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Luis Fuenmayor Toro

La verdad, las sanciones y la covid-19, por Luis Fuenmayor Toro

@LFuenmayorToro 

En Venezuela las cosas más que evidentes hay que explicarlas porque hay gente no las quiere entender. Y no es que sean brutos, aunque muchos lo parezcan, sino que están totalmente alienados por sus posiciones políticas e ideológicas.

Hoy, tenemos muchas veces que explicarle a la gente y tratar de convencerla de que “el sol sale por el este”. Y no es que rápidamente se dan cuenta de que no era por el norte ni por el oeste que salía el astro rey, sino que tardan muchísimo, quizás no en comprenderlo sino en aceptarlo.

Llevan tanto tiempo errando y diciendo falsedades, que les cuesta salir de ese pantano y asomarse a la verdad.

Cuando muchacho, me explicaba el Tío Juan, no el de la canción de Alí Primera sino el fundador del Partido Comunista venezolano, que la única forma de dilucidar una discusión era apelando a la realidad de lo que sucedía. Lo hizo con un ejemplo sencillo. Me decía: “imagínate que hay dos personas discutiendo en una calle sobre si el próximo vehículo que apareciere vendría rodando o volando”.

Ambas deberían tener algún argumento para sustentar su predicción. Quien afirmara que el carro vendría rodando diría que “hasta el momento, todos los carros que han pasado por esa calle han venido rodando. El otro, algún argumento daría o simplemente así lo creía. Al pasar el vehículo esperado, la discusión debería terminar. Si pasaba rodando, pues la razón la tenía quien así lo predijo. Si pasaba volando, sería al contrario.

He recordado ese pasaje de mi vida muchas veces en los últimos años, pues aunque los carros pasan rodando, quienes afirmaban lo contrario lo siguen afirmando sin hacer ningún caso a la realidad. Claro. Debo decir que la realidad no es tan simple como la del ejemplo, pero eso no significa que no se puedan analizar las cosas un poco más objetivamente y atenerse también “un poco más” a los hechos, de forma de poder determinar los errores cometidos y no seguirlos repitiendo.

Muchas veces, la conducta ante las evidencias aplastantes es simplemente voltear la cara y argumentar cualquier cosa no relacionada con la materia. El caso de las sanciones económicas es uno muy evidente. El desastre nacional comenzó antes de las sanciones. Allí no hay discusión. La destrucción de PDVSA, de la CVG, de las empresas eléctricas, de la CANTV, del suministro de agua, de los hospitales y otros centros, de las escuelas y liceos, de las vías de comunicación, fue muy anterior a la imposición de las sanciones. Pero debería ser también muy claro que estas incrementan ese deterioro e impiden iniciar un proceso de recuperación.

Pero no. Para unos, las sanciones tuvieron efectos nocivos antes de existir, algo absolutamente imposible. O han existido siempre, incluso en momentos en que el país funcionaba con cierta normalidad. Para otros, son medidas que no causan ningún efecto en la gente sino solo en Maduro y sus allegados.

DirecTV se va del país y dicen que fue porque Maduro les quería imponer algo ilegal. En su locura, afirman que la empresa tenía que cumplir la orden ejecutiva gringa y no las leyes y normas venezolanas, ni el contrato firmado hace años con el Estado. En este caso también influye la cobardía politiquera de quienes impulsan las sanciones, pero cuando estas golpean a 10 millones de personas, se lavan las manos tratando de evitar daños políticos.

Son como Trump, culpando a los chinos de su incompetencia e indolencia en el manejo de la actual pandemia. O como Maduro, que ante el crecimiento exponencial de los contagios que viene, ya apunta su dedo acusador hacia sus vecinos, para decir que le están mandando venezolanos infectados para arruinarle su estadística.

Es una atrocidad culpar a quienes regresan de ser armas biológicas. Atrocidad que ya ha tenido su efecto en la conducta perversa y delictiva del gobernador del Zulia, quien ha dicho que a esos venezolanos les hará pasar la cuarentena judicializados en una celda, si se atreven a ingresar por vías alternas a las oficiales. Los han convertido en los leprosos del presente.

Creía que lo había visto todo.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La pandemia y las acciones del gobierno, por Luis Fuenmayor Toro

@LFuenmayorToro 

Discutir si el gobierno lo está haciendo bien, regular o mal, en relación a la pandemia del coronavirus es muy difícil en el país, pues la pugna entre este y parte de la oposición política no permite arribar a valoraciones sociales de consenso. El tema tampoco ayuda, pues su comprensión no está al alcance de la mayoría de la población, al ser un campo profesional especializado.

Tampoco se tiene la información necesaria, pues el Gobierno es el único con acceso a la misma y, si bien diariamente hay unas tres alocuciones sobre la pandemia, estas solo brindan información muy gruesa: número de contagiados y su procedencia geográfica, número de pacientes recuperados y fallecidos y pruebas diagnósticas efectuadas, sin discriminar entre las que miden anticuerpos y las que detectan ARN viral.

De resto, son disertaciones donde la información limitada que se da se mezcla con arengas políticas, con demagogia, con propaganda y últimamente con acusaciones hacia terceros que no tienen el control de la situación.

Así, se da un brote en Margarita y se culpa solo a los afectados y al gobernador del estado. No lo estoy defendiendo. No sé qué ha hecho. Pregunto solo si la autorización del vuelo desde República Dominicana a Maiquetía ya iniciada la cuarentena, que trajo a los contagiados, la hizo el gobernador o fue una autoridad nacional la responsable. Pregunto, además, si el ingreso por el aeropuerto de Maiquetía está bajo el control de ese gobernador, pues si no lo está y alguien pasó sin ser sometido a las medidas sanitarias debidas, los responsables son otros y deberían ser investigados.

El Gobierno ha querido actuar solo. No consultar a nadie. Decidir todo. No aceptar recomendaciones como no sean las de los médicos chinos y cubanos, y ojo, no estoy contra estas asesorías y esa ayuda, pero pienso que deben ser extendidas dentro del país a otros profesionales competentes, conocedores del tema y con mucha experiencia. Los hay y bastantes, y garantizarían un mejor manejo sanitario y hospitalario de la pandemia. Julio Castro, Carlos Walter, Oscar Noya, Edgar Capriles son nombres que me vienen a la cabeza. Pero volviendo al tema, si lo han decidido de esa manera, pues quieren capitalizar políticamente el triunfo sobre el coronavirus sin compartirlo con nadie, pues asuman valientemente sus responsabilidades y no pretendan esconder sus errores achacándoselos a quienes no deciden.

He dicho que estoy entre quienes desean que el Gobierno controle la epidemia y que adverso a quienes, por motivaciones políticas, quieren que fracase. Las declaraciones de Leopoldo López en ese sentido las considero perversas y totalmente condenables. Al igual que una serie de juicios cuyo carácter parcializado y politiquero se advierte en forma inmediata. Pero eso no me impide exigir mayor transparencia en la información. El gobierno no ha explicado cómo logró pasar de un centenar de camas de terapia intensiva a varios miles de las mismas. Ni las ha presentado distribuidas entre los distintos centros de salud de referencia para la pandemia. Tampoco nos dice cómo está haciendo con las pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR), que solo se realizan en el Instituto de Higiene, cuya capacidad en ese sentido no supera los cien exámenes diarios.

La cuarentena fue decretada en forma oportuna, lo que ha logrado un número hasta ahora reducido de contagiados. El uso del portal Patria para localizar posibles infectados también ha sido acertado, pues abarca un porcentaje mayoritario de la población, cosa que ninguna encuesta lograría. Buscar a los contactos en sus viviendas ha sido también una decisión procedente. Nos preocupa, en lo que atañe a la etiopatogenia de la virosis, la ausencia de información sobre los resultados de las autopsias que han debido efectuarse, ya que solo el estudio anatomopatológico postmortem puede darnos con certeza la causa de la muerte. Y esto es importantísimo para evaluar el tratamiento médico que se sigue. No es lo mismo tratar una neumonía que una trombosis en todos los vasos pulmonares.

Todas son informaciones que le darían más confianza a los gremios de la salud y a la población en general. No creo que exigirla sea mucho pedir.

 

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El futuro…, por Luis Fuenmayor Toro

@LFuenmayorToro

No sé si la cuarentena “voluntaria” impuesta por el Gobierno nos dificulta ser optimistas, no respecto al coronavirus sino a la realidad venezolana ya gravemente deteriorada mucho antes de la aparición de la epidemia. O si la caótica realidad existente nos lleva a ser crudamente pesimistas del porvenir inmediato y mediato. Me inclino por lo segundo, pero dejo la posibilidad abierta de que el prolongado encierro, sin información clara de que esté logrando su objetivo y sin apreciar acciones gubernamentales para mantenerlo sin violar los derechos básicos de la gente, me esté conduciendo a ser pesimista sobre el futuro de la República y sobre alcanzar un desenlace pacífico, democrático, soberano y constitucional a la crisis.

No tengo información privilegiada; solo puedo efectuar análisis con la información al alcance de todos. E inicio por la grave escasez de gasolina, que no puede ser compensada con producción interna y que está paralizando y encareciendo la producción y el transporte de alimentos a las ciudades. De asumirse la importación privada de combustible, lo que han bautizado como los “bodegones” de gasolina, el encarecimiento de todos los productos, de bienes como la electricidad, el gas, el agua y las comunicaciones, así como el transporte, se agregará a la actual explosión de los precios que ya estamos padeciendo y hará más invivible la situación para la inmensa mayoría, no solo por la hiperinflación sino por la reaparición de la escasez.

Se añade la caída monstruosa de la exportación petrolera venezolana y la severa reducción de los precios del crudo en el mercado internacional, por lo que el ingreso de divisas requeridas para el funcionamiento estará más reducido que nunca. La depresión económica mundial, generada también por la pandemia de la Covid-19, sumada a las sanciones económicas impuestas, limitarán también las pocas importaciones que se puedan realizar y reforzarán la escasez de alimentos, medicinas y materiales para la producción. Agreguemos una reducción drástica de las remesas, que empeorará la capacidad adquisitiva de los venezolanos, al eliminar un recurso que había llegado a ser muy importante.

Pandemia y cuarentena generarán más desempleo y mayores dificultades para el comercio informal, al cual se dedicaba antes de la cuarentena el 54 por ciento de la población laboral venezolana.

Todo ello significa un empeoramiento de la crisis económica y de la pobreza de los venezolanos. Ante la imposibilidad del gobierno de afrontar la situación con medidas compensatorias dirigidas a los más afectados, es posible prever la ocurrencia de movilizaciones sociales de protesta, saqueos y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad del Estado y los grupos parapoliciales existentes, pues esta ha llegado a ser la única respuesta del gobierno de Maduro a las protestas sociales. Es un escenario de conflictividad permanente.

En el área de la política es posible ver que EE. UU. insiste en la salida de Maduro para pasar a un gobierno de transición tutelado por ellos. Esa es la posición de Guaidó y de quienes le siguen, pues no tienen ninguna libertad para tomar otras decisiones. El gobierno se niega a sacrificar a Nicolás Maduro y parece estar decidido a enfrentar lo que sea, tal y como ocurrió con  Noriega en Panamá, sin importarle las consecuencias trágicas para la nación. La cuestión se complica si nos percatamos de que las elecciones están dejando de ser una obligación con fecha precisa para el gobierno, según las últimas declaraciones de Maduro. La tentación de prorrogar la cuarentena más allá del 15 de mayo, por motivaciones políticas y no sanitarias, podría ser otro indicio en este sentido.

De continuar las cosas como se describe, la confrontación parece ser la última salida sin poder precisarse el momento de su ocurrencia. Mientras tanto, el infierno se acrecentará para la familia venezolana.

 

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La necesaria crudeza sobre el “todos pasan”, por Luis Fuenmayor Toro

@LFuenmayorToro 

En situaciones tan lamentables y difíciles como la que se vive hoy en Venezuela, y me refiero a la existente desde hace varios años aderezada en la actualidad con la epidemia de la COVID-19, se hace necesario, por lo menos cada cierto tiempo, hablar con absoluta severidad y hasta crueldad. Solo así se lograría que se comprendiera claramente lo que se vive, su gravedad y complejidad, y la necesidad de actuar con la cabeza bien puesta, utilizando al máximo el intelecto,  sin dejarse arrastrar por odios, resentimientos y furias desenfrenadas, que si bien son explicables no conducen a soluciones satisfactorias.

Uno de estos casos lo constituye la bestial (no merece otro nombre) decisión gubernamental de dar el año escolar por concluido, ante la situación epidémica que atravesamos y la resultante paralización de actividades docentes. Es aberrante decretar que terminó el año y que “todos pasan”, es decir que todos, sin haber cumplido los requisitos imprescindibles, aprueban un nivel educativo sin disponer de los conocimientos y las destrezas que se suponía adquirirían en el mismo. Se impone la salida fácil, la que suponen será bienvenida por la mayoría y que no requiere de esfuerzos, sacrificios y costos para ser instrumentada. ¿Son unánimes en esto?

Han debido reiniciar los cursos del período 2019-2020 tan pronto terminara la cuarentena, reprogramar todas las actividades previstas, prorrogar por el tiempo necesario el período escolar, bajo una supervisión especial dada la emergencia y culminarlo solo luego de haber cumplido todas las exigencias académicas. Casi inmediatamente, luego de un muy corto receso, arrancar el nuevo período 2020-2021, reprogramado también por la emergencia educativa, para llevarlo a feliz término. Habría significado sacrificios de los docentes, de los estudiantes y de sus familias, pero con toda seguridad habríamos alcanzado la normalidad en poco más de un año, a partir del reinicio de actividades.

El problema no es que todos aprueben. El problema es que todos tengan el conocimiento necesario del nivel educativo de que se trate. La decisión del Ministerio de Educación es una solemne piratería, muy propia de quienes, ante la falta de profesores, les aprueban asignaturas a los educandos sin haberlas cursado e incluso les colocan calificaciones falsas, enlodando sus registros académicos. Muy propias de resentidos que desprecian el conocimiento, pues sus planes alternos se basan en el uso de técnicos y profesionales de otros países. Muy propias de quienes exaltan en forma indebida los conocimientos y “saberes” naturales y ancestrales, colocándolos por encima y con carácter excluyente del conocimiento científico.

Se trata, una vez más, de una acción dirigida a mantener a nuestro pueblo en la ignorancia y en el subdesarrollo cultural y científico, que les garantiza a cualesquiera la posibilidad de engañarlo y manipularlo con facilidad y, de esa manera, mantenerse en el poder por tiempo prolongado. Nada libera más que el conocimiento. Sin el mismo seguiremos siendo una nación sometida, dependiente y subdesarrollada, pasto de delincuentes seudorrevolucionarios y de facinerosos seudodemócratas liberales.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es            

 

Sensibilidad y especificidad de las pruebas diagnósticas, por Luis Fuenmayor Toro

@LFuenmayorToro

Quisiera hoy hablar de dos características que tienen las pruebas diagnósticas en general, importantes de tener en cuenta a la hora de utilizarlas e interpretarlas. Utilizaré el lenguaje más sencillo posible, en orden de que se comprenda el asunto, sin pretender en absoluto sustituir las definiciones académicas y técnicas mundialmente aceptadas, ni las explicaciones de los textos especializados ni de los expertos médicos u otros profesionales. La infección por coronavirus ha sin dudas estimulado la necesidad de conocer la virosis y su desarrollo, las medidas sanitarias para su prevención, la comparación con otras virosis e infecciones, las posibilidades terapéuticas y de protección existentes, entre ellas el desarrollo de una vacuna, y el curso temporal, individual y colectivo, de la enfermedad hasta su desenlace.

Hemos visto a funcionarios gubernamentales y expertos sanitaristas explicar el crecimiento exponencial de la epidemia y su modificación con las medidas de restricción social. Han mostrado curvas estadísticas, así como modelos computacionales que explican el proceso de transmisión, elementos que no necesariamente están al alcance de la comprensión de la mayoría de la población, pero que indudablemente han sido un estímulo positivo para la lectura y el estudio. Ni qué hablar de las múltiples hipótesis sobre su origen, muchas veces más influidas por prejuicios ideológicos y políticos que por hechos científicos comprobados. Así como las implicaciones para el planeta en términos de su “recuperación” de la acción depredadora de los humanos y las consecuencias sociales y económicas mundiales. Se ha afirmado incluso que “todo será distinto” luego del final de la pandemia.

Pero regresemos al objetivo inicial de este artículo. Se trata de dos cualidades que deben tener las pruebas diagnósticas para ser útiles: sensibilidad y especificidad. La sensibilidad es la capacidad de la prueba de ser positiva en presencia de la enfermedad o infección que diagnostica. Es decir, en una persona infectada con el coronavirus, por ejemplo, si la prueba es altamente sensible pues será siempre positiva cuando se la realiza a una persona infectada. Si la prueba tuviera una sensibilidad del 80 por ciento, sería positiva en el 80 por ciento de los pacientes infectados. Sin embargo, la prueba podría dar positiva sin que existiera la infección, lo que generaría los llamados “falsos positivos”, o sea personas que dan positivo sin estar realmente infectadas, lo que nos lleva directo a la otra cualidad que debe tener la prueba: la especificidad.

La especificidad es la capacidad de la prueba de ser positiva solo en el caso de la existencia de la infección que diagnostica. Si una persona no está infectada con coronavirus, una prueba altamente específica tendría que ser negativa en esta persona, pues la prueba sería específica para el coronavirus y no para otros virus u otras infecciones. Especificidad y sensibilidad son dos características importantes para todas las pruebas diagnósticas y determinan, junto con la clínica de los infectados, la conducta médica a asumir individualmente y las medidas sanitarias a tomar por parte del Estado. Constituyen además las herramientas fundamentales en el seguimiento terapéutico de los enfermos y en el curso temporal de la epidemia, sirviendo además para conocer posteriormente el estado de inmunización en que quedó la población contra el patógeno causante, en nuestro caso el coronavirus.

Trump no está jugando carritos, por Luis Fuenmayor Toro

@ LFuenmayorToro 

Es aberrante que haya venezolanos que estén de acuerdo en que otro país, en este caso EE. UU., le imponga su voluntad a su propio país y, más aun, que lo haga mediante la fuerza militar que ostenta. Y que para justificarse recurran al patético argumento que Venezuela ya está invadida por chinos, rusos y cubanos. Es decir que, si su afirmación fuera cierta, para sacar a unos “invasores” desagradables es totalmente lógico y justo someterse a otros invasores, estos sí agradables y adecuados. Y digo “si fuera cierta”, porque no existe en Venezuela ninguna invasión de otros países. Afirmarlo sería aceptar que cuando los estadounidenses manejaban nuestro petróleo y demás minerales, les comprábamos aviones, helicópteros, tanques y todas las armas de guerra, teníamos sus asesores militares en nuestros cuarteles y llegaban a manejar directamente algunos instrumentos destinados a la defensa nacional como los radares, estábamos invadidos por ellos.

Una cosa es la dependencia tecnológica de otros países y otra muy distinta es una invasión. Una cosa es la injerencia de un país en nuestros asuntos internos y otra una intervención militar de cualquier tipo. Pero es que además, quienes nos oponemos a una intervención militar extranjera en Venezuela, hemos enfrentado abiertamente la injerencia cubana en nuestros asuntos. Hemos considerado inaceptable su presencia determinante en áreas que deben ser estrictamente operadas por el Estado venezolano, como son las dedicadas a la identificación de la población y al control de extranjeros, las de registros y notarías y las de los servicios de inteligencia. En el pasado enfrentamos este tipo de injerencia cuando se trataba de EE. UU. y hoy hacemos lo mismo en el caso de Cuba. No somos acomodaticios.

Y hacemos estas disquisiciones porque pensamos que las últimas medidas de la administración Trump son graves para la república y la nación venezolana. No estamos entre quienes creen que Trump está distrayendo la atención de los estadounidenses de su total fracaso en el enfrentamiento de  la epidemia por el coronavirus. Este puede ser un efecto adicional de sus decisiones, pero las mismas no tienen esta motivación. Tampoco creemos que se trata de una medida que busca reafirmar e incrementar su votación en el estado de Florida. De nuevo, esta puede ser una derivación de la decisión pero no su fundamentación. Y nos preocupa que el Gobierno recurra a estas explicaciones baladíes, pues pareciera que no se ha dado cuenta o no se quiere dar cuenta del escalamiento agresivo habido, lo que nos deja en una posición muy mala de frente al futuro.

Si no se sabe exactamente qué quiere el enemigo no se tiene claro el panorama para actuar en consecuencia. Sobre todo que hay una proposición imperial en la mesa, la cual es apoyada por la oposición títere, nombre que no es posible evitar en momentos como el actual, cuando es más que evidente que esa oposición está dirigida completamente desde el Departamento de Estado. Pero no basta este diagnóstico para actuar como se debe. Maduro no puede seguir teniendo como prioridad su permanencia en el poder a todo costo. Su prioridad debería ser salvar a la nación venezolana y la integridad de la república. No se trata en este momento de quién tiene la razón sino de cuánta fuerza se tiene y cuánta el adversario. Hay que negociar para evitarle sufrimientos peores al pueblo venezolano y para yugular la posibilidad de que quien quede se haga hegemónico, es decir con poder absoluto.

Nada conspira más contra la democracia y el pluralismo que la hegemonía. La democracia venezolana se mantuvo y creció mientras no hubo hegemonía. Cuando AD y COPEI se hicieron hegemónicos comenzó el deterioro político. Con Chávez pasó igual. Mientras no había alcanzado la hegemonía su gobierno se desarrolló, para luego iniciar su declive una vez alcanzada esta. El objetivo hacia el futuro sería lograr al final unos gobiernos democráticos y plurales, donde cese la persecución de quien disiente dentro de la Constitución, con total libertad de expresión y de información veraz, con libre asociación y diversidad de organizaciones políticas e ideológicas. Y absoluto respeto al contrato social llamado Constitución. Somos venezolanos y debemos caber todos.

Rechazo a las sanciones y condena del injerencismo, por Luis Fuenmayor Toro

@ LFuenmayorToro 

Quienes venimos enfrentando el actual régimen de oprobio, sus atropellos, inconsecuencias e ilegalidades; su incompetencia, negligencia e indolencia. Su entrega ante poderes transnacionales y la cesión que ha hecho de partes de nuestro territorio y de sus riquezas, con el único objetivo de mantenerse en el poder para usufructuarlo en beneficio propio. Quienes hemos además mantenido esta posición de total dignidad, sin recurrir a arrodillarnos cobardemente ante poderes externos, en actitud  rastrera y pedigüeña de acciones económicas y militares contra nuestra patria. Quienes hemos rechazado las acciones violentas desarrolladas desde hace 20 años, por quienes se creen propietarios de Venezuela y no aceptan la voluntad de una mayoría, a la que desprecian por ignorante, mal vestida y mal educada.

Con el derecho además que nos da ser venezolanos, nos dirigimos a Donald Trump exigiéndole el cese inmediato de las sanciones por ilegales, indecentes, arbitrarias e inhumanas.

“Sr. Donald Trump

Presidente de Estados Unidos de América

Quienes suscribimos, opositores al gobierno de Nicolás Maduro, nos dirigimos a usted a fin de exigirle, en estos graves tiempos de pandemia, la suspensión inmediata de las sanciones económicas y financieras adoptadas por su administración, en contra de nuestra república y promovidas por algunos factores en Venezuela y por varios gobiernos del continente.
Nuestra nación viene atravesando desde hace años una severa crisis económica provocada por erradas políticas oficiales, lo que a su vez ha ocasionado un deterioro sensible de las condiciones alimentarias y de servicios, en particular tres que atañen directamente a la lucha contra el COVID-19: el sistema público de salud, el de suministro de energía eléctrica y el de distribución de agua.

Las sanciones económicas y financieras cuya suspensión inmediata aquí estamos exigiendo, son medidas coercitivas unilaterales, a todas luces ilegales en el marco del Derecho internacional. Su suspensión, por otra parte, ya fue solicitada por la Unión Europea, por el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas al G20 y por su Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, debido a que además de agravar la crisis preexistente, conforman una agresión a los derechos humanos del pueblo de Venezuela y debilitan la lucha que libran los venezolanos contra esta terrible pandemia.

Es por ello que en nombre del interés de todos los venezolanos, sin importar signo político alguno, y en resguardo de la condición sanitaria de la región toda, demandamos de usted suspender de inmediato esas medidas coercitivas”.

Y con esto estamos señalando la posición indeclinable de no transigir con la potencia militar norteamericana, ni con los países vasallos que le siguen en su agresión a la nación venezolana, ni con los nacionales que dejaron de lado a su patria en función de sus bastardos intereses personales y de grupo. Hemos venido planteando la necesidad de la unidad nacional ante la emergencia sanitaria que enfrentamos. La respuesta del gobierno ha sido positiva a esta demanda, independientemente de su sinceridad o de la credibilidad que esta conducta suscite. Seguimos en espera de una respuesta positiva de parte de los sectores patrióticos de la oposición radical, pues los peligros para la nación son graves y más que evidentes. Quien no lo entienda o no quiera entenderlo que después no se lamente.   

@ LFuenmayorToro 

Muy difícil la situación en el país en torno a estar seguros de lo que sucede con la epidemia generada por el virus COVID-19, enfermedad hasta ahora sin nombre propio, pese a lo importante que se ha vuelto en la vida de toda la humanidad. En todo acto de conocer, en todo análisis, en todo juicio, por más imparcial, ecuánime y justo que se pretenda ser, hay una carga subjetiva presente imposible de erradicar. En mi caso, esta limitante tiene que ver con mi profundo deseo de que la epidemia sea controlada lo más rápidamente posible. Que podamos de nuevo salir a las calles y realizar nuestras actividades con la mayor normalidad en las circunstancias actuales.

Estoy muy lejos de quienes quieren, aunque no lo acepten y mucho menos lo digan, que el gobierno fracase en su lucha contra esta infección viral pulmonar. He allí mí limitante, de la cual estoy orgulloso.

Aunque esta subjetividad está siempre presente en todos los actos que signifiquen conocer, en Venezuela su magnitud está seriamente afectada dada la lucha política a muerte existente entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición hoy representada por Juan Guaidó. Esta polarización extrema les impide a los combatientes siquiera acercarse a posiciones más objetivas, sensatas, imparciales, justas, neutrales, serenas, con el añadido de que no aceptan ni siquiera la existencia de esta perjudicial limitación. La realidad parece haber desaparecido de sus campos sensoriales, para dar paso a las emociones y a los sentimientos más primitivos, menos cerebrales, los cuales se traducen en posiciones claramente inhumanas y destructivas, en las que solo satisface la desaparición del contrario por cualquier medio.

Esto lleva a la incredulidad total de todas las informaciones dadas por el gobierno sobre el curso de la epidemia. No se quiere que los casos sean los informados oficialmente; tienen a juro que ser muchos más y deben ocurrir muertes. Hay terror en que el gobierno llegue a controlar la epidemia, pues pudiera significar una importante ganancia política ante una población en total minusvalía y seriamente aterrorizada por la pandemia. Las últimas afirmaciones de Juan Guaidó lo reflejan, pues habla irresponsable y negligentemente de la existencia de 200 enfermos, número fantasioso que dice proviene de “un ministerio” como fórmula de darle alguna credibilidad. Cualquiera en su sano juicio lo contrastaría con el hecho de que ninguno de los gobernadores ni de los alcaldes de oposición ha objetado las cifras oficiales dadas en sus regiones.

Ya esta dirección opositora nos demostró a todos su indolencia ante el sufrimiento de los venezolanos con la quema de la “ayuda humanitaria”. Recordemos también que no aprobó el crédito ofrecido por la CAF para la recuperación del sector eléctrico nacional, pese a que el gobierno ya había aceptado que los recursos los administrara el PNUD. No le importaron los zulianos, ni los merideños ni neoespartanos y caraqueños, que se hubieran beneficiado. Sus perversas mentes estaban puestas en que ese bienestar generado podría ser utilizado por Maduro, para hacer proselitismo o podría significar menor descontento de la gente. Y ellos quieren que la gente siga sufriendo para que vote por ellos o apoye sus planes violentos contra el gobierno. Es exactamente la misma lógica que los hace apoyar las sanciones contra la República. Sin duda una política cruel, retorcida y malévola.

Pero no estaría completo el análisis si no vemos la otra cara de la moneda. La incredulidad hacia el gobierno no es tampoco una actitud gratuita y solo producto de mentes perversas. Este gobierno ha hecho muchísimas promesas falsas, ha mentido miles de veces, ha engañado y calumniado. Afirma que las sanciones son las responsables de la crisis, cuando esta comenzó varios años antes y fue causada por su incompetencia, negligencia y corrupción. Ha sido un gran manipulador de hechos y situaciones durante años. Destruyó el aparato productivo venezolano, acabó con PDVSA, la CVG, la CANTV, las empresas eléctricas, el Metro de Caracas… Dilapidó 1,3 billones de dólares y ha violado la Constitución y las leyes cada vez que ha querido, soportado por el régimen militar represivo y violador de los DD. HH. instaurado.

No invento nada. Allí está la hiperinflación existente, una de las peores de todos los tiempos; la criminal devaluación de la moneda hasta su virtual desaparición, los increíblemente bajos salarios de 3 o 4 dólares mensuales, el extendido deterioro escolar y hospitalario, las cifras de pobreza general (80 %) y extrema (60 %), las elevadas tasas de mortalidad materna, infantil, neonatal y de menores de 5 años; la reaparición de enfermedades controladas en el pasado: malaria, sarampión, fiebre amarilla; la informalidad laboral que afecta a más del 50 por ciento de la población económicamente activa, la escasez de gas y gasolina, los apagones, el caos del transporte colectivo y el grave déficit en el suministro de agua potable. Y todo ello ahora agravado con las sanciones criminales de EE. UU. y la epidemia por coronavirus.

Ante la epidemia, el gobierno ha desatado toda una campaña propagandística no solo sanitaria y ha informado a la población de sus acciones de contención del virus. Esta se basa en la cuarentena casi total y extendida nacionalmente, la encuesta de millones de personas a través del Portal Patria, la búsqueda domiciliaria de los contactos de los contagiados, el uso de las pruebas diagnósticas existentes y acciones urgentes de rehabilitación de hospitales y centros de salud, así como el uso de hoteles, para aumentar la disponibilidad de camas generales y de terapia intensiva. Esta política parece correcta y algunas de sus concreciones son más que evidentes, otras lo son menos y no es fácil saber su grado de veracidad. Tiene publicadas además unas pautas terapéuticas, que se basan en el uso de cloroquina (antimalárico conocido desde hace 80 años) sola o junto con antibióticos, antivirales (remdesivir y favipiravir) e interferón alfa 2.

El manejo de la emergencia lo ha hecho con la desviación militarista que lo caracteriza y haciéndose propaganda. No es el ministro de salud quien está al frente. Se apoya casi exclusivamente en la ayuda china, cubana y rusa, lo cual no tiene por qué desmerecerla, que contrasta totalmente con la agresión despiadada e indolente del Departamento de Estado, apoyada por el extremismo antinacional de Juan Guaidó y su claque. Es así, aunque le duela a algunos amigos y a otros no tanto. Ellos han tomado partido y se han alejado entonces enormemente de la objetividad que se necesita en estos difíciles momentos. Si el interés estuviera en el país y no en el poder, ambos harían un alto en las hostilidades y se enfrascarían en enfrentar al enemigo común: el nuevo coronavirus.

Se ha asomado la posibilidad de un préstamo especial del FMI por la emergencia sanitaria, que fue apoyado por Europa. El gobierno parece que decidió “caer en sus garras”. Sus adversarios ya públicamente han negado esta posibilidad, demostrando con ello su calaña. Otros, no sin razón, dicen que entregarle dinero al gobierno es perderlo en corrupción. Si este es el problema, se puede buscar que los fondos de préstamo los administre una agencia internacional incuestionable como el PNUD. Esta efectuaría las compras, recibiría lo comprado y supervisaría su uso. El gobierno estoy seguro que aceptaría esta administración de los fondos, pues ya la aceptó en el caso del préstamo frustrado ofrecido por la CAF. Faltaría ver si AD, UNT, PJ-Capriles van a continuar siguiendo y apoyando las mezquindades asesinas de Leopoldo López y de Julio Borges. Sería una gran decisión que la AN dirigida por Guaidó aprobara esta solicitud. Tienen la palabra.