Jugar con y sin el balón, por Julio Castillo Sagarzazu - Runrun
Jugar con y sin el balón, por Julio Castillo Sagarzazu
No solo es importante diseñar estrategias para el juego visible, cuando se tiene el balón. Sino también para cuando no se tiene control del esférico

 

@juliocasagar

El ideólogo del “fútbol total” Rinus Michels, director técnico que convirtió a la selección holandesa en “La Naranja Mecánica”, defendía la tesis según la cual “todos debían defender y todos debían atacar”. Además, que no había posición fija y que los jugadores debían desplazarse en el campo y realizar las labores asignadas a otro compañero; independientemente de la posición original de la alineación y de que se tuviera o no posesión de la pelota.

Extrapolado a la política en Venezuela hoy podemos afirmar que no solo es importante diseñar estrategias para el juego visible, cuando se tiene el balón, sino también para cuando no se tiene control del esférico.

Hoy en día es natural que la atención de los liderazgos políticos venezolanos esté centrado en las próximas elecciones del 21 de noviembre. Una elección es un hecho político mayor, independientemente de la opinión que se tenga de ella. Incluso una elección en Cuba, en Corea del Norte o en Nicaragua es un episodio que gravita sobre la vida de sus habitantes y suele ser una ocasión para que el mundo se pronuncie sobre ellas.

En notas anteriores hemos comentado sobre la manera errática como una buena parte del liderazgo opositor se ha comportado frente a este desafío y cómo esa conducta ha comprometido unos resultados que habrían podido ser auspiciosos y un paso hacia adelante en la lucha por recuperar nuestra democracia y nuestra libertad.

Pero, como suele ocurrir en la mayoría de los eventos de este tipo, no es correcto juzgarlos con generalizaciones o con una opinión unidimensional sobre ellos. Por su propia naturaleza, las elecciones regionales son la suma de muchas realidades que conforman una más compleja e interesante. Es evidente que este proceso ha servido para ver cómo los liderazgos se han comportado de manera diferente en uno y otro lugar y como, en algunos sitios (dependiendo de la manera como ese liderazgo se ha conducido), producirá resultados diferentes. Y, en conclusión, análisis diferentes.

Sobre el 21 de noviembre se seguirán haciendo interpretaciones diferentes por mucho tiempo. Este escribidor se queda con lo que ha observado desde el sitio de los acontecimientos y que resumo, brevemente y al día de hoy, aun sin conocer los resultados: una cantidad importante de dirigentes, nuevos y no tan nuevos, han sido investidos como candidatos a muchos cargos de elección popular. Son los mismos que durante años han estado en las marchas, activando políticamente desde su sitio de acción. Muchos de ellos han propiciado o construido en su entorno grupos activos de resistencia y organización popular al régimen.

El despliegue de estos líderes ha producido, como era obvio, un área de expectativas importante. Es innegable que un sector de la gente que nos ha venido acompañando se ha animado a reagruparse para participar en el proceso como una manera de continuar la lucha política. Es verdad también que, producto de la “mala praxis” del liderazgo opositor, pareciera haberse detenido o, al menos, no ha seguido creciendo con la misma velocidad.

Sin embargo, al final del día, muchos de estos líderes quedarán electos en los cargos para los que se han postulado. Este será un dato de la realidad política: convivirán opositores que fueron a votar y otros que se han quedado en sus casas. Quizás, la afirmación de hace unos días del presidente Guaidó, asegurando que “la oposición está compuesta por quienes irán a votar y por quienes no lo harán”, traduce de manera sencilla y eficiente esta realidad que estamos tratando de describir.

No cabe duda que quienes están participando y, sobre todo, quienes salgan electos son los que, en este momento, estarán jugando con la posesión del balón. En la tesis del “fútbol total”, todos deberíamos estar acompañando esos nuevos núcleos de liderazgo legitimados popularmente que verán la luz luego del 21 de noviembre; y tratando de que se conviertan en un pivote de la lucha por la reconquista de la democracia en Venezuela.

También, de acuerdo con la misma teoría, quienes no seamos electos a ninguna posición, tenemos el deber de jugar sin el balón. Armando juego, atacando y defendiendo; aliviando la marca de los goleadores; haciendo fintas y tratando de desarmar la estrategia del adversario.

Jugar bien sin tener el balón es tan importante como cuando se tiene.

Eso fue lo que hizo grande a Xavi Hernández, quien seguramente nunca será “pichichi” de la liga, pero sin el cual ni el Barca, ni España, hubiesen llegado tan lejos.

Decían nuestros abuelos que “una de las cosas buenas de la creación es que Dios había hecho un día después del otro”. El 22 nos encontraremos todos en el vestuario y es necesario salir a diseñar la nueva estrategia. Es evidente que habrá terminado una ronda del campeonato. En España llaman “campeón del verano” a quien se encuentre en la punta en ese momento. Ese no es el campeón de la Liga, pero igual es una fecha propicia para revaluar y para analizar qué ciclos se han cumplido y cuáles deben comenzar.

A nuestro juicio, ese día se cierra un ciclo y debería comenzar otro: ya no habrá Plataforma Unitaria como la conocimos; habrá nuevos liderazgos locales. La negociación de México continuará. La comunidad internacional tendrá una palabra a decir. Pero sobre todo, los problemas del país continuarán agravándose. Y la necesidad del cambio seguirá siendo urgente.

Los desafíos deberán enfrentarse con nuevos métodos y con nuevas herramientas.

De alguna manera, como en el dominó cuando el juego se tranca, habrá que contar y coger piedras nuevas para comenzar otro partido. Quizás también haya diferentes jugadores.

¡Ya veremos!

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