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#EstoNoEsNormal Los policías y la transferencia

@yeannalyfermin 

AUTOPISTA FRANCISCO FAJARDO, 10 de la mañana. Urbanización La California Norte, al Este de Caracas:

-Ciudadano, haga el favor de pararse a la derecha -pidió un policía al ver que el carro no tenía placas-. Papeles del vehículo y cédula de identidad -continuó.

-Sí, respondió el conductor.

-¿Por qué está circulando sin placas?, preguntó.

-Señor oficial, se me cayó y no me di cuenta dónde. Puse la denuncia en tránsito y ellos me dieron un permiso para circular así mientras hago el trámite para sacar una placa nueva, pero ando en una emergencia médica y se me quedó en la casa.

-Igualito nos tenemos que ir al comando, acompáñenos por favor. Usted debe cancelar una multa que también tiene pendiente, dijo el policía.

Camino al comando, la patrulla se detiene en plena autopista Francisco Fajardo y el oficial hace, sin pudor, el tradicional ofrecimiento: “Chamo, tú sabes que este proceso es largo y fastidioso, vamos a arreglar de la mejor manera. ¿Cuánto tienes en efectivo?”. A lo que el conductor responde: “Mi pana, lo único que cargo son 50 mil bolívares, no tengo más nada”.

Con cara de pocos amigos, el policía se adapta a las dificultades para obtener efectivo: “Bueno, yo tengo Banesco y Banco de Venezuela, hazme una transferencia pal’ desayuno y te vas.”

400 mil bolívares fue el precio para evitar una segunda multa. Antes, sin embargo, el oficial quiso dar un mensaje más institucional: “Panita, saca ese papel rápido porque te van a andar parando a cada rato”.

Antes de publicar este texto se pudo conocer que otros policías están aceptando “arreglos” vía Pago móvil.

 

#EstoNoEsNormal

 

#EstoNoEsNormal  El efectivo y la mala suerte

@KathyPennacchio

“¿QUIÉN SE IBA A IMAGINAR que los venezolanos íbamos a rogar por unos papeles colombianos?”, comenta un señor en voz alta en la fila del Consulado de Colombia, en Caracas, cuando comienza a amanecer. El hombre tuvo que pasar la noche a la intemperie, en la avenida Guaicaipuro de Chacaíto, para obtener el puesto 38 en la fila. Yo llegué a las 5:00 am y tengo dos números delante de él, pero no fue gratuito.

En Venezuela son pocas las cosas que se pueden obtener con 300 mil bolívares en una cuenta bancaria: una hamburguesa con todo, dos cajas grandes de cigarrillo o medio kilo de café. Sin embargo, cuando ese mismo monto se tiene en efectivo puede convertirse en el ticket de entrada para cualquier trámite burocrático.

Para conseguir el efectivo tuve que recurrir a parte de la pensión de mi mamá, a un conocido en una panadería y a un amigo que días anteriores había comprado unos billetes de 100 mil con un recargo de 50% sobre su verdadero valor.

Al final, mi intento por realizar el trámite quedó frustrado: en noviembre agregaron un nuevo requisito, de los muchos que cambian constantemente. “Mala suerte la suya por no leer bien el papel pegado en la pared”, me dijo uno de los funcionarios. Ahora lo que más me preocupa de todo es cómo haré para conseguir de nuevo efectivo.

#EstoNoEsNormal

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#EstoNoEsNormal  La sal, el agua y la tierra

@franzambranor

EN LA NEVERA DE LA CASA NO HAY NADA, solo agua hervida porque la mineral está muy cara. Urge ir a un establecimiento a comprar algo de comer. El mercado más cercano en un “domingo híbrido de siempre”, como dice Soda Stereo, es uno que queda al lado del Seniat. Las únicas dos cajeras que están en el comercio hablan entre sí de lo cara que está la vida, una señora pasa coleto en el pasillo de los vasos plásticos, el vigilante fuma afuera mientras otea los pocos carros estacionados al frente: hace un calor terrible, son las 2 de la tarde y el frío de inicio de año parece que se fue del país.

Los refrigeradores del local lucen tan desiertos como la cuenta de ahorros de un periodista en Venezuela y solo unos tequeños a un precio astronómico adornan el frío contenedor. Los anaqueles igualmente están “pelados”, solo quedan sal y vinagre. Hay menos de diez clientes en el supermercado, entre ellos una madre con dos niños que corren desesperadamente y una doña que lleva de diez minutos tratando de ubicar el precio de unas galletas de soda.

Solo me alcanza para comprar un pan de sándwich, cambures, 300 gramos de queso blanco, unos tomates y el agua mineral cara porque se está harto del sabor del agua hervida. Pero no sería tan fácil: la tarjeta de débito no pasó. “¿Tienes otra forma de pago?”, pregunta la cajera. Ya basta de darle tanto palo a la de crédito, pero ni modo, hay que comer. Pasó la Master Card, gracias a Dios. No hay bolsas para llevar las compras, los muchachos que antes embalaban también escasean. ¿Estarán en El Guaire buscando oro?

Antes de la partida definitiva, el vigilante tira la colilla al piso y se queda mirando con cara de que se merece una propina. Escucha por enésima vez en el día “disculpa, pero no tengo efectivo”. No le queda otra que bajar la cadena que impide la salida del carro del estacionamiento porque en el fondo sabe que la gente está siendo sincera.

De vuelta en el hogar la nevera luce menos desierta y, al menos por un par de días, el agua no tendrá sabor a tierra.

#EstoNoEsNormal

 

 

@randompiece

LLEVO UN AÑO PAGANDO INTERNET sin tener Internet. Antes, la tarifa de mi proveedor de servicio era de 13.000 bolívares al mes, monto que no impactaba tanto la economía familiar y me garantizaba -según el técnico- que de arreglarse la falla en la zona tendría garantizado el cupo. “Si te sales o dejas de pagar lo más probable es que no te asignen el cupo de internet de 10 megas”, me dijo. Al menos podía disfrutar, mientras tanto, de los canales de televisión y el servicio de teléfono. Al año la tarifa aumentó considerablemente y llegó la hora de llamar incesantemente a la empresa. Nos pautaron tres visitas técnicas que nunca realizaron. Para la cuarta requerí pedirle el favor a un contacto dentro de la empresa.

Finalmente llegó un técnico que nos dio diagnóstico veloz: “El módulo que conecta al edificio está dañado”. Lo poco que teníamos hasta ese momento, la señal de cable vía televisión, la perdimos de inmediato. En mi casa tuvimos un sentimiento parecido al de un venezolano de oposición al tercer mes de haber obtenido mayoría parlamentaria en la Asamblea Nacional: era una victoria que hubiesen venido a la visita técnica, pero ahora estábamos peor. Al día siguiente recibimos otra visita, de otro técnico, que traía una “buena” noticia: “Yo te puedo solucionar eso”, me dijo con una sonrisa medio escondida al mejor estilo de Tío Conejo. “Si lo tramitas por la oficina central va a tardar dos o tres meses. Pero si me das 300 dólares yo me robo el módulo de otro edificio y te lo pongo aquí. Anota mi número y me avisas”.

#EstoNoEsNormal

 

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#EstoNoEsNormal El apagón y la luz

@laurahcastillo

LA TARDE QUE DECIDIMOS CREAR esta nueva sección de Runrun.es estábamos en la reunión de pauta semanal. Cada reportero narraba sus experiencias agotadoras, exuberantes, imposibles. También las de sus familiares, vecinos, parejas, exparejas, tías, de amigos del colegio que reaparecieron en interminables chats de Whatsapp. Hacíamos, como ya es común en cualquier encuentro venezolano, un repertorio de lamentos y de inusuales relámpagos de solidaridad ciudadana; intercambiábamos escenas de la cotidianidad que todavía nos parecían inverosímiles con la sospecha de que, dentro de unas semanas, ya no nos llamarían la atención. Y fue en ese momento en el que decidimos crear una forma de registro sistemático de lo que se ha normalizado pero no es normal.

No habíamos terminado la reunión cuando se fue la luz y no volvió hasta la noche. Bajamos por las escaleras de una torre grande y llena de gente mientras esquivábamos a ancianos con parches en los ojos que venían de un centro oftalmológico que está unos pisos más arriba que nuestra oficina. Los carros quedaron atrapados en el estacionamiento mecánico y, afuera, sin Metro, hormigas con ropa se tropezaban en las aceras y caminaban por el medio de la calle. Todos, ahí, en la intemperie, somos los que quedamos para prender la luz.

#EstoNoEsNormal

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