Trotsky y la CANTV, por Julio Castillo Sagarzazu - Runrun
Trotsky y la CANTV, por Julio Castillo Sagarzazu
Para que todo le funcione al régimen es necesaria la opacidad. En el caso de la CANTV, no se sabe cuáles son los números de la empresa

 

@juliocasagar

A León Trotsky le costó caro no entender lo que estaba pasando en la Unión Soviética. Un sicario de Stalin (que amaba a los perros y terminó paseándolos por las playas cubanas de Varadero) le hundió un piolet de alpinista en el cráneo y suprimió, con ese golpe, la competencia en el mundo del marxismo. Los herederos de Trotsky, como era de esperarse de cualquiera trotskista que se respete, terminaron dividiéndose y subdividiéndose cada vez que se veían al espejo o se sentaban en un encuentro a debatir. Stalin sabía lo que hacía.

Trotsky, preso en la jaula de esa religión laica que es el marxismo, se enredó todo a la hora de caracterizar a la nomenclatura soviética. Pensó, mecánicamente, que como los medios de producción de la URSS estaban en manos del Estado, no podía llamársele clase a los burócratas que los usufructuaban. No entendió que los privilegios de aquellos burócratas venían de los excedentes que Marx llamaba plusvalía, aunque ellos no fueran los accionistas de los entes que los producían. Con esta confusión metodológica, prefirió llamar a esa burocracia estalinista una “casta parasitaria”

La famosa frase de Marx: “El ser social determina la conciencia social” ha podido servirle para explicar el fenómeno que tenía ante sus ojos. Pero, lo repetimos, era esclavo del fetichismo marxista, que afirmaba que la conciencia se determina por el lugar que tengas en las relaciones sociales de producción.

En realidad, el análisis del asunto iba más por el lado de Jung y de Freud, que por el lado de Marx y Engels. Jung, explicando la existencia de un “inconsciente colectivo” que precedía a los inconscientes individuales y Freud, atribuyendo la conciencia y el inconsciente a impulsos interiores, entre los que la libido jugaba un papel preponderante.

En efecto, solo saliéndonos de la caja de razonamiento influida por el marxismo, se puede entender cómo funciona la mecánica de la conciencia y el poder en expresiones como las de la burocracia estalinista o en la de los promotores del socialismo del siglo XXI.

Hoy, cuando algunos se deslumbran y cantan la muerte del pensamiento económico y político de Chávez, porque Maduro acaba de anunciar que pondrá a la venta el 10 % de las acciones de la CANTV, valdría la pena pasearse por estas consideraciones.

En realidad, lo que ha ocurrido y también pasó con Chávez, es que toda elite gobernante, para mantenerse en el poder, busca la manera de crear su propia estructura de privilegios económicos y sociales. Los fenómenos de la burocracia soviética y el del llamado socialismo del siglo XXI, ocurrieron en medio del capitalismo y, por consiguiente, en medio de los “inconscientes” y valores de este.

Como los ideales políticos del socialismo no pudieron concretarse en ninguna parte, al menos no de la manera clásica, como etapa intermedia entre la dictadura del proletariado y el comunismo, tal como lo programaran Marx y Engels, entonces, tampoco cultural y espiritualmente pudo el socialismo construir ninguna conciencia socialista, con códigos de conducta, éticos y estéticos.

En países donde el llamado “socialismo real” llegó a gobernar, se creó una clase, una casta (como quiera llamarse) que cambió las fechas patrias, las banderas, los himnos, las parafernalias protocolares, pero continuó aferrada a los privilegios que da el poder y haciendo lo indecible para defenderlos.

De manera que, regresando al punto inicial, los burócratas del socialismo del XXI lo que ha hecho es crear para sí un mecanismo de reproducción del capital en el que lo único importante es que se garanticen los privilegios materiales y el nivel de vida que han alcanzado hasta hora.

Es de esa manera que hay que interpretar la frase “el ser social determina la conciencia”. Como hemos dicho en otras notas, la llamada ley antibloqueo, es eso lo que busca. En latín vulgar puede traducirse como: “puedes hacer toda la plata que quieras, si eres mi pana, te garantizamos que no tendrás problemas sindicales, que puedes depredar el ambiente y que puedes llevarte por delante las leyes”

Para que todo esto funcione es necesaria la opacidad y la falta de transparencia. En el caso de la CANTV, por ejemplo, no se sabe cuáles son los números de la empresa: no sabemos si ya Carlos Slim, pana de AMLO, ya compró Movilnet a la que desagregaron de la CANTV. Venezuela es un país, estimado lector, donde ni siquiera sabemos cuánto es el presupuesto nacional.

Algunos dicen que es buena esta decisión y que es un paso en la dirección correcta. Es verdad, es buena. Tan buena como darle un analgésico a quien padece una grave infección. Mitigarle el dolor es un acto piadoso, pero si no se la da un antibiótico, no se curará la causa de sus males. El antibiótico que Venezuela necesita es el del cambio político. Las medidas aisladas son pequeñas dosis de analgésicos que no resolverán el problema de fondo. Todo lo contrario, van en la vía de afianzar un modelo que no es el que Venezuela necesita.

No perder este foco es básico para que no nos desviemos por meandros que solo nos harán más largo y complejo llegar a la meta deseada: recuperar la democracia y la libertad para que tengamos las condiciones necesarias para una verdadera y sostenible recuperación económica.

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