#MonitorDeVíctimas | Los peligros de ser mujer en Caracas, por Alan Cofrades y Griselys Barrios* - Runrun
#MonitorDeVíctimas | Los peligros de ser mujer en Caracas, por Alan Cofrades y Griselys Barrios*
En los siguientes párrafos se busca dar luz, a través de las cifras de violencia femicida, los peligros de ser mujer en Caracas

 

@miconvive

Desde que Monitor de Víctimas lleva registro de las muertes violentas en Caracas, en promedio, mueren al menos nueve hombres por cada mujer al mes. No cabe duda que, a primera vista, el principal afectado por la violencia en el país es la población masculina, en su mayoría, en edades productivas. Sin embargo, cuando se descomponen estas cifras y se pone atención a las características de estos crímenes, se observa un patrón de violencia particular que caracteriza los femicidios. Esto nos habla de que las mujeres se enfrentan a dinámicas y agresiones que distan de lo común y que son motivo de preocupación.

En los siguientes párrafos se busca dar luz, a través de las cifras de violencia femicida, los peligros de ser mujer en Caracas.

Entre mayo de 2017 y abril de 2022, periodo de todos los números que se presentan a continuación, han muerto al menos 4582 personas en el área metropolitana de Caracas, lo que da cuenta del alto nivel de violencia vivida en la capital durante los últimos 5 años. De estos sucesos, 311 (6,8 %) serían féminas y al menos 80 de estas muertes (1,75 % del total) corresponden a casos de violencia de género.

Mujeres asesinadas por la única razón de serlo y que son víctimas de normas culturales perjudiciales, abuso de poder y desigualdades de género.

Ese 1,75 % es un porcentaje que toma una dimensión distinta cuando se comprende que este es el principal motivo de decesos no naturales en la población femenina. Las muertes masculinas más frecuentes se deben a letalidad policial, robos y ajustes de cuenta. Sin embargo, una de cada cuatro mujeres asesinadas en la capital son víctimas de la violencia de género.

Hablar de violencia de género es encontrarse con matices, contextos y diferentes circunstancias que hacen de este fenómeno, uno muy abstracto. Pero al intentar definir las características de estos crímenes, se consideran aquellos en las que la víctima —mujer o persona de la comunidad LGBTIQ+— puede presentar claros signos de abuso sexual, lesiones o mutilaciones degradantes o infamantes previas o posteriores a su muerte.

También hay antecedentes de acoso o violencia doméstica, así como el hecho de que el autor del crimen se aprovechó de las condiciones de riesgo o vulnerabilidad física o psicológica de la persona.

El abuso tiene cara conocida

Durante los primeros meses del 2022, hubo al menos una víctima por dicho motivo en tres de los cuatro meses de los que se tienen datos. Este artículo surge en un momento en el que parroquias como La Vega se han movilizado para alzar la voz y pedir justicia por las víctimas de violencia de género en las comunidades. La más reciente de ellas: Arianna Jocxybel Parra Oliveros, adolescente de 16 años, a quien, de acuerdo a reportes de Runrunes, su exnovio apuñaló diez veces. Este, la acosaba con frecuencia para que retomaran la relación, hasta que el pasado 12 de mayo la asesinó.

En la capital, la violencia tiene muchas caras, en su mayoría desconocidas. En este sentido, a nivel general, en el 71,2 % de los homicidios, la víctima y el victimario no se conocían entre sí. Sin embargo, cuando se hace el análisis diferencial por género, la población femenina es 29 % más vulnerable a ser asesinada a manos de conocidos. Por si esto no fuera suficiente, el 0,38 % de las muertes violentas en hombres tienen como victimario/a su cónyuge, mientras que para las féminas este número asciende a 14,15 %, siendo que, por tanto, una de cada diez mujeres asesinadas en la capital mueren a manos de su pareja.

Los lugares y personas que deberían ser reflejo de seguridad y de confianza, para muchas mujeres del mundo son sinónimo de miedo, abuso, violencia y, para al menos ochenta de ellas, muerte. Los reportes de estos crímenes relatan en muchas ocasiones situaciones de abuso que se extendieron durante el tiempo; y que, ante el miedo de denunciar o en su defecto, la inacción de los organismos competentes y los cuerpos policiales, terminan en tragedia.

La desatendida violencia de género 

Ejemplo de esto es el caso de Karla Ríos, quien llegó a denunciar a su expareja en dos ocasiones por maltratos, según la reseña de El Nacional cuando ocurrieron los hechos en el 2020. La primera de ellas habría sido dos meses antes de su muerte. Ante esto, él fue aprehendido por las autoridades, pero de manera temporal tras el pago de un soborno. Un mes antes del crimen, el asesino había secuestrado a Karla durante ocho horas y en el proceso la amenazó con un arma de fuego. Una vez libre, Karla denunció. Pero las autoridades no hicieron nada.

Ante este tipo de crímenes, muchas personas suelen preguntarse “¿Por qué no denunció?” o “¿Cómo no se dio cuenta de con quién estaba?”. Esto no solo culpabiliza a la víctima, sino que también se ignora el sinfín de variables que están presentes en los casos de violencia de género y que pueden llevar a la persona a sentir miedo de huir y/o actuar. También, de revivir el crimen al momento de denunciar o ser estigmatizadas, situación que resulta insensible ante el hecho de que mes a mes aparecen casos en los que la víctima alzó la voz y buscó ayuda, pero simplemente no pareció importar a efectos de los cuerpos de justicia.

A Karla la asesinó, el 31 de julio de 2020, Edward Felipe Chacón, su expareja, a quién dos veces intentó alejar usando los recursos que la justicia debería proveer y que a día de hoy sigue prófugo. Por más que el Estado venezolano se proclame feminista, publique leyes y cree instituciones u organismos, la violencia de género no se atiende con el enfoque correcto. En este contexto, la educación y la cultura no se puede dejar de lado para solo trabajar la parte estructural; los cambios reales en la sociedad venezolana se generarán desde el individuo y la familia.

Casos como el de Arianna o el de Karla se sustituyen en las páginas de sucesos por nuevas víctimas. Todas con su historia de sufrimiento particular, pero que en el fondo confirman que la violencia de género ha sido y sigue siendo un problema no atendido en Venezuela y testimonian los peligros de ser mujer en Caracas.

Desde Mi Convive, creemos en el papel fundamental que deben cumplir el gobierno y los entes responsables en materia de violencia y defensa de los derechos de la mujer para que se lleven a cabo políticas públicas orientadas a la educación en materia de derechos humanos, género y temas relacionados.

Así mismo, de reducción y prevención de violencia que apunten a la visibilización de esta problemática; a la mejora de los sistemas legales y policiales de respuesta y protección a las víctimas, siendo esto último fundamental para restaurar la confianza de las víctimas en que la justicia es capaz de actuar investigando, sancionando y reparando lo que han vivido.

* Alan Cofrades, especialista de investigación y análisis de datos | Griselys Barrios, coordinadora de Comunicación. Ambos del equipo de Mi Convive.