La encrucijada de las empresas energéticas (y VIII) | Venezuela, por Tony Bianchi - Runrun
La encrucijada de las empresas energéticas (y VIII) | Venezuela, por Tony Bianchi

Es peregrina la idea generar energía eólica o solar en una década, cuando hay que recuperar la ruinosa PDVSA para levantar a Venezuela. En la gráfica de Eduardo Salazar (Vice News), un continuado derrame de petróleo en el Lago de Maracaibo.

En los años 80 y 90 Venezuela producía 3 millones de barriles (BPD) de petróleo al día. Petróleos de Venezuela (PDVSA) era una de las tres más grandes compañías petroleras del mundo y los economistas internacionales consideraban que el país iba a convertirse en una potencia económica mundial.

Luego llegó Hugo Chávez que, con su proyecto de socialismo radical, inició la destrucción sistemática de PDVSA y del país, obra que al morir continuó sin inmutarse su sucesor Nicolás Maduro. Hoy en día Venezuela no puede contar ni con el gasoil necesario para hacer funcionar los vehículos comerciales que suministran sus productos agrícolas y víveres básicos importados.

La crisis ha empeorado debido a las sanciones impuestas por Estados Unidos. Estas limitan la llegada al país de la cantidad de aditivos necesaria para la refinación de los escasos 700.000 BPD que produce PDVSA, destinados a la suplir la nación de gasolina y gasoil.

Pero se trata de un mínimo para sobrevivir. Porque el grado de deterioro de la infraestructura petrolera y de las plantas para la producción de energía eléctrica es tal, que el país necesitaría una inversión de por lo menos $ 70 – $ 90 millardos (billions); además de 10 años de trabajo, para que Venezuela cuente con un aparato productivo capaz de suministrar lo equivalente a por lo menos 2 millones de BPD que significaría dar inicio a una recuperación económica.

ERROR DE CÁLCULO

Esta situación resalta el fatal error de cálculo cometido por el gobierno cuando, hace siete años, rechazó categóricamente recurrir a Estado Unidos para que los mismos expertos petroleros que impulsaron el descubrimiento del petróleo y armaron la infraestructura para su explotación, a partir de los años 20, repitieran la hazaña.

Hace 7 años los “sabios” del gobierno argumentaron que no era necesario que Venezuela pidiera limosna a los expertos petroleros del norte, y tener que compartir con ellos sus ganancias, cuando el país podía sacar igual de provecho dedicándose exclusivamente al gran tráfico de droga proveniente de Colombia. Y de hecho promovieron un considerable aumento del flujo de los estupefacientes.

Por un lado, los “sabios” no calcularon la numerosa cantidad de manos que se iban a meter en la masa de la droga, reduciendo de esa manera las ganancias del Estado; tampoco que el resultado de la pandemia iba a causar una fuerte reducción del consumo mundial de la misma.

Finalmente, la técnica de detección del tráfico de droga ha registrado una mejora tal, que hace las operaciones clandestinas siempre más riesgosas.

Esa es parte de la razón porque hace pocos días Nicolás Maduro dijo que el país contemplaba la posibilidad de reabrir la puerta a las inversiones extranjeras en materia petrolera, recordando que en juego están los 300 millones de barriles de probadas reservas del país. Venezuela sigue siendo el segundo productor de petróleo con más reservas en el mundo, detrás de Arabia Saudita.

En primer lugar, las empresas extranjeras tienen que tomar en cuenta que estas reservas son casi todas de petróleo pesado, o mejor dicho bitumen pesado, que necesita una refinación que solamente refinerías especializadas pueden asegurar.

Luego, estas empresas van a querer jugar un papel preponderante y tener el control de las ventas y de la repartición de las entradas. Compañías como Exxon-Mobil y Chevron, que durante los años de Chávez fueron repetidamente penalizadas por simplemente ser “imperialistas” y sufrieron expropiaciones y múltiples reveses económicos, esperan un cambio de rumbo y la total colaboración de Maduro, cosa que es todavía incierta.

Frente a esta situación, en que la prioridad de Venezuela se va a concentrar en el petróleo y gases fósiles y de sus riquezas minerales, es difícil imaginarse que el país dedique mucha atención a la transición hacia energías renovables durante los próximos 10 años.

Eso no quiere decir que Venezuela no tenga las condiciones naturales para la explotación de energías como la solar y la eólica, particularmente en zonas poco habitadas como la península de Paraguaná, los llanos de la región central, el delta del río Orinoco, el cual también se presta para proyectos hidroeléctricos, y el inmenso lago de Maracaibo.

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