La era Sanders II, por Vicente E. Vallenilla - Runrun
Feb 23, 2020 | Actualizado hace 1 mes

@vicevall   

 

Hace cuatro años indicamos, durante las primarias del partido demócrata en EUA, que el senador Bernie Sanders tenía una plataforma política que trascendería más allá de ese proceso, y eventualmente más allá de la elección presidencial, porque ese  planteamiento -inédito a ese nivel- parecía despertar entusiasmo en parte de la juventud y ello podía convertirse en un punto de inflexión en el partido demócrata y en la política doméstica como un todo, donde el debate clásico se extendía desde lo “conservador” hasta lo “progresista” o centro-izquierda; nunca hasta lo “socialista”. De modo que aquel giro a una izquierda plus, no nos parecía que entraría en el olvido por la retirada de Sanders, sino que ese movimiento podría más bien intensificarse en el futuro. 

El programa del senador Sanders proponía salidas revolucionarias a problemas esenciales que el estado liberal establecido no parecía afrontar o no podía ideológicamente resolver. El programa creó una conmoción limitada, pero que posiblemente obligó a la precandidata Clinton en forma tímida a tomar algunas de aquellas propuestas. Sanders perdió la nominación, pero había dejado el mensaje incorporado en el debate político. vid. La era Sanders.

Ha transcurrido todo un período presidencial con firme empuje a la reelección del presidente. El senador Sanders está allí de nuevo, repitiendo su plataforma con adaptaciones, buscando la nominación de su partido.

La coyuntura política nacional e internacional en el 2020 está lejos de ser aquella de los días del presidente Obama que hoy lucen bucólicos en comparación además con lo telúrico del presente.

El sistema internacional enfrenta cambios y EUA avanza en el marco de las premisas establecidas con claridad cristalina en el programa de gobierno actual, las cuales si ya eran antagónicas a la plataforma del precandidato Sanders en su versión 2016, ahora lo son mucho más en la v. 2020.

De modo que su renovado, pero persistente planteamiento va a sacudir aun más los cimientos de la política doméstica, si es que es elegido por el partido demócrata.

Algunas consideraciones

*En primer lugar, la coyuntura política en EUA indica que hay un país más dividido que en el 2016. Por una parte, el presidente Trump está consustanciado con un grueso grupo de votantes que aspira a que el país retome el camino del país líder, de la libre empresa en marco nacionalista, propiedad privada, no intervencionismo, democracia liberal dirigida, estado de derecho protector y garante del sistema político; rol de hegemonía mundial. La evidencia indica que Trump ha satisfecho las expectativas de esa parte de la población, según lo indican las estadísticas de apoyo a su gestión. Por el otro, un sector de la población radicalmente opuesto a esa política. Allí encuentra asidero el partido demócrata con sus variantes.

Además, estimulando la dialéctica están las redes sociales y medios de información participando abiertamente e inclinados hacia uno de los dos lados. La actividad parlamentaria definida por su confrontación partidista.

*Segundo. El partido demócrata tiene que escoger un candidato. En lo ideológico. Sanders concuerda con la senadora E. Warren en lo substantivo, pero lejos de Michael Bloomberg, o de los aspirantes P. Buttigieg o de Amy Klobuchar, quienes no se asimilan a la corriente más radical.

*Tercero. La interacción internacional se ha ido intensificado. La dinámica política en EUA y la formulación de una política exterior norteamericana sin precedentes, en su forma y fondo, ha tenido consecuencias en las políticas exteriores de otros estados y como resultado ha sido de enorme impacto en la política internacional (entiéndase esta última como la totalidad de las políticas exteriores en interacción y conflicto). De modo que se ha establecido una nueva generación de relaciones entre el resto de la comunidad internacional y los Estados Unidos. La cada vez más compleja red estructural de las finanzas, del comercio, de las comunicaciones y de la política de poder político hace que las repercusiones tengan carácter global a gran velocidad.

*Cuarto. No sabemos quién ganará la nominación demócrata. Si la gana Sanders, se planteará un debate fundamentalmente ideológico, conceptual. Basta recordar que en el pasado, ideas de cambio tímidamente “extremas” fueron vistas bajo sospecha en los tiempos posteriores a la segunda mitad del siglo XX, cuando se determinó que ese tipo de planteamiento era “enemigo potencial de la sociedad”, y surgió la llamada era del “Segundo Miedo Rojo” y la del McCarthyismo, que llevó a la supresión o autocensura. Ello paulatinamente fue perdiendo intensidad en los siguientes setenta años. Es decir, hasta ahora.

*Quinto. Sin ese velo prohibitivo del pasado bipolar, el candidato Sanders de ganar las primarias, avanzaría en aquellas ideas expuestas de manera general en el año 16. Si gana otro candidato, excepto la senadora Warren, el debate nacional volvería por sus fueros tradicionales.

Habría dos programas en la primera hipótesis de escenario. Trump vs. Sanders. Ambos definidos como antagonistas e irreconciliables entre los bandos republicano y demócrata.

El lado Sanders planteando un socialismo “made in the USA”, como forma de sistema político con educación y salud como elementos centrales estratégicos. Reformas de las estructuras del Estado liberal y de una participación estatal. Cambios en el sistema impositivo, en la reforma institucional, y otras tantas medidas del repertorio del centro-izquierda.

En el otro extremo, se plantearía una aceleración y profundización de ideas programáticas del primer período (según algunas mediciones, el Pres. Trump ha pasado su discurso de ser “Conservador Moderado” entre el 2016 -2017, a “Conservador Duro” desde el 2017 al presente) con cortes impositivos, desregulación, gasto militar, así como, profundización de los temas de política exterior en los campos de: comercio exterior (México, Canadá, UE), globales-regionales (Venezuela, Cuba), medio ambiente (cambio climático),  conflictos político militares (Irán, Corea del Norte, Irak, Afganistán) Medio Oriente (Siria, Israel, Palestina), inmigración (México), terrorismo, entre otros (listados no exhaustivos).

*Por último, si se dan las premisas anteriores y se desata ese debate antagónico que se centraría entre lo “pernicioso” o lo “benefactor” del socialismo, entonces el “caso Venezuela” como modelo “socialista” estaría en el centro del mismo. Este es el elemento nuevo que no estaba en la pantalla en 2016.  De hecho, ello parece haberse iniciado ya en el discurso sobre el Estado de la Unión.

De modo que Venezuela podría pasar de representar un conflicto prioritario de política exterior, para convertirse adicionalmente en un elemento de discusión en la campaña, al poner en el banquillo del examen cruzado el planteamiento socialista como modelo. Esa sería parte de la artillería pesada disuasiva de la candidatura republicana.

La estrategia a seguir para algunos demócratas pareciera entonces la de actuar “unidos” a la política de Trump frente al caso Venezuela para neutralizar y desmontar una homologación ideológica. Es difícil que el “efecto del socialismo” en la campaña no afecte la decisión de aquellos votantes que se han sentido atraídos desde el 2016 por la plataforma radical del sector demócrata. Podría ser uno de los argumentos fuertes en contra del partido demócrata. En consecuencia, veremos si logra remontar ese escollo o, si esa Era, entra en el olvido.

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