El rechazo y descredito del régimen castrocomunista, es innegable. La creciente furia ciudadana se manifiesta en reclamos diarios por lo elemental, además del no reconocimiento por el mundo libre y democrático. ¿Cómo prever a dónde vamos y qué sucederá? La única certeza es la incertidumbre. Por ello, habrá que tomar decisiones apremiantes, transcendentales, con la oposición ciudadana de protagonista. El estadista tiene como virtud la coherencia y el coraje. No significa estar libre de miedo, sino que, a pesar de él, continúa adelante, sin desánimo. Incluso cuando otros se desmoronan.
La clave: unidad de la oposición ciudadana
Para abrir perspectivas a la esperanza de un cambio radical es imperativo la unión de la oposición ciudadana. La unidad es un concepto inestimable para malbaratarlo en estratagemas politiqueras. Se construye alrededor de objetivos definidos, códigos de ética y conducta. De allÃ, lo absurdo, insensato e irresponsable para salir del régimen  mezclar a quienes se lo proponen con los que quieren sabotearlo; cohabitadores y cómplices del dislate castromadurista.
Afortunadamente, la ciudadana ha dejado de lado y en el olvido a los que entregaron los mejores momentos de la lucha por la libertad. La unidad es anhelo para rechazar al castrismo. No para convivir con él.
El denominador común debió ser, como sigue siendo y será, salir de la afrenta que nos apesadumbra. La relación con Cuba es simbiótica, una invasión consentida; por lo que es impresentable, inadmisible tanto por ética como viabilidad polÃtica, la idea de avenencia con quien esclaviza y produce miseria.
Venezuela desespera buscando alternativa, luego del provechoso fracaso del G4 e individualidades que la dirigieron por años. ¿Quién, cuándo, cómo, dónde aparecerá? No se sabe, pero está allÃ, surgirá y será invencible. Un lÃder debe poseer principios y valores, impulsar una plataforma donde participen los comprometidos con el desalojo del ultraje, excluyendo a coautores corruptos y colaboradores que pretenden unirse para perjudicar y boicotear.
Inspirar, luego del cese de la usurpación, un gobierno interino amplio, de los mejores, alejado del sectarismo, que rinda cuentas y se centre en elecciones libres. No la estulticia de una administración compartida, inconsulta e inaceptable. Planteando falsas soluciones con diálogos imposibles que continúan a espaldas del paÃs y, lo peor, con el propósito de lograr un gobierno de emergencia nacional con participación de la ignominia que nos subyuga. Â
Ya no es oposición dividida, enfrentada, es la unión ciudadana frente a la estrategia fracasada. La venezolanidad debe tener propósito de liberar y democratizar para desmontar el poder excesivo, opresor y corrupto. Jamás para compartirlo con la delincuencia. Lo que viene no será fácil para lÃderes y dirigentes. Deberán ponerse al lado de la ciudadanÃa abrumadoramente mayoritaria, o ser barridos por el huracán de libertad y democracia.
La libertad no convive con el totalitarismo
Los que la desean son analfabetas incapaces, solo que su soberbia los hace campeones del error. Aunque crean a los demás equivocados. La nómina del fracaso, mariscales de la derrota prometen ahora lo que nunca pretendieron cumplir. Felizmente, nadie les cree, han provocado su propio vacÃo, repleto de mediocridad, hipocresÃa y en su raquitismo socialista no comprenden que el problema es el comunismo.
Cuando experimentas adversidad, no te paralizas ni desesperas. Encuentras confianza, sigues adelante, te mantienes fiel, peleas y piensas en las otras personas además de ti. ¿Cómo predecir el futuro? PodrÃa ser una noticia sorprendentemente buena. O una peor de la que podemos imaginar. Lo que sabemos, con cierta certeza, es lo que está bajo nuestro control, es lo que aportamos a la vida.
Errores y mentiras han llevado a un escenario desesperanzador. Ingenuo pensar que haciendo lo mismo se obtendrán resultados distintos. El escenario actual es de dispersión y desconfianza, por lo que debe conformarse una unidad ciudadana real de propósitos, liderazgo firme, incluyente, con lÃderes respetados que generen confianza, digan la verdad e inspiren futuro. Descartando a los asaltantes de las finanzas públicas, infiltrados y costeado opositores; diputados y dirigentes que cohabitan sin rubor ni pudor.
La dura realidad es que el cese de la usurpación ha sido neutralizado por imbéciles que, en su locura interesada y electorera, proponen prolongar la duración usurpadora, y, por lo tanto, la agonÃa de los venezolanos. Sin embargo, hay propuesta alternativa para lograr la liberación de Venezuela. Pero exige coordinar ayuda interna y externa en una estrategia sólida, un liderazgo confiable y apuntalada en el espÃritu libertario e indoblegable del venezolano.
El paÃs no puede ni debe limitarse a escoger entre la permanencia ilÃcita e indefinida, o la duración imprecisa interina.Â
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