Plaza aquella tarde, se llevaron muchas risas y un lindo recuerdo.

Pero no solo son los shows lo que extraño, sino también compartir con amigos comediantes de otros espectáculos, con mis compañeros volanteros, y toda la fauna de personas que pululan por el complejo; no solo los domingos, sino cualquier día de la semana.

Aún recuerdo la primera vez que fui a paseo La Plaza, eso fue en el año 2007 (si la memoria no me falla). Me sorprendió que alguien tuviese la idea de meter en un pasaje varios teatros, tiendas y restaurantes, para mí era como “un shopping, pero de teatros”.

Pero lo que realmente me sorprendió fue The Cavern, que es un espacio de salas y un restaurante inspirado en Los Beatles, donde además se encuentra un museo oficial con ropa, discos, instrumentos y otros objetos que pertenecieron a la famosa banda británica. En aquel tiempo yo ni me imaginaba que, 10 años después, no solo estaría viviendo en Buenos Aires, sino que me presentaría en esos teatros.

La verdad es que en poco tiempo logré en esta maravillosa ciudad lo que no pude hacer en mi añorada y maltratada Caracas: presentarme todas las semanas y hasta tener mi show fijo de comedia.

Por lo pronto, no quiero bajar los brazos, y espero que usted querido lector tampoco lo haga. Tomemos este tiempo para reinventarnos, reflexionar y, sobre todo, mejorar. Pues sé que más temprano que tarde volveré a escuchar al MC gritar “Bienvenidos a Muy domingo. Pasarán 60 minutos hermosos y finalmente cantaremos la canción de Diego Torres Hoy es domingo”. Y recibiremos el cariño de la gente al terminar la función.

Así que nunca olvidemos que, pase lo que pase, “el show debe continuar”

 

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Ni son de aquí, ni son de allá, por Froilán Barrios Nieves 

Los desplazamientos migratorios derivan en muchas ocasiones en situaciones indeseables, cuando se trata de numerosos contingentes de seres humanos que se trasladan forzosamente en procura de una mejor condición de vida, debido a que su tierra por avatares sociales o económicos no le brinda satisfactoriamente. La gran mayoría huye por la sobrevivencia alimentaria, así también para preservar la vida en peligro por persecuciones políticas, y ahora implosionando en pleno siglo XXI  una pandemia de tan brutales efectos, que cambiará el rumbo de la Aldea Global, término que acuñara Mcluhan a finales del siglo pasado para definir la interconexión de la humanidad.

En ese contexto hay mucha diversidad. Veamos el caso de los rohinyás, que forman un grupo de alrededor de un millón de personas, concentradas como grupo étnico en el norte del estado de Rakhine, en Birmania hoy Myanmar. A diferencia del 90 % de la población birmana, que profesa el budismo, los rohinyás son musulmanes. La dictadura birmana no los considera ciudadanos, no tienen reconocimiento como grupo étnico ni libertad de movimiento, pero el Estado birmano asegura que son en realidad migrantes musulmanes de Bangladesh que cruzaron a Myanmar durante la ocupación británica. De ahí que se les considere “advenedizos”, término usado en ocasiones por las autoridades para justificar la violencia contra ellos, confinándolos en guetos en condiciones precarias y propiciando un genocidio a este grupo étnico de 900.000 personas, que los ha desplazado a Bangladesh, hoy sin patria ni tierra donde vivir en paz, aun cuando la ONU los ha definido como su prioridad.

Otro caso de características diferentes son los “pied noirs”. Se denomina pieds-noirs (literalmente en francés, pies negros) a los ciudadanos de origen europeo por el calzado, en su mayoría de origen francés, que residían en Argelia y que se vieron obligados a salir de ese país tras la independencia en 1962. El término se aplica a todos los repatriados de Argelia, que habían apoyado a las fuerzas políticas y militares francesas durante la contienda, pues bien a lo largo de décadas estos eran segregados en Francia al considerarlos árabes, y por los argelinos al considerarlos franceses, sufriendo en todo caso xenofobia y discriminación, hasta que los idus del tiempo fueron olvidando su origen.

En nuestro caso es la llamada diáspora venezolana, que injustamente debió salir en estampida buscando sobrevivir al apocalipsis generado por esta gestión. Pues ahora con la pandemia de la COVID-19 son echados de sus arriendos, algunos de ellos han logrado mantenerse gracias al apoyo de diversas ONG en Colombia, de la embajada venezolana en Bogotá e instituciones colombianas, pero otros en contingentes numerosos han decidido regresar a Venezuela.

Vienen de todos lados, de Perú, Ecuador, de ciudades y regiones colombianas de Bucaramanga, Valledupar, del Putumayo, del norte de Santander, de Bogotá, en caravanas de buses, otros a pie, en condiciones de precariedad absoluta, creyendo incluso en la demagogia gubernamental del “bienvenidos a la patria bolivariana”, para ser recibidos en San Antonio del Táchira como parias en un campo de concentración, maltratados y golpeados por la fuerzas militares.

En definitiva, regresan con las manos vacías, excluidos y llamados “venecos”, descalificativo con el que se excluye a los venezolanos en los países andinos, para encontrarse un país en ruinas, en la miseria generalizada, mucho peor que el país del que partieron años atrás, sin poder encontrar un lugar donde continuar su vida.

Este es el drama actual de estos compatriotas venezolanos que siendo muchos de ellos profesionales universitarios, trabajaron en condiciones de precariedad laboral absoluta para lograr la sobrevivencia, y se encuentran en el límite, donde son descalificados en los países andinos y al regresar a su país son tratados como extranjeros, en pocas palabras apátridas sin destino cierto.

Froilán Barrios Nieves | Movimiento Laborista

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COVID-19 y liberación de presos, por Carlos Nieto Palma

@cnietopalma 

La COVID-19 se ha convertido en un grave problema mundial y una de las grandes preocupaciones de la comunidad internacional. De esto no escapan los hombres y mujeres que se encuentran privados de libertad en cualquier rincón del planeta y de los cuales organismos internacionales como la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU (OACNUDH) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han solicitado a los gobiernos del mundo se tomen medidas especiales para estas personas, por la gravedad que resultaría un brote de esta pandemia en los recintos donde se encuentran.

En declaraciones dadas el pasado 25 de marzo, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, expresó: “Ahora más que nunca los gobiernos deberían poner en libertad a todos los reclusos detenidos sin motivos jurídicos suficientes, entre otros a los presos políticos y otros internos que fueron encarcelados simplemente por expresar ideas críticas o disentir”.

Igualmente la CIDH, en un comunicado de prensa de fecha 31 de marzo, exhortó a los Estados a “Evaluar de manera prioritaria la posibilidad de otorgar medidas alternativas como la libertad condicional, arresto domiciliario, o libertad anticipada para personas consideradas en el grupo de riesgo como personas mayores, personas con enfermedades crónicas, mujeres embarazadas o con niños a su cargo y para quienes estén prontas a cumplir condenas”.

Muchos países del mundo han acogido estas recomendaciones y han visto en la liberación de personas privadas de libertad, con méritos de tenerla, una forma de detener la propagación de la COVID-19 en los sitios de reclusión, han entendido que, de desatarse una propagación de esta pandemia en las cárceles o centros de detención preventiva, las consecuencias serían una verdadera catástrofe pues su expansión sería inmediata e incontrolable.

Este temor lo tenemos también en Venezuela los que trabajamos en la defensa y promoción de los derechos humanos de las personas privadas de libertad. Lamentablemente las condiciones de los recintos carcelarios, así como de los calabozos policiales son deplorables y la llegada de esta pandemia a estos espacios sería una gran tragedia, gracias a Dios no ha llegado y esperamos que no ocurra.

En Venezuela pocas cosas se han hecho en la búsqueda de obtener la liberación de personas encarceladas a pesar de las diligencias que varias organizaciones de derechos humanos hemos intentado ante organismos nacionales e internacionales para la liberación de los presos políticos o por delitos menores, y lograr de alguna forma descongestionar las cárceles y calabozos policiales, pero hasta ahora poco se ha logrado.

Sin embargo, entre el 4 y el 5 de abril la ministra para el Servicio Penitenciario, Iris Varela, otorgó 284 libertades a reclusos de las cárceles Rodeo 2 y 3 y Yare 1, 2 y 3 mediante el otorgamiento de una facultad que le da el Código Orgánico Penitenciario en sus artículos 161 al 164, como es el otorgamiento de un Régimen de Confianza Tutelado a reclusos o reclusas que tengan sentencia definitiva y hayan cumplido con los requisitos establecidos en el Código Orgánico Procesal Penal para obtener una fórmula alterna de cumplimiento de pena, como son haber cumplido la mitad de la pena, mantener buena conducta dentro del recinto que se encuentren, un pronóstico favorable emitido por el equipo técnico, entre otros.

Yo realmente desconozco a qué personas se les otorgó ese régimen de confianza tutelado o si cumplían los requisitos o no para obtenerlos. Lo cierto es que es una facultad que le da la ley a la titular del despacho de prisiones, cuando los presos condenados cumplan los requisitos para una fórmula alterna de cumplimiento de pena y el tribunal de ejecución de su causa no la haya otorgado y ella lo aplicó. Realmente esperamos que ese mismo tipo de medidas u otras similares se sigan otorgando a personas privadas de libertad, siempre y cuando reúnan los requisitos para obtenerlas. Ojalá los próximos liberados sean los más de 300 presos políticos que tenemos en Venezuela, cuyo único delito es pensar diferente.

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¿Qué va a pasar con la gasolina? ¿Será que el régimen abrirá bodebombas?, por Alejandro Grisanti Capriles

@agrisanti 

Un amigo doctor me cuenta que la semana pasada logró echar gasolina, pero para llenar el tanque le cobraron 70 dólares. Al quejarse la primera vez, el teniente le contestó: “son órdenes de mi general”, y cuando lo increpó diciéndole que se estaban pasando con el precio, la respuesta fue más contundente: “Doctor, llene bien el tanque y dé las gracias que no va a poder echar gasolina en un futuro cercano”. Más allá de lo anecdótico de la historia, al momento que me encuentro escribiendo estas líneas (martes, 14 de abril, 7:00 p.m.), puedo decir con total responsabilidad que la crisis de la gasolina es muy profunda, que en la programación oficial de los puertos petroleros no aparece en agenda la entrada de un barco con el preciado combustible y que desafortunadamente “por ahora” no estamos en capacidad de producir gasolina en Venezuela.

La destrucción que ha producido Nicolás Maduro es de tal magnitud que el país con las principales reservas petroleras del mundo prácticamente no produce petróleo y no tiene capacidad de producir la gasolina que consume.

Según cifras de PDVSA, la producción petrolera ha pasado de 2,9 millones de barriles por día (mb/d) en enero de 2014 a 765.000 b/d en marzo de este año; es decir, la PDVSA de Maduro reconoce que durante su gestión, y previo a las sanciones, Venezuela ha perdido 2,1 mb/d. Sorpresivamente, la situación es menos dramática —pero aun muy negativa— si utilizamos las cifras de fuentes secundarias de la OPEP, según las cuales el máximo de la producción es de 2,4 mb/d en abril 2015 y de 680.000 b/d en marzo de este año. En estos casi cinco años esta fuente da cuenta de una caída de 1,6 mb/d.

Lo que ha pasado con la producción petrolera se repite con más fuerza en el campo de la refinación. Venezuela tenía 1,3 md/d de capacidad de refinación interna y más de 2,0 mb/d en el mundo. No solo PDVSA era capaz de suplir al mercado interno, sino que exportábamos productos derivados. Y no solo exportábamos destilados y gasolina, sino que teníamos destino seguro para nuestro petróleo crudo. Hoy el Gobierno no tiene ninguna capacidad de refinación interna y mantenemos una capacidad externa de un poco más de 850.000 b/d, de los cuales 800.000 b/d se mantienen de forma segura en la transición dado que son producidos por CITGO y 50.000 b/d están en riesgo puesto que el Gobierno interino no ha podido tomar el control de Nynas.

La falta de gasolina podría ser la principal fuente de inestabilidad del Gobierno de Nicolás Maduro en las próximas semanas. Cuando vemos las imágenes de miles de motorizados intentando echar gasolina en Valencia, cuando nos preguntamos cómo harán los productores de hortalizas de los Andes o la industria agroalimentaria del país para distribuir sus productos, tiene sentido pensar que se crearán miles de focos de disturbios a todo lo ancho y largo del país. Por ello, es necesario ver qué puede pasar en el futuro cercano.

En cuanto a las posibilidades de reactivar el parque refinador nacional tengo que decir que soy muy pesimista. Creo que los muchos años de desidia, de falta de experticia y de aplicación de un esquema de incentivos que durante el último bienio premió la importación de gasolina, en lugar de la producción en Venezuela, no se pueden revertir en unos pocos días. Es mucho lo que se necesita para reactivar incluso la refinería más sencilla y por aquí no va a venir la solución. Si fueron ellos los que destruyeron el parque refinador, no va a ser este régimen el que esté en capacidad de reconstruirlo. Por supuesto que el régimen puede prender una “caldera” en El Palito y echar mucho humo y vapor para generar la propaganda que necesita para decir que “tengamos paciencia que la solución está cerca”, pero eso está muy lejos de traducirse en capacidad de producción de gasolina.

Pero si tenemos años importándola, ¿qué paso? Antes de contestar esa pregunta, quiero volver a resaltar que el país con las reservas más grandes del mundo y con una capacidad de refinación que puede equivaler a casi 10 veces las necesidades internas ha estado importando gasolina en los últimos dos años. La ha estado importando con trueque de crudo, y llegando a pagar casi tres veces más su valor: se han dado operaciones que por cada barril de gasolina se entregan hasta 4 barriles de Merey 16, cuando la relación debería estar más cercana a 1.5 barriles de Merey 16 por cada barril de gasolina. Con esta relación de incentivos o sobreprecio quién tiene estímulo de producir gasolina en el país. Pero volviendo a la pregunta en el pasado reciente, la respuesta está en que uno de los principales aliados de Nicolás Maduro, Rosneft, ha decidido abandonarlo, quitándole el muy lucrativo apoyo que le estaba dando. Ciertamente, los activos y operaciones en Venezuela se vendieron a una empresa del Estado Ruso, el personal que trabaja en Venezuela cambió de empleador y aunque los anuncios oficiales quieren vendernos la idea de que aquí no ha pasado nada, lo cierto es que toda la infraestructura de comercialización de Rosneft no va a seguir comercializando el petróleo venezolano, y la principal causa de que hoy no tengamos gasolina en Venezuela es que Rosneft dijo hasta aquí.

Sobre las posibilidades de importación de gasolina de otras fuentes tengo información cruzada. Por un lado, las sanciones y la mayor presencia de la Armada estadounidense me hacen pensar que intermediarios formales como Glencore o Trafigura prefieren mantenerse al margen. Por otra parte, en un ambiente de paralización mundial por la COVID-19 y, por ende, de abundancia de gasolina, se me hace difícil pensar que algún “intermediario” no encuentre la manera de traer algunos barcos con gasolina a Venezuela para aliviar la situación actual. El dinero mueve montañas y a pesar de que en la programación de PDVSA no veamos agendado “por ahora” la llegada de un buque con gasolina, creo que esta situación puede cambiar muy rápidamente y que “aparezcan” barcos en Aruba haciendo cabotaje de gasolina a Amuay o El Palito. En todo caso, esta importación de gasolina será insuficiente y creo que vamos a continuar con un déficit importante de combustible en las próximas semanas.

En este escenario de importación de gasolina queda una sola pregunta por responder: ¿Será capaz el régimen de Nicolás Maduro de sacrificar su menguado flujo de caja en divisas para importar gasolina y luego regalarla? ¿O vamos a un modelo de bodegones —o mejor dicho de bodebombas— que privaticen la comercialización y distribución final de la gasolina? Hoy el régimen está recibiendo alrededor de USD 300 millones mensuales por concepto de exportaciones petroleras, y la importación de gasolina podría costarle hasta USD 225 millones, es decir, el 75 % de sus ingresos (recuerden que el régimen está pagando 4 barriles de crudo por cada barril de gasolina que recibe). Es posible que por unas semanas el régimen pueda sacrificar un porcentaje muy alto de sus ingresos e importar gasolina, pero lo más probable es que en un futuro cercano nos movamos a la privatización de la comercialización y distribución de gasolina. En esta Venezuela desquiciada, de la revolución bonita y del socialismo del siglo XXI, bajo un gobierno que lo único que le interesa es mantenerse en el poder, bien nos podemos imaginar las bodebombas llenas de Nutella, jabón para lavar Tide y gasolina a precios muy superiores a los internacionales. Por supuesto que el que vuelve a pagar los platos rotos es el venezolano de a pie, ese pueblo con el que el régimen siempre se llena la boca diciendo que quiere proteger. 

“Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es”

Lo que el viento no se llevará, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini  

En todas partes el proceso es el mismo, se va repitiendo. El coronavirus llega, pasa de un cuerpo a otro, suma contagios, enfermos, desconciertos y mata. Quizá cansado de esperar por gobiernos, laboratorios y autoridades de salud que ya no saben qué inventar ni experimentar para frenar su furia contaminante, letal, deja en el aire teorías conspirativas de estadistas de la ignorancia, incompetencia e ilusiones sin fundamento.

En todos los países asesina inmisericorde, sin piedad, mientras conviven casos de jóvenes fuertes que mueren y nonagenarios que con dificultad sobreviven a su propia historia, devueltos a vegetar porque el fulano virus nada les pudo hacer. Raúl Castro y sus camaradas de desgaste físico en La Habana, por ejemplo.

Lo que sí deja el coronavirus es desolación económica. No hay país, empresa o bolsa de valores que aguante meses de paralización, erogación de nóminas y gastos sin producir ingresos. El miedo incluso el pánico al contagio son devastadores, las dudas que existen y seguirán existiendo sobre si familiares, amigos, compañeros de trabajo serán asintomáticos, o sea, propagadores encubiertos del virus que enferma a otros, pero no a ellos mismos.

En países grandes y potencias aliadas como las que integran la Unión Europea, el desbarajuste financiero pasará menos intenso; han decidido vaciar centenares de miles de millones de recursos monetarios en empresas e individuos de todos los niveles, en especial en los menos favorecidos, y así inyectarles certidumbre para comenzar de nuevo.

Proveedores multilaterales de dinero, integrados, sostenidos por naciones líderes, se encargarán de auxiliar a las medianas y pequeñas empresas de países de África y Latinoamérica, incluyendo algunos capaces de grandes estupideces.

En las naciones socialistas-comunistas pocos se enterarán, o reclamarán. Los gobiernos con mano de hierro -en estos tiempos suavizados por guantes de buena tela comunicacional- no permitirán que nadie, ni siquiera empresarios arruinados, insolventes o trabajadores desempleados, empobrecidos, formen líos y lloren demasiado en público.

Los tiranos son pragmáticos: aprietan y, si conviene, ahogan. Existen procesos en desarrollo, por ejemplo en China, donde transforman a los abandonados e improductivos en clase media con aspiraciones, y la situación de pandemia puede ralentizar. Sin embargo, las tiranías modernas no pueden detenerse porque terminarán colgadas de los pies.

Rusia puede complicarse, tiene su déspota arbitrario y también mercado, pero carece de economía libre y vigorosa. Las armas, mientras más avanzadas, necesitan tecnología de desarrollo diario y requieren dinero, pero también una economía poderosa que no tiene. Putin es aguajero, hace escaramuzas, pero más allá de gruñir, lanzar miradas que parecen profundas y con intenciones ocultas, solo hace salivar los hocicos resecos de los famélicos del mundo. Como nosotros.

Que no somos hambrientos porque la vida nos haya hecho así, sino porque tuvimos la ignorancia e ingenuidad de elegir a indoctos pero hábiles palabreros de bolserías y pendejadas para que se encargaran de nuestros asuntos, cumplieran sus ofertas y promesas, de cambiar el flujo de las enormes ganancias que Dios dispuso para la ciudadanía y desarrollo del país, no para las avariciosas arcas y bolsillos de cuarto repúblicos y ladrones imperialistas. Lo que nunca advirtieron los zánganos fue que, en ese camino de cambio a la quinta república, habría una alcabala infranqueable, inevitable de revolucionarios y afines.

Pero no les están marchando bien las cosas a los cómplices aprovechadores e hipócritas; al ladrón, sea bueno o malo, siempre lo descubren y atrapan, en eso están ojos y oídos de naciones con principios, ética, libres y democráticas. La COVID-19 no es un barranco final, es un obstáculo que coloca el foco sobre los autovictimizados mientras nerviosos estornudan, temerosos de investigaciones, sentencias, grilletes y esposas. La cosecha de lo que han sembrado y cultivado.

Lo que nos quedará a los ciudadanos venezolanos después de la pandemia es trabajar duro, con ilusión y expectativa, recurrir a organismos, consorcios y corporaciones que nos faciliten productos, bienes, servicios y préstamos, como es lógico, en espera de compensación justa. ¿Cómo ingresar decenas de millones a la industria petrolera para reconstruirla del desastre en el cual los bandidos la dejaron, sin cobrar nada?

Dispondrán, traerán recursos financieros y humanos, para reactivar y reconstruir lo destruido. Con ellos lo rescataremos porque saben bien que no se le puede vender nada a los que nada tienen. 

Después de las pandemias, la de COVID-19, y la del socialismo bolivariano castrista -que es peor y aun más cruel-, vendrán capitales, restableceremos el orgullo de ser y tener, convirtiéndonos en buen mercado, porque no todo se lo llevará el viento.

* Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es