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El futuro de la juventud en sectores populares, por Ignacio Azpúrua

@miconvive 

“Si nos quedamos achantados, nos vamos a perjudicar más”. Esto lo dice José, un joven de la Cota 905 refiriéndose a las últimas semanas que ha pasado en cuarentena. En su comunidad, para muchas personas dejar de trabajar un día significa dejar de comer, o no tener recursos para afrontar una emergencia médica.

Santiago, otro joven del mismo sector dice al respecto: “supuestamente nosotros seguimos contratados, nosotros seguimos trabajando todavía (…) Yo no entiendo mucho eso, porque el local no está generando plata y no tienen cómo pagarnos. Entonces bueno no nos pagaron la quincena, ni el CestaTicket y cómo te digo no nos han dado respuesta”.

Al decir esto, tanto José como Santiago nos hacen preguntarnos cómo afrontarán los sectores más vulnerables las restricciones sociales y económicas que se han implementado durante la pandemia. Si es común en estas comunidades que no haya agua, ni posibilidades de ganar dinero, ¿cómo exigirles que se laven las manos o usen tapabocas?

Tanto Santiago como José se encuentran en una situación crítica. Los dos forman parte del programa “Vamos Convive”, un proyecto para la prevención de la violencia de la organización Caracas Mi Convive, el cual ofrece oportunidades laborales a jóvenes excluidos de las comunidades caraqueñas.

José es un estudiante que vive cerca del punto de encuentro de la banda delictiva de su comunidad, quien comenzó a trabajar en una tienda de ropa. Santiago, por otro lado, abandonó sus estudios de bachillerato porque su familia necesitaba que comenzase a trabajar; gracias al programa, se había iniciado en un restaurante.

Ahora, en plena pandemia, y viviendo en un contexto de exclusión con presencia de bandas armadas, ninguno de los dos sabe cómo harán para llevar comida a sus hogares.

Los jóvenes de estas comunidades no pueden simplemente sentarse sin hacer nada, necesitan apoyar en sus casas. Debido a esto, en sus comunidades las medidas contra la pandemia se cumplen a medias. Muchos se han visto obligados a buscar formas alternativas de conseguir dinero o comida. Lo que comúnmente se llama “matar tigres”, como pueden ser: cargas de gas o agua, trabajar en construcciones de la zona o colaborar en abastos o mercados locales.

Todas son actividades en las que se han involucrado José, Santiago y otros vecinos, que si bien les permiten sobrevivir, también los exponen al contagio de la COVID-19.

A su vez, el futuro que estaban intentando construir al comenzar a trabajar se torna incierto. Responder a esta emergencia podría llevarlos a tomar decisiones apresuradas que los colocan en riesgo. Santiago, por ejemplo, estaba a punto de iniciar un emprendimiento para vender arepas en conjunto con su mamá, incluso había vendido su celular para poder invertir. Pero, ahora, decidieron utilizar ese dinero en comida y otros elementos necesarios.

José, por otro lado, explica que se siente inútil, como si “no pudiese hacer nada, salir a ningún lado, ni trabajar o estudiar”. Si bien José se considera un joven estudioso, se le hace difícil o hasta imposible cumplir sus responsabilidades académicas ya que ahora son online. En su casa no tiene internet ni computadora y, por la pandemia, el cibercafé más cercano se encuentra cerrado. Sabe que la situación lo obligará a repetir el semestre.

A pesar de estas dificultades, la familia y los vecinos de los dos jóvenes se han organizado para apoyarse y hacer frente a la emergencia. Esto les ha permitido subsistir hasta el momento. Entre ellos comparten comida y, en muchas ocasiones, se ayudan para conseguir “tigres” que les permitan ganar dinero. Sin embargo, al no saber la extensión de esta cuarentena, puede que llegue el punto donde la solidaridad familiar y comunitaria no sea suficiente.

En este sentido, uno de nuestros mayores temores es que resulte tentador para ellos unirse a la banda delictiva en su comunidad. Como muy bien lo expone Leonardo, uno de los líderes de Caracas Mi Convive:

“Ahora en la cuarentena los jóvenes no están ocupados. Cuando los muchachos están ociosos, están más cerca de la violencia. Ahora tienen todo el día cerca de los miembros de la banda, que son los que tienen el control territorial. Me preocupa que los vean como un ejemplo a seguir, porque ellos son los que están controlando la cuarentena”.

En el caso de la Cota 905, la banda juega un papel central en la comunidad. De día reparte comida a las familias más necesitadas, de noche, sus miembros son quienes obligan a los ciudadanos -mediante amenazas- a cumplir la cuarentena. Son un grupo que genera miedo, respeto, y tiene acceso a recursos que cada vez son más escasos. Su simple presencia en las comunidades coloca a jóvenes como Santiago y José en una situación de riesgo marcado.

Pero por suerte, nuestros temores parecen no haberse cumplido. Al preguntarle al respecto, José nos comenta: “Ahora yo hago lo que sea, pero por el buen camino, no hay nada malo ni nada por el estilo”.

Esta actitud, compartida por Santiago, es sin duda admirable. Aun con diversos incentivos para iniciarse en actividades criminales, tanto ellos como otros jóvenes con los que hemos entrado en contacto nos han demostrado su resiliencia. Lo cual nos llena de esperanza, porque nos recuerda que los ciudadanos comprometidos con la convivencia podemos superar cualquier obstáculo. Vivimos una realidad difícil, donde una pandemia se unió a una emergencia humanitaria compleja.

 Las medidas de distanciamiento social y confinamiento son necesarias, pero parecen ser muy difíciles de cumplir en contextos populares. La realidad coloca a jóvenes como José y Santiago en una situación crítica, dado que su futuro se torna incierto y las acciones que tomen en plena crisis podrían afectarlos el resto de sus vidas. Desde Caracas Mi Convive admiramos su resiliencia, pero también queremos hacer un llamado de atención ante la necesidad de políticas sociales comprensivas que les permitan a los habitantes adaptarse a la nueva realidad. El hacer que las medidas preventivas ante el COVID-19 sean viables en el país, es un paso fundamental para el futuro de nuestra juventud.el futuro de la juventud en sectores populares

 

Quedados en el apparatchik, por Alejandro Armas

 

 

RECUERDO QUE CUANDO ERA PEQUEÑO, MIS PADRES, como todos los padres, me hablaban de lo destructivas que son las drogas y me advertían que me mantuviera alejado de ellas. Me decían que en su juventud era difícil conseguir a alguien que no las consumiera, al menos con poca frecuencia, y que algunos de sus conocidos sucumbieron a una adicción de la que nunca se liberaron, lo cual comprometió permanentemente sus posibilidades de conseguir un buen trabajo y prosperar. En alusión a aquellos días de pocas responsabilidades y mayor margen para la experimentación que caracterizan la adolescencia y la adultez temprana, se referían a aquellos individuos como “quedados en el aparato”.

Ahora bien, hay varias formas de quedarse en el aparato y no todas tienen que ver con estupefacientes. El pensamiento dogmático, la militancia ideológica rígida, como explicó Sartori, puede preservar de manera milagrosa posiciones políticas que de otra forma tendrían fecha de caducidad. No importa que haya, no digo una montaña, sino una Cordillera de los Andes de evidencia empírica contra los postulados de la teoría seleccionada. El fanático siempre buscará una forma de rechazar esas pruebas, por más irracionales que sean los argumentos empleados. Pasa, por ejemplo, con la ortodoxia marxista-leninista, que ve la sociedad del siglo XXI con los mismos lentes de un antagonismo de clases propio de hace centuria y media.

Los simpatizantes de esta extrema izquierda llevan un par de semanas emitiendo comentarios furibundos sobre Venezuela, ahora que el país nuevamente suele aparecer en las portadas de periódicos a lo largo y ancho del mundo. Según ellos, hay en marcha “un golpe de Estado conducido desde Washington contra el gobierno revolucionario y ampliamente popular de Nicolás Maduro, cuyo propósito es restablecer un orden neoliberal mediante el cual trasnacionales anglosajonas y oligarcas criollos se lucrarían de la riqueza petrolera y dejarían por fuera de cualquier beneficio a las masas humildes”. Añaden que “en Venezuela hay democracia plena, los problemas económicos son culpa de las sanciones norteamericanas, el gobierno de Maduro ha intentado incontables veces dialogar con sus detractores y una oposición violenta se empeña en derrocarlo”. Es como ver Telesur en otros idiomas.

Entre quienes se han dado a la tarea de pontificar así está Roger Waters, destacado músico británico mejor conocido por haber sido el bajista y principal fuerza creativa detrás de la banda Pink Floyd, durante su período de mayor éxito. Todo comenzó con un mensaje en su cuenta de Twitter defendiendo el régimen de Maduro y afirmando que en Venezuela hay una “democracia real”. Un par de días más tarde, Waters difundió un texto más extenso, en el que admitió haber recibido una avalancha de críticas por su comentario. Pero, en una muestra de arrogancia sobrecogedora, desestimó las reacciones caricaturizando a toda la oposición venezolana como un grupo de privilegiados de piel blanca y que vive en el extranjero (“en Nueva York”, dijo específicamente, a pesar de que los venezolanos que vivimos en la Gran Manzana somos muy pocos). No conforme con ello, Waters presentó como pruebas de lo que los venezolanos pensamos una encuesta… De Hinterlaces, revelada en el programa televisivo de José Vicente Rangel, siempre dando a entender que se trata de información confiable y objetiva, de fuentes muy respetables. Asumo que Waters ignora que Rangel es un connotado miembro de la elite gobernante venezolana. O que Hinterlaces es encabezada por Óscar Schemel, un miembro de la ANC.

Hablando de nuevo de mis progenitores, fue gracias a ellos que desde la infancia me enamoré de la música de Pink Floyd. Las notas de sus dos obras más conocidas, The Dark Side of the Moon y The Wall, sonaron en mi casa desde que tengo uso de razón. Ya más maduro descubrí por mi cuenta las vibras psicodélicas de sus primeros discos, así como esa maravilla que es Wish You Were Here. Su sucesor, Animals, inspirado en la más famosa novela de George Orwell, me parece un concepto fascinantemente congruente con la Venezuela actual y su sociedad dividida en “cerdos, perros y ovejas”.

Los pronunciamientos de Roger Waters me hirieron. Mucho. Yo ya sabía que el hombre tenía inclinaciones de izquierda, lo cual está bien. Pero no pensé que sería capaz de unas declaraciones tan ignorantes e infelices. Estoy convencido de que no se puede juzgar una obra de arte por el artista, pero por los momentos me cuesta escuchar esa música sublime sin recordar las odiosas palabras de Waters, que también me recordaron una vez más los peligros del fanatismo político. Sobre los peligros de quedarse en el aparato advertidos por mis papás.

Propongo al lector un ejercicio psicológico: imaginemos que estamos en 1968. La efervescencia revolucionaria conmociona Occidente. La juventud, desencantada con el statu quo y también con los viejos dirigentes comunistas, exige cambios radicales. Los afroamericanos luchan por sus derechos. Igual las mujeres. Un supremacista blanco (excusen el feo anglicismo con raíces latinas) asesina a Martin Luther King. La Guerra de Vietnam es blanco frecuente de las protestas. La “nueva izquierda” marca la pauta filosófica de los rebeldes. Hasta Moscú hiede a revisionismo burgués y es Mao, al frente de la Revolución Cultural, quien encarna el futuro del comunismo, como ilustra el filme La Chinoise, de Godard. El Gran Timonel es una de las tres grandes “M” (las otras dos son Marx y Marcuse). Los estudiantes sacuden París. En Tlatelolco los masacran. La moralidad sexual victoriana agoniza. La marihuana y el LSD están por doquiera. Suena The Doors, Jefferson Airplane, Jimi Hendrix… Y Pink Floyd, en su primera etapa.

Hasta cierto punto es comprensible que una juventud en la que Roger Waters y sus compañeros de banda eran ídolos, se comprometieran en aquel entonces con las ideas de ultraizquierda. Después de todo, es cierto que en buena parte de Occidente las normas sociales y culturales eran dictadas por elites reaccionarias y retrógradas. No es falso que, en nombre de la lucha contra el comunismo, el Gobierno de Estados Unidos estaba apoyando activamente dictaduras sanguinarias en América Latina, África y Asia (aunque por otro lado los soviéticos estaban acallando a sangre y fuego el reclamo democrático checoslovaco). Lo insólito es que hoy, tras la caída del Muro de Berlín, tras la evidencia del fracaso del socialismo revolucionario como generador de igualdad y prosperidad generalizada, tras conocerse los crímenes aberrantes de Stalin, Mao, Pol Pot y otros; lo insólito después de todo esto, digo, es que haya personas asumiendo que todo régimen de izquierda es democrático y productor de bienestar, y que por lo tanto cualquier intento por cambiarlo merece absoluto repudio.

Lo peor es que en Estados Unidos y Europa lo hacen desde la libertad y la comodidad que les brinda ser ciudadanos de Estados democráticos, republicanos y con sistemas económicos de mercados libres o regulados moderadamente. Derechos con los que no cuentan los subyugados por los regímenes que admiran. Ah, la pasión por el “buensalvajismo” disecada por Carlos Rangel. En el caso de Waters, el señor nos espeta su defensa del socialismo extremo desde la holgura que brinda haber sido una fábrica de discos exitosos. The Dark Side of the Moon es uno de los álbumes más vendidos de la historia, con decenas de millones de copias certificadas. Forbes estima que el ex líder de Pink Floyd tuvo un ingreso de 68 millones de dólares entre junio de 2018 y junio de 2019. Aun quitando impuestos y comisiones, es evidente el volumen de dinero del que hablamos. No sé si alguien la habrá comentado a Waters que Chávez en una ocasión expresó que “ser rico es malo e inhumano”.

Soy consciente de que este espacio es leído exclusivamente o casi exclusivamente por venezolanos. Por lo tanto, no veo necesidad de ahondar en detalles sobre las diferencias enormes entre la situación política venezolana y el contexto de Guerra Fría con el que Roger Waters y demás trazan comparaciones alegremente. Venezuela hoy no es Guatemala en 1954, ni Maduro es Allende. Lo peor de estos símiles es que no son inocuos. La elite gobernante venezolana siempre ha buscado el favor de la opinión pública mundial. Ciudadanos comunes de otras latitudes que por lejanía sientan poco interés por Venezuela pudieran ver en los artistas “políticamente conscientes” una fuente apropiada de información al respecto.

La crisis venezolana no es un antagonismo entre derecha e izquierda. No son solo Trump y Bolsonaro quienes se han pronunciado contra la elite imperante de Caracas. También lo han hecho los gobiernos socialdemócratas de España, Portugal, Ecuador y República Dominicana, así como miembros de primer orden del Partido Demócrata de Estados Unidos, como la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Hay izquierdistas que han entendido que esto es entre la democracia y su negación. Son quienes no se quedaron pegados en el aparato. ¿O en el apparatchik de la izquierda caviar mundial?

 

@AAAD25

D. Blanco Jun 07, 2018 | Actualizado hace 2 años
¿Chamba segura?, por José Domingo Blanco

 

Los vi en la avenida principal de Los Campitos. También en la autopista Prados del Este a la altura del Distribuidor Santa Fe. La mañana del jueves, fueron los responsables de la tranca en la autopista –congestionamiento ahora inusual, porque la ciudad está cada vez más solitaria y poco transitada. Un grupo estaba apostado cerca de la escultura en forma de gota que está al lado del CCCT. Otro, más allá de La Carlota. Unos cuantos, debajo del Distribuidor Altamira. A veces, eran tantos, que el trayecto se reducía a un solo canal. Los encontré esparcidos en el camino que transité, tanto de ida como de vuelta. La tranca me permitió detallar lo que hacían y cómo estaban identificados: podaban la maleza, recogían los escombros y apilaban la basura. Incluso, barrían las cunetas, talaban árboles, sembraban maticas ornamentales, arrancan afiches y pintaban, de amarillo o gris, las paredes o los bordes de las aceras. Una labor que tenía tanto tiempo sin ver que, debo confesarles, me tomó por sorpresa… y despertó la suspicacia.

El lunes de esta semana, algunas de las principales arterias viales –las más vistosas- del sureste de la ciudad fueron tomadas por unas cuadrillas de limpieza, armadas con rastrillos, cuñetes de pintura, brochas, bolsas plásticas y otras herramientas. Lucían como único uniforme unas franelas azul marino nuevecitas con la cara de Chávez y Nicolás. Imaginé que el comandante de este operativo era el gobernador de Miranda quien, desde su elección, se ha mantenido más bien calladito y bajo perfil. Su nombre, Héctor Rodríguez, grandote y en negritas, no relucía por ningún lado -un gesto que interpreté como de humildad; por cierto, poco usual entre los políticos que adoran ver su cara y nombre estampados en cuanta cosa emprenden. En cambio, la jornada estaba identificada solo con el perfil del difunto y de Maduro. No había logos de ministerios ni de la gobernación. Solo la cara de Hugo y Nicolás, mirando hacia la izquierda, y con un lema a pie de página: “Juntos todo es posible”, como para que no olvidemos que, si este régimen todavía persiste, es porque Chávez así lo impone desde el más allá.

Para mi sorpresa, las tareas continuaron el martes, el miércoles y el jueves. Por la cara de los trabajadores, la mayoría muchachos muy jóvenes, supuse que eran los beneficiados del Plan Chamba Juvenil, esa promesa de Nicolás de trabajo bien remunerado y digno y al que, según los publicistas de la Revolución, se han incorporado más de un millón de jóvenes quienes, por supuesto, para poder beneficiarse de él, también deben portar el Carnet de la Patria.

Como el tráfico me lo permitió, y mi curiosidad era mucha, bajé el vidrio del carro y llamé a uno de los chamos para que me contara de qué se trataba todo eso. Se acercaron tres muchachos, tan curiosos como yo y dispuestos a responder, o quizá para aprovechar la excusa de mi interrogatorio y tomar un breve descanso. El más conversador me contó que barrer no era lo suyo; pero, que prefería hacer eso “que estar atravesao en la calle”. “Nos van a dar tres mil bolos semanales que no me van a alcanzar ni pa′ comprá un pollo. Menos pa′ comprarme una motico que es lo que de verdad quiero”, y me di cuenta que, pese a que el gobierno aplazó la reconversión, desde hace rato en las barriadas populares, para poder sobrellevar la hiperinflación, cuando se habla de cifras, la moneda perdió los tres ceros.

 

-No se crea, patrón, es verdad que estamos dejando esto bien pulío; pero, nos dijeron que esto es solo por tres meses. No se mal acostumbre y vaya a creer que nos va a ver por aquí a cada rato. Son solo tres meses. Y sueltan una risa burlona, conscientes de que, lo que hacen, es solo parte de un circo.

– ¿Y tuvieron que sacarse el Carnet de la Patria? –aprovecho para preguntarles en vista de que la cola sigue sin avanzar.

 

-Claro, patrón. Si no nos dan la chamba; pero, la plata para pagarnos se la van a depositar al jefe de cuadrilla y él después nos la va a dar a nosotros.

 

“¿No se la van a meter en el Carnet de la Patria?” les repregunto para poder entender el sistema de pago con el que le remunerarán el trabajo a destajo. “Yo lo único que sé –responde- es que toda la plata se la van a dar a él”. ¿Y la bolsa Clap no se las ofrecieron como beneficio adicional? Indago. “Qué bolsa Clap, ni que nada patrón. La franela y tres mil bolos por semana. Más nada”. Y aunque 12 millones de bolívares por un mes de trabajo es más que la pensión de los jubilados y el salario mínimo, percibo la inconformidad propia de la juventud que siente que la remuneración no es proporcional al esfuerzo.

La corneta del carro que tengo atrás, me obliga a poner punto final a la entrevista improvisada. Cuando estoy a punto de despedirme de los chamos, el que llevó la batuta a la hora de responder me espeta: “patrón, si usted vuelve a pasar por aquí y me ve, ayúdeme a conseguir un trabajo estable en una empresa”. Y sentí en su petición la inconformidad hacia el plan que, lo menos que ofrece, es una chamba segura.

 

@mingo_1

Instagram: mingoblancotv

¿Quién les habla a los jóvenes?, por Edward Rodriguez

 

Ni el Gobierno ni la oposición les está hablando hoy a los jóvenes. Una cosa es ser líder joven y otra es hablarle a ese segmento tan importante y fundamental de un país.

Si partimos que no todos se pueden ir y que muchos no van tener la opción de huir de Venezuela, alguien va tener que hablarles urgentemente y conectar con ellos para transmitirles esperanza y hacerles sentir que sí hay oportunidades para ellos en la tierra que los vio nacer y crecer; que no todo está perdido.

A propósito del teatro electoral presidencial del próximo domingo 20 de mayo, no recuerdo haber visto a alguno de los tres candidatos en un acto con jóvenes. En caso de que haya ocurrido, me retracto.

¿Qué pasó en este Gobierno cuando se habló de misiones, cuando se habló de universidades, de carreras de medicina express, de bonos y regalos a los jóvenes?  ¿En que quedaron todas esas promesas de charlatanes, que fueron el tema del momento pero después hasta sus promotores se olvidaron?.

El pasado sábado 12 de mayo hice un recorrido, poco usual, por el Metro de Caracas, aquello daba pena; estaba sucio, descuidado, saturado. El servicio es gratis.

Vi muchos jóvenes con la mirada perdida y sin horizonte claro, cuando llegué al centro comercial Sambil, me sorprendió la presencia en las afueras del sitio de no menos de 300 jóvenes de las barriadas caraqueñas  con edades comprendidas entre los 15 y 18 años; funcionarios de seguridad con perros de ataque, les restringían el acceso. A los minutos la policía los ahuyentó de manera visceral.

Impactado por tal escena, abordé a varios de esos muchachos; les pregunté ¿qué habían hecho, porqué los echaban de esa manera?, ¿Desde cuándo se reunían? ¿Cómo se comunicaban y cuál era el fin? La respuesta a estas y otras interrogantes fue la siguiente: “desde hace siete años lo hacemos, nos comunicamos por faceboock,  venimos de Antímano, Caricuao, Guarenas, La Vega, El Valle y San Martín (sectores pobres de la capital de Venezuela), nos reunimos para conversar, para levantarnos (cotejar) chicas, competir con la patineta o ver quién viste mejor. Nos citamos en los espacios exteriores del centro comercial”.

Esos jóvenes que se reúnen para hacer cosas de jóvenes, propias de la edad, que no representa ningún peligro para nadie; fueron echados como delincuentes, maltratados. Como una manada, arrancaron y emprendieron su camino por las peligrosas calles de caracas sin rumbo determinado. Fue precisamente ver eso y haber conversado con esos muchachos, lo que me motivó a escribir sobre ellos.

Por eso digo que si no se piensa en ellos, que si no se piensa en espacios para ellos,  vamos a tener jóvenes sin talento, sin oportunidades y con un profundo resentimiento; y es precisamente esto último lo que más le conviene al régimen.

La lucha política del año 2007 tras el cierre de RCTV, nos dio jóvenes aguerridos de ambos bandos (oposición y oficialismo) que se convirtieron en políticos que han asumido cargos importantes en su momento; unos están exiliados, otros son perseguidos, algunos están presos y otros que han muerto en las calles en la lucha por Venezuela; esto es importante reconocerlo, igual que a los jóvenes del 2014 y 2017 cuando pensábamos que ya no habían y que todos se habían ido, nos demostraron que sí quedaban.

Ahora siento que ese germinador de jóvenes sigue, quizás de un estrato social mucho más bajo, que no tiene en sus bolsillos ni para una hamburguesa y que cada vez tiene menos oportunidades.

La esperanza de un país está en su juventud, en su gente, en sus oportunidades, no todos se pueden ir, pero la gran mayoría sí se va quedar, hay que voltear la mirada hacia esos muchachos que quieren un futuro, pero indudablemente con Nicolás al frente no pasarán de una estación del metro.

“Al pasajero se le conoce por la maleta”, decía mi papá, ya sabemos de qué está  compuesto el Gobierno y qué tienen en la cabeza.

Edward Rodríguez

@edwardr74

D. Blanco Abr 26, 2018 | Actualizado hace 2 años
In Memoriam, por José Domingo Blanco

 

Las campanas gimieron y luego callaron.

A mansalva, las balas salieron desde el puente.

De bruces cayeron los cuerpos,

rasgadas fueron las banderas

pero, colgadas del aire quedaron, las canciones.

Hay un dolor

desmayado en el alma,

hay tantas muertes colgadas de nuestro dolor,

y no sabemos cuál será el castigo.

Estado de Sitio

Poemas

Rubén Osorio Canales

 

Jairo, Daniel, Miguel Ángel, Gruseny Antonio, Carlos José, Paola Andreína, Johan, Cristian, Yorman, Edy, José Francisco Guerrero, Juan Pablo Pernalete, Armando Cañizales, Miguel Castillo Bracho, Diego Arellano, Paul Moreno, Neomar Lander… la lista no se detuvo allí: fue sumando víctimas con la velocidad que ofrece la impunidad y con la indolencia que da el abuso de poder. Quien ostenta la autoridad, desconoce los límites entre el bien y el mal. Ignora las leyes que se redactaron para limitar sus actuaciones. Quien controla el poder, cree que la ley se redactó para imponerla a su conveniencia. Interpretándola de manera tal que no perjudique sus intereses. Como si la vida, tarde o temprano, no los sentase en el banquillo de los acusados.

En manos de estos sicarios de turno, Jairo, Daniel, Miguel Ángel, Gruseny Antonio, Carlos José, Paola Andreína, Johan, Cristian, Yorman, Edy, José Francisco Guerrero, Juan Pablo Pernalete, Armando Cañizales, Miguel Castillo Bracho, Diego Arellano, Paul Moreno, Neomar Lander… y los otros cientos que faltan en mi lista, perdieron la vida. Sus sueños. Sus primeras novias. Sus actos de graduación. Sus próximos conciertos. La violencia con la que actuaban los cuerpos de seguridad del régimen durante las protestas de 2017, les silenció el reclamo de un balazo. Les segó el camino de vida que tenían ideado como plan a largo plazo. Eran muchachos. Eran, en su mayoría, jóvenes, con la pasión y la valentía que da esa etapa. El régimen les quitó la oportunidad de vivir. Los arrancó de los brazos de la vida, para apagarles los sueños de forma prematura.

Hace un año, cientos de padres, enterraron a sus hijos. Unos hijos con el pecho desnudo, y un corazón palpitante, como único chaleco antibalas. Armados con ideales. Sintiéndose infalibles e invencibles. Sin miedo a lo que pudiera ocurrirles, porque, si lo hubieran sentido, hoy estarían organizando sus rumbas o sus paseos a las playas… o sus vidas en otros países, porque, tanta realidad país, probablemente, los habría hecho migrar. Cuando los asesinaron y, día tras día, un nuevo nombre se sumaba a esta luctuosa lista, llorábamos de forma anónima con esos padres; compartiendo su dolor, sintiendo su rabia, gritando su impotencia. Sentimos nuestra la pérdida de esas valiosas e incuantificables almas. Nada consuela cuando un hijo es asesinado. Y en 2017, el régimen se encargó de dejar sin hijos -sin hermanos y sin nietos- a muchos hogares. Invirtiendo el orden natural de la vida, donde morir de viejos debería ser lo normal.

A cientos de jóvenes que hoy no están en sus clases, en sus trabajos, en sus casas, el régimen los sentenció, condenó y se encargó de ejecutar el castigo, sin escatimar en exceso de violencia, que aderezó con odio, saña, morbo y, por qué no, cierto grado de disfrute perverso. Y nosotros, en abril, mayo, junio, julio de 2017, voluntariamente nos hicimos solidarios con las familias que se enlutaban de forma inesperada y precipitada. Algunos, incluso, hasta hicieron una promesa: “Prohibido Olvidar”, un lema que se ha vuelto común, por la cantidad de desapariciones en el haber de este desgobierno.

Son meses de luto para el país. Porque esas muertes todavía duelen. Hace un año el régimen silenció con balas, lacrimógenas y perdigones, el futuro de Venezuela, el que se llamaba Juan, Yorman, Paul, Miguel o Andreína… un futuro lleno de bríos que salió a las calles a dar la cara por nosotros, a pelear por nosotros, a reclamar los derechos de todos, sin egoísmos, ni mezquindad. Pero, que encontró la muerte. Y sus nombres, se unieron a los nombres de los que también murieron en las protestas de 2014 y que hoy, casi ni recordamos.

“Prohibido Olvidar”, en un país donde los habitantes, pareciéramos sufrir de memoria corta. En un país, donde la hipocresía se ha vuelto la práctica común que facilita la convivencia. “Prohibido Olvidar” y, sin embargo, una vez más, el régimen se anota otro triunfo seduciendo –o aplastando-  con sus perversiones a quienes en algún momento promovían las protestas e hicieron sentir a esos jóvenes, que hoy cumplen un año injustamente asesinados, que el cambio por el que luchaban, ocurriría en cuestión de horas y sin necesidad de que interviniese el CNE.

 

@mingo_1

Instagram: mingoblancotv

Humano Derecho: con Mayker Monagas y Jaime Mora, representantes de Red Joven de Venezuela

¿Qué hace Red Joven Venezuela (R.J.V)? ¿Cuál es el objetivo del proyecto? ¿Cómo ayudan a los jóvenes? Estos y otros temas los estaremos conversando con Mayker Monagas y Jaime Mora integrantes de la Red Joven Venezuela una iniciativa basada en el desarrollo ciudadano de la juventud a través de actividades sociopolíticas y comunitarias para desarrollar el pensamiento autónomo de los jóvenes y que así aprendan a tomar decisiones  y crear su propio criterio ante cualquier situación. R.J.V tiene como objetivo llegar a todos los estados del país a final de año llenando de conocimiento a la juventud.

“Hemos llegado a diversas Universidades a través de convenios, creemos que los jóvenes son la herramienta fundamental de participación y un modo viable para llegar a las comunidades… Le mostramos a las personas que la salida no es irse del país, sino buscar la solución”

Las pausas planeadas por @MelanioBar para este Humano Derecho son: Misfits con su canción titulada “We are 138”; Continuaremos con buena música, acompañados por la banda Slipknot y su sencillo “Duality” finalmente cerraremos con Tenacious D y su tema “Fuck Her Gently”.

Conducido por Melanio Escobar y Rafael Uzcátegui, somos el radioweb show semanal que mezcla la buena música con gente que ayuda gente. Transmitido por diferentes plataformas del país, es producido por Redes Ayuda y Provea. Más contenido en www.humanoderecho.com

Carlos Dorado Ene 28, 2018 | Actualizado hace 2 años
¡No te rindas! por Carlos Dorado

insistir

 

Me parece que recién ayer era joven. Sé que los viví, pero todos los días me pregunto: ¿a dónde se fueron los años de mi juventud?; la vejez lo toma a uno de sorpresa. Un buen día la tienes delante y te preguntas. ¿Cómo llegamos tan rápido aquí? Pareciese que el tiempo nos tomó desprevenidos con el paso de los años, y siempre creíamos que la vida era muy larga, y nos estamos dando cuenta que ya comenzamos a visualizar la meta de llegada.

Los amigos ya están comenzando a retirarse, y están teniendo más canas, más barriga y menos pelos. Ya nos movemos más lento, y salimos caminando, cuando antes lo hacíamos corriendo.  Algunos están en mejor forma, otros peor, pero todos hemos cambiado.  La edad comienza a sentirse y a notarse. Ya somos aquellas personas mayores, que nunca pensamos que algún día lo seríamos.  

¡Parece mentira! Parece que fue ayer, pero ya estamos en la fase de observación. Observando las viejas pasiones  que se alejan, observando como los viejos impulsos ya no nos zarandean, observando lo que antes ni siquiera veíamos. Observando el final.

Hemos entrado en esta nueva etapa de la vida, sin preparación alguna para sufrir los dolores y achaques que comienzan a asomarse, y ya notamos la pérdida de fuerza o habilidad para ir y hacer las cosas que de nuevo quisiéramos hacer.

Ya comenzamos con cada día que pasa, a parecernos más a nuestros padres. Ya comenzamos a ser repetitivos, a hablar más del pasado que del futuro. Ya no somos curiosos como antes, y ya no queremos sorpresas ni que nos sorprendan. Ya la soledad comienza a acompañarnos con mayor frecuencia cada día. Ya no aprendemos, vivimos de lo aprendido. Ya no miramos, sólo observamos. Ya no vivimos de la esperanza, sino del recuerdo. Ya no entendemos a los jóvenes, pero no nos damos cuenta que ellos tampoco nos entienden a nosotros. Ya cambiamos el entusiasmo por la pasividad.

Llegamos a esta etapa de nuestras vidas, donde tenemos mucho que decir, pero a nadie le interesa. Tenemos mucha experiencia, pero poca creatividad. Donde el entusiasmo lo sustituimos por la indiferencia. Donde el sueño de creer en imposibles, se convierte en el despertar de no lograr ni lo posible. Donde, de esa lista tan larga de creencias, cada año se va borrando inexorablemente cada creencia, hasta dejarnos prácticamente sin lista.

La vejez, es ese enemigo que irremediablemente siempre terminará ganándote la batalla. ¡Sólo es una cuestión de tiempo! Sin embargo, todos soñamos con llegar a viejos, porque entendemos que es el único medio para vivir más tiempo.

Hemos tenido mucha suerte al haber llegado hasta aquí. Pero la nostalgia, los recuerdos, la tristeza nos van invadiendo poco a poco, al saber que la fiesta se está terminando, a pesar de que hace tiempo que hemos dejado de bailar. Recordamos dónde hemos ido, qué hemos hecho; pero sabemos que no volveremos a ir, y no lo volveremos a hacer.

Y quizás más de una tarde en nuestra soledad, leyendo en ese sofá que ya forma parte de tu vida, tratando de “pasar el día”,  tal vez nos volvamos a quedar dormidos, mientras leemos un poema de Mario Benedetti:” No te rindas, por favor no cedas, aunque el río queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños”.

Despertamos, lo leemos de nuevo, y nos quedamos pensando: ¿a dónde se fueron los años de mi juventud?, ¿Cómo llegamos tan rápido aquí? Mientras te repites a ti mismo: ¡No te rindas! ¡No te rindas!

[email protected]

La cagastocracia, por Laureano Márquez

Política_3

 

Tomás Camba es un joven venezolano que acaba de ganarse una beca para asistir a uno de los campamentos de  ciencia más importantes de la  organización  Stardom Up, en los Estados Unidos. Se fue de Venezuela a los doce años – tiene 14- y han descubierto en él  habilidades extraordinarias para la ingeniería. Tomás  tiene diseños para teléfonos que funcionan con energía eólica, entre otras ideas que han llamado la atención de la gente de ciencia por allá, donde esas cosas importan. Es de esperar que este niño haga grandes cosas en el terreno de la ingeniería. Es nuestro, lo produjimos nosotros, pero difícilmente vuelva, dado lo que se atisba  en el horizonte.

Este país nuestro tiene una increíble capacidad para producir gente talentosa en todas las áreas de la ciencia y las artes, gente que tarde o temprano debe salir del país para triunfar. Somos un semillero de inteligencia que no aprovechamos, porque inteligencia y honestidad son en estos tiempos, la principal amenaza para quienes nos gobiernan. La pregunta su hace ineludible: ¿como en un país que tiene tanta gente brillante los peores siguen en el poder? Federico Vegas habla, en un extraordinario texto escrito en el portal Prodavinci, de la  “cagastocracia”, que él deriva de “kakistocracia”, el gobierno de los peores.

Esta cagastocracia nuestra surge de dos variantes  que   aunan esfuerzos: la extraordinaria incapacidad intelectual y la repugnante condición moral. No es solo, pues, la increíble  habilidad para demoler con absoluta falta de sentido común todo lo que alguna vez funcionó en el país, en un constante  pulso entre  incapacidad y  corrupción -que vienen a ser  los únicos motores que ha encendido el régimen-, sino también el estado de bajeza moral que detentan los líderes de la cagastocracia en su proceder: no existe freno alguno para perversidades de toda naturaleza, para la crueldad y para la violación de cuanto principio ético la humanidad conoce. Estos 18 años de entrenamiento en la ruindad, rinden en estos tiempos sus más acabados frutos.

Me refugio en este joven, repito su nombre: se llama Tomás Camba. Cada vez que por causa suya nombren a Venezuela, será para bien, para que el mundo nos vea como gente inteligente. En medio de esta debacle, seguiré sintiendo que el país que fue capaz de producirlo a él, tiene esperanza y redención, que lo bueno sigue allí, esperando su momento, su oportunidad de brillar, de construir ese país que esta en nuestros sueños, de bondad, inteligencia, desarrollo, cultura y -sobre todo- libertad. Inevitable pensar, cuando se ve el talento juvenil en acción, en todos los que perdieron la vida en estos tiempos, asesinados, tambien en los torturados y encarcelados con saña cruel, por quien no tiene sensibilidad alguna para reconocer lo noble y lo bello.

Me invade la misma angustia de Vegas por la inutilidad de cuanto se escribe. La palabra y los argumentos solo son provechosos cuando queda un rastro de pensamiento en el destinatario. Razón tiene Alberto Barrera cuando señala que más que mediadores necesitamos traductores. Las palabras son cascarones vacíos. En el diccionario del poder, las palabras cambian de significado cada vez que usan, fluctúan, se devalúan también.

Cumplo otra semana con mi compromiso de escritura, ya sin rastro de humor, en espera de la próxima jugada de la cagastocracia que nos rige.

 

@laureanomar