La estupidez se congrega, por Armando Martini Pietri - Runrun
La estupidez se congrega, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Hay que machacar hasta la saciedad que la politiquería oportunista, tracalera, de trueque y cambalache, de indisimulado servilismo negociador no logrará una transición, al contrario, es el colmo de la estulticia y la estupidez.

Que se diga al empresariado que en Venezuela los esperan con los brazos abiertos, es indicio de que el oficialismo anda sumido en la desesperación por necesidad de socorro. Ignora lo que es trabajar en y con una empresa seria, responsable, además de cómo funcionan las naciones libres que prosperan. 

Quizás encontraron ánimo en la súplica importadora. Lo que en realidad pretenden es la búsqueda de aliados patrocinadores contra las sanciones que asfixian a un régimen al cual casi ni habría que sancionarlo, dada la torpeza que destruyó la que fuera una nación de primera categoría. ¿Creen que vendrán empresas para generar recursos a quien los sustrae, habituado a manipular y mentir?

Lo que anhelan es premiar a corruptos, atiborrados de dinero mal habido que no pueden disfrutar en lejanías, dándoles oportunidad de colocar el patrimonio robado en bienes y empresas que el sistema arrebató y quebró. El pranato no tiene alternativa. Mejor en la patria, que investigado, buscado y congelado afuera.

¿Puertas abiertas de quien ha combatido feroz la iniciativa privada, repleto de leyes controladoras y represivas? De un régimen que, con todo a su favor permitió que el país se convierta en zona franca de corrupciones, traficantes, fanáticos, extremistas, cuatreros de lo que caiga, que ha hecho de la falsedad y simulados compromisos, su política.

El que deambule por las redes sociales se dará cuenta, fácilmente, de cómo está el panorama. A pesar de una minoría de cabezas huecas que todavía confían en el castrismo. Pero existe una descomunal mayoría de críticos que denuncian incumplimientos y aberraciones que se comenten.

Muchos salieron a protestar contra el despotismo exigiendo cambio, porque se hizo un llamado. En Venezuela no existe sociedad civil que se movilice por iniciativa propia para proteger derechos, futuro y vida. Por desgracia el régimen lo sabe y se aprovecha. Afortunadamente, está cambiando.

Que el régimen llegara a extremos dictatoriales es su pecado. Pasado el tiempo, la culpa de lo que pasa ya no la tiene el absolutismo miserable, la tenemos los ciudadanos que le permitimos hacer su voluntad. El mayor drama de Venezuela no es el gobierno -que lo es- y las injusticias que comete -que lo son-, la tragedia es la sociedad, que, a pesar de todo, sigue inmóvil, paralizada. ¿Estamos a tiempo para despertar? Sí, pero de seguir, cuando despertemos será una Venezuela castro-soviética.

Lo importante no es la desunión sino la voluntad. Se habla con crítica, indignación y frustración de que la oposición está desunida e incapaz de enfrentar a un oficialismo unido por conveniencias e intereses. No son pocos los que señalan el castro-madurismo está desavenido, en grupos que se dan dentelladas discretas, pero dolorosas.

La desunión, en el caso opositor es característica democrática. La diferencia en la desunión chavista es que las diferencias son cuotas de poder, manejos turbios y supervivencia. Muy pocos criticaron la injerencia castro-cubana. Eran otros tiempos, fáciles de pontificar sin conocimiento, estatizar sin condiciones, derrochar a placer, se disponía de extraordinarios recursos. Sobró el dinero, pero faltó conciencia. No es que el madurismo no haya tenido culpas, nació parido del castro-chavismo y los que formaron parte son responsables. Ninguno puede dar lecciones de ética, ni quitarse responsabilidades.

El interino, es irrelevante. No quiso, no pudo, no lo dejaron cumplir lo prometido, pero lo reconoce el mundo libre y democrático. Levantó la fuerza de la esperanza para luego malversarla con errores, engaños, burla y desacato de ambas consultas populares y pactos inconsultos.

No todos se han ido, aunque hayan sido y sigan siendo demasiados los que inquieren futuro. Quedan los que continúan luchando, plantando cara a la injusticia y estupidez. Ganándose la vida, peleando derechos y deberes. Sobre ellos se sostiene la Venezuela que no termina de bajar la cabeza, que, al contrario, batalla con su alrededor y mantiene alta la mirada. Porque la patria se fortalece con la voluntad de quienes creen en ella como propia y destino.

Lo embarazoso en Venezuela es la monumental corrosión de la moral, ética y orgullo venezolano; la propagación de la corrupción, chantaje y soborno como costumbre, desgaste de la honorabilidad, ruina de la economía, es todo eso y mucho más.

La construcción de un país pasa por el esmero en el emprendimiento, cumplimiento del deber, ablución purificante de la realidad venezolana de pícaros, nocivos, negociadores y demás indignidades.

No hay un solo rasgo de la venezolanidad que no haya sido humillado por esta revolución bolivariana socialista del siglo XXI. El rescate será colosal, de largo desarrollo e implacable carácter para el cumplimiento de un plan para frenar el mal, salvamento y reconstrucción del espíritu de forjar bienestar y honor.

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