El improbable ascenso de Gustavo González López como titular de MinDefensa

Comandante General de la Guardia de Honor, Director General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y, finalmente, Ministro de la Defensa. El ascenso vertiginoso del general en jefe Gustavo Enrique González López en los 75 días que nos separan del 3 de enero sólo es comparable a la mágica llegada de la mismísima Delcy Rodríguez, a la Presidencia de Venezuela. 

En menos de tres meses Gonzalez López pasó de ser director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) al líder máximo de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y una de las figuras más poderosas del gobierno venezolano. Su nombramiento apunta en varias direcciones: hacer contrapeso al poder de Diosdado Cabello —desde hace mucho no son aliados— en el monopolio de la violencia, proteger a la presidenta encargada de los enemigos que tiene dentro del propio chavismo y construir una fuerza de choque que responda al nuevo clan que gobierna.

En medio de la celebración por el triunfo de la selección de Venezuela en el Clásico Mundial de Beisbol, el miércoles 18 de marzo, Delcy Rodríguez aprovechó para hacer un verdadero cambio de dirección a su equipo ministerial. Una de las medidas más radicales fue la destitución del ministro más longevo del gabinete chavista, Vladimir Padrino López, quien luego de 12 años al frente del despacho de Fuerte Tiuna no será recordado precisamente por sus hazañas en la defensa de la patria. 

Aunque se rumoraba que el general en jefe Padrino López -quien estuvo en el cargo desde el 25 de octubre de 2014– dejaría el ministerio en los próximos días, fue el nombramiento de su sucesor el que rompió las quinielas. 

El cambio de Padrino López por González López tiene varias lecturas o implicaciones, y trae algunas interrogantes: 

¿Cuál será su rol en la estructura de poder, hasta ahora repartida entre cuatro clanes familiares (Diosdado Cabello, los hermanos Rodríguez, la familia Chávez y la familia Maduro-Flores)? 

Si estamos ante un nuevo momento político, ¿por qué se siguen reciclando funcionarios de los Gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro? 

¿Para qué sirven las sanciones de Estados Unidos, si la presidenta encargada premia con designaciones en cargos claves a funcionarios que fueron amonestados desde hace más de una década por distintos países? 

¿El nombramiento de González López como ministro implica que quedarán impunes las violaciones a los derechos humanos cometidas por la estructura represiva y de tortura que lideraba?

¿Esta decisión, que ocurre luego de las visitas del director de la CIA y del jefe del Comando Sur, tiene el aval de Donald Trump?

Ni prócer, ni mártir 

Pero antes de explicar por qué fue González López el elegido, lo que sí está claro es que sobraban los argumentos para justificar la sustitución de Padrino López.

El 3 de enero de 2026, cuando las fuerzas estadounidenses bombardearon infraestructura militar estratégica en Venezuela y capturaron al presidente Nicolás Maduro, no hubo resistencia, ni reacción por parte de la FANB. Mientras que el ataque dejó 83 bajas entre los comandos que protegían a Maduro y defendían la revolución –incluyendo 32 cubanos–, los estadounidenses reportaron apenas un par de heridos leves. Tampoco hubo movilización de contingentes militares en las calles, luego de la incursión para garantizar el orden público o para repeler otras posibles agresiones.

Padrino solo apareció ese día, un par de horas después del bombardeo, en un video solitario para decir, entre otras cosas: “La Fuerza Armada Nacional Bolivariana informa al mundo entero que el pueblo venezolano ha sido objeto de la más criminal agresión militar por parte del Gobierno de los Estados Unidos”.

Días después, Padrino López soltó esta frase para justificar su inacción: “Es que hubiese sido una matanza si nos enfrentamos a los gringos”. 

Pero esta no ha sido la única derrota de este general en jefe durante su prolongada estancia en el despacho de la Defensa. En 2021, la FANB perdió la llamada guerra de Apure, una operación militar que pretendía expulsar del territorio venezolano a las Disidencias de las FARC.

En esa ocasión la exguerrilla colombiana mató a 17 militares venezolanos, además de que secuestró a otros ocho para forzar una negociación que le permitiera mantenerse un tiempo más en territorio venezolano. En enero de 2022 fue el ELN el que terminó de hacer la tarea que le habían encomendado a las FANB, es decir, reducir la presencia de los faracos de la zona fronteriza.

Tampoco hubo acciones desde el Ministerio de la Defensa respecto a los bombardeos de más de 20 embarcaciones venezolanas en el Caribe por parte de Estados Unidos. Además, en las narices de Padrino López, equipos tácticos de EE. UU. han secuestrado, al menos, ocho buques petroleros venezolanos, sin que hubiera una reacción de la Armada. El exministro no fue capaz de usar el Plan República para evitar el robo de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024. 

Además de casi media docenas de soles, Padrino López tiene otro estandarte difícil de ocultar: Firmó la resolución número 008610 que permite usar “armas de fuego o armas potencialmente letales” en el control del orden público.

¿Por qué González López?

Gustavo González López fue la primera persona que recibió un cargo en el nuevo gobierno de Venezuela, después de la propia Delcy Rodríguez. El 6 enero de 2026 fue designado Comandante General de la Guardia de Honor y Director General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). Ambas posiciones claramente enfocadas en brindar protección a la nueva jefa de Estado.

Desde entonces no se despega de la Presidenta encargada, es su sombra, su perro guardián. Es el hombre duro de los Rodríguez. Su designación es clave para la consolidación del nuevo clan político que gobierna Venezuela, los clanes anteriores tenían o tienen sus hombres fuertes, expertos en inteligencia, con poder de fuego o ascendencia sobre los cuerpos de seguridad, la FANB y los grupos de choque. Es el factor que los iguala a las otras facciones, la pieza que faltaba en el ajedrez de los hermanos Rodríguez. 

No tener el respaldo de un ejército armado era su talón de Aquiles, una carencia que los limitaba para ser una fuerza independiente de las otras tribus del chavismo. Los Rodríguez ya se habían erigido con poder económico y esto les permitió vincularse a una amplia gama de negocios, incluyendo el petróleo. También el paso por la Cancillería le dejó a la actual presidenta una importante red de conexiones internacionales. 

González López se ha mantenido cerca de Delcy Rodríguez, al menos, desde 2018, cuando ella como vicepresidenta de la República tenía a su cargo el SEBIN, uno de los cuerpos represivos más temidos del país, que era liderado por el militar.

Luego, en 2024, Rodríguez asumió como ministra encargada de Hidrocarburos y lo designó Intendente de Asuntos Estratégicos y Control de Producción de PDVSA, cargo creado para él, que combinaba seguridad, contraloría y control operativo.

Ha sido su hombre de confianza y también la mano que mece la cuna, el ejecutor de las órdenes de la actual Presidenta encargada de Venezuela. 

Por otra parte, en estos 26 años, el chavismo creó un ecosistema de poder que además supone complicidad. De allí el reciclaje permanente de funcionarios. Aunque los Rodríguez quisieran, no pueden desprenderse totalmente de esa estructura que ha constituido la base del poder de la revolución bolivariana. De hacerlo su gobierno podría desmoronarse, porque aún no goza de cimientos propios. 

Bendecido y afortunado 

Luego de encabezar, desde el SEBIN, las detenciones arbitrarias de más de 2.000 personas en 2024, ser catalogado como uno de los jefes de la tortura del gobierno de Maduro y responsable de las muertes de presos políticos en cautiverio, con la caída del dictador, González López en un lugar de un castigo recibió un ascenso.

Su nombramiento ignora las denuncias y advertencias de las organizaciones de derechos humanos y supone que no se ha roto la cadena institucional, una de las fortalezas del chavismo. Si hay juicios para sancionar a alguien por violaciones a los derechos humanos, lo más probable es que –como ya es costumbre– el grupo que gobierna consiga algunos chivos expiatorios. Incluso, su designación podría anticipar una razia, no solo para fortalecer la estructura de poder de los Rodríguez, también podría significar un intento para adecentar la imagen del Estado malandro.

González López, padre de la Operación de Liberación y Protección del Pueblo (OLP), ya mostró una línea de tolerancia cero frente a los grupos delictivos. En nombre de la lucha contra el crimen, esta política que comandó derivó en el exterminio de jóvenes en los barrios pobres del país. Su perfil coincide con el que exhibe ICE en su persecución a migrantes en EE. UU. y puede agradar a ciertos sectores en Washington. 

Esto podría explicar por qué recibió el visto bueno de Donald Trump. ¿Acaso es posible que Delcy Rodríguez designe un ministro de esa importancia sin la aprobación de su tutor del norte? Quizás no todos los ministros sean avalados por la Casa Blanca, pero el de la Defensa, obviamente sí.  

Otros detalles que apuntan a que su designación tenía la bendición de las autoridades norteamericanas fue su aparición como anfitrión durante la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, y como parte de la comitiva que se reunió con el jefe del Comando Sur, general Francis L. Donovan. Además, de las versiones sobre su rol como supuesto informante de la agencia de inteligencia de Estados Unidos desde hace varios años, lo cual no sorprende, pues la “inteligencia” y la represión son sus especialidades.

Por ahora, las sanciones que le impuso el Gobierno de Barack Obama y los  señalamientos por crímenes de lesa humanidad no están en la agenda del nuevo momento político de Venezuela, que prioriza “la estabilización, la recuperación económica y la transición política”, pero no los derechos humanos y la justicia.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

El general del Ejército, conocido por liderar el principal cuerpo de tortura de Nicolás Maduro y sancionado por Estados Unidos, es ahora el nuevo hombre fuerte en el gobierno de Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela. La dirigente chavista se está blindando con la pieza que le faltaba: poder de fuego
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Comandante General de la Guardia de Honor, Director General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y, finalmente, Ministro de la Defensa. El ascenso vertiginoso del general en jefe Gustavo Enrique González López en los 75 días que nos separan del 3 de enero sólo es comparable a la mágica llegada de la mismísima Delcy Rodríguez, a la Presidencia de Venezuela. 

En menos de tres meses Gonzalez López pasó de ser director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) al líder máximo de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y una de las figuras más poderosas del gobierno venezolano. Su nombramiento apunta en varias direcciones: hacer contrapeso al poder de Diosdado Cabello —desde hace mucho no son aliados— en el monopolio de la violencia, proteger a la presidenta encargada de los enemigos que tiene dentro del propio chavismo y construir una fuerza de choque que responda al nuevo clan que gobierna.

En medio de la celebración por el triunfo de la selección de Venezuela en el Clásico Mundial de Beisbol, el miércoles 18 de marzo, Delcy Rodríguez aprovechó para hacer un verdadero cambio de dirección a su equipo ministerial. Una de las medidas más radicales fue la destitución del ministro más longevo del gabinete chavista, Vladimir Padrino López, quien luego de 12 años al frente del despacho de Fuerte Tiuna no será recordado precisamente por sus hazañas en la defensa de la patria. 

Aunque se rumoraba que el general en jefe Padrino López -quien estuvo en el cargo desde el 25 de octubre de 2014– dejaría el ministerio en los próximos días, fue el nombramiento de su sucesor el que rompió las quinielas. 

El cambio de Padrino López por González López tiene varias lecturas o implicaciones, y trae algunas interrogantes: 

¿Cuál será su rol en la estructura de poder, hasta ahora repartida entre cuatro clanes familiares (Diosdado Cabello, los hermanos Rodríguez, la familia Chávez y la familia Maduro-Flores)? 

Si estamos ante un nuevo momento político, ¿por qué se siguen reciclando funcionarios de los Gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro? 

¿Para qué sirven las sanciones de Estados Unidos, si la presidenta encargada premia con designaciones en cargos claves a funcionarios que fueron amonestados desde hace más de una década por distintos países? 

¿El nombramiento de González López como ministro implica que quedarán impunes las violaciones a los derechos humanos cometidas por la estructura represiva y de tortura que lideraba?

¿Esta decisión, que ocurre luego de las visitas del director de la CIA y del jefe del Comando Sur, tiene el aval de Donald Trump?

Ni prócer, ni mártir 

Pero antes de explicar por qué fue González López el elegido, lo que sí está claro es que sobraban los argumentos para justificar la sustitución de Padrino López.

El 3 de enero de 2026, cuando las fuerzas estadounidenses bombardearon infraestructura militar estratégica en Venezuela y capturaron al presidente Nicolás Maduro, no hubo resistencia, ni reacción por parte de la FANB. Mientras que el ataque dejó 83 bajas entre los comandos que protegían a Maduro y defendían la revolución –incluyendo 32 cubanos–, los estadounidenses reportaron apenas un par de heridos leves. Tampoco hubo movilización de contingentes militares en las calles, luego de la incursión para garantizar el orden público o para repeler otras posibles agresiones.

Padrino solo apareció ese día, un par de horas después del bombardeo, en un video solitario para decir, entre otras cosas: “La Fuerza Armada Nacional Bolivariana informa al mundo entero que el pueblo venezolano ha sido objeto de la más criminal agresión militar por parte del Gobierno de los Estados Unidos”.

Días después, Padrino López soltó esta frase para justificar su inacción: “Es que hubiese sido una matanza si nos enfrentamos a los gringos”. 

Pero esta no ha sido la única derrota de este general en jefe durante su prolongada estancia en el despacho de la Defensa. En 2021, la FANB perdió la llamada guerra de Apure, una operación militar que pretendía expulsar del territorio venezolano a las Disidencias de las FARC.

En esa ocasión la exguerrilla colombiana mató a 17 militares venezolanos, además de que secuestró a otros ocho para forzar una negociación que le permitiera mantenerse un tiempo más en territorio venezolano. En enero de 2022 fue el ELN el que terminó de hacer la tarea que le habían encomendado a las FANB, es decir, reducir la presencia de los faracos de la zona fronteriza.

Tampoco hubo acciones desde el Ministerio de la Defensa respecto a los bombardeos de más de 20 embarcaciones venezolanas en el Caribe por parte de Estados Unidos. Además, en las narices de Padrino López, equipos tácticos de EE. UU. han secuestrado, al menos, ocho buques petroleros venezolanos, sin que hubiera una reacción de la Armada. El exministro no fue capaz de usar el Plan República para evitar el robo de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024. 

Además de casi media docenas de soles, Padrino López tiene otro estandarte difícil de ocultar: Firmó la resolución número 008610 que permite usar “armas de fuego o armas potencialmente letales” en el control del orden público.

¿Por qué González López?

Gustavo González López fue la primera persona que recibió un cargo en el nuevo gobierno de Venezuela, después de la propia Delcy Rodríguez. El 6 enero de 2026 fue designado Comandante General de la Guardia de Honor y Director General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). Ambas posiciones claramente enfocadas en brindar protección a la nueva jefa de Estado.

Desde entonces no se despega de la Presidenta encargada, es su sombra, su perro guardián. Es el hombre duro de los Rodríguez. Su designación es clave para la consolidación del nuevo clan político que gobierna Venezuela, los clanes anteriores tenían o tienen sus hombres fuertes, expertos en inteligencia, con poder de fuego o ascendencia sobre los cuerpos de seguridad, la FANB y los grupos de choque. Es el factor que los iguala a las otras facciones, la pieza que faltaba en el ajedrez de los hermanos Rodríguez. 

No tener el respaldo de un ejército armado era su talón de Aquiles, una carencia que los limitaba para ser una fuerza independiente de las otras tribus del chavismo. Los Rodríguez ya se habían erigido con poder económico y esto les permitió vincularse a una amplia gama de negocios, incluyendo el petróleo. También el paso por la Cancillería le dejó a la actual presidenta una importante red de conexiones internacionales. 

González López se ha mantenido cerca de Delcy Rodríguez, al menos, desde 2018, cuando ella como vicepresidenta de la República tenía a su cargo el SEBIN, uno de los cuerpos represivos más temidos del país, que era liderado por el militar.

Luego, en 2024, Rodríguez asumió como ministra encargada de Hidrocarburos y lo designó Intendente de Asuntos Estratégicos y Control de Producción de PDVSA, cargo creado para él, que combinaba seguridad, contraloría y control operativo.

Ha sido su hombre de confianza y también la mano que mece la cuna, el ejecutor de las órdenes de la actual Presidenta encargada de Venezuela. 

Por otra parte, en estos 26 años, el chavismo creó un ecosistema de poder que además supone complicidad. De allí el reciclaje permanente de funcionarios. Aunque los Rodríguez quisieran, no pueden desprenderse totalmente de esa estructura que ha constituido la base del poder de la revolución bolivariana. De hacerlo su gobierno podría desmoronarse, porque aún no goza de cimientos propios. 

Bendecido y afortunado 

Luego de encabezar, desde el SEBIN, las detenciones arbitrarias de más de 2.000 personas en 2024, ser catalogado como uno de los jefes de la tortura del gobierno de Maduro y responsable de las muertes de presos políticos en cautiverio, con la caída del dictador, González López en un lugar de un castigo recibió un ascenso.

Su nombramiento ignora las denuncias y advertencias de las organizaciones de derechos humanos y supone que no se ha roto la cadena institucional, una de las fortalezas del chavismo. Si hay juicios para sancionar a alguien por violaciones a los derechos humanos, lo más probable es que –como ya es costumbre– el grupo que gobierna consiga algunos chivos expiatorios. Incluso, su designación podría anticipar una razia, no solo para fortalecer la estructura de poder de los Rodríguez, también podría significar un intento para adecentar la imagen del Estado malandro.

González López, padre de la Operación de Liberación y Protección del Pueblo (OLP), ya mostró una línea de tolerancia cero frente a los grupos delictivos. En nombre de la lucha contra el crimen, esta política que comandó derivó en el exterminio de jóvenes en los barrios pobres del país. Su perfil coincide con el que exhibe ICE en su persecución a migrantes en EE. UU. y puede agradar a ciertos sectores en Washington. 

Esto podría explicar por qué recibió el visto bueno de Donald Trump. ¿Acaso es posible que Delcy Rodríguez designe un ministro de esa importancia sin la aprobación de su tutor del norte? Quizás no todos los ministros sean avalados por la Casa Blanca, pero el de la Defensa, obviamente sí.  

Otros detalles que apuntan a que su designación tenía la bendición de las autoridades norteamericanas fue su aparición como anfitrión durante la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, y como parte de la comitiva que se reunió con el jefe del Comando Sur, general Francis L. Donovan. Además, de las versiones sobre su rol como supuesto informante de la agencia de inteligencia de Estados Unidos desde hace varios años, lo cual no sorprende, pues la “inteligencia” y la represión son sus especialidades.

Por ahora, las sanciones que le impuso el Gobierno de Barack Obama y los  señalamientos por crímenes de lesa humanidad no están en la agenda del nuevo momento político de Venezuela, que prioriza “la estabilización, la recuperación económica y la transición política”, pero no los derechos humanos y la justicia.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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