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Los puntos que llevaría el oficialismo a un eventual “diálogo”

 

 

EN UNA ENTREVISTA A LA AGENCIA RUSA SPUTNIK NÓVOSTI, el vicepresidente para la Comunicación, Cultura y Turismo, Jorge Rodríguez, dijo que el gobierno tiene cinco puntos para llevar a una eventual mesa de diálogo con la oposición.

Estos son: respeto a la soberanía, a la paz, levantamiento de las sanciones contra Venezuela, un mecanismo que permita dirimir las diferencias políticas entre gobierno y oposición, y la no injerencia de otras naciones en los asuntos internos del país.

“Nosotros veremos qué trae la oposición en su propuesta”, expresó Rodríguez, al ser consultado sobre una posible mesa de diálogo.

Sobre el planteamiento de una posible convocatoria a elecciones como propone el Grupo de Contacto convocado por la Unión Europea, Rodríguez resaltó que las elecciones presidenciales que se realizaron el 20 de mayo de 2018, y en donde Nicolás Maduro resultó reelecto con 67.84 % de los votos, cumplieron con estándares internacionales.

“Ya las elecciones presidenciales se realizaron, no solo con estándares internacionales, sino con el sistema electoral venezolano, que es el más blindado del mundo entero, más fiable que el sistema electoral de Estados Unidos, de España, y sin duda que el de Colombia”, agregó.

 

 

Quedados en el apparatchik, por Alejandro Armas

 

 

RECUERDO QUE CUANDO ERA PEQUEÑO, MIS PADRES, como todos los padres, me hablaban de lo destructivas que son las drogas y me advertían que me mantuviera alejado de ellas. Me decían que en su juventud era difícil conseguir a alguien que no las consumiera, al menos con poca frecuencia, y que algunos de sus conocidos sucumbieron a una adicción de la que nunca se liberaron, lo cual comprometió permanentemente sus posibilidades de conseguir un buen trabajo y prosperar. En alusión a aquellos días de pocas responsabilidades y mayor margen para la experimentación que caracterizan la adolescencia y la adultez temprana, se referían a aquellos individuos como “quedados en el aparato”.

Ahora bien, hay varias formas de quedarse en el aparato y no todas tienen que ver con estupefacientes. El pensamiento dogmático, la militancia ideológica rígida, como explicó Sartori, puede preservar de manera milagrosa posiciones políticas que de otra forma tendrían fecha de caducidad. No importa que haya, no digo una montaña, sino una Cordillera de los Andes de evidencia empírica contra los postulados de la teoría seleccionada. El fanático siempre buscará una forma de rechazar esas pruebas, por más irracionales que sean los argumentos empleados. Pasa, por ejemplo, con la ortodoxia marxista-leninista, que ve la sociedad del siglo XXI con los mismos lentes de un antagonismo de clases propio de hace centuria y media.

Los simpatizantes de esta extrema izquierda llevan un par de semanas emitiendo comentarios furibundos sobre Venezuela, ahora que el país nuevamente suele aparecer en las portadas de periódicos a lo largo y ancho del mundo. Según ellos, hay en marcha “un golpe de Estado conducido desde Washington contra el gobierno revolucionario y ampliamente popular de Nicolás Maduro, cuyo propósito es restablecer un orden neoliberal mediante el cual trasnacionales anglosajonas y oligarcas criollos se lucrarían de la riqueza petrolera y dejarían por fuera de cualquier beneficio a las masas humildes”. Añaden que “en Venezuela hay democracia plena, los problemas económicos son culpa de las sanciones norteamericanas, el gobierno de Maduro ha intentado incontables veces dialogar con sus detractores y una oposición violenta se empeña en derrocarlo”. Es como ver Telesur en otros idiomas.

Entre quienes se han dado a la tarea de pontificar así está Roger Waters, destacado músico británico mejor conocido por haber sido el bajista y principal fuerza creativa detrás de la banda Pink Floyd, durante su período de mayor éxito. Todo comenzó con un mensaje en su cuenta de Twitter defendiendo el régimen de Maduro y afirmando que en Venezuela hay una “democracia real”. Un par de días más tarde, Waters difundió un texto más extenso, en el que admitió haber recibido una avalancha de críticas por su comentario. Pero, en una muestra de arrogancia sobrecogedora, desestimó las reacciones caricaturizando a toda la oposición venezolana como un grupo de privilegiados de piel blanca y que vive en el extranjero (“en Nueva York”, dijo específicamente, a pesar de que los venezolanos que vivimos en la Gran Manzana somos muy pocos). No conforme con ello, Waters presentó como pruebas de lo que los venezolanos pensamos una encuesta… De Hinterlaces, revelada en el programa televisivo de José Vicente Rangel, siempre dando a entender que se trata de información confiable y objetiva, de fuentes muy respetables. Asumo que Waters ignora que Rangel es un connotado miembro de la elite gobernante venezolana. O que Hinterlaces es encabezada por Óscar Schemel, un miembro de la ANC.

Hablando de nuevo de mis progenitores, fue gracias a ellos que desde la infancia me enamoré de la música de Pink Floyd. Las notas de sus dos obras más conocidas, The Dark Side of the Moon y The Wall, sonaron en mi casa desde que tengo uso de razón. Ya más maduro descubrí por mi cuenta las vibras psicodélicas de sus primeros discos, así como esa maravilla que es Wish You Were Here. Su sucesor, Animals, inspirado en la más famosa novela de George Orwell, me parece un concepto fascinantemente congruente con la Venezuela actual y su sociedad dividida en “cerdos, perros y ovejas”.

Los pronunciamientos de Roger Waters me hirieron. Mucho. Yo ya sabía que el hombre tenía inclinaciones de izquierda, lo cual está bien. Pero no pensé que sería capaz de unas declaraciones tan ignorantes e infelices. Estoy convencido de que no se puede juzgar una obra de arte por el artista, pero por los momentos me cuesta escuchar esa música sublime sin recordar las odiosas palabras de Waters, que también me recordaron una vez más los peligros del fanatismo político. Sobre los peligros de quedarse en el aparato advertidos por mis papás.

Propongo al lector un ejercicio psicológico: imaginemos que estamos en 1968. La efervescencia revolucionaria conmociona Occidente. La juventud, desencantada con el statu quo y también con los viejos dirigentes comunistas, exige cambios radicales. Los afroamericanos luchan por sus derechos. Igual las mujeres. Un supremacista blanco (excusen el feo anglicismo con raíces latinas) asesina a Martin Luther King. La Guerra de Vietnam es blanco frecuente de las protestas. La “nueva izquierda” marca la pauta filosófica de los rebeldes. Hasta Moscú hiede a revisionismo burgués y es Mao, al frente de la Revolución Cultural, quien encarna el futuro del comunismo, como ilustra el filme La Chinoise, de Godard. El Gran Timonel es una de las tres grandes “M” (las otras dos son Marx y Marcuse). Los estudiantes sacuden París. En Tlatelolco los masacran. La moralidad sexual victoriana agoniza. La marihuana y el LSD están por doquiera. Suena The Doors, Jefferson Airplane, Jimi Hendrix… Y Pink Floyd, en su primera etapa.

Hasta cierto punto es comprensible que una juventud en la que Roger Waters y sus compañeros de banda eran ídolos, se comprometieran en aquel entonces con las ideas de ultraizquierda. Después de todo, es cierto que en buena parte de Occidente las normas sociales y culturales eran dictadas por elites reaccionarias y retrógradas. No es falso que, en nombre de la lucha contra el comunismo, el Gobierno de Estados Unidos estaba apoyando activamente dictaduras sanguinarias en América Latina, África y Asia (aunque por otro lado los soviéticos estaban acallando a sangre y fuego el reclamo democrático checoslovaco). Lo insólito es que hoy, tras la caída del Muro de Berlín, tras la evidencia del fracaso del socialismo revolucionario como generador de igualdad y prosperidad generalizada, tras conocerse los crímenes aberrantes de Stalin, Mao, Pol Pot y otros; lo insólito después de todo esto, digo, es que haya personas asumiendo que todo régimen de izquierda es democrático y productor de bienestar, y que por lo tanto cualquier intento por cambiarlo merece absoluto repudio.

Lo peor es que en Estados Unidos y Europa lo hacen desde la libertad y la comodidad que les brinda ser ciudadanos de Estados democráticos, republicanos y con sistemas económicos de mercados libres o regulados moderadamente. Derechos con los que no cuentan los subyugados por los regímenes que admiran. Ah, la pasión por el “buensalvajismo” disecada por Carlos Rangel. En el caso de Waters, el señor nos espeta su defensa del socialismo extremo desde la holgura que brinda haber sido una fábrica de discos exitosos. The Dark Side of the Moon es uno de los álbumes más vendidos de la historia, con decenas de millones de copias certificadas. Forbes estima que el ex líder de Pink Floyd tuvo un ingreso de 68 millones de dólares entre junio de 2018 y junio de 2019. Aun quitando impuestos y comisiones, es evidente el volumen de dinero del que hablamos. No sé si alguien la habrá comentado a Waters que Chávez en una ocasión expresó que “ser rico es malo e inhumano”.

Soy consciente de que este espacio es leído exclusivamente o casi exclusivamente por venezolanos. Por lo tanto, no veo necesidad de ahondar en detalles sobre las diferencias enormes entre la situación política venezolana y el contexto de Guerra Fría con el que Roger Waters y demás trazan comparaciones alegremente. Venezuela hoy no es Guatemala en 1954, ni Maduro es Allende. Lo peor de estos símiles es que no son inocuos. La elite gobernante venezolana siempre ha buscado el favor de la opinión pública mundial. Ciudadanos comunes de otras latitudes que por lejanía sientan poco interés por Venezuela pudieran ver en los artistas “políticamente conscientes” una fuente apropiada de información al respecto.

La crisis venezolana no es un antagonismo entre derecha e izquierda. No son solo Trump y Bolsonaro quienes se han pronunciado contra la elite imperante de Caracas. También lo han hecho los gobiernos socialdemócratas de España, Portugal, Ecuador y República Dominicana, así como miembros de primer orden del Partido Demócrata de Estados Unidos, como la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Hay izquierdistas que han entendido que esto es entre la democracia y su negación. Son quienes no se quedaron pegados en el aparato. ¿O en el apparatchik de la izquierda caviar mundial?

 

@AAAD25

Los Runrunes de Bocaranda de hoy 07.02.2019: ALTO: ¿El plan?

 

 

MADURO: 

Está resistido a negociar su salida. Ha pedido al Alto Mando que espera su fidelidad y compromiso pues él está dispuesto a inmolarse. Aunque se le ha visto desencajado y ojeroso ha dicho que no se rinde y puede ser otro Allende. Recordemos que en el golpe militar encabezado por el general Augusto Pinochet,  comandante del Ejército chileno y los jefes de los componentes militares chilenos el 11 de septiembre de 1973 el presidente Salvador Allende resistió el ataque al Palacio de la Moneda en Santiago con un AK-47 en su mano. La versión oficial fue su suicidio y la otra, sin una fiel comprobación, es que el cubano jefe de sus guardaespaldas lo mató para que no lo agarran con vida. De cualquier forma es el inspirador de Nicolás por estos tiempos. De allí su negación a recibir la ayuda humanitaria internacional (no es solo de EE.UU.) al igual que su auto-negación de la crisis humanitaria.

EL PLAN ROJO:  Reiteró lo que ya anuncié por mis espacios informativos,  nuestro portal Runrun.es, el programa @lacolafeliz por @circuitoexitos, esta columna y mi twitter: el régimen juega al cansancio con quienes se le oponen. Apuesta al aburrimiento de quienes marchan, manifiestan o hacen filas para oponerse de frente al oprobio que ya lleva 20 años. Machaco que usan las redes para deprimir a todos con noticias falsas, las muy de moda “fake news”, haciendo creer mentiras muy bien planificadas con el G2 cubano que apurado hace de las suyas pues en la libertad de Venezuela arriesgan el futuro de la isla. Acostumbrados como hemos estado a la inmediatez de los acontecimientos, cualquier retraso en lo que se ofrece o planifica, estimula esa depresión inoculada para no creer en quienes arriesgan su pellejo, para desconfiar de quienes nos llevan a la otra orilla del rio democrático. Todos los mensajes de un gobierno que se nota nervioso (la entrevista de Jordi Évole a Nicolás todavía recuerda ese fuera de sí en muchas respuestas) van en esa dirección. Una vez mas: “vamos muy bien”, me dice @jguaido. No pisemos peines rojos…

AYUDA HUMANITARIA: Tratando de desconocer y afrontar la realidad que vivimos el presidente Maduro en su entrevista con Jordi Évole de la televisora española “La Sexta” -(“terrible y lamentable” la han calificado algunos altos personeros del régimen que consideran la interrupción por parte del ministro de Información, Turismo y Cultura Jorge Rodríguez como la mejor prueba de su percepción sobre lo que consideran fue un Titanic para lo que quiso aparentar, desconocer, negar y culpabilizar)- dio muestra de su terquedad y negación para analizar la situación real que vive el país y muy especialmente su desgobierno dictatorial e ineficiente. Esta última característica confirmada por él mismo a Jordi cuando reconoce que su gobierno ha fallado mucho. Un agudo observador me refiere una de las respuestas cuando el reportero español (muy cercano a los gobiernos de Chávez y Maduro por recomendación de Pablo Iglesias de Podemos en su momento y con visitas anuales a Miraflores siempre pensando en la amistad y deferencias en sus interrogatorios tiempos atrás) le pregunta: ¿Está Usted contra las cuerdas? Y Nicolás empieza a elucubrar: “Habría que hacer un análisis del ring para ver cómo está el combate. Yo creo que es duro. Y nuestros oponentes son poderosos. Dan golpes sucios. No pe­lean respetando las reglas del juego. Pero nosotros nos defendemos. Humildemente. Como David contra Goliat. Tenemos nuestros secretos y tenemos nuestra honda”. Un analista del comportamiento corporal resume esta respuesta así: “Creo que, en términos boxísticos “tiró la toalla”. Se comprobó luego con la interrupción por Jorgito minutos después. Éste observaba preocupado a medida que Maduro se iba despeñando con sus respuestas. La entrevista completa, sin cortes, esta en la plataforma de @VivoPlay.net bajo el enlace de Antena3.

 

Venezuela fue una nación, por Carlos Blanco

 

VENEZUELA ES NACIÓN EN DESINTEGRACIÓN. Pasado un umbral (¿lo pasamos ya?), lo que quedará serán jirones cuyo remiendo no será pronto ni fácil. No es una realidad amable, pero así se perfila. Es asunto esencial para los venezolanos y, ahora también, para los que están demasiado cerca de la candela, sea por razones geográficas (Colombia, Brasil, Guyana, por ejemplo), sea por razones institucionales (Estados Unidos, España, Reino Unido, por ejemplo).

Dimensiones de la desintegración de la nación:

1. El Estado entró en fase de disolución. El Estado, como sistema articulado de instituciones, está en bancarrota. La demolición de Pdvsa, la implosión del Banco Central y la evaporación de la Fuerza Armada, son evidencias. En el caso de la FAN hay una cabeza que aparece como Alto Mando, pero que ni es alto, por la degradación; ni es mando, porque el cuerpo del cual es azotea se deshizo. Hay militares, pero no hay institución militar. El TSJ ilegítimo es un bufete nauseabundo; el gabinete ejecutivo es una ficción de administración; la asamblea constituyente es un adefesio que ni siquiera consulta a sus miembros; el CNE dejó de existir hace años.

2. No hay control sobre el territorio. Lo que dicen los libros de geografía es ficción. Los grupos irregulares FARC, ELN, Fuerzas Bolivarianas de Liberación, bandas criminales que controlan la minería, narcotráfico, “pranes” que dirigen redes de bandoleros desde las cárceles, colectivos paramilitares, actividades ilegales de los cuerpos de “inteligencia” política y militar han pasado a apropiarse de franjas crecientes del territorio. Venezuela a veces limita con Colombia, Brasil y Guyana, y las más de las veces con el bandidaje expandido por la superficie de lo que una vez fue Venezuela.

3. Población en estampida. Entre los que han migrado a otros países y los que desean hacerlo, el país se encoge en su valor más importante: su gente. Los venezolanos vivimos en trance de despedida: los que se van, los que se fueron, los que se quieren ir. Es un país con el pañuelo en banderola, en el puerto, en la despedida o en la espera, con los ojos aguados, con familias que cuajan en el espacio virtual, por WhatsApp o por Skype.

4. Tejido social, económico, social, político y cultural desintegrado. Las redes de distribución de bienes y servicios, interrumpidas. Los lazos sociales lastimados. El mundo de la política de allá y de acá, intoxicado. La cultura en manos de perseguidos, héroes y sobrevivientes de la hecatombe.

Venezuela no aguanta. Puede que el Mal triunfe para siempre pero la nación ya no existirá.

@carlosblancog

El Nacional