Caracas Mi Convive, autor en Runrun

Caracas Mi Convive

La estrategia de la Policía: reprimir y sembrar el miedo en época de coronavirus

Santiago García y Héctor Navarro

@miconvive

 “Llegaron unos efectivos policiales, entraron en la comunidad y se llevaron a más de 50 personas por estar después de las 7:00 de la noche fuera de sus casas; incluso por estar parados en sus puertas. No solo jóvenes o adultos, sino también adolescentes”. Este es el testimonio de Ana, residente de Propatria, cuando denunció preocupada cómo la Policía se llevó retenido al sobrino de su novio, un adolescente de 15 años.

Pedro, residente de una comunidad de Catia, expresa a su vez que “cuando aparecen las FAES nadie discute, todo el mundo se mete a sus casas asustado”. Sus vecinos le tienen más miedo a la policía que a la pandemia.

En las últimas semanas, Venezuela y el mundo entero han vivido un cambio radical ante la COVID-19. Las calles que antes estaban congestionadas de tráfico y gente, ahora se encuentran prácticamente vacías y los negocios que no son considerados indispensables permanecen cerrados. Mantener el distanciamiento social y las actividades productivas al mínimo ha sido un reto que todos los gobiernos y ciudadanos han tenido que plantearse.

En todos estos casos las instituciones de seguridad han jugado un papel principal. Solo en Caracas se ha visto un aumento drástico de la presencia policial, con alcabalas en múltiples esquinas, donde la policía se asegura de que las personas usen máscaras e interrogan a los conductores que quieren atravesar de un municipio a otro.

Si bien es verdad que la crisis actual implica que se deben tomar medidas para asegurar el distanciamiento social, historias como las de Juan y Ana, donde la policía instiga miedo en los ciudadanos, nos hace preguntarnos cuáles son las medidas más adecuadas para resguardar la salud de los venezolanos. 

En Venezuela nos encontramos en una situación muy particular. Los organismos de seguridad, desde hace ya varios años, son conocidos por un uso marcado de estrategias que se enfocan en la represión de los ciudadanos. Los ejemplos más visibles de esto son el elevado número de operativos policiales de las Fuerzas Acciones Especiales (FAES) y el establecimiento de alcabalas a lo largo de la ciudad, como las medidas más comunes de seguridad ciudadana. Ambas medidas, además de ineficientes, se han vuelto famosas por promover violaciones de derechos y actos de corrupción por parte de la policía.

Según Monitor de Víctimas, el 40 % de las muertes en Caracas suceden a manos de cuerpos policiales. Esto solo ha promovido la desconfianza entre la ciudadanía y las instituciones de seguridad.

Siguiendo esta lógica represiva, a la hora de promover el distanciamiento social (medida necesaria ante la crisis sanitaria que estamos pasando a nivel mundial), las instituciones de seguridad han hecho lo único que saben hacer: restringir y reprimir. En Catia, por ejemplo, se está prohibiendo el libre tránsito, solamente las personas con un carnet de vialidad o un salvoconducto pueden caminar por la calle, bajo amenaza de ir retenidas. Los negocios, a su vez, solo tienen permitido abrir de 8:00 a 11:00 de la mañana.

Sin embargo, la población de Catia es, en su mayoría, de bajos recursos, como afirma Jesús, otro residente de la zona: “conozco gente que vive del día a día, no salir a trabajar en la mañana significa no comer en la noche”. Debido a esto, múltiples personas deben salir de forma regular a comprar alimentos, y dado el horario restringido en el que pueden operar los comercios, durante tres horas se aglomeran grandes cantidades de personas en un solo lugar.

“Es frustrante, porque quieren que te encierres en tu casa sin información, sin saber la razón de las medidas o qué es lo que se viene. Todo debe cerrar y el que salga va preso, o sea, intimidación a los venezolanos. ¡Nosotros sabemos que estamos en una pandemia! Y que debemos tomar previsiones. Pero tampoco quiere decir que tienen derecho a la agresividad… a violar nuestros derechos… y tampoco proponen soluciones, hay gente mayor y personas que necesitan comprar a diario”, dice Jesús.

Es importante destacar que el distanciamiento social es necesario, sin embargo, las medidas de restricción y represión son inviables en contextos de bajos recursos. Como dice Pedro: “O te mueres de hambre o te mueres del virus”.

Las medidas tomadas están desconectadas de la realidad y necesidades que tienen los venezolanos. Abrir los negocios durante 3 horas al día promueve focos de contagio. Amenazar y meter presas a personas genera miedo entre una población que necesita resolver las necesidades básicas en su día a día.

Las instituciones de seguridad deberían ser organismos que inspiren confianza, que tengan la capacidad de organizar a las comunidades para que mantengan las medidas de sanidad, así como para dar información veraz y útil a la población.

Vivimos una época de incertidumbre, en la que es necesario tomar múltiples previsiones para contener la pandemia. Sin embargo, la realidad de muchos venezolanos presenta unas condiciones críticas, por lo cual sencillamente apuntarles con una pistola para que se queden en casa no es justo ni suficiente. Es un momento en el cual resulta imprescindible que los gobiernos mantengan una comunicación abierta con la ciudadanía para que puedan tomar previsiones y promover medidas ingeniosas que tomen en cuenta las necesidades de las poblaciones más vulnerables. 

Caracas Mi Convive

Caracas Mi Convive es una organización que ha implementado un modelo de intervención social orientado a la prevención y reducción de la violencia delincuencial en las comunidades vulnerables del municipio Libertador de Caracas. Parte de la idea de la convivencia como la antítesis a la violencia y en la posibilidad de conseguirla a través de la organización comunitaria y el fortalecimiento de los liderazgos locales.

Roberto Patiño fundó Caracas Mi Convive en 2013, actualmente, este movimiento social forma parte del equipo técnico en el área de políticas públicas de seguridad ciudadana de Plan País. Cada uno de sus proyectos promueve el derecho a la vida desde diversas aristas: las personas, los espacios, la reparación, y la investigación y comprensión de los patrones de violencia de la ciudad.

Sus actividades se ven reforzadas por el trabajo conjunto que realizan junto con Alimenta la Solidaridad y Sustento, lo que los convierte en una red de iniciativas de formación multidisciplinarias. Las tres iniciativas creen en la transformación social a través de la participación ciudadana y su incidencia en las políticas públicas, para construir una Venezuela democrática, productiva y solidaria. La apuesta es que, con ello, sea posible la Caracas de la convivencia.

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Reingeniería policial: la depuración necesaria
De acuerdo a la ENCOVI 2017, casi 50% de los ciudadanos califican el trabajo policial como malo o muy malo

En Venezuela, la desconfianza existente hacia los cuerpos de seguridad del Estado es una creencia compartida y extensa entre todos los ciudadanos, quienes perciben a los funcionarios policiales como una amenaza y no como grupos de apoyo y resguardo a la vida.

Esta última premisa alcanza el 90% en ciudadanos que residen sectores populares y 84% en los sectores medios y altos (LACSO-OVV, 2015).

Además, para 2017, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI, 2017), casi 50% de los ciudadanos califican el trabajo policial como “malo” o “muy malo” y el 65% de los venezolanos optaba por la no denuncia del delito como respuesta ante la inseguridad.

No obstante, en los últimos años el deterioro de los organismos y su relación estrecha con el crimen, se ha ampliado de forma alarmante.

Según los datos de Monitor de Víctimas en 2018, 50,04% de los homicidios son responsabilidad de fuerzas de seguridad del Estado y las ejecuciones extrajudiciales fueron el móvil del homicidio más reportado (27% del total de homicidios en el Área Metropolitana de Caracas). Además, son reiteradas las denuncias y reclamos ciudadanos que vinculan a los funcionarios policiales en distintos delitos.

Esta percepción y actuación negativa de los policías se ha instaurado en el poder. En Venezuela una primera forma de abordar esta problemática consiste en hacer un proceso de reingeniería del personal policial con el objetivo de desmontar el nivel de penetración del crimen que ha tenido dentro de los organismos de seguridad.

Por ello, desde la Unidad de Conocimiento de Caracas Mi Convive, nos hemos planteado cómo se debería dar este proceso de reforma y depuración policial, basado en experiencias similares en países de la región y la reorganización interna pertinente para mejorar el funcionamiento de los organismos de seguridad.

La depuración colombiana

El proceso de reforma policial en Colombia dio inicio con la llegada al poder del presidente César Gaviria en 1993. Para ese momento, la policía colombiana se encontraba altamente contaminada por organizaciones criminales relacionadas con las mafias del narcotráfico y la desconfianza ciudadana hacia los policías era rotunda. Por lo que la situación de violencia era abrumadora y tenía a la sociedad colombiana aterrorizada por los incesantes actos terroristas que eran perpetrados en las grandes ciudades de Colombia. (Elizondo Mayer-Serra y Magaloni Kerpel, 2009).

El presidente Gaviria asignó la responsabilidad de llevar a cabo esta gran reforma y limpieza policial al entonces ministro de Defensa, Rafael Pardo Rueda. Este último, encomendó la creación de dos grandes “comisiones” de carácter consultivo, una interna y otra externa. En el marco de estas ambas instancias, se aprobó una ley y cincuenta decretos para aplicarla. (Elizondo Mayer-Serra y Magaloni Kerpel, 2009).

En los años siguientes, específicamente entre 1995 a 2001, se abrió el espacio para un amplio proceso de depuración policial . Como eje fundamental de esta “limpieza policial”, fue el denominado “Programa de Transformación Cultural y Mejoramiento Institucional” cuyo Plan de Transparencia permitió la depuración interna, otorgando atribuciones especiales a través de dos decretos presidenciales, al director general de la policía. Particularmente, estos decretos dieron una “facultad discrecional” al director general de la policía de despedir a un policía según la recomendación de los dos comités creados para ello, el Comité de Evaluación de Oficiales Superiores y el Comité de Evaluación de Oficiales Subalternos, sin la necesidad de pasar por una investigación en su contra (Elizondo Mayer-Serra y Magaloni Kerpel, 2009).

Gracias a este proceso de depuración y transparencia policial, según lo reseña el investigador Pablo Casas Dupuy , hubo un impacto importante a lo interno de la institución y se logró elevar la imagen de la Policía e inculcar la consecución de la transparencia y el rechazo policial. Para 2002, casi diez despúes de comenzar la depuración, 72% de los colombianos tenían una imagen favorable de la policía; en 1993, solo 21% valoraban positivamente la acción policial.

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Los femicidios: la escalada de la violencia a puertas cerradas en Caracas

Lucrecia Cisneros y Guillermo Sardi

 La cantante norteamericana Tracy Chapman describe la violencia que sufren las mujeres en “Behind The Wall” (Detrás de la Pared, en español). La canción refleja el tipo de violencia al que mujeres tienden a ser víctimas: a puertas cerradas, por hombres con quienes tienen relaciones de confianza, lo que las hace ser susceptibles a ser callada o subestimada y dificulta que ellas puedan hablar al respecto o hacer la denuncia.

Monitor de Víctimas es una iniciativa conjunta de Caracas Mi Convive y Runrunes que, diariamente, registra las muertes violentas que ingresan a la Morgue de Bello Monte, en Caracas. Según los datos registrados en  2019, hubo 896 muertes violentas en el Área Metropolitana de Caracas, de las cuales 65 fueron mujeres. Esto significa que el 93% de las víctimas fueron hombres, en comparación al 6% de víctimas mujeres. En la mayoría de estos casos, las mujeres eran jóvenes, entre 15 y 44 años, residentes de sectores populares de Caracas, incluyendo las parroquias Baruta, El Valle, La Vega y Sucre.

Las mujeres, cuando son víctimas, también se caracterizan por patrones demográficos similares a los de los hombres; sin embargo, las causas no lo son. La realidad es que las dinámicas detrás de las muertes violentas de mujeres no pueden ser comparables con las de los hombres. Por lo que sus particularidades exigen un proceso de comprensión por sí mismas.

Los homicidios de mujeres son, en muchos casos, femicidios. Es decir, se trata de un acto de violencia extrema contra una mujer por ser mujer.  En la mayoría de los femicidios, las mujeres son asesinadas por hombres con quienes habían mantenido o aún mantienen una relación. En casi la mitad de los casos de mujeres asesinadas en Caracas durante 2019, existía una relación entre la víctima y el victimario, en su mayoría, hombres. Mientras que, en el caso de los hombres, solamente el 14% de las muertes violentas ocurrieron en un contexto donde la víctima conocía previamente al victimario.  

Investigaciones sociales relacionadas a violencia contra la mujer muestran también patrones similares, donde en los femicidios ocurren en contextos donde existe una relación previa con el victimario, a diferencia de las víctimas hombres. La violencia contra la mujer, además, no se limita al homicidio. De hecho, las primeras agresiones suelen pasar desapercibidas y difícilmente son observables. El contexto de sociedad patriarcal ha reforzado su invisibilización, hasta que, poco a poco, la violencia va escalando hasta ser letal. Por ejemplo, los celos son un síntoma que se presenta en las primeras etapas, que posteriormente avanza hacia las agresiones verbales y mensajes controladores que culturalmente han sido aceptados. Finalmente, la violencia contra la mujer se vuelve innegable cuando se da el homicidio o, mejor dicho, el femicidio.

Hay dinámicas que hemos podido identificar entre los testimonios recogidos por Monitor de Víctimas.

          26 años. Asesinada por su pareja en enero de 2019:

          “Su pareja la golpeaba constantemente. El 8 de enero fue brutal. La tuvieron que trasladar al hospital, donde murió 3 días después.”

 

          13 años. Asesinada por su padrastro en julio de 2019:

          “La niña denunció que su padrastro la abusaba. Luego de eso, desapareció. Hallaron su cuerpo en estado de descomposición, 22 días después. Muerte por arma blanca, determinó el forense.”

 

          41 años. Asesinada por su ex-pareja en julio de 2019:

          “Su ex-pareja tenía días buscándola. Esa noche, regresaba de una fiesta junto a su sobrina, cuando él la consiguió. Fue entonces cuando le clavó un puñal en la pierna, que acabó con su vida. Luego, atacó a patadas a la sobrina.”

 

Solo son tres historias de las 65 mujeres asesinadas en 2019. Ellas representan a las víctimas de violencia de género, abusadas de forma crónica y constante por figuras masculinas de su confianza, hasta terminar con su vida.

Hoy, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer, en un intento (valiosísimo) de reforzar la lucha feminista para alcanzar la igualdad de género. La violencia contra la mujer ocurre de forma progresiva y silenciosa, por lo que los casos registrados en Caracas durante 2019 son (nada más y nada menos) que el humo que nos señala la presencia de un incendio en materia de violencia de género.

Cuando se contextualizan las circunstancias vividas por las 65 mujeres asesinadas con otras ciudades de la región, es innegable la alarma que la pérdida de sus vidas representan. Por ejemplo, Ciudad de México es casi 4 veces más grande en población que nuestra capital, sin embargo, desde enero hasta octubre de 2019 registraron menos homicidios de mujeres que Caracas, con un total de 60 mujeres asesinadas. Los femicidios no muestran a todas las mujeres que han sido agredidas o abusadas a lo largo de su vida, porque las estructuras de poder han permitido que históricamente la violencia contra las mujeres sea así: progresiva y silenciosa, hasta que es demasiado tarde.

Nuestra cultura está llena de referentes de victimarios y víctimas hombres, pero muy pocos referentes públicos de mujeres sobrevivientes. Sin embargo, si nos basamos en los datos y en las investigaciones previas, acompañadas de estas 65 víctimas, es posible deducir que existen mucho más casos de violencia silenciosa por razones de género que terminan por ser letales.

En Caracas Mi Convive creemos en la importancia de acompañar a las víctimas, mujeres y hombres, para que alcen la voz contra la violencia que viven, para que puedan organizarse, denunciar y ponerle nombre a sus agresiones y agresores.  Las mujeres merecen ponerle fin a las supuestas “muestras de cariño” bajo las que disfrazan socialmente a la violencia y el abuso. Un paso fundamental es identificar todas las formas de violencia contra la mujer para concientizar los primeros síntomas.

#MonitorDeVíctimas | Caracas Hotspots

Santiago García y Oriana Medina

Una de las características más destacables de los crímenes en cualquier país, es que generalmente se concentran en pocos lugares: segmentos de calles, plazas o avenidas, usualmente denominados “hotspots” o puntos calientes. Pero, ¿cuáles son los hotspots de Caracas?

Para la prevención de los delitos, responder esta pregunta se convierte en una cuestión fundamental. Si conocemos los patrones geográficos del crimen, podemos focalizar recursos y estrategias de prevención para disminuir las tasas de homicidios, secuestros y robos en la ciudad. Para poder observarlos y entenderlos, la organización Caracas Mi Convive, en alianza con runrun.es, geo-localizaron 1.617 muertes violentas registradas por Monitor de Víctimas en el municipio Libertador en un mapa interactivo.

Este mapa de calor muestra que el 34% de los homicidios del municipio se concentran en, tan solo, 12 puntos calientes. Entonces, a través de intervenciones bien focalizadas se podría incidir en 1/3 de las muertes violentas de la ciudad. Pero, al analizar las políticas de seguridad nacionales, se destaca una aproximación comúnmente represiva, donde la prevención y el uso de datos no forman parte del desarrollo de estas propuestas. Actualmente, para prevenir la violencia se ejecutan operativos policiales o alcabalas, cuando las estadísticas demuestran que otro tipo de estrategias podrían ser más efectivas en la reducción del delito.

Por ejemplo, los puntos calientes presentan un conjunto de características urbanas comunes: iluminación precaria, aseo deficiente y aceras o calles rotas que dificultan el libre tránsito. Estos son factores situacionales que promueven el crimen, por lo cual el simple hecho de mejorar la iluminación pública podría disminuir los índices de homicidios en las calles. Esta última es una estrategia que ha demostrado su efectividad en múltiples contextos, por lo que focalizarla en los Hotspots permite un mejor uso de los recursos.

Si te interesa saber más sobre cómo utilizamos los datos para prevenir la violencia, y cuales estrategias se podrían utilizar en el municipio Libertador, visita nuestro story-map: Caracas Hotspots, donde podrás ver en un mapa interactivo cuáles son los puntos calientes que concentran más homicidios del municipio Libertador de Caracas.

Convivir en Caracas es posible, y el uso de estrategias basadas en la evidencia nos permite generar estrategias concretas para conseguir este objetivo. 

https://miconvive.maps.arcgis.com/apps/Cascade/index.html?appid=0fb6dbeca2154542ba99113aa90a78c3