El acertijo, por Vicente Emilio Vallenilla* - Runrun
El acertijo, por Vicente Emilio Vallenilla*

@Vicevall 

Un artículo aparecido en El País el 28-6-20, y en otro medio local, el 29-6-20, me llamó poderosamente la atención porque tengo un entendimiento distinto al que plantea el renombrado autor del mismo, que no identificaré para no distraer al lector con la personalidad sino más bien con sus ideas.

El artículo comienza con una pregunta sin la respuesta inmediata que uno espera a renglón seguido, con lo cual nos invitó a adivinarla. Ello me recordó un acertijo, que como en la ópera Turandot y en muchas obras de la literatura universal, se resuelve siempre al final.

Creo que podemos participar todos en el debate sobre el futuro a raíz de esta desgracia global, probablemente la peor en la Historia, pero además porque se trata también del futuro de Venezuela que está en juego. Por eso me atrevo a compartir este escrito para que los lectores tengan varias perspectivas sobre un tema de tal importancia. Para los que no leyeron ese texto, la pregunta fue:

“¿Que tienen en común el prestigio de Washington, la cooperación internacional, la austeridad fiscal y la globalización?”

Respondo: no creo que tengan algo en común a no ser, obviamente, que toda actividad humana está de alguna manera interrelacionada. El autor señaló, asimismo:

La covid-19 no solo mata gente, también mata ideas. Y cuando no las mata, las desprestigia. Las ideas tradicionales sobre oficinas, hospitales y universidades, por ejemplo, no sobrevivirán incólumes a las secuelas económicas de la pandemia. Tampoco lo harán algunas de las ideas más globales sobre economía y política. Estas cuatro, por ejemplo.

Extraeremos algunas de esas últimas “cuatro ideas”.

Estados Unidos es fuente de estabilidad para el mundo. Falso”.

“…pero ninguna guerra o crisis económica le ha hecho perder tanta influencia mundial a EE. UU. como lo ha hecho Donald Trump. Desde su elección en 2016, el presidente ha mostrado, casi a diario, que en vez de calmar al mundo y a su país, prefiere fomentar conflictos y azuzar discordias. Sus reacciones a la pandemia han reconfirmado que la Casa Blanca es un aliado volátil, torpe y poco confiable”.

Comparto que es falso, pero por razones diferentes a las suyas. No me pronuncio sobre su juicio al presidente Trump. Pero me interesa comentar la sustentación que hace. Parte de la idea de que un solo gobierno puede desestabilizar el orden global del sistema internacional.

No creo que sea posible, excepto que desate una guerra de tales proporciones que ponga en peligro al sistema.

Ningún actor en las relaciones internacionales es “fuente de estabilidad”. La estabilidad no la proporciona un Estado. Es el sistema internacional el que ofrece estabilidad hasta que uno o más de los actores rompe con “las reglas del sistema”. Es allí cuando se desestabiliza el sistema internacional y es cuando puede dar paso a un reacomodo de actores y de sus reglas de funcionamiento. Ej. la II G.M.

En este momento existe un sistema multipolar, con una variedad de reglas. No creo que se hayan roto hasta ahora de forma estructural alguna de las reglas de funcionamiento del sistema internaconal. Lo que hay son cambios en la intensidad, en la forma y el fondo de los conflictos. Es decir, puede haber tensiones. Las hay y fuertes, pero las tensiones son producto de su utilización para lograr fines (el presidente Trump es un experto de esa técnica). No se crean con la intención de destruir al sistema. Se pueden remediar con cambios en las posiciones que las crean. Ej. la crisis del NAFTA a principio del gobierno de Trump. Ya esa tensión no existe.

 La cooperación internacional

La pandemia ha confirmado que no existe una comunidad internacional capaz de enfrentar concertadamente amenazas globales… La covid-19 ha demostrado fehacientemente que esa presunta comunidad internacional que trabaja coordinadamente no existe (…) La desconfianza a la cooperación internacional también ha contribuido a fragmentar y hacer más ineficiente la coordinación entre países con respecto a normas, producción y distribución de medicinas y materiales médicos. Y esta es otra ironía: el desprestigio de la colaboración internacional ha hecho que a una amenaza global se le haya dado una respuesta esencialmente local e inadecuada.

Esto pareciera un fuerte juicio en relación a la pandemia y a las gigantescas emigraciones, inesperadas ambas. Mi opinión: la cooperación internacional ha existido y sigue existiendo. Los mecanismos de cooperación internacional -aunque reconozco que sería deseable- no son como aquellos mecanismos de los bomberos que reaccionan de inmediato a la alarma, porque conocen de antemano la naturaleza destructiva del fuego y sus causas. Y tienen los instrumentos a su disposición para eliminarlo.

Esta ha sido una epidemia totalmente desconocida para la humanidad, sin idea de la velocidad de su propagación voraz. Y que en consecuencia no haya una respuesta al unísono y eficaz no significa que no se esté intentando hacerle frente con lo disponible en el caso de la pandemia.

Simplemente no es posible, pero ello no puede llevar a desconocer el permanente trabajo silencioso de la ONU, de múltiples organismos públicos y privados y de miles de ONG. Desconocería la contribución de la UE al desarrollo, de países individuales como los nórdicos, que siempre contribuyeron siempre muy por encima del 1 % de su PIB hacia los países en desarrollo. Holanda, v.g. ha contribuido en más de 2 % de su PIB desde el 2015. O sea, la cooperación internacional existe. Venezuela, de paso, fue un ejemplo en la materia hasta hace poco.

Lo que es innegable es que sí hay una afectación al progreso de la cooperación cuando se debilita al multilateralismo y es cierto que ha estado ocurriendo. Concuerdo en que el retiro o amenaza de recortes de fondos de las instituciones multilaterales crean incertidumbres que terminan por afectar la eficiencia de los mecanismos de cooperación internacional.

Pero esas incertidumbres históricamente han sido siempre sorteadas de alguna manera. Por otra parte, el unilateralismo o el multilateralismo son formas de expresar la interacción de la comunidad internacional. Ambas tienen ventajas y desventajas, aunque frente a los grandes problemas o conflictos el multilateralismo es el supremo medio de solución pacífica. Si no, ya habríamos tenido la III G. M. Por eso es que se creó la ONU. De paso, la historia indica -a pesar de que observamos la repetición de lo contrario- que el unilateralismo norteamericano es de la cosecha del presidente Trump. No es cierto. El multilateralismo de la posguerra fue más bien una excepción. Todos los gobiernos han tenido la doctrina unilateralista planteada por el propio presidente de Washington en su momento.

 La austeridad fiscal

Señala el autor que “esta idea antes muy popular como remedio obligatorio para enfrentar una crisis financiera, ahora es tóxica”.

Pues ha sido más bien lo contrario. La austeridad nunca fue “muy popular” en tiempo de crisis, excepto entre grupos conservadores o adherentes a la teoría del Supply Side. Ni siquiera la ultra conservadora M. Thatcher pudo mantener esa posición de austeridad en la perniciosa crisis británica de los ochenta. Sucumbió ante la tentación de incrementar el gasto público para aumentar el empleo. El presidente Hoover, de EUA, aumentó el gasto público en 88 % entre 1929 y 1933 ante la crisis financiera de la Gran Depresión. El gran Keynes criticó más bien que el gasto público del presidente Roosevelt no fuera lo suficientemente grande y sostenido.

En la crisis reciente de 2008 “La Gran Recesión” el FED, (Banco Central de EUA) utilizó otra vez mecanismos fiscales y monetarios. Una combinación de gasto público y recortes de impuestos convenientemente llamada “estímulo” (Ley del Estímulo Económico de 2008 y la “Ley de Reinversión y Recuperación” que establecieron un presupuesto de gastos,de $ 787 000 millones, y un abanico de medidas de carácter social. Pero hay que tener claro que los presidentes no tienen la última palabra. La tiene el Congreso que aprueba los gastos. De modo que es responsable tanto o más que los presidentes. De modo que no es la “receta de moda” como declara el articulista. Históricamente ha sido la receta en el siglo XX y en el actual siglo.

El déficit fiscal… se ha disparado a niveles nunca vistos.

¿Nunca vistos? El déficit fiscal del gobierno de Obama en el 2009 fue el más grande de la historia fiscal de EUA. Superó el billón de dólares (un trillón en inglés). El de Trump el año pasado fue de $ 984 millardos. Para el de este año lo más seguro es que sobrepase a Obama ya que se está preparando un paquete de más de dos billones por los efectos de la pandemia. Además, es importante que, en términos del tamaño de la economía, el más grande déficit fue el de F. D. Roosevelt en la II G. M.

 La globalización

Esta es otra idea que antes era idealizada y ahora es demonizada

La globalización no es una idea (no al menos en el sentido platónico), ni creo que ha sido idealizada. Es decir, al menos no por los países en desarrollo. Es más bien un fenómeno de las relaciones internacionales. Me constan personalmente los enormes obstáculos políticos para su reconocimiento y aceptación por los países en desarrollo. Desde su aparición han pasado muchos años y aún presenta desafíos enormes, por lo que continúa la desconfianza básica hacia ella. Los desafíos que ella engendra son múltiples y para la mayoría de los países pobres, sus beneficios reales en términos de desarrollo son inalcanzables bajo los actuales términos del intercambio (the terms of trade).

Es cierto que hay incertidumbres y sobradas razones para preocuparse por el futuro de la economía mundial y de la cooperación. Es claro que los Estados Unidos es el actor de más peso y sus decisiones de política exterior pueden afectar al sistema internacional, pero no lo destruye a menos que se proponga desatar un caos mundial. Eso -por fortuna- supongo que no está en la agenda.

Al final del artículo el autor nos recuerda el acertijo y nos ofrece su respuesta:

“¿Qué tienen en común estas desprestigiadas ideas?:

Que las cuatro son importantes pilares del orden mundial que surgió después de la II Guerra Mundial.”

No somos partidarios de que esos sean pilares del orden de la última gran guerra.

Nos parece que los pilares de ese orden mundial están incólumes en el Preámbulo de la Carta de la ONU de 1945:

1. Mantener la paz y la seguridad internacionales

2. Fomentar entre las naciones relaciones de amistad

3. Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales

4. Servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos propósitos comunes.

Estos siguen en pie, como cuando nos adherimos a ella en 1945. Seguiremos luchando por esos principios y objetivos después de la pandemia, sin el abatimiento de la raza humana.

Esa es la solución del provocativo acertijo.

© VEV julio 2020

*Embajador de la República (r).

 

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