Caracas Mi Convive, autor en Runrun

Caracas Mi Convive

#MonitorDeVíctimas | Te invito a un café y hablamos de la Policía, por Andrew Quintero
Un café por Caracas es una iniciativa de investigación que busca entender la percepción de las comunidades populares con respecto a la violencia y el accionar de la policía.

 

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El último informe de la comisionada para los derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas (Bachelet), registra que entre enero y mayo de 2020 ocurrieron 1324 ejecuciones extrajudiciales en el país. Dichas muertes son producto de políticas de seguridad fundamentadas en la fuerza y la aplicación de una “mano dura” contra el crimen y el delito.

Esto es un problema histórico en Venezuela, que se ha agravado seriamente en los últimos años con el desarrollo de las Operaciones de Liberación del Pueblo (OLP) en el 2015, y el surgimiento de las Fuerzas de Acción Especiales (FAES) en el 2016.

Sabiendo esto, en el 2018 me pregunté: ¿Cuál es la percepción en las comunidades populares sobre este tipo de políticas? y ¿qué solución le ven ellos a la delincuencia? En esa fecha ya me encontraba trabajando en Caracas Mi Convive, una organización que desarrolla proyectos de prevención de violencia en las comunidades populares del municipio Libertador, Caracas.

Así que le propuse al equipo que buscáramos responder esas preguntas. Mi idea era sentarme con miembros de diferentes comunidades populares y, tomándonos un café, realizar grupos focales donde habláramos del tema.

Es así como surge “Un café por Caracas”, una iniciativa de investigación que busca entender la percepción de las comunidades populares con respecto a la violencia y el accionar de la policía.

En estas reuniones, las personas hablan sobre las experiencias de abuso que han tenido en operativos policiales. La idea es que también propongan soluciones alternativas al problema de la violencia.

Participar en estos grupos focales fue una experiencia enriquecedora, pero dura. Me acuerdo de las palabras de María, residente de El Valle: “Mi evaluación para los cuerpos policiales es negativa; a mi hijo me lo mataron en la puerta de la casa, y yo lo tuve que entregar”. En su voz, sentía el dolor y la rabia de haber perdido un hijo en manos de los funcionarios que deberían protegernos. Pero curiosamente, al hablar de posibles políticas para enfrentar la violencia, su respuesta fue sumamente humana. No habló de venganza. Habló de educar y humanizar a los cuerpos policiales para “trabajar en conjunto, por esos jóvenes en riesgo, como mi hijo”.

En estos grupos nos dimos cuenta de que nuestra gente sabe que la violencia genera más violencia. Cuando le das un espacio, y la escuchas, adviertes que en estas comunidades existen muchas personas que han sufrido las consecuencias de la violencia urbana y policial. Pero que a pesar del miedo que genera el vivir esto, están dispuestas a colaborar en acciones que promuevan la paz y la convivencia.

Después de participar, muchos de ellos mostraban interés en el resto de las actividades que organiza Caracas Mi Convive. Y se ponían a la orden para colaborar en ellas.

En lo personal, los “Cafés por Caracas” me permitieron ver que el primer paso del activismo comunitario es escuchar. Las comunidades saben cuáles son sus necesidades y ya tienen propuestas para abordarlas. Cuando las escuchas, no solo obtienes una idea clara de cómo podrías promover el desarrollo, sino que los mismos vecinos se muestran más dispuestos a trabajar contigo.

Lastimosamente, en lugar de esto las instituciones de seguridad elevan las armas contra las personas vulnerables. En los cafés por Caracas, una pregunta era: ¿Cómo debe ser ese policía que promueve comunidades seguras?

Lo que hemos escuchado, en los más de diez grupos focales, es que las comunidades quieren una policía cercana, que en lugar de planes correctivos, realice planes preventivos.

Esto, en nuestra experiencia, es una petición casi unánime de los habitantes que más han sufrido la violencia policial en nuestros sectores populares.

Sin duda, muchos se preguntarán cómo bajo un contexto tan violento y represivo las personas pueden proponer planes que se basen en la educación y cercanía con los cuerpos policiales. Yo creo que es en parte producto del trabajo que realizan mis compañeros de Caracas Mi Convive, un trabajo fundamentado en el acompañamiento y promoción de la convivencia como oportunidad para cambiar y mejorar nuestras comunidades.

En lo personal, estos testimonios me llevan a trabajar cada día más para seguir transformando nuestra ciudad. Ejecutar y acompañar cada idea que surge es fundamental, como nos dijo Kati en unos de los cafés en Catia: “Cada quien puede dar su grano de arena; si ustedes pueden venir y conversar, nosotros podemos salir y trabajar por nuestro barrio”. Sin duda eso es lo que hacemos con un café cada vez que salimos a escuchar, proponer y actuar.

¡Amigos, esto es nuestro!

#MonitorDeVíctimas | Cómo combatir el lema “Plomo cerrado al hampa”
La organización comunitaria y la recuperación de la confianza en los cuerpos policiales son claves a la hora de derribar el lema “plomo cerrado al hampa”, que puso en boga el exalcalde Alfredo Peña hace 20 años y que aún muchos aprueban.

 

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En el año 2000, Alfredo Peña fue candidato a la Alcaldía Metropolitana de Caracas. El periodista y candidato del Movimiento V República tenía un lema de campaña bastante claro: “Plomo cerrado al hampa”. Campañas comunicacionales en televisión y periódicos llevaron este mensaje confrontativo dirigido hacia la problemática del crimen en la ciudad.

Basándonos en los resultados de los comicios, el mensaje caló muy bien. Peña ganó contundentemente la elección. Casi 65 % de los electores respaldaron su candidatura, esperando encontrar una solución al crimen que atormentaba la vida en Caracas. En el 2020 ¿apoyarías a un candidato que hiciera ese tipo de promesas?

El controvertido apoyo a la “mano dura” policial

Encuestas del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) llevadas a cabo en el 2012 en Latinoamérica, sugieren que los ciudadanos que viven en ambientes de inseguridad tienden a apoyar la mano dura como respuesta al delito.

Específicamente en Venezuela, el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), en su más reciente encuesta, observó respuestas contrastantes. Por una parte, el 80 % de los ciudadanos encuestados rechazó que se detuvieran jóvenes por su aspecto físico. No obstante, cerca de un tercio de la población cree que la policía tiene derecho a matar.

A su vez, diversos testimonios apuntan a que todavía existen grupos que apoyan este tipo de medidas para lidiar con el crimen y la violencia.

Hace un tiempo, conversando con unos amigos de la universidad sobre la reducción de homicidios en El Salvador y las políticas de mano dura de su presidente Nayib Bukele, salió la inevitable comparación con la realidad venezolana. Era común escuchar comentarios parecidos a la frase de campaña de Peña en el año 2000:

“A esos hay que matarlos”,

“Hay que mandar a la policía a los barrios a encontrarlos y eliminarlos”,

“Son unos asesinos, se merecen las balas”.

Cuando la comunidad organizada elige la prevención

En contraste, hemos conseguido respuestas diversas en grupos focales realizados en comunidades populares. Estos encuentros, organizados por Caracas Mi Convive en los llamados “Cafés por Caracas”, buscan conocer las opiniones de comunidades excluidas sobre la violencia y sus posibles soluciones.

Lo sorprendente de estas visitas es que, en la mayoría de los “Cafés por Caracas”, las personas que han asistido manejan teorías de prevención de violencia y sus causas sin haber cursado una clase universitaria acerca del tema. Identifican lo vulnerable que son los jóvenes en caer en la criminalidad y la violencia. Saben que es importante acercarse a ellos y critican las políticas de mano dura de los funcionarios policiales.

Sin embargo, en una comunidad ubicada en El Valle, golpeada por la amenaza constante de bandas y donde hicimos un grupo focal, hubo un momento donde unos de los participantes rompió el silencio y dijo:

“Yo sé que esto del deporte e incluir a los jóvenes es algo bueno. Pero los mismos muchachos vienen todas las semanas a robar a la comunidad, hasta han robado a mi familia, lo que provoca es que venga la policía y le den sus plomazos”. 

Es una situación difícil de abordar, ¿Cómo le decimos a alguien directamente afectado por la violencia que no sienta rabia y que más violencia no es la solución?

En este sentido, los resultados presentados por el OVV y los testimonios de diferentes contextos de Caracas muestran que el apoyo a la mano dura pareciese ser todavía una opción que ronda en las opiniones de ciertos ciudadanos.

Adicionalmente, la diversidad de respuestas referentes a cómo se debería combatir el crimen sugieren que no existe un consenso entre los ciudadanos sobre qué tipo de medidas ayudarían. Existen límites difusos sobre qué tanta autoridad se le otorga a los funcionarios y qué tan endebles pudieran ser las garantías de los derechos humanos con la justificación de combatir el crimen.

¿La mano dura es realmente efectiva para combatir el crimen?

La violencia no ha sido efectiva para lograr la paz. Inclusive en aquellas ciudades con altos niveles de conflicto. Cuando las personas son testigos constantes de violaciones derechos humanos por parte la policía, dejan de confiar en ella como institución.

De acuerdo con la última encuesta del OVV, el 70 % de los venezolanos encuestados no confían en las instituciones policiales.

Algo similar ha ocurrido en zonas de alto conflicto del Medio Oriente. Las continuas tácticas militares de fuerzas extranjeras han despertado el rechazo de la población, con protestas y no cooperando con las autoridades, inclusive terminando por apoyar a grupos armados que han arremetidos contra ellos en el pasado.

Por ejemplo, en Irak esta situación ha llevado a que las fuerzas militares sean instruidas en estrategias de policía comunitaria, basadas en el acercamiento al ciudadano y el respeto a los derechos humanos. Su objetivo es ganarse la confianza de la población y ser vistas como un cuerpo legítimo. Las fuerzas de seguridad entendieron que estas tácticas militares terminaban afectando no a los grupos armados, sino a los grupos que tenían más cerca. Estos tendían a ser familias que quedaban en medio del conflicto.

De esta forma, la mano dura termina siendo como un uróboro, una serpiente que termina comiéndose su propia cola y perpetuando los ciclos de violencia. La policía pierde legitimidad frente a la población, se quiebran los lazos de confianza y queda como resultado una sociedad fragmentada en el medio de un conflicto armado entre bandas y grupos policiales.

Organización ciudadana para frenar la epidemia de violencia policial

El psicólogo social Ervin Staub, quien ha trabajado en zonas de alto conflicto como Ruanda, propone que una de las claves para que la violencia no se incremente es el rol de los observadores. Los observadores son miembros de la sociedad que no han sido afectados por la violencia, ni tampoco la han ejercido. No obstante, cuando la violencia aparece, rara vez intervienen para frenarla.

Partiendo de lo propuesto por Staub, desde Caracas Mi Convive creemos que los ciudadanos tenemos un rol clave en frenar la epidemia de violencia policial. Además, ese rol lo podemos ejercer desde este momento. Específicamente, creemos en tres estrategias que pudiesen útiles en el contexto venezolano: informar, difundir y dialogar.

 Información

En primer lugar, desde Mi Convive creemos que es clave que las estrategias para combatir el crimen no deben estar guiadas por decisiones impulsivas, como la rabia que sentimos cuando somos víctimas de la violencia. En cambio, se debe manejar información de lo que ha funcionado en otros contextos, según la evidencia científica. En este sentido, es importante informarse. Saber que las políticas que han tenido mayor efectividad para hacer un país más seguro son aquellas donde los ciudadanos tienen mayor confianza en las instituciones por su transparencia y respeto a los derechos humanos.

 Difusión

En segundo lugar, creemos que es clave difundir esta información. Y que esta sea acompañada por testimonios de historias exitosas. No solo es necesario dar una serie de datos estadísticos, que para muchos no tendrán mayor significado. A su vez es importante mostrar historias de personas de carne y hueso, que demuestran que sí existe una alternativa a las políticas de mano dura. En Mi Convive, el trabajo en conjunto con líderes comunitarios nos ha permitido ser testigos de casos de éxito; una comunidad a la vez.

 Diálogo

Finalmente, no debemos encerrarnos en hablar solamente con quienes están de acuerdo con nuestras opiniones. Mientras más observadores estén dispuestos a desaprobar el uso de la violencia para frenar el crimen, y sepan que existe una alternativa, mayor será la probabilidad de que la epidemia de letalidad policial termine. Por eso es importante dialogar con aquellos que continúan apoyando este tipo de medidas.

Son pequeños pasos, pero necesarios, para que estos episodios violentos dejen de ocurrir. Y poder salvar, en conjunto, vidas de personas inocentes.

La estrategia de la Policía: reprimir y sembrar el miedo en época de coronavirus

Santiago García y Héctor Navarro

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 “Llegaron unos efectivos policiales, entraron en la comunidad y se llevaron a más de 50 personas por estar después de las 7:00 de la noche fuera de sus casas; incluso por estar parados en sus puertas. No solo jóvenes o adultos, sino también adolescentes”. Este es el testimonio de Ana, residente de Propatria, cuando denunció preocupada cómo la Policía se llevó retenido al sobrino de su novio, un adolescente de 15 años.

Pedro, residente de una comunidad de Catia, expresa a su vez que “cuando aparecen las FAES nadie discute, todo el mundo se mete a sus casas asustado”. Sus vecinos le tienen más miedo a la policía que a la pandemia.

En las últimas semanas, Venezuela y el mundo entero han vivido un cambio radical ante la COVID-19. Las calles que antes estaban congestionadas de tráfico y gente, ahora se encuentran prácticamente vacías y los negocios que no son considerados indispensables permanecen cerrados. Mantener el distanciamiento social y las actividades productivas al mínimo ha sido un reto que todos los gobiernos y ciudadanos han tenido que plantearse.

En todos estos casos las instituciones de seguridad han jugado un papel principal. Solo en Caracas se ha visto un aumento drástico de la presencia policial, con alcabalas en múltiples esquinas, donde la policía se asegura de que las personas usen máscaras e interrogan a los conductores que quieren atravesar de un municipio a otro.

Si bien es verdad que la crisis actual implica que se deben tomar medidas para asegurar el distanciamiento social, historias como las de Juan y Ana, donde la policía instiga miedo en los ciudadanos, nos hace preguntarnos cuáles son las medidas más adecuadas para resguardar la salud de los venezolanos. 

En Venezuela nos encontramos en una situación muy particular. Los organismos de seguridad, desde hace ya varios años, son conocidos por un uso marcado de estrategias que se enfocan en la represión de los ciudadanos. Los ejemplos más visibles de esto son el elevado número de operativos policiales de las Fuerzas Acciones Especiales (FAES) y el establecimiento de alcabalas a lo largo de la ciudad, como las medidas más comunes de seguridad ciudadana. Ambas medidas, además de ineficientes, se han vuelto famosas por promover violaciones de derechos y actos de corrupción por parte de la policía.

Según Monitor de Víctimas, el 40 % de las muertes en Caracas suceden a manos de cuerpos policiales. Esto solo ha promovido la desconfianza entre la ciudadanía y las instituciones de seguridad.

Siguiendo esta lógica represiva, a la hora de promover el distanciamiento social (medida necesaria ante la crisis sanitaria que estamos pasando a nivel mundial), las instituciones de seguridad han hecho lo único que saben hacer: restringir y reprimir. En Catia, por ejemplo, se está prohibiendo el libre tránsito, solamente las personas con un carnet de vialidad o un salvoconducto pueden caminar por la calle, bajo amenaza de ir retenidas. Los negocios, a su vez, solo tienen permitido abrir de 8:00 a 11:00 de la mañana.

Sin embargo, la población de Catia es, en su mayoría, de bajos recursos, como afirma Jesús, otro residente de la zona: “conozco gente que vive del día a día, no salir a trabajar en la mañana significa no comer en la noche”. Debido a esto, múltiples personas deben salir de forma regular a comprar alimentos, y dado el horario restringido en el que pueden operar los comercios, durante tres horas se aglomeran grandes cantidades de personas en un solo lugar.

“Es frustrante, porque quieren que te encierres en tu casa sin información, sin saber la razón de las medidas o qué es lo que se viene. Todo debe cerrar y el que salga va preso, o sea, intimidación a los venezolanos. ¡Nosotros sabemos que estamos en una pandemia! Y que debemos tomar previsiones. Pero tampoco quiere decir que tienen derecho a la agresividad… a violar nuestros derechos… y tampoco proponen soluciones, hay gente mayor y personas que necesitan comprar a diario”, dice Jesús.

Es importante destacar que el distanciamiento social es necesario, sin embargo, las medidas de restricción y represión son inviables en contextos de bajos recursos. Como dice Pedro: “O te mueres de hambre o te mueres del virus”.

Las medidas tomadas están desconectadas de la realidad y necesidades que tienen los venezolanos. Abrir los negocios durante 3 horas al día promueve focos de contagio. Amenazar y meter presas a personas genera miedo entre una población que necesita resolver las necesidades básicas en su día a día.

Las instituciones de seguridad deberían ser organismos que inspiren confianza, que tengan la capacidad de organizar a las comunidades para que mantengan las medidas de sanidad, así como para dar información veraz y útil a la población.

Vivimos una época de incertidumbre, en la que es necesario tomar múltiples previsiones para contener la pandemia. Sin embargo, la realidad de muchos venezolanos presenta unas condiciones críticas, por lo cual sencillamente apuntarles con una pistola para que se queden en casa no es justo ni suficiente. Es un momento en el cual resulta imprescindible que los gobiernos mantengan una comunicación abierta con la ciudadanía para que puedan tomar previsiones y promover medidas ingeniosas que tomen en cuenta las necesidades de las poblaciones más vulnerables. 

Caracas Mi Convive

Caracas Mi Convive es una organización que ha implementado un modelo de intervención social orientado a la prevención y reducción de la violencia delincuencial en las comunidades vulnerables del municipio Libertador de Caracas. Parte de la idea de la convivencia como la antítesis a la violencia y en la posibilidad de conseguirla a través de la organización comunitaria y el fortalecimiento de los liderazgos locales.

Roberto Patiño fundó Caracas Mi Convive en 2013, actualmente, este movimiento social forma parte del equipo técnico en el área de políticas públicas de seguridad ciudadana de Plan País. Cada uno de sus proyectos promueve el derecho a la vida desde diversas aristas: las personas, los espacios, la reparación, y la investigación y comprensión de los patrones de violencia de la ciudad.

Sus actividades se ven reforzadas por el trabajo conjunto que realizan junto con Alimenta la Solidaridad y Sustento, lo que los convierte en una red de iniciativas de formación multidisciplinarias. Las tres iniciativas creen en la transformación social a través de la participación ciudadana y su incidencia en las políticas públicas, para construir una Venezuela democrática, productiva y solidaria. La apuesta es que, con ello, sea posible la Caracas de la convivencia.

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Reingeniería policial: la depuración necesaria
De acuerdo a la ENCOVI 2017, casi 50% de los ciudadanos califican el trabajo policial como malo o muy malo

En Venezuela, la desconfianza existente hacia los cuerpos de seguridad del Estado es una creencia compartida y extensa entre todos los ciudadanos, quienes perciben a los funcionarios policiales como una amenaza y no como grupos de apoyo y resguardo a la vida.

Esta última premisa alcanza el 90% en ciudadanos que residen sectores populares y 84% en los sectores medios y altos (LACSO-OVV, 2015).

Además, para 2017, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI, 2017), casi 50% de los ciudadanos califican el trabajo policial como “malo” o “muy malo” y el 65% de los venezolanos optaba por la no denuncia del delito como respuesta ante la inseguridad.

No obstante, en los últimos años el deterioro de los organismos y su relación estrecha con el crimen, se ha ampliado de forma alarmante.

Según los datos de Monitor de Víctimas en 2018, 50,04% de los homicidios son responsabilidad de fuerzas de seguridad del Estado y las ejecuciones extrajudiciales fueron el móvil del homicidio más reportado (27% del total de homicidios en el Área Metropolitana de Caracas). Además, son reiteradas las denuncias y reclamos ciudadanos que vinculan a los funcionarios policiales en distintos delitos.

Esta percepción y actuación negativa de los policías se ha instaurado en el poder. En Venezuela una primera forma de abordar esta problemática consiste en hacer un proceso de reingeniería del personal policial con el objetivo de desmontar el nivel de penetración del crimen que ha tenido dentro de los organismos de seguridad.

Por ello, desde la Unidad de Conocimiento de Caracas Mi Convive, nos hemos planteado cómo se debería dar este proceso de reforma y depuración policial, basado en experiencias similares en países de la región y la reorganización interna pertinente para mejorar el funcionamiento de los organismos de seguridad.

La depuración colombiana

El proceso de reforma policial en Colombia dio inicio con la llegada al poder del presidente César Gaviria en 1993. Para ese momento, la policía colombiana se encontraba altamente contaminada por organizaciones criminales relacionadas con las mafias del narcotráfico y la desconfianza ciudadana hacia los policías era rotunda. Por lo que la situación de violencia era abrumadora y tenía a la sociedad colombiana aterrorizada por los incesantes actos terroristas que eran perpetrados en las grandes ciudades de Colombia. (Elizondo Mayer-Serra y Magaloni Kerpel, 2009).

El presidente Gaviria asignó la responsabilidad de llevar a cabo esta gran reforma y limpieza policial al entonces ministro de Defensa, Rafael Pardo Rueda. Este último, encomendó la creación de dos grandes “comisiones” de carácter consultivo, una interna y otra externa. En el marco de estas ambas instancias, se aprobó una ley y cincuenta decretos para aplicarla. (Elizondo Mayer-Serra y Magaloni Kerpel, 2009).

En los años siguientes, específicamente entre 1995 a 2001, se abrió el espacio para un amplio proceso de depuración policial . Como eje fundamental de esta “limpieza policial”, fue el denominado “Programa de Transformación Cultural y Mejoramiento Institucional” cuyo Plan de Transparencia permitió la depuración interna, otorgando atribuciones especiales a través de dos decretos presidenciales, al director general de la policía. Particularmente, estos decretos dieron una “facultad discrecional” al director general de la policía de despedir a un policía según la recomendación de los dos comités creados para ello, el Comité de Evaluación de Oficiales Superiores y el Comité de Evaluación de Oficiales Subalternos, sin la necesidad de pasar por una investigación en su contra (Elizondo Mayer-Serra y Magaloni Kerpel, 2009).

Gracias a este proceso de depuración y transparencia policial, según lo reseña el investigador Pablo Casas Dupuy , hubo un impacto importante a lo interno de la institución y se logró elevar la imagen de la Policía e inculcar la consecución de la transparencia y el rechazo policial. Para 2002, casi diez despúes de comenzar la depuración, 72% de los colombianos tenían una imagen favorable de la policía; en 1993, solo 21% valoraban positivamente la acción policial.

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Los femicidios: la escalada de la violencia a puertas cerradas en Caracas

Lucrecia Cisneros y Guillermo Sardi

 La cantante norteamericana Tracy Chapman describe la violencia que sufren las mujeres en “Behind The Wall” (Detrás de la Pared, en español). La canción refleja el tipo de violencia al que mujeres tienden a ser víctimas: a puertas cerradas, por hombres con quienes tienen relaciones de confianza, lo que las hace ser susceptibles a ser callada o subestimada y dificulta que ellas puedan hablar al respecto o hacer la denuncia.

Monitor de Víctimas es una iniciativa conjunta de Caracas Mi Convive y Runrunes que, diariamente, registra las muertes violentas que ingresan a la Morgue de Bello Monte, en Caracas. Según los datos registrados en  2019, hubo 896 muertes violentas en el Área Metropolitana de Caracas, de las cuales 65 fueron mujeres. Esto significa que el 93% de las víctimas fueron hombres, en comparación al 6% de víctimas mujeres. En la mayoría de estos casos, las mujeres eran jóvenes, entre 15 y 44 años, residentes de sectores populares de Caracas, incluyendo las parroquias Baruta, El Valle, La Vega y Sucre.

Las mujeres, cuando son víctimas, también se caracterizan por patrones demográficos similares a los de los hombres; sin embargo, las causas no lo son. La realidad es que las dinámicas detrás de las muertes violentas de mujeres no pueden ser comparables con las de los hombres. Por lo que sus particularidades exigen un proceso de comprensión por sí mismas.

Los homicidios de mujeres son, en muchos casos, femicidios. Es decir, se trata de un acto de violencia extrema contra una mujer por ser mujer.  En la mayoría de los femicidios, las mujeres son asesinadas por hombres con quienes habían mantenido o aún mantienen una relación. En casi la mitad de los casos de mujeres asesinadas en Caracas durante 2019, existía una relación entre la víctima y el victimario, en su mayoría, hombres. Mientras que, en el caso de los hombres, solamente el 14% de las muertes violentas ocurrieron en un contexto donde la víctima conocía previamente al victimario.  

Investigaciones sociales relacionadas a violencia contra la mujer muestran también patrones similares, donde en los femicidios ocurren en contextos donde existe una relación previa con el victimario, a diferencia de las víctimas hombres. La violencia contra la mujer, además, no se limita al homicidio. De hecho, las primeras agresiones suelen pasar desapercibidas y difícilmente son observables. El contexto de sociedad patriarcal ha reforzado su invisibilización, hasta que, poco a poco, la violencia va escalando hasta ser letal. Por ejemplo, los celos son un síntoma que se presenta en las primeras etapas, que posteriormente avanza hacia las agresiones verbales y mensajes controladores que culturalmente han sido aceptados. Finalmente, la violencia contra la mujer se vuelve innegable cuando se da el homicidio o, mejor dicho, el femicidio.

Hay dinámicas que hemos podido identificar entre los testimonios recogidos por Monitor de Víctimas.

          26 años. Asesinada por su pareja en enero de 2019:

          “Su pareja la golpeaba constantemente. El 8 de enero fue brutal. La tuvieron que trasladar al hospital, donde murió 3 días después.”

 

          13 años. Asesinada por su padrastro en julio de 2019:

          “La niña denunció que su padrastro la abusaba. Luego de eso, desapareció. Hallaron su cuerpo en estado de descomposición, 22 días después. Muerte por arma blanca, determinó el forense.”

 

          41 años. Asesinada por su ex-pareja en julio de 2019:

          “Su ex-pareja tenía días buscándola. Esa noche, regresaba de una fiesta junto a su sobrina, cuando él la consiguió. Fue entonces cuando le clavó un puñal en la pierna, que acabó con su vida. Luego, atacó a patadas a la sobrina.”

 

Solo son tres historias de las 65 mujeres asesinadas en 2019. Ellas representan a las víctimas de violencia de género, abusadas de forma crónica y constante por figuras masculinas de su confianza, hasta terminar con su vida.

Hoy, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer, en un intento (valiosísimo) de reforzar la lucha feminista para alcanzar la igualdad de género. La violencia contra la mujer ocurre de forma progresiva y silenciosa, por lo que los casos registrados en Caracas durante 2019 son (nada más y nada menos) que el humo que nos señala la presencia de un incendio en materia de violencia de género.

Cuando se contextualizan las circunstancias vividas por las 65 mujeres asesinadas con otras ciudades de la región, es innegable la alarma que la pérdida de sus vidas representan. Por ejemplo, Ciudad de México es casi 4 veces más grande en población que nuestra capital, sin embargo, desde enero hasta octubre de 2019 registraron menos homicidios de mujeres que Caracas, con un total de 60 mujeres asesinadas. Los femicidios no muestran a todas las mujeres que han sido agredidas o abusadas a lo largo de su vida, porque las estructuras de poder han permitido que históricamente la violencia contra las mujeres sea así: progresiva y silenciosa, hasta que es demasiado tarde.

Nuestra cultura está llena de referentes de victimarios y víctimas hombres, pero muy pocos referentes públicos de mujeres sobrevivientes. Sin embargo, si nos basamos en los datos y en las investigaciones previas, acompañadas de estas 65 víctimas, es posible deducir que existen mucho más casos de violencia silenciosa por razones de género que terminan por ser letales.

En Caracas Mi Convive creemos en la importancia de acompañar a las víctimas, mujeres y hombres, para que alcen la voz contra la violencia que viven, para que puedan organizarse, denunciar y ponerle nombre a sus agresiones y agresores.  Las mujeres merecen ponerle fin a las supuestas “muestras de cariño” bajo las que disfrazan socialmente a la violencia y el abuso. Un paso fundamental es identificar todas las formas de violencia contra la mujer para concientizar los primeros síntomas.

#MonitorDeVíctimas | Caracas Hotspots

Santiago García y Oriana Medina

Una de las características más destacables de los crímenes en cualquier país, es que generalmente se concentran en pocos lugares: segmentos de calles, plazas o avenidas, usualmente denominados “hotspots” o puntos calientes. Pero, ¿cuáles son los hotspots de Caracas?

Para la prevención de los delitos, responder esta pregunta se convierte en una cuestión fundamental. Si conocemos los patrones geográficos del crimen, podemos focalizar recursos y estrategias de prevención para disminuir las tasas de homicidios, secuestros y robos en la ciudad. Para poder observarlos y entenderlos, la organización Caracas Mi Convive, en alianza con runrun.es, geo-localizaron 1.617 muertes violentas registradas por Monitor de Víctimas en el municipio Libertador en un mapa interactivo.

Este mapa de calor muestra que el 34% de los homicidios del municipio se concentran en, tan solo, 12 puntos calientes. Entonces, a través de intervenciones bien focalizadas se podría incidir en 1/3 de las muertes violentas de la ciudad. Pero, al analizar las políticas de seguridad nacionales, se destaca una aproximación comúnmente represiva, donde la prevención y el uso de datos no forman parte del desarrollo de estas propuestas. Actualmente, para prevenir la violencia se ejecutan operativos policiales o alcabalas, cuando las estadísticas demuestran que otro tipo de estrategias podrían ser más efectivas en la reducción del delito.

Por ejemplo, los puntos calientes presentan un conjunto de características urbanas comunes: iluminación precaria, aseo deficiente y aceras o calles rotas que dificultan el libre tránsito. Estos son factores situacionales que promueven el crimen, por lo cual el simple hecho de mejorar la iluminación pública podría disminuir los índices de homicidios en las calles. Esta última es una estrategia que ha demostrado su efectividad en múltiples contextos, por lo que focalizarla en los Hotspots permite un mejor uso de los recursos.

Si te interesa saber más sobre cómo utilizamos los datos para prevenir la violencia, y cuales estrategias se podrían utilizar en el municipio Libertador, visita nuestro story-map: Caracas Hotspots, donde podrás ver en un mapa interactivo cuáles son los puntos calientes que concentran más homicidios del municipio Libertador de Caracas.

Convivir en Caracas es posible, y el uso de estrategias basadas en la evidencia nos permite generar estrategias concretas para conseguir este objetivo. 

https://miconvive.maps.arcgis.com/apps/Cascade/index.html?appid=0fb6dbeca2154542ba99113aa90a78c3