Una estrategia para el pacto unitario, por Pedro Méndez Dager - Runrun
Una estrategia para el pacto unitario, por Pedro Méndez Dager

@pedro_mendez_d

Muchos, y mucho, discuten la táctica, el siguiente paso. Pero lo fundamental es construir una estrategia que logre liberar a Venezuela, cimentar un gobierno de transición y poner las bases de un futuro pacífico, en desarrollo integral y en democracia. No tiene sentido discutir si marchar o no marchar, sancionar o no sancionar, votar o no votar. Lo importante es definir si estas acciones, unas, otras o todas ayudan a alcanzar el objetivo.

Con respecto al evento pautado para diciembre de este año por el CNE, írritamente designado, es preciso destacar que ya esa experiencia del fraude la hemos vivido y, por la naturaleza de aquello a lo que enfrentamos, no ha servido como desencadenante de nada, o al menos no de lo suficiente: probar una vez más, sería reincidir voluntariamente en el fracaso.

El régimen se cree y se pregona revolucionario, por lo tanto, su naturaleza va a imponer nuevas condiciones ad infinitum. Va a modificar constantemente las reglas de un juego que se va agotando y se ha convertido en monólogo. Así, condiciones como las de las elecciones de 2015 no volverán.

Las reglas del juego político cambiaron, modificadas e impuestas a la fuerza por un régimen que, abiertamente, pregona que no va a permitir ninguna elección que pueda perder.

Nadie puede decir que no hemos intentado ir a elecciones: fuimos a muchas. A pesar y por encima de fraudes masivos, jugarretas, amenazas, persecuciones, asesinatos, torturas y cárceles y, hasta hace muy poco, impulsamos el Comité de Postulaciones Electorales pluralmente designado en la Asamblea Nacional; aun así la respuesta del régimen fue avanzar sobre el CNE, confiscar las tarjetas de los partidos y una lista de exabruptos cometidos en la corta gestión de los “rectores”.

Resalta, por cierto, la decisión inconstitucional según la cual, ahora, los pueblos indígenas no ejercen su derecho al voto de manera directa y secreta, sino mediante una especie de voto de segundo grado.

Toca construir una alternativa en torno a un nuevo pacto unitario. ¿Un pacto en torno a qué?

Los grandes objetivos, creo, deben ser: debilitar las estructuras que sostienen al régimen, liberar a Venezuela de las múltiples ocupaciones extranjeras que han anulado su soberanía y edificar un gobierno de transición.

Para hacerlo, cualquier estrategia debe partir de los hechos: enfrentamos a un régimen con vocación totalitaria, que ha puesto al Estado a funcionar en torno a fines privados e intereses extranjeros y ha entregado porciones del territorio a los aliados que le permiten mantener a sangre y fuego el statu quo.

Para lograr esto hay dos grandes grupos de tareas que debemos emprender cuanto antes:

 Aliados

En primer lugar, arreciar la presión con el apoyo de los aliados y con un plan realista. Pero la tarea es fundamentalmente de los venezolanos. Nuestros compañeros en el exilio deben diseñar y ser parte funcional del esfuerzo de presión. La tarea es fundamentalmente nuestra, nadie va a venir a resolver la tragedia. Será necesario, además incorporar a todo el talento y la experiencia que haya en el exilio.

INSERT Tanta diplomacia como sea posible

 Presión interna

El otro gran conjunto de tareas debe ser la presión interna: movilizarnos solidariamente en torno a la emergencia humanitaria y a la educación, fortalecer el tejido social, multiplicar las denuncias por la ruina de los servicios públicos y por nuestros derechos y el acompañar a las víctimas de la persecución. Redefinir las estructuras sociales y políticas será fundamental para resistir y acometer estas tareas.

Igualmente será necesaria una redefinición de las posibilidades de la diáspora y los exilados. La tarea es mucho más compleja y sofisticada que lo planteado por quienes ponen todas las esperanzas en una intervención, o quienes las ponen enteramente en un evento electoral.

Finalmente, la estrategia debe ser guiada por valores, por principios. Para diseñarla no pensemos pragmáticamente en el siguiente paso nada más: pensemos en los fines y en la Venezuela que queremos; en el drama desgarrador de los millones sometidos a la pobreza y los otros tantos que sufren en la diáspora; pensemos en la Venezuela que queremos para traerlos de vuelta y para construir verdaderamente un país de progreso.

Pensemos en lo posible, pero pensemos también en lo deseable.

Actuemos en función de los intereses de Venezuela, pero no perdamos de vista el marco del conflicto internacional de valores y estrategia global de potencias en el que se inscribe nuestro drama: un escenario radicalmente más complejo y dinámico.

 

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