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Poder

De nuevo: votar o abstenerse, por Luis Fuenmayor Toro

EN LA POLÍTICA, ENTENDIDA COMO EL ARTE DE TOMAR EL PODER, existen infinidad de instrumentos utilizados a lo largo de la historia, para desplazar individuos, grupos, sectores o clases sociales, de sus posiciones de autoridad, dominio, poderío o mando de la sociedad humana en todos los confines de nuestro planeta. Los métodos pudieran clasificarse de diversas formas de acuerdo a sus características, los hay pacíficos y violentos, participativos y de pequeños grupos, legales e ilegales y hasta podríamos incorporar la dimensión ética en la calificación de los mismos, como recientemente leí en un artículo de opinión, en el que se decía que había que recurrir a todos los medios éticos posibles, para rechazar el proyecto de Constitución que pudiera proponer la Asamblea Nacional Constituyente.

La legitimidad de los distintos mecanismos para la toma del poder, aunque se la plantea como una condición previa inherente a cada proceso, en la realidad se establece luego de ocurrido el hecho y de conocidas sus consecuencias. Es más, un hecho considerado legítimo en un momento puede ser ilegitimado luego por las tropelías posteriores de sus autores, una vez establecidos en el poder. Y más adelante, cuando la política se hace historia, puede ser juzgado y calificado diferentemente también. Hoy, una parte de la oposición considera ilegítimo participar en elecciones con el actual CNE, pues suponen que no hay ninguna posibilidad de que el Gobierno pierda las mismas. Otros consideramos que a pesar del ventajismo y la tracalería gubernamentales hay que participar, pues no creemos que el oficialismo sea todo poderoso.

Pero surge en este momento un elemento, que puede ayudar a que la gente salga del barranco donde se lanzó al llamar a la abstención. En mi opinión, el Gobierno ha echado a rodar la especie de que se prepara para convocar el referendo aprobatorio del proyecto de Constitución elaborado por la ANC. Incluso, algunos han dejado correr la idea de que la consulta se podría realizar junto con las elecciones de concejales el 9 de diciembre próximo. Esto ha hecho que importantes voceros hasta ahora abstencionistas señalen que, de producirse esa consulta, habría que salir masivamente a votar para derrotar el proyecto constitucional señalado. Así se han expresado dirigentes como Ramón Guillermo Aveledo, Enrique Capriles, el padre Ugalde en forma tácita y Henry Ramos Allup en forma directa y argumentada. De paso señalo, que sus argumentos son idénticos a los esgrimidos por quienes apoyamos la candidatura de Henri Falcón.

Es más que claro que si se puede derrotar electoralmente el proyecto de Constitución de la ANC, votando masivamente en el referéndum que se convoque, a pesar de realizarse con el actual CNE, también era posible derrotar a Maduro en las elecciones presidenciales pasadas, si se hubiera salido a votar masivamente en su contra. Luego, la vía electoral no estuvo nunca cerrada, como estos dirigentes venían afirmando. Celebro la rectificación y en absoluto escribo como un reclamo. Pero agrego, que deberían también llamar a la gente a votar masivamente contra el Gobierno en las próximas elecciones de concejales. Hay claras posibilidades de que los votos de las distintas fuerzas opositoras superen los de un Polo Patriótico hoy fracturado. Sería una derrota gubernamental importantísima y que avizoraría un rechazo futuro de la propuesta constitucional, tal y como hoy la vienen trabajando.

 

Acabo de leer el último libro publicado por Ibéyise Pacheco. “Las muñecas de la corona” -así se llama- es una descripción novelada de la concupiscencia que viene como consecuencia de la fatal corrupción. El poder, practicado para el propio beneficio, alejado de las promesas y compromisos con el país, convertido en una vivencia de descomposición social y tramas que se entrecruzan, aprovechando para ello el telón de silencio, complicidades y represión que caracteriza a los regímenes totalitarios, sobre todo aquellos con trazas caribeñas, que han asumido la fórmula que garantiza el secretismo, proporcionado por la receta cubana. Ellos viven un mundo paralelo. Nosotros sufrimos la realidad que ellos provocan. Y esa realidad es mala y precaria, entre otras cosas, porque el mal es lo que ellos practican, y del mal no puede obtenerse algo bueno.

¿A qué se dedican ellos cuando no hay cadenas nacionales? Esa pregunta siempre me ha intrigado. Porque obviamente no es a gobernar, si por gobernar se entiende administrar los recursos del país para garantizar abundancia institucional y toda la libertad posible para que los ciudadanos puedan emprender fructuosamente sus proyectos de vida. Las respuestas son obvias, y los datos de la realidad son explícitos. Aun así, resulta difícil imaginar que seamos víctimas de un mal tan intenso.

Sin ahorrarnos el mal trago del darnos cuenta en qué tipo de abismo nos encontramos, la autora Ibéyise Pacheco nos va desentrañando la respuesta. Porque ser los ductores de un paraíso criminal, poder sobrevivir a las diversas expresiones de una coalición cuya única ligazón es saquear todo el tiempo que sea posible, con toda la impunidad que consigan, requiere de una dedicación a tiempo completo que, sin embargo, les deja tiempo para hacer realidad cuanto capricho les pase por la cabeza, sobre todo si se asume que el placer es parte irreductible del negocio.

No nos llamemos a engaños. A estas alturas todos deberíamos saber que somos el resultado de una practica tenebrosa del poder, cuyo único objetivo es el lucro, lejos, muy lejos de cualquier objetivo que se plantee un gobierno decente. El pudor republicano hace mucho tiempo dejó de estar entre las premisas del régimen, entrampado en su propia racionalidad, reducidos a mantener el poder, porque es la única forma de seguir saqueando, y mientras tanto, de seguir disfrutando de un paraíso hecho a su medida, con sus propias reglas, sus peculiares reparticiones, y esos pequeños placeres que terminan siendo parte de un sistema de suministros fundados en organizaciones delictivas, y denigradoras de la dignidad de las personas. La autora nos muestra esta vez la descomposición moral a la que puede llegarse cuando se deja de lado cualquier límite ético y se vive bajo la consigna de que “todo vale si se puede pagar”.

Hay dos preguntas éticas que nos pueden resultar crucial a los efectos de entender lo que nos está pasando y los alcances del daño que estamos sufriendo. ¿Son las relaciones de poder las que determinan lo bueno y lo malo? ¿Qué sabemos de nosotros mismos? No siempre resulta grato el encuentro con nosotros mismos. No siempre es cierto que haya un deslinde absoluto entre ellos y nosotros. El régimen se alimenta de muchas maneras en las riberas de los que se les oponen. Me refiero a esas sombras que nos hacen ser permisivos y transigentes. Lo que nos permite ser tan dúctiles y comprensivos con la falta de integridad, las dobles agendas de la perversidad, la escasez de lealtad, el escaso apego a proyectos compartidos, el ego excesivo que, de repente, se transforma en un demoníaco narciso, la confusión de los ingenuos y las tramas telenovelescas que pretenden finales felices, todos unidos, los buenos reafirmados por los malos arrepentidos a última hora, lo bello asociado a la virtud y lo feo vinculado al pecado, sin que se crucen esas líneas frágiles entre la ética y la estética. La realidad es más confusa. Muchas veces los venezolanos están más que dispuestos a comprar las reglas del juego que les plantea el poderoso de turno. Lo bueno, es lo que así le parezca al caudillo. Lo malo es lo que le repugne. Lo bueno es lo que nos permita pegarnos a la teta del saqueo distributivo. Lo malo es lo que me execra de esa posibilidad. Lo bueno está asociado a lo que hacen mis amigos, aunque sea malo. Lo malo es lo que hacen mis adversarios, aunque sea bueno. Los venezolanos tienen una fatal propensión a juzgar las acciones y los resultados en relación con la afinidad que tengan con los actores. Somos fanáticos del clan, y eso muchas veces nos coloca en la situación de elegir mal y vivir las consecuencias, que a veces son tan fatales como la muerte.

Lo cierto es que Ibéyise Pacheco va desgranando en su novela el efecto dominó que va descalabrando instituciones para nivelarlas al paraíso criminal donde buenos y malos apellidos, mejores y peores familias, negocios productivos y otros creados en el camino, se confabularon para apropiarse de los recursos del país y de sus riquezas, bajo la conducción de un líder negativo, su corte de bufones y falsos sacerdotes, teniendo como supuesto que cualquiera de sus caprichos solo podía significar una oportunidad para hacer ese negocito que faltaba, cobrar la comisión correspondiente y repartir al país como si fuera un despojo.

El caudillo populista cumplió el guión perfectamente. Es que no se puede esperar otra cosa del ejercicio del poder absoluto que esa descomposición total que significó su tiempo al frente del poder. Repartición irresponsable fundada en un gasto público caótico, compras que eran hechas solamente para cobrar la comisión, y por supuesto el financiamiento de esos delirios de gran líder mundial y país potencia que todos acataban simplemente porque también les tocaba lo suyo. Pero lo más sórdido fue llegar a saber que todo esto operaba como el antiguo régimen francés: las favoritas, las cercanas al lecho, eran de hecho las dueñas de la situación.

Por eso la segunda pregunta crucial es esta: ¿Qué sabemos de nosotros mismos? Porque si se es capaz de ver la propia sombra y de soportar el conocimiento de ella, estaría resuelta una pequeña parte de la tarea. Así lo dice Jung. Y en este sentido la autora del libro propone una terapia descarnada donde no se aprecia inocencia sino una gran calamidad en ese “todo vale” que a la hora de las chiquitas nos caracteriza. ¿Somos una sociedad de trasgresores? En ese mercado de compra- venta de cualquier cosa, ¿cuál es el precio que nosotros tenemos? ¿Cuál es nuestra valoración de la corrupción? ¿Son aceptables “nuestros” corruptos y detestables los “otros”? ¿Las putas son “las otras”? ¿Son buenos porque son los nuestros, o porque tienen integridad, virtud y coraje? ¿Qué papel juegan los que están en la cuerda floja? Y finalmente, en esta circunstancia llena de tantas ambigüedades ¿tiene sentido ese llamado universal a la unidad de todos? ¿Todos? ¿También los marcados por la corrupción?

Toda relación de poder es problemática. En el segundo libro de Samuel, capítulo 11, se narra la infeliz circunstancia de un rey poderoso, envanecido y arbitrario que, olvidándose de Dios, decidió apropiarse de la mujer de uno de sus más valiosos generales. David llamó a sus aposentos a Betsabé, aun conociendo que era de otro. Los acontecimientos se van desencadenando para mal. La mujer queda encinta, David no tiene cómo justificar, y Urías, así se llamaba el esposo cornudo, no dejaba ni un momento de ser fiel a su juramento como soldado. David lo mandó a matar, al ordenar que lo dejaran solo en el momento más duro de la batalla. El poder da para eso y para más si no se atiene a ciertos rangos de virtud, por demás muy difíciles de sostener. David era culpable, y así lo juzgó Dios. Pero Betsabé se prestó al juego. Lo digo porque en esta trama que tan bien describe Ibéyise Pacheco en “Las muñecas de la corona” no hay otra víctima que un país devastado en sus principios, víctima de sus propios mitos, débil frente a los estragos del poder, que una y otra vez cae víctima de espejismos de dominación, control, riqueza y placer, al final tan costosos y difíciles de contener como la arena del desierto en las manos. Por eso no queda otra alternativa que prevenirnos una vez más contra el poder absoluto, el carisma fatal del caudillo, los gobiernos extensos y los populismos irresponsables. Otro país, el otro país que ha sufrido el vértigo de este paraíso criminal, merece aprender la lección y no repetir el ciclo infernal donde al parecer ninguna trasgresión se ha ahorrado. En muchos sentidos hemos tocado fondo. El fondo moral de la absoluta confusión, de la total inversión ética, un infierno sin reglas claras, donde todo parece perdido. Tocará edificar sobre nuevas bases. ¡Lo haremos!

 

@vjmc

ANÁLISIS Así está el peso de las facciones de poder en el gobierno de Maduro
El proceso de consolidación del Madurismo continúa tras una pausa más larga de lo planificado por la facción dominante, que desde OCT16 cedió parcialmente más poder a la Casta Militar y entregó además más poder a Tareck El Aissami y los hermanos Rodríguez. Hoy ese poder regresa a su grupo, al menos temporalmente al recuperar parte de ese terreno “cedido” para estabilizarse en la época de las solicitudes del referendo revocatorio presidencial. Prácticamente en el Ejecutivo Nacional, su facción se despega de las otras.
La Casta Militar y el 4F son los grandes perdedores por ahora, la primera facción porque pierde 5 puestos y 10 puntos en su poder total; mientras que la segunda, cae de 4 posiciones a 2 y pierde 6 puntos de poder total. Estamos en la presencia de una facción del 4F cada vez más desarticulada, y eventualmente, junto a parte del chavismo “disidente”, que estará fuera de la esfera de poder en el país. Eso está en el guion del poder: el que domina exige nuevas lealtades. Por otra parte, seguimos observando que en la facción de la Casta Militar, si bien hay posiciones importantes, no existe una persona que controle a todo el grupo, eso es ventaja para Nicolás Maduro, hiperfragmentar a la 2da. facción con más posiciones de poder.
Si bien el partido sigue con una presencia parcial, los hermanos Rodríguez ganan, al ser detentadores de importantes espacios; no obstante, Delcy al ceder la ANC, pierde ese poder supraconstitucional y termina aceptado la subordinación a Nicolás Maduro.
La incógnita está sobre su sucesor o sucesora, en dónde no descarta la entrada con fuerza de Diosdado Cabello a esa posición (que ya pujó por ella en AGO17), o por el contrario, una jugada segura con la promoción de Elvis Amoroso (aliado de NM) o de Tania Díaz (PSUV) a la presidencia.
Por otra parte, Tareck El Aissami, si bien cede la Vicepresidencia Ejecutiva, pasa a ocupar la posición más relevante para el problema mas complejo que atraviesa internamente el régimen venezolano: el tema económico. Además, ingresa 2 nuevas personas de su entorno al tren ministerial, creciendo en posiciones y en poder total (su caída en promedio es por la entrega de la VP Ejecutiva).
La coalición dominante se consolida entre la facción de Nicolás Maduro, la Casta Militar, Tareck El Aissami y los hermanos Rodríguez.
Vea aquí e análisis de Oswaldo Ramírez: https://t.me/oswaldoramirez

 

Inspiración para Nicolás, por José Domingo Blanco

 

Cuando en un país, las instituciones son independientes y fieles a los principios para los cuales fueron creadas, las cosas funcionan. Cuando en un país, los magistrados y congresistas cumplen a cabalidad con las funciones de sus cargos y no con las órdenes del mandatario de turno, las cosas funcionan. Cuando en un gobierno, el congreso vela por los intereses de los ciudadanos, la contraloría exige transparencia en la ejecución de los presupuestos y la fiscalía castiga a los que disfrutan desviando los recursos de la nación hacia sus cuentas personales, eso es un modelo exitoso. Cuando un presidente que se ve involucrado en escándalos de corrupción, renuncia, eso es “el deber ser”. Cuando un hombre, ocupando la cúspide del poder, antepone su moral y se aparta del cargo para evitar la inestabilidad política de una nación, eso es gallardía. Y no muchos, tienen las agallas para realizar un acto como ese.

Por el contrario, nuestro continente está plagado de historias de caudillos enfocados en lograr que su permanencia en el poder sea vitalicia. Caudillos de este siglo, con sueños trasnochados y ansias de reflotar modelos fracasados, que mantienen secuestrados los países que gobiernan, movidos por sus egos y ambiciones personales. Latinoamérica, la del siglo pasado y este, está plagada de mandatarios que no han terminado de ganarse la banda presidencial, cuando ya están pensando en cómo abolir la Constitución, darle un golpe de Estado al Congreso y gobernar con plenos poderes otorgados por los serviles ambiciosos que nunca faltan. Latinoamérica está infectada de caudillos febriles que se creen neolibertadores de unas naciones que, más que liberadas, aspiran ser gobernadas con equilibrio y justicia, con garantía y respeto a la vida de sus ciudadanos, con crecimiento económico, con oportunidades, desarrollo y calidad.

Cuando me enteré que el presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, había renunciado, y escuché las razones de su dimisión, pensé en Nicolás. Lamenté que la noticia no tuviera como protagonista al culpable de la destrucción de nuestro país.  Deploré que eso estuviese ocurriendo en Perú y no en Venezuela donde, desde hace algunos años, hemos apelado a todas las opciones constitucionales para extirpar este cáncer llamado chavismo/madurismo, y que ha sido el causante de la crisis más profunda y cruenta que haya tenido nuestra nación. Me vinieron a la memoria los cientos de casos de corrupción, estafas, desvío de recursos que han ocurrido en los últimos veinte años –que yo mismo he denunciado, junto con otros colegas, con pruebas, entregadas en las instituciones correspondientes- y con culpables abiertamente identificados –algunos prófugos; otros, olvidados; caídos en desgracia o, en el peor de los casos, aún gobernando al lado de Nicolás.

Pero, también pensé en el aplomo que se requiere para tomar una decisión como la que tomó Kuczynski. Insisto, no todos tienen esas agallas para soltar el poder que, en la mayoría de los casos –y sólo, salvo contadas excepciones de comprobada honradez- reporta “enormes beneficios”. Y son, precisamente, esos enormes beneficios los que envician a quienes desesperadamente buscan las justificaciones para mantener el control de un país, de sus ciudadanos y sus recursos “a como dé lugar”.

Mientras escuchaba a Kucsynski, imaginé que era Nicolás quien se dirigía a nuestra nación. Que era Maduro el que nos hablaba para darnos la excelente noticia –sí, esa sería una excelente noticia- de que renunciaba al cargo al que fue ilegítimamente designado. Pero que, además, antes, en un acto de arrepentimiento y compasión, ponía a la orden de la Interpol o el FBI, a cada uno de los funcionarios que le acompañaron –a él y a Chávez-, durante estos 20 años, e hicieron de Venezuela su caja chica. Que él, y no el Fiscal Poeta de la Revolución, antes de renunciar, destapaba las ollas podridas de corrupción y guisos que han caracterizado las dos últimas décadas. Que, antes de ponerse a la orden de las nuevas autoridades judiciales del obligatorio período de transición y de la Asamblea Nacional –por la que sí votamos- señalaba a cada uno de los corruptos del régimen, responsables de la quiebra del país: una delación de la que no se salvaría nadie. Ni su amada Cilia.

Pero, fue Kucsynski el que renunció. Y todos los venezolanos aspiramos que el gesto del mandatario peruano, sirva de inspiración a Nicolás.

 

@mingo_1

Instagram: mingoblancotv

¿Quién quiere el poder?, por Carlos Dorado

Poder

 

La codicia y el deseo de poder son las baterías naturales del hombre y de las sociedades, que siempre terminan engendrando guerras y violencia; a pesar de que los hombres por naturaleza desean la paz y la felicidad. Pero esa búsqueda de la felicidad queda eliminada por la codicia y ambición de unos pocos, siendo la madre de todas las desgracias que han sucedido en la historia de la humanidad.

¿Somos tan diferentes como para no poder entendernos? Vivimos en una época peligrosa. El ser humano ha aprendido a dominar la naturaleza; ha aprendido “a desarrollar” la ciencia y la tecnología, pero todavía no ha aprendido “a dominar” la ciencia y la tecnología, y mucho menos a dominarse a sí mismo.

Ese poder que le otorga al ser humano la sensación de ser Dios, y que lo viste con ese raro traje de omnipotente, que le concede el derecho de mandar sobre los demás, y de castigarlos si no obedecen; y a pesar de ser algo antinatural, ese traje lo mimetiza todo tan bien, que resulta difícil saber quién es el héroe y quién es el malvado. Lo trágico de todo esto es que “ese poder” busca como finalidad que el colectivo pierda toda esperanza, ya que una vez perdida, les garantiza su continuidad en el tiempo.

Todo esto viene a mi mente tras la reciente visita del Papa Francisco a Birmania, donde pidió que cese la persecución y el exterminio de los Rohingyas Birmania (actualmente Myanmar); cuna del budismo, una de las religiones-filosofías de vida más pacíficas del mundo, y cuya bandera es la tolerancia. Sobre los Rohingyas se ejerce una de las persecuciones más crueles del mundo. Son musulmanes que fueron llevados en masa durante la colonización a Birmania, como mano de obra barata, por los Ingleses (¡Qué raro!).

Unos 750.000 Rohingyas vivían en el norte de Birmania, hasta que en el año 2012 una mujer budista fue violada por varios musulmanes, lo que desencadenó toda una serie de enfrentamientos entre budistas y musulmanes que dejaron más de 150 muertos y unas 2.500 casas quemadas; confinando a más de 140.000 Rohingyas en campos de refugiados cerca de la capital provincial (Sittwe), en inmundas chozas de bambú, sin luz ni agua, y subsistiendo únicamente de la ayuda humanitaria internacional.

En 11 de noviembre del 2015, la señora Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la paz del año 1991, y presidenta del partido “Liga Nacional para la democracia”, gana las primeras elecciones libres de Birmania, desde el golpe de estado en el año 1962. Ella es o era considerada como un ícono de los derechos humanos a nivel mundial y de la no-violencia. Pero hasta la fecha no ha logrado nada para detener esta masacre, ni ha condenado esta atroz persecución.

Por otro lado, muchos de los líderes de los monjes budistas, han sido las voces más combativas contra la permanencia de los musulmanes en Birmania, llegando el destacado monje Wirathu a expresar (refiriéndose a Rohingyas): “Tu puedes estar lleno de compasión y amor, pero no puedes dormir junto a un perro loco”. Hoy más de 626.000 Rohingyas han huido de Birmania, dejando atrás miles de mujeres violadas, y hombres quemados y asesinados.

Lamentablemente en otras partes del mundo, los musulmanes persiguen y exterminan a los cristianos, en búsqueda de imponer la supremacía de su religión. Pareciese que sólo es una cuestión de poder, y dependiendo del tamaño del mismo, es el tamaño de las injusticias y las atrocidades.

¿Quién quiere el poder? Lamentablemente son muchos los que lo quieren.

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Nov 07, 2017 | Actualizado hace 3 años
El juramento, por Jesús Casal

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El juramento implica un compromiso asumido con la mayor solemnidad y rigor respecto del cumplimiento de una misión, la toma de posesión en un cargo, la veracidad de una declaración u otras manifestaciones similares. En lo concerniente a la toma de posesión en destinos electivos, se presta por lo general ante cuerpos colegiados representativos, pues es una forma de escenificar ante la representación del pueblo la aceptación del mandato recibido y de reafirmar el deber de ejercerlo cabalmente. El juramento se conecta además con la libertad de religión y de conciencia, porque en aquél convergen los símbolos o fórmulas de la fe que se profesa o de los principios más elevados en que se cree. De allí que jurisprudencialmente se haya admitido que en determinadas circunstancias el obligado a prestarlo pueda exigir su sustitución por la modalidad de la promesa. Hay también otro tipo de juramento, de raigambre monárquica, al que luego me referiré.
¿Falta absoluta?
Es un despropósito y una grave violación del orden constitucional y democrático y de los derechos humanos que se haya declarado la falta absoluta del Gobernador electo y proclamado del estado Zulia por no haberse juramentado ante la supuesta Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Las razones que pueden aducirse son varias. La Constitución del estado Zulia prevé que la juramentación ha de producirse ante el Consejo Legislativo del estado o, si no es posible que esta sea llevada a cabo, ante el juzgado superior en lo contencioso administrativo de ese estado. Esta era la misma regulación exigida por la Ley sobre Elección y Remoción de los Gobernadores de estado. Es lógico que así sea, ya que de esta manera el Gobernador proclamado expresa ante el pueblo que lo eligió, representado en el Consejo Legislativo, su compromiso de desempeñar rectamente la función encomendada. ¿Qué puede explicar que dicha juramentación deba estar precedida de una efectuada ante la pretendida ANC? Únicamente el objetivo de quebrar moralmente a la oposición y de propiciar la división. La denominada ANC es un órgano espurio, antidemocrático. No puede condicionarse el juramento ante una instancia democrática al que se preste ante un órgano nacido de la usurpación del poder constituyente del pueblo.

Pero aun en el supuesto de que aquél fuera legítimo, evidentemente no sería el espacio institucional adecuado para tal juramentación y nunca esta podría ser un requisito indispensable, cuya omisión genere falta absoluta. Recuérdese que los integrantes de la llamada ANC no fueron electos como representantes de los estados ni en circuitos estadales, sino en circunscripciones municipales y sectoriales. Mientras que el Consejo Legislativo es manifestación directa y específica de los electores del estado respectivo. En todo caso, la falta de juramentación no es por sí sola causal de falta absoluta, menos aun cuando existe la firme determinación del Gobernador proclamado de tomar posesión del cargo. La propia Sala Constitucional se empeñó en demostrar en enero de 2013 que la falta de juramentación del Presidente electo ante la Asamblea Nacional no era causal de falta absoluta, y puso énfasis en la necesidad de respetar la voluntad de los electores, la cual por lo visto poco importa si no es favorable al gobierno nacional o sus candidatos.
Líderes regionales
Otro asunto de fondo es que la elección de Gobernadores no fue una consulta popular sobre el reconocimiento o desconocimiento de la denominada ANC, sino la elección de líderes regionales, que al jurar solo ante el Consejo Legislativo no hacen otra cosa que cumplir la ley. Pero al gobierno le interesaba adulterar el sentido que constitucional y democráticamente debían tener esos comicios para convertirlos en una ocasión para la humillación y la degradación moral, mediante el requerimiento de subordinación a la pretendida ANC y a su convocante. Esto evoca la otra acepción histórica del juramento, aquella según la cual prestarlo es: “Reconocer solemnemente, y con juramento de fidelidad y obediencia, la soberanía de un príncipe”.

La ruta que sigue el gobierno nacional es funesta, por apuntar a consolidar un orden político basado en la supresión de la libertad de conciencia, de las garantías democráticas y, en suma, de la libertad política y civil. Un orden que cierra centros electorales y traslada electores a capricho, sin fundamento jurídico alguno, del mismo modo con el que luego dice estar dispuesto a moderar esa arbitrariedad; que inhabilita o des-inhabilita a sus anchas; que amenaza con encarcelar a quienes desconfían del CNE. Tiempo luctuoso para la República, frente al cual la firmeza democrática y la coherencia son la piedra angular de todo lo demás que quiera  hacerse.

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Ago 22, 2017 | Actualizado hace 3 años
Los límites éticos del poder, por Jesús M. Casal

Poder

 

Desde su instalación, la supuesta Asamblea Constituyente, que no es expresión del poder constituyente del pueblo sino una imposición autoritaria, ha demostrado que no pretende ser un factor de renovación o dignificación de la política sino una confirmación y exacerbación hasta lo inimaginable de la manera de concentrar y ejercer despóticamente el poder característica de los últimos años. En lugar de procurar dar un ejemplo de elevación y tolerancia política, de sentar bases para el mutuo reconocimiento entre los venezolanos de diversas corrientes partidistas o ideológicas, la Constituyente espuria se ha perfilado abiertamente como un cuerpo hegemónico que en su actuación no deja mensaje alguno edificante desde el punto de vista de los valores constitucionales, de los principios republicanos o democráticos o de la garantía de los derechos humanos.
Responsabilidad y conciencia
Desde su origen es como sabemos un órgano desprovisto de legitimidad, nacido de la usurpación de la soberanía popular, por lo que tampoco desde este ángulo puede dar lección democrática alguna. Pero sus integrantes, como miembros de la nación venezolana, acaso podrían tener algún sentido de responsabilidad y conciencia política que les llevara a reconducir lo que surgió viciado y a convertirlo en una oportunidad para la reconciliación y la democratización. Sin embargo, todo indica que las actitudes que esa instancia usurpadora querría fomentar apuntan a que quien tiene la ocasión de apropiarse del poder, por cualquier vía, ha de aprovecharlo al máximo y debe emplearlo para liquidar las posibilidades de acción de los adversarios políticos, asumidos como enemigos. Debe usarlo también para oficializar su visión de la historia, colocando sobre aquéllos las culpas y el castigo. Es una exaltación de la soberbia del poder absoluto, de la irracionalidad que aspira erigirse en regla por medio de la fuerza.
Comisión de la verdad
Todo ello a partir de una completa falsificación de las situaciones que, se dice, van a ser examinadas a través de la comisión de la verdad. ¿Cómo puede el gobierno, o quienes están a su servicio, ser juez en una causa en la que agentes oficiales, de los cuerpos de seguridad o de la fuerza armada, han estado involucrados? El propio gobierno promovió una constituyente a espaldas del pueblo, al no haber permitido la celebración de un referendo previo sobre su convocatoria y bases comiciales, lo cual suscitó manifestaciones dirigidas a evitar excesos como los que están ocurriendo, por lo tanto, ¿Cómo puede ahora atribuir genéricamente a la dirigencia opositora o a algunos de sus integrantes la responsabilidad por las pérdidas humanas ocurridas con ocasión de tales protestas? Lo correcto sería investigar objetivamente los delitos cometidos por acciones individuales contrarias al carácter pacífico de las convocatorias, entre las que se encuentran homicidios perpetrados por agentes del Estado o colectivos armados. ¿Puede haber algo de justicia y de reconciliación en la criminalización anticipada de quienes acompañaron a la ciudadanía en el ejercicio de su derecho a la reunión y manifestación en lugares públicos? ¿Qué tipo de paz es la que se persigue, la verdadera, que surge del respeto a las diferencias y del reconocimiento de los derechos de todos, o aquella que es propia de los regímenes dictatoriales, que equivale a la tranquilidad en las calles y se apoya en el aplacamiento de cualquier disidencia o expresión de reclamo en espacios públicos?
Autonomía institucional
Lo cierto es que tal como la supuesta constituyente se ha conducido hasta el presente solo dejará una estela de injusticia, represión y caos antidemocrático. Arrasará con cualquier vestigio de autonomía institucional, como se evidenció con la arbitraria y nula remoción de la Fiscal General de la República y con el enjuiciamiento del diputado Ferrer con autorización de la Asamblea Nacional Constituyente, que usurpó atribuciones de la Asamblea Nacional. Se encamina también a embestir a la Asamblea Nacional, órgano insustituible de las Democracias al que bajo ningún concepto puede reemplazar como instancia plural de deliberación, legislación y control sobre el gobierno, un control que la llamada Constituyente no puede ni quiere instrumentar.

Aferrados a una última esperanza de rectificación, se propone detener esta insensatez y plantear soluciones para los problemas que aquejan al país. Si se quiere crear una comisión de la verdad, hay que acudir a actores con autoridad moral que merezcan la confianza de todas las partes, como el Vaticano o sus representantes, o el Secretario General de las Naciones Unidas. Tal vez si empezamos por allí se genere una dinámica distinta a la violencia institucionalizada que hoy amenaza con desolar el suelo patrio.

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El Universal

Delcy Rodríguez: El poder constituido está subordinado a esta ANC

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La convivencia armoniosa entre los poderes constituidos y el Poder Constituyente es el principal objetivo del decreto de funcionamiento de la Asamblea Nacional Constituyente que fue aprobado en la sesión de este martes.

La presidenta de la ANC, Delcy Rodríguez, indicó que de acuerdo al artículo 349 de la Constitución de 1999, los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la asamblea nacional constituyente.

“El poder constituido está subordinado a esta Asamblea Nacional Constituyente. Este es un decreto que refleja la buena voluntad de esta asamblea que tiene un mensaje muy claro de cordialidad, de convivencia y de entendimiento entre los venezolanos”, afirmó en transmisión de ANTV.

Rodríguez indicó que una vez que asumió la presidencia de la ANC, se comunicó con el diputado Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, para explicarle “la necesidad de la convivencia de la ANC con ese poder constituido y su respuesta es que ellos no van a contribuir”.

Refirió que permanentemente el presidente, Nicolás Maduro, “ha invitado al diálogo y su respuesta (la de la oposición) es el no entendimiento entre los venezolanos y en vez de desplegar la acción política han llamado a la guerra, a la muerte, al odio y a la intolerancia”.

Rodríguez remarcó que uno de los propósitos de la ANC “es prevenir, es sofocar esas posiciones irracionales e intolerantes que buscan socavar el Estado de derecho y de justicia en Venezuela”.