La cerbatana, por Orlando Viera-Blanco* - Runrun
La cerbatana, por Orlando Viera-Blanco*
La consulta popular vinculante fue un éxito político y ciudadano. Produjo el retorno de la motivación, de la esperanza, pero también un portazo a las cerbatanas que han servido de alambrada a la lucha por la libertad

 

@ovierablanco

Los cuentos grotescos de José Rafael Pocaterra, resumidos en 44 relatos de su obra costumbrista Memorias de un venezolano en la decadencia (1922), asemejan los relatos Tales of the grotesque and arabesque (Cuentos grotescos y arabescos), de Edgar Allan Poe. Una manera de desfigurar y descomponer la naturaleza humana que por no lograrlo con el verbo filoso, lo alcanza con la narrativa sobre lo natural. Es convertir la decadencia propia del hombre en la cosa, bicho animal o vegetal que nos rodea. “Pocaterra busca lo grotesco en la expresión ridícula y cómica de lo lamentable, la deformación de los rasgos físicos y la inversión de las cualidades de la realidad, lo cual está unido con una ternura y vena poética muy peculiar”

Algunas de esas historietas entre ternura y horror son De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús, Bastón y puño de oro, La llave, El chubasco, La I latina, Las Linares, Mefistófeles, Redención, Claustrofobia o Rosa sabanera, esta, por cierto, unas de mis preferidas para ilustrar las carencias y desprecios de la Venezuela rural y militar, y de cómo redimir el dolor de nuestros miserables sabaneros llevándoles una rockola, un libro o un teléfono como gesto de que para el mundo tú importas. En esa narrativa reposa el drama, la crueldad y la poesía.

¿Cómo describir lo fachoso de algunos políticos venezolanos? ¿Qué animal tropical calca las actitudes soterradas que han minado la moral y el gentilicio de un pueblo bueno y confiado?

Uno de los cuentos de Pocaterra que me atraparon por la severidad de su paralelismo es La cerbatana

La rezadora

Pocaterra recurre a una genial calleja para abrir paso al comparable de la cerbatana con su elegida: “Enfrente, el rumor del mar. Un vasto hemiciclo negro que rompía de tres en tres grandes olas a todo lo largo de la orilla (…) hacia la cercana sombra del malecón oscuro en cierta zona, y en otras bajo el foco el cítrico saltar de pequeños cristales, una especie de vapor luminoso de plata, de oro, de color naranja (…). De repente, di un manotazo tirando sobre el mantel algo que me andaba por el cuello. Un insecto verde, desairado, extravagante. Era un bicho verdísimo, ridículo, que traté de aplastar con un servilletazo (…). Oh, no lo mate Ud. -suplicó el viejo castizo- deteniéndome el brazo. En España la llamamos la rezadora. Ustedes le dicen cerbatana y no sé por qué no encuentro nada de común entre la antigua culebrina o el cañuto indígena de arrojar objetos y este insecto del género de los mentises o mantis, coleóptero de la familia de los cárbicos, originarios del África meridional”. Fin de la cita

Más tarde el ortóptero era comparado en el cuento con una devoradora de hombres “de alas bien desplegadas y movimientos sensuales, suaves y ondulares” llamada Felicia. Considerando una cadena de episodios de nuestra política mantis, viene a mi mente el bicho político venezolano. Estirado, de patas o botas anchas. Como la rezadora. Verdes, píos, de apariencia inofensiva, quienes en la quietud del mar o de la tierra, entre gallos y medianoche, emprenden su vuelo sangro. Parafraseando al viejo, “bichos agresivos que se codician guapos y reverendos, para ocultar su maldad típica de sabandijas tan peligrosas como el escorpión o el ciempiés…” 

Porque de aspecto ligero, delicioso e inofensivo fue aquel “por ahora” o “no podemos pedir al pueblo demócrata cuando no tiene nada en el estómago”. De pequeñas fuerzas imponderables, de triviales peligros, lanzaron a Carlos Andrés Pérez a las fieras del coliseo y a la cárcel. Después pasaron factura a toda la banca privada y la quemaron, preludio de negros fatales como la noche en el mar. Tampoco acabo de asimilar aquel sobreseimiento. La magnanimidad la merecen los palmarios defensores de una causa. No los vandálicos. Y llegó la conspiración de líneas puras alumbradas de ojos impuros, oscuros, de vientre más abultados y sedientos de venganza. Como una cerbatana de mordida fatal.

Vientres ridículos pero voraces

En la oscuridad seguimos después de que amaneció de golpe, del discurso de mar de fondo, del chiripero de aquella soflama del alcalde de aspecto candoroso, que predicó “son un Congreso chimbo” desde el púlpito. Como vapor rojizo de sangre y desgracia, se instaló en el país la cultura antillana. Y con la patas verdosas, largas y filosas permutaron de los libros de primaria la historia de Bolívar a Betancourt, por la de Fidel a Hugo…

Por estos días una cerbatana flaquita, temeraria, que no para de aletear a pesar de derrotas, arrugues y servilletazos, intenta exhibir una sensualidad muy grotesca. Porque grotesco es pedir a los cuatro vientos la cabeza del jefe del gobierno interino donde su compañero de partido es canciller.

La consulta popular vinculante fue un gran éxito político y ciudadano. Produjo, entre otras consecuencias, el retorno de la motivación, de la esperanza, pero también un portazo a las cerbatanas que han servido de alambrado a la lucha por la libertad.

Venezuela se rebela tanto al régimen como a los apóstatas mantis. Una victoria social y política que aglutina la unidad en torno al liderazgo bueno, civilista, originario y gentil.

Fue emocionante ver a los venezolanos levantarse, a pesar de los obstáculos y la maledicencia, a participar por nuestro país. Nobleza de la que deben tomar nota los impuros de vientres insaciables para comprender que, al final de la historia, pueblo mata rezadoras, a los cárbicos a servilletazos. No estamos en tiempos de miedos. !Arriba Venezuela! Los detractores de la unidad quedaron aplastados, como Felicia…

* Embajador de Venezuela en Canadá.

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