Habrá primarias en el G4 porque lo ordena y conviene al régimen. Será una pequeña reunión de fingimiento de cualidades, un mapa de soledades
Habrá primarias en el G4 porque lo ordena y conviene al régimen. Será una pequeña reunión de fingimiento de cualidades, un mapa de soledades. Porque la supuesta oposición quedó para ser puñado de gritos en el desierto, taparrabos en litorales ociosos. Desorden de pequeños partidos que solo representan intereses de cínicos, que a lo largo de años se han burlado de la ciudadanía.
Sus derrotas premeditadas y sucesivas, desde manifestaciones en cualquier esquina trabada por una docena de guardias nacionales y delincuentes mercenarios civiles del régimen; hasta propuestas frecuentes de abstracciones como democracia y libertad.
Siempre derrotados, anquilosados en sus agrupaciones políticas. Derroche de burlas, traiciones a los compromisos y perjurio a la palabra empeñada, convocan a una elección para consultar si alguno de sus dirigentes o partidos tiene popularidad suficiente para exigir algo más al régimen. Porque no podrán derrotarlo con unas primarias controladas por el Consejo Nacional Electoral.
Sobreviven porque la dictadura lo permite, pensando en tenerlos como animadores, para que unos cuantos en el país, y algunos en el extranjero, dejen pasar, como quien hace caso omiso a las bolas bajas del pitcher cansado y poco confiable; cuando el lanzador, descontrolado pide urgente relevo.
Dos nombres para las primarias
Solo hay dos dirigentes para quienes las primarias tienen algún sentido, aunque realmente poco la necesitan. María Corina Machado, que conserva credibilidad; y Juan Guaidó, a quien no dejarán participar porque, aunque inhabilitado, tiene el fantasma nebuloso de la presidencia interina. Acreedor de la ingratitud de sus compañeros a los cuales dejó robar en silencio cómplice, compartió el poder sin rendir cuentas. Hoy circula haciendo campaña para hacerse notar. Ahora es él recorriendo caminos.
De los casos más emblemáticos de perfidia y doblez, el embajador interino de Colombia, quien huyó de Venezuela alegando persecución, desertó del vecino país. Y, con autorización del régimen, aspirará a la alcaldía de Caracas, truncando la aspiración al verdadero líder, su compañero de partido. Después de ser integrante de la mesa de diálogo y negociación en México, hoy es un feroz detractor del interinato que disfrutó y usufructuó.
Los partidos de apócrifos opositores han demostrado de sobra que son tan nefastos y corruptos como el régimen, pero sin poder nacional. Son apenas pequeños dominios locales, en base a exiguas militancias y simpatías. Porque donde se les permite “ganar” y se les admite, han sido áreas donde el régimen lo ha hecho peor y ha sido poco hábil en generar confianza.
Las primarias serán un cumpleaños con torta sin azúcar y piñata sin caramelos. Muestrario de un país que lo ha perdido todo, hasta el valor de su dirigencia política. Degradada, descompuesta, mal comportada, ajena a cumplir la palabra empeñada y alérgica a rendir cuentas. “Opositores” que desempeñan un cargo público para enriquecimiento personal, que resulta no ya inmoral, sino criminal.
Se niegan morir y, de ser necesario, se llevarán por delante al país o lo que queda. En las primarias se juegan todo por mantener privilegios y posiciones. Es prioridad, entonces, el simulacro de la negociación eterna con el régimen castrista para oxigenarlo. La ciudadanía atenta observa las postrimerías del meretricio.
Desesperados tratan de cumplir la agenda del dios de la burla y sus adictos del G4. Aquí, como siempre, el biyuyo domina emociones y pasiones. Se acabaron los argumentos válidos, lícitos que rodean el circo de las primarias y su servil reglamento. Entonces juegan al escondido, entraron en pánico, se caen máscaras y queda al descubierto la cohabitación.
En el G4, que actúa como un cartel, se hacen los locos. Dan largas con guiones de novela de mala calidad, y con reglamentos no conforme a una oposición decente. Todos los días, un nuevo cuento.
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