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Luis Fuenmayor Toro

“El Ceresole venezolano”, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb 

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, el general Dwight Eisenhower visitó los campos de exterminio nazis. En su libro Cruzada en Europa relata que muchos de los oficiales no soportaron ver aquellos horrores. Sin embargo, él decidió que tenía que verlos para documentar absolutamente todo. El primero de los campos que visitó fue el de Ohrdruf, cerca del pueblo de Gotha, un anexo del campo de concentración de Buchenwald, el primero en ser liberado por los estadounidenses:

“Visité todos los rincones del campo porque sentí que era mi deber estar en una posición, desde entonces, para testificar de primera mano sobre estos hechos, en caso de que alguna vez creciera en alguna parte la creencia o la suposición de que la brutalidad en las historias de los nazis era solo propaganda. No solo visité los campos del horror, sino que tan pronto como regresé al cuartel general de Patton esa noche, envié comunicaciones a Washington y Londres, instando a los dos gobiernos a enviar de inmediato a Alemania un grupo aleatorio de editores de periódicos y grupos representativos de las legislaturas nacionales. Sentí que la evidencia debería presentarse inmediatamente ante el público estadounidense y británico de una manera que no dejara lugar a dudas cínicas”.

Esa “duda cínica” de la que hablaba Einsenhower se presentó de nuevo. Esta vez en Venezuela y en boca del nuevo “rector suplente del CNE”, Luis Fuenmayor Toro, quien dijo, según Entorno Inteligente, que “la inexistencia del Holocausto está más que documentada. No hay sino que leer ‘La mentira de Ulises’, de Rassinier, ‘El Mito de los seis millones’, de Hoggan y el libro de Ilan Pappe, para saberlo. Holocausto hay hoy en Palestina; en vivo y en directo”.

Muchas personas levantaron sus voces de repudio, a las que uno la mía. La embajada de Alemania, el país de dónde salió la idea de la “solución final”, el exterminio de los judíos, le salió al paso. En un tuit del 16 de junio, expresa:

“Rechazamos de manera categórica cualquier relativización sobre el Holocausto perpetrado por el régimen totalitario nacionalsocialista y que costó la vida de seis millones de judíos europeos. Su negación, especialmente por parte de figuras públicas, no puede sino ser repudiada”.

Solo un ser despreciable puede decir esas cosas. Y suponiendo que fuera cierto que hoy en Palestina exista un holocausto, como él dice, no significa que en el pasado no los hubo. El hecho de que hoy existan injusticias, genocidios, y otros horrores no borra los anteriores. Un amigo mío dice que él es “el Ceresole venezolano”. La verdad es que la comparación con el conocido antisemita y asesor de Hugo Chávez viene como anillo al dedo.

Yo pasé un mes en Israel en 2011. Y puedo decir con propiedad que los palestinos dependen de los israelíes. Trabajan con y para ellos. Si no estuvieran los israelíes, los palestinos fueran muy, muy pobres. Y espero que algún día lleguen a un acuerdo de dos países, dos gobiernos, una capital. Pero… ¿negar el Holocausto?… ¿Negar esa página negra de la historia de la Humanidad cuando todavía hay sobrevivientes y existe documentación de absolutamente todo?… Definitivamente, el fanatismo es uno de los pilares de la estupidez.

Aplaudo el tuit de la Embajada de Alemania y las reacciones de rechazo de tantos sectores de la sociedad. Y me preocupa que un individuo como Fuenmayor Toro sea “parte” del CNE o de cualquier otra institución. Porque si niega el Holocausto, puede hacer cualquier otra cosa (y si los rumores que sobre él circulan son ciertos, ya ha hecho unas cuantas).

¡Qué asco siento!

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Editorial, por la verdad del Holocausto

Monumento Homenaje al Holocausto, Berlín, Alemania. Foto Jplenio en Pixabay.

Hemos decidido retirar todos los artículos de Luis Fuenmayor Toro de los servidores de Runrun.es por la negación del Holocausto que este columnista sostiene, y que ha defendido reiterada y públicamente desde su cuenta de Twitter.

No podemos aceptar la negación de una de las peores violaciones a los derechos humanos de la historia de la humanidad, como lo fue el genocidio perpetrado por los nazis en nombre de una supuesta supremacía aria. Al negar Fuenmayor la existencia del Holocausto, desconoce el sufrimiento de polacos, rusos, húngaros y judíos.

En sus palabras desensibiliza la tragedia de millones de personas que sucumbieron ante un régimen totalitario y xenófobo. Y plantea una discusión basada en datos falsos y verdades torcidas para montar una narrativa antisemítica.

Nuestros valores no están alineados con los de este columnista. Y aunque creemos firmemente en la libertad de expresión a toda costa, no podemos darle tribuna a quien busca torcer la verdad para justificar, así sea por omisión, el asesinato de millones de personas inocentes.

Basta un viaje a Auschwitz-Birkenau para ver las cámaras de gas que cobraron miles de vidas, junto con los registros del crematorio. Revisar los documentos sobre el conocimiento de Hitler acerca del exterminio sistemático de judíos, polacos y otros gentilicios en la llamada “Solución Final”. Basta con ver y leer el diario de Anne Frank y oír los testimonios de los sobrevivientes. Negar que esto sucedió es un golpe a la verdad, a la historia y a la sensibilidad humana. Y pretender basar esa negación en autores cuestionados, que desestiman todas las pruebas documentales existentes para justificar su antisemitismo, es una burla al lector. Sobre todo ante un tema tan doloroso para la humanidad entera como el Holocausto.

Promover la negación de la existencia del Holocausto es un terrible testimonio de la intolerancia de nuestros tiempos. Y personas que apoyan esta línea de pensamiento no están en sincronía con los valores de nuestro medio, que premia la búsqueda de verdad por sobre todas las cosas. Por lo que rechazamos la manipulación de los hechos para alinearlos con falsas y peligrosas ideas que dividen, señalan y atacan a minorías solo por su raza, religión, orientación sexual, nacionalidad, entre otras cualidades.

No son sólo incapaces, por Luis Fuemayor Toro

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Sin duda ninguna, la incapacidad es una característica fundamental del gobierno actual. No hay sino que oír a cualquier vocero gubernamental para darse cuenta de ello. Las explicaciones esotéricas que le dan a los fenómenos, las contradicciones en que permanentemente caen, las decisiones irracionales, paradójicas y desatinadas que toman, le dicen a cualquier espectador atento e imparcial, que la ignorancia está en el centro de la acción gubernamental. Esta conclusión se refuerza cuando se observa al equipo de gobierno y se conoce su formación y su experiencia en las áreas donde tienen que tomar y toman las decisiones. A esto se suma la soberbia de los ignorantes, que los ayuda a compensar el complejo de inferioridad que sienten interiormente.

Estamos frente a un gobierno incapaz en el más amplio sentido de la palabra. Su casi única experiencia es la que han obtenido siendo gobernantes todos estos años. Esto ya lo dice todo. Pero no es la incapacidad el único aspecto negativo del Gobierno, y no me refiero sólo al Ejecutivo, sino a todos los poderes nacionales, regionales y locales. Están conscientes de ello y saben que lo están haciendo mal, que no dan pie con bola, pero tratan de impedir que esa profunda incapacidad e ignorancia pueda verse con claridad, no sólo internamente sino en el ámbito internacional. Se hace necesario entonces impedir que sean puestas de manifiesto y, para ello, han ido eliminando todas las fuentes de información oficial sobre la situación del país.

La ausencia de esta información es una dificultad para conocer con certeza lo que ha ocurrido, única forma de elaborar un programa capaz de enfrentar exitosamente la grave crisis actual. Esa grave limitación se vuelve incluso contra el mismo gobierno, ya que la ausencia de informes y estadísticas periódicos permite a distintos funcionarios “protegerse” de sus supervisores, por lo que no se sabe que las cosas andan mal ni quiénes son los responsables. El Instituto Nacional de Estadística, necesario para la acción gubernamental, no publica desde 2014 la Encuesta de Hogares por muestreo. El Banco Central de Venezuela tiene años sin informar el estado de las cuentas nacionales, del curso de la inflación, de la escasez y de la balanza de pagos.

Se carece de información sobre el destino, la administración y los resultados de inversiones tan grandes como la de FONDEN, donde la suma de recursos involucrados es de 135 mil millones de dólares, manejados por Chávez y Giordani y por Maduro y Giordani. El ex ministro no ha sido citado para investigar qué pasó con esta gigantesca cifra. Hay total obscuridad sobre CADIVI, BANDES y el Fondo Común China Venezuela. Esta carencia impide las acciones futuras de recuperación y agregan mucha incertidumbre a los planes de recuperación que han sido esbozados.