En política no se improvisa

Casi siempre a gobiernos sostenidos en la impudicia y en la corrupción, todo le resulte mal. En el poder arbitrario no existe la planificación política

@ajmonagas

Ninguna presunción, por ruidosa que sea, hace diferente cualquier evento. Muchas presunciones logran imponerse a costa de la inmoderación que mal pueda detentar cualquier individuo presuntuoso del poder que se arroga por el cargo adquirido. O por la posición que ocupa a lo interno de alguna estructura jerárquica.

Este tipo de comportamiento hace que el ejercicio de la política se vea deslustrado. O sea, empañado del cerco que solo la ignorancia envuelve, especialmente al insolente. Casi siempre, politiqueros de “medio pelo”. O gobernantes de baja calaña.

Razón tenía el poeta Andrés Eloy Blanco, cuando decía que “(…) la ignorancia es el camino de la dictadura”.

Algunas precisiones semánticas

El aludido problema acontece porque generalmente el ser humano tiende a sufrir más en la imaginación que en la realidad. Al menos para Séneca, importante personaje de la política romana en los reinados de Claudio y Nerón, esta consideración se desprende de las verdades que experimenta toda persona que presume estar más capacitada que cualquiera. Lo cual ocurre toda vez que las coyunturas lo situaron en un nivel social, político, administrativo, o económico superior al de quienes son personas bajo su mando.

En política, estas situaciones generan problemas de toda dimensión. Tantos problemas como realidades tiendan a configurar el mundo de posibilidades que se arremolinan en torno a la política. Problemas estos que intentan aclimatarse a los espacios que las mismas ocasiones permitan. Posteriormente, a potenciarse en el plano de las consecuencias que dichos problemas logran inducir.

Esta situación configura el temido “caos”, cuyo estudio derivó en la denominada Ley del Caos. Y que, en política se convirtió en el “monstruo” contra quien no vale ningún “mantra” o “contra” capaz de evitar sus perversos efectos.

El problema para la planificación política

La planificación política busca lidiar con la influencia de cuantos problemas tiende a convertirse en crisis potenciales. Para lograrlo, acude a distinguir problemas “bien estructurados”, de problemas “no-bien estructurados”. Asimismo, busca enfrentar “la incertidumbre mal definida” que, por efecto de las insidiosas improvisaciones de las que se auxilia el gobernante “triunfalista” para supuestamente vencer las contingencias que el “inmediatismo” no advierte. Mucho menos atiende no solo porque no las entiende, sino porque dicha “incertidumbre mal definida” no deja de estar presente en el proceso de planificación.

Es acá donde fallan los análisis políticos que exigen las distintas perspectivas situacionales que deben acompañar el respectivo proceso de planificación. Es entonces cuando las “improvisaciones” son acusadas o evidenciadas por las “imprevisiones” que van de la mano de la precariedad de procedimientos políticos que intentan calificarse como “ordenamientos de gobierno”.

Justamente es acá donde la inflexión hace su debut, cuyos efectos asedian los distintos momentos por los que atraviesa todo proceso de gobierno. Es ahí, precisamente, cuando se advierte el tenor de la exposición de la conocida Ley de Murphy, cuando manifiesta que “si algo puede salir mal, saldrá mal”.

Esta sentencia permite la interpretación de que “nada dura para siempre”. En política, tan temido aforismo tiene un trasfondo que devela el sesgo que acompaña la “mala intención” que en el ejercicio de la política se tiene como variable de significativa argumentación.

¿Dónde se enreda la política?

Aunque no siempre este precepto atribuido a Murphy resulta tan válido como las situaciones pudieran demostrarlo, es posible que las realidades demuestren que “si hay dos maneras de hacer algo y una de ellas sale mal, alguien la habrá elegido como la que mejor resultado ofrece”, lo cual revela la negatividad que, en el plano político, cunde por doquier. Y que, ciertamente, se cumple. Sobre todo, cuando se improvisa.

Además, siempre que el resentimiento, la envidia, el egoísmo y el odio propio de la conducta de funcionarios encaramados en cargos de gobierno amparados por un desmandado poder político, cualquier decisión roza con la negatividad y el temor propios de la desconfianza.

De ahí que casi siempre a gobiernos sostenidos en la impudicia y en la corrupción, todo le resulte mal. Es el factor más relevante de todo acontecimiento de gobierno que no haya sido sustentado en la mejor sumatoria de valores y principios. Todo lo anteriormente aludido hace ver la razón por la cual cualquier improvisación termina incitando un caótico desarreglo. Por eso es que, en política no se improvisa.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Casi siempre a gobiernos sostenidos en la impudicia y en la corrupción, todo le resulte mal. En el poder arbitrario no existe la planificación política

@ajmonagas

Ninguna presunción, por ruidosa que sea, hace diferente cualquier evento. Muchas presunciones logran imponerse a costa de la inmoderación que mal pueda detentar cualquier individuo presuntuoso del poder que se arroga por el cargo adquirido. O por la posición que ocupa a lo interno de alguna estructura jerárquica.

Este tipo de comportamiento hace que el ejercicio de la política se vea deslustrado. O sea, empañado del cerco que solo la ignorancia envuelve, especialmente al insolente. Casi siempre, politiqueros de “medio pelo”. O gobernantes de baja calaña.

Razón tenía el poeta Andrés Eloy Blanco, cuando decía que “(…) la ignorancia es el camino de la dictadura”.

Algunas precisiones semánticas

El aludido problema acontece porque generalmente el ser humano tiende a sufrir más en la imaginación que en la realidad. Al menos para Séneca, importante personaje de la política romana en los reinados de Claudio y Nerón, esta consideración se desprende de las verdades que experimenta toda persona que presume estar más capacitada que cualquiera. Lo cual ocurre toda vez que las coyunturas lo situaron en un nivel social, político, administrativo, o económico superior al de quienes son personas bajo su mando.

En política, estas situaciones generan problemas de toda dimensión. Tantos problemas como realidades tiendan a configurar el mundo de posibilidades que se arremolinan en torno a la política. Problemas estos que intentan aclimatarse a los espacios que las mismas ocasiones permitan. Posteriormente, a potenciarse en el plano de las consecuencias que dichos problemas logran inducir.

Esta situación configura el temido “caos”, cuyo estudio derivó en la denominada Ley del Caos. Y que, en política se convirtió en el “monstruo” contra quien no vale ningún “mantra” o “contra” capaz de evitar sus perversos efectos.

El problema para la planificación política

La planificación política busca lidiar con la influencia de cuantos problemas tiende a convertirse en crisis potenciales. Para lograrlo, acude a distinguir problemas “bien estructurados”, de problemas “no-bien estructurados”. Asimismo, busca enfrentar “la incertidumbre mal definida” que, por efecto de las insidiosas improvisaciones de las que se auxilia el gobernante “triunfalista” para supuestamente vencer las contingencias que el “inmediatismo” no advierte. Mucho menos atiende no solo porque no las entiende, sino porque dicha “incertidumbre mal definida” no deja de estar presente en el proceso de planificación.

Es acá donde fallan los análisis políticos que exigen las distintas perspectivas situacionales que deben acompañar el respectivo proceso de planificación. Es entonces cuando las “improvisaciones” son acusadas o evidenciadas por las “imprevisiones” que van de la mano de la precariedad de procedimientos políticos que intentan calificarse como “ordenamientos de gobierno”.

Justamente es acá donde la inflexión hace su debut, cuyos efectos asedian los distintos momentos por los que atraviesa todo proceso de gobierno. Es ahí, precisamente, cuando se advierte el tenor de la exposición de la conocida Ley de Murphy, cuando manifiesta que “si algo puede salir mal, saldrá mal”.

Esta sentencia permite la interpretación de que “nada dura para siempre”. En política, tan temido aforismo tiene un trasfondo que devela el sesgo que acompaña la “mala intención” que en el ejercicio de la política se tiene como variable de significativa argumentación.

¿Dónde se enreda la política?

Aunque no siempre este precepto atribuido a Murphy resulta tan válido como las situaciones pudieran demostrarlo, es posible que las realidades demuestren que “si hay dos maneras de hacer algo y una de ellas sale mal, alguien la habrá elegido como la que mejor resultado ofrece”, lo cual revela la negatividad que, en el plano político, cunde por doquier. Y que, ciertamente, se cumple. Sobre todo, cuando se improvisa.

Además, siempre que el resentimiento, la envidia, el egoísmo y el odio propio de la conducta de funcionarios encaramados en cargos de gobierno amparados por un desmandado poder político, cualquier decisión roza con la negatividad y el temor propios de la desconfianza.

De ahí que casi siempre a gobiernos sostenidos en la impudicia y en la corrupción, todo le resulte mal. Es el factor más relevante de todo acontecimiento de gobierno que no haya sido sustentado en la mejor sumatoria de valores y principios. Todo lo anteriormente aludido hace ver la razón por la cual cualquier improvisación termina incitando un caótico desarreglo. Por eso es que, en política no se improvisa.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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Casi siempre a gobiernos sostenidos en la impudicia y en la corrupción, todo le resulte mal. En el poder arbitrario no existe la planificación política

@ajmonagas

Ninguna presunción, por ruidosa que sea, hace diferente cualquier evento. Muchas presunciones logran imponerse a costa de la inmoderación que mal pueda detentar cualquier individuo presuntuoso del poder que se arroga por el cargo adquirido. O por la posición que ocupa a lo interno de alguna estructura jerárquica.

Este tipo de comportamiento hace que el ejercicio de la política se vea deslustrado. O sea, empañado del cerco que solo la ignorancia envuelve, especialmente al insolente. Casi siempre, politiqueros de “medio pelo”. O gobernantes de baja calaña.

Razón tenía el poeta Andrés Eloy Blanco, cuando decía que “(…) la ignorancia es el camino de la dictadura”.

Algunas precisiones semánticas

El aludido problema acontece porque generalmente el ser humano tiende a sufrir más en la imaginación que en la realidad. Al menos para Séneca, importante personaje de la política romana en los reinados de Claudio y Nerón, esta consideración se desprende de las verdades que experimenta toda persona que presume estar más capacitada que cualquiera. Lo cual ocurre toda vez que las coyunturas lo situaron en un nivel social, político, administrativo, o económico superior al de quienes son personas bajo su mando.

En política, estas situaciones generan problemas de toda dimensión. Tantos problemas como realidades tiendan a configurar el mundo de posibilidades que se arremolinan en torno a la política. Problemas estos que intentan aclimatarse a los espacios que las mismas ocasiones permitan. Posteriormente, a potenciarse en el plano de las consecuencias que dichos problemas logran inducir.

Esta situación configura el temido “caos”, cuyo estudio derivó en la denominada Ley del Caos. Y que, en política se convirtió en el “monstruo” contra quien no vale ningún “mantra” o “contra” capaz de evitar sus perversos efectos.

El problema para la planificación política

La planificación política busca lidiar con la influencia de cuantos problemas tiende a convertirse en crisis potenciales. Para lograrlo, acude a distinguir problemas “bien estructurados”, de problemas “no-bien estructurados”. Asimismo, busca enfrentar “la incertidumbre mal definida” que, por efecto de las insidiosas improvisaciones de las que se auxilia el gobernante “triunfalista” para supuestamente vencer las contingencias que el “inmediatismo” no advierte. Mucho menos atiende no solo porque no las entiende, sino porque dicha “incertidumbre mal definida” no deja de estar presente en el proceso de planificación.

Es acá donde fallan los análisis políticos que exigen las distintas perspectivas situacionales que deben acompañar el respectivo proceso de planificación. Es entonces cuando las “improvisaciones” son acusadas o evidenciadas por las “imprevisiones” que van de la mano de la precariedad de procedimientos políticos que intentan calificarse como “ordenamientos de gobierno”.

Justamente es acá donde la inflexión hace su debut, cuyos efectos asedian los distintos momentos por los que atraviesa todo proceso de gobierno. Es ahí, precisamente, cuando se advierte el tenor de la exposición de la conocida Ley de Murphy, cuando manifiesta que “si algo puede salir mal, saldrá mal”.

Esta sentencia permite la interpretación de que “nada dura para siempre”. En política, tan temido aforismo tiene un trasfondo que devela el sesgo que acompaña la “mala intención” que en el ejercicio de la política se tiene como variable de significativa argumentación.

¿Dónde se enreda la política?

Aunque no siempre este precepto atribuido a Murphy resulta tan válido como las situaciones pudieran demostrarlo, es posible que las realidades demuestren que “si hay dos maneras de hacer algo y una de ellas sale mal, alguien la habrá elegido como la que mejor resultado ofrece”, lo cual revela la negatividad que, en el plano político, cunde por doquier. Y que, ciertamente, se cumple. Sobre todo, cuando se improvisa.

Además, siempre que el resentimiento, la envidia, el egoísmo y el odio propio de la conducta de funcionarios encaramados en cargos de gobierno amparados por un desmandado poder político, cualquier decisión roza con la negatividad y el temor propios de la desconfianza.

De ahí que casi siempre a gobiernos sostenidos en la impudicia y en la corrupción, todo le resulte mal. Es el factor más relevante de todo acontecimiento de gobierno que no haya sido sustentado en la mejor sumatoria de valores y principios. Todo lo anteriormente aludido hace ver la razón por la cual cualquier improvisación termina incitando un caótico desarreglo. Por eso es que, en política no se improvisa.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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