Carlos Julio Rojas fue enviado a una celda de castigo y le suspendieron las visitas

Carlos Julio Rojas, periodista y activista venezolano, continúa recluido en condiciones de aislamiento en la sede del Sebin en El Helicoide, tras haber sido presuntamente agredido por al menos tres compañeros de celda. En lugar de protegerlo, lo trasladaron a una celda de castigo conocida como “el Tigrito”, donde permanece sin visitas, llamadas ni salidas al patio, denunció a Runrun.es un familiar que prefirió mantenerse bajo anonimato.

La única comunicación al respecto fue una breve “fe de vida” concedida el 10 de junio, siete días después de que le suspendieron las visitas: cinco minutos de encuentro vigilado por funcionarios del Sebin. Durante ese lapso, no hubo espacio para una conversación íntima. “No tuvieron privacidad, relató la fuente.

“Sé que hubo una discusión en donde tres personas que estaban allí, que son presos políticos también, intentaron agredir a Carlos Julio físicamente. Entonces se le vinieron los tres a Carlos Julio y había una persona allí que se metió por el medio y evitó que lo golpearan. Cuando hay violencia ya no es un tema de convivencia, ya es un tema de agresión”, reclamó el familiar.

Según su versión, en lugar de sancionar a los presuntos agresores, los funcionarios optaron por castigar a Rojas.

En alerta por problemas de tensión

El familiar del periodista señaló que Rojas manifestó en ese breve encuentro con su familia que su tensión mínima estaba muy alta, parámetro que su médico advirtió puede desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular.

“Hoy ni siquiera sé si le tomaron la tensión. No sé si lo sacan del tigrito y lo llevan a medirle la tensión. Si le dan la pastilla, tampoco sé cómo se siente. No sé nada de él en este momento, realmente no sé nada. Porque es que él nunca había estado castigado y no tengo cómo saber cómo funciona esto”, alertó el pariente del periodista.

El paso de Rojas a la celda de castigo se hizo público gracias a un tuit, una señal del distanciamiento informativo interpuesto por las autoridades. “Él nunca había estado castigado y no tengo cómo saber cómo funciona esto”, dijo el familiar.

vaca mediática

La familia intentó consultar al Sebin sobre las razones del castigo, pero se encontró con el silencio. “Su hermana también le preguntó al funcionario por qué le quitan las visitas a Carlos y él tampoco le contestó, le dijo, ‘No sé’. Entonces, aquí nadie sabe nada”, señaló.

El pariente de Rojas advirtió que el periodista y activista ha sido víctima de “acoso” por parte de un funcionario del Sebin, quien incluso “hacía vida en la celda” donde estaba anteriormente. “A él no le parecía que que el comisario hiciera vida de la celda, porque pues ellos tenían que tener su espacio así estuvieran presos”, dijo el familiar.

Una víctima constante de la persecución

Tras ser detenido por cuarta vez el 15 de abril de 2024, Rojas fue imputado por los presuntos delitos de “asociación e instigación para delinquir”, “terrorismo”, “conspiración” y “magnicidio en grado de tentativa”, cargos que él siempre ha negado. Su caso ha sido objeto de medidas cautelares por parte de la CIDH desde enero de 2025.

Organizaciones como el Colegio Nacional de Periodistas, Amnistía Internacional y ONG de derechos humanos han exigido su liberación y atención médica urgente ante el deterioro de su salud. Según sus familiares, el personal médico advirtió que su tensión, especialmente la diastólica, representa una amenaza real para su vida. Hasta junio de 2025, 16 periodistas siguen detenidos en el país.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

La familia intentó consultar al Sebin sobre las razones del castigo, pero se encontró con el silencio. "Su hermana también le preguntó al funcionario por qué le quitan las visitas a Carlos y él tampoco le contestó, le dijo, 'No sé'. Entonces, aquí nadie sabe nada", señaló
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Carlos Julio Rojas, periodista y activista venezolano, continúa recluido en condiciones de aislamiento en la sede del Sebin en El Helicoide, tras haber sido presuntamente agredido por al menos tres compañeros de celda. En lugar de protegerlo, lo trasladaron a una celda de castigo conocida como “el Tigrito”, donde permanece sin visitas, llamadas ni salidas al patio, denunció a Runrun.es un familiar que prefirió mantenerse bajo anonimato.

La única comunicación al respecto fue una breve “fe de vida” concedida el 10 de junio, siete días después de que le suspendieron las visitas: cinco minutos de encuentro vigilado por funcionarios del Sebin. Durante ese lapso, no hubo espacio para una conversación íntima. “No tuvieron privacidad, relató la fuente.

“Sé que hubo una discusión en donde tres personas que estaban allí, que son presos políticos también, intentaron agredir a Carlos Julio físicamente. Entonces se le vinieron los tres a Carlos Julio y había una persona allí que se metió por el medio y evitó que lo golpearan. Cuando hay violencia ya no es un tema de convivencia, ya es un tema de agresión”, reclamó el familiar.

Según su versión, en lugar de sancionar a los presuntos agresores, los funcionarios optaron por castigar a Rojas.

En alerta por problemas de tensión

El familiar del periodista señaló que Rojas manifestó en ese breve encuentro con su familia que su tensión mínima estaba muy alta, parámetro que su médico advirtió puede desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular.

“Hoy ni siquiera sé si le tomaron la tensión. No sé si lo sacan del tigrito y lo llevan a medirle la tensión. Si le dan la pastilla, tampoco sé cómo se siente. No sé nada de él en este momento, realmente no sé nada. Porque es que él nunca había estado castigado y no tengo cómo saber cómo funciona esto”, alertó el pariente del periodista.

El paso de Rojas a la celda de castigo se hizo público gracias a un tuit, una señal del distanciamiento informativo interpuesto por las autoridades. “Él nunca había estado castigado y no tengo cómo saber cómo funciona esto”, dijo el familiar.

vaca mediática

La familia intentó consultar al Sebin sobre las razones del castigo, pero se encontró con el silencio. “Su hermana también le preguntó al funcionario por qué le quitan las visitas a Carlos y él tampoco le contestó, le dijo, ‘No sé’. Entonces, aquí nadie sabe nada”, señaló.

El pariente de Rojas advirtió que el periodista y activista ha sido víctima de “acoso” por parte de un funcionario del Sebin, quien incluso “hacía vida en la celda” donde estaba anteriormente. “A él no le parecía que que el comisario hiciera vida de la celda, porque pues ellos tenían que tener su espacio así estuvieran presos”, dijo el familiar.

Una víctima constante de la persecución

Tras ser detenido por cuarta vez el 15 de abril de 2024, Rojas fue imputado por los presuntos delitos de “asociación e instigación para delinquir”, “terrorismo”, “conspiración” y “magnicidio en grado de tentativa”, cargos que él siempre ha negado. Su caso ha sido objeto de medidas cautelares por parte de la CIDH desde enero de 2025.

Organizaciones como el Colegio Nacional de Periodistas, Amnistía Internacional y ONG de derechos humanos han exigido su liberación y atención médica urgente ante el deterioro de su salud. Según sus familiares, el personal médico advirtió que su tensión, especialmente la diastólica, representa una amenaza real para su vida. Hasta junio de 2025, 16 periodistas siguen detenidos en el país.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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